[La Cité des Cloches] Santuario

Celeste, Bitron, Simbad, Saito y Dos

Aquí es donde verdaderamente vas a trazar el rumbo de tus acciones, donde vas a determinar tu destino, donde va a escribirse tu historia

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro

Re: [La Cité des Cloches] Santuario

Notapor Drazham » Vie Dic 01, 2017 1:54 pm

Alanna se debatía con cruel y rotunda seriedad si estaba atrapada en una de las peores pesadillas que había tenido hasta la fecha. Porque podría jurarle a viva voz al santo dios que le dijo Celeste que se veneraba en su mundo que había elementos de sobra para que se tratase de una; incluso no sabría decir que era lo peor de todo: el propio mundo estremeciéndose, los chillidos desgarradores de una Cenicienta que estaba empapada y teñida de carmín de cintura para abajo…

O la ominosa presencia de ella y verla como todo aquello no hacía más que deleitarla.

¡Aquí está...!

Xihn sostenía entre sus manos con aire triunfal aquella ofensa, esa maldita “cosa” que fue la causante de todo, que le quito de las manos a Cenicienta en un gesto codicioso. Hambriento, más bien. Entonces, la Llave tomó forma.

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En otra situación la furia la hubiese consumido y desatado su lado más salvaje tras contemplar cómo ese monstruo ignoraba a la Princesa, a la que acababa de utilizar para que su “juguete” del demonio cobrase vida. Y ahora, ella se retorcía de sumo dolor en su propia sangre y sus súplicas quedaban desoídas. Una imagen tan dantesca que daban ganas de echarse a llorar.

Pero ya ni siquiera tenía ganas de enfadarse. Ni de moverse del sitio, muerta de miedo porque habría acabado empalada de no ser por Ryota. Sí, tan solo podía tiritar de puro miedo, como una chiquilla.

Si aquello era una pesadilla, que por favor, se acabase ya.

Pero justo en el momento que vio a Xihn apuntar con la Llave al corazón del mundo, que todo se acabó, un potente haz de luz atravesó la catedral y chamuscó la oscuridad de la cerradura como quien quemaba rastrojos. Esta acabó fundiéndose con la luz y borrándose del rosetón sin dejar rastro de que estuvo ahí desde siempre, oculta.

El aire se le quedó encerrado en el pecho, que le dolía de la conmoción. Habían conseguido llegar a tiempo

Quedaos este mundo. Ya está sucio. Para curarlo, tendréis que traer a las Princesas. Y esta pequeña está sedienta. Claro que… la Luz de un mundo será su mejor alimento. Uno… a uno.

La voz de ese demonio con cuerpo de mujer incluso se le antojó sorda. Lo único que su mente lograba comprender es que ya tenía lo que quería. Ya no necesitaba estar allí. Y tal y como vino, se esfumó.

En cuanto el Portal de oscuridad que cruzó desapareció, fue como si esa aura enfermiza que cargaba el ambiente se largase junto a ella. Notaba que ya no le costaba tanto respirar, que los músculos de su cuerpo perdían la rigidez, y apenas ya era dueña de su funcionamiento. Apenas.

Alanna abrió por fin la garganta y tomó una tremenda bocanada de aire antes de que las piernas le venciesen y cayese de rodillas al suelo, llevándose la mano al estómago y cerrando unos ojos vidriosos que le escocían de tanto contener las lágrimas. Escuchaba a Ryota hablar por encima, pero en ningún momento le atendía. Solo quería que todo acabase y que la pesadilla acabase.

Quería despertar y no volver a encontrarse nada de aquello nunca más.

* * *


Y eso sería todo. Yami ahora mismo está con el rey mientras los demás nos encargados de los civiles.

Ya veo.

Alanna llevaría cerca de media hora con la oreja pegada al cacharro para hablar, apartada en un rincón de la catedral. Si le hubiesen llegado a decir que amaría y valoraría la utilidad del dichoso aparato tanto como en ese momento, los habría tachado a todos de locos. Incluso ya se estaba sintiendo culpable de que nada más se enteró de que los aparatos volvían a funcionar, al primero que llamase fuese a Nikolai en vez de a Malik o a otro de sus compañeros para dejarles más tranquilos.

Ya podía dar gracias de que le ahorró bastante al acudir él mismo al Castillo de los Sueños. Ya podía dar gracias a que tenía una persona así a su lado.

¿Entonces están todos bien? No sabes lo que me alivia saberlo. —Curvó los labios en una sonrisa agridulce, que poco tardó en desfigurársele—. Pero, dioses… El Hada…

Enterarse de lo que le pasó la acabó haciendo polvo por dentro. Nikolai guardaba silencio al otro lado, a sabiendas de la reacción que tuvo ella antes cuando se lo contó. La pobre mujer ya estaba sufriendo bastante por lo de Cenicienta.

«No es justo.»

Oye, Alanna… —La voz de Nikolai volvió a sonar con un timbre preocupado—. ¿De verdad que estás bien?

¡C-claro que lo estoy! Bueno, no te puedo decir exactamente “bien”, pero… —Se mordió el labio inferior—. Es soportable.

Mentira podrida. Todavía seguiría siendo un amasijo de emociones inestables y a punto de quebrarse si no estuviese escuchando la voz de su novio por el aparatito. Era lo único que la estaba manteniendo dentro de sus cabales. Encima de que tampoco ayudase que no le estuviese contando todo a Nikolai. Porque lo de Xihn se lo estaba callando para no terminar de rematarlo con la de desasosiego que le había causado ya.

¡Bueno! Creo que ambos deberíamos ponernos manos a la obra. ¿No te parece?

Pero…

¡Y no te preocupes! Estoy bien. En serio. —Esperaba haber sonado convincente—. ¿Nos vemos luego en Tierra de Partida?

Hubo unos escasos segundos de silencio hasta que oyó un escueto suspiro salir del aparato.

Claro. Nos vemos allí.

»Te quiero.


La sonrisa de antes regresó a su rostro.

Yo también te quiero.

Tras colgar el cacharro, se quedó mirándolo un rato largo. Cerró los ojos y se pasó la mano por el pelo. Poder hablar desde tanta distancia era una maravilla, pero se le hacía demasiado frío. Prefería mil veces hablar con alguien cara a cara, como se había hecho toda la vida.

«Pues habrá que dar señales de vida, supongo.»

Se despegó de la pared de un bote y fue volviendo sobre sus pasos al ala principal, donde supuso que encontraría a los demás. Lo cierto es que se sentía bastante descolocada por ser una inclusión de última hora en el grupo, pero tampoco quería usar más de la cuenta esa excusa para desaparecer y no volver hasta que se les reclamase en Tierra de Partida.

Por lo menos fue ella la primera persona con la que se cruzó por el camino. Ya un poco más tranquila consigo misma, acortó la distancia entre Celeste y ella, pasando a ser la Alanna vivaracha a la que todos estaban acostumbrados a esas alturas.

Al fin te encuentro ¿Qué tal estás?

Oh, eh —le contestó con un gesto—. Casi no... Al final has acabado viniendo a París. Bonito, ¿verdad? Muy acogedor.

Alguien todavía estaba en proceso de asimilación, al parecer.

Supongo que habrá tenido tiempos mejores. Pero sí que es cierto que es bonita. Por lo menos la catedral, aunque nunca había estado en una tan grande. —Se rascó la mejilla con el dedo índice—. ¿Te importaría que diésemos una vuelta para que la viese del todo?

Celeste aceptó de buen agrado y la acompaño durante su pequeña exploración por esa a la que llamaban Notre Dame. Durante el camino le estuvo poniendo al corriente de que en Castillo de los Sueños estaba todo más o menos controlado. No había necesidad de contarle los detalles escabrosos, pues no quería estropearle su pequeño momento de victoria. El de todos, pero sobre todo el de ella. ¿A quién no le hacía ilusión salvar su mundo del desastre?

Entonces la chica buscó a dos personas que le sonaba haber visto de refilón durante la pelea con el gigante de tinta. El primero debía de ser gitano por su tono de piel. El segundo era tan blanco como ella, pero… Cielos, con los nervios de la contienda ni se dio cuenta.

De pronto recordó todas las veces que se llamaba a sí misma “bicho raro” en el pasado sin llegar a pensar que no sería la única acomplejada con su aspecto y le entraron ganas de darse de bofetadas. Por hipócrita y estúpida.

Alanna, ellos son Quasimodo y Zaccharie. Nos llevan ayudando desde... hace mucho tiempo, pero hoy han estado geniales. —Ya era demasiado tarde cuando Celeste tironeó de su manga y la plantó delante de aquellos dos—. Muchísimas gracias. A los dos. De no haber sido por vosotros, seguro que todavía estaríamos lidiando con ese gigante horrible.

Yo, eh…

Se quedó en blanco, balbuceando como una boba. ¿Qué decía? ¿Qué hacía?

«¿Ser tú misma?»

Ser ella misma…

¿Por qué no? Al cuerno con los prejuicios y las tonterías. No iba a volver a ser la niña acomplejada de antes. Envalentonada, dio un paso adelante y le extendió su mano desnuda —era increíble que no hubiese pensado en ningún momento en enguantárselas desde la pelea en los aposentos de Cenicienta— al tal Quasimodo primero. Unas manos escamosas no deberían de sorprenderles a estas alturas.

¡Es un placer! Yo también os quiero dar las gracias por habernos ayudado tanto.

Escuchó por encima a Celeste mencionar lo de las vidrieras y se mordió el labio inferior. No se le pasó por alto en su paseo que muchos de los ventanales quedaron vacíos. Una vez Celeste terminó de hablar con los dos, le susurró por lo bajo a Celeste:

Creo conocer a alguien que podría facilitarnos los cristales. Si no te importa que estuviesen hechos con magia…

El cristal podía hacerse con el elemento Tierra, ¿no? ¡Y qué demonios! Edward hacía maravillas de esculturas como para no poder crear unos cuantos cristales tintados.

A los siguientes que se acercaron fueron a una joven gitana bastante guapa y a un hombre con pinta de haber roto corazones en el pasado. Celeste se los presentó como Febo y… Vaya. Así que esa chica era la famosa Esmeralda. Daba gracias a que Andrei no le hubiese tocado ni un pelo al final.

Yo soy Alanna. Encantada —se presentó inclinando la cabeza. Luego, posó sus ojos en Esmeralda—. Celeste me ha hablado un poco de ti. Dice que se te da bastante bien la danza. ¿Crees que… —que vergüenza le daba pedirlo en voz alta— podrías enseñarme un par de pasos cuando las cosas se calmen en la ciudad?

Yo... Bueno, no creo que Andrei se atreva a acercarse en una buena temporada. En unas horas ha perdido a todos sus rehenes.

Alanna guardó silencio y entrecerró los ojos. Andrei se les había escapado por muy poquito, como el dichoso Karel. Le dolía en el orgullo que esos dos elementos siguiesen campando a sus anchas para mofarse de ellos y hacer de las suyas en otros mundos. Pero quitando la Llave espada de Xihn, al menos salieron perdiendo en parte. Se iba a tener que preparar para la próxima vez que se los encontrase.

Vuelta a enterrar la cara en los libros de hechicería y a los experimentos. Esperaba no quemar más cosas esta vez.

Es... Espero que le hicierais pasar un mal rato. P-porque será lo último... que verá de París... el resto de su a-asquerosa vida.

«Oh, cielos.»

Tenía que habérselo imaginado; Celeste todavía seguía demasiado sensible tras lo ocurrido. Ver cómo esa faceta orgullosa que tanto la identificaba se derrumbaba en un llanto le inflamó el pecho. Con toda la buena intención del mundo, la arropó en un cálido abrazo y la dejó soltar todo lo que se habría estado guardando para sus adentros. Conociéndola, seguro que querría disculparse por tanta sensiblería.

Pero se limitaría a sonreír y decirle a su amiga que no pasaba nada.

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Supongo que me queda por decir que esto es todo por mi parte y que ha sido todo un placer rolear con todos.

¡Y QUE LAS DOS SOIS UNAS TROLLS! ¿QUÉ ES ESTO DE CAMBIARME DE TRAMA A TRAICIÓN? ¿VOSOTRAS SABÉIS LA CARA DE GILIPUERTAS QUE SE ME QUEDÓ?

¡Pues nos vemos en la siguiente!
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Re: [La Cité des Cloches] Santuario

Notapor LightHelco » Dom Dic 03, 2017 8:06 pm

La Cadena del Reino desapareció de las manos de Dos en cuanto terminaron de sellar la cerradura. La droide intentaba comprender todo lo que había pasado durante el minuto en que ella no pudo hacer otra cosa que mantener su objetivo en el rosetón. Había aparecido Xihn, Cenicienta estaba empezando a dar a luz y la primera le acabó arrebatando la Llave Espada por algún motivo.

Dos no podía más que sentirse como si se hubiera saltado varios capítulos de una serie, ya que no conseguía encajar todas las piezas. Y a sabiendas de su naturaleza, no lograr comprender cosas la molestaba.

Aunque seguramente le iba a molestar más las nuevas que tenía CUBO para ella.

Batería al 5%, iniciando modo ahorro de energía.

Y modo ahorro significaba el cese de uso de varias funciones no vitales para el funcionamiento de toda la unidad. Entre esas funciones se encontraban los propulsores y alas que Dos aun estaba usando.

A la vez que sus ojos se abrían como platos y la nariz lanzaba ráfagas de luz rápidas mostrando alerta, la droide empezó a caer y gritar hasta golpear su cuerpo contra el duro suelo del santuario. Dos se quedó ahí en el suelo durante unos instantes sintiendo como ninguna parte de su cuerpo respondía debido al golpazo.

¡No estoy bien! —anunció en cuanto consiguió levantar una mano.

Recuperando algo de control sobre el resto de sus miembros, Dos logró levantarse y sacudirse un poco todo el cuerpo. El resto del grupo empezó a moverse, saliendo por su cuenta de la catedral y dejando a la droide pronto atrás, ya que en aquel momento le fallaba tanto el cuerpo que no era ni capaz de usar el glider.

Fue entonces que vio a Briton, el cual aun no había abandonado el edificio. Sabía que aquel chico era un ser de datos, energía concentrada que formaba su cuerpo… energía que necesitaba. Arrastrando su cola por el suelo, fue acercándose hacia el portador. Tan solo iba a coger un poco, lo suficiente como para salir de allí y ya se dejaría caer en otro lado en el que no hubiera peligro de encontrarse con la lava, pero vaya, que seguro que por un pinchacito ni se molestaba.

¡Bi-bi-iiiii-trooon! —llamó al chico con la voz deformada, posiblemente debido al último golpe.

Pero antes de lanzarse contra él, Dos se detuvo un segundo replanteándose lo que iba a hacer. Ya había pasado por algo así, el poner por delante su necesidad a la seguridad de otros y no es que fuese algo que acabara bien. Sacudió la cabeza para quitarse aquella idea de encima y volvió a mirar al portador.

¿Po-ooo-drí-dría-a ayu-u-uda-aaarme a sa-sali-iiiir? —le indicó señalando su nariz, la cual con gran esfuerzo conseguía mantener la luz encendida.

* * *


Queda un 2% de batería.

La voz de CUBO volvió a resonar en la cabeza de Dos, la cual casi ni sabía que más apagar para conservar energías durante esa hora. ¿Por qué no habría vuelto con el Maestro Ryota? Se preguntaba todo el rato mientras se tambaleaba por las calles de Paris.

Ya ni estaba usando nada para orientarse y saber por dónde iba, así que fue algo casualidad que se diera de bruces con el Capitán Febo y Esmeralda. Los miró con los ojos entrecerrados y tardó casi un minuto en recordar quienes eran, demasiado agotada incluso para procesar información tan simple.

1%, deberías buscar inmediatamente una fuente de energía.

Ca-ca-aaaalla-a… —gruñó en voz baja, a veces tener un ayudante personal era una lata —. ¡A-a-aaaaah! ¡Di-iiiis-cul-culpen! —bajó la cabeza por si creían que les había mandado a ellos callar —. Me-e aaaale-le-legro que e-esten bi-iiiien. No-oooooo tie-enen que pre-preocupa-paaaarse por esto. Es u-uuuuun fallo-o de na-nada.

>>A propo-oooo-ósito, ¿no te-tendrán un lu-luga-ar doooonde reca-ca-argar una ba-batería? —Dos preguntó casi sin fuerzas —. E-estoy que-que me caaaaaigo-go…

Y de forma literal, ya que en cuanto la ultima raya desapareciera, el cuerpo de Dos no haría otra cosa que derrumbarse cual tronco talado. Definitivamente para la siguiente misión iba a mirar de buscar baterías de reserva… pero ahora quería desconectarse de una vez.
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Ronda final

Notapor Suzume Mizuno » Lun Dic 04, 2017 12:16 am

Resultó que Armand no estaba donde lo había dejado, sino a los pies del edificio, donde había ayudado a refugiarse a algunas personas. Al ver al Caballero, lo atrajo con un gesto y luego lo llevó a una habitación donde nadie los molestara.

¿Cómo se encuentra?

Armand sonrió de lado.

A punto de desmayarme. No he entendido la mitad de lo que ha pasado en la plaza pero... hemos ganado, ¿no?

Armand hizo un pequeño gesto de dolor cuando le cogió las manos —todavía seguía una chamuscada— pero se recuperó en seguida cuando el joven comentó:

Lo conseguimos Eminencia. Hemos echado a Andrei de aquí. Y ayudaremos a que todo vuelva a la normalidad… o incluso a que sea mejor. Le agradezco con creces la ayuda que nos ha brindado hoy. Y siempre que le ha sido posible.

Armand liberó con delicadeza la mano herida, pero con la otra le dio un apretón. Los ojos casi le brillaban cuando cayó de rodillas y dio las gracias al Señor, exhalando un largo resoplido que se aproximó bastante a un sollozo. Todo sin soltarle la mano a Saito.

Me alegra haberle conocido, en aquel Festival de los Bufones. Y aunque sé que en el pasado no hice muchas cosas bien… estoy intentando arreglarlo.

Armand levantó la vista, sorprendido por el brusco cambio de tema.

No sé si volveremos a vernos, Cardenal. Espero que sí. Pero en caso contrario, le deseo muchísima suerte. Estoy seguro de que conseguirá grandes cosas.

Saito le puso una mano en el hombro y luego tuvo que agacharse para besarle la mejilla. Si Armand ya parecía desconcertado antes, ahora dio un pequeño respingo. En medio de la penumbra era difícil decir de qué color estaba... pero Saito notó que tenía la piel muy caliente. ¿Quizá fuera fiebre por la herida?

Hasta la próxima.

Espera.—Armand se incorporó con un gruñido y se quitó algo. Se lo dejó a Saito en la mano. Era su crucifijo. De oro macizo—.Cuando te conocí no se me ocurrió pensar que os habría enviado el Señor. Supongo que los ángeles aparecen de todas las formas posibles, incluso si son arrogantes mocosos.—Armand sonrió con cariño—. Vuelve. Quiero darte un agradecimiento como el Señor manda. Sospecho que todos querremos.

Volvió a bendecirlo y después se despidió con un gesto.

*


Nanashi estaba cansada, pero no lo bastante como para no atender a los Caballeros. Saito fue el primero en acercarse y extenderle la mano. Nanashi se la estrecho con firmeza, como si quisiera demostrar que estaba bien.

Gracias por todo Maestra. No se que habría hecho sin usted.

Sabes, Saito. Soy una mujer madura y mucho más fuerte que tú. Sé que sigues herido por lo que sucedió en Reino Encantado, pero así no pagarás por lo que pasó. No necesito protección. No cuando hay otras personas en peligro. Estás madurando, pero no lo suficiente. Tienes un deber y esa vez fallaste porque lo incumpliste; tu deuda no es conmigo, sino con tu papel como Caballero. Nunca hay una decisión completamente correcta y siempre traerá algo malo, pero uno debe saber dónde está su deber. Con un mundo, por ejemplo, antes que con Andrei. Así que apreciaría que confiaras más en mis dotes de curación, por mucho que aprecie tu preocupación.

La voz de Nanashi había sido suave todo el tiempo y no había verdadero reproche, solo sus pensamientos expresados en alto. Dejó ir a Saito, sin preguntarle por el fragmento del cristal de fuego, y pasó a prestar atención a Celeste. En realidad, más bien pasó a estar sorprendida por cómo la muchacha la abrazó de improviso.

Gracias. Por todo.. Si-siento no haber podido hacer más.

Nanashi no supo reaccionar al principio pero al final dio unas palmadas a Celeste, hundiendo la mano entre su abundante pelo. Celeste no pudo ver cómo le asomaba una pequeña sonrisa a los labios.

Lo estás haciendo bien, Celeste. Tu casa está a salvo ahora.

Y sería trabajo de todos conseguir que se mantuviera así por mucho más tiempo.

*


Alanna, ellos son Quasimodo y Zaccharie. Nos llevan ayudando desde... hace mucho tiempo, pero hoy han estado geniales. Muchísimas gracias —Zac, que se había sentado en un escalón y parecía dispuesto a quedarse ahí para siempre, levantó una mano y saludó.

Cuando haya que detener a un loco obsesionado por el fuego, llamadme de nuevo. Hasta entonces creo que no pienso volver a levantarme de la cama en cuanto encuentre una.

¡Es un placer! Yo también os quiero dar las gracias por habernos ayudado tanto.
Quasimodo abrió mucho los ojos ante la garra de Alanna pero cuando la miró no fue con miedo, sino con… una vibración extraña. ¿Identificación? ¿Comprensión? ¿Alivio? Zac parecía algo más alerta, pero no hizo ningún comentario y Quasimodo le estrechó las manos con firmeza.

Me alegro mucho de conocerte, Alanna. Gracias a vosotras, que nosotros no hemos hecho nada.

¡Ja!

A los dos. De no haber sido por vosotros, seguro que todavía estaríamos lidiando con ese gigante horrible.

Zac se encogió de hombros, como si no fuera nada, pero luego sonrió con algo de sinceridad.

Algo teníamos que hacer. Gracias por… todo… ¿lo que ha pasado? Creo que prefiero seguir sin entenderlo. ¿Y el rubio dónde anda? Quería felicitarlo por romper así la columna.

¡Sí, ni sabemos su nombre! Si ya se ha marchado, ¿podríais darle las gracias de nuestra parte?
Celeste rió por lo bajo y tomó las manos de Quasimodo, que enrojeció hasta las orejas, a juego con su pelo.

No olvidaré todo lo que has tenido que sufrir. Mañana mismo empezaré a buscar por todas partes cristales para sustituir lo roto. No será lo mismo, pero... pero algo hará. ¿No?

Quasimodo respiró hondo y miró a su alrededor con tristeza. Pero después su vista reposó sobre la gente y una sonrisa asomó a sus labios, mostrando los dientes irregulares. Se volvió hacia Celeste con un aire casi infantil.

No tiene que volver a ser igual. Es suficiente con que siga siendo el Santuario de la ciudad. Habéis salvado a nuestra señora de Andrei y también a todos nosotros. Y eso es lo que de verdad importa. Gracias Celeste. Gracias por haber venido y habernos salvado.

*


Esmeralda rondaba por la plaza, cogida de Febo (que a su vez la rodeaba por la cintura con ánimo protector) y tirando de él para examinar el lugar y ayudar a los heridos. Celeste encontró a la pareja dando unas instrucciones a Clopin. Vista de cerca, Esmeralda parecía bastante desmejorada y cansada, pero sonreía con liberación. Debía sentirse como saber que pronto despertaría de una pesadilla. En cuanto empezaran a librarse de la lava, al menos. En cuanto vio a Celeste, sonrió y se liberó de Febo para acercarse a ella.

¿Estáis los dos bien? —preguntó Celeste con un hilo de voz.

Esmeralda rió y se miró con Febo.

Mejor que hace muchos, muchos meses. Hasta diría años.

Yo soy Alanna. Encantada.—La pareja correspondió con sus propios nombres. Cuando Alanna se fijó en Esmeralda, esta ladeó un poco la cabeza, con una sonrisa de amable invitación—. Celeste me ha hablado un poco de ti. Dice que se te da bastante bien la danza. ¿Crees quepodrías enseñarme un par de pasos cuando las cosas se calmen en la ciudad?

Esmeralda arqueó las cejas, sorprendida, y luego estalló en carcajadas.

No me esperaba esto pero… ¡claro! Me encanta enseñar a bailar.

Febo se adelantó un poco y dijo con aire confidencial:

Espero que tengas aguante, porque aquí la bailarina tiene una fuerza en las piernas cuando empieza a dar volteretas que…

Esmeralda le dio un codazo y Febo, sonriente, guardó silencio.

Yo... Bueno, no creo que Andrei se atreva a acercarse en una buena temporada. En unas horas ha perdido a todos sus rehenes.

Así que la sabandija ha escapado. Supongo que es lo mejor. Tenemos mucho… trabajo por delante.

Sí. Es lo mejor.—Esmeralda cerró los ojos, como si estuviera conteniendo una avalancha de emociones. Luchó contra ellas y, al final, logró respirar hondo y permanecer impertérrita—.Lo importante es que se ha acabado. Por fin. Y que hemos sobrevivido.

Es... Espero que le hicierais pasar un mal rato. P-porque será lo último... que verá de París... el resto de su a-asquerosa vida.

La pareja rió una vez más y la joven se adelantó y estrechó a Celeste (y por tanto también a Alanna) en un abrazo. Olía a madera, a humo y a una larga estancia en algún sitio cerrado y oscuro. Pero aun así estaba cálida y se mantenía firme y su sonrisa era completamente sincera. Andrei no había conseguido derrotarla.

Esmeralda la meció cuando Celeste rompió a llorar y luego dijo:

Llora, llora. Se acabó. Todo se acabó.

La mujer sonrió a Febo, que le revolvió el pelo a Celeste hasta que pareció más un erizo que otra cosa.

Bastante más tarde, Febo y Esmeralda vieron cómo Dos se derrumbaba frente a ellos. Se quedaron paralizados, sin saber bien qué hacer, y Febo empezó a sudar.

¿Se ha muerto?

No lo sé. Creía que los ángeles no podían morir—susurró Esmeralda, acercándose a la robot y tocándola con un dedo—. ¿Señor ángel?

Como no hubo respuesta, la pareja discutió un poco y al final Febo cargó a Dos al hombro y fue a buscar a los Caballeros para que se ocuparan de ella. Esmeralda no sabía escribir, así que no pudo dejarle ningún mensaje, pero Febo se encargaría de que los Caballeros le hicieran saber que estaban agradecidos. También prometió a Esmeralda que si el señor ángel los había abandonado, les preguntaría a los Caballeros qué deberían hacer y cómo organizarle un digno funeral. Al fin y al cabo, Dos había salvado a Esmeralda. Sería recordada como un ángel salvador.

La joven decidió sentarse a descansar cuando Simbad pasó por allí.

Merci —dijo, tomándole las manos—. Jefa de la resistencia, espíritu indomable. Han sido seis largos años, y me siento muy afortunado de haber estado en la resistencia. Puede que no me recuerdes, pero no tiene importancia. París se ha salvado gracias a ella.

Esmeralda sonrió y le dio un apretón.

Te vi y te recuerdo, Simbad, aunque sobre todo sea porque Raphaël solía hablar de ti. Hice lo que tenía que hacer y nada más, igual que tú, ¿no es cierto? Antes preguntó por ti. Yo que tú iría a buscarlo.

Simbad tardó unas dos horas en dar con Raphaël. Lo encontró cambiado de ropa (no era algo tan elegante como lo que solía llevar antes, pero al menos no estaba cubierto de sangre ni quemado por la lava) y con aire algo más relajado. Buscaba ya con un ánimo resignado y, al ver a Simbad, pareció como si hubiera descubierto un fantasma.

Ven.Te debo una historia. Será solo un momento.

Raphaël no dijo nada. Se limitó a seguir a Simbad y a escuchar su historia. A sus ojos asomó algo de conmiseración, pero se lo notaba mucho más endurecido que antes. Sin duda, su propia historia tampoco había sido un camino de rosas. Recogió su chaqueta, hecha un desastre, y la acarició con aire ausente. Una sonrisa le asomó a los labios.

Y te debo también una disculpa por los dos años que no me visteis el pelo. Y... por aquella noche. La noche en que el usurpador me mató, digo. Estaba amaneciendo y volvía de la resistencia para verte, como solíamos hacer. Pero creo que te he hecho esperar demasiado.

Unos años, sí. Ya no esperaba nada.

El silencio cayó sobre ellos.

Y yo... No tengo mucho tiempo —dijo al final Simbad—. La verdad es que debería haber vuelto ya con el resto, pero no lo voy a hacer, aunque probablemente me lleve un buen castigo. Esta puede que sea mi última noche aquí en París, contigo. Estaba pensando en vagabundear hasta mañana por las calles, ¿pero sabes qué?Está amaneciendo.[/quote]

Raphaël suspiró.

Con la noche se acaba la hora de los sueños. El día son las responsabilidades.—Se le acercó por detrás y le puso una mano en el hombro—. Me alegra que estés vivo, Simbad, y espero que logres mantenerte así unos cuantos años más. Piensa que solo has consumido una vida de siete.—Raphaël lo hizo volverse—. Tengo una esposa y una hija encantadoras que me esperan en casa, Simbad, y tú una familia que te necesita en vuestro propio hogar. Pero los sueños son precisamente bonitos porque se acaban.—Le levantó la barbilla—. Al menos has vuelto para que pueda hacer esto. También he tardado demasiado.

Se inclinó sobre él y el resto de lo que sucedió solo lo supieron ellos dos.

*


Los Caballeros abandonaron por poco tiempo la Cité. Hubo que volver a ocuparse de la lava y de los Sincorazón. Hubo que organizar a las Princesas para ver cómo purificar el Corazón durante largas y tediosas discusiones en Tierra de Partida.

Pero, por primera vez en años, la gente se atrevió a salir de sus casas sin un terror absoluto. Se unieron en la plaza de Notre Dame para empezar a reconstruir su querido símbolo en cuanto tuvieron la oportunidad. No lo sabían, pero derramaban todo su amor y esperanzas en el corazón de su mundo y, probablemente, eso contribuyó a que el lugar permaneciera estable hasta que los Caballeros decidieron traer de una vez por todas a las Princesas. Cuando el rey (y sobre todo la princesa) regresaron, hubo aclamaciones y lágrimas. Se repartió pan enviado por Tierra de Partida y también vino. Los gitanos volvieron a la calle. Se destrozaron todas las piras.

Y las campanas volvían a doblar, llenando la ciudad.

No era un mundo perfecto, pero sí dispuesto a reconstruirse pedazo a pedazo.

*


En algún lugar del Reino de la Oscuridad, estaba la fortaleza de Xihn. Un Andrei exhausto se dejaba curar por Karel, que no estaba de mucho mejor humor. Los dos se habían retirado a una estancia aparte, puesto que su líder no estaba dispuesta a prestarles atención.

No ahora que había conseguido lo que llevaba tanto buscando. No eran los bebés, pero sí el paso inmediato para acercarse a ellos. O, si nunca lograba encontrarlos, al menos para reinstaurar de una vez por todas el Reino de la Oscuridad.

Sentado en medio de un amplio patio, acariciaba la Llave Espada con fascinación. Una que era tan difícil de encontrar o de crear que necesitaba unas circunstancias muy estrictas para nacer. La Llave Espada más fuerte, cortesía de unos Caballeros que serían incapaces de hacer los sacrificios necesarios para traer a su contraparte.

Xihn la levantó y apuntó con ella al cielo, cerrando los ojos. Ahora debía lograr que la reconociera como su dueña y…

De pronto, Xihn abrió los ojos dorados y su rostro se quebró en un rictus de incredulidad.

No. ¡NO!

Andrei y Karel no llegaron a saber qué había sucedido, aunque pudieron hacerse una idea más tarde. El suelo vibró y algo estalló fuera, sobre sus cabezas, con un estruendo tan violento que por poco les reventó los tímpanos. Cuando se asomaron por una de las ventanas, vieron que el cielo se había abierto, como una dolorosa Vía Láctea que se asomaba a los distantes reinos de luz, aún más o menos intactos.

El patio había quedado completamente destruido y Xihn se mantenía en medio, aferrando la Llave espada, envuelta en un aura de Oscuridad de la que solo destacaban los ojos.

Una Llave Incompleta no le servía.

Habría, pues, que terminar el trabajo.

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Se acabó. Adiós a la Cité y a sus personajes. Nada de ponerme a Constantino Romero cantando ES FUEGOOOOO OSCUROOOO mientras recorro el mundo, ay. No ha sido perfecto, nos hemos saltado cuatro años, pero creo que para lo que teníamos, ha estado divertido. También hemos probado un poquito a conectar tramas y aunque podría haber salido mejor, creo que Denna y yo nos lo pasaremos bien en la siguiente tanda 8D.

Las puntuaciones van a ser rapiditas pero en general estoy bastante satisfecha porque todos íbamos con pies de plomo y no sabíamos bien qué podía salir. Y, Draz, NO TE QUEJES POR SER UNA COBAYA EN NUESTROS EXPERIMENTOS (?????).

H.S Sora. En general bien, posteando pronto y con un texto que se lee muy bien. ¡Así da gusto!

La mayor crítica que podría hacerte ya te la ha soltado Nanashi. Diría que la obsesión por ser un caballero salvador con un personaje mucho más fuerte que tú (por mucho que a menudo pongamos a los NPC en peligro para despejaros el camino y que podáis acumular protagonismo) y conocido universalmente por ser el mejor sanador después de Nithael no tiene sentido. Ni dentro ni fuera. Sí, la preocupación debe estar ahí, la duda también. Pero no por nada te he puesto a prueba varias veces y si no te hubieran convencido desde fuera, habrías dejado morir a Armand y probablemente dejado que la Cité cayera con tal de “salvar” a Nanashi. Por supuesto, cada jugador hace lo que quiere y lo que considera más lógico para su personaje, pero más de una vez te he comentado que no te metes en la situación (como los tropiezos que tenías al principio con Armand y en otras tramas). Has mejorado mucho, de verdad, pero a estas alturas de maduración del personaje, diría que no te puedes permitir que algo te tuerza la dirección del mismo y se te desmorone la personalidad teóricamente más decidida y responsable de Saito.

64 PX. ¡Subes a nivel 29 y te quedan 37 PX para el siguiente nivel!

Denna. No tengo mucho que comentar. Dominas muy bien a Celeste, me encanta cuando se queda medio paralizada por el terror o el dolor que sufre por la Cité. Y el texto redondo, como suele pasar. Quizás te ha faltado algo de implicación hacia el final, en la batalla, pero ey, al menos no te has lanzado contra una dragona-jefa final en un acto suicida. Por fin reconciliación con Nanashi <3.

70 PX. ¡Subes a nivel 28 y te quedan 58 PX para el siguiente nivel!

Orbook. Orb, Orb, Orb. Has estado loquísima esta trama y no lo digo precisamente para bien, teniendo en cuenta la situación. Incluso si alguna de las cosas puedo entenderlas (como lo de atacar a Andrei lanzando cosas), otras me han desconcertado mucho. ¿Sacar una ametralladora en medio de una multitud histérica? Son solo algunos ejemplos. En general conoces a Simbad y lo llevas bien con alguna excepción —no sé es si te das cuenta de lo egocéntrico que es, cosa que me sorprende incluso después de haber “renacido” tras lo de Andrei. No tengo muy claro hacia dónde quieres llevarlo y me cuesta juzgar, porque no parece que quieras considerarlo egocéntrico, sino más bien empanao en algunos temas y demasiado avispado en otros. O quizás sí quieres hacerlo egocéntrico, no sé— que golpea fuerte cuando pretendes estar en una trama. Y luego… diría que muchas veces te veo asomarte a ti en el texto, en acciones como la metralleta de Simbad, y no me termina de gustar porque en lo demás tienes una prosa fuerte y convincente, en especial en escenas dramáticas.
Por lo demás, ¡se acabó el sueño! Rapha envía recuerdos.

65 PX. ¡Subes a nivel 34 y te quedan 23 para el siguiente nivel!

Astro. En general bien. Sabes que escribes bien y te desenvuelves sin muchos problemas con Bitron. Pero eres más fuerte como narrador cuando estás implicado y… en la Cité no había mucha implicación. Es un dilema porque claro, Bitron/Ban tampoco tiene especiales lazos con nada y en casi cualquier trama te hubiera pasado lo mismo. Con todo, la actitud de Bitron de desentenderse tampoco ayuda. No sé hasta qué punto te diviertes en las historias (y la pereza suprema se nota en particular porque eres el único que ha faltado y dos veces 8P). Por lo demás, no tengo mucho que comentar. ¡Has dejado abandonada a Dos! 8(

64 PX. ¡Subes a nivel 16 y te quedan 63 PX para el siguiente nivel!

Helco. Tienes el mismo problema que Astro; no tenías mucho que hacer aquí. En particular me sorprende que insistieras en venir a esta trama cuando tenías más interés en Dark Light como villano y al menos alguna clase de relación gracias a que Dos es aprendiz de Light. Y ya sabes que tengo problemas con el humor, en particular en situaciones tensas como estas. Siento que Dos estuvo muy fuera de lugar casi todo el tiempo, en parte por mi culpa pero también por falta de seriedad en tu caso. Por otra parte, dominas mucho mejor a Dos y sus payasadas y me ha gustado cómo se ha relacionado con los personajes incluso dentro de a comicidad. En general se veía que era una robot y en particular hacia el final, cuando va fallando y has mantenido esa continuidad hasta que ha colapsado. Con todo, eres la que tiene más faltas de ortografía y problemas de puntuación, en especial en los diálogos. ¡Dale un repaso!

63 PX. ¡Subes a nivel 18 y te quedan 39 PX para el siguiente nivel!

Gracias a todos por este viaje. ¡Nos vemos en la siguiente tanda!

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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Suzume Mizuno
63. Komory Bat
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