[Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

The End is near...

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Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro

Fic de Suzu y *mira la chuleta en la mano* Denan: #13

Notapor Denna » Lun Jul 30, 2018 1:09 am

En cuanto la mano de Fátima entró en contacto con la suya, Ragun sintió la brutal invasión del Caos. Al carecer de todos sus instintos de Sincorazón, la impresión de vulnerabilidad se volvió aún más intensa cuando su brazo se resintió y notó cómo algo penetraba sus venas y se extendía por su cuerpo. Estuvo a punto de caer de rodillas, con la visión ennegreciéndose.

Cuando se levantó, había cambiado. No supo bien de qué se trataba hasta que notó que su mano medio atravesaba la de Fátima. Pero podía sujetar su Llave Espada sin problemas y tampoco terminaba de hundirse en el suelo —si se concentraba—. Con probar con rapidez, comprobaría que era capaz de atravesar más o menos elementos sólidos.Y si se esforzaba, podía recuperar una completa solidez.

En cuanto su nivel de Caos creciera, nada podría impedirle alcanzar lo que quisiera.

Cenicienta asintió con la cabeza, aunque todavía echaba furtivas miradas hacia Andrei, cuando se dirigió hacia ella junto a Kairi y se preparó para actuar.

Bella escuchó a Saito y a Xefil, que la interpelaron casi a la vez, y enarcó una ceja mientras discutían entre ellos.

Puedo abrir un camino, sí —contestó, un poco envarada por el hecho de que Xefil lo cuestionara—. Pero gracias a los dos. Seréis un buen apoyo.

Entrecerró los ojos cuando Saito contagió a Xefil, guardándose su opinión para sí, pero el primero pudo saber que no aprobaba que tanta gente se estuviera infectando. Tenía su sentido: era más trabajo para ellas, para Felipe y para Nithael, y el tiempo que perdían curándoles era tiempo que no podían aprovechar para pelear contra Xihn. Entre tanto, Xefil sintió un intenso dolor latirle en el cuello, pero acababa de pasar por cosas peores. El dolor remitió poco a poco, y un suave frío empezó a extenderse por el resto de su cuerpo.

Manteneos cerca de mí los dos. Así, cuando llegue el momento, os podré sanar de inmediato.

Bella asintió al plan de Saito y contempló los anillos.

¿Cuál es vuestra estrategia? Selene, una de las esencias, tiene la capacidad de aumentar la velocidad y la percepción de aquellos a los que toca. Si alguno de vosotros necesita de su habilidad, hacédmelo saber.

Yo quisiera darle un uso —intervino Eve, aparecido de la nada. Llevaba las manos en los bolsillos y evitaba la mirada de Xefil—. Mis hermanos y yo os ayudaremos a frenar a Xihn. Si podemos ir un paso por delante, podremos ser más útiles.

Por supuesto. Muchas gracias.

Bella no se entretuvo e invocó a la esencia de luna, que posó con suavidad sus manos sobre los hombros del niño. Eve le dio la mano, tratando de ocultar su entusiasmo por la brillante criatura y, tras pedirle permiso a Bella, condujo a Selene hacia Ruz y Zel. Antes de irse, le sacó la lengua a Saito.

A su vez, Friederike había estado escuchando las sugerencias de Saeko.

«Quizá si las Princesas logran despejar momentáneamente el Caos. De lo contrario, no me arriesgaré. El Caos afecta a la tierra también y quién sabe si las raíces no se redirigirían contra nuestros compañeros.—Escuchó sus siguientes palabras y Saeko casi pudo sentirla sonreír—. Gracias, Saeko.»

No muy lejos, Felipe intercambió una mirada con Blancanieves, que asintió con la cabeza. El príncipe dijo a Alanna con un asomo de sonrisa, muy breve porque no veía el momento de atacar a Xihn:

Gracias, Alanna. Tu ayuda será bienvenida. Asegúrate de quedar detrás de mí, te protegeré con todo lo que tenga a mi disposición.

Cuando Celeste sugirió matar a Andrei, Chihiro soltó una seca risa en su interior.

«Quién iba a decir que serías tan maliciosa. Desprendes una inmensa cantidad de odio. Así que hablas en serio… Haz lo que prefieras, muchacha. No creo que fuera difícil detenerle el corazón, si pretendes una muerte rápida donde nadie sospeche de ti.»

Pero era evidente que, si Celeste quería matar a Andrei, Chihiro no haría el trabajo por ella. Tendría que recoger la magia y actuar por su cuenta.

Instantes después, los Caballeros se lanzaron a su ataque final.

*


El rayo del Tridente de Ariel iluminó de dorado el mundo antes de acertar con violencia. Xihn había desplegado una increíble barrera en el último segundo que se quebró con el sonido de mil vasos cayendo al suelo, pero le dio tiempo a esquivar el fulminante ataque. Buena parte de los escombros que había bajo él fueron consumidos, eso sí.

¡Vamos!

Haciendo gala de una coordinación impecable, las Princesas y Felipe rodearon a Xihn cada uno por un lado. La tormenta de Fátima empezó a caer sobre el enemigo, y Ariel, aprobando la idea, hizo girar el Tridente por encima de su cabeza. Viento y rayos acudieron a ella y, sin dudarlo, los descargó contra Xihn para inmovilizarlo.

El tornado no impidió que Nithael alzara el vuelo, batiendo las alas con fuerza. De su Llave Espada surgieron una decena de orbes de luz que se perdieron girando en el remolino de Ariel y estallaron al encontrar a Xihn. La armadura se tambaleó hacia atrás, con las piernas y los brazos congelados, y uno de los guanteletes se hizo pedazos.

Xefil jamás había visto que las cosas se movieran tan despacio. Como mucho en alguna película que hubiera podido reproducir en Tierra de Partida. Aun escuchaba las voces de sus compañeros y los veía, claro, moverse. Pero era como si se hubieran sumergido en una espesa miel.

Pudo seguirlos a buen ritmo, aprovechando el camino que abrían las Princesas para ellos. De haber querido, podría haber sido el primero en alcanzar a Xihn, que estaba gritando mientras cogía impulso para dar un corte al aire con su espada. Vio cómo la Oscuridad se acumulaba alrededor del filo de la misma. Iba a lanzar una onda brutal. Una palabra a Felipe o a Ariel, y seguramente podrían rechazarla.

Pero había más problemas. El Caos podía ser retirado para abrir un camino, solo que de inmediato intentaba recuperar territorio. Delante de Kairi, la tierra temblaba porque algo ascendía desde abajo. Detrás de Fátima, como respuesta a la tormenta que había desatado sobre Xihn, se estaba formando un pequeño remolino de viento, pero quién sabía el tamaño que tendría en unos segundos —y además, para Xefil todo transcurría tan lento—. Se veía que las Princesas y Nithael no podían purificarlo todo.

No solo eso. El suelo debajo de Xihn vibró. Alanna y Malik sintieron cómo dentro de él algo resplandecía. Un Corazón atrapado y empleado por sus poderes de tierra. Como si los luchadores se encontraran sobre agua, se formó una pequeña onda circular, que se extendió levantando la tierra a su paso. Era tan grande que los que no pudieran volar o ejercer un doble salto, sin duda acabarían descalabrados.

Blancanieves reaccionó deprisa y extendió una enorme barrera sobre Nanashi, Lyn y Yasmín, que seguían al margen de la batalla y no podían permitirse el lujo de reaccionar, pero terminó llevándose el golpe. Ni siquiera el hechizo de Celeste, que mejoraba la percepción de Alanna, Felipe y la Princesa, les podía conceder tanto tiempo.

«¡Saeko, ahí!» le gritó Friederike, alarmada, por si la chica no se había dado cuenta.

Felipe no podía abandonar su posición, de modo que Alanna tenía que decidir si retroceder y poner a la Princesa a salvo o confiar en que Saeko sería capaz de curarla y protegerla de próximos ataques.

Aaron masculló.

«Ataquémosle con sus propias armas, Malik. Tu estilo puede hacer algo parecido, ¿no es cierto?» Si el Caballero se mostraba de acuerdo con el plan, Aaron añadiría: «Ocúpate de invocarlo, yo me encargaré de los Corazones.»

Pero era más fácil decirlo que hacerlo. El ataque de Xihn dejó a su paso un mundo dantesco. La tierra se fracturó, se levantaron columnas enteras de tierra como si fueran gigantescos colmillos que trazaran un muro. Algunos se deshacían en arena, como el que cortaron Felipe y Zel por la mitad, mientras que otros parecían de diamante y tuvieron que rodearse o saltarse antes de que se les cortara el paso, como le sucedió a Kairi y Hiro, a los que Ragun no tardó en dejar atrás. Tuvieron que esperar a que Cenicienta los alcanzara y desplegara una onda de Luz para purificar la tierra y poder saltarla sin ser contagiados.

No podían acercarse mucho más, así que dispararon a distancia. El tiro de Hiro surcó el camino, directo hacia Xihn. Pero seguía siendo una zona llena de Caos. En cierto momento, simplemente desapareció. Nithael soltó un grito de alarma cuando esquivó una bala, que de alguna forma había salido directa contra él. Todo gracias a Harun, que revoloteaba a su alrededor, lo cogió la túnica y apartó a un lado. El tiro de Kairi, aun afectado y desviado por el Caos, al menos logró dar en una pierna a Xihn y hacer que perdiera momentáneamente el equilibrio.

En su estado casi fantasmal, de momento Ragun era capaz de atravesar todo sin problemas. Solo debía mantenerse atento al Caos que había al otro lado y que se arremolinaba alrededor de Xihn. El único camino libre era el que había trazado Ariel con su rayo —que ya se estaba cerrando—, y los focos de luz que arrojaba Nithael desde lo alto para intentar despistar a la criatura. El ángel los sobrevolaba con un arco de luz en las manos y no descansó en sus disparos hasta que una gigantesca Serpiente de Oscuridad ascendió hacia él y tuvo que batirse en retirada.

Por lo menos Xihn perdió la concentración un instante cuando, empapado y helado, se desató sobre él el Juicio de Fátima.

Ragun lo alcanzó y lo abatió con un brutal corte de su Hoja Letal. Xihn retrocedió, se tambaleó y la armadura cantó de dolor. Unos cuantos fragmentos cayeron al suelo.

De pronto, Xihn aferró la mano de Ragun, que seguía aferrando la empuñadura de su Llave Espada. Lo atrajo hacia sí y el muchacho pudo llegar a creer que vería algo dentro del casco de su enemigo. No tuvo tiempo. De pronto se encontró arrojado por los aires, con tanta virulencia que casi se le partió un brazo. E iba directo hacia un colchón de Caos que se extendía alrededor de las ruinas.

Xefil, que había tenido unos cuantos problemas para alcanzar la posición de Xihn —dar unos cuantos pasos en una dirección significaba que era muy, muy difícil frenar a tiempo— llegó justo a tiempo para ver cómo su amigo echaba a volar

De pronto, se encontró con Andrei a su lado, que escrutaba a Xihn con los ojos entrecerrados.

Corres mucho. Atácale por la izquierda.

Y, sin mediar palabra, desapareció. Xefil no tuvo tiempo de detenerse a pensar en sus palabras —que cada vez sonaban más lentas y apagadas, como los movimientos de los demás— y procedió a atacar, ya fuera obedeciendo o no a Andrei. Las rocas volaron hacia Xihn. Celsius había convertido la lluvia en pequeñas dagas de hielo, y su enemigo se encontraba levantando un escudo a su alrededor. Frenó el primer proyectil interponiendo el brazo, pero el segundo estalló en llamas a mitad de camino. Cortesía de Andrei, supuso Xefil.

El brazo de metal se quebró, y Xihn no pudo restaurarlo porque, por su lado derecho, Andrei incendió la armadura, arrancándole un aullido de dolor. El mandoble con el que respondió Xihn habría bastado para partir a Andrei en dos, pero Ronin lo apartó justo a tiempo. En ese momento, Selene, Bella y Saito arremetieron con una lluvia de flechas para permitirles alejarse.

Mejor aléjate de los problemas. No pienses que con esto vas a redimirte.

No buscaba hacerlo —espetó Andrei—. ¿Dónde está Karel?

Aparta.

Ronin y Ryota dejaron atrás a Andrei con la palabra en la boca. Este, resentido, retrocedió hasta donde había caído Ragun y trató de reanimarle con una poción.

Los Maestros, codo con codo, perfeccionaron la suerte de estrategia que Xefil y Andrei habían intentado llevar a cabo. Uno con Luz y el otro con Oscuridad, efectuaron una serie de ataques tan sincronizados que Xihn no podía hacer frente a uno sin recibir la violencia del otro. Esquivaban con una gracia imposible los rayos y las flechas que llovían sobre el campo de batalla, dejando a Malik y a Alanna vía libre para cumplir con su misión. Xihn no tenía modo de escapar.

O eso creían.

«No… va a ser… suficiente… Son… muchísimos» se lamentó Gabriel. Los brazos de Alanna estaban tan rígidos que parecía que se fueran a romper en cualquier momento, la energía fluía de su cuerpo con tanta virulencia que tenía la impresión de que se desmayaría en cualquier momento. Sentía los Corazones pugnando por responder en el cuerpo de Xihn. Veía al hombre retorcerse, cubriéndose la armadura fragmentada en el pecho como si intentara mantener en su sitio todo.

Pero era demasiado fuerte para ambos. ¡Más si tenían que estar cambiando constantemente de sitio porque el Caos los envolvía por mucho que Felipe los protegiera con su Escudo y cortara a diestro y siniestro con su Espada! El pelo de Zel acariciaba cada poco tiempo las piernas de Alanna, pues el muchacho se movía a su alrededor haciendo retroceder la Oscuridad, pero también evitando el Caos y dando gritos a Felipe para cambiar de sitio.

Entonces, algo cambió.

Hasta entonces habían sentido que intentaban abrir solos un agujero demasiado estrecho y pequeño, que les destrozaba los dedos con sus bordes. Luego, una presión se unió a ellos. Unas manos invisibles más fuertes, más ágiles y experimentadas.

«¿Aaron…?»

Desde su posición alejada, pero más protegida del Caos, Malik sostenía la Llave Espada de Aaron y apuntaba hacia Xihn con firmeza. El antiguo Caballero guiaba sus movimientos y su concentración, fusionándose con él de una forma escalofriante. Malik experimentó un hambre arrolladora al ver todos esos Corazones destrozados y mezclados entre sí, al igual que indignación por su maltratrado estado.

«Preparado. Va a romperse en cualquier momento.»

Xihn se encorvó sobre sí mismo, temblando, abrazando su pecho con desesperación.

Luego se arqueó y una luz sucia y estremecedora los cegó a todos. Cuando pudieron volver a mirar, vieron cómo un torbellino se alzó a lo alto y explotó, liberando un pequeño mar rojo. Este rápidamente se fragmentó en diminutas estrellas rojas, que ascendieron entre agotados parpadeos hacia el eclipse… antes de desvanecerse.

Y, por una vez, Gabriel, Friederike, Chihiro y Aaron compartieron una única emoción.

Una rabiosa satisfacción.

La armadura de Xihn se derritió, a pesar de que no hacía calor, y cayó como gotas plateadas al suelo, dejando humeantes orificios entre las ruinas. La figura oscura que quedó revelada apenas tenía forma humanoide.

Y tampoco tuvieron tiempo de apreciarla porque entonces empezó a emitir alaridos de dolor y rabia. Unos gritos tan potentes que no podían ser humanos. Ensordecidos, los caballeros estuvieron a punto de caer hacia atrás por la virulenta fuerza que manó de Xihn. La atmósfera se volvió prácticamente irrespirable y la temperatura bajó de golpe hasta el punto de que empezaron a tiritar. El mundo, además, se ensombreció tanto que el hilo de luz del eclipse se vio casi reducido a la nada.

La sombra de Xihn creció como una montaña tras la que se oculta el sol. Y creció.

Y creció.

La visión de los afectados por el Caos se tornó de un rojo tan chillón que les acuchilló la cabeza. Fátima cayó en picado para darse de bruces en el suelo, desde donde empezó a resplandecer como si estuviera ardiendo. Quizá no estuviera muy lejos de la realidad. Todo le dolía, sentía cómo le costaba más y más pensar, como si fuera a desaparecer. Y puede que ese fuera su destino… Así como el de otra persona: Ragun —estuviera donde estuviera— se retorció de dolor al tiempo que sentía cómo todo su cuerpo empezaba a desaparecer. Si no se hundió en el suelo, fue porque era tan ligero que el viento que emanaba de Xihn parecía dispuesto a no permitir que entrara en contacto con el mismo. Para Xefil, el mundo casi se detuvo por completo y fueron sus pensamientos los únicos que quedaron fuera del alcance de Saito, que empezó a sangrar por los oídos y la nariz cuando pudo escuchar a todos como si estuvieran dando alaridos en el interior de su cabeza. Andrei no corrió mejor suerte. Había caído junto a Ragun, víctima de las convulsiones más violentas que nadie había visto jamás, y empezó a vomitar Caos como lo había hecho Karel.

Las Princesas actuaron de inmediato para dirigirse junto a los afectados, pero solo Ariel tenía la suficiente fuerza para imponerse a la virulenta, negra y pegajosa tormenta de Caos que brotaba de Xihn. Solo ella, Felipe y los propios afectados por el Caos. Hiro y Kairi harían bien en correr a protegerse junto a su Princesa si no querían que el Caos los afectara, a ellos y a un aterrorizado Ruz. Bella y Cenicienta, que cargaban como podían con Saito, se esforzaron por alcanzar a Xefil, pero todavía les quedaba un trecho por lo lejos que había acabado cada uno. En cuanto a Felipe, había echado rodilla a tierra, clavado su Espada en el suelo y levantado el Escudo, tras el cual pudo refugiarse el resto. Sin duda no habría sido capaz de resistir tanto de no ser por los refuerzos mágicos que le habían concedido los Caballeros.

El suelo retembló y se fracturó. Cada vez hacía más y más frío, tanto que sus alientos se convertían en vaho.

Xihn, que ahora mediría cerca de seis metros de altura, rugió.

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Alzó su inmenso garrote y golpeó el suelo.

Felipe gritó cuando la tierra se hundió bajo ellos y cayeron hacia un precipicio oscuro e interminable. Solo en el último segundo pudieron aferrarse a las paredes, que se estaban congelando con rapidez. Bella lanzó un rayo de luz para despejar el camino y envió a Cephiro y a Thor en su ayuda antes de continuar hacia Xefil por su cuenta, mientras Cenicienta permanecía junto a Andrei y a Saito, ambos cada vez en peor estado. Saito tenía tanta fiebre y le presionaba la cabeza de tal forma que creía que le iba a explotar.

Fátima y Ariel, que estaba estabilizando a la primera, de pronto se vieron aplastadas contra la tierra cuando esta se elevó hasta formar un tepuy que alcanzó los diez metros de altura y no parecía dispuesto a dejar de crecer. Nithael trató de ir en su ayuda, pero corrientes de viento se elevaron y lo arrastraron consigo, a punto de desgarrarle las alas. Blancanieves gritó cuando quedó hundida en la piedra hasta la cintura y no dejaba de caer hacia abajo. Celsius corrió hacia ella. Ronin y Ryota escaparon mediante un Portal del primero, que los dejó junto a Ragun y a Andrei, dispuestos a defenderles. Se miraron un momento con intensidad y Ryota se alejó un poco, abriendo los brazos a los lados. Sus ojos se iluminaron y de su cuerpo emergió aire. Uno que se sumó a la tormenta y, sin embargo, estaba limpio y parecía luchar contra la misma. Viendo lo que intentaba, Cenicienta se apresuró a ir junto a él, le tomó una de las manos y le transmitió su Luz. El viento que surgía de Ryota cobró un resplandor blanco y surgió con muchísima más intensidad.

Si lograba concentrarse lo suficiente, ¡quizá lograra detener la tormenta!

¡Xefil! ¡Sigue mi voz, ven! ¡Deprisa!

La gente que estaba fuera del alcance inmediato del Caos tuvo que retroceder a trompicones, pues este crecía como una pompa oscura y sucia.

Dentro de Malik, Aaron masculló:

«Es demasiado fuerte. Los va a matar a todos. Las Princesas tendrían que hacer un ataque suicida para que tuviéramos una oportunidad. A menos que logremos, de alguna forma, reducir el Caos…—Calló un momento—. Quizá se pueda. Chihiro. Podría hacer retroceder el tiempo de Xihn. Pero necesitaría tanta energía que sería sacrificar su vida y posiblemente la de quien quiera al que esté poseyendo.»

Pero el tiempo jugaba más que nunca en su contra y aquel dato solo lo había imaginado Aaron.

A menos que alguien pudiera comunicárselo a Celeste.

Y entonces Malik se vio arrojado hacia atrás por la tormenta había atrapado a Nithael. Si no retrocedía de inmediato, se vería afectado por el Caos. Sin embargo, allí estaba el ángel, arrastrado por la brutal corriente. Entrevio también a Harun en la distancia, que luchaba contra la tormenta. Podía llamarle y acudir a por Nithael, o incluso a por Fátima. No muy lejos, un débil resplandor luchó contra el Caos y la Oscuridad. Ariel intentaba crear una campana protectora a su alrededor y la de Fátima.

¡Debemos atacar YA! —gritó, esforzándose porque se la escuchara por encima del estruendo.

Xihn elevaba de nuevo su maza… Pero esta vez se preparaba para cargar.


Spoiler: Mostrar
Ragun:
VIT: 100/200
PH: 6/92


Xefil:
VIT: 40/40
PH: 26/56
Estilo: 1 turno


Saeko:
VIT: 80/84
PH: 58/58 (57 poder curativo)


Alanna:
VIT: 50/60
PH: 14/38


Celeste:
VIT: 26/26
PH: 50/58 (30 poder tiempo)
Te quedas sin éteres


Kairi:
VIT: 35/40
PH: 0/52


Hiro:
VIT: 10/28
PH: 29/54


Malik:
VIT: ????/138
PH: ????/58


Fátima:
VIT: 15/32
PH: ????/????


Saito:
VIT: 60/120
PH: 12/60



Spoiler: Mostrar
Saito: 59%

Fátima: 62%

Ragun: 70%

Xefil: 64%



* * *


Fecha límite: viernes 3 de agosto


Faltas:
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Tanis: I (justificada)
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Tanis » Mar Jul 31, 2018 2:02 am

Malik sintió cómo el Corazón brillaba y latía dentro de Xihn. Un segundo después la tierra tembló y Malik saltó para que el terremoto no le alcanzase. Eso eran poderes de Tierra, no cabía duda. Frunció el ceño, contemplando el subir y el bajar del terreno mientras aun se encontraba en el aire.

Aaron tampoco estaba contento.

«Ataquémosle con sus propias armas, Malik. Tu estilo puede hacer algo parecido, ¿no es cierto?»

Entreabrió los labios.

«Tienes razón.»

«Ocúpate de invocarlo, yo me encargaré de los Corazones.»

«Bien, a ver que tal le sienta su propia medicina.»

Procurando no acercarse demasiado, Malik activó el estilo Círculo de Terraformas. Sintió cómo bajo él, en el suelo, temblaba el área mágica. Se concentró y señaló la zona dónde Xihn estaba plantado. El círculo de temblores se desplazó rápidamente hacia la amalgama de coraza y corazones y el pequeño terremoto de Malik explotó. Vio la tierra subir y bajar y deformar lo que Xihn ya había destrozado. Sintió una terrible satisfacción. Se mantuvo en el aire todo el tiempo que pudo, hasta que pudo realizar Pangea sobre Xihn. Cuando la tierra, roca y escombros se unieron en una gran bola sobre el monstruo, aplastando todo lo que podían, Malik aterrizó en suelo purificado y se puso en marcha otra vez.

Spoiler: Mostrar
Nombre: Círculo de Terraformas

Apariencia: Al activar el estilo de combate aparece un área móvil de tierra temblorosa de diez metros de radio y cinco de profundidad, cuyo epicentro es el usuario. No hay cambios significativos en la apariencia de Malik.

Efecto: La resistencia del usuario aumenta en un 30%

Habilidades:
▪ Seísmo de Titanes (HM) [Nivel 25] [Requiere Afinidad a Tierra; Poder Mágico: 30]. Al activar esta habilidad, el usuario designa una zona y el área de tierra temblorosa antes invocada se traslada a ese punto. Su superficie se abre, cierra, baja y eleva de forma aleatoria como un terremoto a pequeña escala, provocando daño a los enemigos. Durante el terremoto Malik puede seguir moviéndose por el área.

Ataque final:
▪ Pangea (HM) [Nivel X] Al activar el ataque final, el usuario designa una zona que explota en pedazos de tierra y roca que persiguen a un objetivo también señalado por el usuario. Cuando los pedazos alcanzan su objetivo lo rodean y atrapan formando (causando daño) sobre y en torno a él una nueva masa de tierra.


Malik corrió, esquivando, aprovechando los caminos que abrían los demás, para poder posicionarse y…

Tenía la Llave Espada de Aaron en la mano. Apuntó a Xihn, sin que el brazo o los dedos le temblasen. Miraba a la criatura con intensidad y firmeza. Podía notar cómo Aaron era quien guiaba sus movimientos, como un marionetista interior. Sin embargo sólo había determinación, nada de ira u odio. Podía sentirlo, como una forma de entenderse más allá de lo inimaginable. Malik inspiró hondo. Los corazones, tan sucios, tan horriblemente destrozados y desgarrados le provocaba un hambre terrible y voraz, además de una indignación y rabia atronadoras.

«Preparado. Va a romperse en cualquier momento.»

Malik tragó saliva.

«Vamos.»

Xihn se encogió. Una luz sucia y estremecedora le cegó. Malik siseó, tapándose los ojos con un brazo. La luz provenía de todas partes, era horrible. Cuando pudo volver a mirar, vio cómo un torbellino se alzó hacia lo alto y explotó. Malik sintió, dentro, muy hondo, la terrible e iracunda satisfacción de Aaron como si esas emociones fueran las suyas. Inspiró hondo de nuevo. La armadura de Xihn se derritió Y cayó en una miríada de gotas que perforaron el suelo.

«Joder… »

Xihn empezó a chillar de dolor y rabia. Ensordecido, Malik estuvo a punto de caer hacia atrás por la fuerza que manó del monstruo. La atmósfera se volvió rancia y densa y la temperatura bajó tanto y tan rápido que Malik tembló y el implante del brazo empezó a hacerle daño. La luz menguó, tanto que el hilo de luz del eclipse se vio casi reducido a la nada.

La sombra de Xihn creció hasta hacerse gigante

Malik miraba fijamente a la nueva forma de Xihn, aterrorizado, cuando vio un resplandor por el rabillo del ojo. Giró la cabeza, clavado en el suelo, helado y con la adrenalina por las nubes. Entonces se dio cuenta de quién caía a tierra como un meteoro. Se le heló aún más la sangre y el estómago se le encogió.

¡FÁTIMA!

Su propia voz le ensordeció. No podía hacer más que observar cómo su esposa caía y caía, paralizado. Entonces algo hizo chispa en su cabeza y sus piernas avanzaron justo cuando Xihn levantaba el garrote. Vio a Ariel moverse junto a Fátima, con su resplandeciente tridente, pero el caballero estaba demasiado lejos aún. A pesar de su velocidad, a pesar de sus poderes, Xihn golpeó el suelo antes de que pudiera hacer nada.

Y todo saltó por los aires.

Malik pudo retroceder, de repente iracundo y aún asustado, a la vez que contemplaba la oscura burbuja de Caos que se formaba alrededor de Xihn. Dentro de él, Aaron apretó los dientes y dijo:

«Es demasiado fuerte. Los va a matar a todos. Las Princesas tendrían que hacer un ataque suicida para que tuviéramos una oportunidad. A menos que logremos, de alguna forma, reducir el Caos…»

«¿Cómo podríamos… ?»

«Quizá se pueda. Chihiro. Podría hacer retroceder el tiempo de Xihn. Pero necesitaría tanta energía que sería sacrificar su vida y posiblemente la de quien quiera al que esté poseyendo.»

Chihiro.

Malik tenía, o al menos la había tenido, una historia personal con ella. Ya no era más que un corazón dentro de un cuerpo ajeno. Malik pensó en Celeste. Allí, estaba, podía verla desde aquella distabncia. Ella poseía a Chihiro, podía detener, ralentizar, lo que fuera, pero si era a costa de su propia vida… Malik lo haría, de estar en su posición. Pero no tenían mucho tiempo, Xihn ya estaba empezando a levantar la maza otra vez. No podían contra esa cosa, no podían...

De repente, Malik se vio arrojado hacia atrás por la tormenta que tronaba por todas partes. Consiguió quedarse de pie y no rodar por el suelo, y apartarse para que el Caos no lo tocase. Si a esas alturas no estaba infectado, no le quedaba nada por estarlo, pero no le importó. Si llegaba, si al menos llegaba a ella… Entre la tormenta vio a Nithael, arrastrado por las corrientes. También a Harun, el dragón de su esposa. Todavía recordaba el día que salió del huevo, y cuando sólo era una pequeña lagartija. Esos pensamientos le hicieron sonreír, incluso en la situación en la que estaba. Fue entonces cuando un nuevo resplandor llamó su atención.

No muy lejos, Ariel peleaba contra el Caos y la Oscuridad, e intentaba crear una campana de luz a su alrededor y el de Fátima. Sabía que la cercanía con una Princesa le ayudaría a repeler el Caos y sería más fácil curarse si… Nithael era una presencia que haría daño a Aaron otra vez, pero estaba el Caos, y Fátima…

No lo pensó mucho tiempo.

Malik se dirigió hacia el dragón y alzó la voz todo lo que pudo.

¡HARUN, VEN, VAMOS A POR FÁTIMA!

Entre el vendaval, escuchó la voz de Ariel.

¡Debemos atacar YA!

En cuanto el dragón se acercó, Malik subió en él rápido, y se dirigieron hacia Ariel y Fátima. Respiraba entrecortadamente, sabiendo que probablemente no saldrían de… Había estado a punto de morir tantas veces que ya no tenía miedo, sólo quería llegar hasta Fátima. Cuando llegó, saltó desde Harun y se plantó junto a Fátima, usando toda la fuerza y el poder de Aaron para ayudar a Ariel con la Oscuridad, y que ella se concentrase en el Caos.



¡Lo siento, llego tarde! —exclamó, porque preguntar si estaban bien, era una tontería en esos momentos.

Vio, por el rabillo del ojo, cómo Fátima intentaba levantarse. Podía ver su dolor. Se giró hacia ella.

Malik…

Cuando extendió a medias una mano y luego la retiró, se dio cuenta de lo que pensaba. Pero Malik había volado a lomos de un dragón infectado, en una tormenta de Caos.

¡No... te acerques! Vete, antes de que el Caos te afecte.

Malik avanzó hacia ella, cogió su mano y la abrazó con el otro brazo. Le dejó un beso en la frente.

Tarde —respondió. La soltó despacio—. Lo siento, antes… —carraspeó—. Lo siento.

Ahora podía verla de verdad, a través de sus propios ojos y no a través de la bruma de Aaron. A pesar de que sabía lo que significaba su aspecto, pensó que estaba preciosa. Le picaron los ojos.

Malik… —dijo ella. Cuando sintió las manos en la piel suspiró. Le acarició las mejillas con los dedos—. Te perdono. Perdóname tú también por esto.

¿Eh?

Cuando ella se separó, notó cómo el Caos le arrollaba el cuerpo. Miró también a la princesa. Sabía lo que iba a hacer.

Cúrale. Cúrale y saltaré ahora mismo sobre Xihn. Ábreme el camino y te juro que lo mataré…

Fátima…

Cuando vio que se desvanecía aguantó el aliento, avanzando un paso. Estaba sufriendo, no le gustaba verlo. No le gustaba esa idea. No le gustaba nada.

Con mi último aliento.

Ariel le agarró del hombro y Malik notó una ola de calor. Era agradable y se extendía por todo el cuerpo. La sensación densa del Caos desapareció, y pensó fugazmente en…

«Aaron… »

—No, no, espera —Se soltó de la princesa, avanzando hacia Fátima otro par de pasos—. Voy contigo, sólo tenemos una oportunidad.

¿Y los niños?

La pregunta le golpeó y le desgarró por dentro. Un montón de imágenes de ellos le abordó y sintió una avalancha de culpa. Sus hijos… Malik tragó saliva, los ojos le picaron aún más. Y la respuesta acudió sola.

Si hacemos esto podrán vivir.

«Podrían sobrevivir.»

Invocó la Llave Espada de Aaron, y sorbió por la nariz.

Probablemente no ganarían, quizá Xihn simplemente les diera un manotazo. Pero a lo mejor su ataque abría paso a los demás. Asintió también como respuesta a Fátima y se preparó.

Por ellos. ¡Ariel! ¡Ábrenos un camino! ¡Si lograses golpear a Xihn aunque fuera un instante, podríamos aterrizar sobre él y…!—Vio que ella se volvía hacia el dragón—. ¡Salva a Nithael! ¡Rápido!

Inspiró hondo. No estaba totalmente asustado. Hacía mucho tiempo que había solucionado que morirse, se iba a morir en cualquier momento. Y aunque le gustaría hacerlo de viejo, no tenía ese privilegio. No tanto.

Miró a Fátima.

Quería coger su mano, abrazarla, besarla, decirle que todo iba a salir bien, que sus hijos no iban a quedarse huérfanos. Al menos, pensó, si morían, lo harían juntos. Al leer sus labios sonrió.

«Te quiero.»

Miró al frente.

«Aaron...», pensó. «La promesa sigue en pie.»

Era una declaración de intenciones. Podían morir, pero no pensaba dejarse matar. En cuanto Ariel dio luz verde, Malik reunió toda la capacidad de la que disponía, y todos los poderes oscuros que poseía ahora.

Y saltó.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor H.S Sora » Vie Ago 03, 2018 5:51 pm

Manteneos cerca de mí los dos. Así, cuando llegue el momento, os podré sanar de inmediato.

Asentí, mientras sentía los pensamientos de una contrariada Bella por haberle pasado el Caos a Xefil. Entendía su postura… pero tampoco me sentía en la tesitura de negarle a Xefil la oportunidad de darlo todo contra Xihn.

Desde luego cuántos más infectados fuéramos más trabajo tendrían las Princesas, pero había visto de primera mano lo que podíamos hacer. Aún con todo, intentaba hacer malabares para no distraerme y estar atento a las palabras de Bella.

«¿Estaría fuera de lugar proponerte matar a ese energúmeno a traición?»

«¿Qué?»

Busqué a Celeste con la mirada, perdido. O peor aún, buscaba a un Andrei que se hubiera desplomado en el suelo como por pura casualidad. No encontré a ninguno de los dos.

¿Cuál es vuestra estrategia? Selene, una de las esencias, tiene la capacidad de aumentar la velocidad y la percepción de aquellos a los que toca. Si alguno de vosotros necesita de su habilidad, hacédmelo saber.

Fui a abrir la boca para decir que en nuestro caso, infectados como estábamos, lo mejor sería que Selene no nos pusiera una mano encima a ninguno. Aunque quizá a la Princesa si que pudiera ayudarla… pero no tuve tiempo de reaccionar.

Yo quisiera darle un uso —Miré de reojo al recién llegado. Traté de saludarlo con torpeza, sin saber muy bien que decir: ¿perdón por ser un idiota integral?—. Mis hermanos y yo os ayudaremos a frenar a Xihn. Si podemos ir un paso por delante, podremos ser más útiles.

Por supuesto. Muchas gracias.

Se me hizo raro que fuera Bella la que estuviera utilizando a una de las esencias de Fátima, aunque en el estado de ésta última era más que comprensible. Aún con todo, pude observar en los ojos de Eve el mismo sentimiento que yo había tenido cuando, años atrás, había visto a Fátima utilizar a Ondina.

Quién sabe si tenía la misma avalancha de preguntas y el mismo entusiasmo que había vivido. Por eso me hizo cierta gracia ver como los dos marchaban, y no pude hacer otra que pensar que en el fondo solo eran eso. Niños. Niños que se habían dado de bruces con una realidad muy difícil de asimilar…

«Será cabrón.»

No supe contestar a su mueca, porque en su lugar lo único que pude hacer fue sonreírle. Quizá, en otras circunstancias, nos hubiéramos podido llevar de maravilla. Quizá, si salíamos de esa, pudiera disculparme con él y sus hermanos como era debido.

Quería presentarle a Alice y ver como reaccionaba.

Estoy listo Bella. Cuando tu nos digas.

«Quién iba a decir que serías tan maliciosa. Desprendes una inmensa cantidad de odio. Así que hablas en serio… Haz lo que prefieras, muchacha. No creo que fuera difícil detenerle el corazón, si pretendes una muerte rápida donde nadie sospeche de ti.»

«No. No. No.»

Ahora que tenía que dar con ella. No podía irme así, como así, pero no me hacía falta. Solo necesitaba un momento, transmitirle lo que pensaba. Porque sabía todo lo que le había hecho Andrei. No era capaz de comprender la magnitud del asunto, era su mundo al fin y al cabo.

Y aunque coincidía en que Andrei se mereciera la peor de las muertes, ahora nos estaba ayudando. Y no andábamos sobrados de aliados, ni nuestro enemigo nos permitía el lujo de decidir prescindir de ellos.

«No lo hagas.» Mis palabras resonaron en su cabeza gracias a mi Mareridt. Me di cuenta de que no le había explicado nada y que podía ser un tanto repentino «E-El Caos me permite leer la mente de los que me rodean, y estoy usando una habilidad mía para hablarte. El caso es… que tu no eres una asesina como él, y nos guste o no le necesitamos.» Me esperé un momento antes de añadir: «Cuando todo esto acabe, se le juzgará por todo lo que ha hecho. No tiene a donde escapar, pagará. Lo único que conseguirías adelantando su muerte es ser benevolente con ese miserable y mancharte las manos con su sangre. Para toda la vida.»

Desde luego no podía impedírselo. Si era lo que ella quería, no había manera de intervenir con los nuevos poderes que Chihiro le concedía. Pero por lo menos esperaba que lo reflexionara un poco más. O quizá en el fondo no quisiera. Quizá en el fondo solo estaba haciendo el «papel» que me tocaba.

Porque Saavedra no se merecía ni una gota de nuestra compasión. Lo que estaba haciendo ahora, lo hacía por su propia supervivencia. Esperando darnos esquinazo en cualquier momento. En su día, no habría vacilado en calcinarnos. O torturarnos hasta la muerte. O entregarnos a la peor de nuestras pesadillas.

«Recuerda lo que pasó en la Ópera. ¿Merece la pena que cargues con esto también? En aquella ocasión no tuviste elección, ahora la tienes.»

Podría sentir la respuesta de mi amiga, pero no había mucho tiempo para hablar. Porque todos estábamos enfocados en la cometida final que se iba a llevar de un momento a otro. Confiaba en ella para actuar con consecuencia.

El tridente de Ariel, soltando un potente rayo, marcó la salida de todos los que nos habíamos agrupado. Los tonos dorados que por un momento bañaron todo aquel páramo en el que lo único que había tenido cabida eran el Caos y la lúgubre muerte, sirvieron como una potente oleada de esperanza para todos.

¡Vamos!

«Esto tiene que acabar aquí.»

***


Venga va, dilo.

¿Yo?

Claro, quién va a ser si no.

Sois exasperantes. Y una pandilla de imbéciles.

¿Y qué te hace diferente de nosotros?

Que yo no sé porque estoy aquí.

Voy a morir, voy a morir, voy a morir…

Mi alrededor era lo más confuso que hubiera existido jamás. Me estaban arrastrando, sentía como mis extremidades habían fallado, pero no entendía nada en absoluto. ¿Cómo habíamos llegado a esto? Mi visión era borrosa, y aún con todo, era capaz de verlos.

Cinco versiones de mi mismo. ¿Estaba muerto y aquel era mi infierno personal?

¿Ves? Imbécil.

¡TODO ESTO ES CULPA DE TIERRA DE PARTIDA!

Lo que te decía: el perfecto escuadrón de imbéciles.

Caminaban a mi lado, al ritmo de un diabólico compás que no entendía. No estaba muerto, porque poco a poco divisaba mi derredor y era espeluznante: la lucha continuaba, pero yo me sentía incapaz de avanzar.

Las voces de los demás quedaban lejos, aunque evadir su susurro era imposible. Pero la escena que tenía delante era impresionante, cuanto menos.

¿Dónde?…

...¿Estás? —Ayato dejó escapar una ácida carcajada— . Patético. Ya deberías saberlo.

Hemos perdido. Eso es lo que ha pasado. —A pesar de ir en silla de ruedas, aquel Saito era bastante más ágil que yo, moviéndose por el peligroso terreno en el que estábamos—. Y te duele tanto, tanto, que estás intentando evadir la realidad.

»Por eso estamos todos aquí, supongo. Porque es eso, o que sigas sufriendo el sangrado por todas partes.

Si hubiera sido yo el que tuviera ese poder del Caos… —Hubiera esbozado una sonrisa, al ver a ese Saito que acababa de llegar a Bastión Hueco prácticamente. Sí, el mismo que había caído contra un Wayvern.

Por favor. Si hubieras sido TU, no habrías aguantado ni un 10%. —Ayato, como no, era el más brutalmente sincero de todos—. Te habrías puesto a llorarle a Ryota o a Nanashi acerca de lo mala que es Tierra de Partida.

Volvamos a lo de antes. —Traté de insistir—. ¿Hemos perdido?...

¿Qué esperabais? Le arrebatasteis los Corazones tal y como se pretendía. Reconozco que hicistéis un buen trabajo… —Suspiró y negó con la cabeza, mientras se acercaba a mi con la silla—. pero incluso así, lo que ha salido de esa armadura rota es más poderosa que todos vosotros juntos.

Pero nuestras habilidades del Caos...

Se han vuelto locas. —Mientras hablaba, aquel Saito se ajustaba la bufanda y me miraba con escepticismo—. ¿La Maestra? Lo que fuera en lo que se había convertido prácticamente ha estallado en llamas. Y de los otros dos mejor ni hablamos.

Cada vez nos alejábamos más de todo el epicentro de la batalla. Empezaba a entender, quizá con algo de retraso, quienes me estaban ayudando a retirarme: las Princesas del Corazón.

Quizá lo oigas todo, —apuntó mi homologo con más odio dentro—. pero nada había sido tan confuso antes.

Sus chillidos son más bien insostenibles. —La cabeza me daba vueltas, incapaz de distinguir quién era el que había hablado ahora. Su voz era la más aguda… ¿Mi yo de dieciséis años?—. Este volumen te iba a matar, si es que no lo hacía antes la criatura en la que Xihn se ha convertido.

¿Entonces todavía?…

Ni lo pienses. —El Saito en silla de ruedas miró en la lejanía, cautivado en cierto modo por la nueva forma de Xihn.

Incluso yo sé que es una mala idea. —Y lo decía alguien que había intentado pelear contra Mateus Palamecia en un dos para uno, apoyado por el Cardenal armado con una maldita pelota.

»Esto no habría pasado si Bastión Hueco hubiera acabado con Tierra de Partida…

Como vuelvas con la puta supremacía, —Ayato se crujió los nudillos. No necesitaba mis habilidades del Caos para notar su enfado—. me encargaré de que no te quedes por mucho más tiempo.

Chicos, parad. Yo…

Me matarán. Si no es Xihn será Ayato, si no es Ayato será Yamori… —Suspiré, viendo como ese Saito se llevaba las manos a la cabeza y sollozaba. Recordaba esa faceta, por suerte no había durado tanto como alguna de las otras. Sin contar a Ayato, claro.

Por favor, que alguien le meta una mordaza en la boca a este. —Impertinente cuanto menos, el más joven de todos buscaba algo con lo que acallar al afligido yo. Era, con diferencia, una de las situaciones más raras que hubiera vivido nunca—. Suficientes voces tenemos aquí ya, ¿no crees?

Perfecto, ahora encima tenemos fiebre. ¡Nos faltaba solo un Saito más, pero delirando! ¿Quién lo invita a esta fiesta?

Quiero volver.

Todos me miraron. Las únicas expresiones sosegadas que había en aquella improvisada reunión de locos eran la de Ayato y mi yo en la silla de ruedas. Los otros empezaron a debatir, un par de decibelios más alto de lo que me habría gustado, sobre trivialidades sin importancia.

¡TRAEDME LA CABEZA DE NIKOLAI!

Puedes hacer el favor de callar, ¿babuino en celo?

Bueno, más o menos.

Y es que a medida que me estabilizaba un poco, toda la avalancha se cernía sobre mí. Una y otra vez, era insostenible. Las voces me acuchillaban sin piedad, los pensamientos que todos en aquel campo de batalla estaban teniendo se unían en una deformada amalgama que me recordaba a los Corazones que le habíamos robado a Xihn.

«Bella...Cenicienta…»

Ambas Princesas me habían salvado de una muerte segura. Aún con la visión borrosa, era capaz de entrever el monstruo al que se suponía que teníamos que combatir ahora. ¿Pero cómo?

No es posible, ya te lo he dicho.

Me jode, pero tiene razón. Bueno, te jodes tu, tu, tu, tu y… tu —Ayato empezó a señalar a los presentes con el índice hasta llegar a mí—. Yo todavía seguiré vivo después de esto.

No quiero morir… —Tenía miedo de parecerme de nuevo al paranoico yo que nos acompañaba, pero era la verdad.

Dudo que alguno de nosotros así lo quiera. —Mi homólogo más racional se encogió de hombros, para después frotarse el cuello—. Por lo menos no has arrastrado a Alice contigo.

Se hizo un incómodo silencio.

Alice… yo quería volver a verla.

...Alice es buena.

Alice nos quiere.

Siempre ha cuidado de nosotros.

Nos ha soportado en nuestros peores momentos…

Forma parte de mí, después de todo.

Alguno de los presentes ensombrecieron su ánimo un poco más, si es que eso era posible.

Nunca la volveremos a ver…

Tampoco a Misifú...

Esperemos que no se olvide de darle de comer.

¿Nos llevaremos a Xihn por delante al menos? —Y como no, pretendía hacerlo solo—. ¿O se escapará por el Intersticio y todo esto habrá sido una soberana gilipollez?

¿De verdad sigues pensando que nosotros podríamos hacer algo? Los Maestros, las Princesas del Corazón e incluso los que ahora llevan en su interior a entidades verdaderamente poderosas… ninguno puede hacer nada.

Deberíamos haber sido nosotros los que nos fusionáramos con Aaron.

«Por el amor de Dios»

¿Habría cambiado algo?

No lo creo. Pero habría sido más divertido.

Y que Malik tiene una familia y eso.

Claro, claro. Y que siempre ha sido de Tierra de Partida, no es de fiar ni digno de alguien como Aaron.

¿De un asesino enfermo y desquiciado? Muy digno todo.

¿Podemos intentar movernos de una vez?

No. Estamos casi igual o peor que Andrei Saavedra… a él tampoco le ha sentado bien el aumento del Caos, por lo visto.

Intenté mirar mejor hacia nuestro lado, para encontrarme con el susodicho. Ninguno de los dos estaba en condiciones de correr una maratón. Ni de respirar por mucho más tiempo, ya puestos a debatir.

Mejor.

Que se joda.

Estamos en la misma situación que él, solo que quizá él pueda resistir esto un poquito más que nosotros.

A menos que le apuñalemos a traición.

Apenas nos tendríamos en pie. Estamos como para apuñalar a nadie.

Otro silencio, mientras observábamos al Maestro Ryota y a Cenicienta intentar hacer frente a la enorme tempestad de Caos que Xihn estaba creado. Si la redirigíamos, quizá…

Estaremos en las mismas. —De nuevo, la racionalidad se imponía y me había leído el pensamiento—. Además, dudo que ninguno de los afectados esté como para intentar redirigir nada.

¿Nos quedaremos así y ya?

No estás para hacer mucho más. —Ayato estiró un poquito la mano hacia mi bolsa, con sorna—. Te alcanzaría un Elixir pero ni con esas, creo.

«Es demasiado fuerte. Los va a matar a todos. Las Princesas tendrían que hacer un ataque suicida para que tuviéramos una oportunidad. A menos que logremos, de alguna forma, reducir el Caos… Quizá se pueda. Chihiro. Podría hacer retroceder el tiempo de Xihn. Pero necesitaría tanta energía que sería sacrificar su vida y posiblemente la de quien quiera al que esté poseyendo.»

No parece que vaya a avisar a nadie.

Sus pensamientos de hecho dicen todo lo contrario… se va a por Fátima.

Tiene sentido. Después de todo es muy probable que esto sea lo último que haga.

Esperad. ¿Vais a obviar que…?

¿Que Aaron pretende suicidar a Celeste?

Por mi parte sí, queda totalmente descartado.

Tiene que haber otro modo.

Las voces se iban haciendo cada vez más graves en mi cabeza. La de los demás, no las mías propias. Si esto seguía así, desde luego que ni por mucho que Nithael me curara conseguiría salir de esta cuerdo.

Amor, odio, frustración, desesperación, miedo… la lista de sentimientos que se transmitían a través de las voces era interminable.

Ayudadme.

¿Cómo dices? —La expresión del primer yo, era de una estupefacción sin límites. Casi como si le hubiera dicho que Bastión Hueco se anexionaba a Tierra de Partida… de nuevo.

Tenemos todas las extremidades. —Moví mi índice, dándole vueltas, intentando expresar lo que pretendía. Como no parecía estar consiguiéndolo, proseguí—. No estamos muertos.

Ajá.

Y todos queremos lo mismo.

¿Que es?…

Proteger a nuestros seres queridos y acabar con Xihn.

Pero…

Siempre nos equivocamos…

…Nunca elegiremos bien.

Por favor. —imploré—. Intentémoslo al menos una última vez.

¿Sabes lo que está en juego, no?

Siempre intentamos hacer las cosas por nosotros mismos. Confiemos en la ayuda de todos por una vez.

Ellos podían sentir lo mismo que yo. Esa oleada de intensos sentimientos, de recuerdos, de todo lo que había vivido desde que me había unido a la Orden. Bastión Hueco, Tierra de Partida… daba igual ya en aquellas alturas. Al menos para mí. Lo que importaba era la gente a la que apreciaba, gente a la que no quería ver morir.

«Alice, Celeste y Misifú, Nanashi, Ryota, Armand, Saeko, Fátima...»



Cada uno de mis respectivos yo hizo un esfuerzo del que jamás me imaginé que sería partícipe: una colaboración entre todos. Una unión. ¿Fue un verdadero aumento de fortaleza mental lo que me estaban dando, o delirios de alguien enfermo? Nadie hubiera sabido decirlo.

Cogí una bocanada de aire fresco, mientras mi frente seguía casi en ebullición. El primer Elixir entró como mano de santo, y el segundo fue todavía mejor. Y el Éter ya terminó de espabilarme casi por completo.

Tenía que llegar hasta Celeste, transmitirle lo que podía hacer. La opción que tenía.

«Pero no dejaremos que muera.»

Bella, por favor, cúrame del Caos —le pedí, dándome toda la prisa que pude en hablar. Hablar para la realidad era mucho más doloroso de lo que recordaba—. T-Tenemos que ir a ayudar a Celeste, puede conseguir retroceder el tiempo para Xihn y ayudarnos con el Caos que está emanando. Pero si no la ayudamos con nuestra energía y lo hace sola... morirá en el proceso.

Tampoco me olvidaba de Xihn. La fastuosa tormenta podía desencadenar en algo mucho peor si no nos adelantábamos. Esperaba que el resto de compañeros que no fueran partícipes de semejante plan intentaran hacer todo lo posible contra él.

Divisé a Xefil, no muy lejos de dónde estaba yo. Me di toda la prisa que pude en llamarlo, porque durante toda la batalla me había llegado la información necesaria como para saber lo que el Caos le había hecho a él. Las cualidades que le había otorgado nos vendrían ahora de maravilla.

Por favor, tienes que avisar a Alanna y a Blancanieves —Intenté que entendiera cada palabra que decía, repitiéndome las veces que fueran necesarias—. Diles que vayan dónde están Celeste y Saeko, hay que reunir toda la energía que podamos antes de que sea demasiado tarde...

Una vez se hubiera marchado, intentaría invocar el Glider —si es que después de curarme Bella podíamos desplazarnos mejor así, en caso contrario no dudaría en apoyarme en ella o hacer lo que hiciera falta para continuar y movernos hacia dónde estuviera mi amiga.

Por el camino, no dudé en explicarle lo que pretendía hacer.

«¿Cómo coño se lo digo?»

Después de todo, era decirle que tenía que arriesgarse y poner en juego su vida por algo que nadie sabía que consecuencias acarrearía. Por el amor de Dios, le tenía que decir a mi mejor amiga que podía morir. Que mi plan, se basaba en algo que Aaron había imaginado que podía funcionar. Un Aaron que había predicho que moriría en el intento.

«A la mierda Aaron. A la mierda todo. No va a morir, lo vamos a conseguir. Tiene que salirnos algo bien por una maldita vez.»

Avanzando como pudiera con Bella, tenía que decirle lo que estaba pasando a Celeste antes de que otro lo hiciera. Era mi responsabilidad.

«Celeste, vuelvo a ser yo. Es urgente.» Me permití un breve silencio «Varios Caballeros y algunas Princesas iremos hacia dónde estás. Sé que suena a una locura, pero Aaron cree que tu y Chihiro podríais retroceder el tiempo para Xihn, reducir su Caos para que tengamos una oportunidad.» Tanteé cuales serían mis próximas palabras «Si lo hicieras sola, cree que no tendrías oportunidad de sobrevivir por el enorme gasto de energía pero… no lo estás. Vamos a ayudarte con ello. Te cederemos lo que necesitéis para hacerlo. Pero quiero saber si estás dispuesta a correr ese riesgo, sea cual sea.»

Tras llegar, no perdí el tiempo. No estaba seguro de cómo tenía que hacerse, pero si formábamos una especie de cadena todos juntos con las manos... Chihiro podría consumir lo que le hiciera falta de nosotros, o eso esperaba. Desde luego que si Bella o Blancanieves sugería un método mejor de hacerlo, yo no me opondría y obedecería.

Así que me agarré a una de las manos de Celeste, dispuesto a dejar que cogiera la energía que le hiciera falta. Me había reabastecido como había podido antes de llegar, así que el drenaje que pudiera hacer no me asustaba.

Lo que si me asustaba, era el hecho de estar poniendo su vida en riesgo.

«Saldrá bien. Volveremos.» Traté de transmitirle aquellas últimas palabras, y cerré los ojos por un momento. Queriendo estar muy, muy lejos de allí.

Queriendo volver, más concretamente, a esa capilla de Bastión Hueco en la que me había quedado dormido más de cinco años atrás, y en la que gracias a un atrevido Electro había conocido a mi mejor amiga. Y por un instante, uno previo a la situación que supondría llegar a pararme el corazón si esto no salía bien, traté de rememorar todo por lo que habíamos pasado juntos con el tiempo.

Y al volver a abrir los ojos lloraba, pero también sonreía.

«Siempre he pensado que tenía que escoger entre París y la Orden, pero me niego. Nunca más. Así que sí, hoy vuelvo.»


Hoy también volveríamos todos a casa, sin la necesidad de escoger quién viviría y quién moriría.

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Mareridt (HM) [Nivel 12] [Requiere Afinidad a Ilusión, Poder Mágico: 20]: El individuo confunde los sentidos de la vista y el oído de un enemigo de tal manera que altera lo que pueda ver y oír para confundirlo, haciendo que el objetivo perciba información errónea de su alrededor. Puede durar un máximo de dos turnos.

—Saito le pide a Bella que le cure del Caos.

—Elixir x2

—Éter x1

—Saito intenta transmitirle su energía a Celeste para ayudarla. No sé si sería vital o mágica, o las dos, pero está dispuesto a dar todo lo que pueda de ambas.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Suzume Mizuno » Vie Ago 03, 2018 10:47 pm

Su tormenta alcanzó a Xihn y Fátima habría gritado de satisfacción de haber tenido espacio para ello. Vio a Ragun arrojarse sobre él, las explosiones de flechas de oscuridad y de luz. Rayos, relámpagos, Caos pegajoso y oscuro extendiéndose por todos lados. Entonces, la armadura de Xihn estalló. Fátima gritó y tiró de la ropa de Ariel hacia atrás al tiempo que se cubría los ojos. Lagrimeando, vio un mar de estrellas rojizas extenderse sobre ellos.

¿Lo hemos…?

El chillido. Penetrante, agónico, insoportable. Fátima se llevó las manos a los oídos al tiempo que su cuerpo sufría un brutal espasmo y el dolor brotaba de su pecho para echar raíces por todo su interior.

El golpe la dejó sin sentido durante unos segundos. Cuando Fátima consiguió despertar, el mundo temblaba a su alrededor. Podía escuchar gritos lejanos, notaba una fuerza que la pegaba al suelo y la luna, no, el eclipse, estaba cada vez más y más cerca. Pero la luz desaparecía hasta que solo quedaba un delgado anillo, a punto de sumir todo en la más absoluta negrura. Con la garganta bloqueada, Fátima se retorció y arqueó entre gritos ahogados.

El cielo se alejaba, ella se hundía en un pozo de dolor. Entonces empezó el parpadeo. El mundo iba y venía con violentos cortes. De pronto el dolor la retorcía como si le estuvieran removiendo las entrañas con hierro candente y, luego, todo cambiaba. Tenía la sensación de que encendieran y apagaran un interrumptor. Nada y dolor, nada y dolor.

«Voy a morir, voy a morir, voyamorirohLuznoporfavor.»

Entonces notó sobre el pecho un pequeño alivio. Sin pensarlo, acercó las manos y las cerró alrededor de dos delgadas muñecas. Apretó, desesperada, para intentar que el alivio llegara más rápido. El parpadeo se detuvo y fue capaz de abrir los ojos y distinguir la figura de una mujer inclinada sobre ella, con su cabello rozándole la piel de la cara.

«Ariel…»

Sí. Ariel. La misión. Todo estaba volviendo. Xihn. Se forzó a levantarse, pero Luz, dolía tantísimo. La cabeza le daba vueltas, sentía cómo iba a desaparecer de nuevo. Sus niñas gritaban, desesperadas, y tuvo que hacer un enorme esfuerzo de voluntad por ordenarles que continuaran su misión.

¡Debemos atacar YA!

Sí. Sí. Tenían que hacerlo, antes de que fuera tarde. Escuchó de pronto un rugido que le resultó similar. Se volvió con esfuerzo y lo vio, viajando hacia ella a lomos de Harun.



¡Lo siento, llego tarde!

Malik… —Siempre pidiendo perdón, el muy tonto. Extendió inconscientemente una mano hacia él, pero la retiró en el último segundo. No… No debía contagiarlo—. ¡No... te acerques! —Sacudió la cabeza e hizo un esfuerzo por aclarar sus pensamientos—. Vete, antes de que el Caos te afecte.

Malik no le dio tiempo a protestar, aunque tampoco habría podido moverse. Envolvió su mano con un dulce apretón, la atrajo con su brazo libre y le dio un beso en la frente.

Tarde —susuró antes de soltarla con lentitud—. Lo siento, antes… —carraspeó—. Lo siento.

Siempre, siempre pidiendo perdón por cosas que no entendía. No lo merecía. De haber podido, se le habrían anegado los ojos, pero las esencias no lloraban.
Malik… —murmuró, acariciándole la mejilla. Sintió una punzada de horror al ver cómo el Caos se extendía por su piel, como unos horribles tentáculos negros. Se despejó por completo—. Te perdono. Perdóname tú también por esto.

¿Eh?

Fátima se volvió hacia Ariel y dijo, forzando la voz para que se la escuchara por encima del arrollador rugido del viento que se levantaba a su alrededor:

Cúrale. Cúrale y saltaré ahora mismo sobre Xihn. Ábreme el camino y te juro que lo mataré…

Fátima…

Logró ponerse de pie. Gruñó de dolor y se clavó los dedos en el pecho. Si solo pudiera arrancárselo. Entonces miró a su alrededor y experimentó una vaga sorpresa. ¿No se encontraban en el campo de batalla? Parecía que estuvieran en una extraña plataforma. Todo estaba deforme, destrozado, la tierra se había elevado o hundido, retorcido. Como si hubieran caído en una pesadilla.

Imaginó Tierra de Partida sometida a la misma monstruosidad y tuvo que contener un sollozo.

… Con mi último aliento—terminó con determinación.

No, no, espera. —Malik se apartó de Ariel, que ya debía de haberlo purificado, y fue tras ella—. Voy contigo, sólo tenemos una oportunidad.

Cerró los ojos y se volvió hacia él. Lo miró con dolor.

¿Y los niños?

Malik vaciló. Solo unos momentos, pero lo hizo. Lo vio tragar saliva.

Si hacemos esto podrán vivir.

Y su marido invocó una Llave Espada que no conocía, pero no le importó porque lo escuchó contener un sollozo. Fue su turno para no lanzarse a él, darle un beso, consolarlo. No había tiempo. Fátima cogió aire. Lo sabía, claro que lo sabía. Era una batalla que no iban a poder ganar. Pero por toda la Luz que debían intentarlo. Asintió con la cabeza.

Por ellos. ¡Ariel! ¡Ábrenos un camino! ¡Si lograses golpear a Xihn aunque fuera un instante, podríamos aterrizar sobre él y…!—Se volvió hacia Harun. No podía dedicarle ni una palabra amable, ¡no tenían tiempo!—. ¡Salva a Nithael! ¡Rápido!

Si podía ayudarles aunque solo fuera por un segundo, merecería la pena.

Miró a su marido y sintió tanto amor que pensó que se rompería por dentro. Ojalá no acabara ahí… Pero si tenía que hacerlo en algún lado, al menos que fuera luchando por lo que querían.

En cuanto Ariel estuviera lista, Fátima le miraría una última vez y vocalizaría: te quiero.

Luego saltó, con todos sus ataques preparados. Si salía un mínimo como ella esperaba, Ariel despejaría su camino hasta Xihn y podrían aterrizar prácticamente sobre él. Fátima liberó posiblemente su último Dragón de agua. El más fuerte que arrojó en su vida. Lo dirigió directo contra el rostro de Xihn, esquivando en la medida de lo posible su garrote. ¡Tenía que abrirle un camino a Malik! Y, sobre todo, evitar que Xihn cargara y fuera a por las Princesas.

Si no lograban detenerle, Fátima intentaría aprovechar que todavía hubiera terreno despejado de Caos —o confiaría en que Ariel lo despejara— y levantaría un Muro de hielo. No detendría a Xihn, pero con tal de poder retenerlo unos pocos segundos, sería suficiente.

Si aún le quedaban fuerzas, Fátima sobrevolaría a Xihn y desplegaría una Tormenta de Nieve. No tenía ni idea del efecto que tendría con el Caos, pero la energía de Ariel que fluía dentro de ella era arrolladora y no iba a mantenerla en su interior. No. Si iba a morir, arriesgaría hasta su última gota de magia.

«¡Muere! ¡Muere, maldito seas!»

En ningún momento dejó de vigilar a Malik. Era imposible que se salvaran a menos que ocurriera un milagro, pero no iba a quedarse sentada mientras lo veía morir. Ella ya estaba… Lo notaba dentro. En cuanto el Caos subiera un poco, sería el final. Pero

Si el Caos iba a afectarlos, protegería a Malik con su cuerpo, por pequeño que fuera, y después lo expulsaría de una ráfaga brutal hacia atrás.


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▪ Dragón de agua (HM) [Nivel 22] [Requiere Afinidad a Agua; Poder Mágico 35] [Personalizada] El usuario invoca un dragón de agua de tres metros de longitud y uno de diámetro que embiste al enemigo/s. No tiene por qué ir recto y puede maniobrar trazando curvas para perseguir al objetivo.

▪ Muro de hielo (HM) [Nivel 30] [Requisitos Poder Mágico 60. Afinidad Hielo]: el usuario levantar un robusto muro de hielo, de dos metros de ancho, dos de alto y uno de profundidad como máximo (el tamaño es adaptable según lo que se necesite). Resiste durante dos rondas a menos que se empleen habilidades mágicas/físicas de igual o superior nivel. Solo protege por el frente.

▪ Tormenta de nieve (HM) [Nivel 40] [Requiere Afinidad a Hielo, Luna, Viento y Agua; Poder Mágico: 68]. En un radio de seis a doce metros, Fátima despliega una tormenta de nieve y hielo que puede cegar a sus enemigos y congelarlos de forma superficial, limitando sus movimientos. Dura dos turnos.

-Si es necesario se beberá todos los éteres necesarios para lanzar sus ataques.
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¡Gracias por las firmas, Sally!


Awards~

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Suzume Mizuno
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Re: Fic de Suzu y *mira la chuleta en la mano* Denan: #13

Notapor Sombra » Vie Ago 03, 2018 11:05 pm

El Caos invadió mi ser en cuanto nuestras manos se tocaron. Sentí como la energía corrupta entraba en mi cuerpo y se arremolinaba a mi alrededor como si fuese una serpiente intentando estrangularme, a su vez notaba como por mis venas se deslizaba aquella energía impura como si tratase de devorar mis entrañas. Abrí los ojos como platos sintiéndome terriblemente afectado. Caí al suelo de rodillas sin soltar a Fátima. Era necesario... Y entonces noté como la mano de Fátima dejaba de tener la misma presión, casi como si se resbalara entre mis dedos. Al mirar pude ver como mis manos parecían haber perdido parte de su tangibilidad como si me hubiese convertido en un fantasma, aunque no por completo.

Tenía sentido que el Caos me afectase de aquella manera convirtiéndome en una especie de fantasma... Y más cuando mi poder sincorazón estaba dormido.

Perdí el equilibrio por un instante sintiendo como una de mis piernas de hundía en el suelo, sin embargo pude mantener de alguna manera mi solidez evitando caer al suelo... Me sentía extraño.

Gracias —dije simplemente en aquel momento.

Mi nivel de Caos era demasiado bajo todavía por lo que mis poderes para atravesar materia seguramente estaba en un nivel muy bajo también. Mientras más invadiese mi cuerpo el Caos más poderoso me volvería pero... A un alto precio seguramente.

El combate no tardó en empezar.

*


Todo comenzó con Ariel. Alzó su tridente lanzando un rayo de luz dorada que tiñó todo de aquel color. La luz se lanzó con violencia contra la armadura y Xihn desplegó una barrera mágica de gran poder que sin embargo cedió a los pocos segundos... Pero el monstruo no era estúpido, se movió a tiempo de esquivar el devastador ataque.

¡Vamos!

Las princesas y Felipe no tardaron en situarse alrededor del monstruo y atacar con gran coordinación al demonio al que nos enfrentábamos. Fátima hizo gala de sus poderes como esencia provocando una tormenta sobre él, Ariel también atacó con su tridente haciendo que algunos rayos de luz lo rodeasen para inmovilizarlo.

No tardó en llover sobre él un bombardeo de orbes de luz que Nith lanzaba desde las alturas

Pero entonces Xihn atacó.

El suelo se destruyó y todo el terreno cambió radicalmente, se alzaron montañas que parecían colmillos y muros. Empecé a avanzar a toda velocidad dejando detrás a Kairi e Hiro. Aunque no paraban de levantarse aquellas torres de tierra yo era capaz de atravesarlos casi sin dificultad. Solo tenía que centrarme en un punto y correr haciendo como si aquella cosa no estuviese allí. Utilizar aquel poder era más intuitivo de lo que podría haber imaginado.

Tras atravesar más de aquellos muros Xihn apareció frente a mí. Mi mente se quedó en blanco, pero mi cuerpo no. Salté tan alto como pude mientras blandía mi Llave Espada, la cual se rodeó de energía solo para soltar un único y poderoso golpe, en parte gracias a que no estaba prestándome atención tras lo que Fátima acababa de hacer.

Grité lleno de furia, de ansia asesina y desaté sobre él toda la fuerza que poseía.

Miré con cierto orgullo y triunfo como Xihn retrocedía a la par que su armadura se fragmentaba haciendo que varios trozos cayesen con pesadez al suelo.

Poco duró aquella sensación de triunfo. Xihn logró atraparme y me acercó hacia su casco sin poder liberarme. Observé al interior de su casco esperando ver algo que no logré escudriñar simplemente no me había dado tiempo y entonces una horrible sensación de vértigo se apoderó de mí mientras me lanzaba. Sentí como mis articulaciones crujían con fuerza y no traté de disimular lo mucho que me dolía, no podía ver a donde me lanzaba sin embargo con el rabillo del ojo vi el Caos.

***


Mi visión se tornó carmesí y un ensordecedor pitido retumbó dentro de mi cabeza martilleándome con violencia. Sentía como si no solo mi cuerpo, sino mi conciencia fuese a desvanecerse. No era capaz de tocar nada ni agarrarme a algo, era como una bolsa de plástico en mitad de un huracán. Empecé a sentir un dolor intenso como si todo mi cuerpo estuviese siendo machacado con una picadora de hielo, como si estuviesen lentamente desmembrándome, como si me estuviese quemando y congelando a la vez. La sensación era tan fuerte que por un segundo perdí la cabeza y creí que me volvería loco. No era capaz de saber donde estaba ni lo que ocurría, estaba demasiado desorientado.

Creí ver a Andrei a mi lado vomitando una masa oscura a través de aquella niebla rojiza que cubría mi visión. Traté de arrastrarme hacia él, sin embargo no fui capaz. No era capaz de moverme ni de tocar el suelo como para poder acercarme a él.

Y entonces el suelo se partió tras un intenso golpe. Pude levantar la vista en aquel instante y pese al carmesí pude distinguir la figura de Xihn entre las demás mutando, abandonando su cascarón... Convirtiéndose en la criatura más horrenda del universo.

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No estaba seguro de lo que estaba pasando, el dolor era demasiado intenso y aunque había instantes en los que remitía siempre volvía con el doble de fuerza. Sentía como si me quebrase por dentro, como si cortasen cada pedacito de mí para volver a unirlo tan solo para poder partirme de nuevo, también había una sensación como si me arrancasen la piel con un cuchillo al rojo vivo. Era horrible, horrible, horrible.

Me levanté pesadamente sintiendo el Caos con una fuerza indescriptible me costaba respirar y moverme, como si el aire no entrase a mis pulmones o como si simplemente me atravesase sin cumplir su función.

¡Debemos atacar YA!

Vi como todo el mundo se organizaba rápidamente, mi vista volvió a la normalidad. Cogí cinco de mis pociones y tres éter para recuperar mis facultades, aunque no fuese a disminuir el caos al menos podría ir con todo.

Fue entonces cuando vi a Malik y a Fátima. Lanzándose contra Xihn.

No... —murmuré en shock y con los ojos abiertos como platos.

No... No podían morir. Era imposible.

¡¡¡FATIMA, MALIK!!! —chillé con tanta intensidad que mi voz se rompió mientras enormes lágrimas se deslizaban por mis mejillas.

¿Y sus dragoncitos?

¡Ariel! Ábreme un pasaje —Pedí.

Si empleaba el Caos en mis habilidades harían mucho más daño, tenía que intentarlo. Debía hacer el máximo daño posible a Xihn antes de intentar curarme.

En cuanto retroceda purifica mi Caos —informé a la Princesa.

Avancé haciendo aparecer a mi alrededor el Requiém. Bebí otros éters y volví a convocar más y más sin dejar de bombardear al monstruo como Nithael había hecho antes con sus órbes de luz. Solté un grito desgarrador y traté de concentrarme para atravesar cualquier obstáculo que me impidiese volver con Ariel en cuanto vi como Xihn empezaba a levantar su maza lentamente para cargar contra nosotros.

¡Ahora! —Grité a Ariel mientras me dirigía a junto suya.


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Ragun toma 5 Pociones para sanarse por completo y todos los éters suficientes para utilizar 3 veces la habilidad Requiém.

▪ Requiem (HM) [Nivel 45] [Poder Mágico: 60, Combate con armas blancas: 60 Afinidad a Oscuridad] El personaje hace aparecer seis orbes oscuros a su alrededor controlados mentalmente y con los cuales puede golpear con tremenda fuerza o defenderse durante una ronda. Se pueden bloquear con un hechizo igual o superior, es posible esquivarlos con suficientes reflejos velocidad y son débiles a luz.
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Sombra
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Denna » Vie Ago 03, 2018 11:46 pm

Reprimí una sonrisa. No era esa la reacción que había esperado de Chihiro —al mencionar lo que le había ocurrido con Xihn, había imaginado que Andrei tuvo algo que ver—, pero no dejaba de ser una buena respuesta. Localicé a Andrei en la distancia y disfruté de una oleada de satisfacción. A ver qué cristalito lo salvaba de esta.

«No lo hagas.»

«¿Saito?»

«E-El Caos me permite leer la mente de los que me rodean, y estoy usando una habilidad mía para hablarte.» Fruncí el ceño. Buen momento para comentarlo. «El caso es… que tu no eres una asesina como él, y nos guste o no le necesitamos.»

«Cálmate. Me voy cuenta. No iba a matarle ahora.»

«Cuando todo esto acabe, se le juzgará por todo lo que ha hecho. No tiene a donde escapar, pagará. Lo único que conseguirías adelantando su muerte es ser benevolente con ese miserable y mancharte las manos con su sangre. Para toda la vida.»

«Vale, sí, lo que tú digas.»

No me esforcé en mentir. Si podía leerme la mente, sabría que el moralismo no iba a funcionar. Incluso sin la telepatía, hacía mucho tiempo que había dejado de creer en ello, y no quería discutir. Andrei ya había sido capturado una vez y había escapado en las narices de todo el mundo como si nada. No dejaría que eso volviese a ocurrir.

«Recuerda lo que pasó en la Ópera. ¿Merece la pena que...?»

«¿Te importa?» le corté, irritada. «Con una voz en la cabeza me basta y me sobra, gracias.»

Benevolente. Por favor. No se trataba de buenos ni de malos. Sabía que jamás tendría ninguna posibilidad en un combate «justo», pero ahora tenía una oportunidad irrepetible. No la desaprovecharía, y eso implicaba ser paciente.

*


Resultó extraño quedarse tan atrás mientras se desenvolvía la batalla, pero, como había dicho Chihiro, la suya era una magia que no estaba hecha para el Caos. Traté de apoyar lo mejor que pude a todos hasta que el Caos estallo.

Entonces, todo se vino abajo.

Nadie se había preparado, en realidad, para lo que sería Xihn liberado de su armadura. En un parpadeo, un boquete inmenso se abrió en la tierra y se tragó a una parte del grupo. Los afectados por el Caos —el corazón por poco no se me detuvo cuando oí a Fátima chillar— cayeron casi de inmediato, con la única excepción de Xefil, que, sin embargo, parecía muy, muy lejos de ahí. No quedó ni rastro del ardiente júbilo de Chihiro que con tanta fuerza me había invadido segundos atrás.

«Tenemos que hacer algo. Dios mío, tenemos que hacer algo.»

Pero daba la sensación de que ni la magia funcionaba. Salí corriendo en dirección a la Princesa más cercana —¿Cenicienta?— para intentar ayudar con los infectados. Acelerando el tiempo de ella, haciendo retroceder el de ellos... lo que fuera necesario. Me mantuve lejos del Caos, pero tenía que darme mucha prisa.

La idea de matar a Andrei cruzó por mi mente como un rayo cuando me arrodillé junto a la Princesa. Se convulsionaba con violencia. A nadie le extrañaría que su corazón fallara en ese momento.

Una oleada de rabia me sobrevino y desterré la idea.

No. No así.

Quizás quería matarle con todas mis fuerzas. Quizás me convertiría en una asesina antes de que el día terminara. Pero lo que me diferenciaba de ese monstruo era que no iba a escoger matarle antes que salvar la vida de otra persona.

Extendí las manos.

En ese momento, oí que Saito me llamaba.

«Celeste, vuelvo a ser yo. Es urgente. Varios Caballeros y algunas Princesas iremos hacia dónde estás. Sé que suena a una locura, pero Aaron cree que tu y Chihiro podríais retroceder el tiempo para Xihn, reducir su Caos para que tengamos una oportunidad.» Tanteé cuales serían mis próximas palabras «Si lo hicieras sola, cree que no tendrías oportunidad de sobrevivir por el enorme gasto de energía pero… no lo estás. Vamos a ayudarte con ello. Te cederemos lo que necesitéis para hacerlo. Pero quiero saber si estás dispuesta a correr ese riesgo, sea cual sea.»

Me había planteado interrumpirle, pero recordé que, si estaba sano y salvo en ese momento, era que ya no podía oír mis pensamientos. Poco importaba.

«Una idea de Aaron... Chihiro, ¿es posible?» pregunté. La idea no se alejaba mucho de lo que había pretendido en un primer momento, pero Xihn... No me cabía duda de que el proceso me —nos— mataría si lo intentaba sola. «No hace falta que yo tenga que sobrevivir al hechizo. Sólo dime si es posible y... Bueno, si quieres intentarlo. Si yo muero, supongo que tú también.»

Si aceptaba, gritaría:

¡Venid conmigo!

Exhalé todo el aire que tenía en los pulmones y me concentré en recuperar la magia que había gastado. Necesitaría toda mi energía para esto. No podía fallar.

«Por si morimos... Gracias por haberme ayudado, a mí y a los demás. De corazón. Y gracias por no habernos detenido el corazón a ninguno cuando estábamos enfrentados, ahora me doy cuenta de que te habría sido relativamente fácil.» Sonreí un poco. Apenas seguía resentida por haberme poseído por la fuerza. «Si sobrevivimos, ¿seguro que no hay nada que pueda hacer por ti? Gabriel ha desechado la idea casi enseguida, pero estoy convencida que hay alguna forma de encontraros un cuerpo a todos... No te lo digo para saldar deudas, ni para que me debas nada. Ni siquiera te pediría que te quedaras en Tierra de Partida. No lo sé. Serías libre de hacer lo que te apeteciera o... o algo.»

No quedaba mucho más por decir. Cerré los ojos. No podía permitirme dudar ni vacilar. Todos nos jugábamos la vida.

Me permití alegrarme, a pesar de todo. Al menos me quedaba el consuelo de que Daian no había venido. Si ocurría lo peor, ella estaría bien. Era fuerte. Pero tenía que intentar volver a su lado. Se lo debía.

El plan es sencillo: hacer que el tiempo retroceda para Xihn. Nos libraremos de buena parte del Caos y quizás hasta le debilitemos —informé, explicando lo que Saito había dicho y añadiendo las posibles intervenciones de Chihiro—. El problema es que hace falta muchísima energía. Estad preparados para quedar en las últimas... en el mejor de los casos. Lo siento. No os lo pediría si no fuese absolutamente necesario, pero puede que no baste con Chihiro y yo solas.

La mera voluntad de vivir ya me había salvado de la muerte en más de una ocasión. Quizás en esta también me salvaría. Me aferré a esos pensamientos y tomé las manos de Saito y Alanna.
«Adelante.»

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TENÍA QUE PONERLO, LO SIENTO

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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Drazham » Vie Ago 03, 2018 11:51 pm

«No… va a ser… suficiente… Son… muchísimos»

Ya lo sabían. Los habían visto momentos antes en la torre. Pero ilusa de ella en creer que con la superioridad numérica a su favor, arrancarles los corazones iba a ser más fácil. Alanna podía sentir que el suplicio de Gabriel se aunaba al suyo propio. Como si estuviesen tironeando de todas y cada una de las fibras de su cuerpo. Un rugido de dolor trepó por su garganta a la par que aguantaba con todo el estoicismo que le quedaba intacto, el cual parecía que se le iba a quebrar en cualquier momento, como con su cuerpo…

Entonces, notó que la carga de sus brazos había aminorado. Mucho. La presencia que acababa de manifestarse era tan fuerte que ya casi no parecía una gesta tan ardua lo que se proponía.

«¿Aaron…?»

Alanna gañó en un esfuerzo por recobrar el equilibrio y avistó a Malik, imitándola con una Llave Espada que apuntaba a Xihn. Le dedicó poco más de dos segundos, ya que aquella era su oportunidad. La última que iban a tener.

Así pues, apretó los dientes e hizo acopio de todas sus fuerzas para dar el tirón en el que le iba la vida en ello.

Y una luz empañada manó del pecho de Xihn, a lo que Alanna ahogó una exclamación y cerró los ojos. Para cuando se le aclaró la vista, se quedó sobrecogida con aquel ciclón de luces rojas que ascendió hasta los cielos.

Los brazos dejaron de tirar de ella. Le seguían doliendo lo que no estaba escrito, pero ello no le impidió llevarse uno de ellos al pecho al sentir que su fuego interno se avivaba con el júbilo de Gabriel.

«¿Lo conseguimos…?»

¿Lo habían conseguido?

Eso parecía. Su vista le indicaba que habían despojado a Xihn por completo. Sin corazones. Sin armadura. Tan solo una sombra negruzca que se retorcía y gritaba de dolor como un animal. Y que comenzó a tomar una forma que ni se podía considerar animal.

«Por todos los dioses.»

Lo que estaba experimentado Alanna en esos momentos era el Déjà vu más horripilante de la historia. Lo suficiente como para hacerle sombra a Maléfica en su forma de dragón. La chica contempló con el rostro desfigurado de pavor a la criatura en la que se había transformado Xihn. Grande como un titán, y sobrecargando el aire que respiraban con tan solo su presencia.

El momento en el que la bestia alzó su garrote casi se le antojó que estuviese sucediendo a cámara lenta. De ahí que su mente le mandase una señal para que empezase a batir las alas para cuando impactó contra el suelo. El corazón se le detuvo por unos segundos al ver que Felipe y los demás no corrieron la misma suerte que ella. Pero gracias a lo más sagrado que las esencias de Fátima les salvaron de caer al vacío.

Tampoco es que tuviese mucho tiempo para, siquiera, pensar en celebrarlo. La burbuja de Caos que rodeaba a Xihn se expandía a cada momento y se vio obligada a retroceder entre aleteos. No podía arriesgarse; si esa cosa la rozaba, aunque fuese un poco, sería infinitas veces peor que cuando sólo se le infectaron las manos. Solo los dioses sabrían si antes perecería su cuerpo, o su mente.

¡Debemos atacar YA!

Sí, pero… ¿Cómo? ¡¿Cómo?! Xihn era inmenso. El Caos era inmenso. ¿De dónde podían sacar tamaño poder que pudiese frenarles en esos momentos?

¡Alanna!

¿Eh?

Alanna entreabrió la boca y miró en derredor. Había escuchado una suerte de voz. Y habría jurado que le sonaba.

Para cuando quiso hacerse preguntas, Xefil se apareció delante de sus narices, tan literalmente, que por poco se atragantó con una bocanada de aire de la impresión. El chico le extendió la mano a una velocidad absurda, que percibió imposible.

¡CelesteSaitoTenecesitan!

Y sus gestos no eran los únicos. Los ojos por poco se le desorbitaron al escuchar un hilillo de palabras apelotonadas, agudas y… ¡Dioses! Ya creía que la presión y los nervios le habían hecho perder el juicio.

Pero aun así, entendió el nombre de Celeste. También algo de «necesitar».

¡Tienenunplan!

Vale. Esa vez sí que comprendió más o menos al señalarle a Celeste. ¿Y había dicho «plan»?

«Como sea. Cualquier idea es mejor que nada.»

¡VeConellos!

Supuso que habría querido decirle «Ve con ellos», pero no le hubiese hecho falta para empezar a moverse. Se propulsó de una patada en el aire y voló, rauda como una flecha, hacia su amiga. Tenía tan disparada la adrenalina que ya ni sentía los aguijonazos que le mandaban sus alas de tanto forzarlas. O incluso de percibir cuantas veces las estaba batiendo y con cuanta fuerza. Llegados a ese punto, le parecía insuficiente.

Antes de alcanzar a Celeste, atisbó que no andaba muy lejos de su posición una de las razones que alimentaba su tormento. De todas formas, si había un plan de por medio, necesitarían todas las manos posibles. Y aunque fuesen las de ella, también debía tener en cuenta que las de la reina Friederike estaban incluidas. Alanna recogió las alas para descender y, sin el mínimo aviso, agarró a Saeko por las axilas y se la llevó en volandas.

Celeste tiene un plan. Haz lo que diga y deja que la reina actué si es preciso —le espetó, no con la misma velocidad de la que hizo gala Xefil, pero se le acercaba.

Era increíble que, incluso con el destino del Intersticio pendiendo de un finísimo hilo, todavía tuviese las ganas para sonar arisca.

Una vez llegaron, Alanna aterrizó y se precipitó hacia Celeste, frenando a tiempo para no arrollarla. La cogió de la mano tal cual estaba haciendo Saito, y se paró unos escasos segundos a recuperar el aliento antes de recuperar la compostura y seguir.

Xefil me ha dicho que se os ha ocurrido algo —anunció, dándole un suave apretón en la mano—. Sea lo que haga falta, sabes que puedes contar conmigo.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Tsuna » Sab Ago 04, 2018 12:48 am

La batalla decisiva contra Xihn estaba a punto de dar comienzo. Saeko desde la retaguardia observó con atención al resto de sus compañeros, en especial aquellos que habían decidido infectarse con el Caos: estos se retorcieron, sintieron náuseas, resultó un espectáculo cuanto menos desagradable y preocupante.

Entretanto y mientras terminaban los preparativos para lanzarse contra la armadura, Saeko escuchaba las palabras de Friederike. Los efectos del Caos impedían que pudiesen usar sus poderes con seguridad, por lo que tendrían que esperar a una oportunidad.

«Entiendo.»

Asintió con la cabeza a modo de afirmación.

Y entonces la batalla empezó.

Ariel alzó su tridente, majestuoso, y la luz envolvió el mundo por un momento.

¡Vamos!

La barrera de Xihn resonó, quebrándose en cientos de pedazos, y la princesa no perdió un segundo en convocar una tormenta a la que se unieron la maestra Fátima y Nithael. Los orbes de luz impactaron en el monstruo y el resto de sus compañeros lo empezaban a rodear por ese entonces.

El suelo tembló, se empezó a levantar con violencia desde la posición de Xihn y siguiendo la onda, se extendió alrededor de toda la zona. Nadie pareció tener problemas hasta que percató por el rabillo del ojo aquella barrera tan grande. El corazón casi le dio un tumbo cuando vio la situación en la que se encontraban Nanashi y Yasmín, todavía curando a Lyn en medio de la pelea, pero ponerlas a salvo le había costado a Blancanieves unos segundos preciosos. El golpe dolió con solo verlo.

«¡Saeko, ahí!»

«¡Sí!»

Se adelantó unos cuantos metros y apuntó con la Llave Espada, convocando un hechizo curativo hacia la princesa con la intención de aliviarla.

Mientras tanto la batalla seguía a lo lejos, Ronin y Ryota bailaban bajo una lluvia de flechas y Andrei parecía también estar ayudando, cosa que no dejaba de seguir resultándole extraña, ver a un enemigo de toda la vida entre ellos. Lo único que hacía era dejar claro que solo actúaba por conveniencia y cuando tuviera la más mínima oportunidad saldría con el rabo entre las piernas.

Mas el objetivo principal seguía siendo arrancarle los corazones a Xihn, Saeko se dio cuenta de que algo iba bien cuando el monstruo se llevó la mano al pecho, encorvado y retorciéndose, resistiéndose todo lo que podía. Una luz funesta los envolvió y lo siguiente que presenciaron fue un enorme mar rojo sobre sus cabezas.

Sus ojos reflejaban el carmesí que representaban todos aquellos corazones que se elevaban al cielo entre parpadeos. Saeko todavía no había terminado de asimilar que tuviese dentro tantísimos corazones cuando la satisfacción de Friederike se impuso con fuerza desde su interior, recorriéndola y logrando que parte de ella también sintiera lo mismo.

«Vaya...»

Le seguía pareciendo... espeluznante, la idea de que tantísimas personas hubiesen terminado siendo víctimas de una entidad como Xihn. Conocer también lo que sentía la reina resultaba cuanto menos peculiar, pero intentó no juzgarla. Era normal querer vengarse por las atrocidades que ese monstruo había cometido, y más cuando te habían arrebatado toda una vida, utilizando tu cuerpo a su antojo. Ella conocía la sensación, la había vivido de primera mano y a pesar de ello, ese hecho no le había impedido seguir su vida.

Pensó en su padre, en su mundo, y un enorme alivió la inundó por dentro, haciendo que cerrara los ojos y esbozara una sonrisa.

Pero la sensación no duró demasiado, lo primero que sintió fue un intenso frío sobre su piel, ahora erizada, el ambiente se oscureció y la sombra de Xihn comenzó a crecer, dejando entrever a un monstruo dantesco y horrendo.

Xihn desató una tormenta de Caos a su alrededor y los afectados por el Caos terminaron en el suelo de inmediato. Sintió una repulsión como nunca antes lo había hecho hacia Xihn.

«No sabía que pudiese sentir tanta repulsión.»

La criatura golpeó el mundo con su garrote y la tierra se partió, todo tembló y se resquebrajó, y el Caos comenzó a extenderse todavía más. Saeko se vio obligada a retroceder mientras percataba por el rabillo del rojo cómo las esencias y las princesas ayudaban como buenamente podían, mientras que Nithael sufría debido a la tormenta, que combatía en ese momento el maestro Ryota con su propio viento.

¡Debemos atacar YA!

Chasqueó la lengua molesta al ver el giro que había dado la situación, estaba claro que no podía ocuparse de todos y resultaba difícil moverse en ese terreno. Una vez encontró un lugar seguro volvió a centrarse en los demás.

¡¡¡FATIMA, MALIK!!! —logró escuchar a lo lejos, parecía que ambos iban a lanzar un ataque suicida al que también iba a unirse él. No tenía muy claro como proceder excepto centrarse en el apoyo, y eso es lo que hizo.

¡NITHAEL! —llamó lanzando un hechizo curativo sobre él. Si el ángel mantenía sus fuerzas a Xihn le costaría más vencer. Le dedicó una mirada al maestro Ryota también pero parecía que el hombre sabía cuidar de sí mismo, no podía esperar menos de él.

Llave Espada en mano Saeko retrocedió un poco, sentía que el poder mágico no le iba a durar más de un hechizo y temía que tuviese que empezar a beber éteres otra vez. Oteó en derredor en un intento de analizar cómo les iba a los demás, pero antes de darse cuenta percató una figura por el rabillo del ojo.

Se llevó un susto cuando, de todas las posibilidades, se encontró con ella: Alanna. Se le tensó el cuerpo cuando la sujetó y la elevó en el aire, temiéndose lo peor. Antes de poder preguntar nada la muchacha le aclaró la situación.

Celeste tiene un plan. Haz lo que diga y deja que la reina actué si es preciso.

Se mantuvo en silencio un momento asimilando que tenían un plan y habían contado con ella para la tarea.

No tienes de qué preocuparte, podéis contar conmigo —de haberse encontrado en esa situación un par de días atrás le hubiese soltado un "tú no me dices lo que tengo que hacer" descarado, pero las cosas ya no eran así, ¿no?

La velocidad de Alanna les permitió llegar rápido y allí se encontraron con sus compañeros.

Xefil me ha dicho que se os ha ocurrido algo. Sea lo que haga falta, sabes que puedes contar conmigo.

Saeko se alegró de ver allí también a Saito. Viendo que se estaban agarrando las manos, agarró con determinación la mano libre de Alanna y la miró a la cara, la seriedad que tenía no se la quitaba nadie eso sí.

Tenías razón en lo que dijiste antes, no solo por Nikolai, sino por todos. Ha muerto gente que también consideraba cercana en otros sentidos —fue Shinju la que le vino a la cabeza, la que siempre había considerado como su rival—, pero cualquier cosa que diga no servirá, no puedo hacer más de lo que estoy haciendo ahora, o más bien, no sé si hay algo más que pueda hacer. —desvió la vista un momento y después volvió a encararla—. Me alegra que haya encontrado alguien con quien pueda ser feliz. — sabía que no estaba en posición de decir algo como eso, sabiendo que ella le había dejado de la noche a la mañana en uno de sus peores momentos, pero al menos quería transmitirle sus pensamientos con claridad.

Dio un apretón algo más fuerte y se centró en lo que estaba por venir. Poco a poco empezaron a cerrar los ojos y ella se concentró también. Al igual que había hecho al derribar la torre, se esforzaría todo lo posible, la reina Friederike también estaba de su lado.

Finalmente, cerró los ojos y se preparó para lo que pudiese venir.

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Utiliza dos hechizos curativos, uno sobre Blancanieves:
Cura +++, nivel 30 (recupera 50 VIT)

Y otro sobre Nithael:
Regeneración, nivel 32 (recupera 30 + 5 VIT por cada turno. Dura 3 rondas).

Si hace falta tomarse algún éter que así sea.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor RedXIII » Sab Ago 04, 2018 12:56 am

Un tiro letal.

Manos firmes, vista puesta sobre el objetivo y una bala de considerable tamaño, preparada para salir disparada con una precisión exacta hacia el objetivo. El dedo del mestizo accionó el gatillo y una estruendosa explosión salió del cañón. La bala, a una velocidad de vértigo, fue en línea recta directa a por el enemigo, pasó tan cerca de Nithael y con tanta potencia que incluso le asustó, sin duda una muestra del poder de el mejor tirador... que quedó en nada al ser engullida por el caos.

Pero si es mi bala más... potente... — Susurró con cierta credulidad —¡Vamos, no me jodas! ¿Esto va en serio? — Se quejó a los cuatro vientos junto a un golpe seco con la culata del arma contra el suelo.


Mis manos aun... — Dijo al ver una chispa apareciendo en su armadura mientras recargaba, peor entonces... la armadura desapareció...

Algunos de los afectados del caos parecían experimentar problemas y un extraño malestar, incluso Fátima cayó contra el suelo con brusquedad. Hiro usó su mira para poder ver qué pasaba con los que estaban lejos, y sin duda algunos parecían sufrir.

¿Qué demonios pasa? — Comentó, pero pronto sus quejas se vieron coartadas al ver el sañudo caos acercándose a él y a los demás. Cogió rápidamente del brazo a Ruz y tiró hasta ponerse al lado de la Princesa, se agachó y quitó el casco.

¿Estas bien? — Le preguntó mientras le cogía de los hombros —Aquí no debería pasarnos nada — Levantó momentáneamente la cabeza para mirar a Kairi.

Ruz, sé que no soy tan fuerte como Lyn, pero mientras estés conmigo no dejaré que te pase nada — Abrazó a Ruz, para tranquilizar sus nervios y los del mestizo, no era un acto propio de él pero tampoco se le daba muy bien socializar con niños.


Bueno... ejem... — Se levantó mientras volvía a ponerse el casco y observó a su alrededor —Parece que el caos se ha extendido de mala manera, debemos estar con la princesa pase lo que pase, no sabemos qué nos puede hacer esta... corrupción.

Princesa, siento molestarla en este momento pero ¿Sabe qué está pasando? — Le comentó percatándose del frío que ahora acompañaba a aquella pesadilla.

¿Tenéis frío? — Preguntó a Kairi y a Ruz —Parece que la nueva forma de ese monstruo ha bajado la temperatura, tomad, si el frío os afecta no podréis moveros bien — Le tiró a Kairi su vieja gabardina roja y a Ruz le ofreció una chaqueta negra que a lo mejor le iría algo grande si la aceptaba.

Entonces un gran golpe partió el suelo.


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Terminaron junto a Andrei y Saito que parecían estar mal.

¿Puedo ayudar? — Preguntó a Cenicienta, aunque como ya había demostrado antes, sus poderes curativos eran nulos, aun así estaba dispuesto a mover o ayudar con lo que fuera, aunque Saito parecía tener sus propios planes.

Por desgracia el caos no paraba de crecer y crecer, haciendo imposible quedarse quieto en un punto sin ser alcanzado por este, el temor de que esta energía pudiera terminar llegando a donde estaban Lyn y Goei hacía que se pusiera bastante más nervioso de lo que ya estaba.

Le pareció escuchar un grito junto al estruendo de aquella incesante tormenta, algo como atacar pero... ¿A donde, con qué? Aquella bestia era enorme y sus balas no parecían poder llegar a ella con todo aquel caos por en medio, sin embargo... la llave de Kairi y los demás habían podido golpearle.

Ninguna habilidad, ningún arma, nada que pudiera ayudarle a lanzar su llave espada, nada que potenciara la fuerza de sus enclenques brazos, debía pensar en otra cosa, en... adaptarse...

Puso su rodilla sobre el suelo, apuntó al punto más vulnerable de aquella cosa y, esperando el tiempo necesario para que nadie se cruzara en su trayectoria, preparó una bala especial.

Ruz, voy a atacarla con un disparo mágico, pero no sé si llegará ¿Puedes ayudarme de alguna forma sin que tengamos que salir de aquí? — Preguntó mientras esperaba su respuesta, aunque fuera no, ejecutaría su ataque —Kairi, lanza un Perla+, posteriormente yo dispararé, con suerte esta vez no consumirá los golpes. Veamos si esto funciona — Accionó el gatillo, el cañón del arma se iluminó de color naranja y de él salió un dragón de energía blanco con tonos anaranjados que fue directo a Xihn detrás del Perla+ de Kairi, el cual prácticamente fue encastado en los afilados colmillos de aquel temible ataque mientras se abría camino con ferocidad.

Las manoplas de su armadura soltaron pequeñas chispas, sabía lo que significaba pero aun era demasiado pronto para hacerlo. A continuación tomó un éter, una poción y recargó para estar preparado ante cualquier nuevo ataque, si aquel monstruo intentaba acercarse lo más mínimo a ellos, dispararía sin parar procurando no dar a nadie.

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Consume un éter y una poción

Protegerá a Ruz aunque tenga que dejar de disparar.

▪Espíritu de China (HM) [Nivel: 27] [Requiere Afinidad a Luz; Poder Mágico: 15, Puntería: 40] Disparo de considerable tamaño que toma la forma de un dragón, capaz de atravesar a tres enemigos máximo.
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[X] #13 - Relatividad

Notapor Zee » Sab Ago 04, 2018 12:58 am

 
Relatividad: f. Teoría física según la cual la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al movimiento de quien los observa.



Nunca había sido reacio a la posibilidad de manipular el tiempo como una herramienta cotidiana. Después de todo, el universo en su totalidad había sido diseñado de forma cuidadosa y detallada sobre la frágil malla del espacio-tiempo. Los dos grandes titanes siempre habían ido hombro con hombro desde el inicio de todo. A uno de ellos, podría decirse, ya lo conocía razonablemente bien.

El otro era un tanto más difícil de complacer.

Años y años de estudio, experimentación y entrenamiento, y el Tiempo nunca se había doblegado ante mi magia ni remotamente cerca de cuanto lo hacía el Espacio. Pero añade un poco de Caos en la mezcla y presto change-o, tienes Tiempo por doquier, recorriéndote las venas, cosquilleando por tu piel, goteando por las orejas, cayendo de tus bolsillos.

Es curioso cuán rápidos son los pensamientos. Y cuán lenta es la gente a tu alrededor. Y cuando todo sucede de forma tan rápida, o tan lenta, depende de tu punto de vista, es relativo, como dijo Einstein, es increíble lo mucho que la mente puede dar vueltas y vueltas y brincos y saltos y salir disparada por una tangente.

Así me sentí en cuanto el Caos me volvió el doble, o triple de rápido. Como una ardilla cafeinada.

Pude ver con claridad el camino que la electricidad trazaba en el aire mientras el rayo de Ariel salía disparado en dirección a Xihn, como si un pequeño niño invisible estuviese jugando a conectar los puntos con una luz de bengala. La lluvia helada invocada por Fátima, que lucía pálida y lo que le seguía, se parecía más al incesante y cansino goteo de un grifo pero multiplicado por un montón de veces. Y cuando la armadura recibió el ataque de Nithael de lleno y se tambaleó hacia atrás, lo hizo de una forma tan lenta que probablemente hubiese tenido tiempo de correr de vuelta a Tierra de Partida por una almohada y de regreso para colocársela en la espalda y amortiguar su caída.

Okay. A lo mejor estoy exagerando un poco.

Las cosas sí eran bastante lentas, de todas formas. Y el Caos no estaba ayudando a mantener mi mente concentrada en lo que era importante.

Lancé mi primer hechizo en dirección a Xihn, con la intención de mantenerlo inmovilizado en su sitio, y estuve casi seguro que al mover mi brazo lo hice de forma tan rápida que mi piel cortó el aire. Musité una maldición al ver la pequeña partícula cargada con magia moverse de forma t a n l e n t a hasta la torre y luego di varios pasos en dirección al enemigo. Sin darme cuenta, pronto dejé atrás el mismo hechizo que había lanzado tan sólo un instante antes y me encontré mucho más cerca de Xihn de lo que hubiera querido al principio. Volví a maldecir entre dientes y me detuve… excepto que no lo hice, porque aunque dejé de mover las piernas, mi cuerpo no dejó de desplazarse, como si todo yo estuviese cargado de energía cinética que todavía no se había agotado pese a haber querido plantarme en el lugar.

Gracias al cielo, las Princesas habían purificado el Caos en varios lugares. Si no hubiera sido por el camino que Bella había abierto, me habría sumergido de lleno en una no-tan-fresca piscina de Caos puro y desatado, lo cual no tenía muchas ganas de hacer porque tenía toneladas de eso llenándome el cuerpo hasta el nivel del cuello, literalmente. Me guardé las ganas de retroceder de un salto como acostumbraba porque no estaba seguro si terminaría kilómetros detrás del grupo.

Xihn estaba a sólo unos pasos de mi posición, pero la armadura parecía, o no haberme notado tan cerca de ella, o estaba más ocupada con el resto de los Caballeros. Su brazo se levantó, sujetando una gigantesca espada cuyo filo estaba gastado y oxidado, y empezó a convocar penumbras de energía oscura a su alrededor. A un ritmo todavía más lento, por lo pesado de su armadura y el estado de su “cuerpo”, colocó el arma en horizontal, la llevó hacia atrás…

Todos se movían demasiado… ¡lento!

¡Cuidado! —advertí, esperando que mi voz no se viese afectada por el Caos de forma muy severa—. ¡Ariel, va a lanzar Oscuridad!

Pero Xihn era implacable. Tras su ataque con sombras, luego vino uno que hizo removerse la tierra como si ésta fuese un mar en tormenta: esquirlas, pilares y mesetas se alzaron y cayeron a un ritmo frenético e indescifrable, volviendo el campo de batalla en un laberinto imposible de navegar; al menos para cualquiera que no fuese increíblemente veloz o, no sé, intangible. Corrí de un lado a otro, todavía inexperto con mi nueva habilidad; me deslizaba como un cometa entre las columnas de tierra que se alzaban a mi alrededor, intentando esquivar las murallas y acantilados que surgían frente a mis ojos. Por los huecos entre las rocas apenas y alcanzaba a ver indicios de lo que estaba sucediendo —Nithael surcando el cielo iluminado por el eclipse, Hiro intentando apuntar a la armadura pese al Caos, Felipe intentando abrirse paso por el terremoto—, pero en sólo un parpadeo perdía de vista lo sucedido y de nuevo me encontraba sumergido en el laberinto.

Entonces hubo un retumbo atronador, uno que pareció sacudir el mundo casi tanto como el hechizo pétreo de Xihn. El reino de la oscuridad se iluminó con el deslumbrante blanco azulado de los rayos que sólo podían provenir de Ariel o de Fátima. Busqué el punto central de aquella tormenta, lo cual me tomó un par de segundos, y en cuanto encontré a la armadura recibiendo toda la energía de la estrepitosa tormenta, me abrí paso hasta ella tomando dos piedras con mi Magnetokinesis en el camino. Alcancé al horripilante ser demasiado tarde para ayudar a Ragun, quien se había lanzado de frente contra el enemigo y ahora había sido capturado de un brazo por la criatura: Xihn no dudó ni un instante en arrojarlo con una fuerza tremenda. Gracias a un hechizo, quise pensar, Saavedra se apareció a un lado mío y, con una voz grave y perezosa, sentenció:

C o r r e s m u c h o….. 

No respondí. Me hubiera gustado replicar con una observación burlona y astuta, y muy probablemente hubiese tenido suficiente tiempo para pensar en unas tres mientras Saavedra parpadeaba. Pero me contuve: en lugar de ello, alcé las dos piedras en al aire, apuntándole a Xihn a su brazo derecho.

A t á c a l e p o r l a i z q u i e r d a…..

«¿¡Izquierda!? ¿Que no puedes ver que estoy a punto de golpearlo por la derecha, desperdicio de espacio? ¿¡Y de qué lado se supone que estás!? Bueno, pues gracias por tu contribución, ¡pero no te seguiría ni para salir de un edificio en llamas! Así que deja de malgastar aliento, porque…».

Mientras pensaba aquella plétora de insultos y algunos más no descritos, obedecí la sugerencia de Andrei a regañadientes.

La primera roca falló, pero la segunda se vio envuelta en llamas antes de estrellarse contra el brazo de metal de la armadura, arrancándolo de su sitio con un muy satisfactorio clang. Cerré el puño, disfrutando mi pequeña victoria, mas casi de inmediato percibí al guerrero prepararse para un nuevo contraatque, por lo que tuve que apartarme a un lado. Ronin llegó al tiempo justo para alejar a Andrei del golpe que Xihn había lanzado con su gigantesca espada, mientras que la armadura recibió de lleno un diluvio de flechas que reconocí como uno de los hechizos de Saito. Saavedra intercambió algunas palabras con el Maestro, las cuales me sonaron mucho más aletargadas que las anteriores, y entonces retrocedió, dándoles suficiente espacio a Ryota y a Ronin para iniciar un ataque en conjunto que al enemigo le fue imposible esquivar.

No pude evitar contemplar con asombro la forma en la que su Luz y Oscuridad se sincronizaban de forma casi perfecta, como si hubiera una comunicación silenciosa entre ambos. Las décadas de experiencia y entrenamiento los colocaban en un nivel por completo diferente; y, gracias al cielo, éste parecía ser suficiente para mantener a Xihn a raya.

«¡Lo están logrando! ¡Los corazones!», señaló de pronto Jessamine. Su enunciado me extrañó un poco, porque no alcancé a ver a qué se refería. La Bruja me apremió a mirar con mayor atención y, tras dedicarle una segunda mirada a Xihn, distinguí que se sujetaba el pecho fuerza y desesperación. Como si doliera. Y entonces divisé a Alanna, sumergida en un mar de Caos, ayudada sólo por Zel y por Felipe, sosteniendo su Llave-Espada al frente, en dirección a la armadura, haciendo una mueca de esfuerzo, ¿y no se veía linda cuando se concentraba? Jessamine tenía razón: con último grito de agonía, Xihn echó el yelmo hacia atrás y una columna de energía brotó de su pecho, una tan brillante y potente que tuve que colocar mi brazo frente a mi rostro para protegerme los ojos. La luz que iluminó el reino de la oscuridad fue similar al nacimiento de un nuevo sol, y pareció durar horas, días enteros, cuando todo se movía tan despacio. Me tomó una eternidad poder adaptarme al destello, o quizás éste se apagó después de un tiempo: al final pude volver a poner la mirada sobre Xihn, en el momento justo en el que una ola de luciérnagas rojas brotaba de su armadura y ascendían al cielo como un grupo de estrellas.

Eran tantos… Con el tiempo que tenía, intenté contar, pero eran simplemente… demasiados. Cada uno de ellos era una persona. Un cuerpo arrebatado. Años y años robados. Una vida entera que pudo haber sido y no fue. Y pensé en las jóvenes a las que Jessamine les había hecho lo mismo, las cuales juntas no sumaban más que un par de cientos de años, suficientes para llenar un par de alas y, extrañamente, me sentí aliviado al pensar…

«Al menos sus corazones tenían un lugar a donde ir».

La energía expulsada fue demasiada para que la armadura lo resistiese. El metal finalmente sucumbió al Caos y cayó al suelo en forma líquida, como un helado derritiéndose en el calor del verano. La criatura que había debajo comenzó a aullar y a rugir con todavía más desesperación que antes; su cuerpo, o lo que parecía ser y no era realmente un cuerpo, empezó a expulsar olas y olas de energía que fueron demasiado para que cualquiera de nosotros resistiese. Muchos perdimos el equilibrio y tuvimos que sujetarnos de algo más, o de alguien más, a la par que la criatura continuaba expulsando más y más oscuridad. El mundo se volvió helado, más de lo que ya lo era con su sol oculto, cuando la sombra que Xihn había dejado atrás comenzó a crecer y a estirarse hasta que…

Cuando el monstruo alcanzó el tamaño de un titán, el Caos en mi cuerpo forcejeó como una bestia encadenada. El dolor que me punzó en el cuello fue tal que caí de rodillas al suelo. Los ojos se me ofuscaron con lágrimas y mis propios gritos me lastimaron los oídos. El mundo a mi alrededor se enlenteció más y más hasta parecerse a una fotografía. Mi tortura pareció durar días enteros comparada con la de mis compañeros, que se retorcían en su sitio de forma tan pausada que bien podrían haber sido estatuas. Grité y grité, estirando la mano en dirección a Bella y a Cenicienta, que pulgada por pulgada intentaban acercarse hasta mi posición.



El rugido de la gigantesca criatura se transformó en un profundo ronroneó que sacudió el reino de la oscuridad durante horas.

«Levanta. Levanta, levanta, ¡levanta!», me exigía en mis pensamientos, tratando de luchar contra el martirio que el Caos ocasionaba en mi interior. Xihn atacó nuevamente, provocando que la tierra se resquebrajase de nueva cuenta y ésta retuviera a varios Caballeros en su sitio al cambiar el terreno por completo. Me incorporé en mi lugar, absorbiendo la totalidad del campo de batalla en sólo un instante gracias a mi rapidez; la gran mayoría de los Aprendices había tenido que retroceder para refugiarse del Caos: Ragun y Andrei seguían recuperándose, refugiados detrás de Ronin y Ryota; Cenicienta cuidaba de Saito, que tenía el rostro empapado en sudor y manchado de sangre fresca; Fátima y Ariel se esforzaban por protegerse del Caos con un domo de luz sólida. Todos intentaban recuperarse y fueron pocos los que con urgencia acometieron contra el colosal Xihn.

El Maestro Ryota produjo sus propias corrientes de viento para contender contra la tormenta caótica que Xihn estaba expulsando, una que mantenía a Nithael atrapado al no poder éste plegar sus alas. Cenicienta no tardó en unírsele y prestarle su energía, tras lo cual la Princesa llamó, intentando hacerse oír entre todo el desorden y la confusión:

¡Xefil! ¡Sigue mi voz, ven! ¡Deprisa!

Estuve a punto de dispararme hacia su posición tan rápido que y por poco la alcanzaría antes de que terminara su frase. No obstante, fue entonces cuando escuché la voz de Saito a mis espaldas, llamándome: sonaba tan distorsionado por el Caos que reconocerlo era casi imposible. El joven se había incorporado y se había acercado hasta donde se encontraba Bella. ¿Lo habría purificado? ¿Sanado todo su Caos? Se veía desesperado, quizás porque lo que tenía que decirme era de suma importancia. Dubitativo, miré a Cenicienta, y luego a Ryota, ambos luchando contra la tormenta que mantenía a Nithael prisionero; luego a Bella y a Saito de nuevo, y él seguía intentando llamar mi atención, ignorante a que en mi tiempo acelerado ya la había captado desde hacía bastante.

ImagenMaldije por lo bajo y me prometí que regresaría con el Maestro y la Princesa en unos momentos. Tiempo tenía de sobra, ¿verdad?

Por favor, tienes que avisar a Alanna y a Blancanieves —Fue lo que recolecté tras escuchar con atención el habla aletargada y distorsionada de Saito. Entorné los ojos y lo miré con extrañeza. ¿Avisarles… para qué?—. Diles que vayan dónde están Celeste y Saeko, hay que reunir toda la energía que podamos antes de que sea demasiado tarde...

Estuve a punto de preguntarle a Saito qué pretendía con ello, pero noté que llevaba una urgencia evidente. No dejaba de ver en dirección a Celeste y de tirar con Bella para que lo siguiese. Me pregunté qué demonios estaría planeando, y sí, por poco y se lo pregunto… pero el único que tenía tiempo para ello era yo, no él. Lo mejor que podía hacer con mi velocidad, mientras la tuviese, era ayudar a otros. Por eso me había pedido que llevase el mensaje, ¿cierto? Porque podía hacerlo extremadamente rápido.

Maldita sea, espero que lo que tengas en mente no nos mate a todos —repliqué, con seguridad de forma tan veloz que mi compañero no alcanzaría a escucharlo. Poniendo todo el empeño en moverme lo más rápido posible, me escabullí como pude entre todos los hilillos de Caos, siguiendo los caminos que las Princesas habían abierto y que no tardarían en cerrarse. La tormenta rugía a mi alrededor, pero en el tiempo corrupto ésta se había transformado de un estruendo ensordecedor a un zumbido apaciguador. Entre todo el caos con minúscula y todo el Caos con mayúscula busqué el distintivo cabello rojo de Alanna, lo cual no me tomó mucho, y luego me abrí paso hasta ella.

¡Alanna! —llamé, apareciéndome de pronto a ella (desde su perspectiva, supuse) y extendiendo mi mano al frente para llamar su atención—. ¡Celeste, Saito! ¡Te necesitan! —Hice mi mejor esfuerzo por enlentecer y articular mis palabras, haciendo énfasis en mis pausas y gesticulando con mis labios de forma exagerada. No tenía idea de si Alanna podía comprenderme con mi velocidad aumentada. Por si las dudas, apunté en dirección a Celeste con la mano—. ¡Tienen, un, plan!

Por supuesto, en ese momento no tenía idea de cuál era el plan ni de lo arriesgado que sería. Saito no me había dicho las intenciones verdaderas de compartir la energía con Celeste. Lo único que podía hacer era tener fe. Y asumir.

¡Ve! ¡Con ellos!

Y ahora a buscar a Blancanieves, quien no debía estar muy lejos. Después de todo, había acompañado al grupo de la pelirroja. No tardé demasiado, incluso con lo mucho que había cambiado el campo de batalla. La Princesa en cuestión había terminado hundida hasta la cintura en el centro de algo que parecía ser arena movediza y una de las esencias de Fátima, la de hielo, luchaba por liberarla. Por instinto, extendí mi mano hacia ella, intentando ayudarla, cuando Jessamine intervino:

«¡Caos!».

La retiré al instante. No quería infectarla, no cuando su papel como Princesa del Corazón era tan vital. ¿Pero cómo podía ayudarla? De forma desesperada, metí las manos en mi morral, buscando algo allí que pudiese ayudarme, pero no hallé nada que pudiese hacerlo. Lo que fuese que yo tocase se vería infectado, y si ella lo tocase también…

Pero si me movía lo suficientemente rápido… ¿Más que el Caos?

¡Voy a ayudarte! ¡Y prepárate, por si el Caos te hace daño!

De forma apresurada, saqué mi alzaprima de metal de mi bolsa de infinidad y, si fuese necesario, golpearía cualquier trozo de roca que pudiese imposibilitar los movimientos de Blancanieves antes de sacarla. Sujeté un extremo de la herramienta y, antes de que el Caos pudiese deslizarse por el metal…

¡Tómala! —pedí con urgencia. ¡No duraría ni un segundo! El tiempo avanzaba tan lento, tenía el suficiente para prepararme… Con suma atención puesta en hacerlo en el primer instante posible, en cuanto los dedos de la Princesa se sujetasen del metal, tiraría de la barra con toda la fuerza que pude entretanto ella sujetaba el extremo contrario; y en cuanto la mujer estuviese libre y a salvo, arrojaría la alzaprima lejos de nosotros donde el Caos podría terminar de congelarla o derretirla o lo que fuese.

¿Estás bien? —pregunté, mirándola a ella y a la esencia que la rodeaba. Esperaba que así fuese, porque si Saito de verdad había puesto en marcha un plan, entonces no había tiempo que perder—. ¡Perdón! ¿Puedes ir con Celeste? —pedí, articulando las palabras tanto como pude e ilustrándome con las manos—. ¡Planean algo! Aunque… ¡no sé qué exactamente!

»Intentaré… ayudar a quien pueda
—esto último lo dije más para mí mismo, y a un ritmo natural, por lo que no estuve seguro que Blancanieves pudiese escucharme.

El Caos me había dado un poder maravilloso. Si me purificaban…

Tenía suficiente tiempo para verlo todo y pensar con calma antes de actuar. Cualquier ataque que Xihn lanzara, si podía verlo venir antes que cualquier otro, entonces podía ayudar a los demás a apartarse. Si las cosas se ponían feas, en el peor de los casos, podía cargar con alguien en brazos y alejarlo del peligro, aún con el riesgo de contagiarlos. Y si era tan veloz como creía, era incluso posible que pudiese atacar a Xihn decenas de veces y alejarme de él antes de que pudiese siquiera pestañear.

Miré a Blancanieves, todavía a mi lado. Si me purificaba… mi regalo desaparecería.

«No quiero morir…».

Me llevé una mano al cuello, donde el Caos se retorcía como una serpiente y quemaba y congelaba a la vez. Una vez más, mi corazón latió con una fuerza tremenda y el aire empezó a hacerme falta, mis dedos temblaron y mis ojos se humedecieron mientras el pánico comenzaba a apoderarse de mí una vez. Y de nueva cuenta, recordé… Ragun destrozándome la garganta. Las Neosombras abriéndome el pecho.

«No quiero no quiero ¡no quiero morir!».

Blancanieves estaba allí. Justo allí. Ella podía ayudarme. Ella podía llevárselo todo. Pero…

Dirigí la mirada al enemigo. Malik y Fátima, juntos, batiéndose contra él frente a frente. Ragun invocando una multitud de orbes oscuros. Y luego miré a Cenicienta, a quien había abandonado pese a su preocupación por mí, luchando contra la tormenta ayudada por el Maestro Ryota. Nithael, todavía atrapado en las potentes corrientes de aire, oscuridad y caos.

No quería morir. No.

Pero tampoco quería ver a alguno de mis amigos hacerlo.

Así que corrí. Corrí lo más rápido que pude, buscando cualquier recoveco entre el mar de Caos para acercarme lo más que pudiese a Nithael, saltando y escalando el suelo resquebrajado hasta conseguir una posición justamente por debajo de la suya; sabía que el ángel estaba volando bastante lejos del alcance de cualquiera de nosotros, y que el Glider sería inútil en una tormenta como aquella… Pero si me acercaba lo suficiente y apuntaba con cuidado, ya que Nithael se movía de forma tan lenta desde mi perspectiva, entonces tal vez podía… Nunca había sido un buen tirador, pero quizás tras calcularlo de forma meticulosa y siendo éste un hechizo poco preciso…

¡Gravedad! —lanzaría una esfera de fuerza gravitatoria en dirección a Nithael, esperando que aquello fuese suficiente para arrastrarlo al suelo, o al menos para alejarlo de las corrientes que lo mantenían aprisionado. Sabía que el Maestro era poderoso en extremo, por lo que un exiguo hechizo mío no podía aplastarlo o jalarlo con fuerza, pero quizás fuese suficiente para darle un ligero tirón y que éste lo ayudase a recuperar el equilibrio.

«Más rápido, más rápido, más más más ¡más!».

Seguían Malik, Fátima y Ragun. No tenía tiempo que perder para ver los resultados de mi hechizo anterior. Tenía que tener fe en que pudiese ayudar de alguna forma. Me bebí un Éter de un trago y, disparándome a toda velocidad, busqué la manera de acercarme a Xihn tanto como pude. Después de que los ataques de los esposos hubiesen acertado, y antes de que él pudiese contraatacar…

...«GraviTonne». Transformaría mi Llave-Espada en un largo y pesado mazo…

...«Hoja Insomne». No era un hechizo. Era más una técnica. Varios teletransportes en secuencia alrededor del enemigo, cada uno de ellos ayudado en gran manera por el estilo Quasar y cada uno de ellos acompañado por un fuerte golpe del GraviTonne. Con mi velocidad, ¿tal vez mucho antes de que Xihn notara lo que estaba sucediendo? No tenía que acertar con todos, quizás uno fuese suficiente para distraerlo, o mantenerlo ocupado, mientras Malik y Fátima retrocedían y el hechizo de Ragun acertaba en el blanco.

Si todo salía como esperaba, entonces podría retroceder hasta mi punto inicial con un último teletransporte. Cansado, sin energías y con el cuerpo molido por el esfuerzo y el Caos. Pero a salvo. Y si lo lograba, si por un milagro lograba salir de allí sin un rasguño, entonces podía darle uso a mi percepción aumentada y a mis inhumanos reflejos:

Antes de que cualquier posible contraataque de Xihn, haría mi mejor esfuerzo por apartar a Malik, o a Ariel, o a Fátima, o a Ragun de su alcance. Con los últimos dos no habría mucho problema, puesto que ya estaban contagiados, pero tenía que poner especial atención en que cualquier contacto con Malik o Ariel fuera breve y preciso —en otras palabras, empujones— para evitar traspasarles el Caos.

Sólo esperaba que, después de todo, fuese lo suficientemente rápido.

Spoiler: Mostrar
¡Acciones para este turno! ¡Son muchas!

-Xefil se acerca a Saito para escuchar una parte del plan. Eso ya lo vimos en el post de HS Sora. Vamos a jugar al teléfono descompuesto (?) Y él se lleva a Bella con Celeste.
-Xefil le hace caso y corre hasta Alanna para pedirle que vaya con Celeste. Eso también ya lo vimos en el post de Draz. Ella, a su vez, va con Saeko.
-Xefil va con Blancanieves y la ayuda a salir de la roca. La verdad no me quedó claro si era roca-roca o alguna especie de fluido por el Caos. Intentará minimizar el contacto con ella al advertirla antes y utilizar su crowbar como un intermediario. Y siendo rápido, a sugerencia de Suzu (?)
-Xefil le pide a Blancanieves que vaya con Celeste y el resto de los Guardianes (?) a ayudar.
-Xefil no pide que lo purifiquen. El Caos es bastante útil y no está dispuesto a desperdiciarlo. ¡Es la batalla final! ¡Tomemos esa apuesta como es debido!
-Xefil busca a Nithael y usa Gravedad para intentar, o bajarlo al suelo, o al menos sacarlo de la tormenta. Eso es un gasto de 10 PHs.
-Xefil usa GraviTonne para transformar su Llave y Hoja Insomne para acercarse a Xihn y atacarlo a la vez. Pretenderá hacer esto en el hueco que queda entre los ataques de Malik y Fátima y cualquier posible contraataque inmediato de Xihn. Esto con la intención de distraerlo o detenerlo.

-Eso son 18 y 15 PHs respectivamente, que sumados con los diez anteriores nos dan 43. Xefil actualmente tiene 26, por lo que se toma un Éter para recuperar 20 (46) y poder darse abasto para los tres hechizos. Eso lo dejaría en una cuenta final de 3 PHs.
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-Si el teletransporte final (el que lo hace volver al lugar donde empezó) funciona, entonces Xefil aprovechará su posición y su super-velocidad para anticiparse a cualquier golpe de Xihn y apartar a sus compañeros (los que están cerca, al menos) del peligro.

No estoy asumiendo que nada de esto funcionará. De hecho, tengo bastante miedo porque no sé si estoy abusando de la super-velocidad y porque Xihn probablemente no se quedará quieto mientras todos le dejamos caer una lluvia de hostias xD Pero bueno, es mi estrategia y ahí está. ¡El que no arriesga no gana! (?)



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▪ Gravedad (HM) [Nivel 10] [Requiere Poder Mágico: 12]. El usuario crea una esfera de energía gravitatoria concentrada que hace caer en una localización, aplastando a los enemigos que se encuentren debajo e inmovilizándolos según la Fuerza que posean.
▪ Hoja Insomne (HC) [Nivel 15] [Requiere Teletransporte; Velocidad: 20; Elasticidad: 12; Combate con Armas Blancas: 15] El usuario se teletransporta múltiples veces alrededor del oponente, buscando confundirlo. Ataca con su arma de dos a cinco veces (depende de Velocidad del usuario y Reflejos del enemigo) y retrocede hasta el punto inicial. Puede usarse contra múltiples oponentes, pero el número de ataques será el mismo. El teletransporte puede verse interrumpido y los ataques interceptados.
▪ GraviTonne (HC) [Nivel 18] [Requiere Afinidad a Espacio; Fuerza: 18; Velocidad: 15; Elasticidad: 15] El usuario transforma su Llave-Espada en un largo martillo de batalla. Antes de cada golpe, el usuario hace uso de fuerza gravitatoria para tomar impulso con una voltereta y dejar caer el peso con una fuerza tremenda. Dura dos turnos o hasta que el hechizo se interrumpa.

Xefil:
VIT: 40 -> ¿?/40
PH: 26 -> 46 -> 3/56
Estilo: 2 turnos
Caos: 64% -> ¿?%
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—You're like that coffee machine: from bean to cup, you fuck up—

~Dondequiera que el arte de la medicina es amado,
también hay un amor a la humanidad~


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Los pocos Awards que alguna vez gané
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Kairi » Sab Ago 04, 2018 1:25 am

Los acontecimientos ocurrieron de una forma caótica, nunca mejor dicho. El ataque de Kairi hizo que Xihn perdiera el equilibrio, lo que probablemente ayudó a que los demás realizaran con éxito lo suyo. Pero Xihn era muy fuerte y terrorífico. Aquello no había hecho más que empezar. La armadura de este desapareció y todos los que estaban infectados por el Caos se vieron terriblemente afectados. Hiro Kairi y Ruz tuvieron que huir de la ola de Caos que se aproximaba para no ser infectados también.

Bueno... ejem...Parece que el caos se ha extendido de mala manera, debemos estar con la princesa pase lo que pase, no sabemos qué nos puede hacer esta... corrupción.

La cosa que alguna vez fue Xihn empezó a cambiar de forma, creciendo más y más, hasta convertirse en un monstruo horrible formado de Caos.

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¿Y ahora qué?—se preguntó mientras abrazaba a Awa-chan. Se supone que tenían que matar a aquella cosa, tan poderosa que muchos habían aceptado un poder corrosivo que podría matarlos en cualquier momento para tener alguna posibilidad de vencerle.

¿Tienes frio? — le preguntó Hiro —Parece que la nueva forma de ese monstruo ha bajado la temperatura, tomad, si el frio os afecta no podréis moveros bien — le dio una gabardina roja a Kairi y una chaqueta negra a Ruz. La joven se la puso, pues en ese momento tenía bastante frío.

Gracias—le respondió con una sonrisa. Luego se acercó a Ruz —Deja que te ayude—le arremangaría las mangas de la chaqueta si el niño se la ponía, que le estaban enormes, para que no tuviera problemas con las manos.

Después de un enorme temblor de tierra, acabaron junto a Andrei y Saito, que estaba malherido. Cenicienta se encargó de él y Hiro ofreció su ayuda. Pero no olvidaba junto a quién estaban ahora.

No intentes nada raro o te vas a enterar—le advirtió a Andrei.

Pero el gran problema estaba ahí delante. Enorme e imponente. Necesitaría todo su poder para realizar su mejor ataque, así que se tomó su último Éter mientras esquivaba el Caos que no paraba de crecer.

Kairi, lanza un Perla+, posteriormante yo dispararé, con suerte esta vez no consumirá los golpes. Veamos si esto funciona—sugirió Hiro. Kairi asintió y se preparó para lanzar su Perla+ en el momento adecuado, en el que no hubiera nada interfiriendo en la trayectoria del proyectil para no dar a nadie. Sólo entonces realizó el ataque justo antes que el de Hiro y desde su misma posición para abrir camino a la bala.


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Kairi se toma un Éter.

▪ Perla+ (HM) [Nivel 16] [Requiere Perla; Poder Mágico: 16]. Ataque de elemento Luz. Proyectil de luz más grande y lineal en forma de esfera, con ciertas probabilidades de cegar al enemigo y más potente.
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Gracias Aru :D
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I love you Red ^^
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La Historia Del Hipercor By Rmedive92
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El Viernes 26 a las 20 fui al hipercor para compra un juego por el cumple de un amigo y en el msn deje un automensaje que era "En El Hipercor" , en esos momentos Habimaru cerro el chat y se creo una multiconversacion de 7 o 8 personas del foro para hablar , cada minuto aparecía mi gracioso automensaje con el icono del tio feliz , cuando llegue y comente estaban todos En El Hipercor , uno en el carrefour pero bueno , al dia siguiente en el chat la frase mítica aparecía cada poco En El Hipercor y ya esta es la historia del Hipercor que tanta gente me pregunta XD ( Se le ha parecido buena o vivió esto ponérselo como firma.


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Kairi
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Ronda 14

Notapor Suzume Mizuno » Lun Ago 06, 2018 10:52 pm

Bella se había arrojado sobre Andrei para librarlo del Caos que estaba a punto de matarlo. Justo cuando el hombre se calmó y dejó de gritar de dolor, Saito reaccionó y buscó también su ayuda.

Bella, por favor, cúrame del Caos —la joven asintió con la cabeza y no dudó en tocarle las sienes con sus delicados dedos. Por su expresión de alivio, se notaba que estaba deseando que se lo pidiera. «Por fin. Luz, cómo sangra. Tendría que haberlo hecho antes de que me lo pidiera.». El efecto fue inmediato: no solo el dolor empezó a desaparecer junto con la presión, sino que Saito sintió que se quedaba un poco sordo cuando la mayoría de sonidos se apagaron—. T-Tenemos que ir a ayudar a Celeste, puede conseguir retroceder el tiempo para Xihn y ayudarnos con el Caos que está emanando. Pero si no la ayudamos con nuestra energía y lo hace sola... morirá en el proceso.

Bella lo miró con desconcierto un instante. Toda esa información, para ella, debía sonar a cuento de locos. Y por un segundo, un interminable segundo, pareció que fuera a considerarlo como tal. Pero entonces Andrei le puso una mano en el hombro y gruñó, esforzándos porque se lo escuchara por encima del estruendo:

Chihiro podría hacer algo así.

Bella no vaciló más y lanzó un chorro de luz hacia Xefil para despejarle un camino. El chico estuvo ante ellos en menos de un instante. La Princesa parpadeó, sorprendida, pero no hizo preguntas. Se giró y repitió la acción para abrir un camino hacia donde se encontraba Celeste. No tuvo tiempo para despejar un camino hacia Blancanieves, porque nada más terminó Saito de explicar la situación, Xefil prácticamente se desvaneció.

Andrei golpeó la mano de Saito cuando este intentó invocar su glider y meneó la cabeza.

Te ha abierto el camino por el suelo, ¿qué pretendes, contagiarte de nuevo?

Puedo hablar sola, gracias.

Pero no contradijo a Andrei. Es más, Saito tuvo que aceptar el hombro de este, más fuerte que Bella, mientras esta se quedaba unos pasos por detrás para asegurarse de rechazar el Caos que venía hacia ellos.

Fue gracias a eso que vio el salto de Malik y Fátima.

*


Harun, por supuesto, obedeció a Malik, y juntos volaron con dificultad hacia Fátima y Ariel. Cuando Malik la acarició, Aaron profirió un grito en su cabeza:

«¡Idiota! ¿No ves que así moriremos los dos? ¡Vuelve a hacer eso y te prometo que nunca más recuperarás el control de tu cuerpo!»

Incluso después de que Ariel lo curara, Aaron siguió enfurruñado. Malik tuvo que hacer un esfuerzo para ignorar todos sus gruñidos y resoplidos mientras conversaba con su esposa.

La Princesa, por su parte, se debatía entre hacerles caso o negarse.

Es una locura —se quejó—. Vosotros dos solos no podréis contra Xihn, ni siquiera con todo el Caos del mundo a vuestra disposición. Moriréis...

Pero la mención de sus hijos la hizo vacilar. Ella también era madre, después de todo. También tenía un marido junto al que regresar, una familia de la que cuidar. Ariel maldijo entre dientes y se puso en pie. La tormenta sacudía su melena pelirroja y le daba el aspecto del fuego.

Está bien. Intentad que Xihn no os alcance directamente, o puede que ni yo pueda hacer nada. ¿Listos?

No esperó a su respuesta. Ariel volvió a levantar el Tridente y una lluvia de rayos cayó sobre Xihn.

Pero su ataque no se limitó a eso.

¡Los de abajo! ¡APARTAOS!

Aprovechando la lluvia y el viento, conjuró un remolino que arremetió contra el enemigo. Una cárcel giratoria que hería a Xihn al contacto. A sus pies, el agua mágica limpió buena parte del Caos que iba surgiendo. Ariel podía controlarlo lo suficiente para impedir que, al menos de momento, los Caballeros tuvieran que hacer frente a más del que ya tenían encima. La marea no se alejó de Xihn, abriendo un camino para permitir a Fátima, Malik y Ragun cruzar, y a los demás mantener sus posiciones. A juzgar por la expresión de la Princesa, no tenían mucho tiempo.

Xihn rugió de nuevo, y dio un paso para intentar escapar del remolino. Se dio de bruces con el muro de Fátima, que se alzó con sus nuevos poderes y le frenó un momento antes de romperlo de un golpe con la maza. Aún así, le dio el tiempo suficiente a invocar sus otros dos hechizos. El dragón impactó con éxito en la cara de Xihn, que se tambaleó hacia atrás. El estilo de Malik le dificultaba el movimiento, pero logró estabilizarse a duras penas.

Entonces, el agua empezó a teñirse de negro.

Ariel gritó. Estaba luchando con todas sus fuerzas para purificar el Caos que Xihn dirigía contra ella, pero el esfuerzo la dejaba completamente desprotegida. Incluso cegado e inmovilizado por la nieve, este logró formar a partir del agua a dos serpientes gigantescas que arrojó tanto a Fátima como a Malik. Las esquivaron por un pelo, Malik gracias a Aaron, que le robó el control de las piernas para apartarse. Con su enemigo cada vez más y más congelado, las ondas de oscuridad que emergían de la Llave Espada acertaron sin problema. Dos andanadas de orbes alcanzaron a Xihn antes de que la maza de Xihn cayera sobre él. Ragun atravesó el golpe y logró apartarse, pero su nivel de Caos volvió a incrementarse. El dolor empezó a recorrerle los músculos, y supo que si no se alejaba, su propio cuerpo fallaría de nuevo. Pero la única Princesa que quedaba cerca de ellos era Ariel, y dedicaba toda su energía a mantener el torbellino de agua. Fátima también empezó a notar el calor imposible que emitía su cuerpo, peligrosamente transparente.

Ariel no podía hacerse cargo de ellos, pero quizás si compartían parte de su Caos con Malik...

¡NITHAEL!

Siguiendo las órdenes de su madre, Harun acudió en busca de Nithael. El hechizo de Saeko alcanzó al ángel poco después de que el dragón llegara y empezara a tirar de él con los dientes, tan cuidadoso como podía. La magia curativa de Friederike le salvó las alas y, junto a la intervención de Ryota, pudieron escapar de la tormenta.

¡Alanna!

¿Eh?

Alanna buscó a su alrededor, pero Gabriel localizó un poco antes que ella a su compañero y redirigió su mirada con suavidad hacia el mismo.

¡CelesteSaitoTenecesitan!

«Qué maravilla, su tiempo va mucho más rápido que el nuestro. Y sí, ha dicho que tienen un plan.»

«Como sea. Cualquier idea es mejor que nada.»

«Esperemos que sea buena, porque Xihn está a punto de… ¡Oh! »

Gabriel no terminó, pero Alanna pudo verlo por sí misma cuando levantó el vuelo. Parecía que sus compañeros iban a darle unos inestimables segundos. Por debajo de Alanna, Felipe inclinó brevemente la cabeza hacia las esencias y luego empezó a avanzar hacia Xihn. Zel se apresuró a ir tras él. Tampoco tenía muchos más sitios a los que ir, pues el camino libre de Caos se iba cerrando tras ambos.

Casi inmediatamente después, Saeko se vio alzada en el aire.

Celeste tiene un plan. Haz lo que diga y deja que la reina actué si es preciso.

«Es decir, Chihiro tiene un plan. Me sorprende, pero es mejor a nada.»

Al mismo tiempo, Xefil logró llegar junto a Blancanieves. La joven forcejeaba de las manos de Celsius, intentando salir a la superficie. La pobre estaba aterrorizada y pocas veces había parecido tan niña. No dejaba de ser la Princesa más joven, después de todo, y apenas había cumplido los diecisiete.

Blancanieves apenas vio venir al hombre y Celsius directamente dio un brusco salto de la impresión. Entonces Xefil casi le arrancó el hombro a Blancanieves en su intento de sacarla del pozo en el que se estaba hundiendo. Su velocidad era demasiado para el resto de la gente y Celsius le habría atacado, creyendo que estaba intentando matar a Blancanieves, de no ser porque logró escuchar —más o menos— su mensaje.

Tras una vacilación, que para Blancanieves y Celsius apenas duró unos segundos, Xefil se esfumó y corrió esquivando el Caos, escurriéndose entre el mismo con la facilidad de un bailarín. Saltó por encima de un gigantesco bloque de piedra que todavía estaba creciendo y desde el mismo pudo elevar una mano hacia Nithael. Vio que el dragón de Fátima lo había alcanzado, que el ángel se aferraba a su lomo en un desesperado intento de luchar contra la tormenta.

Fue entonces cuando Xefil usó su Gravedad.

No fue la mejor idea del mundo. Al viajar tan acelerado, su hechizo comenzó con un violento tirón que arrancó un grito de dolor a Nithael. Desde allí abajo, y a su velocidad, Xefil no pudo escucharlo. Habría tenido que esperar demasiado, de modo que continuó de largo para seguir su misión.

Nithael cayó al interior de la tormenta, pero logró recuperar el control de su vuelo con un esfuerzo. Gracias a eso vio cómo el torbellino de agua de Ariel comenzaba a ennegrecerse. El Ángel montó a Harun e invocó una vez más su resplandeciente arco, en el que tensó una gigantesca flecha del color del sol.

Con un silbido, la flecha abrió el Caos a los lados y se precipitó directa contra Xihn, purificando todo a su paso.

Hiro y Kairi atacaron entonces. Ruz se puso la chaqueta con ansia —apenas contenía su entusiasmo para que Kairi pudiera arreglarle las mangas—, se arrebujó en ella y arrugó la nariz. Luego sonrió a través de las lágrimas.

Jeje, ¡huele raro! Gracias.

Se quedó muy cerca de Hiro y, cuando Kairi lanzó su hechizo, Ruz lo envolvió en oscuridad y lo dirigió a través del Caos de Xihn, de modo que impactó en su brazo. Cuando fue el turno de Hiro hizo lo mismo. Las llamas del fénix se tiñeron de negro, y el ave creció hasta casi doblar su tamaño. Persiguió al gigantesco Perla y atravesó a su objetivo.

Cenicienta, que había prestado atención a sus ataques, dejó marchar a Saito entonces. Antes había negado la ayuda de Hiro, asegurando que ella se encargaría del Caos, y ahora les dijo:

Voy a apoyar a Celeste y a los demás. Vosotros centraos en la ofensiva y ayudad al resto. Ellas estarán bien —comentó, haciendo referencia a Nanashi, Lyn y Yasmín—. ¡Hay que utilizar hasta nuestra última gota de magia!

Ruz asintió.

Eve y Zel están luchando también —dijo, tirando de la manga de Kairi y señalando a sus hermanos—. ¿Podemos ir a ayudarles, por favor?

No muy lejos, Chihiro y Celeste se enfrentaban a su propia decisión.

«Una idea de Aaron... Chihiro, ¿es posible?» preguntó Celeste a Chihiro.

Esta guardó silencio.

«No hace falta que yo tenga que sobrevivir al hechizo. Sólo dime si es posible y... Bueno, si quieres intentarlo. Si yo muero, supongo que tú también.»

«Sí, es lo que tiene ser una voz en tu cabeza—replicó con sarcasmo—. Podría hacerme con tu cuerpo de no ser porque el hechizo depende de mí. Espero que Aaron arda en algún infierno, si es que existe. Ya podría sacrificarse él con algún ataque de los suyos. Si quisiera, podría detener a Xihn durante unos segundos. A costa de su cuerpo y su vida, por supuesto. Pero claro, está el maldito Caos…—Guardó un silencio—. Prefiero morir intentándolo a dejar que Xihn lo destruya todo. Vamos a intentarlo.

Celeste llamó a todos para que acudieran a su lado.

«Por si morimos... Gracias por haberme ayudado, a mí y a los demás. De corazón. Y gracias por no habernos detenido el corazón a ninguno cuando estábamos enfrentados, ahora me doy cuenta de que te habría sido relativamente fácil.» Chihiro sonrió a la vez que Celeste. «Si sobrevivimos, ¿seguro que no hay nada que pueda hacer por ti? Gabriel ha desechado la idea casi enseguida, pero estoy convencida que hay alguna forma de encontraros un cuerpo a todos... No te lo digo para saldar deudas, ni para que me debas nada. Ni siquiera te pediría que te quedaras en Tierra de Partida. No lo sé. Serías libre de hacer lo que te apeteciera o... o algo.»

«Céntrate en lo que tenemos por delante, Celeste. Si llegara a sobrevivir, dudo que tus mayores estuvieran por la labor de dejarme suelta—dijo con sorprendente suavidad—. Pero si hay alguna posibilidad… Me gustaría ir a… la Llave Espada de Kazuki.»

Bella y Cenicienta llegaron a la altura de Celeste, agotadas pero enteras. Blancanieves llegó poco después, escoltada por Celsius, que rápidamente se marchó a cumplir con el resto de sus deberes.

Celeste notó que Saito y Alanna le daban la mano, a la vez que Saeko tomaba la de esta última. Bella se apresuró a tomar la de Saito y ofreció la libre a una extenuada Blancanieves. Cenicienta cogió a Saito por el hombro, miró un largo momento a Andrei antes de ofrecerle la mano… Con una mueca. Andrei echó un vistazo hacia Xihn, se mordió el labio inferior y al final se la tomó con un asentimiento.

«Esto es otra cosa—apreció Chihiro—. Puede que sobrevivamos y todo, si el Caos no nos acierta antes. Concéntrate. No será fácil.

Sin previo aviso, Chihiro comenzó a tirar. Para Saito y el resto fue como si les estuvieran arrebatando el aire de los pulmones. Para Celeste, en cambio, la sensación fue de arrebato. Un subidón indescriptible de energía. Todo su interior vibró, se colmó de energía. De no haberla controlado Chihiro, Celeste no habría podido evitar el impulso de romper el contacto con las manos de las que arrancaba toda esa esencia y habría entrado ella misma al combate, con la adrenalina apoderándose de sus sentidos.

La mirada de Celeste se enfocó en Xihn, rodeado por sus enemigos… Que a la vez estaban cayendo en la trampa del monstruo. No importaba cuánto pelearan, desde la distancia era dolorosamente evidente que se encontraban en el epicentro de una tormenta de Caos. Más pronto que tarde se abatiría sobre ellos antes de seguir extendiéndose, devorándolo todo hasta que su huésped se consumiera.

«Vamos a hacer que esa cosa deje de existir para siempre.

Celeste sintió cómo algo salía de ella y, como una mano invisible, se estiraba hasta alcanzar a Xihn. En sus ojos se materializó un fantasmal reloj de arena y supo que tenía que darle la vuelta para iniciar el proceso.

Pero no podía hacerlo. Se resistía tanto que se encontró gruñendo de puro esfuerzo.

Saito y Andrei fueron los primeros en caer de rodillas cuando Chihiro empezó a extraer aún más energía. Alanna y Saeko, cada una con un Corazón extra, notaron que les temblaban las rodillas y que no podrían mantenerse por mucho más tiempo en pie. Las Princesas, pálidas, aguantaron en silencio. Celeste solo podía ver el maldito reloj inclinándose poco a poco, con tantísima lentitud que habría gritado de pura frustración. Dentro de ella, Chihiro resopló con una mezcla de angustia y diversión.

«Puede que tu vida y la mía no hubieran sido suficientes…

En vista de lo que ocurría, Bella cerró los ojos e invocó a Ondina, la última esencia que se había reservado. Tras una orden silenciosa, reunió a sus hermanas para ir a por Zel y Felipe. El príncipe justo acababa de salir del precipicio gracias a la ayuda de Thor y de Cephiro, y conservaba la Espada y el Escudo de milagro. Una a una, las esencias liberaron sus magias elementales contra Xihn, buscando desestabilizarle, cegarle y entorpecer cada uno de sus movimientos. Felipe levantó el Escudo para abrirse camino por el Caos, y Zel lo siguió de cerca, protegiendo sus flancos.

Entonces, algo captó su atención.

¡¿Eve?!

Ronin, no muy lejos de ellos, se giró de inmediato.

¡QUIÉN ES EL DESGRACIADO QUE HA ABANDONADO A MI HIJO!

Eve se encontraba rodeado de Caos, solo y retrocediendo a cortitos pasos. Zel se quedó paralizado, y Felipe tuvo que tirar de él para que esquivara un ataque terrestre de Xihn. Ronin avanzó entonces a grandes zancadas hacia Eve, hecho una furia. Por suerte, Nithael descendió con Harun en ese momento y rescató al niño segundos antes de que el Caos entrara en contacto con sus pies. Eve se dejó llevar, tan sorprendido como asustado por la nueva altura y se aferró a Harun como si la vida le fuese en ello.

Ronin asintió con aprobación cuando el dragón perdió altitud, y Ronin y él alzaron el vuelo para quedar a su altura. Nithael con sus flechas, Eve con la oscuridad de su parte, y ellos dos con su magia rodearon a Xihn y descargaron también sus ataques sobre él.

«Si logramos no desmayarnos y Chihiro alcanza su propósito, prepárate de inmediato para atacar. No debemos perder un solo instante» indicó Friederike, que mantenía los ojos de Saeko abiertos solo mediante fuerza de voluntad. La extracción de energía las estaban dejando aturdidas, con el cuerpo entumecido. No sentían los dedos de las extremidades y si mantenían las manos cerradas alrededor de las de sus compañeros era por acto reflejo.

Frente a ellas, el infierno se estaba desatando. Xihn seguía atacando con virulencia. Los rayos de luz se apagaban y el aullido de la bestia sonaba cada vez más y más alto.

El Caos estaba a punto de reventar la burbuja en la que se contenía a duras penas.

«Aguanta… Solo un poco más…— murmuró Gabriel. El joven se esforzaba por compartir el violento tirón de energía con Alanna, pero aun así intentaba mantenerla despierta. La chica nunca había sentido tanto frío, ya no solo por el Caos, sino por lo drenada que estaba. Chihiro devoraba todo su fuego, pero no parecía que fuera a estar satisfecha jamás—. Vamos a conseguirlo. Está tardando más porque… Una explosión de vida antes de consumirse es mucho más poderosa que la simple energía vital. Pero vamos a conseguirlo. Somos lo suficientes. ¡Aguanta, Alanna!»

Pero era difícil ignorar lo que ocurría delante de ellos y concentrarse. Descontrolado por completo, Xihn agitó la maza con fuerza y golpeó a Fátima, que salió despedida a sus pies. Todas a una, las esencias hirvieron de ira e incrementaron sus ataques, pero Xihn ya no parecía ni notarlos. Golpeó el suelo; sus movimientos eran erráticos y tan bestiales que Ragun tuvo que alejarse. Las oleadas de Caos se incrementaron y Fátima se dobló por la mitad, con la visión ennegrecida y más y más intangible por culpa del Caos. Xefil no llegó a saber biern qué estaba pasando. El mundo había desaparecido a su alrededor poco después de intentar bajar a Nithael y acercarse a Xihn. Puede que su propio organismo hubiera acelerado el Caos, tanto que ya nadie era capaz de localizarlo ni de interaccionar con él.

Malik, por su parte, se vio atrapado entre los desbocados movimientos de Xihn. Un movimiento en falso y, en el mejor de los casos, terminaría tan contagiado como todos sus compañeros juntos. En el peor, moriría aplastado. El pánico de Aaron le paralizaba los músculos.

En ese momento, el canto de un pájaro se elevó por encima de los gritos de Xihn.

Garuda clavó las garras en el brazo de Xihn, infectándose, pero no se quejó ni una sola vez. Le dio tiempo suficiente a Nanashi para aparecer delante de Fátima y proyectar una barrera hacia delante, haciendo retroceder a Xihn. La chica sintió que empezaba a recuperar las fuerzas, si bien el Caos seguía ahí.

En pie —dijo Nanashi, sin apenas girarse—. Todavía te necesitamos.

Casi al mismo tiempo, Lyn apartó a Malik de su alcance y tiró de él por el camino que Ariel había abierto. La mujer loba parecía cansada, pero sonrió con ferocidad cuando le miró.

Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente. ¿Qué es eso de dejar que un psicópata te posea?

Aaron bufó, pero se limitó a guardar silencio y a dejar que Lyn los alejara de Xihn.

Yasmín apareció justo detrás de ella, y corrió hacia Ragun para curarle por fin del Caos. El Maestro sintió que volvía a ser corpóreo, y Yasmín le tendió la mano para ayudarle a levantarse. Sin vacilar ni un segundo, extendió la otra hacia Xefil, ofreciéndole también una cura.

¿Listos para un último asalto?

«AHORA» gritó Chihiro.

Con el tañido de un cristal, el reloj giró. Y giró. Y giró.

Xihn se quedó paralizado por un momento y se balanceó con… ¿desconcierto? Al mismo tiempo, el aliento del mundo pareció detenerse. El ruido desapareció, la tormenta quedó congelada en pleno apogeo, y el Caos se ralentizó hasta que dejó de moverse. Incluso Xefil notó que algo había cambiado.

Felipe miró a su alrededor, aferrando a Zel contra sí a la vez que intentaba protegerlo con el Escudo, y se volvió hacia atrás. Era imposible no percatarse de la energía que se estaba liberando desde el punto donde se encontraba Chihiro. El Príncipe no tenía muy claro qué estaba ocurriendo, pero decidió no perder la oportunidad. Clavó el Escudo en el suelo, obligó a Zel a protegerse detrás del mismo y entonces corrió con todas sus fuerzas contra Xihn.

Felipe se coló por el hueco que la flecha de Nithael había abierto en el torbellino de Ariel, saltó sobre una roca y se precipitó contra la mano extendida de Xihn, que parecía congelado en el tiempo. La Espada de la Verdad se iluminó por un segundo y trazó un arco cuando cortó la gigantesca mano que sostenía el garrote. Por el brazo de Xihn subieron venas de luz y el Caos fue expulsado como si se estuviera barriendo el polvo. Al menos de su antebrazo.

Xihn emitió un aullido de dolor, rompiendo por un momento la barrera del tiempo que se había impuesto sobre él. Con la mano libre atrapó al Príncipe por la cintura y apretó tanto que el muchacho soltó un alarido y vomitó. Zel lanzó una maldición, levantó el Escudo de la Virtud con un chillido y lo impulsó con un golpe de oscuridad contra el puño de Xihn. Los dedos de la bestia empezaron a humear cuando entraron contacto con el escudo y liberó a Felipe, que cayó al suelo. Furioso, Xihn levantó una pierna, dispuesto a espachurrar al Príncipe.

Y entonces, pasó. Los primeros en sentirlo fueron Xefil y Fátima. Para él, los sonidos regresaron con lentitud; para ella, su cuerpo volvió a estar presente y ganó consistencia por segundos.
El Caos empezó a ser absorbido hacia Xihn. A pesar de que las venas y nubes negras se aferraban al suelo, parecían luchar por continuar su avance, se deshacían a medida que Xihn las recuperaba.

No, no estaban siendo absorbidas. Ni siquiera volvían atrás en el tiempo, sino que estaban tornándose débiles.

«Su tiempo volverá a cero. Será tan débil como un bebé» resopló Chihiro, que apenas podía vocalizar por culpa del esfuerzo.

Nanashi, que estaba ayudando a Fátima a levantarse, estudió la situación de un vistazo. Sus ojos se abrieron de golpe, levantó su Llave Espada para apuntar a Xihn y bramó:

¡¡Atacad!! ¡¡ATACAD AHORA!!


Spoiler: Mostrar
Ragun:
VIT: 150/200
PH: 1/92


Xefil:
VIT: 29/40
PH: 3/56
Estilo: 2 turnos


Saeko:
VIT: 10/84
PH: 0/58 (0 poder curativo)


Alanna:
VIT: 15/60
PH: 0/38


Celeste:
VIT: 5/26
PH: 58/58 (0 poder tiempo)
Te quedas sin éteres


Kairi:
VIT: 35/40
PH: 4/52


Hiro:
VIT: 20/28
PH: 22/54


Malik:
VIT: ????/138
PH: ????/58


Fátima:
VIT: 32/32
PH: 100/100


Saito:
VIT: 11/120
PH: 0/60


Spoiler: Mostrar
ESTE ES EL MOMENTO. A POR XIHN. LUCÍOS, SED DRAMÁTICOS.
EL ROL ESTÁ A PUNTO DE ACABAR
.


* * *


Fecha límite: viernes 10 de agosto


Faltas:
Zero: I (justificada)
Tanis: I (justificada)
Denna: I
Zero: I
Cris: I
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¡Gracias por las firmas, Sally!


Awards~

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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Drazham » Vie Ago 10, 2018 5:09 pm

En total se habían reunido ocho personas para ese supuesto “plan” milagroso que se habían sacado de la manga. Contando a Celeste y a ellos tres, también se les habían unido tres de las Princesas y… Andrei. En fin. Para situaciones desesperadas, medidas desesperadas. O dicho de otro modo, que todos los allí presentes estaban lo bastante desesperados para enterrar hachas de guerra, reticencias, o cualquier índole de problema personal. Alanna, al menos, sí que lo estaba para no haberle retirado la mano a Saeko cando esta se la agarró.

Tenías razón en lo que dijiste antes, no solo por Nikolai, sino por todos. Ha muerto gente que también consideraba cercana en otros sentidos, pero cualquier cosa que diga no servirá, no puedo hacer más de lo que estoy haciendo ahora, o más bien, no sé si hay algo más que pueda hacer. Me alegra que haya encontrado alguien con quien pueda ser feliz.

Alanna se quedó mirándola con una expresión neutra. De esas que delataban que no sabías lo que decir en esos momentos. Por lo que dejó escapar un leve resoplido por la nariz y prefirió no articular ninguna palabra.

El grupo formó un círculo con las manos, casi como si estuviese practicando alguna clase de rito. O desde un punto de vista más inocente, un juego infantil en mitad del epicentro del desastre. Con una mueca agria, meneó la cabeza para desechar esos pensamientos y se centró en su objetivo, el cual era… ofrecerle su energía no a Celeste, si no a Chihiro. Conociendo lo peligrosa y extrema que solía ser la magia temporal, quizás no era tan descabellado pensar que pudiese funcionar lo que se estuviese proponiendo.

Y entonces, el proceso comenzó.

Lo primero que sintió Alanna fue un tirón brutal que le arrancó una exclamación, tal como si lo hubiese sentido desde lo más profundo de sus entrañas. Pero luego paso a ser lo más parecido a un desgarrón que seguía, y seguía. En especial, lo notaba muchísimo más en su lado derecho, que era en donde tenía situada a Celeste. La muchacha resolló entre dientes y se obligó a aguantar los tirones porque, dioses, era como si le estuviesen sustrayendo hasta la última gota de su ser. Su magia. Su fuego. E incluso llegó a pensar que hasta su sangre de lo pálida que se estaba quedando.

Pero lo peor de todo es que no tenía pinta de terminar rápido. Mientras notaba con frustración que esa bruja del tiempo la estaba dejando seca a cada segundo, la vista, cansada por el esfuerzo inhumano de no colapsar, se le desviaba hasta un monstruoso Xihn que ni se inmutaba de los ataques de sus compañeros. Un escalofrío le subió por la espalda y se sumó al desagradable tirón de magia. Si esa a bestia le diese por cambiar su atención a ellos en esos momentos…

«No, no, no, no. Aguanta. Por lo que más quieras, aguanta.»

Lo cual era más fácil pensarlo que intentarlo. Por lo pronto, Saito y Andrei, que eran los únicos sin la magia de una de las Princesas o de otro corazón, casi cayeron redondos al suelo. A ella ya le estaba entrando la histeria porque poco le faltaría para que las piernas, tiritándoles como si estuviesen hechas de goma, le vencieran. Incluso Celeste, que era la única de los ocho a los que no les estaban sustrayendo la magia a litros, tenía una cara de estar consumiéndose en su propia agonía. Le hubiese inquirido, desesperada, por qué tardaba tanto en hacer lo que se estuviese proponiendo, pero es que ya ni tenía fuerzas para mover la lengua.

¡QUIÉN ES EL DESGRACIADO QUE HA ABANDONADO A MI HIJO!

Al menos el alarido de Ronin evitó que los párpados se le cerrasen en el peor momento. Incluso le pudo facilitar un momento de lucidez fugaz con el que disuadir al sopor con pinchazos de preocupación. ¿Se refería a los niños? ¿Le había pasado algo al pequeño Zel o a sus hermanos? Pero estaba tan cansada que ya ni podía levantar la cabeza para ponerse a buscar. Ya no podía más…

«Aguanta… Solo un poco más…— La voz de Gabriel ya le sonaba distante, como una vela a punto de apagarse. Pero al menos, todavía podía oírla—. Vamos a conseguirlo. Está tardando más porque… Una explosión de vida antes de consumirse es mucho más poderosa que la simple energía vital. Pero vamos a conseguirlo. Somos lo suficientes. ¡Aguanta, Alanna!»

Es decir, que el plan de Chihiro era dejarles al borde de la muerte, para así exprimirles hasta la última gota de su esencia. Maravilloso. Ya ni siquiera tenía ganas de maldecir en su fuero interno a esa bruja. Pero sí de rugir y aguantar como nunca antes lo había hecho, porque desde luego que no quería morir. No así, y tampoco si todavía les quedaba una última esperanza a la que aferrarse para volver a ver a sus seres queridos, a Nikolai...

Y justo en un último suspiro en el que parecía que iba a fallecer, el tirón se esfumó.

Alanna ahogó una bocanada de aire y se escurrió de las manos de Celeste y Saeko. Su cuerpo se volvió tremendamente pesado y cayó de rodillas, apoyándose con las manos en el suelo y resoplando como una maníaca. Pero incluso entre las sibilancias de su agitada respiración, lo podía oír. Lo podía notar.

Nada. Los sonidos de la cruenta batalla se habían desvanecido y tan solo quedaba un silencio sepulcral. Alzó la vista y pudo comprobar, gracias a la influencia de Gabriel, que algo había cambiado en la andanada de Caos que despedía Xihn. O más bien, que regresaba hacia él.

«No. No está volviendo…», tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para poder abrir los ojos como platos. «Se está debilitando. Y desapareciendo.»

Alanna se obligó a reunir fuerzas para levantarse entre tambaleos y observar cómo el titán se quedaba congelado poco antes de que su pie se estampase contra Felipe. Dio un par de pasos hacia delante, desconcertada. Tenía que corroborarlo. Necesitaba comprobar que el Caos ya no ayudaría a Xihn más.

Y que estaba desprotegido.

¡¡Atacad!! ¡¡ATACAD AHORA!!

El grito de Nanashi retumbó en sus tímpanos de tal forma, que consiguió despertar en ella algo que ya creía aletargado por culpa de la avaricia de Chihiro. Una pequeña llamita todavía danzaba en su interior. Débil, aunque, no significaba que fuese inservible.

A fin de cuentas, cuanta más leña tirases al fuego, más lo avivarías.

«Gabriel. Otra vez», se llevó la mano al pecho, apretándose con fuerza para comprobar que no eran delirios suyos, y que su fuego perduraba. «Hazlo otra vez. Dale rienda suelta a mi fuego. Por favor. Hazlo y le daré forma.»

Su otra mano se deslizó hasta su bolsillo a tientas, sustrayendo dos frasquitos de éter. Con el pulso temblándole de la conmoción, se los llevó a los labios y se tragó su contenido de una sentada. Momentos después, pudo sentir que el fuego volvía a crepitar con fuerza y se expandía. Ahora solo tenía que dejar que Gabriel lo avivara. Sí, tal como le había dicho: él lo haría crecer. Ella le daría forma. Una en la que, para ser sincera, llevaba trabajando desde hace un tiempo. Para cuando su magia se volviese más fuerte, ya que algo así le resultaría imposible con su nivel. Pero ahora, ya no le podría resultar tan imposible.

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Lengua de Dragón (HM) [Nivel 25] [Requiere Afinidad a Fuego y Aliento de Dragón]. Versión mejorada del Aliento de Dragón. El usuario exhala un potente torrente de fuego al que puede darle forma y dirigir como si tuviese vida propia. Probabilidades medias de causar quemaduras.


Una vez Gabriel le hubiese brindado con su ayuda, Alanna exhalaría una profunda bocanada de aire. Lo mantuvo en su pecho hasta que las llamas se alimentasen de este y creciesen. Más de lo que podría imaginar. Y algo así necesitaría mucho más, por lo que también trató de alimentarla con su anhelo de seguir con vida. De volver a ver a sus seres queridos. De volver a encontrarse con el amor de su vida, abrazarle con fuerza y no querer dejarlo ir nunca más de su vera.

Y, por su puesto, de terminar con la pesadilla de una vez con todas.

Alanna puso en su fuego todo aquello y exhaló contra el monstruo.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor H.S Sora » Vie Ago 10, 2018 10:05 pm

Dolía. Era una de las peores sensaciones que hubiera experimentado nunca antes, pero en este caso no estaba haciéndolo solo. Todos estábamos contribuyendo para hacer ese milagro posible.

Celeste, Saeko y Alanna —que contaban con un Corazón extra cada una— Bella, Cenicienta, Blancanieves y… Andrei, como no. Era curioso, pero por primera vez desde que se había descubierto su traición, y de paso durante el periodo de Bastión Hueco en el que le había conocido, me alegraba de que estuviera ahí.

Apreté la mano de Bella y la de mi amiga con fuerza, sintiendo como el cansancio se apoderaba de mi. No, no era cansancio. Era algo mucho, mucho peor: como si el aire que utilizaba para respirar lo estuviera cediendo, y aunque intentara reponerlo cada vez me fuera quedando menos. ¿Sería así para todos los presentes?

«Venga, venga, venga...»

No estaba seguro de lo mucho que podría aguantar. Pero no iba a ceder, no soltaría las manos de mis compañeras: con la mirada borrosa, intentaba centrarme en el campo de batalla y en como Xihn nos tenía contra las cuerdas. Si esto no funcionaba, estábamos condenados.

«… Nos habré condenado.»

Me relamía los labios con ansia, esperando a que sucediera un algo que nunca parecía llegar. Temblaba, era consciente de ello, el frío que me envolvía el cuerpo era cada vez más y más fuerte. Sabía que tenía que ser un efecto secundario del drenaje, pero no podía dejar de pensar en lo mucho que empezaba a quemar.

¿Pero qué se suponía que tenía que pasarle a Xihn exactamente?

Resollando cada vez con más fuerza y desde la lejanía, parecía que todos los que estaban asegurándose de contener al monstruo eran presos de una trampa de la que no parecía que se hubieran dado cuenta. O si lo habían hecho, se la jugaban por nosotros.

El Caos se arremolinaba alrededor de todos, y no parecía que nuestros esfuerzos estuvieran sirviendo de nada. Mientras que ellos podían morir de un momento a otro, nosotros solo estábamos cogidos de las manos. Giré la cabeza a un lado, buscando la mirada de Celeste.

Buscaba una pizca de esperanza, algo que me diera las fuerzas que me faltaban, algo que me dijera que todo aquello estaba funcionando.

Lo que me encontré en su lugar fue una expresión indescifrable en su rostro. Estaba lejos de dónde estábamos, con los dos ojos marrones clavados en la bestia. Gruñía, lo tenía que estar haciendo. Cada vez tenía que faltar menos.

Pero mi cuerpo era incapaz de entenderlo.

«¡LEVÁNTATE!» Me exigí, mientras que el cosquilleo y entumecimiento se extendían como un veneno que cada vez se bombeaba con menos paciencia.

No era peor que el Caos, desde luego. Y al menos no me dejaría sordo. Suspirando, con la frente perlada en sudor, decidí dejar de escatimar en esfuerzos. La energía que tenía era para Celeste y Chihiro, aún de rodillas podía servir para ese propósito. Como si tenía que arrastrarme por el suelo cual ciempiés.

«No fallaremos.»

No solté las manos y confié en que Cenicienta no me soltara el hombro en el que ella se apoyaba. La fuerza de agarre que tenían debía ser ridícula, pero hice mi mejor esfuerzo para no desengancharme y aferrarme a ellas.

Los sonidos me llegaban cada vez más lejos. Incluso el grito de Ronin, que se había abierto paso por todo el terreno como un trueno, me llegó con cierto retraso. Cogí aire varias veces, o al menos lo intenté. Al borde de estar hiperventilando, sabía que me estaba agotando, con la boca cada vez más seca.

«¿Cuánto queda?...»

Hice el esfuerzo de barrer a los presentes con la mirada, intentando sacar conclusiones de lo mucho o poco que podríamos aguantar. Por lo que parecía Andrei y yo era los que peor estábamos. Aunque la palidez de las Princesas, y el temblor del resto de los presentes no era muy esperanzador a mis ojos.

Por mucho que los gritos de Xihn se elevaran y perdieran en el Intersticio, nada había cambiado. Seguía azotando a nuestros compañeros con su descomunal poder, que no parecía tener límite. Por mucho que Ronin, Ryota, Nithael, Felipe, o quién fuera le atacara, por muchos ataques que se combinaran e impactaran. Por muchos poderes del Caos que utilizáramos contra él.

Nada funcionaba. Se recomponía, y aullando con mayor o menor intensidad, volvía a la carga. Mi mente, embotada como estaba en ese momento, percibía más que nada los destellos de hechizos que se encendían y apagaban, entrechocando entre sí contra el enorme cuerpo de Xihn.

¿Pero que suponía que tenía que pasar? ¿Que el Caos desapareciera como por arte de magia? ¿Que los movimientos de Xihn empezaran a ir hacia atrás? A aquellas alturas sonaba casi ridículo, viendo como la burbuja oscura y aberrante en la que poco a poco los había encerrado estaba a un toquecito de reventar.

Y una vez terminara con todos ellos, vendría a por nosotros. Si es que la ola de Caos que vendría con él no nos fulminaba en el acto.

¿Un ave?…

Me había vuelto loco. Definitivamente. Tanto oír voces, tanto drenaje, había podido conmigo. O eso era lo que hubiera pensado si no hubiera podido apreciar a Garuda, que se había lanzado en picado contra Xihn. Y eso solo podía significar que los refuerzos acababan de llegar.

No podíamos darnos por vencido. No ahora…

Cerrando los ojos con fuerza, estaba al borde del llanto. ¿Por qué? ¿Por qué no caía? El tiempo seguía corriendo, todos los infectados por el Caos seguían peligrando cada segundo que pasaba. El que fuera que se opusiera a él, corría el peligro de perecer de un momento a otro.

«Por qué no pasa nada…»

Pero casi como si el destino se hubiera estado derogándose hasta ese momento, sucedió. Tenía que ser eso, porque Xihn había dejado de moverse y parecía tan sorprendido o más que nosotros. El ambiente había enrarecido, hasta el punto de que el Caos parecía haber quedado detenido en el aire.

O lo habíamos conseguido, o lo que estábamos a punto de presenciar sería nuestro fin.

La arremetida de Felipe fue algo incierta, fruto de habernos visto en la situación estrafalaria que estábamos supuse. Al menos hasta que la enorme mano cayó al suelo. Cualquiera hubiera esperado que su caída hubiera dejado un humeante cráter con Caos y un estruendo digno de ser recordado... pero toda mi atención se la estaba llevando la pérdida del miembro de Xihn, en cuya carne empezaba a filtrarse la Luz del arma de Felipe.

Desde mi interior, sentí una última sacudida.

«¡CÓGELO TODO!»



Era como si una garra se hubiera encargado de atrapar y llevarse las fuerzas que me quedaban, si es que me quedaba alguna. Y me dejé caer por completo al suelo, exhausto. Durante unos segundos, la lúgubre tierra del Reino de la Oscuridad fue la cama más cómoda que había tenido en años.

Porque me había soltado, sí, pero solo después de ver lo que había pasado. No sabía si el Caos estaba volviendo hacia Xihn, debilitándose o extinguiéndose poco a poco. No me importaba. Porque todos, cogidos de las manos, lo habíamos conseguido.

«Y ella sigue con vida.»

¡¡Atacad!! —Alcé la vista, para encontrarme con la Maestra Nanashi y su Llave Espada dispuestas contra Xihn—. ¡¡ATACAD AHORA!!

Un último empujón.

Casi con desesperación, rebusqué en mi bolsa y empecé a beber el contenido de las Ultrapociones, Éter y Elixires casi como si de agua se tratasen. Poco a poco el calor empezaba a volver a mi cuerpo, el temblor y los cosquilleos se iban desvaneciendo.

L-lo logramos… —mascullé, reincorporándome todavía con algún esfuerzo pero sin dirigirme a nadie en particular.

Teníamos que hacerlo, me levanté tambaleándome todavía un poco en el intento e invoqué la Llave Espada para acabar de sostenerme. Cerrando los ojos por un momento, mi cuerpo empezó a sufrir los cambios del Estilo.

La magia fluía de nuevo, en un maravilloso torrente que había echado muchísimo de menos. Abriéndolos de nuevo, invoqué a Alice a mi lado. Estaba bien, se había recuperado por completo de las heridas producidas por los ángeles de Karel, y miró mi derredor con seriedad, soltando una exclamación al ver la criatura en la que Xihn se había convertido.

«Hay que atacarle con todo.»

«Ahora o nunca.»

Invoqué mis Alas de Equinoccio, echando un último vistazo a mis compañeros. Probablemente algunos de ellos ya hubiera empezado a atacar, llevados por las palabras de la Maestra.

¿Necesitas algo? —le pregunté a Celeste, antes de lanzarme a la embestida final. Bajé un poco la voz y alcé las comisuras de los labios, dándole un suave apretón en el hombro—. Lo habéis conseguido.

Asintiendo en dirección a Alice, mientras ella echaba a correr y yo a volar, el plan era relativamente sencillo: intentamos acercarnos todo lo que pudimos, evitando entrar en contacto con el Caos en todo momento y vigilando de no interferir y esquivar los ataques de nuestros compañeros —en mi caso ir por el cielo sería una ventaja, o eso esperaba.

Una vez estuviéramos lo suficientemente cerca de Xihn, Alice atacaría por el frente allí dónde los hechizos de nuestros compañeros se estuvieran centrado, o en su defecto al brazo que no había perdido. Si podía ayudar a alguien más que estuviera allí, lo haría.

Y yo utilizaría toda la fuerza que me otorgaba el estilo, y la liberaría en el Caballero del Abismo.

Ninguno de los dos se quedaría en el epicentro de hechizos del que nuestro enemigo se volvería objetivo, así que volvería a por ella inmediatamente después de haber terminado y nos acercaríamos a los Maestros o compañeros que lo estuvieran rodeando para ayudar.

En cuanto viera que ninguno de nuestros compañeros estaba cerca de Xihn, me bebería un último Elixir y concentraría la Oscuridad restante en mi mano derecha, para lanzar un Sagitta Tenebris con tal de intentar apoyar al resto de ataques que se estuvieran lanzando.

Habíamos conseguido algo que parecía imposible, no podíamos fallar. Xihn tenía que caer.

Spoiler: Mostrar
— Ultrapoción x2

— Elixir x2

— Éter x1

— Si Celeste se lo dice, Saito le dará los objetos curativos que necesite (Si los tiene en el inventario xD)

— Estilo Rex Abyssum (10PH)

Alice (HM) [Nivel 22] [Requiere Afinidad a Oscuridad; Poder Mágico: 60]. Saito utiliza un recipiente de barro con forma humana para invocar a Alice, siguiendo ésta sus órdenes. Se aprovecha de su alta velocidad para atacar con una guadaña de oscuridad durante dos rondas a los objetivos. Puede dañarse, pero al ser de barro no tendrá problemas en seguir peleando hasta agotar su tiempo.

Alas del Equinoccio (HM) [Nivel 9] [Requiere Poder Mágico: 11, Afinidad a Oscuridad] Crea unas alas de Oscuridad adosadas a la espalda que permiten planear a gran velocidad o volar. Dura un máximo de un post.

Caballero del Abismo (HC) [Nivel X]. El aura que rodeaba a Saito se transmite a su arma blanca o Llave Espada, éste se mueve a gran velocidad hasta detrás de un enemigo y ejecuta un corte con su arma que produce gran daño.

— Elixir x1

Sagitta Tenebris (HM) [Nivel 21] [Requiere Afinidad a Oscuridad; Poder Mágico: 30]. El usuario dispara una concentración de poder mágico hacia el cielo, que al llegar se fragmenta y cae en forma de una lluvia flechas que ataca a todos los enemigos en un radio de 5 metros.
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Re: [Evento Global Final] Un Reino de Luz y Oscuridad

Notapor Tsuna » Vie Ago 10, 2018 11:45 pm

Se hubiese esperado desde una cara llena de mal humor hasta unas palabras por su parte, pero Alanna sencillamente se quedó mirándola sin nada que decir. Todavía intentaba descifrar qué se le había pasado por la cabeza cuando llegaron los demás... Blancanieves, Cenicienta, e incluso Andrei, por un momento se preguntó qué hacía ese todavía por ahí.

Hacía tan solo unos momentos que Celeste les había contado el plan...

El plan es sencillo: hacer que el tiempo retroceda para Xihn. Nos libraremos de buena parte del Caos y quizás hasta le debilitemos. El problema es que hace falta muchísima energía. Estad preparados para quedar en las últimas... en el mejor de los casos. Lo siento. No os lo pediría si no fuese absolutamente necesario, pero puede que no baste con Chihiro y yo solas.


Saeko había estado al borde del peligro tantas veces que ya no le daba miedo la muerte, y es que así había sido desde sus inicios como aprendiz en Bastión Hueco. Ahora que contaba con la ayuda de Friederike... y de todos los que la acompañaban en aquella tarea, sentía que debía volver a darlo todo. Y no dejaba de resultar irónico lo mucho que había cambiado, de querer huir por no querer responsabilizarse de nada a no dudar en dar su vida y sacrificarse.

Estaban faltos de opciones, eso era verdad, pero a diferencia de gente como Andrei, Saeko sí sentía que estaba haciendo lo que quería y tenía que hacer después de tanto tiempo, no hacía falta recordar que en su día se habían visto rodeados de enemigos mientras mundos enteros caían en la oscuridad delante de sus narices; se había visto superada y había escapado.

Pero el camino que llevaba recorrido a esas alturas la hacía reflexionar: podía llegar a ser una mujer fuerte, noble e independiente, al igual que lo eran sus maestros. Sentía que de verdad podía marcar un camino.

Y es que se vio tan llena de determinación que pareció que su pecho no pudiese darle cabida.

Fue en ese entonces cuando empezó a sentirse rara, como si le empezaran a quitar el aire de los pulmones poco a poco, a lo que bajó la vista y se concentró, intentando respirar con calma. Sin embargo el tirón que sentía a través de la mano que sujetaba la de Alanna no tardó en volverse constante, molesto y agotador, y la sensación no parecía que fuese a parar.

Retroceder el tiempo de Xihn... no tenía del todo claro qué significaba aquello y sentía que no era la primera vez que escuchaba ese término. Lo único que podía hacer era aguardar y aguantar.

Aun así Xihn seguía enfrentando a sus compañeros en la distancia, el príncipe Felipe protegido por las esencias, Ariel, los maestros y Nithael. Era complicado centrarse teniendo un escenario como ese delante, solo podía esperar que Xihn no se fijara en ellos o que nos les alcanzara una bala perdida.

¡QUIÉN ES EL DESGRACIADO QUE HA ABANDONADO A MI HIJO!

«Oh no...»

La preocupación crecía por momentos, ¡pero tampoco podía hacer nada! Al fijarse en derredor con un mínimo de esfuerzo percató que tanto Saito como Andrei estaban casi en el suelo y las princesas, e incluso ella, iban por el mismo camino.

Las rodillas le empezaron a temblar.

«Si logramos no desmayarnos y Chihiro alcanza su propósito, prepárate de inmediato para atacar. No debemos perder un solo instante.»

«Sí.»

La orden de Friederike de atacar en cuanto hubiesen terminado parecía cuanto menos ardua e imposible, pero tenía que hacer el esfuerzo, un último esfuerzo. Tenía que hacerlo. No tenía otra opción.

Los movimientos y alaridos de Xihn se volvieron todavía más caóticos y salvajes, era solo mirar adelante para ver a lo que estaban sometidos los valientes que todavía seguían allí. Fue el canto de un pájaro el que pareció indicar un cambio en el curso de la batalla: Garuda. Pudo ver en la distancia a Lyn volviendo a la carga y al príncipe Felipe intentando algo mientras dejaba atrás a Zel con su escudo. Xihn, que parecía desconcertado por alguna razón que no alcanzaba a comprender, no tuvo opción de defenderse cuando el hombre le cortó parte del brazo con su brillante espada.

Saeko estaba hiperventilando, acalorada, solo observaba los movimientos de los demás frente a la criatura mientras empleaba sus últimas fuerzas en no caer al suelo, era por ello que no lograba entender del todo lo que estaba pasando. Para ella sus sentidos ya no le transmitían la información de su alrededor de forma apropiada, apenas sentía sus piernas y sus brazos, mucho menos su mano, con la que sujetaba a Alanna y que suponía que seguía haciéndolo. No quería ni mirar, y de haberlo querido tampoco hubiese sido posible, pues era Friederike la que la mantenía con los ojos abiertos.

Se sentía metida dentro de una burbuja, aislada de todo, mientras su cuerpo se encontraba al límite de sus fuerzas. Simplemente... aguantaba allí, de pie.

«Hacer retroceder... el tiempo de Xihn... funciona...»

Ya ponía sobre la mesa un esfuerzo enorme por pensar, mantener su mente activa ante el estupor para no derrumbarse.

¡¡Atacad!! ¡¡ATACAD AHORA!!

Spoiler: Mostrar


El caso era que Xihn se estaba debilitando y la oscuridad y el Caos estaban retrocediendo, deshaciéndose.

Saeko se separó de Alanna con brusquedad como si hubiese estado metida a presión dentro de una lata por mucho tiempo y su cuerpo ahora le pidiese un respiro. Cayó al suelo, aturdida, mareada, se esforzaba por respirar todo lo que podía con auténticas bocanadas.

La gente ya se movilizaba para atacar sin tregua a lo que estaba quedando de Xihn, una sensación de satisfacción la recorrió por dentro, pero necesitaba un poco, solo un poco de tiempo para recuperarse.

Con la mano temblorosa agarró pociones y éteres que bebió con ansia para recuperarse. Seguía sintiéndose un poco rara pero había logrado que el estupor y los temblores ya se le estuviesen pasando. Con algo de dificultad, se puso en pie. Después se espabiló masajeándose la cara y los ojos por unos momentos. Meneó la cabeza y volvió a centrar su vista en Xihn.

«Vamos allá, su majestad.»

Pudo ver a Saito usar su habilidad para ir volando directo contra Xihn, Alanna también se preparaba para atacar. Ella se limitó a alzar su mano ante sí, preparada para convocar sus hechizos más poderosos en cualquier momento.

«Desatando la oscuridad de mi corazón podría desencadenar mis hechizos más poderosos, pero ahora que estamos juntas no sería del todo cómodo ni justo para usted, ¿verdad? Además, creo que será una buena oportunidad para dejar de depender tanto de la oscuridad.»

Se mantuvo un momento a la expectativa, concentrándose, quería atacar en el momento adecuado y posiblemente volvería a consumir toda su magia con la andanada que iba a lanzar, sus hechizos de hielo podían ser peligrosos para aquellos que pudiesen acercarse.

«Tengo curiosidad, ¿qué piensa de la magia de hielo?»

¡Cuidado, apartaos! —advirtió a aquellos que pudiesen estar cerca de Xihn.

Movió el brazo con violencia y convocó dos hechizos Glaciar bajo Xihn, abarcando toda la zona. Las estalagmitas brotaron y atravesaron todo lo que encontraron, sin piedad.

Un último esfuerzo y la pesadilla terminaría para siempre.

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Saeko se toma:

— Ultrapoción x2

— Éter x3 (para curarse el poder mágico normal)

Y usa dos veces su habilidad:

Glaciar (HM) [Nivel 28] [Afinidad a Hielo; Poder Mágico: 45] Saeko invoca del suelo y en un punto en concreto, que abarca cinco metros de radio, una enorme cantidad de estalagmitas heladas de gran tamaño, elevando en el aire o atravesando a los enemigos que encuentre. Se deshacen de inmediato tras el ataque.
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