[Port Royal] Sombra de Luna

Trama de Malik, Hana y Jess

La aparición del bando de Bastión Hueco ha colocado a la Orden de los Caballeros de la Llave Espada en una tensión creciente difícil de remediar. ¿Llegarán a enfrentarse ambos bandos en conflicto, o será posible la paz?

Moderadores: Suzume Mizuno, Astro, Sombra

Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Nell » Jue Ene 23, 2014 5:36 am

Ser insultado por una don nadie como Hana no debió de sentar muy bien al mercenario, a juzgar por su mirada, pero la joven ignoró el peligro en el que había estado a causa de la pelea que se estaba formando al otro lado del barco. Vio de refilón a Jess con su Llave Espada y se preguntó si ella también estaba intentando probar su valía, sin pararse a pensar en lo perjudicial que sería esa gran llamada de atención.

Sin embargo, frunció el ceño, cuando relacionó la sorpresa de Rosa con la hostilidad del líder. ¿Qué habían reconocido? ¿La magia? ¿O la Llave Espada? Tal vez estaba haciendo suposiciones muy rápidamente, pero cuando posteriormente ganó el supuesto interés de Rosa, no pudo evitar inquietarse y pensar que estaba en lo correcto.

Ana Lucía interrumpió la pelea con un pistoletazo, llevó a Jess y a su amigo a otro lugar y las oficiales trataron de restaurar la calma. No obstante, los murmullos llegaron hasta oídos de Hana, que fingía no escuchar e indiferente, a pesar de las miradas de reconocimiento del resto como una de las compañeras de la problemática.

No le gustaron las sonrisas de Rosa y Vanora, así como el silencioso gesto de Alejandro. Podía haber atraído su atención, sí, pero no le cabía duda de que ahora buscarían en ella otras cosas. Información, posiblemente.

Y la palabra de Rosa no valía nada. Era Alejandro quien mandaba, eso lo tenía muy claro. Y, la verdad, no estaba muy segura de querer trabajar con él. Demasiado frío y hostil. No lo quería de enemigo. Puede que incluso a costa del tesoro, aunque eso tendría que reflexionarlo más.

Inmediatamente después, llegó Faris y la arrastró con ella hacia la bodega, donde habían encerrado a Jess y habían llevado, junto a ella, a Ronin y Malik. También estaba presente Ana Lucía, quien comenzó una discusión con su Maestro.

Al contrario que el resto de los presentes, Hana estaba tranquila. Consideraba haber estado en una situación peor cuando tuvo que enfrentarse con meras palabras a Alejandro, a quien no se quitaba de la cabeza. Además, le hacía un poco de gracia el encarcelamiento de Jess. Por una vez, no era ella la culpable.

Y soltó una seca carcajada cuando se enteró de la travesura con el ron de Ronin. Ojalá continuaran los barriles allí. Se habría encerrado con Jess gustosamente.

Ana Lucía relató los cargos, entre quejas y críticas a su conducta, ante los que Hana silbó por lo bajo y comentó, poniendo una cara de fingida consternación:

¡Qué me dices! ―cerró los ojos con dolor, como si no pudiera haber sido perfectamente su situación.

Sin embargo, el discurso de Ana Lucía le era más útil por otra vía. No había ido mal encaminada cuando pensó que la capitana tenía interés en los mercenarios sólo en cuestión de número, pues ella misma lo reconoció. Y, supuso, ellos entraban en la bolsa de personas prescindibles en el retorno del viaje, con la excepción de que sabían hacer magia, Ana Lucía estaba enterada y no le importaba lo más mínimo.

A partir de ese momento, Hana guardó silencio. Pese a que la situación se la había tomado a broma al principio, era seria, y sus compañeros lucharon por defenderse e intentar arreglarla. Frustrar su empeño también la perjudicaría a ella y no tenía nada que aportar a sus propuestas.

E incluso, pensándolo bien, la resolución le daba igual. Si la trataban como a una más (o mejor dicho, como a la compañera de la loca problemática), se ganaría ella misma una reputación; si, en cambio, la identificaban como bruja, podía sembrar el terror entre los mercenarios que la tuvieran pavor. Las dos opciones sonaban muy, muy bien. Sobre todo en su cabeza.

Cuando Ronin la miró, al igual que a los demás, se encogió de hombros y se cruzó de brazos. El agua del suelo la molestaba, pero se negaba a reconocerlo, así que esperaría pacientemente a que Ana Lucía alcanzara un veredicto.

Sólo esperaba que las palabras de Jess fueran suficiente para que no la metiera en el mismo saco.
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Ronda 5

Notapor Suzume Mizuno » Sab Ene 25, 2014 1:50 am

¡Diles que no son más que gente normal!

Vuelve a darme una orden, mocosa —Ana Lucía amartilló su pistola y apuntó al interior de la jaula— y te juro que te vuelo la tapa de los sesos.

Dicho esto, la capitana bajó el arma con una última mirada amenazante. Apartó su atención de Jess en el momento en el que el Malik comenzó a hablar.

Quizá… La tripulación no os creerá si negáis que somos magos. Podéis decir que nos contratasteis porque también hay hechiceros en la… flota enemiga, y no existe mejor manera de enfrentar a un brujo que otro brujo. En cuanto a vuestros mercenarios heridos —Malik miró de reojo a la muchacha y añadió—. Siempre puede curarlos ella antes de entrar en combate.

Ana Lucía sonrió de medio lado ante el tono con el que hablaba el hombre, como si avanzara con pies de plomo. En comparación con Ronin y Jess, aquel comportamiento le resultó mucho más aceptable. Clavó la mirada en la pelirroja, a la espera de una respuesta. Bastante más apocada, la muchacha no levantó los ojos del suelo mientras decía:

Podría hacerlo... —Ana Lucía soltó un gruñido difícil de interpretar—. Sabiendo la falta que nos hacen esos hombres, no volveré a herir a ninguno. Lo prometo...si no confiais en mi palabra, estoy dispuesta a ir pegada a la señora Segunda-de-abordo o a la excelsa capitana Ana Lucía. —y elaboró una pronunciada reverencia que le hizo poner los ojos en blanco a Ana—. Eso… o podéis dejarme aquí encerrado y esperar al inminente motín, provocado por el miedo y las supersticiones de este decadente lugar, en el que todos y cada uno de los presentes acabaremos muertos.

Al escuchar la palabra «decadente» el gesto de la capitana se tornó lívido. Todo ocurrió muy rápido, tanto que los aprendices no tuvieron tiempo de entender qué había sucedido hasta que pasó todo. Sólo escucharon el restallido de un disparo y de repente sintieron el picor de la pólvora.

Ronin sostenía con firmeza el brazo de Ana Lucía, haciendo que su arma apuntara hacia el techo, donde se había abierto un boquete humeante. El gesto de la capitana hablaba por sí solo: su intención había sido cumplir su amenaza.

Lo siento, Ana, pero no puedo dejar que mates a mis aprendices, por cabeza huecas que sean —sonrió Ronin.

Ana Lucía apartó los ojos de su objetivo y los clavó con una ira helada en Ronin.

La próxima vez que tenga que soportar un insulto por cualquiera de tus críos desapareceréis todos como lo haces siempre o habrá un cadáver que entregar a las sirenas.

¡Me parece justo!

Ana Lucía guardó su pistola y masculló:

Mis mujeres saben más acerca de la magia de lo que podáis imaginar. La mayoría han sido acusadas y perseguidas por bruja, aunque no lo sean en realidad. Pero para convivir con las sirenas y las bestias que las acompañan hace falta creer en todas las fuerzas de este mundo, por lo que saben aceptar la naturaleza de la magia. Ninguna se rebelaría contra mí por haber traído a magos a mi barco. Y si tengo que matar a todos los supersticiosos hombres que hay en este barco por proteger a mi tripulación, lo haré.

»¡Que no salgan ni prueben bocado hasta mañana, segunda de abordo!


La capitana del Sombra de Luna dejó la bodega con paso firme y despotricando con todas sus fuerzas. Faris dirigió una mirada helada a Jess y dijo:

Si quieres mantener la cabeza sobre tus hombros, más te valdría no volver a insultar nuestro barco.

Y pasó entre Hana y Malik sin dirigirles ni una mirada en pos de su capitana.

Lo primero que hizo el Maestro, una vez se quedaron a solas, fue dirigir su ojo con suma seriedad hacia Hana y Malik. El gesto habló por si solo: quería quedarse a solas con Jess.

Cuando los dos hubieron obedecido, Ronin puso los brazos en jarra, arqueó las cejas y fulminó con la mirada a la chica. Era una sensación extraña la de no ver al Maestro sonriendo, dispuesto a bromear y a pasar por alto sus meteduras de pata o a ignorar sus problemas.

Por una vez, el Maestro estaba serio. Casi enfadado.

¿Pero en qué estabas pensando, niña? —exclamó entonces. Introdujo la mano en la jaula y le dio un tirón tan fuerte en la oreja que casi se la arrancó—. ¡Escúchame, Jess! Hay momentos en la vida en los que hay que tragarse el orgullo y mantener la boca cerrada. ¡Y tú lo estás haciendo de pena!

Ronin la soltó y retrocedió para sentarse frente a ella, tomando aire y expulsándolo lentamente. Se llevó la mano a la barbilla, acariciándose la barba con lentitud.

¿Qué es lo que quieres que te diga, Jess? ¿Que casi logras que te maten? ¿Que Hana y Malik dependen de ti? —suspiró con pesar, negó con la cabeza y bajó la mirada—. Eres mayorcita para saber lo que debes hacer. Pero ten discreción, Jess, porque no voy a poder salvarte la próxima vez. Ya has visto cómo es Ana Lucía…

El Maestro le dio la espalda y la dejó a solas en su reducida cárcel.

****


El resto del día pasaría sin sobresaltos para los tres aprendices, una encerrada, los otros dos trabajando en la cubierta sin descanso. Ana Lucía hizo como había sugerido Malik y anunció oficialmente que en el barco había gente que sabía utilizar la magia. A partir de ese momento los mercenarios miraron con hostilidad a los dos aprendices; las mujeres, en cambio, parecieron conformarse con saber que su capitana había aceptado a los hechiceros en el barco y continuaron con sus tareas sin protestar.

A Ronin no lo volvieron a ver.

Pronto cayó la noche.

****


Hola, guapa —llamó a Jess una voz cuando estaba medio adormilada.

A pesar de que la luz del candil se había acabado hacía bastante rato, una vela brillaba a poca distancia de nuevo. Jess se llevaría una buena sorpresa al ver que Rosa estaba acuclillada frente a ella y traía un mendrugo de pan y un tosco vaso con ron. Se los tendió a través de los barrotes.

No eres la primera ni la última que será castigada por mostrar su magia. No te desanimes, no he oído nunca que la capitana ejecute a ninguna bruja por tener talento mágico. Es más, creo que insiste en mantenerlas a su lado…

»Y las cosas se han calmado bastante allí arriba. Ahora que sabemos que hay magos entre nosotros, podemos enfrentarnos con más tranquilidad a los hombres de esa tal Chihiro. Porque todos sois magos, ¿verdad? La capitana no lo ha confirmado por completo y las mujeres no dejan de cuchichear sobre el tema.


De pronto, la joven le tomó la barbilla con una mano y la examinó con ojo crítico.

Sería una pena que te enemistaras tanto con ella que no te dejara salir durante el resto del viaje. Porque por mucho que ese repugnante hombre se mereciera la paliza que le has dado, la verdad es que tenía razón sobre ti —le guiñó un ojo—.Eres todo un encanto.

Retiró la mano, sonrió una última vez a Jess y recogió el vaso para no dejar ninguna prueba. Luego se marchó apresuradamente sin hacer ningún sonido. Sólo la vela quedó atrás, para que la aprendiza no se quedara a oscuras, aunque convendría esconderla para que nadie supiera que la habían visitado por la noche.

****


La luna brillaba en el cielo nocturno y el galeón dejaba una estela oscura a su paso por el mar, que parecía un cristal pulido. El horizonte no se divisaba, era como si cielo y océano formaran un mismo ser y navegasen sobre las mismas estrellas.

Faris había salido a la cubierta y se apoyaba contra la amura mientras tomaba una botella de ron y veía ondear el agua que chocaba contra el casco. Malik, que tenía guardia esa noche, podía verla claramente.

En un momento, la joven miró en su dirección y sus ojos se encontraron por unos instantes. Luego le hizo un gesto para que se acercara.

Así que eres un mago —le tendió la botella, invitándole a echar un trago—. Debería haberlo imaginado, ya que venís con Ronin.

»Lamento lo que ha pasado, pero vuestra amiga es una idiota. Nadie puede insultar al barco de un capitán en su presencia y salir indemne. En especial para nosotras, Sombra de Luna es el único lugar donde somos libres y no tenemos que fingir ante nadie.


Quizás fuera el exceso de ron o que, simplemente, Faris quería hablar con alguien a quien no viera todos los días. O que se sentía cómoda con Malik. En cualquier caso, continuó diciendo con voz ronca por el alcohol, perdiendo la mirada en el hermoso mar:

No condenaríamos a nadie por su magia, mientras no nos hiciera daño. Al fin y al cabo, nosotras también hemos pactado con los seres oscuros. Aunque, ¿qué remedio queda? En este mundo no hay muchas más salidas. Nos habríamos convertido en carnaza de los demás piratas si no fuéramos fuertes y tuviéramos un seguro…

Arrebató la botella a Malik y dio un largo trago. Entonces dijo, arqueando las cejas:

¿Qué es lo que buscan aquí unos magos? ¿Realmente os interesa el tesoro? —guardó un silencio—. No contestes si no quieres. No voy a obligarte. Aunque estaría bien que me contaras algo. Quizás, ¿cómo has acabado con un hombre tan extravagante como Ronin?

Sonrió de medio lado, esperando una respuesta.

****


Hana dormía en uno de las hamacas que habían tendido en una de las cubiertas interiores poco antes de que anocheciera. La cena había sido parca, pero le había llenado el estómago y seguramente se sintiera cansada después de un día de tantas emociones y trabajo. A ello contribuiría el movimiento del barco, que mecería con lentitud a la joven.

Y habría continuado dormida si no hubiera sentido algo extraño. Entre los ronquidos ocasionales de las mujeres y el crujido de la madera, hubo algo diferente. Una especie de chapoteo.

El lugar estaba completamente oscuro, pues se apagaban todos los candiles para evitar a toda costa un posible incendio. Pero la puerta que daba a aquella zona estaba abierta y una figura bajaba en silencio por las escaleras.

Si esperaba un poco comprobaría que era, sin duda, una mujer. Y una mujer que parecía no tener ninguna prenda encima, sólo los cabellos que goteaban dejando un rastro a su paso.

La extraña se dirigió de puntillas, con elegancia y movimientos casi gatunos hasta la zona donde dormían Vanora y Rosa. Pero incluso desde ahí y agudizando mucho la vista, Hana vería que sólo estaba la gigante calva. ¿Dónde andaría su compañera?

La mujer se retiró, meneando la cabeza con disgusto, y luego se dirigió de puntillas hacia… Hana. Cuando estaba a unos centímetros de ella extendió la mano en dirección a la aprendiza…

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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Tanis » Sab Ene 25, 2014 3:25 pm

Estaba seguro de que su idea había sido bien acogida, no por nada la capitana se había calmado un poco al escucharlo. Por primera vez en mucho tiempo se sintió bastante inútil, no sólo por el hecho de no tener la situación en las manos, si no porque en realidad, su destino pendía de de la decisión de esa mujer. Aunque no era ese detalle el que le irritaba, en realidad.

Esperaba que Jess supiera elegir las palabras adecuadas. Era tan impulsiva, y a veces poco juiciosa, que esperaba pudiera corregir esa forma de ser durante misiones peligrosas. Uno no podía ir armando jaleo así como así, aunque te insultaran. Eran aprendices de Llave-Espada, se debían a mantener el equilibrio entre los Mundos, no a tratar de desestabilizarlo.

… inminente motín, provocado por el miedo y las supersticiones de este decadente lugar, en el que todos y cada uno de los presentes acabaremos muertos.

«Oh, no », pensó en el segundo siguiente, a la vez que Ana crispaba su expresión y apuntaba de nuevo a Jess, dispuesta a disparar. El cañón humeó y tronó, y Malik contuvo el aliento, al ver que Ronin sujetaba el brazo de la capitana en alto.

Sobre sus cabezas, un agujero astillado y algo quemado humeaba en silencio, que se volvió denso y pesado a medida que pasaba el tiempo y Ronin esbozaba una sonrisa.

Lo siento, Ana, pero no puedo dejar que mates a mis aprendices, por cabeza huecas que sean.

La próxima vez que tenga que soportar un insulto por cualquiera de tus críos desapareceréis todos como lo haces siempre o habrá un cadáver que entregar a las sirenas.

¡Me parece justo!

«Genial», Malik puso los ojos en blanco, más por el hecho de que Ronin estuviera de acuerdo, que por el trato en sí. La ira ciega y fría de Ana se podía palpar y Malik anotó mentalmente nunca, jamás, por ninguna razón, decir algo malo del barco.

«Es como decir que el caballo de uno es flaco y cojo aunque sea el mejor purasangre… te hiere el orgullo».

Mis mujeres saben más acerca de la magia de lo que podáis imaginar. La mayoría han sido acusadas y perseguidas por bruja, aunque no lo sean en realidad. Pero para convivir con las sirenas y las bestias que las acompañan hace falta creer en todas las fuerzas de este mundo, por lo que saben aceptar la naturaleza de la magia. Ninguna se rebelaría contra mí por haber traído a magos a mi barco. Y si tengo que matar a todos los supersticiosos hombres que hay en este barco por proteger a mi tripulación, lo haré.

»¡Que no salgan ni prueben bocado hasta mañana, segunda de abordo!

Se mantuvo apartado de su camino, callado, y observó la marcha de ambas mujeres, la capitana y la segunda de abordo, por el rabillo del ojo.

Si quieres mantener la cabeza sobre tus hombros, más te valdría no volver a insultar nuestro barco —oyó que mascullaba Faris.

«Lo sabía… »

Esperaba poder quedarse a solas con el maestro y sus compañeras, para discutir un poco el modo más adecuado de proceder, pero al instante la idea le pareció un tanto superflua. Pero fueron los ojos serios de Ronin, nunca antes vistos de esa manera, los que hicieron que Malik, al menos, asintiera con un cabeceo y saliera de la bodega, rumbo a la cubierta.

Suponía que debería seguir con el trabajo, tenía que mostrar aún más buena voluntad después de lo que había pasado. Sin embargo, esta vez fue más difícil, porque aunque las mujeres, tal como había dicho Ana, conocían de la magia y habían sido acusadas de brujería muchas veces, a los mercenarios hombres sí que les importaba el hecho de que hubiera magos visibles en el barco. Malik ignoró en su mayor medida las auras hostiles que emanaban de esos hombres, y se concentró en seguir todas y cada una de las órdenes que le dirigieran, sin mirar a nadie, sin hablar con nadie.

A pesar de que Hana estaba cerca, pensó que estaría bien si los hombres no pensaban que andaban conspirando contra ellos, o algo parecido.

No podían cometer más errores.

Ronin no volvió a dejarse ver, y el crepúsculo le envolvió casi sin que se diera cuenta, mientras las estrellas empezaban a guiñar, y a anunciar la oscuridad de la noche.

****


Tal y como había pedido, Malik fue asignado a la primera guardia del barco. No era una tarea muy difícil. Simplemente tenía que estar ojo avizor, y aguzar el oído, por si acaso aparecía algún barco en su rumbo, o sucedía cualquier cosa que necesitase de la capitana, la segunda al mando o la tripulación. No era difícil, y no tener sueño ayudaba bastante. Aunque las emociones del día podrían haber cansado a cualquiera, sobre todo el trabajo duro, la verdad era que estaba nervioso, y eso le ayudó a mantenerse despejado.

Ninguna luz brillaba, salvo la de la luna, tan hermosa y plateada como la recordaba. Era curioso, como todos los Mundos compartían algunas cosas tan simples, y a la vez tan nostálgicas…

Desde su puesto podía ver casi toda la extensión de la cubierta y el castillo de popa. Nada a excepción del agua lamiendo el casco del barco sonaba. Hasta que tenues pasos hicieron crujir la madera y él se tensó, alerta…

… hasta que vio a Faris caminando por la cubierta para apoyarse en la amura de estribor, con una botella de ron en la mano. La conversación de esa mañana hizo eco en su cabeza y se humedeció los labios, algo inquieto. Entonces ella le miró, a través de toda la distancia que les separaba, en medio de la noche, y le hizo un gesto para que se acercase a ella.

Y él, por supuesto, obedeció.

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Así que eres un mago —cogió la botella suavemente cuando se la ofreció, y echó un trago. Ese brebaje llamado ron quemaba como mil demonios juntos, pero tragó y sintió el ardor en la garganta, sin toser—. Debería haberlo imaginado, ya que venís con Ronin.

»Lamento lo que ha pasado, pero vuestra amiga es una idiota. Nadie puede insultar al barco de un capitán en su presencia y salir indemne. En especial para nosotras, Sombra de Luna es el único lugar donde somos libres y no tenemos que fingir ante nadie.

Malik torció un poco el gesto, apoyándose junto a ella, quizá mirando hacia el inexistente horizonte nocturno. Echó otro trago.

No tienes que disculparte —dijo, obviando el detalle de que él como tal no sabía hacer magia. Era algo que prefería guardarse si no era necesario contarlo—. Jess cometió un error, es vivaz, y enérgica… y joven —esbozó una sonrisa débil, meneando la cabeza—. Cuando uno es joven hace muchas tonterías, como llamar decadente al sitio más importante para alguien que no tiene nada más.

Ladeó la cabeza para mirarla. A penumbra con la luz plateada de la luna estaba muy guapa también. No supo si era el alcohol o algo más, pero se relajó, acomodándose un poco con la conversación. Era muy fácil soltarse si con quien hablabas se mostraba tranquilo y agradable.

No condenaríamos a nadie por su magia, mientras no nos hiciera daño. Al fin y al cabo, nosotras también hemos pactado con los seres oscuros. Aunque, ¿qué remedio queda? En este mundo no hay muchas más salidas. Nos habríamos convertido en carnaza de los demás piratas si no fuéramos fuertes y tuviéramos un seguro…

Entiendo —claro que entendía, muy a su pesar. Los hombres siempre hacían lo imposible por mantener a las mujeres bajo su dominio, y cuando ellas se revelaban… bueno, nunca pasaban cosas buenas. Él también había pecado de ello, y no podía decir que no se sintiese avergonzado de eso—. Es difícil ser mujer… y eso os hace más fuertes.

Dejo que ella retomara la botella.

¿Qué es lo que buscan aquí unos magos? ¿Realmente os interesa el tesoro?

Pues…

Se calló entonces. No estaba seguro de si sería buena idea decirle algo sobre la misión.

No contestes si no quieres. No voy a obligarte. Aunque estaría bien que me contaras algo. Quizás, ¿cómo has acabado con un hombre tan extravagante como Ronin?

Su media sonrisa quizá le animó, un poco, a contar parte, no todo, ya que ella había sido sincera respecto a propios detalles. Malik alzó la vista al cielo durante unos segundos, pensando en lo lejos que debía de estar Tierra de Partida, o incluso Agrabah.

Bueno… Podría decirse que estaba perdido, y él me dio la oportunidad de hacer algo de provecho con mi vida —aunque era Lyn a la que le debía aquella oportunidad, nunca lo olvidaba. Su maestra pudiera pecar de mal carácter, pero él la llevaba en el corazón—. Puede que sea extravagante, pero… sabe lo que hace.

Exhaló un suspiro, desviando la vista hacia el agua.

No sé si algún día llegaré a poder pagarle por todo lo que ha hecho y va a hacer por mí, la verdad —sonrió de lado—. Aunque quizá si consigo parte de ese tesoro pueda —era una pequeña broma, sabía que ni todo el oro del Mundo podría pagar esa deuda. Bufó una débil risita y miró a Faris de nuevo, curioso—. ¿Qué hay de ti?, ¿cómo terminaste a las órdenes de Ana Lucía?
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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Sometron » Jue Ene 30, 2014 1:48 am

Mientras la chica hablaba, la cara de la capitana se transformó por completo en cuestión de unos instantes. Una pequeña explosión sonó, Jess se puso en pie de un salto y puso una mano sobre su pecho, comprobando que no había una bala en él. Y luego recorrió la estancia con la mirada.

Sus dos compañeros estaban ilesos y Faris seguía impasible, como siempre. Ronin se había movido y estaba sujetando el brazo de Ana, de forma que el cañón de la pistola señalara al techo.

¡¿Qué haces?! ¡¿Acaso estás loca?! —recriminó la aprendiza.

La chica era incapaz de comprender qué era lo que había podido ofenderle tanto, no creía haber dicho nada del otro mundo. ¿Quizá no le gustó aquella exageración de modales? ¿Se sentía insultada por creer que no podría sobrevivir ante un motín? Todo aquello era demasiado confuso.

Lo siento, Ana, pero no puedo dejar que mates a mis aprendices, por cabeza huecas que sean

La mirada asesina de la mujer se desvió de ella hacia el Maestro.

La próxima vez que tenga que soportar un insulto por cualquiera de tus críos desapareceréis todos como lo haces siempre o habrá un cadáver que entregar a las sirenas.

<<¿Un insulto?>>

Obviamente se había burlado un poco del tono de la capitana, pero ¿había sido tan grave cómo para intentar matarla? Su expresión dejaba bien claro que de no ser por Ronin, ella estaría cargada de plomo en aquellos momentos.

¡Me parece justo!

Ronin la soltó y ella enfundó el arma, la tensión podía palparse durante los segundos en que todos permanecieron en silencio. La joven levantó una ceja, cada vez más confundida. No llegaba a entender a qué venía todo aquello.

Mis mujeres saben más acerca de la magia de lo que podáis imaginar. La mayoría han sido acusadas y perseguidas por bruja, aunque no lo sean en realidad. Pero para convivir con las sirenas y las bestias que las acompañan hace falta creer en todas las fuerzas de este mundo, por lo que saben aceptar la naturaleza de la magia. Ninguna se rebelaría contra mí por haber traído a magos a mi barco. Y si tengo que matar a todos los supersticiosos hombres que hay en este barco por proteger a mi tripulación, lo haré.

»¡Que no salgan ni prueben bocado hasta mañana, segunda de abordo!

Ana Lucía salió de la bodega sin tomarse tiempo siquiera para escucharla, pero la segunda de abordo aún seguía allí

Si quieres mantener la cabeza sobre tus hombros, más te valdría no volver a insultar nuestro barco.

Eh… ¿cuándo he hecho yo eso? —miró llena de duda a sus compañeros, no entendía a qué se referían Faris y Ana.

Faris no pareció molestarse en responderle y salió de la bodega sin volver a mirarles. Luego el Maestro ordenó a Hana y Malik que se fueran sin usar palabras. Su cara expresaba seriedad por primera vez ante la aprendiz. Su expresión provocó que la chica se pusiera de muy mal humor, no merecía estar allí y no pensaba dejar que él también la culpara por ello.

¿Pero en qué estabas pensando, niña?

La mano de Ronin entró a través de las rejas y la cogió por la oreja. En un primer momento pensó que se la había arrancado de cuajo, dolía mucho.

¡Ah! ¡Eso due-!

¡Escúchame, Jess! Hay momentos en la vida en los que hay que tragarse el orgullo y mantener la boca cerrada. ¡Y tú lo estás haciendo de pena!

El Maestro la soltó, ella retrocedió inmediatamente hasta quedar apoyada contra la pared contraria, lo más alejada posible del Maestro. No sólo había hecho daño físico a la muchacha, también la había herido sentimentalmente. Quizá ella no había actuado del todo bien, pero su reacción no estaba justificada en absoluto; y unas disculpas —que probablemente nunca llegaran a producirse— no serían suficientes para reparar ese daño. Su respiración era sonora y acelerada, no sabía qué podía decir ante aquello: ella no había hecho nada más que defenderse y el mundo entero se le había vuelto en contra. Con la mirada fija en sus propios pies se dirigió al Maestro.

Entonces, según tú, ¿debería haber dejado que ese baboso me tocara y me llamara lo que él quisiera? ¿Y hacer lo mismo con el siguiente, que vendría porque el primero salió ileso de aquello? ¡¿Es eso lo que quieres?!

¿Qué es lo que quieres que te diga, Jess? ¿Que casi logras que te maten? ¿Que Hana y Malik dependen de ti?. Eres mayorcita para saber lo que debes hacer. Pero ten discreción, Jess, porque no voy a poder salvarte la próxima vez. Ya has visto cómo es Ana Lucía…

¡No! ¡No he visto nada! ¡No entiendo nada! No sé por qué esa loca ha intentado matarme, no sé por qué ese tipejo ha tenido que molestarme, no sé quién es esa tal Chihiro ni sé qué interés tienes en ella, ¡no sé nada!

>>De hecho, ni siquiera sé por qué me trajiste. Ya me viste en La Red, por poco morimos Malik y yo por mi culpa; no hice nada que ayudara, sólo compliqué aún más la situación. Así que dime tú, ¿por qué pensaste en mí para una misión tan importante...?

<<...si yo no sé hacer nada bien.>>

Cuando la chica volvió a levantar la vista, no había ni rastro del hombre que había estado allí unos momentos antes. Y no volvió a verlo durante el transcurso de aquel día.

* * *


El resto de la jornada transcurrió según lo esperado: sin agua ni comida y el sonido de las olas como única compañía. Tuvo tiempo para reflexionar y repasar todas y cada una de las palabras que había pronunciado, dándose cuenta así de que la capitana había malinterpretado sus palabras. Ella pretendía referirse al mundo de Port Royal con “decadente lugar”, pero la capitana había interpretado que se refería al Sombra de Luna.

<<Maldita pirata analfabeta>>

Pronto la Luna asomó y dio el día por finalizado.

* * *


Hola, guapa

Mientras dormía, una voz la despertó. Al principio sólo veía un punto de luz, pero cuando enfocó los ojos descubrió que se trataba de la mujer que se había presentado como Rosa. Se encontraba agachada frente a la celda y llevaba una vela, un vaso con algo que probablemente no era agua y un mendrugo de pan.

Jess se sorprendió al ver que pasaba el brazo entre los barrotes para entregárselos. ¿Ella tampoco se fiaba de Ana Lucía? En cualquier caso, empezó a comer y beber mientras la mujer hablaba.

No eres la primera ni la última que será castigada por mostrar su magia. No te desanimes, no he oído nunca que la capitana ejecute a ninguna bruja por tener talento mágico. Es más, creo que insiste en mantenerlas a su lado…

Pues no lo muestra demasiado abiertamente… —buscó con la mirada el boquete que había abierto el arma de la capitana en el techo.

»Y las cosas se han calmado bastante allí arriba. Ahora que sabemos que hay magos entre nosotros, podemos enfrentarnos con más tranquilidad a los hombres de esa tal Chihiro. Porque todos sois magos, ¿verdad? La capitana no lo ha confirmado por completo y las mujeres no dejan de cuchichear sobre el tema.

Esa pregunta no. Esa pregunta no podía contestarla, no podía molestar aún más a sus compañeros.

Eso no importa ahora —miró a su alrededor antes de seguir hablando—. Lo que más me preocupa es Ana, no me fío de ella; y por la charla que has tenido antes con Faris creo que tú tampoco. Quizá podría ser interesante una pequeña alianza. —esbozó una sonrisa pícara al acabar de hablar.

La mujer la cogió entonces por la barbilla y la analizó.

Sería una pena que te enemistaras tanto con ella que no te dejara salir durante el resto del viaje. Porque por mucho que ese repugnante hombre se mereciera la paliza que le has dado, la verdad es que tenía razón sobre ti —guiñó un ojo antes de seguir hablando—.Eres todo un encanto.

E-e-esto… ¿gracias?

Realmente no sabía qué pensar de aquello, ¿le había parecido agradable? No estaba segura y tampoco tenía ganas de averiguarlo, por lo que vio marchar a la exhuberante mujer e intentó dormir después de esconder bien la vela que Rosa le había dejado para iluminarla.

¿Podría dormir hasta la mañana siguiente sin sobresaltos?
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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Nell » Jue Ene 30, 2014 1:54 am

Por un momento, parecía que iban a conseguir convencer a la indomable Ana Lucía, con palabras cuidadas y muy bien elegidas, de cómo arreglar el problema. Incluso hubo cierto peloteo, al que Hana reaccionó igual que la mujer, ya que era exagerar las cosas. Estar dentro del calabozo de un barco pirata no era tan alarmante. Y entonces, todo se torció.

Ni siquiera lo vio venir. En apenas un parpadeo, que su mente no pudo interpretar hasta que acabase, Ronin se había situado frente a la capitana y le sostenía el brazo hacia arriba, desviando la trayectoria de la bala que iba a tener el nombre de Jess. La aprendiza se quedó boquiabierta, incapaz de creerse lo cerca que había estado de perder a su compañera, y repasando mentalmente todo lo que había ocurrido para encontrar las palabras que exasperara a Ana.

Ronin les defendió de la patente furia de Ana, a la que Hana veía capaz de reafirmarse de su mando con una segunda bala. Sin embargo, la influencia del Maestro, o la posibilidad de que todos marcharan de su barco y la dejaran con menos guerreros, la apaciguó lo suficiente para sólo prometer que les entregaría a las sirenas, a lo que Ronin accedió.

En realidad, pensó Hana, nunca dejaría que los matara. ¿O sí?

Ana Lucía se ganó el completo y absoluto respeto de Hana en cuanto sentenció que bien era capaz de sacrificar a todos los hombres abordo a cambio de proteger a su tripulación. Y que, además, con anterioridad habían sido proscritas perseguidas por la ley. ¿Las recogería Ana para salvarlas de semejante injusticia? ¿O habrían acudido a ella por ser su única vía de escape? Le habría gustado saber la respuesta, pero si bien admiraba a la capitana, le tenía también algo de congoja.

Al final, no le quedó muy claro si debía o no actuar como una bruja para guardar las apariencias, así que tomó nota mental y decidió que escogería uno u otro rol según le favoreciera la situación.

La conclusión más importante, sin embargo, fue la que más cerca estaba Hana de quebrantar: no ir en contra de Ana y su tripulación si no se quería arriesgar el pescuezo en el camino.

Desde luego, iba a ser un viaje movidito.


***



Al principio, le costó conciliar el sueño. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Estaba, por primera vez en mucho tiempo, acostada dentro de un barco al vaivén de las olas. Tenía sentimientos contradictorios, de nostalgia e incomodidad, puesto que un suelo seguro para dormir era siempre preferible al temperamental e impredecible mar.

Por un lado, nunca había imaginado un barco completo de mujeres piratas, libres e independientes, capaces de superponerse a hombres presentes en la embarcación, tan arrogantes siempre con sus supuestas dotes superiores de navegación. Tenían sus cosas buenas y malas, pero no dejaban de ser sorprendentes.

Por otro, nada más empezar el viaje, se había dejado llevar por su afán de coleccionismo, como lo llamaba ella, echándole el ojo a ese tesoro prometido. Sin embargo, analizándolo bien, no había sido una de sus mejores ideas. Conseguirlo la llevaría, quizá, a aliarse con personas en las que no podía confiar y enemistarse con toda la tripulación de Ana.

Si algún día abandonaba Tierra de Partida, ¿qué haría? ¿Adónde iría? No podía volver al barco de su tío. Cada año que pasaba, sus curvas, sus pechos y su rostro afianzaban más sus rasgos femeninos. Ni el propio capitán pasaría eso por alto, porque de todos era bien sabido que las mujeres traían mal agüero en los navíos. Perderían el respeto de los demás al consentir a una. Ya había tenido suficiente suerte con aceptarla cuando era muy niña.

Y entonces, ese mismo día, había conocido de repente lo que ni sus sueños habían sido capaces de imaginar. ¡Una tripulación pirata de mujeres! Mujeres, quizá… como ella.

Sí, definitivamente, si algún día abandonaba Tierra de Partida, le pediría a Ana Lucía que la permitiera unirse a su tripulación. Insistiría y suplicaría si fuera necesario, porque no tenía nada más. Ningún hogar donde alguien la esperara. Y vivir sola sería duro, sobre todo por las calles de Port Royal, donde se asegurarían de pisotear el poco orgullo que le quedara.

Sintió un escalofrío ante la vívida imagen que se había formado en su cabeza, y un poco también por el frío, y decidió poner la mente en blanco para facilitar el sueño. Finalmente, consiguió entrar en uno ligero.

En consecuencia, se despertó con el sonido de un chapoteo. Pensó que eran imaginaciones suyas, o nada demasiado preocupante. Intentó volver a dormirse, pero tenía el estómago revuelto después comer por primera vez en un barco en movimiento después de tanto tiempo y no se encontraba demasiado bien. Gracias a eso, pudo distinguir a la figura femenina que bajaba las escaleras hasta sus dependencias.

Había algo raro en ella. Hana observó, con los ojos entrecerrados, que parecía ir desnuda, chorreando agua, lo que explicaba el sonido. ¿Sería el hobby de alguna de las tripulantes? Lo dudaba mucho, y eso hacía aún más extraña la situación.

Se quedó inmóvil, contemplando sus movimientos, en dirección a las guardianas del muchacho. O donde, al menos, antes estaban las dos, pues en aquel momento sólo vio a Vanora. Llegó a la conclusión entonces que la extraña podía ser Rosa, que iba a su lecho tras… ¿un baño nocturno?

Sin embargo, tras un movimiento de negación, se retiró de la zona y se dirigió… directa hacia Hana. Si antes ya estaba inmóvil, fingiéndose dormida, ahora se quedó estática y casi en shock. ¿Era Rosa, no? ¿Y qué quería? ¿Iría a despertarla para decirla algo? Entonces, una vez terminó de acercarse, comenzó a estirar la mano en dirección a ella.

Todas sus alarmas internas estallaron. Por suerte, nadie salvo ella las escuchaba, puesto que habrían despertado a todo el barco. ¡Estaban intentando matarla! Rosa, o quien fuera. No le cabía duda de que el objetivo era su cuello. Bastaba retorcérselo para acabar con alguien que se había pasado de la raya. En algún lugar de las negociaciones, Hana había metido la pata y ahora iba a pagarlo.

Ana había anunciado por la tarde de la presencia de brujos en el barco. Inmediatamente, la reconocerían a ella como una, tanto las piratas como las dos guardianas, razón quizá suficiente para quitar a los problemas del camino. Sobre todo si se les tenía miedo. Hana, desesperada por huir del letal agarre, habría salido corriendo de no ser por la posibilidad que tenía de ser ella la que hiciera entrar en pánico a la otra persona.

No se permitió el momento de respirar profundamente para relajarse y saltó de la hamaca por el otro lado, con las rodillas flexionadas en una posición dispuesta para la acción.

¿Crees que es tan fácil matar a una bruja? ―susurró, consciente de que alguien también despierto podía oírla―. Tenemos poderes que ni en tus mejores fantasías serías capaz de concebir. Inténtalo otra vez y te mandaré a dormir con los peces.

De inmediato, se arrepintió. ¡Ni siquiera sabía a quién estaba hablando! Había estado tan convencida de que era Rosa que no se planteó otras alternativas para medir sus palabras. ¿Y si era Ana Lucía? Aplicaría la propia amenaza de Hana con ella misma. ¿Y Faris? Sin duda, no se lo tomaría a broma. ¿Y cualquier otro? Bueno, en ese caso, sí había hecho bien.

¿Quién eres? ¿Quién te envía? ―preguntó, intentando sonsacarle su identidad.

Ojalá fuera Ronin intentando gastarle una broma. Le odiaría por el susto, pero se arreglaría el delicado asunto en el que se acababa de meter.
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Ronda 6

Notapor Suzume Mizuno » Sab Feb 01, 2014 3:52 am

Las palabras de Malik habían hecho sonreír a Faris, que dio otro largo sorbo a su botella. Se limpió los labios con el pulgar y se quedó en silencio, meditando su respuesta unos instantes.

Desde pequeña me disfrazaba de hombre y me enrolaba a tripulaciones, hasta que me hice demasiado mayor para que no se dieran cuenta de lo que era en realidad. Así que hubo que elegir entre perder el mar y arriesgarse —sonrió a Malik—. Me arriesgué. Terminé por pagarlo caro —exhaló un suspiro y sacudió la cabeza, como ahuyentando recuerdos desagradables—. Ana Lucía atacó el barco en el que yo iba y en vez de matarme me ofreció unirme a su tripulación. No dudé. Y no me he arrepentido desde entonces. Amo el mar. Amo ser pirata. Y amo ser libre.

»En cuanto al tema del tesoro…


Faris soltó una risita socarrona.

¿Cuánta sangre estáis dispuesto a derramar, magos? Porque cuantas más personas matéis, más ganaréis —lo recorrió de arriba abajo con la mirada y arqueó una ceja, divertida—. Aunque la verdad es que ninguno de vosotros tiene pinta de haber matado a nadie.

Faris continuaba burlándose de Malik cuando de repente se volvió bruscamente y levantó una mano para indicar al hombre que no hiciera ruido. En medio del silencio, sólo roto por las suaves olas que chocaban contra el casco del barco, escucharon voces ahogadas y, de repente, que alguien subía rápidamente por las escaleras.

¿Por qué demonios arman tanto jaleo a estas horas…?

****


¿Crees que es tan fácil matar a una bruja? Tenemos poderes que ni en tus mejores fantasías serías capaz de concebir. Inténtalo otra vez y te mandaré a dormir con los peces.

La figura se quedó petrificada en el sitio y luego se encogió, en una postura defensiva pero, que a la vez, resultó agresiva. Como si sólo estuviera cogiendo impulso para abalanzar sobre Hana. Sin embargo, la mujer no atacó, sino que se quedó quieta, muy quieta, mirando lentamente a su alrededor.

Se escuchó un ronquido y alguien cambió de postura entre las hamacas. Pero nadie parecía haberse despertado.

¿Quién eres? ¿Quién te envía?

La figura soltó una ronca risotada.

La bruja despide olor a miedo —dijo una voz suave, encantadora, pero amenazadora. Tenía un acento extraño y le costaba moldear algunas palabras. Se le escapaba algún que otro silbido entre los dientes—. La bruja amenaza, pero no muerde. ¿Es que no se da cuenta de que a nosotras no se nos amenaza en nuestras aguas?

Se quedó un segundo así y Hana pudo sentir que la atravesaba con la mirada. Entonces, de pronto, echó a correr hacia las escaleras. A pesar de que a contraluz se podía ver claramente que era una mujer alta, con un cuerpo estilizado, se movía con dificultad. Como si no estuviera acostumbrada a correr. Si Hana decidía lanzarse tras ella, sería pan comido alcanzarla.

Pero si lo hacía, con un silbido, la joven se volvería hacia ella y le pegaría un mordisco en lo que tuviera más cerca. Y dolería como mil demonios: le desgarraría parte de la piel con un tajo casi animal que sólo podían causar dos colmillos. Además, la joven le golpearía en el estómago. Y, para ser alguien tan menudo, la fuerza del golpe dejaría a Hana sin aliento.

La muchacha, con la piel resbaladiza y húmeda, treparía escaleras arriba y saldría a la cubierta principal.

Si Hana salía, chocaría bruscamente contra alguien, que soltaría un gritito de la impresión, tambaleándose hacia atrás. La muchacha notaría que la rodeaban con un brazo y que un cuerpo se pegaba al suyo para mantener el equilibrio.

¡Uf, qué susto! —diría, bajito, a su oído, una voz conocida.

¡Alto ahí! —gritó entonces la voz de la segunda de abordo—. ¡Alto he dicho…!

Tanto Hana como Malik verían cómo la figura de la muchacha se precipitaba a la borda y saltaba por encima, para caer con un chapoteo.

La luz de la luna iluminó a la joven cuando su cabeza rompió la superficie del agua. Era hermosa, sin lugar a dudas, e incluso las mujeres debieron sentir que por un momento se detenía el mundo. Aquellos ojos verdosos, enmarcados por el cabello negro húmedo que se le pegaba al rostro, eran hipnotizantes. Entonces ella les miró uno por uno, como marcándolos a fuego en su memoria, y esbozó una sonrisa indescifrable.

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Abrió la boca, mostrando unos largos colmillos y se los relamió.

Recordaré esta sangre… Bruja.

Y se sumergió elegantemente. Una larga cola escamada brilló con la luna y desapareció con un coleteo.

Oh, por Calypso… — farfulló—. ¿Qué hacía aquí una sirena? ¿Por qué ha subido una sirena al barco?

Se volvió y no se fijó demasiado en Rosa, que continuaba mirando con una expresión extasiada a la superficie del mar, sino que fue a la búsqueda de Hana.

¿Qué ha pasado? —dijo con angustia, sacudiéndola por los hombros—. ¡Te he visto salir detrás de ella, así que tienes que saberlo!

Cuando Hana contestó, Faris chasqueó la lengua y se pasó una mano por el cabello, claramente incómoda. Luego les ordenó con firmeza:

Todos a dormir. Tú también, Malik. Los hombres no sirven si hay sirenas cerca. Ya avisaré yo a una oficial para que termine tu turno —y se dirigió apresuradamente hacia el dormitorio de Ana Lucía.

Cuando se quedaron a solas, Rosa carraspeó y miró a ambos aprendices con una sonrisa de oreja a oreja.

Y por fin hemos visto nuestra primera sirena… ¡Creo que por fin empieza lo interesante! — y bajó a la bodega tarareando para sus adentros de muy buen humor.


****


Al día siguiente, Mary sacó a Jess de su celda en torno al mediodía y la llevó sin decir nada a la cubierta, donde hombres y mujeres trabajaban hombro con hombro en las tareas diarias del barco. La joven pronto notaría que un nerviosismo especial vibraba entre los mercenarios, que murmuraban con entusiasmo. Oyó varias veces la palabra «sirenas» en boca de los varones y vio a las mujeres sonreír, burlonas, por la emoción de estos.

Pronto entraremos en agua de sirenas —explicó Mary—. La capitana ha anunciado esta mañana que probablemente pronto recibamos una embajada .

Mientras caminaban, Jess se cruzó con la mirada de aquel que se había atrevido a toquetearla pero, excepto una sonrisa maliciosa, el hombre consideró que no merecía más atención y continuó hablando con sus amigos.

Mary carraspeó y le indicó con un gesto dónde se encontraban sus compañeros. Los dos estaban en un rincón, sosteniendo los cabos que mujeres les habían lanzado desde las velas: habían subido por las jarcias para comprobar unos desgarrones y habían cambiado las cuerdas para recoger la gruesa tela.

Hana y Malik recibieron un golpecito amistoso en los brazos por parte de las mujeres cuando estas bajaron. Saludaron también a Jess como si nada y se alejaron comentando:

—Qué buen viento. Si sigue así durante un par de días, llegaremos en nada a la isla.

—Ojalá Calypso lo permita.

Jess podía acercarse a sus compañeros y hablar un poco. Al cabo de unos minutos, la despensera comenzó a repartir raciones que había estado calentando en el fogón del castillo de proa; era el único plato caliente del día y aquel potaje grasiento y pesado probablemente no fuera del gusto de los paladares de los aprendices. Pero era eso o escoger pan y bizcocho, no especialmente sabrosos tampoco. Y Jess debía estar muerta de hambre, además de cansada porque las bodegas inferiores se inundaban durante la noche, por lo que su calzado debía estar hecho un verdadero desastre.

De modo que tenían tiempo para hablar entre ellos sobre todo lo ocurrido. También de buscar otras compañías, si así lo deseaban, o de vigilar el mar por si descubrían alguna sirena...

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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Tanis » Mar Feb 04, 2014 12:29 am

Esperó pacientemente a que ella decidiera hablar, o no. No todo el mundo estaba dispuesto a contar la historia de su vida. Sin embargo Faris sí, de modo que escuchó atentamente.

Desde pequeña me disfrazaba de hombre y me enrolaba a tripulaciones, hasta que me hice demasiado mayor para que no se dieran cuenta de lo que era en realidad. Así que hubo que elegir entre perder el mar y arriesgarse. Me arriesgué. Terminé por pagarlo caro.

Dicen que todo tiene un precio…

Y era cierto.

Ana Lucía atacó el barco en el que yo iba y en vez de matarme me ofreció unirme a su tripulación. No dudé. Y no me he arrepentido desde entonces. Amo el mar. Amo ser pirata. Y amo ser libre.
»En cuanto al tema del tesoro…


Malik se contagió de la risa de la mujer. Le caía bien, parecía ser alguien con quién se podía hablar de muchas cosas, inteligente, mordaz. Realmente le recordaba mucho a Tsuniro.

¿Cuánta sangre estáis dispuesto a derramar, magos? Porque cuantas más personas matéis, más ganaréis —Dejó que le mirase así, ya que él en su momento había hecho lo mismo—. Aunque la verdad es que ninguno de vosotros tiene pinta de haber matado a nadie.

Malik se sonrió, de lado, sin mirarla directamente y se encogió de hombros.

Bueno, prefiero que...

Pero se calló al ver que Faris levantaba la mano. Al cerrar la boca, más allá del sonido del mar y el barco, pudo oír el murmullo de voces y el trajín de la madera. Alguién estaba despierto sin razón, y subía las escaleras de la bodega a toda velocidad.

¿Por qué demonios arman tanto jaleo a estas horas…?

Malik no contestó. Una especie de mal presentimiento le arañó el estómago. Y de pronto, una silueta apareció en cubierta. Se movía dificultosamente, como si le costara andar y correr, y goteaba a su paso, probablemente agua. El pelo largo, la figura esbelta…

«Es una mujer».

¡Alto ahí!—gritó entonces la voz de la segunda de abordo—. ¡Alto he dicho…!

La figura saltó por la borda y cayó al agua y Malik se asomó, pensando en quizá saltar detrás para ayudarla cuando ella apareció, como si nada. Al romper su rostro entre las pequeñas olas que formaba la quilla del barco, a Malik se le cortó el aliento, mirándola. Una criatura tan hermosa, tan perfecta y bella no podía ser real. Apretó los dedos contra la madera cuando por un segundo ella le miró, y de nuevo sintió el deseo de tirarse al agua, aunque por motivos distintos. No era consciente de la «magia» que estaba obrando en su mente… un hipnotismo total.

Que se rompió cuando la criatura mostró los colmillos y dijo a Hana:

Recordaré esta sangre… Bruja.

Logró ver a tiempo el desliz de la larga cola de sirena de aquella mujer al sumergirse y soltó todo el aire de golpe. Una sirena. Una sirena a metros de él, al alcance de la mano... A la vez sintió miedo y fascinación, a partes iguales. Eran más magníficas de lo que se había imaginado, y de lo que la tripulación decía…

Oh, por Calypso… — oyó que farfullaba Faris—. ¿Qué hacía aquí una sirena? ¿Por qué ha subido una sirena al barco?

De nuevo, Malik se mantuvo callado, absorto en el agua que dejaban atrás, como si esperase que la sirena volviese. Ni siquiera podía pensar en el motivo de la presencia de esa sirena en el barco, ni siquiera escuchaba realmente las voces de las demás… Estaba tan… ensimismado…

Tenía que ver más, averiguar si realmente eran peligrosas. Una belleza así no debía de serlo…

… también, Malik —La mención de su nombre le sacó de esa extraña ensoñación. Sacudió la cabeza, un tanto desorientado—. Los hombres no sirven si hay sirenas cerca. Ya avisaré yo a una oficial para que termine tu turno.

De acuerdo —asintió a la orden, observando su marcha.

Reparó entonces en Rosa, que al parecer había perseguido a Hana hasta allí. Si era sincero, esa chica, aunque fuese muy guapa, no le daba muy buena espina. Algo ocultaban –como ellos hasta entonces- y fuera que lo fuese…

Y por fin hemos visto nuestra primera sirena… ¡Creo que por fin empieza lo interesante!

Chasqueó la lengua cuando ella se fue y miró a Hana, quizá con cierta… ¿envidia? Había tenido contacto directo con la sirena después de todo. Sin embargo no le comentó nada de eso, simplemente esbozó una sonrisa tranquila y murmuró:

Parece que ya sólo quedo yo por meterme en algún lío.

Marchó entonces a dormir, deseándole buenas noches a su compañera.

****


La mañana del día siguiente al incidente nocturno con la sirena no transcurrió tan mala como se imaginaría. Aun continuaba pensando en la sirena que había visto, mientras trabajaba ayudando a algunas mujeres en cualquier cosa que le ordenasen. Pero se le había enfriado la cabeza después de dormir y ya no sentía esa ciega impulsividad por volver a verlas.

De momento.

Mientras sujetaba el cabo de la vela pensó en ello, y recordó las palabras de la capitana y la segunda de abordo. Era una crueldad que esos seres poseyeran esa belleza, aunque lo encontraba lógico si cazaban hombres que entraban en su territorio para comérselos o usarlos como método de inseminación… Le dio un escalofrío.

—Qué buen viento. Si sigue así durante un par de días, llegaremos en nada a la isla.
—Ojalá Calypso lo permita.

«¿Quién será ese tal Calypso que tanto mencionan, algún Dios del mar?».

Miró de soslayo a las mujeres que bajaron por el entramado de cuerdas, descubriendo que Jess estaba acercándose. Ya se había cumplido su castigo y no parecía haberlo acusado demasiado.

Buenos días, Jess —saludó—. O casi tardes.

Poco después repartieron cuencos de comida por toda la tripulación, y Malik se quedó cerca de sus compañeras, por si acaso pasaba alguna tontería con cualquiera de los mercenarios zopencos del barco, si ellas no se iban por ahí.
La verdad era que dudaba mucho de que aquel engrudo pudiera llamarse comida, pero era eso o… nada, y tenía un hambre que se moría. De modo que hizo tripas corazón y engulló aquello lo más dignamente que pudo. Aunque estaba seguro de que si lo dejaba caer al suelo, la masa del potaje carcomería la madera.

Te perdiste el poder ver una sirena anoche —comentó Malik entonces—. Aunque no sé qué demonios hacía aquí arriba…
Continuó comiendo, con la sensación de andar masticando huesos de rata.

Era cierto lo que decían… son muy hermosas…
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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Sometron » Mar Feb 04, 2014 9:36 pm

La muchacha despertó con las primeras luces del alba, cuando la actividad diaria empezó de nuevo en la cubierta. En todo la noche podría haber dormido un total de dos o tres horas, puesto que el lugar era incómodo y frío. Para colmo, la bodega parecía inundarse por la noche, por lo que tenía un frío terrible y el bajo del pantalón y los zapatos hechos un asco.

<<Y luego dicen que este barco no es decadente…>>

Al mediodía, al fin, Mary apareció frente a la celda y la sacó de allí. Agradeció bastante la aparición de la anciana, puesto que el frío que había pasado durante la noche no se acababa de marchar. Cuando la luz del sol la iluminó al salir a cubierta destensó los hombros con alivio, notando como el calor invadía su cuerpo poco a poco.

La mujer la guió por la cubierta, dónde pudo observar que algo anómalo había pasado. Su primera reacción fue pensar que era la sorpresa al verla andar libre tan pronto, pero luego notó que no se estaban fijando en ella: había alguna otra novedad.

Pronto entraremos en agua de sirenas. La capitana ha anunciado esta mañana que probablemente pronto recibamos una embajada .

¿Una embajada de…? —levantó una ceja, intentando dar a entender a qué se refería.

Siguieron andando y descubrió al hombre que lo había empezado todo, sonriéndole de forma retorcida durante unos instantes. La muchacha le miró fijamente, grabando una vez más su cara en la memoria.

<<Vas a pagar por esto, te lo garantizo. Si las sirenas no se encargan de ti, yo me haré cargo de ello… tarde o temprano.>>

Un carraspeo la sacó de sus pensamientos. La anciana le señaló dónde estaban Malik y Hana, Jess asintió y se dirigió hacia ellos. Se cruzó con un par de mujeres que la saludaron, a lo que ella respondió con un movimiento de cabeza. Las chicas iban hablando mientras se alejaban.

—Qué buen viento. Si sigue así durante un par de días, llegaremos en nada a la isla.

—Ojalá Calypso lo permita.

<<¿Calypso? ¿También creen en ella? Son una panda de supersticiosas.>>

Buenos días, Jess —saludó—. O casi tardes.

Hola, espero que hayáis dormido bien —esperó el saludo por parte de Hana, si la saludaba, antes de proseguir—. Lo primero de todo os quería pedir disculpas. Mentiría si dijera que me arrepiento de ello, pero podría haberlo hecho de una forma en que sólo yo resultara afectada. Lo siento mucho, de verdad.

Bajó la mirada y enrojeció un poco, aquellas cosas no se le daban nada bien. En breve apareció una mujer que les entregó su ración de comida. Jess comió rápidamente, lo único que había comido en el último día había sido un pequeño mendrugo de pan. Aquel extraño guiso sabía a rayos, pero poco importó a la aprendiza que acabó antes de darse cuenta.

Te perdiste el poder ver una sirena anoche. Aunque no sé qué demonios hacía aquí arriba…

Por suerte se había acabado la comida antes, porque si aún estuviera comiendo lo habría escupido todo.

¡¿Qué?! —miró a su alrededor y bajó la cabeza, dándose cuenta de que había subido el tono demasiado— ¡No sabía que esos bichos pudieran salir siquiera del agua! —dijo, esta vez casi en susurros.

Era cierto lo que decían… son muy hermosas…

La muchacha no pudo evitar reír.

Vaya con el rompecorazones, a este paso tendrás a la tripulación entera a tus pies antes de que acabe el viaje.

>>Oh, eso me acaba de recordar algo... —soltó una risita malvada— ¿Cómo fue tu cita con Faris? —la muchacha levantó ambas cejas un par de veces.

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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Nell » Jue Feb 06, 2014 1:59 am

En cierto modo, se salió con la suya al lograr esquivar el letal ataque de la mujer, pero a partir de ahí se quedó paralizada en el sitio. Sabía que tenía que prepararse mental y físicamente para una posible pelea, pero todas y cada una de las reacciones de la mujer la ponían los pelos de punta. Parecía en ocasiones que iba a atacarla, pero al no hacerlo, dejaba aún más trastocada a Hana.

Nadie se despertó para ver la situación. Era difícil concluir si eso sería positivo o negativo.

Por fin, reaccionó. Riéndose. Incluso antes de escuchar su voz, Hana ya palpaba por sí misma su propio miedo. Tal vez fuera el ambiente oscuro y la situación poco amistosa lo que le llevara a semejante estado de temor, pero quería sospechar que también se debía, en parte, a la influencia de la mujer. No era normal. Y, desde luego, no era Rosa.

Que hubiese adivinado su estado emocional aterró más a Hana. Tenía mucha razón: amenazaba, pero no mordía. No se atrevería contra una adversaria que no conocía y en medio de posibles aliadas suyas. Tampoco quería.

Después de una advertencia que, Hana concluyó, se refería a las aguas de Ana Lucía y su tripulación (por lo que debía de ser una miembro), ésta huyó de repente hacia las escaleras. Si bien los pies de la aprendiza se habían mantenido pegados al suelo de sus pies durante la conversación, la precipitada marcha de la mujer los despegó. La siguió, corriendo para alcanzarla, unos segundos después. Tenía miedo de ella, pero debía averiguar quién era, o no dormiría tranquila durante el resto de la semana.

Alzó el brazo, dispuesta agarrarla del pelo para detenerla, a falta de ropa.

¡Al…!

La mujer se volvió, tan rápidamente que Hana no se lo esperaba, y la mordió en el brazo. La aprendiza no tuvo ni tiempo de chillar de dolor a causa de los increíblemente perforadores dientes de la pirata, debido a que esta la golpeó además en el costado, cortándole la respiración y provocando que se tambaleara lo suficiente para que huyera de nuevo.

Había sucedido todo tan rápido que apenas tuvo tiempo de procesarlo. Su brazo sangraba y le dolía lo indecible. Observó de reojo la herida, que no pintaba nada bien. ¿Cómo podía haberle causado eso unos dientes? Debía de haber algo más… ¿Acaso no la había llamado bruja? ¿Y si ella también lo era? Si no se trataba de magia…

Consciente de que, si escapaba, sería incapaz de averiguarlo, retomó la carrera, sujetándose el brazo con la otra mano. Quería alcanzarla y, al mismo tiempo, desearía también que se hubiese esfumado. Le aterrorizaba llevarse otro mordisco.

En ese momento, se chocó contra alguien que entraba, y que la sujetó a tiempo de que se cayera a causa del impacto. La reconoció como Rosa, pero no se detuvo con ella y, una vez hubo recuperado el equilibrio, alcanzó a ver a su atacante tirándose por la borda. Una forma de escapar, cuanto menos, absurda, salvo que quisiera subir al barco por un lado diferente.

Inmediatamente, fue a asomarse por la barandilla, junto a Malik. La luz de la luna iluminó a la misteriosa mujer, que subía de nuevo a la superficie, revelándose ante todos los presentes, entre los que se incluía también Faris. Hana no se detuvo a cavilar sobre lo que estaba haciendo con la pirata momentos antes, no porque se lo imaginara, sino porque toda su atención fue captada por unos hermosos ojos verdes.

No era una de las piratas de Ana Lucía. Si Hana la hubiera visto antes sobre la cubierta, no habría olvidado semejante belleza. Casi se había olvidado de que la mujer por la que estaba fascinada acababa de morderla momentos antes. Casi, porque entonces sonrió y Hana vio por colmillos. Le recorrió por todo el cuerpo un terrible escalofrío cuando empezó a relamerse. No lo veía bien, pero, ¿sería su propia sangre?

Que ella misma confirmara sus temores bien podía haberla desmayado. Pero no allí, no delante de tanta gente. Se agarró a la barandilla para no mostrar signo de miedo y contempló cómo se sumergía la, ahora, evidente sirena.

Ignoró las quejas de Faris, ya que estaba centrada en respirar lenta y pausadamente para relajarse. Le hubiera gustado empezar una continua negación sobre los hechos ocurridos, pero era inevitable que se encontrara con otras sirenas, contando que se acercaban a su territorio. No podría mentirse más a sí misma una vez que ocurriera. Por tanto, sólo le quedaba aceptarlo.

Una sirena, con piernas, se había colado en su habitación, había intentado matarla, la había mordido y la había amenazado. Se sentía capaz de enfrentarse a piratas y mercenarios por igual pero, ¿qué iba a hacer contra una criatura sobrenatural? ¿Cómo lucharía contra ella? Y… ¿se pondrían de su parte el resto de sus hermanas?

Las sirenas, como el mar, le parecían inalcanzables, peligrosas y feroces. Unos rivales que no tenían ni punto de comparación con ella.

Entonces, Faris la exigió una explicación y, aún agarrada con una mano, pero menos angustiada por la experiencia vivida, intentó mostrarse irritada. Tenía que contárselo, pues era la única persona que sabía algo de sirenas y podía aclararle la cabeza.

Vino a la habitación en mitad de la noche e intentó matarme ―omitió que antes se había interesado por Vanora―. No la toqué, ni la hice nada, pero salió huyendo ―miró de reojo hacia el agua, casi esperando que volviera a asomarse. ¿Podría haberla escuchado si aún se encontraba cerca?―. Intenté seguirla y me mordió ―le mostró el brazo para confirmar la historia.

La imagen de la sirena relamiéndose regresó como un aguijonazo a su cabeza. Recordar la herida, además, hizo que volviera a ser consciente del dolor.

¿No tendréis por casualidad un kit de emergencia contra ataques de sirenas, verdad? ―no estaba ni de humor para arrepentirse por ese atrevimiento―. O unas vendas, al menos. No me gustaría mañana tener que limpiar el reguero de sangre que vaya dejando por todo el barco.

Si Faris se los brindaba, se ataría como pudiera la venda alrededor de la herida, e incluso pensaría en hacerse un Cura antes de irse otra vez a dormir. Si no, con un gruñido, se quitaría su propio pañuelo de la cabeza para taparla.

Faris les ordenó acostarse a todos. Rosa, encantada por el espectáculo, obedeció enseguida. La aprendiza, empeorando su humor por momentos, no la hizo ni caso. Sin embargo, no pudo ignorar a su compañero.

Oh, cierra el pico ―le hizo un gesto irritado, pero Hana no estaba realmente molesta por el comentario―. No tardarás mucho como sigas tan espabilado.

Le devolvió el gesto de despedida, pero antes de girarse a su habitación, le soltó una última voz:

¡Y ten por seguro que te mandaré a la siguiente sirena para que te muerda a ti!


* * *



No tuvo que limpiar sangre, como preveía que Ana Lucía podía ordenarla, sino que únicamente ayudó junto a Malik a sostener unos cabos para facilitar el trabajo de las piratas. Cuando estas acabaron y les agradecieron el trabajo, a su manera, Hana no podía estar más feliz.

Sin embargo, fue escuchar los continuos murmullos que pululaban por el barco, recordar la noche anterior y sumirse de nuevo en sus pensamientos.

Tal y como se esperaba nada más acostarse, no había podido dormir bien por la noche. Incluso si no esperaba una nueva visita, algo la hizo temer que volviera a producirse. Dio vueltas de nerviosismo en la diminuta hamaca, que mezclándose con las del oleaje, casi la marearon. Las pocas veces que logró conciliar el sueño, su subconsciente ya estaba preparado y bien cargadito de pesadillas sobre sirenas que la llevaban al fondo del mar y la ahogaban.

Así pues, estaba cansadísima. Sin embargo, no quería dejarlo ver a los demás. Mostrar debilidad en un barco tan lleno de “no-amigos” (pese a no ser tampoco adversarios directos) al segundo día la haría ver débil. Y con razón. ¡Incluso se había olvidado del tesoro!

El saludo de Malik la devolvió a la realidad, y cuando Jess se lo devolvió a ambos, Hana también lo hizo. Si supiera ella cómo había dormido…

Tampoco es que nos incordiaras demasiado. Si creen que todas somos brujas, nos tendrán más respeto ― encogió de hombros―. Vigilamos nuestras espaldas para que no nos maten y listo. Habríamos hecho lo mismo en tu lugar ―no exactamente de manera tan llamativa, pero algo parecido. Hana intentaba consolarla con la intención de enterrar el asunto. No le gustaba que la gente se disculpara por cosas tan nimias.

Hana tenía el estómago cerrado y rechazó la comida. Sabía que se lamentaría después, pero se consolaba con pensar que podría coger pan o bizcocho más tarde.

¡Ojalá no pudieran! ―exclamó, enrabietada, a la referencia de que podían salir del agua―. La muy z… ―calló a tiempo, echando una mirada de reojo al agua y rectificó―. Vino a nuestra habitación y me mordió. Suerte tenías de no estar allí. Tal vez a ti también te hubiera atacado, porque me identificó como una bruja. Quizá no le gustaba que Ana Lucía estuviera dirigiendo a brujas hacia su territorio y quería librarse de nosotras.

»¿¡Y dónde puñetas está ese endiablado Maestro!? ―recordó de repente.

Se giró para mirar el mar, de nuevo pensativa. ¿Volvería la sirena? ¿Resolvería sus dudas sobre el intento de asesinato? La verdad es que no podía apartar la cabeza de aquellas preguntas. Y el no saber cuándo las respondería.

Incluso pudiendo aprovechar el momento para hacerle una visita a Alejandro, descartó la idea de inmediato. Lo mejor sería, en su caso, dejar pasar algunos días más, para tentarle con la idea. Además, la única que podía protegerla contra las sirenas era Ana Lucía, tal vez, por lo que aún necesitaba tener opción a retirar su propia oferta. Y hablando de la capitana… ella sabría más que nadie del tema, pero temía preguntarla. Podía también buscar a Ronin, pero se negaba a ser ella quien acudiera explícitamente a pedirle ayuda.

Observó el oleaje e, inconscientemente, sacó de uno de sus bolsillos más escondidos la concha que siempre llevaba consigo. Se la puso en la oreja y escuchó aquellos conocidos latidos de corazón. Era lo único capaz de tranquilizarla. Y allí se quedó, estancada y opacada, disfrutando de la calma antes de la tempestad.
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Ronda 7

Notapor Suzume Mizuno » Vie Feb 07, 2014 12:12 am

Los platos habían sido recogidos y el sol de la tarde había adormilado a la mayoría de la tripulación. Algunas jugaban en pequeños grupos a los naipes, otras canturreaban canciones e historias, mientras que la gran mayoría de las piratas había decidido echar una siesta; bien en sus hamacas bien arriesgándose a quemarse la piel. Aunque, como casi todas las mujeres y hombres de abordo tenían la tez oscura por la exposición continua al sol, para ellos no debía ser nada del otro mundo.

El único alivio ante el intenso calor era el aire que hinchaba con firmeza las velas. No había cejado en toda la mañana de soplar y no parecía que fuera a hacerlo en el resto del día; las piratas estaban de muy buen humor porque eso significaba que llegarían antes de lo previsto a su destino.

Rosa y Vanora estaban apoyadas contra la borda y observaban a lo lejos con un catalejo. Si alguno de ellos se acercaba a intentar hablar con ellas, escucharían que comentaban:

¿Cuánto crees que tardaremos en llegar?

¿A este ritmo? Menos de tres días si tenemos en cuenta que íbamos a tardar unos cuatro o cinco. Pero he oído decir a Mary que estamos ya en agua de sirenas —Rosa se volvió hacia su compañera con una sonrisa de todo menos inocente—. Eso significa que pronto podríamos ver al dragón marino…

Vanora sonrió maliciosamente.

En ese momento comenzó a sonar la campana de la vigía de la cofa, que se asomaba gritando:

¡Sirenas! ¡Se acerca un banco de sirenas!

Casi de inmediato empezó a sonar otra campana, mucho más estridente, y todos vieron que Faris la tocaba en el castillo de proa. Ordenó a toda la tripulación reunirse en la cubierta.

¡Atención! —rugió por encima del ruido que provocaban las piratas al reunirse apresuradamente—. ¡Se acerca una embajada de sirenas! ¡Los hombres manteneos alejados de la borda! Aunque, si queréis, podéis acercaros, pero yo no respondo de vuestra seguridad —sonrió socarronamente—. ¡Las demás ya sabéis que no hay que decir ninguna palabra! ¡La capitana tratará con ellas!

Si los aprendices querían ser testigos de la aparición de las sirenas, tuvieron que correr a arremolinarse contra una de las bordas, ya atestadas de emocionadas piratas y mercenarios ansiosos. Gracias a las señas de la vigía, sabían que vendrían por babor y las tablas del barco rechinaron ligeramente cuando se acumuló tanto peso en un único lugar.

Agudizando la vista, podrían descubrir cómo en la distancia la superficie del mar, sorprendentemente lisa para hacer tanto viento, se volvía rizaba y la espuma salpicaba el aire. Algo se acercaba. A mucha velocidad.

Pronto pudieron ver cómo largas aletas resplandecían a la luz del sol y se hundían de fuertes coletazos en el agua. Alguna que otra figura saltaba por encima del agua y se sumergía luego tan elegantemente como un delfín.

Solo que no eran delfines.

De súbito el mar se quedó en calma y, durante unos segundos, el barco quedó sumido en completo silencio.

Entonces, lentamente, una tras otra, surgieron cabezas del agua. Los cabellos flotaban a su alrededor con una gracia imposible, dejando a la vista hombros desnudos, cuellos largos como cisnes. En cuestión de unos instantes, más de veinte sirenas observaban a la tripulación con expresiones ausentes o sonrisas hambrientas. Todas eran indudablemente bellas y había para todos los gustos, pasando por toda la gama de tonalidades de pieles y ojos.

Pero había una que destacaba entre todas las demás. Tenía un aspecto juvenil, sin embargo sus ojos, profundos como el mar, desvelaban una edad que había visto transcurrir las eras. Su gesto era serio, casi triste, y todas las sirenas cercanas dejaban un espacio respetuoso a su alrededor.

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Excepto una que a Hana le debió resultar muy familiar. La sirena localizó con los ojos a la aprendiza y esbozó una sonrisa maliciosa.

El paso firme de Ana Lucía resonó en medio del barco y las piratas le abrieron sitio para que pudiera asomarse por la borda. Con respeto, se llevó una mano al pecho y se inclinó. La sirena líder agachó la cabeza como reconocimiento y empezó a decir, con una voz profunda y siseante:

Mi hija os visitó anoche.

Eso me han hecho saber —respondió Ana Lucía arrastrando las palabras—. ¿Por qué habéis hecho que nos registre, Galatea?

Porque olemos magia —Galatea entrecerró los ojos, con un resplandor agresivo y recorrió con la mirada a las figuras que observaban a su vez a las sirenas—. Demasiada magia. Una magia muy poderosa. ¿Cómo traes tanta magia a nuestras aguas?

Ana Lucía dirigió una mirada fulminante en dirección a los aprendices, carraspeó y señaló con todo el tacto que fue capaz:

Es lo necesario para cumplir nuestro pacto. Esa mujer trae muchos hombres consigo, yo no puedo ser menos.

La hija de Galatea siseó algo en una lengua desconocida, pero la sirena meneó la cabeza y la muchacha dejó de hablar con una expresión enfurruñada.

Sea, pues. Es hora de cumplir vuestro pacto —se levantó un murmullo de excitación entre la tripulación—. Hay tres barcos que también han entrado en nuestro territorio. Hace un día estaban llenos de hombres. Ahora sólo hay criaturas que hieren a mis sirenas cuando intentan acercarse. Hemos destruido uno, pero han muerto muchas sirenas. Queremos que luchéis ahora. Nosotras os ayudaremos.

Ana Lucía guardó un silencio y asintió, calándose el sombrero con una sonrisa fiera:

¡Mostradnos el camino!

****


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Las sirenas los habían guiado durante el viaje sin responder a las bromas de los mercenarios, aunque alguna había sonreído, mostrando los peligrosos colmillos. Al frente, bajo el bauprés, guiaba Galata la comitiva y no muy lejos de ella nadaba su hija. Se desplazaban en una formación protectora, casi hostil.

Dos horas después, cuando divisaron sus objetivos en la distancia —dos galeones— toda la tripulación se apresuró a adoptar sus posiciones, preparada para abrir fuego y armada hasta los dientes, pero un rumor de emoción y sed de sangre llenaba la cubierta. Las fanfarronadas brotaban de labios de mujeres y hombres, que no podían esperar a hacerse valer frente a los demás.

Ana Lucía, Faris y Mary hablaban en el castillo de proa hasta que, con un gesto, la capitana las despidió. Mary se dirigió hacia los artilleros para darles las órdenes de disparar con los cañones mientras que Faris caminó apresuradamente hacia el grupo de aprendices.

No tenéis ni idea de luchar en un barco, ¿verdad? —los miró uno a uno y luego dijo apresuradamente—. Obedeced mis órdenes. Primero intentaremos hundirlos y luego atacaremos al abordaje. Utilizad vuestra magia con cuidado y no hagáis daño a los nuestros, ni os separéis un pelo de mí.

»Y, ante todo, no caigáis al agua. No habrá tiempo para recogeros y a saber si habrá monstruos en ella. Galatea lo ha dado a entender, pero no ha sido muy clara. Nunca lo es.


Faris dirigió una sonrisa salvaje a los aprendices.

¿Y bien? ¿Preparados para matar?

¡Capitana!—exclamó entonces Mary, con una voz sorprendentemente fuerte para alguien tan mayor—. ¡Sus órdenes!

Ana Lucía entrecerraba los ojos, calculando las distancias. Alzó lentamente una mano y luego ladró una serie de órdenes. Los pirata se pusieron en movimiento de inmediato y la Sombra de Luna crujió y gimió mientras se recogían las velas y el giro del timón hacía doblar a estribor, mostrando toda la cara izquierda a los enemigos.

¡Abrid fuego!

Mary ladró una orden y los cañones explotaron, ensordeciendo a los aprendices. Entonces estalló una tormenta de cañonazos, silbidos y explosiones. Los barcos se aproximaban rápidamente y las olas sacudían la cubierta de arriba abajo. De pronto les alcanzó una bala que hizo saltar madera y astillas por los aires. Comenzaron los gritos de excitación y miedo. Un cuerpo saltó despedido por la borda, hecho pedazos. Una mujer que había frente a Jess se desplomó con la cara destrozada entre alaridos de dolor.

¡Galatea! —gritó Ana Lucía.

Y, aunque era imposible escucharlo en medio de aquel estruendo, de pronto todas las sirenas se arrojaron al frente entre violentos chapoteos. Surcaron la distancia que los separaba del barco enemigo a tal velocidad que más que nadar, parecía que volaran.

Y entre confusas órdenes, de pronto el barco comenzó a moverse en dirección hacia el otro adversario.

¡Fuego! —oían clamar a Ana Lucía.

Y el infierno empezaba de nuevo, pero cada vez estaban más y más cerca del segundo barco enemigo… Tanto que los aprendices pudieron ver que su cubierta estaba llena de Sincorazón; la mayoría parecían ser Soldados, aunque había unos cuantos voladores que extendieron sus alas y se dirigieron hacia ellos.

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¡Disparad, acabad con ellos, vamos!

Los Sincorazón volaron sobre ellos y los expertos mercenarios y las piratas abrieron huecos entre sí para poder luchar sin problemas. Los aprendices podían moverse con libertad. Un Sincorazón cayó sobre Hana, intentando derribarla, mientras que otro giró alrededor de Malik.

Entonces, con un violento choque, impactaron contra el barco enemigo.

¡Al abordaje!

Las piratas comenzaron a saltar a la cubierta del rival. Faris se lanzó de entre las primeras y empezó a arrasar con mandobles y algún que otro disparo a los Sincorazón que la rodeaban.

Había muchos que matar. No iban a ser ellos menos, ¿no?

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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Tanis » Sab Feb 08, 2014 1:18 am

Vaya con el rompecorazones, a este paso tendrás a la tripulación entera a tus pies antes de que acabe el viaje.

Dejó caer el contenido de la cuchara de nuevo al plato, con cierta aprensión, y levantó la vista hacia Jess. Sin querer soltó un bufido que pretendía esconder una risa, y meneó la cabeza.

Oh, eso me acaba de recordar algo... ¿Cómo fue tu cita con Faris?

Compuso un gesto absorto, a la par que se metía una cucharada en la boca. Cuando tragó, contestó:

No todo lo bien que me habría gustado —En el más amplio sentido, claro—, logré hablar un poco con ella.

Y aunque no fuera mucho, había logrado saber algunas cosas, ya no por interés personal, pero confirmaba que Faris le era alguien muy leal a la capitana y que vendería cara su vida si la atacaban. Esas ganas de vivir, y esa libertad, la sensación de estar ante alguien que de verdad se consideraba libre… Hacía mucho tiempo que no la sentía en alguien. Envidiaba tanto eso… Aunque poco a poco estuviera liberándose de sus antiguas cadenas, él mismo se consideraba aun alguien poco dueño de sí mismo.

¿¡Y dónde puñetas está ese endiablado Maestro!? ―soltó Hana, indignada.

Malik dejó la cuchara sobre el ya plato vacío y miró con comprensión a su compañera. Cierto, ¿dónde estaba… ?

«¿Con Ana quizá?». La verdad es que Ronin aparecía y desaparecía a su antojo. Observó un tanto de forma disimulada el silencio de Hana, pensando en lo que había dicho antes, que la sirena y ella habían tenido sus desavenencias. Parecía que de una forma u otra, los tres estaban bailando sobre la borda. Quizá él no tanto como ellas, pero tenía sus reservas. Nadie le aseguraba que una sirena, o uno de los enemigos o la propia Chihiro no fueran a ser un problema. Congraciarse con Faris y Ana Lucía seguía siendo parte de su plan, pero…

Exhaló un suspiro ahogado y le entrego a una de las piratas, que ya estaba recogiendo junto con otras tantas, la cuchara y el plato vacío. Una débil sensación de aprensión, que le recordaba al miedo sentido en la Red, le hizo tragar saliva.

Sirenas, piratas, brujas… Y ellos allí, en medio de aquella vorágine mortal.

* * *


Atardecía un día más a bordo del barco. El tiempo parecía fluir como el agua, a veces lento y a veces rápido, sin realmente sentirse. El viento soplaba fuerte, el navío avanzaba sin pausa y parecía que la noche podría llegar sin contratiempo alguno.

Malik observaba desde la borda estribor cerca de la proa, el devenir del barco y su actividad. Había jugado un par de partidas a las cartas con algunas de las tripulantes, y perdido miserablemente. Aunque le gustaba el tipo de juego y fuese habilidoso con la mecánica, aprendido enseguida, era un novato y la suerte del novato no siempre aparecía. Se había retirado a riesgo de quedarse con todos los turnos de tareas de la tripulación, de modo que ahora disfrutaba de la brisa del crepúsculo. Era cálido y algo sofocante, húmedo, pero comparado con el calor del desierto, aquello no era nada.

De vez en cuando buscaba con la mirada a Jess o a Hana, especialmente a la primera, por si le daba otra vez por meterse en líos. Sabía que la chica sería lo suficientemente juiciosa como para no provocar otro altercado, pero por si acaso, sólo por si acaso. Más a lo lejos, apoyadas contra la borda también, estaba Rosa, junto a esa mujer tan corpulenta cuyo nombre desconocía. No se había parado realmente a pesar sobre ellas, y aquel extraño muchacho, desde que iniciaran el viaje. No actuaban como piratas normales y le daba la impresión de que estaban allí por otras cosas más aparte del tesoro y las aventuras. No le daban buena espina.

Intrigado, pensó que no sería mala idea acercarse para hablar con ellas. Rosa no parecía predispuesta, por lo que había comprobado anteriormente, a la hostilidad. Quizá lograse socavar algo de información útil.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera dar más de cuatro pasos, empezó a repicar la campana del vigía, que también gritaba:

¡Sirenas! ¡Se acerca un banco de sirenas!

Malik se detuvo en seco, sorprendido, mientras la campana de proa también resonaba. Tragó saliva y miró hacia el mar, sin atisbar nada. Sintió el tonto impulso de asomarse más, pero enseguida el tumulto de la tripulación al reunirse en la cubierta le empujó a centrarse. Corrió con todos los demás hasta formar, escuchando las palabras de Faris. Miró en derredor, buscando a sus compañeras, sin encontrarlas.

¡Atención! ¡Se acerca una embajada de sirenas! ¡Los hombres manteneos alejados de la borda! Aunque, si queréis, podéis acercaros, pero yo no respondo de vuestra seguridad —Malik no habría obedecido ni aunque fuera una orden —. ¡Las demás ya sabéis que no hay que decir ninguna palabra! ¡La capitana tratará con ellas!

Casi antes de que finalizara de pronunciar la última palabra, él ya casi corría hacia babor para poder ver. Entornó los ojos por culpa de la luz anaranjada del sol, oteando a la lejanía, a la par que muchas de las piratas y mercenarios se apiñaban junto a él, casi gritando emocionados. Él lo habría hecho si la garganta no se le hubiera secado. Recordaba la imagen, grabada casi a fuego en su cabeza, de aquella sirena medio sumergida metros más abajo, a la luz de la luna. Y ahora podría ver más, ver si eran todas tan hermosas. No entendía esa falta de raciocinio, era algo instintivo, exactamente eso, irracional.

No era capaz de controlar el deseo de verlas, de pensar en… tocarlas.

Se aferró a la borda hasta casi clavar las uñas en la madera, al ver la superficie rota del océano salpicada de espuma. El rizo de la ola producida por el movimiento de lo que debían ser las criaturas se acercaba a gran velocidad, hasta que por fin pudo distinguir el brillo de las escamas de las largas colas de pez surcando el agua como si fueran…

Ni siquiera tenía una palabra para poder describirlo.

Aguantó el aliento cuando de pronto el agua quedó en calma. El silencio súbito del barco, de todas las personas que lo pisaban, era pesado y denso, expectante. Malik soltó poco a poco el aire, despacio, como si temiera algo. Sentía miedo también, pero era un miedo más irrisorio, a lo desconocido.

Y entonces, una a una y lentamente, las cabezas de las sirenas emergieron, con el pelo mojado, largo, flotando en el agua. Malik volvió a aguantar el aliento, embriagado. Todas, todas eran absolutamente bellas, etéreas, mágicas… Sus expresiones de hambre le hizo sentir turbación, pero no la suficiente. Reconoció a la sirena que había subido al barco, sin detener la vista demasiado en ella. Pasaba de una a otra sin poder dejar de mirarlas. Entonces reparó en la sirena de semblante serio, el único serio de todo el banco. Y en ella sí que se fijó más, intrigado. No pudo evitar sentir pena.

«¿Qué puede hacer que una sirena esté… triste?».

Los pasos de la capitana hicieron eco en cubierta y Malik tuvo que apiñarse más contra las piratas que tenía al lado, porque las de más allá se habían abierto paso para dejarle espacio. Estiró el cuello todo lo que pudo, pero no alcanzaba a ver a Ana. Desvió la vista hacia la sirena triste, que de algún modo, pensó, tenía que ser la líder, que dijo:

Mi hija os visitó anoche.

«Alá… su voz también es como la caricia de un oasis».

Eso me han hecho saber. ¿Por qué habéis hecho que nos registre, Galatea?

Porque olemos magia —«Oh, vaya… ».—. Demasiada magia. Una magia muy poderosa. ¿Cómo traes tanta magia a nuestras aguas?

De algún modo se mordió la lengua, emitiendo un quejido ahogado. Así que por eso esa sirena había «atacado» a Hana… Habían sentido su poder, y el de Jess y el suyo propio. Demonios… y seguramente el de Ronin.

Es lo necesario para cumplir nuestro pacto. Esa mujer trae muchos hombres consigo, yo no puedo ser menos.

«Chihiro, ¿eh?».

Sea, pues. Es hora de cumplir vuestro pacto. Hay tres barcos que también han entrado en nuestro territorio. Hace un día estaban llenos de hombres. Ahora sólo hay criaturas que hieren a mis sirenas cuando intentan acercarse. Hemos destruido uno, pero han muerto muchas sirenas. Queremos que luchéis ahora. Nosotras os ayudaremos.

Criaturas… —murmuró sin darse cuenta.

¿Se refería a sincorazón? Probablemente. En aquel mundo lleno de cosas tan extrañas, el que un nativo no supiera identificar algo, siempre significaba una cosa: Sincorazón.

El grito de la capitana le supo a reto.

¡Mostradnos el camino!

* * *


El viaje fue frenético.

Guiados por Galatea y sus sirenas, Sombra de Luna alcanzó el punto de ataque horas después de retomar el rumbo.
Contagiado de la emoción ante el combate, Malik acató órdenes y trabajó codo con codo con los demás para preparar el barco ante el inminente enfrentamiento. Allí a lo lejos, dos barcos más parecían esperar. Se reunió con Hana y Jess antes de que empezara el algarabío, aunque lo más probable era que se separaran al pelear. Una sensación de preocupación insistente le tensaba todo el cuerpo, casi impaciente, que no se disolvió cuando Faris les alcanzó en medio del trajín y los preparativos.

No tenéis ni idea de luchar en un barco, ¿verdad? —él negó con la cabeza—. Obedeced mis órdenes. Primero intentaremos hundirlos y luego atacaremos al abordaje. Utilizad vuestra magia con cuidado y no hagáis daño a los nuestros, ni os separéis un pelo de mí.

Entendido.

No tenía idea de lo que era un abordaje, pero no tardaría en averiguarlo.

—Y, ante todo, no caigáis al agua. No habrá tiempo para recogeros y a saber si habrá monstruos en ella. Galatea lo ha dado a entender, pero no ha sido muy clara. Nunca lo es.

«Estupendo, una preocupación más».

¿Y bien? ¿Preparados para matar?

Frunció un tanto los labios, y casi sin pensar respondió:

Sí.

Hacía mucho tiempo, contando el que llevaba ya siendo aprendiz, que no mataba a una persona. Matar sincorazón no era lo mismo, eran monstruos. Pero otra gente… La última vez que lo había hecho fue en defensa propia, como protección… De alguna forma aquello era parecido. Iba a proteger a esas mujeres, a Faris y a Ana, a Hana, a Jess, a todo el que pudiera.

¡Capitana!—exclamó entonces Mary, con una voz sorprendentemente fuerte para alguien tan mayor—. ¡Sus órdenes!

Malik se volvió hacia sus compañeras y esbozó una sonrisa.

¿Les enseñamos lo que sabemos hacer?

Observó el movimiento de Ana Lucía entonces, preparándose mentalmente para la batalla. Y de pronto, el barco entero se convirtió en una tormenta.

¡Abrid fuego!

Los cañones escupieron fuego y hierro tras el viraje y la señal y Malik se tambaleó, desorientado por el ruido y la algarabía salvaje de la contienda. Esquivó pedazos de madera y un cuerpo caído, sintiendo la garganta arder, la vista borrosa y la sensación de estar a punto de morir. Aquello era totalmente distinto a un asalto bandido, muy diferente.

Y demonios, ya había perdido a Faris de vista.

¡Galatea! —oyó que gritaba la capitana.

No supo que iban a hacer las sirenas, porque estaba más ocupado en mantenerse vivo y no caerse al suelo. Momentáneamente perdía de vista a Hana y a Jess, confundiéndolas entre el alboroto y el tumulto. Volvió a esquivar objetos destrozados a duras penas, se le clavaron astillas en los brazos y le salpicó sangre de algún desafortunado…

¡Fuego! —oían clamar a Ana Lucía.

El ataque al segundo barco fue similar, igualmente destructivo. No había descanso, ni pausa para tomar aire. De aquí a allá corrían marineras y mercenarios. Todo era igual, salvo los enemigos…

De pasada pudo ver la oscuridad que poblaba la cubierta del navío y exclamó:

¡Sincorazón!

Al mismo tiempo que avisaba, pudo ver como varios extendían una especie de alas adheridas al cuerpo para dirigirse hacia la cubierta del Sombra de Luna.

¡Disparad, acabad con ellos, vamos!

Malik no podía disparar nada, pero sí hacer algo mejor. Sin perder tiempo, se estabilizó lo mejor que pudo sobre el suelo y justo cuando uno de los sincorazones voladores alcanzaba su posición, invocó la Llave-Espada en medio de un fulgor blanco y ejecutó un corte recto hacia el cuerpo del monstruo.

Entonces el barco chocó contra el enemigo, y todo tembló violentamente. Malik trastabilló e hincó una rodilla en cubierta, sujetando su arma con la mano no apoyada en el suelo. Se oyó otra orden de repente…

¡Al abordaje!

… Y pudo distinguir a Faris saltando hacia la cubierta contraria, terminando rodeada de sincorazon.

«No, por favor, vamos… ».

Se levantó con un gruñido y, sin prestar atención a más, corrió todo lo rápido que podía, apoyó la mano libre en la borda, se impulsó y saltó tanto como había entrenado. No había tenido oportunidad de realizar el Doble Salto en combate real, pero parecía casi un vuelo. Planeó sobre ambas bordas por dos segundos y entonces cayó a plomo, con la Llave-Espada por delante para alcanzar al sincorazón más cercano. Si le destruía o no le daba igual, seguiría luchando hasta que no quedase ni uno.
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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Nell » Mié Feb 12, 2014 1:23 am

Sosegada de nuevo, se guardó la concha y pasó el resto del rato observando el mar, la cubierta o perdiendo la mirada en algún punto. Apática, no le apetecía establecer contacto con el resto del mundo, ni para jugar a las cartas, ni para cantar, ni para escuchar historias. Todo le recordaba a sus días en un barco similar. Y, cuanto más lo pensaba, más tangible se hacía la barrera que ahora le separaba de aquella vida.

Era una portadora de la Llave Espada. No una pirata, como ellas. Había cruzado una línea que la separaba de ese mundo. De su propio hogar.

Aún estaba cavilando sobre los muchos cambios que había hecho en su vida durante los últimos meses cuando sonó la campana. Al igual que los demás, buscó con la mirada la procedencia del ruido, escuchó la advertencia y, cómo no, se le puso la carne de gallina.

Sirenas. Otra vez. ¿Podía salir algo peor aquel día?

Faris llegó rápidamente y puso orden, dando una serie de instrucciones para todos los que no habían tenido contacto con ellas. Hana pensó que, a ella en particular, ninguna de aquellas advertencias le hacía falta. Se habría mantenido alejada de sus dientes incluso si no se lo hubieran pedido. Cuando todos se precipitaron a asomarse a la barandilla para mirar, optó por rezagarse, aunque soltó una carcajada al ver la precipitación de Malik por coger un buen sitio.

Ya te lo advertí… ―musitó, sin saber si éste la habría oído o no. Sería el tercero en meterse en problemas, lo veía venir.

Sin embargo, tuvo que admitir que también sentía curiosidad por verlas. Consiguió un espacio en segunda fila, donde alzando la cabeza y de puntillas podría atisbarlas. Se perdió el espectáculo que dieron al aparecer, y que seguramente dejó a más de uno sin respiración, pero una vez expuestas, las observó una por una.

Eran bellísimas, como no. La de la noche anterior no era una excepción, a la que Hana buscó con la mirada, y encontró al lado de la que parecía indudablemente la líder, una sirena de edad confusa, por su aparente juventud y su porte serio. Su atacante la sonrió, reconociéndola, y Hana no se echó a temblar por poco. ¡Diablos! ¿No mordía suficientes humanos como para olvidarse de ella?

Ana Lucía se adelantó y, tras una serie de muestras de respeto, la líder y ésta comenzaron a hablar. Hana no iba muy desencaminada al suponer que a las sirenas no les había gustado que la capitana llevara a brujas hasta sus aguas. Pero le desconcertó que mencionara que era “una magia muy poderosa”. Ella aún estaba en formándose, al igual que sus dos compañeros, por lo que no encajaban en tal descripción. ¿Sería cosa de que eran muchos, o latentes en su dominio? O puede que fuera cosa de Ronin. Sin embargo, no era su cuarto el que habían invadido.

Después de excusarse, Galatea aceptó la decisión de Ana y le encomendó la primera muestra de buena voluntad en su colaboración con las sirenas: destruir los dos barcos restantes llenos de hombres, o sincorazón como sospechaba Hana, que habían invadido su territorio. ¿Serían aliados de Chihiro o sólo temerarios que no sabían dónde navegaban?

En cualquier caso, Ana Lucía aceptó y partieron a la lucha.


***



Durante el trayecto, Hana se debatió entre las ganas de acción y el terror de saber que estaría rodeada de sus actuales enemigas, las sirenas. Necesitaba recuperar la confianza, volver a ser ella misma, y no se le ocurría mejor forma que pateando unos cuantos traseros. Sin embargo, tendría la constante presencia durante la pelea de su cercanía con lo que la estaba turbando tanto.

Se entretuvo, no obstante, con los mordaces comentarios de los mercenarios a las sirenas, imaginándose más de una vez a alguna saltando al barco, con esas piernas que a saber de dónde vendrían, y desgarrando al idiota en particular. En parte le aliviaba que no lo hicieran, para mantener la distancia con ellas.

Cuanto más se acercaban, más se palpaba la cargada emoción del ambiente y, olvidando sus problemas con las sirenas, se unió al ansia de sangre.

Faris volvió a dirigirse a ellos, para darles nuevas instrucciones. En su convicción de que no sabían luchar en un barco, Hana puso cara de póker. No pensaba reconocer, delante de nadie, que no había peleado de verdad encima de uno, salvo en riñas mano a mano. El resto de órdenes le parecieron inútiles. ¡Como si Faris pudiera impedir que se separaran. Y tampoco pensaba visitar el reino de las sirenas por su propio pie.

¿Por quién nos tomas? ―gruñó, después de la firme aceptación de Malik.

La imagen de un hombre atravesado por una espada cruzó fugaz en su cabeza, pero Hana la enterró rápido.

¡No te vayas a caer por la borda adrede! ―tomó el pelo a Malik, nerviosa por lo que se avecinaba.

A su alrededor, comenzó la acción. Ana Lucía cumplió con su labor de capitana y se acercaron al primer barco enemigo. Pronto comenzaron los bombardeos y la emoción por el combate dio paso a la incertidumbre. Mientras los dos navíos lanzaban sus cañonazos, Hana no podía hacer otra cosa que agarrarse a lo que más a mano tuviera y esperar que su suerte la ayudara a que no la alcanzara ninguno.

Más de uno no llegó nunca a enfrentarse a un enemigo cara a cara, pero en vez de lamentar su muerte, Hana más bien se alegraba de que no la hubiera tocado a ella.

Una vez acercados al primero, le llegó el turno al segundo de los barcos. Hana no entendió cómo llegaron hasta ellos, ya que estaba más pendiente de los cañonazos y el tumulto a su alrededor, pero de pronto se encontraban increíblemente cerca. Y vio, en cielo y cubierta, a sus tripulantes, una manada de sincorazón.

Por fin unos enemigos contra los que sabía luchar.

La batalla comenzó enseguida y la joven se sorprendió de que piratas y mercenarios se enfrentaran a los sincorazón sin ningún pudor o temor. ¿Estarían muy bien entrenados para dichas situaciones o conocían ya de antes a las criaturas? En cualquier caso, uno de los voladores se precipitó sobre Hana, por lo que la aprendiza no tuvo tiempo de comprobarlo.

Invocó su Llave Espada, mostrando sus poderes de bruja sin miramientos, e intentó asestarla con ella al sincorazón. En cuanto lo tuviera lo suficientemente cerca, le lanzaría un Aqua, con la intención de empujarlo fuera del barco y, con algo de precisión y fuerza, echarlo al mar donde las sirenas se encargaran de él.

Si no se deshacía de este modo del sincorazón, continuaría luchando a base de mandobles contra él sobre la cubierta de Sombra de Luna. En caso contrario, tenía intención de seguir a Faris en el abordaje, emocionada por aquella primera vez, donde lucharía contra la masa de sincorazón para hacerse valer como guerrera. Y pirata.
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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Sometron » Mié Feb 12, 2014 1:51 am

¡Ojalá no pudieran!. La muy z… ―pareció arrepentirse de lo que quería decir, Jess dejó escapar una risita―. Vino a nuestra habitación y me mordió. Suerte tenías de no estar allí. Tal vez a ti también te hubiera atacado, porque me identificó como una bruja. Quizá no le gustaba que Ana Lucía estuviera dirigiendo a brujas hacia su territorio y quería librarse de nosotras.

<<Lo que faltaba, ahora resulta que las sirenas también nos odian. Al final vamos a ganar el premio a los más odiados del Sombra de Luna.>>

La muchacha sentía como poco a poco los aliados se iban acabando y los enemigos se hacían más numerosos. No podía confiar en Ana Lucía ni Faris; el Maestro Ronin lo daba por perdido, obviamente; presentía que la tripulación del galeón, tanto mercenarios como tripulación usual, se le lanzaría a la yugular en cuanto no la necesitaran más; y para rematarlo las sirenas querían librarse de ellos. Sólo le quedaban Malik, que estaba siendo seducido por el enemigo, y Hana, con la que no había podido hablar para contarle sus sospechas aún. Y, por último, no sabía qué pensar sobre Rosa y sus acompañantes.

»¿¡Y dónde puñetas está ese endiablado Maestro!?

La cara de la ex-ladrona cambió al oír hablar de Ronin, a lo cual respondió de forma desganada:

No lo sé, pero no me importaría si se queda allí dónde esté por un tiempo. ―<<O para siempre…>>

El día siguió su curso de forma natural. Y en el momento en que Malik fue a jugar a las cartas supo que era el momento de hablar con Hana. Se acercó a ella y la cogió suavemente del brazo.

Ven conmigo, tengo algo de lo que hablarte. ―susurró en su oído mientras la intentaba llevar a un lugar donde no hubiera gente alrededor.

Una vez allí le habló sin miramientos, no sabía de cuánto tiempo disponía ni si se acercaría alguien para unirse de forma inocente a la conversación. Si la chica del pelo azul no hubiera aceptado seguirla, intentaría hablarle en voz baja para no ser oída por alguien más.

Seré directa, no me fío de Ana Lucía ni de Faris; sobre todo de Faris. Se muestra demasiado amable y intenta ayudarnos demasiado y sin razón aparente. Además, creo que está intentando ganarse a Malik para poder ganarnos a nosotras de forma casi inmediata. Lo que no acabo de entender es cuál es la razón detrás de este interés. ―hizo una pausa― ¿Tú qué opinas?

Dejó que su compañera contestara antes de seguir.

Y luego está el asunto de Rosa y compañía, por una parte creo que son nuestros únicos posibles aliados en el barco; pero también está clarísimo que tienen algo que ocultar.

Y al oírse hablar se dio cuenta de algo, ¿en qué momento aquello se había vuelto una guerra de influencias? En un principio sólo estaban en un barco que les llevaría hacia una aventura, pero ahora estaba buscando traiciones y planes secretos por todas partes. ¿Estaba siendo paranoica o de verdad había tantos peligros como ella estaba imaginando?

Poco más pudieron hablar porque la campana del vigía empezó a resonar por todo el barco.

¡Sirenas! ¡Se acerca un banco de sirenas!

No tardó en unirse también la campana de proa, que estaba siendo golpeada por Faris. La joven se acercó como pudo a la posición de la segunda de abordo.

¡Atención! ¡Se acerca una embajada de sirenas! ¡Los hombres manteneos alejados de la borda! Aunque, si queréis, podéis acercaros, pero yo no respondo de vuestra seguridad. ¡Las demás ya sabéis que no hay que decir ninguna palabra! ¡La capitana tratará con ellas!

Cuando Faris acabó de hablar, la multitud ya había obligado a Jess a dirigirse hacia la borda de babor. Una vez allí descubrió cómo el agua se agitaba anómalamente, dirigiéndose esta perturbación hacia el barco a una velocidad vertiginosa.

Antes de que el susodicho banco de sirenas llegase a colisionar con el barco, el mar entró en una repentina calma y las sirenas surgieron de las aguas. Había muchas, bastantes más de una decena; todas eran diferentes entre sí, pero había una que llamaba la atención especialmente: su sereno gesto y sus ojos relataban los milenios que habían pasado. Tan solo con verla ya podía intuirse que aquella era la líder de las sirenas.

Jess no pudo evitar mirar fijamente a aquellos ojos, como si fuera a hundirse en ellos y revivir la eternidad que había pasado desde que se estos se abrieran por primera vez. Los pasos de la capitana del galeón resonaron sobre la cubierta y se dirigieron hacia la borda, no muy lejos de dónde se encontraba ella; la muchacha siguió observando los ojos de la sirena en todo momento, por lo que no supo realmente si se trataba de Ana Lucía.

La reina sirena agachó la cabeza unos instantes, probablemente a modo de saludo hacia la capitana. La conferencia comenzó.

Mi hija os visitó anoche.

De alguna forma su voz casaba a la perfección con la imagen orgullosa y misteriosa que proyectaba.

Eso me han hecho saber. ¿Por qué habéis hecho que nos registre, Galatea?

Porque olemos magia —Jess tragó saliva, por un momento la mirada de ambas se cruzó mientras la sirena recorría la tripulación con la mirada—. Demasiada magia. Una magia muy poderosa. ¿Cómo traes tanta magia a nuestras aguas?

En un principio le había preocupado que las sirenas tuvieran algo en contra de la magia, pero ahora que las había visto casi tenía miedo de considerarlas enemigos. Probablemente Galatea podría matarlos a los tres antes de que se dieran cuenta sin ayuda del resto de sirenas.

Es lo necesario para cumplir nuestro pacto. Esa mujer trae muchos hombres consigo, yo no puedo ser menos.

Galatea se giró hacia la sirena que tenía al lado, lo que hizo que Jess también la mirara. Debido a la cercanía de esta supuso que era su hija. La joven sirena dijo algo en una lengua imposible de entender para ella, a lo que la madre negó con la cabeza y volvió a dirigirse a Ana, mientras la muchacha volvía a caer en el profundo de sus ojos.

Sea, pues. Es hora de cumplir vuestro pacto. Hay tres barcos que también han entrado en nuestro territorio. Hace un día estaban llenos de hombres. Ahora sólo hay criaturas que hieren a mis sirenas cuando intentan acercarse. Hemos destruido uno, pero han muerto muchas sirenas. Queremos que luchéis ahora. Nosotras os ayudaremos.

Volvió a tragar saliva, creyendo saber a qué se refería. Si estaba en lo correcto, poco iban a poder hacer los piratas contra lo que se venía encima; pero le estaba prohibido opinar, por lo que se limitó a seguir observando.

¡Mostradnos el camino!

<<Insolente.>>

* * *


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El Sombra de Luna navegó a través de las aguas con Galatea y sus seguidoras al frente; cualquier humano que tuviera que enfrentarse a eso huiría nada más verlo, pero su enemigo esta vez no era humano y la intimidación no les valdría para nada, solo el acero podía acabar con ellos. Aún así, la chica no pudo pensar en otra cosas que en la sirena reina: Galatea. Su mirada enigmática realmente había conseguido afectarla y se hallaba imaginando cómo eran las eras que había podido vivir, fascinada.

No tenéis ni idea de luchar en un barco, ¿verdad? —Jess sacudió la cabeza, intentando sacar los preciosos ojos de la sirena de su mente; al parecer Faris les había reunido a los tres—. Obedeced mis órdenes. Primero intentaremos hundirlos y luego atacaremos al abordaje. Utilizad vuestra magia con cuidado y no hagáis daño a los nuestros, ni os separéis un pelo de mí.

»Y, ante todo, no caigáis al agua. No habrá tiempo para recogeros y a saber si habrá monstruos en ella. Galatea lo ha dado a entender, pero no ha sido muy clara. Nunca lo es.


La muchacha hizo una mueca y asintió brevemente, Faris les dedicó una sonrisa desafiante.

¿Y bien? ¿Preparados para matar?

Sí.

No contestó. Lo estaba, pero le parecía innecesario compartirlo con aquella mujer, de la cual desconfiaba profundamente.

¡Capitana! ¡Sus órdenes!

El momento se acercaba.

¿Les enseñamos lo que sabemos hacer?

¡No te vayas a caer por la borda adrede!

Ella, por su parte, asintió con decisión dedicando una breve mirada a cada uno durante unos instantes.

¡Abrid fuego!

El fuego cruzado empezó entre ambas embarcaciones, que cada vez estaban más ligeras. En frente suyo, una mujer cayó al suelo con la cara destrozada por el efecto de una bala de cañón. Podría curarla, pero no debía malgastar su magia antes de la batalla, quizá si seguía viva al terminar…

¡Galatea!

Y el Sombra de Luna se dirigió a una velocidad vertiginosa hacia el barco del enemigo. La Llave fue convocada instintivamente por Jess, que la aferró con fuerza.

<<No es momento de dudar, ganemos esto.>>

Finalmente los barcos chocaron y todo tembló unos instantes. Como había sospechado, el barco estaba cargado de sincorazones, algunos incluso alados.

¡Al abordaje!

Faris y la mayoría de piratas saltaron hacia el otro barco, dispuestos a arrebatar vidas y quizá a dar la suya propio en pos de un bien mayor. Cuando ella había decidido saltar observó como uno de los sincorazones alados rodeaba a Malik y otro caía sobre Hana.

Su decisión fue ayudar a Hana, que podía ser golpeada más fácilmente al estar ya la criatura en posición de atacarle. Jess saltó intentando golpear al oponente con la Llave y unió sus esfuerzos a los de Hana para derrotar o expulsar del galeón al sincorazón.

Si conseguían acabar con la criatura pero Malik aún seguía en problemas, se lanzaría a atacar al sincorazón por la retaguardia. En cambio, si él también se encontraba libre, empezaría a correr con toda su potencia hacia la borda, saltando poco antes del fin de la cubierta.

Antes de caer sobre la otra cubierta, echaría una mirada hacia las aguas, en busca de las criaturas que albergaban, esperando que la visión de estas la inspirara en la batalla que acababa de empezar.
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Copiado de Red pero con permiso (?)
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Ronda 8

Notapor Suzume Mizuno » Mié Feb 12, 2014 8:42 pm

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Malik

Malik consiguió derribar al Sincorazón que lo acosaba y saltó al barco enemigo pero, una vez allí, las criaturas lo rodearon rápidamente: eran muchísimas y la presencia de la Llave Espada las atraía sin remedio, por lo que se convirtió en su centro de atención. De pronto sintió un golpe en la espalda y vio que el Sincorazón volador que le había atacado antes vuelto a la carga contra él, poco dispuesto a dejar escapar a su presa. Distraído por el golpe a traición, recibió un profundo tajo por parte de un Soldado que le dejó el brazo adormecido por el dolor. Una sombra lo sobrevoló y vio que su amiguito traidor había tomado altura y se preparaba para caer en picado sobre él. Entonces resonó un disparo y en el pecho del Sincorazón se abrió un agujero humeante antes de que se desvaneciera.

Faris bajó su pistola y dedicó una fugaz sonrisa a Malik antes de volver a defenderse.

En ese momento el aprendiz pudo ver que un Soldado se abalanzaba para clavar sus garras contra la espalda de la segunda de abordo. Pero, a la vez, otro Soldado cargó contra él dispuesto a rebanarle la garganta.


Hana

Hana, por su parte y con la ayuda de Jess, se deshizo de su propio Sincorazón y saltó al abordaje. Al igual que le sucedió a Malik, se vio rodeada de inmediato de Sincorazón. Su mayor experiencia le permitió librarse de uno o dos —no estaba claro en medio de la vorágine de ojos dorados y cascos de metal—, pero de no haber sido por las piratas seguramente habría acabado enterrada bajo una montaña de Sincorazón. Aun así, recibió un zarpazo de refilón en el estómago que por poco estuvo a punto de abrirle las entrañas.

En ese momento se encontró enfrentada a tres Soldados que se bamboleaban nerviosamente sobre sus piernas, dispuestos a esquivar sus ataques: no podría con ellos a la vez, pero tampoco podía darles la espalda…

En ese momento una figura se plantó a su lado con firmeza y Hana vio a Ana Lucía sonriendo ferozmente: en una mano llevaba una pistola, en la otra su espada: su sombrero y su casaca estaban salpicados de sangre —que sólo podía ser aliada, quizás de alguna víctima de los cañonazos—. Con un par de fulminantes estocadas se deshizo de dos de los tres Sincorazón y exclamó mientras seguía cargando hacia delante:

¡¡Vamos, mocosa! ¡Demuestra de lo que eres capaz!


Jess

El salto le permitió ver que en las aguas se hundían un par de cadáveres, un hombre y una mujer, que llenaron el estrecho canal entre ambos barcos de sangre. El agua estaba turbia y el movimiento de los cascos de los galeones la sacudía brutalmente. Pero, aun así, le pareció vislumbrar una especie de cola… ¿De sirena? ¿O de otra cosa?

Una vez en la cubierta enemiga, Jess vio cómo la mujer calva, Vanora, se llevaba por delante a grupos enteros de sincorazón como si no pesaran más que plumas a base de espadazos. Rosa no andaba muy lejos; se movía tan rápido que ningún Sincorazón lograba acertarla y siempre acababa atravesado por la espada de la mujer, que le atacaba por donde menos se lo esperaba.

La joven no se encontraba a demasiada distancia de ellas y, si quería, podía acercarse para buscar que le protegieran la espalda pues de inmediato los Sincorazón se arrojaron hacia ella, atraídos por su Llave Espada.

De pronto escuchó un silbido y, a menos de dos metros de distancia, la cubierta reventó y volaron cuerpos de Sincorazón, piratas y astillas por los aires. Jess cayó al suelo por culpa de la onda expansiva y se clavó un trozo de madera, que se hundió un par de centímetros en su hombro.

Desde el suelo pudo ver que, sobrevolando el mar, cerca de dos metros por debajo de la cofa, había un barco sincorazón que cargaba sus cañones y apuntaba en dirección a la cubierta una vez más.

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Los aprendices podían intentar atacarlo con magia, pero estaba bastante lejos y a mucha altura…

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Malik. PV: 22/24. PH: 10
Hana. PV: 20/21 PH: 21/24
Jess. PV: 7/8. PH: 12


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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Re: [Port Royal] Sombra de Luna

Notapor Tanis » Jue Feb 13, 2014 5:40 pm

Quizá lanzarse sin más contra la marabunta de sincorazones él solo no había sido buena idea, pero no podía dejar sola a Faris y que la mataran. Eran demasiados.

Por suerte o por desgracia, al pisar la cubierta del barco enemigo, todos los sincorazones se fijaron más en él que en Faris. La Llave-Espada y su poder les atraían, trataría de aprovechar eso para que Faris y los demás aliados que pudieran estar en el barco lograran deshacerse de algunos por la espalda. Encaró a los sincorazón que se bamboleaban a su alrededor, dispuesto a destruirlos.

Entonces algo le golpeó por la espalda, y a punto estuvo de caer de rodillas. Logró mantener el equilibrio a duras penas, y al girarse vio al sincorazón volador que no había derribado antes. Por culpa de esa distracción, además otro de los sincorazones de la cubierta le hirió, arañándole profundamente en uno de los brazos. Un calambre de dolor le durmió el brazo herido y tuvo que sujetar el arma con el otro.

Maldijo entre dientes.

Se apartó de ellos todo lo que pudo, tocando con la espalda en la borda. La sombra del sincorazon volador se perfiló contra el suelo y Malik alzó la vista. Fue a levantar la Llave-Espada… cuando tronó el disparo de Faris, y un agujero de bala se abrió en el pecho de aquel sincorazón justo antes de que se desvaneciera. Malik tragó saliva y miró a Faris, devolviéndole la sonrisa a medias.

Sin embargo no tuvo mucho más tiempo para recuperar el aliento, estaban rodeados de Soldados. Malik se apartó de la cubierta, y corrió para intentar interponerse entre Faris y el sincorazón que iba atacarla. Mantuvo la Llave-Espada a la altura del pecho-cuello, como escudo precario. Probablemente no funcionaría…

«Ojalá pudiera hacer magia… ».
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