[Evento Global] Datastream

Nunca olvidarás que tomaste parte en alguno de estos jolgorios. Kazuki tampoco.

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Yuehito » Vie Mar 28, 2014 7:51 pm

Pecador.

¿Quién eres?

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen.

¿Eileen?

Al abrir los ojos tenía en frente a la cariñosa chica que tanto anhelaba ver en buenas condiciones al pensar de que se encontraba en peligro. Pero sentí miedo, al lugar donde me hallaba y por lo pesado que sentía mis extremidades casi imposibles de mover. Aun así el rostro de Eileen no me inspiraba confianza, algo había cambiado, algo estaba mal.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen.

La chica acercó su cuerpo hacia mí posando su mano en uno de mis mechones ondulantes de mi pelo. Haciendo un leve juego con él tranquilamente. Pero seguía sintiendo el indeseable peligro.

¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos?

Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Q-qué q… q-qué h-hace… ¡Aaah! ―La mano de la chica se introdujo en mi pecho y un dolor inquietante se esparcía por el entorno que palpaba. Podía sentir lo cuan a dentro estaba su mano y el pánico comenzó a invadir mis sensaciones.

Entonces sacó de mí lo que permanecía guardado como tesoro inocuo. Mi corazón, que brillaba intensamente en las manos manchadas de sangre de la extraña Eileen. Entonces dudé y me estremecí pensando en que todo era una ilusión, que todo era una farza en el que suplantaban la tierna identidad de la chica de coletas largas.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

¡Nooo! ¡¿Quién eres?! Qué le has hecho a Eileen, ¡devuélvela impostor! ¡Quién quiera que seas!

Y grité, envuelto en la angustia y en la agonía mientras estrujaba mi fulgurante corazón. Sintiendo como se consumía una parte de mi, inidentificable en ese momento, pues arrebataba lo oscuro y siniestro de mi pasado para formar una réplica maligna solida en sus manos. Estaba aterrado, perdiendo fuerzas a cada segundo engullendo la memoria en retazos incompletos, temiendo a lo que más evitaba, olvidar.

***

Toma mi mano

Al instante pude sentir el cálido tacto de una persona que tiraba de mí. Muy pronto pude notar la intensidad de la poca luz del nuevo mundo donde pronto llegaría a sentir. El olor, la voz a mi oído, lo suave que eran, pude identificar a Fátima mientras intentaba despertar de la extraña pesadilla.

¿Fátima? Tuve una pesadilla… ¿D-dónde estamos?

En mi intento por reaccionar pude notar como todos ponían atención al medio de lo que parecía ser un estadio y al medio una imagen que desapareció en seguida donde solo pude leer “Juegos”.

Lo más insólito fue que en medio de la pelea estaba el valiente Edge contra la ya irreconocible Eileen, luchando en forma violenta de vida y muerte. De ahí los sucesos pasaron tan rápido que me fue complicado entender, pues antes de la explosión divisé asustado a lo lejos a una Fátima más grande. Tomé los hombros de la Fátima que tenía a mi lado y con ojos asustados dije asustado su nombre. Entonces a su espalda apareció la falsa chica con su capucha puesta dispuesta a atacar a la nueva e irreconocible compañera, pero un golpe instantáneo le impidió cometer aquella brutal intención.

Q-Qué está pasando… n-no entiendo ―. Miré a Fátima asustado pensando que podría ser una falsa réplica, pero los ojos de mi compañera conservaban la amistad, por lo que con un suspiro sentí alivio―. Sé que tú eres la verdadera Fátima… pero quién será ella… se ve mas… ¿Adulta? ¿Un viaje al futuro?

Ante tal situación y la charla entre los tres habitantes del lugar permanecí callado atento a las palabras que decían, a lo mejor esperando a que nos diesen alguna explicación, pero nada parecía entendible. Más cuando el extraño Edge levantó una especie de hoja, quien rompió con sus manos, una serie de números que flotaban en el airé impactaron en mi pecho. Entonces los recuerdos vinieron a la mente.

Kairi, Hiro, Neas, Nadhia, Seako, Diana, pacto, reapers game, el último atardecer, fueron los conceptos que vinieron al recuerdo junto a la imagen de el último momento de mi supuesta muerte, la eliminación.
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Un brusco movimiento de mi cuerpo me sacudió sintiendo el aterrador momento donde fui calmado nuevamente por Fátima que permanecía a mi lado. Entonces miré a Nadhia, ahora con conocimiento de quien era pero asustado por lo que pasaba.

Para ese entonces solo quedaba reaccionar y elegir un camino por los que si sabían de la situación. Estaba dispuesto a seguir a Fátima al ser la que tenía más cerca pero fue ahí que comencé a mirar a los demás aprendices que decidían su camino y a lo lejos reconocí a FyK, que parecía tener una idea en su cabeza, si el lograba mirar mi rostro reconocería lo asustado que me encontraba y el deseo inevitable que me producía que estuviera junto a mí, pues él era uno de esos amigos que no quería perder. Lo mismo pasó con Hikaru pero todo acabó en el rostro de Fátima quien miraba a su réplica, ¿Falsa, irreal, Ilusión? No lo sabía, pero si me tocaba ir al camino de la perdición junto a ella, iría.

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Exuy sigue a Fátima
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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Tidus Cloud » Vie Mar 28, 2014 8:53 pm

Kazuki fue contestando pacientemente a las diferentes dudas que tenían todos los aprendices presentes. El Maestro respondió como pudo tanto a las preguntas más prudentes como a las que invitaban al caos. Pese a que Kazuki le había pedido que se calmara, Bavol se encontraba demasiado nervioso con aquella situación. Se pasó la ronda de preguntas con una de sus manos colocada alrededor del cuello y la otra sobre el corazón notando como le latía rápidamente. Incluso llegó a ignorar al chico que le había presentado su amiga Myxa.

Cada pregunta que se realizaba contribuía a la crispación general y al terror entre los Aprendices. El chico presentía que ninguno de los allí presentes, ni siquiera los Maestros, sabían muy bien cómo debían manejar exactamente aquella situación, así que no paraba de lamentarse una vez tras otra de la ausencia de Ronin.

Entonces, Bavol dirigió su mirada sobre una de las pantallas de la habitación y se percató de que la mujer estaba moviendo los labios casi como si tratara de decirles algo. Estuvo a punto de llamar la atención sobre aquel hecho a alguno de sus compañeros cuando de pronto todo se volvió oscuridad…

* * *

Pecador.

“¿Dónde estoy?”

Ya no estaba dentro del castillo de Tierra de Partida, lo que estaba contemplando no podía ser el mundo que tanto quería. Se encontraba rodeado de oscuridad por todas partes, sumido en el más profundo cansancio y la fatiga, dominado por el miedo, sin ningún tipo de compañía… a excepción de ella, la mujer de las pantallas.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

“¡Fuera, apártate! No voy a tener miedo de ti…”

Quería con todas sus fuerzas que se alejara, que desapareciera y que le liberara de aquel mundo de oscuridad en el que le había encerrado, pero era inútil. Sintió como algo atravesaba su pecho y le oprimía el corazón con fuerza. Se retorcía del dolor y sintió la necesidad de gritar de horror cuando observó a aquella terrorífica mujer con un brillante corazón rojo en la palma de su mano. Se negaba a creerlo. No podía haberle arrebatado el corazón, nadie podía hacer eso, acaso aquella persona podría tratarse de algún tipo de sincorazón.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

La sádica mujer absorbió una especie de energía oscura proveniente de su corazón. Bavol no tenía ni idea de qué era semejante cosa que salía de su interior, pero sentía como algo estaba cambiando en su interior. Era… el odio, el resentimiento, la indignación. Todos aquellos sentimientos negativos que había estado acumulando durante tantos años de persecución en París estaban desapareciendo al fin. Finalmente, su corazón volvió a su lugar, pero ya no era el mismo, le habían arrebatado algo.

¡Aléjate de ellos! ―exclamó una misteriosa voz.

La mujer desapareció, pero un nuevo camino surgió en la nada cuando la oscuridad lo comenzaba a arrastrar hacia su interior. Era la oportunidad de escapar, tenía que salir cuanto antes de aquel terrorífico lugar.

* * *

Una vez fuera de aquel agujero de oscuridad Bavol se dio cuenta de que no estaba solo en aquel lugar. Estaba rodeado por sus compañeros de Tierra de Partida, pero también por otras personas que no había visto jamás en el castillo, entre los cuales reconoció a Ban. Aquellos desconocidos podían tratarse de los traidores de Bastión Hueco; sin embargo, no parecían los causantes de la situación, ya que parecían igual de aturdidos que el resto de Aprendices.

Aunque hubiera sido capaz de salir, era evidente que no había regresado al castillo, se encontraba en un lugar totalmente diferente. Los Aprendices se encontraban en las gradas de un enorme coliseo con una enorme pantalla, en la que se veía también la imagen de una extraña mujer y un curioso mensaje sobre su cabeza: Bienvenido a los IV Juegos del Enjambre. Tampoco tuvo demasiado tiempo para observar aquel cartel pues de pronto fue destruido para sorpresa del chico.

Una lucha se estaba librando en aquel lugar. A una de ellas la reconoció perfectamente, se trataba de la malvada mujer de ojos brillantes con la que había comenzado toda aquella situación. Contra ella combatían otros tres personajes: un hombre de pelo azul armado con una lanza, una mujer de largos cabellos y por último, otra mujer de pelo corto vistiendo un extraño y brillante traje. Pese a que los tres juntos se lanzaron al ataque de la mujer, ésta consiguió resistirlos para finalmente desaparecer de la arena.

¡Mierda! ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien?

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

Un virus. Aquella extraña mujer, o como la habían llamada, Erased Data era el virus que había atacado a Tierra de Partida. No conocía a aquellas personas, pero parecía que compartían con él el deber de eliminarlo.

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―exclamó el chico de pelo azul dirigiéndose a los recién llegados―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Totalmente de acuerdo, había que hacer lo que fuese necesario para detenerla. Sin embargo, Bavol no fue capaz de comprender exactamente qué es lo que ocurrió a continuación. El hombre aseguró que tenía algo que darles y para ello rompió una carta que había sacado de su ropa; sin embargo, nada ocurrió. O al menos eso creía hasta que comenzó a observar las consternadas caras de algunos de sus compañeros.

¿Pero qué es lo que os pasa? ―preguntó extrañado el pequeño gitano.

No entendía qué es lo que les había ocurrido, lo que fuera que les hubiera pasado era bueno o una maldición porque desde luego la mayoría de sus compañeros no parecían contentos. Bavol se sentía totalmente fuera de juego, por qué razón habría sido discriminado de aquel “regalo”.

Ocurriera lo que ocurriese, tendría que esperar. Ahora mismo lo más importante era acabar con el enemigo y no había tiempo que perder. Crow, encargado de encontrar el generador de luz, se dirigió hacia el lado opuesto de las gradas tal y como le habían indicado. Bavol miró a sus compañeros y con un movimiento de cabeza les indicó que él se marchaba con el joven de cabellos azules. Hubiera preferido que sus amigos le acompañasen para sentirse más cómodo en aquel extraño lugar; sin embargo, tenían libertad para hacer lo que quisieran.

Bueno, vamos a demostrarles a todos la fuerza de Tierra de Partida. Eh, y si por si algo pasa… estoy muy feliz de haber estado con vosotros. ―se despidió el gitano antes de seguir a Crow.

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Bavol escoge la Ruta de la Luz.
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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Suzume Mizuno » Sab Mar 29, 2014 1:32 am

Exuy fue a hacer una pregunta, pero no se atrevió a pronunciarla en voz alta. Fátima le dedicó una sonrisa de ánimo y luego miró con atención a Kazuki, escuchando sus respuestas… Una en especial le llamó la atención:

Si son los miembros de Bastión Hueco quienes lo están provocando, entonces sólo podremos...

En ese momento, Lyn soltó un gruñido e interrumpió al Maestro. Pero dio igual que no terminara la frase, sus intenciones habían quedado muy claras. Fátima frunció el ceño y se miró los zapatos. Hacía tiempo, ya se les advirtió de que habría una guerra, de que eran enemigos de la gente de Bastión Hueco. Pero, desde entonces, Fátima apenas había visto un verdadero enfrentamiento entre ambas secciones de la Orden…

Quitando a Ragun, claro, y lo que le explicó sobre los planes de Ronin para acabar con sus enemigos.

Se estremeció y, de repente, se preguntó, como muchos en la sala, dónde estaría Ronin. Y que, si Kazuki sospechaba que detrás de aquello estaba alguien de Bastión Hueco, ¿entonces había peligro de que… llegaran a algo más?

Por suerte, Lyn no parecía estar de acuerdo. O quizás no era tanta suerte. No estaba segura de que les conviniera una división entre los Maestros precisamente cuando les necesitaban unidos, en un maldito bloque, como responsables de los aprendices que eran.

Los maestros nos están enviando a un matadero…

Miró de reojo a Malik y a su malestar general se sumó una aguda preocupación. En especial cuando estalló el jaleo por la pregunta que pronunció. Todos los aprendices, alborotados, comenzaron a hablar a la vez. Fátima no se sumó a ellos, pero no fue capaz de controlar que se le contagiara parte del miedo que había inundado la sala. Las cosas estaban pasando demasiado de prisa y las preguntas estallaban en su cabeza sin obtener respuesta alguna. ¿Por qué Exuy conocía a Eileen? ¿Quién era? ¿Y por qué sospechaban que Bastión Hueco estaba detrás…? Aunque, ¿quién iba a ser?

Por otro lado, ¿por qué asustaba tanto la idea de morir? Si se enfrentaban todos los días a muertes bastante desagradables enfrentándose a los Sincorazón… Aunque, debía admitir, que era normal que la gente estuviera inquieta. Después de todo, se trataba de un ataque a la misma sede de la Orden —aunque ella, ante todo, pensara que era algo molesto y no un daño directo al castillo— y los Maestros les habían movilizado al completo…

Y, además, ¿qué era lo que había salido tan mal? Tenía la seguridad de que Malik no haría una pregunta así en voz alta si no fuera algo realmente peligroso.

«¿Qué está pasando en realidad?».

Estaba tan preocupada, sumida en sus propios pensamientos, que no se dio cuenta de que algo extraño pasaba, de que el video de la joven que se reproducía en todas las pantallas había cambiado ligeramente.

Cuando el portal del ordenador se encendió, Fátima no pudo más que soltar una exclamación ahogada de sorpresa, antes de que el mundo se ennegreciera.


****

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Oscuridad. Por todas partes. No había nada más que un vacío eterno que giraba a su alrededor. Era una mota de polvo en medio del espacio inabarcable.

Una oleada de terror le sacudió el cuerpo.

No podía moverse, el pecho le aplastaba los pulmones y apenas sí era capaz de respirar. Un cansancio extremo había dejado sus extremidades agarrotadas y tenía la impresión de que la oscuridad la aprisionaba, trataba de reducirla a la nada.

«¡No quiero!» fue lo primero que pensó, sintiendo que se ahogaba en medio del miedo que le paralizaba el cuerpo. No entendía nada, ni cómo había llegado ni por qué estaba en ese lugar.

Pecador.

Se estremeció al escuchar aquella voz y giró con dificultad la cabeza. Ahí, entre las sombras, se perfilaba una figura que le provocó que se le helara la sangre en las venas y el aguijón del terror le atravesó el estómago cuando unos ojos amarillos resplandecieron en medio de la oscuridad.

«Eileen» pensó, paralizada.

La voz de la mujer había cambiado. Estaba distorsionada, como un teléfono escacharrado intentando enviar un mensaje con serias dificultades. Era, por ello, difícil decir si se trataba de una voz masculina o femenina: quizás fuese la más neutra que habían escuchado nunca.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —se acercaba y Fátima deseó salir corriendo, pero el cuerop no le respondía. Estaba tan asustada por todo lo que estaba pasando, por no comprender nada, que ni siquiera se percató de que se dirigía a ella como un hombre. Sólo se le ocurrió pensar que aquella voz no parecía humana, sino de ultratumba, sin sexo ni edad… Se encogió sin poder evitarlo cuando le acarició el pelo—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Con la garganta tan tensa que no fue capaz ni de emitir un ruido, siguió la trayectoria de su mano hasta su pecho. Aguantó la respiración. Y, entonces, la mano le atravesó.

El dolor fue tan indescriptible que ni siquiera gritó. La piel tiraba, la carne se rajaba con un escalofriante sonido y pudo escuchar en el interior de su cabeza cómo las costillas se le quebraban y luego chascaban, abriéndose de par en par hacia los lados para dejar entrar la mano. Pudo sentir cómo sus fríos dedos revolvían en su interior, apartando sangre y carne, hasta que se cerraron sobre algo que latía descontroladamente.

El tirón la hizo arquearse y las venas se partieron, salpicando sangre a los lados.

«Ya está, se acabó» pensó.

Pero la vista no se le nubló, ni tampoco sintió que la vida se le escapara de entre los dedos. Al contrario, no podía apartar los ojos de aquella luz escarlata, cegadora en medio de la negrura y que iluminaba la delicada figura de Eileen. Y su terrible sonrisa, con los ojos abiertos de par en par, deformando su cara en una mueca de locura.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Entonces los dedos se hundieron en el corazón de Fátima. La chica se arqueó y, no supo cómo, chilló. Gritó que se detuviera porque sabía, sabía que si hacía eso, seria el fin. Pero Eileen, sin dejar de sonreír, aplastó el brillante corazón hasta quedó reducido a una simple pulpa sanguinolenta. Cayó a los pies de Eileen y, de pronto, por sus innumerables heridas comenzó a surgir un humo negro que ascendió y Fátima sintió cómo algo la abandonaba sin remedio. Eileen le estaba robando una parte de sí misma. No sabía cuál, pero se la estaba llevando. Y, entre tanto, veía cómo la oscuridad envolvía cada vez con más y más densidad a Eileen. Por contraste, sus ojos cobraban mayor fuerza… y parecían dos terribles soles en medio de la nada.

Y ahora era cuando la mataba. Estaba convencida.

¡Aléjate de ellos! —una luz, ¿o una voz?, resonó en todos los rincones de aquel lugar maldito.

Ella rió y se desvaneció.

Fátima se agachó, sin querer ver su pecho abierto, y rodeó con manos temblorosas su corazón. Había quedado tan pequeño y maltrecho que la pena la hizo romper a llorar. El dolor anterior había sido, simplemente, tan despiadado que no había tenido ni fuerzas para hacerlo. Pero al verlo tan destrozado sólo pudo pensar:

«¿Qué le has hecho?».

Lo recogió con toda la delicadeza que fue capaz y se lo llevó a donde debería estar. Cerró entonces los brazos sobre su pecho, asqueada al sentir la sangre, en un vano intento por intentar protegerlo.

Respirando agitadamente, notando su corazón palpitar débilmente, alzó la vista y vio que sobre ella, rompiendo la oscuridad, había una luz. Pero estaba lejos. ¡Demasiado lejos! La desazón la invadió y por un momento se preguntó si no sería más fácil dejar que todo se acabara, cerrar los ojos y no sentir más.

Pero su corazón latió un poquito más fuerte, como protestando, y Fátima sonrió con una mueca de dolor mientras miraba de nuevo a su objetivo.

«Llegaré» se dijo con decisión. Era eso o desaparecer.

Y empezó a subir. Apartó el dolor de su mente, aunque era muy difícil, y se enfocó en subir, subir, subir.

Alcanzaría la luz, aunque fuera lo último que hiciera.

* * *


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Fátima emitió un gemido de esfuerzo cuando consiguió salir y cayó de rodillas, sin fuerzas, jadeando y con la impresión de que el corazón se le iba a salir del pecho otra vez. Entonces se dio cuenta de que pasaba algo raro, miró hacia abajo y vio que no estaba herida. Aturdida, se pasó una mano por el torso justo cuando lo que parecía ser un agujero negro se cerraba a su espalda sin hacer ruido.

«Lo he conseguido» pensó, recuperando poco a poco el aliento. Tenía las mejillas arrasadas por las lágrimas y se las limpió con el dorso de la mano, reprimiendo a duras penas el impulso de romper a llorar. ¡Lo había conseguido! ¡Estaba a salvo!

Volvió a acariciarse el pecho y soltó un suspiro de alivio al notar que todo estaba en su sitio, incluso si creía sentir pinchazos en el corazón cada vez que este latía. Pero, ¿es que había sido una ilusión?

Miró en derredor. Había llegado a las gradas de lo que parecía ser estadio…Increíblemente oscuro. Sólo entonces se dio cuenta de que ya no estaban en el mundo habitual. Recordaba ese tipo de mundo tan artificial, tan brillante y a la vez tétrico.

Estaba en la Red.

¿Alex?

¡Malik!—exclamó Fátima, experimentando un inmenso alivio al ver que el hombre se encontraba bien.

¿Malik, Fátima?

Fátima pegó un respingo y se volvió para encontrar, no muy lejos de ella, a Ragun.

¿Ragun? ¿Qué haces aquí?—balbució.

¿Y por qué conocía a Malik? Alternó la vista entre ambos, estupefacta, y luego sus ojos se clavaron en el brazo ausente de Ragun. Durante un primer momento no supo qué era lo que no acababa de encajar, hasta que cayó en la cuenta de que, la última vez que le vio, no tenía nada de brazo. Ahora, en cambio, lo que parecía ser un antebrazo negro trazaba la forma de una extremidad hasta más o menos el codo, recorrido por vetas violetas.

Así que estaba consiguiendo recuperarlo… Se alegró por él.

Veo que no solo estamos aquí los de Bastión Hueco ―aquello hizo que Fátima regresara a la realidad y sacudió la cabeza antes de ver que Ragun estaba en lo cierto; allí había varios aprendices que, o no había visto antes, o le sonaban de cuando llegó a Tierra de Patida. Tragó saliva. ¿Eso significaba que sí que tenían algo que ver con el ataque?―. ¿También os ha hecho algo raro una chica rubia?

¿Eh? ¿Cómo que «también»?—se estremeció al pensar en lo que había ocurrido durante esos momentos sumida en medio de la oscuridad y se llevó una mano al pecho, notando el eco del dolor cuando esa mujer le hurgó en el corazón... Pero se esforzó por apartarlo de su mente y preguntó—: ¿Entonces no ha sido sólo en Tierra de Partida? ¿Sabéis quién es ella, o qué diablos está pasando?

No, ni idea —Fátima puso mala cara, pero había imaginado que diría algo así—. Simplemente apareció en mi teléfono móvil y nos llevaron a la Sala del Ordenador de Bastión Hueco, antes de que pudiesemos hacer nada ya estábamos aquí.

Igual que nosotros, entonces…

De pronto, el ruido de los murmullos y de lo que parecía ser un enfrentamiento atrajo su atención. Se incorporó conteniendo el malestar que la invadía, sufrió un pequeño mareo, y buscó a sus compañeros. Vio a Stelios y a Albert, también a Nadhia y a Xefil, a Light y…

¡Exuy! —corrió hacia el muchacho al verlo saliendo de su propio agujero—. ¿Estás bien? Toma mi mano

Lo alejó con toda la suavidad que fue capaz de esa boca al infierno, imaginando con horror por lo que acababa de pasar.

¿Fátima? Tuve una pesadilla… ¿D-dónde estamos?

«Ojalá fuera sólo una pesadilla…».

Pues… Me parece que hemos llegado a la Red—respondió con voz débil y algo cansada.

Miró hacia delante y vio la imagen de una mujer de cabello amarillo sobre la cual brillaba un mensaje Bienvenido a los IV Juegos del Enjambre. Justo cuando acababa de terminar de leerlo, el cartel estalló, haciendo que pegara un brinco de la impresión.

Comprobó que sí que había un enfrentamiento y no demasiado lejos de ellos. Reconoció de inmediato a uno de los dos combatientes como Eileen y sintió que un frío insoportable la clavaba al sitio. ¿¡Por qué estaba allí!? Pero no tuvo verdadero tiempo para asustarse porque reconoció el rostro del joven que se enfrentaba a ella: era Edge. Pero estaba… Estaba diferente. Cubierto de cicatrices. Y no luchaba con una Llave Espada, sino con una lanza eléctrica…

«¿Qué…?»

Pero Edge no estaba solo, sino que había dos mujeres que claramente se enfrentaban a su lado contra Eileen. A una de ellas no la conocía; era una mujer elegante, rápida y ágil, con el pelo negro y corto, y luchaba con una especie de disco brillante. Al lanzarlo consiguió evitar que Eileen dañara a la compañera que…

Exuy, asustado, se abrazó a ella y musitó su nombre.

«¿Qué…?¿Qué…? ¡Qué está pasando aquí!» dio varios pasos hacia delante, con los ojos abiertos de par en par. Le pareció que Ragun le preguntaba algo, lo mismo que Exuy, pero no llegó a escuchar sus palabras.

La que estaba peleando allí, contra Eileen, codo con codo con la desconocida y Edge…

«¿Soy yo?».

Completamente en blanco, apenas sí se percató de que Eileen desaparecía del campo de batalla. No tenía ojos para otra persona que para esa… esa persona que se parecía tanto a ella, que se acercó a ayudar a Hiro a incorporarse.

¿Estáis bien? —escuchar su voz la dejó desconcertada.

Se preguntó si sonaría muy similara la suya. Pero nunca se había escuchado a sí misma, así que no tenía forma de saberlo. Sin embargo, parecía familiar, ¿verdad? ¿O estaba imaginando cosas?

Recordó que cuando fue a la Red, encontró a un programa que se parecía mucho a Ragun, pero no era él. ¿Se trataría de algo parecido? Podía ser, pero…

De pronto, esa persona la miró. Fátima pegó un respingo.

«Es como mirarme a un espejo…».

La otra Fátima le mantuvo la mirada unos instantes y después se giró hacia sus compañeros. Fátima retrocedió un paso, anonadada, y recorrió a la muchacha de arriba abajo.

Tenía la impresión de que desde el momento en que llegó a la sala del ordenador de Tierra de Partida había caído en alguna retorcida pesadilla y que no había forma de despertar.

Porque esa chica tenía su misma cara, eran sus mismos ojos. Pero no era el mismo cuerpo. Ella era… una mujer. Una mujer de verdad. No cabía duda alguna. Y, además, parecía un par de años mayor que ella…

Me he tenido que golpear la cabeza.—gimió, llevándose una mano a la sien.

¿Pero qué demonios estaba pasando? ¿Quién era esa?

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez. —decía Edge.

Fátima trató de prestar atención y esforzarse por asimilar lo que estaba ocurriendo, pero era tan difícil…

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso ―respondió con voz tranquila la joven del disco y el pelo negro. Quorra―. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Qué!—chilló Fátima con voz débil al escuchar el nombre de Andrei en boca de esa chica.

¡Qué pintaba Andrei en toda aquella locura! ¿Y por qué iba a buscarle ella de entre todas las personas habidas y por haber? Apenas sí pretó atención al resto de la conversación, si bien le quedó claro que para vencer a Erased —fuera quien fuera, en ese momento no lo tenía muy claro, eran demasiados datos— había que conseguir activar un generador… y luchar contra su ejército.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―exclamó Edge entonces, dirigiéndose a todos, miembros de Tierra de Partida y Bastión Hueco por igual―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto! Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Como llevaba ocurriendo desde que la maldita Eileen apareció en la pantalla de la televisión de recreativos, Fátima no comprendió qué sucedió a continuación. Edge, o Crow, o quien fuera, partió una carta que se convirtió en miles de datos que surgieron como destellos el aire y se arrojaron contra los aprendices. Fátima se puso en guardia, pero no se trataba de un ataque, sino de… No tenía muy claro el qué. Los datos penetraron en los pechos de numerosos aprendices, aunque a muchos otros los ignoraron sin más. La gran mayoría de los primeros de repente se pusieron pálidos, muchos cayeron de rodillas, abrumados.

¡Exuy!—masculló Fátima, corriendo hacia el chico para asegurarse de que estaba bien. Había visto que era uno de los afectados. Le puso las manos en los hombros e inquirió, preocupada—: ¿Estás bien?

Cuando se hubo asegurado de que no pasaba nada grave, calmándole con todas las palabras amables que pudo encontrar, y no fueron muchas, percibió movimiento y se incorporó rápidamente. Crow, Quorra y… Y ella se estaban separando.

La otra Fátima se dirigió hacia la entrada de lo que parecía un gran coliseo. Extendió la mano.

«¡Espera!».

Pero se detuvo en pleno movimiento y no llegó a gritar en voz alta. Porque no sabía qué hacer, no sabía si debía ir tras ella, si realmente no estaba teniendo alguna pesadilla y todo no era más que un mal sueño. Quizás debía darle la espalda e ignorarla. Quizás…

Sin embargo, ella se detuvo justo en el vano de la entrada, se volvió y le clavó la mirada.

Estaba aguardando, por ella.

Malik le apretó con suavidad el brazo, sobresaltándola.

Ve con ella, nos volveremos a encontrar después.

P-pero… ¿A dónde…?

No pudo terminar la frase; Malik había echado a correr. Fátima miró a Exuy y luego a Ragun. Después posó sus ojos en la otra Fátima. Apretó los labios.

«¡Qué diablos!».

Exuy, tengo que ir ella —dijo, con toda la firmeza que fue capaz—. ¡Ten cuidado, Ragun! —se volvió, buscó a Nadhia y se despidió de ella con un gesto. Era fuerte, sabía que estaría a salvo por su cuenta.

Y se lanzó tras la chica. Le sorprendió comprobar que no iba sola y frunció el ceño, mientras aminoraba el paso hasta casi detenerse. Dejó que los demás aprendices se adelantaran e hicieran sus preguntas, escuchando en silencio y absorbiendo toda la información que fue capaz. Escrutaba el rostro de la chica, tratando de comprender.

¿Y dónde dices que está el Maestro?

Dirigió una mirada envenenada a la chica. Sin duda se refería a Andrei. Sí, era una pregunta que le interesaba conocer. Luego miró al joven moreno que, bastante ansioso, se adelantó hasta la otra Fátima y dijo:

Necesito saberlo.¿Quien es esa Erased Data? ¿Se salió Ronin con la suya?─Fátima abrió y cerró la boca. ¿Ronin? ¿Qué pintaba Ronin en todo aquello? ¿Se referiría a algo relacionado con lo que le había contado Ragun? Porque ese chico era de Bastión Hueco así que... Pero entonces el muchacho preguntó, o casi rogó—:Dime que Beat está bien.

«¿Por qué habla como si la conociera?» pensó, desalentada.

¿Por qué todo el mundo parecía saber más que ella?

Aguardó, conteniendo a duras penas su nerviosismo e impaciencia, hasta que se respondieron o ignoraron todas las respuestas. Entonces dio un paso al frente y se encaró a ella. El corazón le martilleó dolorosamente el pecho mientras tragaba una bocanada de aire y se insuflaba valor para hablar:

¿Quién eres? —esperó un instante y añadió, quizás con excesiva agresividad—: ¿Y Andrei? ¿Por qué está aquí? ¿Qué es lo que está tramando ahora? ¿Qué tienes tú que ver con él?


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Suzume Mizuno
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El Camino a la Eliminación

Notapor Myxa » Sab Mar 29, 2014 2:16 am

Las preguntas que realizaron los Aprendices no hizo más que empeorar la situación alarmantemente, en especial la pregunta de dos jóvenes llamados Malik y Hikaru. Los Portadores corrían histéricos por toda la sala, empujando al primero que se le cruzase para hacer camino y buscar la salida más próxima a ellos.

Por su parte Myxa trató de permanecer en el mismo sitio que se encontraba, a pesar del gallinero que se había montado. Si fuese verdad que en la Red era posible que muriesen los Maestros jamás hubiesen mandado a sus preciados alumnos a una misión suicida que acabaría con la vida de más de la mitad, era algo que cualquiera con dos dedos de frente pudiese llegar a suponer. Al menos así pensaba la joven huérfana o quería pensar.

Una cosa estaba clara: poniéndose histérica y comportándose tan imprudentemente como sus compañeros no lograría resolver la situación, sino empeorar la cosa. A ella también le gustaría salir corriendo como los demás, incluso había tenido ese impulso en el momento en el que pisó la sala, pero había aguantarse y comportarse más o menos.

Antes de que el Maestro lograse controlar la situación todo fue inundado por una luz cegadora que obligó que cerrase los con fuerza y colocase los brazos delante de la cara en una posición defensiva en un acto reflejo.

Y después, todo se tiño con el color de la oscuridad más pura e inmaculada que había experimentado en toda su corta vida.

****



Pecador.

Esas palabras resonaron por toda la oprimente oscuridad de la sala. ¿Sala? No, ya no estaba en la habitación que daba acceso a la Red. Todo estaba negro, sin una sola mancha de luz o resquicio. El cuerpo se le hacía mucho más pesado de lo que recordaba y una gran presión ejercía sobre su cuerpo, como si una fuerza desconocida ejerciese su poder en su diminuto cuerpo.

Sin embargo una voz parecía emerger de las tinieblas. Ante ella estaba la chica responsable de todo aquello, mirándola fijamente con esos ojos amarillos.

¡Tu! ¿Quién demonios eres? ¡¿Que has echo con los demás?! ¡Responde! —frunció el ceño y levantó la voz tanto como era posible en esas condiciones. No le había pasado desapercibido que se encontraba totalmente sola y temía que algo les hubiese ocurrido a los demás.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —¿No había escuchado ese nombre antes en algún lugar? —. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

¿Qué? —la extraña mujer que se hacía llamar a ella misma Eileen le acarició la cabeza en un intento de calmarla, logrando justo el efecto contrario —¡Quita tus manos de encima mía!

Cuando intentó apartar la mano de la encapuchada con un brusco manotazo notó un intenso dolor. Aprovechando la estratagema de aquel gesto cariñoso aquella mujer atravesó su pecho con su mano libre. Revolvió entre las entrañas de la niña hasta hallar lo que estaba buscando y extraer un brillante órgano rojizo , recubierta de un halo de luz tan hermosa como la que emitía la luna llena, de su pecho.

Mientras caía de rodillas al suelo, empapándose el torso de un líquido bermellón procedente de su cuerpo, la misteriosa figura mostraba una amplia sonrisa llena de satisfacción.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

De que.....Habla....Bruja —entre jadeos logró pronunciar palabras entrecortadas y llenas de rabia.

La mujer apretó aquello que tenía en mano con una fuerza abrumadora y luego la tiró al suelo, quedándose con un nuevo corazón negro como la noche. El vacío corazón original volvió a su pecho mientras que el otro fue obligado a incorporarse al cuerpo de la segunda, haciendo que sus ojos brillasen con tal intensidad que parecían dos faros en una noche de tormenta.

¡Aléjate de ellos!

A....Alguien...Quién...

Una voz desconocida proveniente del exterior irrumpió en escena, acompañada de una luz azulada tan intensa como el neón y abriendo un nuevo camino en frente de sus ojos. Comenzó a notar que sus pies se hundían en aquella masa oscura y al mirar a los lados se percató de que ahora se encontraba a solas en aquel lugar.

¿Que demonios... ha sido eso? No, ahora no es momento. No voy a quedarme aquí a que me maten. No voy a morir aquí... Ugh.

Llevándose la mano al pecho y sujetando la ropa impregnada con sangre fresca se levantó con gran esfuerzo. Algo raro ocurría en ella. No sólo el intenso dolor en el pecho, sentía como si algo faltase. No lograba saber lo que era, pero una cosa estaba clara: si esa mujer se lo había robado es que se trataba de algo importante.

***


A las afueras de ese hoyo la cosa no iba a mejor. Un montón de Portadores se encontraban en el mismo estado en el que se encontraba ella, saliendo de un lugar parecido al que había estado unos segundos antes y con el torso empapado. A todos les había pasado lo mismo.

No sólo eso, una batalla tenía presente justo en frente. Un hombre armado con una lanza compuesta de electricidad entablaba combate contra la persona responsable de aquel endemoniado mensaje de socorro. También se unió a él una mujer que vestía un traje ceñido y oscuro, de pelo corto y liso y que portaba dos extraños discos de color azul neón en la parte filosa del arma. En medio de la batalla una mujer se levantó de entre la multitud bombardeando al oponente con una bola de fuego que estalló cuando contactó con el cuerpo físico de la encapuchada. Pese a que ambos contrincantes lo estaban dando todo en la lucha su objetivo se desvaneció en medio de la arena, dejando por los suelos cualquier esperanza que tuviesen de vencerla.

¡Mierda! ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien? —la mujer que surgió de entre los diversos Aprendices se acercó al Portador que más cerca tenía y le echó una mano, tratando de ayudar a que se reincorporase.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow!¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

Tras aquella cháchara incomprensible que hubo entre los tres recién llegados cada uno partió hacia una dirección opuesta al de los demás. No sólo ellos, los Aprendices que se encontraban en mejor estado y que había logrado mentalizarse los seguían ciegamente.

Fue entonces cuando reconoció a dos de los que partían. Las espaldas de Bavol y Neru se alejaban cada vez más, ambos en direcciones opuestas sin mirar atrás. Ambos seguían el camino que creían correcto sin esperar que nadie les siguiese.

Sonrió amargamente. Crow tenía razón; estaban todos en peligro de muerte y no podían quedarse quietos a esperar que la situación mejorase por arte de magia. Si quería salir viva de aquel lugar debía pelear con todas sus fuerzas, abrirse camino en la oscuridad y dar todo lo que tenía para volver. Volver a casa, ver de nuevo a Soma, a Ronin, a los Maestros, a sus amigos…

Dejó de agarrarse el pecho e irguió la espalda, emprendiendo la marcha hacia la bella mujer vestida con un traje oriental que estaba de pie ante lo que parecía la entrada al interior de un coliseo, como si esperase a alguien en concreto antes de avanzar. El rostro de aquella mujer se parecía sorprendentemente similar al de una joven portadora de Tierra de Partida cuyo nombre desconocía por completo pues nunca había entablado conversación con ella, tan solo la había visto pasar por los pasillos alguna que otra vez de camino a clase, o eso le parecía.

Se aproximó hasta mantener una distancia de seguridad entre ambas y la miró directamente a los ojos, intentando llamar su atención con aquel simple gesto.

Parece que conoces a esa chica que ha provocado todo este caos. ¿Puedes decirnos quién es ella y qué demonios ha hecho con nuestros corazones? En aquella especie de limbo, al menos a mi, me la ha arrancado del pecho y ha extraído una masa negra. No sé que diablos era eso, pero parecía importante.

Para cualquiera que la conociese de anterioridad debió de sorprenderle la dureza con la que hablaba en ese momento. Sus facciones se habían vuelto algo más duras e intentaba no parpadear ni una sola vez cuando le hablaba cara a cara, la ignorase o no.

Si lo que ha dicho tu compañero es verdad necesitamos toda la información posible. Además, me preocupa mucho ese “otra vez”. ¿Esto mismo ha pasado con anterioridad?

Puede que no entendiese la mayoría de las cosas que mencionaban, pero eso no significaba que no prestase atención a las cosas que decían. Teniendo en cuenta que ahora sus vidas pendían de un delgado hilo invisible y que los únicos que parecían saber lo que ocurría estaban en frente no iba a desaprovechar la oportunidad de realizar todas las preguntas que le rondaban por la cabeza.

Y sobre todo, ¿Por qué ella emplea el mismo nombre que una persona que mencionó mi Maestro Ronin hace mucho?

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[NH] Ronda #2 - Datastream

Notapor EspeYuna » Sab Mar 29, 2014 2:19 am

El muchacho que se encontraba al lado de Fátima, de nombre Exuy, parecía querer hacer otra pregunta, pero al final no tuvo fuerzas para expresarla en voz alta. Nadhia supuso que la tensión que se respiraba en el ambiente era demasiado para él y había decidido quedarse al margen. Escuchó atentamente las preguntas que le hacían sus compañeros a Kazuki y cada una de las respuestas por parte del Maestro.

Por lo visto, aquel mundo digital lo había creado un tal Flynn. Aquello la dejó un tanto traspuesta, pues, ¿acaso una persona —si es que lo era, porque dudaba de ello— podía ser capaz de construir un mundo a partir de la nada? Había leído mucho sobre el origen de ellos en la Biblioteca, y casi todo lo que encontraba eran teorías y leyendas, nada en claro. A destacar la referencia más repetida: que todos los mundos habían sido en su momento parte de uno solo. Dejando aparte aquel curioso detalle que se guardaría para otra ocasión, Nadhia frunció el ceño cuando Lyn interrumpió a Kazuki con uno de sus tan característicos y temidos gruñidos.

«¿A Lyn no le agrada la confrontación?», pensó de inmediato. Aunque tampoco era de extrañar que a uno de los Maestros no le hiciera gracia estar enfrentados a otro bando, cuando hasta hacía pocos años habían sido aliados. Ya fuera por querer evitar disputas innecesarias, o por no estar del todo de acuerdo con Ronin o Kazuki.

Durante el barullo provocado por lo último que había dicho Malik, en la mente de Nadhia apareció la imagen de Ragun. Siempre evitaba pensar en la inminente y no tan lejana guerra, pero a veces era imposible no reflexionar sobre ello y preguntarse qué haría en el futuro si se le presentaba aquella situación. No sabía si aún estaba preparada para asimilar un enfrentamiento directo contra el otro bando. Recordó el paisaje de la Necrópolis y, al escuchar de la boca de Malik la palabra "matadero", se estremeció y la preocupación por fin asomó en sus ojos, aunque había intentado conservar la calma. Se repitió que mantuviera la calma y suspiró, como si quisiera dejar escapar el pequeño cúmulo de nervios de su cuerpo.

Se les está yendo de las manos —comentó, teniendo a su lado a Xefil—. Deberían pensarse dos veces enviarnos a todos, ¿no te parece?

» No lo están haciendo bien...

En absoluto. Si Nadhia hubiese llegado pocos días antes a Tierra de Partida, estaría igual de asustada que cualquiera de los nuevos. Tampoco podía decir que todo aquello no le afectaba, pero con todas las cosas por las que había pasado desde que llegó al hogar de portadores, Nadhia había ganado bastante autocontrol.

Sabes que eso no es del todo cierto, le susurró Ángel.

«Bueno, quizás sólo un poco», admitió para sus adentros. Si no, no le daría tantos quebraderos de cabeza a Fátima.

Ensimismada en sus pensamientos, alzó la mirada y se dio cuenta entonces de que algo extraño sucedía con la reproducción de la misteriosa joven. Algo que estaba pasando desapercibido a ojos de muchos aprendices que se lanzaban a por Kazuki a base de preguntas y un auténtico descontrol.

¡El vídeo...! —pronunció, aunque el escándalo de la sala se tragó su voz y puede que sólo Xefil o Light lograran escucharla. Estaba segura de que los labios de la desconocida habían dicho otra cosa diferente.

Y al ver que el portal del ordenador se encendía frente a ellos, quiso gritar "¡Cuidado!" o "¡Apartaos!", porque sabía lo que esa lucecita conllevaba.

Sin embargo, su boca se quedó congelada y sintió que la oscuridad se la tragaba.

*****


Net Affection - Syndicate

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No importaba cuanto Nadhia se esforzara por intentar salir de aquel lugar sin el mínimo atisbo de luz, sus extremidades estaban completamente agarrotadas, aprisionadas por la oscuridad que rebosaba a su alrededor. Parecía como si de un momento a otro fuera a desaparecer y formar parte de aquel paraje. Hizo memoria sobre lo último que recordaba.

«¡Ese maldito ordenador!», rechinó los dientes, sin haberse rendido aún en librarse de aquellas cadenas invisibles que hacían que su cuerpo le pesara una tonelada. Pero fue en vano. Se dio cuenta entonces de que a duras penas podía respirar, y el terror se apoderó de ella.

¿Dónde demonios estaba? ¿Ese sitio formaba parte de La Red? Algo le decía que no... y tenía un mal presentimiento.

Pecador.

Detuvo su inútil forcejeo cuando escuchó una voz cerca suya. No estaba sola en la oscuridad, había alguien más. Entre las sombras pudo ver la presencia de una figura que había conseguido paralizar los pocos impulsos nerviosos que le quedaban libres y helar su sangre.

«», pensó, encontrándose con los ojos innaturales y resplandecientes de la joven que había atacado todos los medios de Tierra de Partida habiendo y por haber. El terror se apoderó de ella.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen.

Algo sonó en la lejanía de la mente de Nadhia, pero no pudo saber el qué. Quizás un nombre, quizás una frase, o quizás un ruido indescriptible. Sintió una punzada de dolor en el pecho, como si necesitara alcanzar aquel sonido. Pero tan pronto como había resonado en su cabeza, se desvaneció. Y se olvidó por completo de él cuando la figura de la muchacha comenzó a acercarse.

Daba miedo. Nadhia sabía que debía escapar, que su instinto le decía que huir era la mejor opción si quería sobrevivir. La voz de aquella mujer no era normal, y eso le aterraba. Parecía de ultratumba y para nada contrastaba con el aspecto de la desconocida.

«¡No... no te acerques!», suplicó, queriendo apartarse cuando se encontró a escasos centímetros de ella y ésta le acarició el tirabuzón que le caía a un lado del rostro. Aguantó la respiración, encogiéndose de puro pavor.

Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Nadhia abrió la boca para emitir un chillido de dolor, tan inhumano que no fue capaz de expresarlo con su rostro demacrado por el pánico y la fuerte sacudida. La mano de aquella pesadilla había atravesado su piel, y sentía que la carne de sus músculos se desquebrajaba, como si sus uñas se trataran de las afiladas garras de un animal salvaje. El dolor se extendía a cada nervio de su cuerpo y la torturó entre jadeos, incapaz de hablar. Aquellos fríos dedos hurgaban dentro de ella, apartando cada obstáculo que se interpusiera en su camino.

Notó el desagradable chasquido de una costilla y profirió un grito, al fin. Pero se ahogó en el mismo cuando sintió una de sus afiladas uñas rozar contra lo que había estado buscando. Nadhia abrió los ojos de par en par, suplicando que no lo hiciera.

La mano atrapó su corazón y tiró de él, arrancándolo del cuerpo de su dueña. Nadhia se arqueó, cerrando los ojos con fuerza, y gritó como nunca antes lo había hecho.

Era insoportable. Quería que todo acabara, que el dolor cesara. Las lágrimas descendieron por sus mejillas a causa del dolor, entremezclándose con la sangre que le había salpicado. Nadhia había comprendido, por fin, lo que debía sentir una víctima de los sincorazón.

Pero, ¿por qué no perdía la consciencia? ¿Por qué tenía que seguir sufriendo? ¿Por qué la muerte no le abrazaba y se la llevaba lejos de allí? ¿Por qué no se había convertido aún en un monstruo sediento de corazones?

La luz de su corazón todavía le aportaba la poca calidez que le había arrebatado la nombrada Eileen. Iluminaba su rostro ensangrentado y en lágrimas con un bello color rubí, al igual que la figura de la ladrona.

Nadhia no quería seguir mirando aquella sádica sonrisa, pero era incapaz de apartar la mirada. Le pesaba la cabeza y su cuello estaba completamente rígido, ¿sería porque le había arrancado el corazón? ¿O por estar helada ante la imagen del mismísimo demonio?

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Nadhia gritó de nuevo, maldiciendo el por qué seguía conectada al corazón que le había arrancado. Ya no estaba adherido a sus arterias, ¿¡por qué no se detenía!?

«¡Para!»

Eileen no se detuvo y estrujó con su mano el corazón, reduciéndolo a un órgano aplastado e irreconocible que cayó al suelo. Nadhia sintió entonces que algo la abandonaba. De repente, la molestia del broche maldito desapareció. Ni el monstruo que la acunaba en sueños llamándola "princesa", ni la voz de Evangeline. La joya perdió toda su belleza y la plata del mismo se ennegreció. Podría haber sido un alivio para ella en otra situación, una cura que había estado buscando tanto para ella como para Xefil ante la presencia de la Bruja Eterna en su corazón, si no fuera porque escuchó un grito proveniente de lo más profundo de su ser.

La voz de Ángel Forjado la abandonaba. Alzó como pudo la mano para alcanzar su corazón hecho trizas en el suelo, del cual surgió una polvareda de humo negro que se arrastró creciendo en densidad y que envolvió el cuerpo de Eileen. Los ojos de la misma centellearon con mayor fuerza en la oscuridad, y Nadhia, murmurando el nombre de su confidente, se temió que aquel era el fin...

¡Aléjate de ellos!

... cuando de pronto, alguien gritó, enfrentándose a aquella monstruosidad escondida en la figura de una niña. Eileen rió y se desvaneció frente a Nadhia, cayendo ésta al suelo de rodillas, para luego dejar que la gravedad hiciera el resto y se llevara su cuerpo consigo.

«¿Ángel...?», llamó, sin poder evitar encogerse en la propia herida que le atravesaba el pecho. No tenía fuerzas ni de mirar lo que aquella chica había ocasionado.

Y una luz atacó desde la lejanía los ojos de Nadhia, contrayendo sus pupilas. Allí estaba, por encima de su cabeza, esperando que llegara hasta ella. Pero, ¿acaso era posible?

Con miedo, acarició con sus dedos el corazón destrozado, el cual seguía brillando débilmente. Le costaba sentir sus extremidades, pero hizo un esfuerzo por levantarse. Pensó en todo lo que dejaría atrás si se quedaba allí y sacó fuerzas de donde no tenía para ponerse en pie. En la oscuridad no habría cabida para la amistad que había experimentado allá fuera, ni el cálido sentimiento de amor por el que mataba cada día por mantener vivo.

Recogió entonces con decisión los restos de su ser y comenzó a subir, intentando dejar de lado el dolor que sentía a cada paso, cada vez más intenso. Pero no podía rendirse.

«¡Tengo que regresar!»

*****


Nadhia soltó una bocanada de aire en cuanto consiguió salir del agujero. Jadeante, se tiró al frío suelo y repitió "Gracias" una y otra vez. Entonces abrió los ojos, consternada, al comprobar que su corazón latía dentro de sus carnes como siempre lo había hecho. Extrañada, se incorporó como pudo y se llevó una mano al pecho. Comprobó con sus ojos que, en efecto, lo que había pasado con aquella chica podía tratarse de una ilusión. Una demasiado real.

«¡Cómo las odio!», pensó con rabia mientras miraba el suelo sobre el que se apoyaba y luego su alrededor. Se encontraba en lo que parecía ser un estadio, completamente a oscuras. Le habría resultado más tétrico si no hubiera experimentado aquella pesadilla. Ahora no había cosa más aterradora que esa tal Eileen. «Esto tiene que ser La Red, ¿verdad?»

Se acordó entonces de que no había venido sola y giró con brusquedad la cabeza, buscando a sus amigos. No tardó en localizar a Xefil, y se acercó a socorrerle enseguida.

¡Xefil! —pasó sus manos por los hombros del muchacho para tranquilizarlo, porque parecía igual de agitado que ella— ¿Te encuentras bien?

Tal fue su sorpresa que a poca distancia de ellos, tres personas iniciaban una conversación. Y una de ellas no era de Tierra de Partida.

¿Q-Qué hace Ragun aquí? —frunció el ceño, comprobando que a su alrededor no sólo había aprendices de Tierra de Partida. Pudo ver a lo lejos la figura de Saeko y reprimió un bufido— Vale...

Y sucedía algo extraño. Agudizando el oído junto a Xefil, tanto Malik y Fátima como Ragun habían experimentado tanto el ataque en los medios de comunicación como la misma alucinación. Si es que lo podía llamar así, porque al llamar a Ángel, Nadhia no obtuvo respuesta.

«¡Se lo ha llevado!», maldijo, aunque aún notaba el poder del llavero y lo cual resultaba un alivio, porque aun teniendo el arco y sus flechas, quién sabe qué podía suceder si no conservaba el poder de la Llave-Espada.

Aunque Nadhia sacudió la cabeza, extrañada de su propia suposición, ¿cuándo alguien le había podido arrebatar su Llave-Espada? Nunca había sucedido y, de hecho, desconocía si aquello era posible. Y debía ser imposible, ¿no?

¿Te ha pasado lo mismo? —preguntó a Xefil, rodeándolo con un brazo por encima de sus hombros— ¿Qué diantres es esa chica...?

Calló al comprobar, algo traspuesta, un detalle que había pasado por alto: Ragun volvía a tener un brazo. Bueno, no una extremidad completa, pero parecía una especie de antebrazo hecho de densa oscuridad que le llegaba hasta el codo. Se preguntó si el poder de sincorazón tendría algo que ver con aquel fenómeno, cuando se repitió que aquello no era lo más importante en ese momento. Lo primordial era descubrir qué estaba sucediendo, y quién era aquella Eileen.

De pronto, soltó un respingo cuando frente a ellos uno de los carteles que decoraban el estadio estalló en mil pedazos, sobresaltando a la mayoría. Comprobó que había un enfrentamiento entre dos figuras. Una de ellas la reconoció como Edge, el joven con el que había ido al País de las Maravillas una vez, junto a Mei y Fyk. Nadhia se horrorizó al verlo completamente repleto de cicatrices e identificar a su contrincante.

«¡No es una ilusión! ¡Es real!», afirmó con una mueca de pánico.

Nadhia estuvo a punto de gritar que se alejara de ella, ¿¡qué pretendía enfrentándose él sólo contra aquella persona!?

Pero una pareja más acudió en ayuda de Edge. La primera era una mujer muy rápida de pelo corto y con ropas virtuales, acordes al mundo cibernético y que luchaba con una especie de disco. Y la otra...

¿Qué...?

Aquel rostro le era extremadamente familiar. Y tanto. Estupefacta, Nadhia se giró a Fátima, quien embobada miraba lo mismo. No eran imaginaciones suyas, entonces. Era clavada a ella. Aunque un dato —mínimo, sin importancia— que conocía de su amiga hizo que dudara del parecido, pero si Fátima la observaba con tanta sorpresa era por algo. Y parecía ser que a ambas se nos escapaba la respuesta de las manos.

Eileen, lanzando una pequeña y estremecedora risa, desapareció del campo de batalla. La mujer con el rostro idéntico al de Fátima se acercó a Hiro para ayudarlo a incorporarse, y al escuchar su voz Nadhia enmudeció: ¡era la misma! ¿¡Cómo era posible!?

Mientras, Edge se maldecía por haberla dejado escapar. Intentando encontrarle un sentido al increíble parecido entre ambas —sin pasar por alto que su voz era idéntica—, Nadhia recordó que estaban en un mundo donde los programas podían tomar forma humana, como el claro ejemplo de un Ragun alias Alexander que casi acaba con ella cuando se quedó atrapada junto a Fátima dentro del ordenador.

Los ojos de la desconocida se encontraron con los de Fátima y, viendo a ambas, se rascó la nuca sin saber cómo reaccionar. ¡Eran como dos gotas de agua! Bueno, había que considerar que el cuerpo de esa Fátima era más... más de mujer, por así decirlo. Pero las facciones eran idénticas y su voz la misma.

Tras mantener la mirada durante unos instantes con Fátima se giró a Edge y la otra mujer.

Esto se hace cada vez más raro por momentos —masculló, intentando buscarle sentido a todo lo que estaba pasando, cuando puso el oído en la conversación de los tres personajes.

Algo le decía a Nadhia que aquel Edge no era el de Tierra de Partida, y por ende, podía confirmar la teoría de posibles clones dentro del ordenador. Discutían sobre un virus, señalando a esa muchacha como un tal Erased Data. La mujer de pelo corto, Quorra, hablaba sobre un museo y la posible clave para detenerla.

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Qué! —chilló Fátima entonces a unos metros de distancia, tan pasmada como yo.

¿Qué demonios pintaba Andrei en boca de aquella copia de Fátima? ¿Acaso era otro clon del aprendiz de Bastión Hueco en La Red?

Escuchó los planes de los presentes, incapaz de creer todavía en toda la locura que estaba sucediendo frente a sus ojos: activar un generador para conseguir luz, luchar contra un ejército —así que esa Eileen o Erased no era lo único gordo que les esperaba allí—, e ir a por la llave para vencerlo.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow!

Creo que he debido comer algo preparado por Yami ―expresó al escuchar el nombre del supuesto Edge, preguntándose si todo se trataba de un sueño extraño y que a los pocos segundos despertaría en su cuarto junto a Tandy.

Sin embargo, ante la seriedad del muchacho, Nadhia se levantó del sitio viendo si Xefil podía incorporarse sin problemas, tras lo cual avanzó un par de pasos hacia él. Cuando dijo que las vidas de muchos estaban en peligro, Nadhia, aun no comprendiendo lo que estaba pasando, sintió que debía ayudar. Por alguna razón, creía en sus palabras, una fe ciega que le podría extrañar si no estuviera tan atenta a las palabras del chico.

Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Quien se hacía llamar Crow sacó de sus ropas una carta. Nadhia frunció el ceño de nuevo, sin entender de qué les serviría eso. Éste partió la carta y miles de ceros y unos volatizaron en el aire. Alarmada, se puso en guardia cuando salieron disparados en su dirección.

Los datos penetraron en su pecho y Nadhia sintió algo que jamás había experimentado. Un dolor agudo en la sien le hizo llevarse las manos a la cabeza, mientras que cientos de imágenes sucedieron por ella a una velocidad de vértigo que provocó que la joven perdiera el equilibrio y cayera de rodillas.

Y un montón de voces comenzaron a martillear su corazón. Si Nadhia había buscado respuestas, allí las tenía.

*****


00100100 00111111 01101010 10001000 10000101 10100011 00001000 11010011 00010011 00011001 10001010 00101110 00000011 01110000Chicos, pase lo que pase, siempre juntos¿Intrusos?¿¡Cómo habéis llegado hasta aquí!?Bienvenidos al Reapers' Game¿Estás bien?Despierta¡Un minuto!¿Queréis que hagamos una cuenta atrás?Bien, acepto el Pacto contigo NadhiaAsí que vosotras me habéis traídoY no es por nada, pero ¿no ibais a tomar el tren?Nadhia, te llevaré hasta el tren, cueste lo que cuesteMi nombre, es EileenSu nombre es Eileen.Y ella me ha-Avanzad a la siguiente prueba.No le devolváis a la vidaElla me ha enseñado más de lo que ningún maestro que haya tenido ha podidoNo dejes que Saeko sufra lo mismo que yo. No va a sobrevivirHola, pequeñaNombre: Nadhia Hoghes. Compañera: No encontrada. Estado: ParalizadaCorre la niñita, no puede escaparSu final, fue donde nosotros comenzamos.No llores, Maestro Ryota. Pues ella ha muerto por tu culpaHubiese hecho cualquier cosa por seguir a mi lado¡Demuestra que mereces ganar tu ZGVyZWNobyBkZSBuYWNpbWllbnRv!Yo sola no. Las dosRecuerdo tu nombre00100100 00111111 01101010 10001000 10000101 10100011 00001000 11010011 00010011 00011001 10001010 00101110 00000011 01110000Ayúdanos, asesina del CorruptoNo estás corrupta. Por ahoraSi quieres a tus amigos, ven a por ellosQuiero que cese, Eileen.Quiero callarla para entonces ir a por ti.¿Verdad, Nadhia?Estás aquí, y estás viva¡Ya nos has enseñado antes lo bien que sabes defenderte!¿Acaso no es verdad, Nadhia?Si él muere, tú también. Su ama volverá a ser libreY hazme el favor, quítate ese ridículo sombrero.. Ja.Ya es la cuarta vez, Fátima. ¿Te lo puedes creer?Soy un perrito faldero, ¿recuerdas?Cállate, testarudaQué idiotas soisQue tu corazón se hundiese en la oscuridad no significa que no tengas derecho a existirHas luchado más de lo que yo he hecho nuncaEntiendo... Así que tenías un plan después de todoChicos, graciasGracias a ti. Descansa. Nosotros nos ocuparemos de todoHasta siempre, amigaBuenas noches, Eileen. Dulces sueñosGracias a ti por todo, Eileen. Descansa ahora, te lo merecesBienvenidos todos a mi propio pequeño mundo. Bienvenidos a mi Kingdom Hearts¡Usad vuestro poder en su contra!¡No dejéis que reduzca vuestras existencias a un estado tan miserable!¡¡Rebelaos!!¿¡Quieren servir de pañuelos para siempre, o qué!?Eileen dio la vida por todos. ¡No podéis doblegaros así!¡Rebelaos contra este falso dios y luchad a nuestro lado!00100100 00111111 01101010 10001000 10000101 10100011 00001000 11010011 00010011 00011001 10001010 00101110 00000011 01110000


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Against the Tide - Celldweller

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De pronto, las voces cesaron.

Nadhia se había dejado caer en el suelo, con el rostro completamente pálido y una mueca indescriptible en cada una de sus facciones. Nadie, ni siquiera ella misma, podría llegar a expresar cómo se sentía en aquellos instantes. Todavía le ardía la cabeza, pues en apenas unos segundos cientos de recuerdos habían asaltado su mente. Recuerdos que, en sí, no eran suyos.

Eran de otra Nadhia. Una Nadhia que había acabado en una especie de juego virtual llamado Reaper's Game. Una Nadhia que había tenido como compañera a Saeko, la chica de Bastión Hueco, y con la que había forjado en pocos días una sólida amistad, por increíble que fuera. Una Nadhia que había conocido a...

Eileen.

Consiguió pronunciar su nombre, sintiendo una arcada por la impresión de todas aquellas imágenes que volvían a aplastarle las sienes. No era la Eileen que había pasado a formar parte de sus pesadillas, al contrario: recordar su sonrisa inundaba su ser de un profundo alivio y de una sensación cálida y reconfortante.

Nadhia se acordó de descubrir en esa otra vida de que en realidad era una masa de datos a partir de la original, de haber compartido un momento con Eileen tomando helado antes de enfrentarse al amo de la torre, tras haber perdido a Saeko... de la sonrisa del Maestro Ryota cuando era joven, un regalo obsequiado por la Creadora.

Del sombrero. De la Corrupción.

Y entre todas esas memorias, estaban sus últimos compañeros virtuales: Felix y Light, Joker, Fátima, Crow... se encontró con la mirada de Exuy, quien le observaba tan pálido como ella.

También se acordó de Joshua, el Compositor de Shibuya. De Avatar, quien había resultado ser en realidad Andrei, el Saavedra de carne y hueso intentando liderar un ejército de corazones virtuales para hacer su propia Justicia en los mundos. Y de...

Se le contrajo el estómago tan sólo de pensarlo.

¿Cómo has sobrevivido? ―se preguntó, levantándose del suelo con dificultad y sin ver a Fátima despidiéndose de ella con un gesto― ¡Y usando el aspecto de Eileen...! ¡Miserable!

Por mero impulso Nadhia invocó su Llave-Espada, dejando que los recuerdos de su otra yo virtual se adueñaran de sus emociones. Avanzó unos pasos y se apoyó en su arma, clavándola en el suelo y observando la oscuridad que se presentaba ante ella, incitándola a abrazarla.

Voy a...

Pero entonces vio a Fátima corriendo tras... la Fátima del mundo virtual. Nadhia observó a ambas en la lejanía y recordó quién era. Sacudió la cabeza, haciendo desaparecer a Ángel Forjado en un haz de luz.

Le estallaba el pecho. Por un lado, el mero hecho de haber conseguido los recuerdos de la Nadhia de datos, ahora Reaper de la Villa Crepúsculo virtual, era algo increíble y que le daba respuesta a muchas cosas que desconocía. Pero por otro lado, lo consideraba un arma de doble filo. Las emociones de aquella Nadhia fluían ahora en su interior, y le era imposible combinar ambas partes.

Lo comprobó al ver que alguien más se acercaba a las dos Fátimas: Saeko. El corazón le dio un vuelco y, sin detenerse a pensar con claridad, corrió tras ellas, dejando atrás a Felix. ¿A Felix? No, era Xefil.

Todo aquello era complicado. Demasiado complicado.

Iba a gritar su nombre, pero sólo le bastó con agarrarla del brazo para llamar su atención. Al encontrarse con los ojos de Saeko, de su supuesta primera amiga, le temblaron los labios y la liberó del agarre, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

Aquella no era la Saeko virtual que Erased Data había poseído. Ni ella era la Asesina del Corrupto.

No supo qué decir cuando la tuvo delante, aunque pudo ver con su silencio que sí recordaba. Si hubiese sido la misma Saeko que en la Necrópolis, le habría dado un empujón ella misma para apartarla de su camino. Nadhia escuchó como algunos aprendices acosaban de preguntas a la Fátima virtual, sobre quién era y por qué había mencionado a Saavedra. Supuso entonces, con sus nuevos recuerdos, que aquel Andrei que se encontraba en el museo era el incorpóreo que había decidido cuidar una vez llegara al mundo real.

Y no habían logrado llegar. Y Erased estaba vivo. La Corrupción había llegado a La Red.

¿Quién eres? —Nadhia se giró entonces a Fátima, sorprendida. ¿No se acordaba de nada?—: ¿Y Andrei? ¿Por qué está aquí? ¿Qué es lo que está tramando ahora? ¿Qué tienes tú que ver con él?

Nadhia entonces clavó sus ojos en los de la Fátima virtual y miró de nuevo a su amiga. En cualquier otra situación, incluso aquel encuentro le habría resultado gracioso. Y el hecho de conocer el secreto de Fátima hacía que la reacción de la misma fuera del todo comprensible.

Decidió callar entonces. Si alguien debía hablarle sobre todo aquello, era su otra yo. No diría nada ni mencionaría el nombre de la allí presente traidora de Avatar. Tan sólo cruzaría mirada con ella y asentiría en cuanto quisiera ponerse en marcha hacia el museo, en busca de lo que les ayudaría a vencerlo.

El deseo de la Nadhia de datos se había hecho realidad: había llegado hasta el corazón de su original. Y la Nadhia original estaba dispuesta a luchar una vez más para acabar con la amenaza de Erased Data.

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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Thailgar » Sab Mar 29, 2014 2:45 pm

La situación parecía estar yéndose rápidamente de las manos. Todo el mundo había reaccionado de forma histérica ante las preguntas de los aprendices y las respuestas escuetas del maestro Kazuki. ¿Qué demonios estaba pasando? ¡Si hacía un rato todo iba bien! Era un día normal en Tierra de Partida, Albert había hecho lo posible por sujetar su Llave Espada con naturalidad y Malik había continuado con su expresión seria de siempre (aunque Stelios estaba casi seguro de que había estado a punto de reírse más de una vez). Y ahora todo era un caos, en el que iban a ser enviados en masa a un lugar llamado La Red, donde parecía que más de uno allí tenía una historia que contar, y ninguna buena. Se sentía perdido en toda aquella información, con la dificultad añadida de que no entendía absolutamente nada sobre tecnología y máquinas.

En medio del jaleo, se fijó en una chica que se acercó a su grupo, mirando a Malik. Parecía que ya se conocían de antes. Iba acompañada.

Hola —saludó la joven, dirigiéndose al chico de Agrabah—. Malik, este es Exuy.

Malik respondió con un cabeceo al desconocido y saludó a su amiga, para acto seguido presentarles por su parte.

Ellos son Albert y Stelios.

Me llamo Fátima. Es un placer conoceros.

Fátima. Aquel nombre le sonaba, aunque no estaba seguro de donde lo había escuchado antes. Puede que por Malik, o por alguno de los pasillos. De lo que estaba seguro es de que ella no era una aprendiz más de Tierra de Partida. Le sonaba algún tipo de historia importante en la que su nombre aparecía, aunque él solo se había quedado con que era particularmente fuerte. Mucho más fuerte que Malik y que él mismo.

La observó con curiosidad y no pudo evitar sonreír. Estaba mirando una nueva frontera que superar.

H-hola, soy Albert —balbuceó el chico de Atlántica. Normalmente parecía nervioso por su sola existencia, pero en aquel momento debía estar a punto de echarse a llorar.

Soy Stelios. Es un placer Fátima —no pudo evitar subrayar el nombre de la chica mientras la observaba. Realmente percibía algo en ella. Le recordaba, en una escala mucho menor, a la sensación que le daba su propia maestra. Como una fuerza contenida.

«Que interesante».

No quiso añadir más. Aquella no era la situación apropiada para intentar medirse con ella. Todo parecía fuera de control. Había cosas más importantes de las que preocuparse.

Mientras tanto, los dos amigos hablaban:

Si los Maestros quieren llevarnos a todos a la Red entonces debe ser un problema más grave del que quieren reconocer…

Los maestros nos están enviando a un matadero…

¿Qué? Aquello ya no tenía ninguna gracia. ¿Qué quería decir con aquello? ¿Qué demonios era La Red y que había sucedido allí? Tenía demasiadas preguntas. No estaba seguro de estaba pasando, pero de lo que si estaba seguro era de que parecía peligroso. Mucho. Y él sabía cuidarse de sí mismo, pero no estaba tan seguro de que otros aprendices llevaran luchando desde pequeños. Inconscientemente echó una ojeada a Albert. Estaba allí, parado, intentando no llorar. Apenas sabía sujetar la Llave Espada y parecía que les iban a mandar al mismo infierno. No pudo evitar sentirse responsable de él, en cierta medida. ¿Acaso no eran compañeros? ¿No eran amigos?

No sabía muy bien qué hacer ni que decir. Malik estaba realmente tenso, mucho más que de costumbre. Parecía incluso enfurecido por todo aquello. Más preguntas, y ninguna respuesta.

Quiso acercarse a sus amigos. Ambos, a su manera, parecían necesitar ayuda en aquel momento. En aquel momento de caos, se sintió cercano a ellos. Sin embargo, apenas había dado un paso cuando todo se iluminó. Y después vino la oscuridad.

* * *

«¿Dónde… estoy?».

Sentía el cuerpo dormido, como si hubiera realizado un gran esfuerzo. Abrió los ojos, pero la diferencia fue nula. La oscuridad era absoluta, no podía distinguir nada. Sentía la presión de la negrura, como si fuera algo completamente antinatural. Así debía sentirse el Hades para los malvados.

Pecador.

Y entre las tinieblas, surgió la figura de la chica de la pantalla. Sus ojos amarillos brillaban, clavados en él. Era espeluznante. Intentó reaccionar, moverse, luchar, pero su cuerpo apenas podía reaccionar. Estaba atrapado en la oscuridad.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen.

Aquella chica tenía una voz espectral, carente de alma, sin apenas variación. Quizá aquello era lo que más aterrorizaba al aprendiz de héroe, sumado a la sensación de absoluta impotencia. No podía hacer nada. La figura parecía más un monstruo de forma humana que alguien vivo y real.

Se acercó a él.

Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Y llegó el dolor. Un dolor abrupto y absoluto, como si le desgarraran por dentro. La mano de Eileen le había atravesado el pecho y parecía estar buscando algo. Intentó reprimir un grito de dolor, pero fue imposible. Finalmente, aquel ser retrocedió, con algo entre las manos.

Le había sacado el corazón.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

«Dioses…».

Y la chica estrujó el corazón, extrayendo de él toda su oscuridad. Cuando regresó a él, notó como algo le faltaba. Un inmenso vacío en su interior. ¿Qué le había hecho?

¡¿Qué me has hecho?! —intentó gritar. El brillo de los ojos de aquella criatura se incrementó. Resultaba aún más intimidante. Stelios se sentía al borde del desmayo. Aquello no podía estar sucediendo.

¡Aléjate de ellos!

Una voz resonó en aquel mundo oscuro, como un bote salvavidas para su propia cordura. No estaba solo allí.
De pronto, se proyectó lo que parecía una salida, una intensa luz que le permitiría salir de la oscuridad. Luchó contra su propio cuerpo, que se resistía a moverse. Debía salir de allí. ¡Iba a salir de allí!

«Vamos… ¡Vamos…! ¡Lucha!».

No podía quedarse allí. No se quedaría allí. Todavía tenía un sueño que cumplir.

Y no iba a dejar que la oscuridad le devorara.

* * *

Lo había conseguido. Había escapado del mundo oscuro y de aquel demonio de ojos amarillos. Sentía el suelo bajo sus pies y la luz, aun leve, era mejor que la negrura. Estaba completamente agotado, y no sabía nada de lo que había sucedido ni a donde había llegado.

Logró ponerse de pie, apoyando el cuerpo en la hoja de su espada. El tamaño del arma le sirvió para incorporarse y tener un breve apoyo para recuperar las fuerzas. Estaba en lo que parecía un gran estadio, y parecía lleno de gente. Apenas reconoció alguna cara, buscando a sus amigos entre la multitud. Apenas se había fijado en el escenario cuando hubo una explosión, seguida de una violenta pelea. Alguien estaba luchando, pero no podía reconocerles.

«Muévete chico, venga. Busca a tus compañeros. No te quedes solo».

¡Stelios, Albert!

La voz de Malik resonó entre la multitud. Se acercó a la imponente figura del hombre, agradecido de verle.

¡Malik! ¿Qué demonios ha sucedido? La chica de la pantalla…

Pero Malik no le escuchaba. Miraba con intensidad la figura de una chica que había surgido tras el grupo de los aprendices. En un principio le resultó completamente desconocida, pero luego no pudo evitar pensar en que le recordaba a alguien.

¿No se parecía mucho a Fátima, a quien le acaban de presentar? ¡Parecía ella! Pero a la vez era distinta, como si los años hubieran pasado de golpe. Estaba luchando contra la criatura de los ojos amarillos. El combate no duró demasiado, ya que aquel ser se retiró rápidamente, desapareciendo en su propia sombra.

Stelios no prestó demasiada atención a todo aquello. No tardó en encontrar a Albert, tirado en el suelo. Parecía muerto de terror. Malik se acercó a él.

Arriba, vamos —le dijo.

Las voces de los desconocidos empezaron a escucharse con fuerza. Gritaban instrucciones, planes. Stelios no comprendía nada de lo que estaba sucediendo.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

El tal Crow sacó una carta, que rompió en pedazos, liberando una gran cantidad de números que se esparcieron en el aire, siendo absorbidos por varios de los aprendices presentes. Acto seguido empezaron a organizarse en grupos. Debían unirse a uno e intentar cumplir con su objetivo para luchar contra aquella misteriosa chica. Todo había sucedido tan deprisa que Stelios casi se sintió mareado. Aquello era demasiado. ¿Qué debía hacer?

Malik se acercó a ellos.

Escuchadme, voy a ir con esa mujer para combatir esas sombras, parece saber bastante... Y no sé si allí encontraré a Eileen, pero no puedo ignorar eso. No quiero dejar sola a Fátima… pero… vosotros id con ella, será más seguro, ¿de acuerdo?

Y eso que quiere decir, ¿Qué aquí nos separamos?

Malik no respondió.

Tened cuidado.

Y se marchó.

Stelios observó la figura de su amigo alejándose hacia el tal Quorra. Algo les ocultaba, sin duda. Él ya había estado en La Red antes y parecía tener algo personal pendiente en aquel terrorífico lugar. Podía necesitar ayuda, aunque no la había pedido.

Claro que eso a Stelios le importaba bastante poco. ¡Él era su amigo! Y no pensaba permitir que se separaran cuando podía necesitar su ayuda, sin importar el riesgo. Sin dudarlo, echó a correr detrás de Malik.

¡Que te lo has creído! ¡No existe un lugar seguro aquí! ¡Iremos contigo!

Sin embargo, al mirar tras de sí, vio que Albert no les seguía. Estaba parado, abrazándose con los brazos, llorando, rodeado por la multitud que se movía hacia todas partes. Estaba completamente fuera de sí.

Regresando junto a él, intentó hacerle volver en sí, pero el muchacho no reaccionaba. Se había dejado llevar por el pánico.

Albert —insistió —¡Albert!

Ninguna reacción.

Muy bien, amigo. No me dejas otra opción.

Y sin dudarlo un segundo, le agarró por las rodillas y se lo colgó a hombros. El chico no pesaba mucho, y no hizo ademán de resistirse.

¡Aquí no se queda nadie!

Y cargando con él como si fuera un saco de patatas, corrió siguiendo la estela de Malik.


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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor James Bond » Sab Mar 29, 2014 3:22 pm

Al igual que yo, muchos otros aprendices empezaron a hacer preguntas al Maestro Kazuki, pero este no las respondió, sino que estableció turnos para realizar dichas cuestiones, como si fuera una rueda de prensa.

Desgraciadamente, no sabía quien había enviado el virus, aunque sí de donde procedia. El mundo digital llamado La Red, que fue creado por una empresa llamado ENCOM, pero que ahora estaba gobernado por los programas del mundo. Aquello parecía sacado de una película.

El hombre no se dignó siquiera a contestar la pregunta que le hice, pasó a la de otro muchacho que por lo visto, ya había estado antes en dicho mundo, pues mencionó que pudiera suceder lo mismo de la anterior vez que estuvo ahí.

Aquello detonó el pánico entre todos los aprendices que estábamos en la sala. Y no era para menos. Kazuki trató de calmarnos, pero era imposible, éramos muchos. Lo último que supe, era que una luz me envolvía antes de ver oscuridad.


Pecador— Oí que me decía una voz. Traté de moverme, pero no podía. Mi cuerpo pesaba mucho y me notaba fatigado. ¿Dónde estaba? Sólo podía ver oscuridad infinita.

Cuando una mano me cogió del pelo, pude ver quien era el que lo hacía. Era aquella tipa que había aparecido en la pantalla de la televisión y me hizo sentir miedo sin motivo alguno. Aunque de hecho, estaba volviendo a tener miedo. ¿Por qué solo la presencia de esa chiquilla me hacía entrar en pánico?

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen— Así que ese era su nombre, pero no hizo que me tranquilizara para nada—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.
¿Mi... alma...?— Traté de no parecer asustado, pero la realidad era bien distinta. Mi voz sonaba muy miedosa, y no sabía a que se refería con lo de inspeccionar mi alma.

Grité de dolor cuando noté que algo atravesaba mi pecho y observé que en su mano tenía algo rojo que brillaba y estaba sonriendo. ¿Acaso era aquello a lo que se refería con inspeccionar mi alma?

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Definitivamente, aquella tipa estaba loca. ¿Que no había sido un chico bueno? No había hecho nada malo en lo absoluto. No tenía ningún tipo de voz en mi cabeza, ni forma oculta. Además, ¿qué demonios era un eidolones? Aparte, ¿cómo iba a querer mi oscuridad, si yo era de elemento luz?

Con sus propias manos, estrujó aquel órgano que no sabía cual era, y tras dejarlo caer al suelo, cambió de un color rojo a uno negro y noté como había algo que me faltaba, pero no sabría decir el que era. El corazón negro se fundió con la túnica negra de la chica, y el rojo, volvió a entrar en mi cuerpo.

Una voz dio la orden de que se alejara de ellos. No sabría decir a quien iba dirigida esa orden, solo supe que oí una voz riéndose y noté como mi cuerpo se empezaba a hundir. Sin embargo, y extrañamente, noté que podía moverme, así que empleé todas mis fuerzas para salir. Cuando lo hice, el agujero se cerró.


Nada más salir, comprobé que no estaba solo yo, también se hallaban allí más aprendices de Tierra de Partida, y otros que supuse que serían de Bastión Hueco. Frente a mi, había un cartel con lucecitas que anunciaba “Bienvenido a los IV Juegos del Enjambre”, aunque poco duró aquel cartel pues fue destruido.

Observé desde mi posición como un chico de pelo azul con cicatrices y una lanza, luchaba contra la tal Eileen. No le conocía de nada.

Detrás de nosotros, vi a alguien que sí conocía, aunque... estaba bastante cambiada. Se trataba de Fátima, ni más ni menos, pero era más alta que la que conozco. Surgiendo detrás de ella como si fuera un fantasma, apareció una figura encapuchada que trató de atacar a la muchacha. Algo redondo, logró parar el ataque del atacante de Fátima. Entonces fue cuando decidió desaparecer.

¡Mierda! ¿¡Adónde ha ido!?
¿Estáis bien?— Preguntó Fátima.
Eh... Sí... Supongo...
¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.
Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...
He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.
¡Y necesitamos luz! Erades es invulnerable en la oscuridad.
Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras, podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.
Cuento con mi lanza.
—Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

No me había enterado de casi nada de lo que habían hablado. Solo averigüé que había algo llamado Erased Data que necesitaba luz para ser vulnerable y que estaba atacando el mundo, o eso deduje.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ¡No os podéis quedar quietos! Sé que es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar y detener a la encapuchada que habéis visto! Esto es lo único que puedo daros a cambio.

De pronto, a mi memoria vinieron unos recuerdos que no recordaba haber vivido. Estaba en Villa Crepúsculo, y me acababa de montar en un tren, donde hice pareja con una chica-gato y tuvimos que sobrevivir. Lo último que me vino, fue que un gitano me eliminó mientras trataba, junto a Hiro y la chica-gato, de rescatar a otro jugador.

Ya veo...— Estaba algo sorprendido y shockeado. ¿Alguien había creado un clon digital mío y le obligó a participar en el Reaper´s Game, o como se llamara? En cualquier caso, no podía detenerme a pensar. Si aquel Erased Data estaba atacando al mundo, debía de ayudar a defenderlo, y si con ello existía la posibilidad de eliminarlo, mejor.

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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Zodiark » Sab Mar 29, 2014 4:10 pm

Pecador.

Sin darme cuenta, había entrado en un mundo de oscuridad. El pánico había empezado a cundir durante la ronda de preguntas al maestro Kazuki sobre nuestra entrada en La Red. Estaba intentando mantener la calma en medio de todo aquel follón, aunque también estaba preocupada. Entonces, la oscuridad.

¿Dónde...?

Me sentía incómoda, cansada. Aquella oscuridad pesaba, la notaba a mi alrededor, haciendo fuerza sobre mí, como si quisiera impedir que avanzara. De todas formas, ¿adónde iba a avanzar? Todo era oscuridad, solamente pura oscuridad. O quizá no. Frente a mí, vislumbré una figura humana muy familiar.

T-Tú...

Un escalofrío recorrió mi espalda al clavar mi mirada en la suya. Sus punzantes ojos amarillos otra vez, intensos, observándome, analizándome... Desnudando mi alma...

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —su voz se había vuelto grave y distorsionada, casi monstruosa a mis oídos. Era una voz perturbadora—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

La mujer se acercó a mí y me acarició el cabello. Intenté apartarme, alejarme de ella, pero me resultó imposible, pues la intensidad de la oscuridad que me rodeaba pesaba tanto sobre mi espalda que apenas podía moverme.

Y entonces, sentí un dolor agudo, intenso, quemando mi pecho. Como si la vida misma me estuviera siendo arrebatada del cuerpo, sentí la mano de aquella mujer atravesando mi torso y arrancando de cuajo mi corazón. Intenté soltar un grito de dolor, pero la angustia era tan profunda que no salía aire de mi boca.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

¿De qué hablas...? —musité aun aturdida por el dolor.

Vi cómo la tal Eileen apretaba mi corazón con su mano como si fuese un patito de goma. ¿Acaso era tan sólo un simple muñeco para ella? Entonces, lo dejó caer, y en su mano quedó un corazón totalmente negro. ¿Era... mi oscuridad? El corazón rojo volvió a mi pecho y me sentí más aliviada, como si de pronto mi alma pesara menos. Al mismo tiempo, la mujer absorbió el corazón negro.

¡Aléjate de ellos!

Una voz familiar resonó en la oscuridad, y Eileen desapareció como una sombra en ella. Una débil luz azul brilló sobre mí. Levanté la cabeza y comencé a nadar en la oscuridad, hacia la luz. Tenía que salir de allí cuanto antes, no iba a dejar que la oscuridad me tragase.

* * *


Al lograr salir del agujero oscuro, me vi rodeada de los demás aprendices, incluso de los de Bastión Hueco, como Ban y Ragun. Nos encontrábamos en las gradas de un estadio. Miré a mi alrededor, observando aquel lugar, y vi que era bastante parecido a Espacio Paranoico. ¿Era aquello La Red?

Cerca de nosotros, la tal Eileen peleaba con un hombre de cabellos azules. Al verle, me fijé mejor y vi que se trataba ni más ni menos que de mi compañero Edge.

¿Qué demonios...? ¿Edge?

Observaba la batalla confusa, hasta que una explosión ocultó el cuerpo de la chica. Miré a los lados, aterrorizada, buscándola con la mirada. Tenía miedo de que apareciese en cualquier momento entre nosotros y volviese a arrancarme el corazón. Pero a quien vi fue a otra persona totalmente distinta. Una de las aprendizas de Tierra de Partida estaba allí, detrás de nosotros. Pero lo confuso era que entre nosotros también estaba ella. Es decir, estaba por duplicado. Además, la chica que había detrás de nosotros parecía más adulta y madura. ¿De qué iba aquello? Un clon de Edge y otro de Fátima. ¿Habría otro de mí también? Todo se volvía cada vez más raro.

Eileen apareció detrás de la segunda Fátima, intentando atacarla, pero otra mujer acudió en su ayuda. Ésa sí que era desconocida para mí, y parecía llevar un traje acorde con aquel mundo digital. Sin embargo, la chica de los ojos amarillos volvió a desaparecer, riendo por lo bajo, de nuevo en la oscuridad, esta vez en la misma oscuridad de su propia sombra.

Las tres personas que estaba peleando contra Eileen comenzaron a hablar, y yo estaba totalmente perdida. Ideaban un plan para eliminar a un tal Erased, y decían cosas sobre virus y sobre generadores de luz. No entendía ni papa.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow!

¿Crow? No, definitvamente aquel no era Edge. Se parecía físicamente, pero la expresión de su cara era más seria, como si hubiese más oscuridad en su corazón. Y él mismo se había presentado con otro nombre. ¿Quién era entonces Crow realmente...?

¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

Ella me había arrancado el corazón y había hecho algo raro con él. Definitivamente, era peligrosa, y si querían detenerla tendría que confiar en aquella gente tan sospechosa y colaborar.

Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Crow sacó de sus ropas un sobre que partió por la mitad. De él surgieron un montón de unos y ceros que volaron hacia nosotros y se adentraron en nuestros pechos. Confusa, noté una sensación rara en mi corazón y en mi cabeza y, al observar a Crow de nuevo, todo vino a mi mente.

¿Qué...? ¡C-Crow!

Pactos, fusiones, Power-ups, poderes, Reapers, Game Masters, Erased Data, Eileen... Todas esas palabras me venían a la cabeza, cobrando sentido. Mi vida como la Maya digital, una vida corta y llena de dolor, de sufrimiento, pero también de lucha y de valor. Recordé mis momentos en el Reaper's Game, tanto los dolorosos como los felices. La eliminación de mis compañeros, entre ellos Jack, mi pacto con Xefil, la batalla contra Andrei, donde fui abierta en canal y colgada boca abajo, el paraguas de Alexis clavándose en mi hombro, los combates contra Diana, Shinju, Alexis y Ariasu, en los cuales luché codo con codo con Xefil, Crow, Jain, Light... Y la batalla contra Erased donde fui enviada al Exilio...

El Infierno tenía un nombre: Reaper's Game. Y pasar por todo aquello, me hizo sentir más valiente, más madura. Luchar por sobrevivir, estar al borde de la muerte... Incluso estuve encerrada en la más pura oscuridad, sin esperanzas de salir viva. Pero allí estaba. Deseaba reunirme con la Maya real, y aunque me sintiera algo estúpida por la idea de conocerme a mí misma, era casi como si lo hubiera conseguido. Ahora Maya y la Maya virtual eran la misma persona, una persona que había logrado sobrevivir, que había aprendido lo que significa pelear hasta el final por seguir adelante e intentar lograr tus objetivos y por proteger a los que amas.

Asentí con la cabeza, decidida. Erased Data parecía seguir vivo y, aunque no acababa de comprender la situación, iba a ayudar a derrotarle. No quería que más gente pasara por mi experiencia, el Exilio era el mismísimo inframundo.

Crow echó a correr rápidamente y sin perder ni un segundo lo seguí. Necesitaba explicaciones, saber por qué Eileen estaba haciendo aquello y qué pasó después de que yo fuese absorbida por el agujero negro que me llevó al Exilio. Corrí hasta alcanzarle y me situé a su lado sin dejar de correr. Otra chica que le había seguido también se presentó y le preguntó algo, y me di cuenta de que más gente le había seguido también.

Crow, ¿qué está ocurriendo aquí?

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Desconexión

Notapor Light » Sab Mar 29, 2014 4:44 pm

El ambiente se volvía más tenso por momentos. Ante la ausencia del líder de los Maestros, los aprendices comenzaron a preocuparse por su propia seguridad. Light se mostraría incómodo los segundos siguientes.

Light —el aprendiz escuchó que su eidolon le llamaba y se giró hacia éste, dubitativo. Se puso de cuclillas para estar a su altura y se quedó mirando fijamente sus grandes ojos amarillos. Al contrario que los de la chica del vídeo, sus ojos no le inspiraba ningún temor, sino toda la calma del mundo—. La Red puede ser un lugar muy peligroso, y me dijiste que no volverías a entrar al mundo digital, ahora no puedes…

Pero tengo que ir, no hay otra opción. Tierra de Partida nos necesita más que nunca, no puedo echarme atrás —le interrumpió, incapaz de tragarse de su orgullo. Aunque era una misión muy peligrosa, aunque Kazuki no les diera más detalles… tenía que hacerlo—. Es una misión.

¡Pero la última vez…!

¡Sé lo que pasó la última vez, pero te he dicho que no hay otra opción! —le contestó enfurecido. El perro agachó sus orejas y bajó la mirada rápidamente. Desistió de seguir convenciéndole y se resignó.

>>No tienes nada que temer —intentó convencerle, dolido por la expresión triste de su mascota. El aprendiz se irguió finalmente—. No va a pasar nada. No vengas si no quieres, entiendo tus motivos —admitió, sin especificar cuáles.

Light…

No te preocupes. Volveré —expresó confiado, levantando el pulgar—. Y recuerda que siempre estamos conectados, ninguno de los dos nunca está solo.

¡Light!

Ni Light ni Gaomon prestaron atención a la gran pantalla. El perro se dio cuenta a tiempo de que el portal se había encendido y se aferró a la pierna de su compañero por acto reflejo.

Pero no llegó a tocarle. Light y el resto de aprendices se habían desintegrado sin dejar rastro.

El perro bípedo no podía dar crédito, aunque tampoco podía decir que no estuviera familiarizado con aquello: no era la primera vez que Light entraba por accidente en el mundo digital.

Gaomon intentó comunicarse con su compañero mediante la telepatía, pero resultó imposible. Deseó desmaterializarse y aparecer donde él se encontrara, pero tampoco lo consiguió.

La conexión entre ellos seguía activada, pero era incapaz de localizar a Light. A la mascota no le quedó otra que esperar delante del ordenador de Tierra de Partida. Minutos, horas, días, semanas… no se movería de ahí hasta que su invocador regresara. Aunque hiciera falta, esperaría toda la eternidad…

Hasta que la conexión se rompiera. Cuando esto ocurriera, sentiría un fuerte desgarro y se desintegraría en miles de partículas de luz que desaparecerían lentamente en el aire.

***


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Pecador.

Light abrió los ojos de golpe y comprobó que se encontraba dentro de la más profunda oscuridad. Sus músculos estaban entumecidos y era incapaz de moverse; en parte, el infinito miedo era el responsable de su parálisis. La infinita oscuridad que le apresaba le estaba asfixiando, impidiéndole respirar con normalidad. No podía estar en ese lugar, simplemente era incapaz.

Su cuerpo y su mente no lo toleraban.

¿T-tú?

Tenía motivos de sobra para sentir miedo. Principalmente, por la oscuridad y por la siniestra mujer de ojos amarillentos que se encontraba delante suya, la misma que había visto en las misteriosas grabaciones.

¿Qué es este lugar?

Aquello no podía ser La Red, por supuesto que no.

Solamente había Oscuridad.

En aquel momento estaba teniendo un ataque de ansiedad y sentía que le faltaba oxígeno. La taquicardia que estaba padeciendo era claramente notoria: incluso podía escuchar sus propios latidos, retumbantes como tambores.

Su situación no podía ser peor.

¿Qué? —pronunció aturdido, deseando con todas sus fuerzas que esa siniestra mujer desapareciera de su vista. El muchacho bajó la vista y comprobó que sus piernas estaban temblando de manera exagerada, como su voz.

Volvió a observar a la fémina siniestra que se hallaba delante de él. Ésta comenzó a acercarse, sin prisa pero sin pausa. Light rogó que no se acercara, haciendo gestos con la cabeza, moviéndola de un lado a otro como si estuviera negando.

No podía soportarlo. Abrumado por la inmensa oscuridad, se dejó de caer de rodillas sobre el suelo de oscuridad y cerró los ojos, muerto de miedo.

N-no te acerques, no te acerques...

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —su voz distorsionada no le tranquilizó, sino todo lo contrario. Para colmo, las manos de aquel diabólico ser entraron en contacto con su cabello, provocándole un desagradable escalofrío. En una situación normal habría reaccionado con un simple empujón para alejarla, pero no podía hacer absolutamente nada en ese estado de pavor, excepto temblar—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Light no sabía a qué se refería exactamente, pero la mera idea de que le examinara por dentro le horripilaba.

Detente.

Pero no se detuvo. Light sintió una punzada aguda en el pecho y rugió de dolor, incapaz de soportarlo. Ésta había atravesado su pecho sin piedad, para buscar algo dentro de su cuerpo. Lo que le interesaba de él, lo que realmente ansiaba no era otra cosa que…

Su corazón. Había atravesado sus carnes para llegar hasta él directamente, y ahora estaba en su poder.

El aprendiz observó con los ojos muy abiertos el órgano que había extraído la mujer, sin capacidad de hablar o reaccionar. Podía percibir la conexión con Gaomon en el resplandeciente objeto: si le arrebatan el corazón perderían esa conexión y el eidolon desaparecería para siempre. Era tan sumamente importante su corazón que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para recuperarlo, sin importar el precio.

"Recuerda que siempre estamos conectados, ninguno de los dos nunca está solo".

No, no, no.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Esto no puede estar pasando.

Suéltalo, detente...

Era capaz de sentir como su órgano estaba siendo aplastado, y eso les estaba matando: a él y a su mascota. La mujer se disponía a destruir su corazón y no podía detenerle.

¡No, para! ¡Para, por favor! ¡Haré lo que sea pero no me lo quites! —exclamó, arrastrándose mientras rogaba piedad. El vínculo emocional que compartía con su eidolon le permitía experimentar el dolor que padecía esta criatura. Light sintió que Gaomon estaba siendo aplastado, al igual que su corazón.

El chico temía más por su vida que por la suya propia.

Entonces, experimentó un dolor extraordinario y el mundo no volvió a ser el mismo. Sus súplicas habían sido ignoradas y su corazón había quedado reducido a algo insignificante: le habían extirpado al eidolon salvajemente. El chico se desplomó en el suelo de oscuridad al segundo y se quedó contemplando el corazón que le habían arrancado sin piedad, completamente deformado. El artífice de aquella desgracia había extraído toda la oscuridad de su corazón, llevándose a su mejor amigo en el proceso.

"No va a pasar nada".

Inevitablemente, Light rompió a llorar. Le habían arrancado una parte importantísima de su ser y ahora simplemente era una cascara vacía. Nunca le habían hecho tanto daño. El chico susurró el nombre de su mascota como normalmente hacía para invocarle, pero no hubo ninguna respuesta, ninguna señal. No habría ninguna porque había dejado de existir en aquel momento: si no había corazón no había eidolon.

Lo sabía, podía sentir perfectamente su ausencia. Había regresado a la soledad.

Todo por su cabezonería. Y, lo peor de todo, es que le había asegurado a su amigo que no habría ningún problema, que seguirían conectados. Ya no volvería a verle. Ni hablarle, y sus pensamientos no volverían a ser escuchados por él. Si no hubiera tenido miedo de la oscuridad y se hubiera enfrentado a aquella chica, nada de esto habría pasado.

Su compañía durante todos esos meses había cambiado por completo su vida: nada ni nadie podría compensarle. Cuando un Sincorazón se disponía a atacarle, él se materializaba en el momento justo para recibir el golpe. Cuando tenía una pesadilla y volvía a presenciar los oscuros acontecimientos de Ocaso de una Estrella (El cuerpo ensangrentado de Wix, la muerte absurda de Zeix), él corría a abrazarle para tranquilizarle. Si recibía una paliza, él sanaba sus heridas. Si no podía andar, él le llevaba sobre su lomo.

Él había sido el hermano que nunca había tenido.

Y ahora, ella se lo había llevado para siempre.

Light no apreció ninguna diferencia cuando se colocó el nuevo corazón, y aquello no pudo ser peor señal. La conexión con su eidolon se había cortado y pensó que nunca se restablecería. Eso sólo podía significar que no volvería a ver a Gaomon nunca más.

No merecía seguir la pena luchando. ¿Para qué?

¡Aléjate de ellos!

¿Para qué?

Entonces, una tenue luz de color neón azulado se manifestó sobre ellos: la luz de la esperanza. El chico agitó la cabeza, incapaz de admitir su muerte.

Para recuperar a Gaomon.

Tenía que recuperarlo, sin importar cómo. No conseguiría nada quedándose allí simplemente, debía luchar para conseguir sus objetivos. Algo en lo más profundo de su ser le decía que podía traerle de vuelta: la muerte no era ningún obstáculo para él precisamente.

El aprendiz no permitió que la oscuridad le tragara. Luchó contra la oscuridad que intentaba absorberle y sacó sus piernas del charco de oscuridad. Alzó el brazo mientras daba un brinco y comenzó a ascender.

Salvaría a Gaomon y detendría al artífice de la corrupción.

Una vez más.

***


Guiado por una luz, Light consiguió salir de aquel infierno. Cuando escapó del mundo de oscuridad, sintió que al fin podía respirar. Después de pasar tanto tiempo en la oscuridad, lo único que quería era ver luz, aunque ésta fuera artificial.

Vio el entorno e intuyó que se trataba de La Red. El paisaje lleno de luces era increíblemente parecido al de Espacio Paranoico, estaba claro que habían ido a parar al mundo digital. O eso esperaba. Habían aparecido en las gradas de un edificio enorme, aparentemente un estadio.

Se restregó los ojos para que nadie comprobara que había llorado y comenzó a buscar a los suyos. El aprendiz buscó a sus conocidos con la vista y se aseguró de que estaban bien, para su alivio. Aparentemente todos habían encarado aquel desagradable encuentro con la joven del vídeo: todos ellos habían salido de un agujero de oscuridad del mismo modo que él. ¿Les habría arrebatado algo importante a sus compañeros, como a él? No se quería imaginar el estado de los novatos: sus rostros lo decían todo.

Entre los presentes reconoció a Ragun, miembro de la facción Bastión Hueco. Los aprendices del bando enemigo parecían tan confundidos como ellos, por lo que Light asumió que habían pasado exactamente por la misma experiencia. Igualmente, no le dio demasiada importancia a su presencia.

La destrucción del panel que anunciaba la celebración de unos juegos le alertó. En aquel momento se estaba celebrando un combate entre la sádica mujer y otros dos individuos. Light pensó que estos dos serían sus Maestros, pero se equivocaba.

Eran… ¿Aprendices? Light los reconoció ligeramente de vista pero no pudo ponerles nombre, pues no conocía a ninguno de los dos. Uno de los combatientes, el de cabello azul y cicatrices en el rostro, luchaba sin cuartel usando una lanza puramente hecha de electricidad. La segunda, una fémina de cabello oscuro bastante atractiva, invocó una bola de fuego y la envió hacia la chica rubia, sumergiéndola en una violenta explosión.

Ni se imaginó por asomo que se trataban de las copias virtuales de dos aprendices.

Ambos luchaban contra la misma rubia de las grabaciones: la mujer que les había arrebatado la oscuridad de su corazón. Light nunca había sentido tanta repulsión por una persona: ni siquiera el odio que sentía por Ryota se le acercaba. Le entraron unos deseos irrefrenables de entrar en el combate para asesinarla con sus propias manos; no sin antes obligarla a devolverles todo lo que les había quitado. Desgraciadamente, no tendría esa oportunidad.

La sádica muchacha ―ahora encapuchada, con el rostro oculto― se teletransportó y apareció detrás de la fémina que Light no conocía, dispuesta a segarla con sus sables de oscuridad.

¡Cuidado! ―exclamó, avisando a la mujer del peligro.

No obstante, su ataque resultó bloqueado por un proyectil: los discos que solían esgrimir los programas de Espacio Paranoico. Una mujer se unió al combate en el mejor momento, desviando el ataque de la rubia. El programa, de cabello corto y oscuro, permaneció en guardia y esperó el ataque de su enemigo.

Ataque que nunca llegó. Su enemigo no se lo pensó dos veces y no contraatacó, sino que abandonó el campo de batalla, fusionándose con el suelo.

Su temible enemiga había desaparecido.

¡Mierda! ―se lamentó uno de los combatientes, colocando su lanza sobre su hombro. Comenzó a buscarla, sin éxito―. ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien?

¡Tenemos que separarnos! ―sugirió el joven de cabello azul―. Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

Si vuestro Erased Data es un virus... ―Light memorizó el nombre de su enemigo y atendió a las palabras de Quorra como si su vida dependiera de ello―. Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

¿Luz?” entonces, recordó que Erased Data le había humillado en la oscuridad. Había aprovechado su ventajosa invulnerabilidad en ésta y el pánico del aprendiz para extraer su corazón, separándole de su fiel amigo. Había ignorado sus súplicas y había absorbido una parte importante de él.

¿Lo peor de todo? No había podido hacer nada para evitarlo; inmóvil y de rodillas, había permitido que Erased se saliera con la suya.

Otra vez, la oscuridad le había arrebatado a un ser querido. Odiaba la oscuridad más que nunca.

Imperdonable.

Jamás le habían degradado de aquella manera.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

"Iluminar toda la ciudad para acorralar a Erased" pensó Light.

Ojo por ojo y diente por diente. Acorralarle en la luz y obligarle de la misma manera a escupir todo lo que les había arrebatado: era simplemente perfecto.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―se presentó el joven de la lanza eléctrica―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

>>Esto es lo único que puedo daros a cambio.

¿Eh?

El muchacho rompió una simple carta y liberó una lluvia de cifras que fueron absorbidas rápidamente por algunos aprendices. En el caso de Light, las cifras pasaron de largo por alguna razón. Aturdido, observó curioso las reacciones de los aprendices más cercanos a su posición; entre ellos, Alec Ocus, el brujo de Ciudad de Halloween.

¿Qué es exactamente esto?” desconfiado, se preguntó qué significado tendrían aquellos unos y ceros.

¿Estás bien? ―a la vista de las extrañas reacciones de todos los aprendices, no pudo evitar preguntarle a Alec.

Light... ―oyó una débil voz y se volteó para comprobar que se trataba de Ragun. Parecía bastante afectado, ¿habría pasado por la misma horrorosa experiencia que había pasado él?―. Podemos hacerlo, cumplir aquella promesa que nuestras copias nunca pudieron completar.

¿Qué?

Aquello simplemente carecía de sentido.

No sé de qué me hablas ―le respondió, conciso. No había hecho ninguna promesa a Ragun y no tenía constancia de que tuviera algo parecido a una copia. Decidió prestarle poca importancia a su propuesta.

>>No perdamos más tiempo ―señaló sin más demora, dirigiéndose a Ragun y Alec―. Voy a ayudar a Crow a activar esa luz para eliminar la oscuridad que protege a Erased. Seguidme si queréis.

Solo o acompañado, Light saldría corriendo de su sitio para alcanzar a Crow. Había decidido que le ayudaría a encontrar el generador de luz del que hablaba Quorra. Lo activarían y acorralarían a Erased Data, del mismo modo que él había hecho con ellos usando la oscuridad.

Lo vas a pagar muy caro, Erased” repetía una y otra vez, deseando atravesar sus carnes.

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Me cago en el puto error del foro.

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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Sombra » Sab Mar 29, 2014 4:48 pm

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Saeko y Saito hablaron respondiendo a mi pregunta, asentí replanteándome lo que había dicho en cuanto el aprendiz opinó y dejó de hablar, Nanashi alzó la voz para hablar nuevamente dando una respuesta más oficial que no dejase lugar a más dudas:

Hemos barajado esa posibilidad. Sin embargo, confiamos en nuestros dos guardianes la integridad del castillo ―la Maestra llevó su mirada a Wix y Daichi, con el cual apenas había cruzado más que un par de palabras en todo lo que llevaba viviendo en el castillo. Sinceramente, yo no confiaría demasiado en aquellos dos como guardianes, pero no era de mi incumbencia criticar aquello―. En cuanto a la razón por la que todos vamos: debemos situarnos en el peor de los escenarios. Nada nos asegura que quienes han enviado el mensaje no sean hostiles.

Tiene sentido ―afirmé antes de mantenerme en silencio de nuevo.

Tras unos momentos, una chica que no conocía de nada ―por lo que deduje que era una novata― dio un paso al frente, lista para preguntar algo.

¿Y dónde está Ryota?

Al instante miré a la chica, interesado por aquella pregunta que nadie se había atrevido a formular. Era la “pregunta del millón” por así decirlo. Realmente quería saber también donde estaba Ryota y sospechaba que la mayoría nos lo habíamos preguntado a lo largo de aquellos intensos diez minutos.

El Maestro tenía asuntos que atender fuera del castillo. Cuando vuelva protegerá el castillo junto a nuestros guardianes ―dio una breve explicación.

Quise preguntar qué asuntos podría tener en aquel momento, pero no quería tocar la intimidad de nuestro líder y menos preguntarle a alguien que no fuese él mismo. Al menos yo, confiaba en el Maestro Ryota.

¿Sabemos quién es la señorita Ricitos de Oro? O cualquier cosa sobre ella. ¿A quién manda ese mensaje? Porque está claro que se dirige a alguien en concreto —preguntó otro de los aprendices.

Me sonaba mucho de conocerle, pero no lograba ubicarle. ¿No se parecía mucho a Ban? Aunque mucho más alto y adulto. Era imposible que fuese él, la gente no crecía de golpe.

«Ni los sincorazón se convierten en humanos.»

Me crucé de brazos como pude―ya que solo tenía uno y medio― con cierta amargura.

Su verdadera identidad no es importante: esa persona, muy probablemente, está fallecida desde hace muchos años. El mensaje creemos que va dirigido a sus antiguos compañeros, por lo que debéis prepararos para un posible encuentro con miembros de Tierra de Partida.

Tragué saliva en cuanto escuché aquellas palabras y las caras de algunos de los aprendices que había conocido a lo largo de todo aquel tiempo se cruzaron por mi mente en un pensamiento fugaz. Sinceramente, no quería luchar contra ellos, si se refería a eso con "encuentro". ¿Y por qué se refería a aquella chica como alguien fallecido? Eso quería decir que ella sabía quién era, no encontraba otra explicación posible.

«¿Qué ocultas, Maestra Nanashi?»

Oh, y por supuesto: ¿qué hacemos cuando Tierra de Partida aparezca y se meta en medio?

Si es necesario, colaborar con ellos ―me alivió en gran medida que la frase no hubiese finalizado con un "acabar con ellos", me alegré de aquello bastante. Aunque no pude evitar hacerme gracia la mirada de sorpresa que apareció en mi Maestra Tutora Ariasu, que no parecía tan de acuerdo―. Quizás busquen el mismo objetivo que nosotros: descubrir la verdad. No iniciaréis un conflicto innecesario: no seré yo quien declare la guerra a Tierra de Partida.

Así se hará —dije conforme.

¿Guerra? ¿Tan poco habéis tardado en olvidar el Pecado Original?


Me giré en busca del origen de la voz encontrando tan solo la chica rubia en las pantallas de los ordenadores. Aquella voz había salido de ella, estaba seguro.

No vi que la máquina que nos transportaría a la Red estaba encendiéndose. Tan solo vi como aquella rubia ampliaba su cínica sonrisa aún más provocando en mí otro escalofrío como cuando sus ojos se clavaron en mí por primera vez. Nanashi reaccionó invocando su llave espada y en cuanto quise hacer lo mismo...

Oh, no. Los Maestrillos no estáis invitados a mi fiesta especial.


…un rayo láser chocó contra mi cuerpo, la virtualización había comenzado y ya no podía huir de ella.

Lo último que vi antes de ser tragado por un resplandor de luz fue a Nanashi tratando de ayudar a la chica que había preguntado por Ryota y después...

...Oscuridad.

***

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Pecador —me llamó una voz acusadora.

¿De qué hablas? —contesté al momento hostil.

Una sensación opresora me invadió, como si mil y una cadenas de plomo hubiesen sido forjadas y atadas a mi alrededor. No quería estar allí, quería salir. ¿Pero cómo? ¿Estaba siendo presa de alguna habilidad mágica? No había otra explicación.

«¿Magia de Espacio? ¿Ilusión? ¿Oscuridad? »

Y frente a mí estaba ella, la chica que había estado en todos los ordenadores, teléfonos y aparatos de Bastión Hueco. La misteriosa y bella joven de ojos tan mortíferamente penetrantes.

Me sentía desnudo frente a ella, no me gustaba. Era como si no tuviese secretos, como nada pudiese ocultarse de aquel siniestro par de ojos que… Aunque yo también poseía unos parecidos, los de ella me parecieron tan afilados como la hoja de una guadaña.

¡Tú! —estaba temblando, pero quería mantenerme firme. No quería mostrar mi debilidad en aquel momento.

Estaba solo y asustado. Deseaba con todas mis fuerzas huir de allí, ¿pero a dónde? Ni siquiera podía moverme.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —su voz sonaba irreal e indefinible. Como una cacofonía incomprensible pero que lograba encajar formando frases lógicas.

La chica se acercó a mí acariciando mi rostro con cariño, sin embargo no me sentí bien con aquel gesto, como habría pasado si me lo hubiese hecho otra persona. Todo lo que pude sentir fue repulsión, era desagradable hasta un extremo irreal.

Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

¡No! —traté de apartarme sin éxito.

De repente sentí un dolor en mi pecho. La chica atravesaba mi cuerpo con su mano, podía notar como tocaba mis entrañas rebuscaba algo que no tardó en encontrar. Solté un grito ahogado mientras escuchaba los sonidos húmedos de mi piel y mis músculos siendo desgarrados mientras se mezclaba con mi sangre y de repente agarró algo.

Supe al momento lo que era.

«¡Mi corazón! »

Un corazón rojo y brillante que casi parecía un rubí perfectamente tallado. Mi propio corazón, aquel lugar que contenía los sentimientos, nuestras almas y que en su momento le había robado a Alexander antes de dejar mi pasado como sincorazón.

¿¡Qué estás...!? —estaba a punto de entrar en pánico. ¡No podía robarme aquello! —. ¡¡¡Basta!!!

No quería que me lo quitase, era horrible, sofocante y muy agobiante. ¿Y si me convertía en lo que verdaderamente era en aquel momento? No quería volver a ser un sincorazón nunca más.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

¿¡De que hablas!? ¡Déjame en paz! —estallé mientras veía impotente como aquella desconocida observaba mi alma con aquellos relucientes ojos dorados.

Solté otro grito, dolía demasiado, me sorprendía poder seguir mirando aquella grotesca escena.

Pero no me hizo caso. La mujer apretó mi corazón con gran fuerza extrayendo de él algo que formó una copia del mío con un tono marchito, después dejó que cayese contra el suelo, casi con desprecio. Me tiré al suelo agarrando aquel importante órgano mientras respiraba con dificultad, sentía mucho, mucho frío. Sabía que ella me había drenado algo importante pese a que no sabía qué.

Devuélvemelo… ¡¡¡DEVUÉLVEMELO!!! —quise lanzarme a por ella, pero aquel lugar ejercía una fuerza demasiado intensa que lograba dejarme sin ninguna clase de poder. No podía ni invocar mi llave espada.

¿Y los demás? ¿También estaban pasando por lo mismo? No quería ni pensarlo, pero sería lo más probable ¿Nos iba a matar? ¿No había ya esperanza? Sabía de sobra que no podía hacer nada contra ella, no hacía falta ser un genio para deducirlo.

¡Aléjate de ellos!

Una voz masculina rompió el silencio y resquebrajó la oscuridad. Un agujero sobre mí apareció, tenía que ser la salida. No había duda de ello.

La chica, que se había hecho llamar Eileen soltó una risita desapareciendo en la oscuridad. ¿Me iba a dejar marchar?

En ese instante noté que mis pies se hundían en un foso de oscuridad infinita, pero no lo permití. No quería permanecer allí ni un solo instante más, odiaba estar solo.

¡Saldré de este sitio! —alcé la voz para auto convencerme. Lo conseguiría, no me podía rendir.

Empecé a escalar, no iba a rendirme jamás. No iba a morir en un lugar como aquel.

* * *


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En cuanto salí del agujero me tiré sobre el liso suelo, escuché como aquel foso desaparecía con un sonido de succión. Deseaba no pisar aquel lugar nunca más.

Lo primero que hice fue llevarme la mano al pecho aún en el suelo. No tenía nada, ni herida, ni sangre. Entonces, ¿aquello había sido una ilusión? Había dolido, había sentido el miedo… Pero no tenía ni un rasguño, ¡tenía que ser una ilusión!

No. Realmente me faltaba algo, sentía un enorme vacío, como remordimientos o algo semejante al no poder acabar algo.

No estaba solo, había aprendices de Tierra de Partida allí saliendo de aquellos fosos en los que parecíamos haber sido todos atrapados, fijándome un poco más vi también repartidos por aquella especie de gradas a todos los que habíamos estado en la sala del ordenador de Bastión Hueco, excepto los maestros. Éramos muy pocos en comparación a nuestra facción rival.

Si los de Tierra de Partida habían vivido aquello que había experimentado tan solo unos momentos atrás dudaba que fuesen los causantes de aquel incidente. ¿Entonces quién? No se me ocurría nadie.

¿Los Villanos Finales? ―solo acudía a mi mente aquel nombre. ¿Quién sino buscaría atacar a las dos facciones en las que estaba dividida la orden de los caballeros?

Eileen tal vez… ¿Era una persona o un programa? Si lo que decía Nanashi de que estaba muerta era cierto… ¿Podría ser que esa chica fuese también un sincorazón que adquirió la forma de volverse humana al devorar el corazón de aquella chica? Ella compartía algunas características conmigo, sus ojos concretamente. Excepto que los suyos parecían mucho más amenazadores.

Me puse en pié en cuanto recuperé el aliento.

No muy lejos, desde una de las fosas más cercanas surgió un hombre que había conocido hacía algún tiempo ya y con el cual había coincidido en el País de las Maravillas, y prácticamente al lado de él aquella chica que me había ayudado en Selva Profunda.

¿Alex? —me miró intrigado unos instantes ante la sorpresa de encontrarse a un aprendiz de Bastión Hueco.

¿Malik, Fátima? ―dudé tan solo unos instantes con algo de sorpresa también. Nanashi nos había advertido que probablemente aparecerían, pero no me esperaba que hiciesen acto de presencia tan pronto―. Veo que no solo estamos aquí los de Bastión Hueco ―señalé a algunos de mis compañeros que estaban saliendo de los agujeros―. ¿También os ha hecho algo raro una chica rubia?

¿Eh? ¿Cómo que «también»?—inquirió con extrañeza—. ¿Entonces no ha sido sólo en Tierra de Partida? —su contestación me sirvió para deducir que les había pasado algo semejante—. ¿Sabéis quién es ella, o qué diablos está pasando?

No, ni idea —negué muy a mi pesar—. Simplemente apareció en mi teléfono móvil y nos llevaron a la Sala del Ordenador de Bastión Hueco, antes de que pudiésemos hacer nada ya estábamos aquí.

Eileen... Aquella chica se había presentado con aquel nombre.

Igual que nosotros, entonces…

Al menos aquello dejaba claro que Tierra de Partida no tenía nada que ver con el ataque. Era una buena noticia que al menos por aquel momento tuviésemos un objetivo que parecía ser común: Descubrir lo que estaba pasando.

Sinceramente, no quería tener que matar a nadie. Ni humano ni sincorazón.

Pero el verdadero problema no era que el ataque nos había afectado a ambos bandos, el problema era… ¿Había afectado al resto de mundos? ¿Ciudad de paso? ¿Villa Crepúsculo? ¿Espacio Profundo? Me resultaba imposible imaginar el alcance que podría haber tenido aquello a escala universal.

Empecé a otear los alrededores, comprobé que estábamos en un enorme estadio de tonos oscuros. Vi por el rabillo del ojo a Nadhia, a Xefil y algunos conocidos más. Nosotros estábamos en lo que parecían ser las gradas y una mujer de aspecto robótico se mostraba en una imagen con un mensaje que parecía hablar de unos juegos en un enjambre, o algo así. ¿Acaso nos iban a hacer participar en un juego de cazar abejas?

Pero entonces, fue destruido.

Entre el estruendo todos nos fijamos en una pelea que se llevaba a cabo no muy lejos de nosotros. Un chico de cabello azul y con la cara llena de cicatrices que portaba una lanza rodeada de pulsos eléctricos se enfrentaba a aquella tal Eileen, la que nos había hecho ir a aquel lugar.

«¡No es una ilusión!»

Algunos parecieron conocer al peliazul, por los comentarios de algunos de los presentes que logré captar de casualidad. ¿Sería algún aprendiz de Tierra de Partida?

Pero aquel chico lleno de cicatrices no se encontraba solo en aquel combate como parecía en un primer momento. Una bola de fuego impactó contra Eileen siendo ocultada en la explosión, el causante de aquel poderoso ataque mágico había sido una preciosa chica. Una verdadera joya con forma humana y no podía negarlo, tenía un buen par de atributos. Sus ropas consistían en un hermosísimo kimono similar a los que tan populares eran en Tierra de Dragones entre las mujeres. No pude evitar sentir que la conocía... ¿Dónde la había visto?

Empecé a alternar la vista entre Fátima y la recién llegada de grandes pechos, sí. Eran idénticas.

Fátima, ¿es tu hermana o algo así? ―pregunté sin pensar mucho.

Pero la cara con la que miró a aquella joven ignorando mi pregunta, me hizo pensar que no lo era, aunque el parecido entre ambas era innegable. El rostro de ambas era exactamente igual, aunque el cabello de la recién llegada era más largo y el cuerpo, claro. Era humanamente imposible no echarle un vistazo al menos ―o dos―.

De la nada, a espaldas de la joven de pelo negro surgió Eileen mientras soltaba una risita. En algún momento se había colocado la capucha de su larga chaqueta mostrando tan solo sus resplandecientes ojos amarillos.

Dos hojas de oscuridad se materializaron e intentó acabar con la chica, pero no pudo. Un disco brillante en forma de anillo chocó contra el filo de aquellas armas. Finalmente, una tercera aliada del peliazul y aquella especie de doppelganger de Fátima hizo acto de presencia.

Lo más llamativo era su traje lleno de luces de neón que parecía quedar muy bien en aquel mundo, seguramente era ropa típica de allí. El pelo de ésta última era corto en comparación a la chica que acababa de salvar.

El extraño objeto brillante en forma de disco volvió a las manos de su dueña como si se tratase de un búmeran.

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Sin embargo, la enemiga ya tenía lo que quería. Rió por lo bajo, sin ni siquiera haberse inmutado del ataque de la última. Sencillamente, desapareció tragada por su propia sombra, dejándoles solos. Mucho tenían que asumir.

¡Mierda! ―maldijo el de las cicatrices llevándose la lanza al hombro y dando varios giros sobre sí mismo tratando de encontrar a la rubia―. ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien? —preguntó la hermosa chica del kimono ayudando a levantarse al aprendiz híbrido con el que había participado en dos misiones ya. Por un segundo creí que me había mirado a mí, pero en realidad en quien había clavado sus ojos era en la chica que tenía a mi lado.

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

«¿Qué coño está pasando aquí?»

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso.

Erased Data... ―repetí en un susurro.

Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

Espera... ¿Andrei?

Aquello no tenía sentido. ¿Qué hacía el Maestro Andrei con esa gente? ¿Quiénes eran? Si estaban con él significaba que eran los aliados de Bastión Hueco también, ¿cierto?

«¡Agh! Esto no tiene ningún sentido.»

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

«¿Inmune? Venga, no me jodas »

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―gritó el peliazul para presentarse―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Y el tal Crow cogió una carta que rompió a la mitad, de ella empezaron a surgir ceros y unos que como una niebla empezaron a buscar a varios de los aprendices, casi como seleccionándolos específicamente. Yo fui uno de aquellos a los que un montón de números se le empezaron a meter en el cuerpo.

Me asusté, sin embargo no me moví del sitio recibiendo de lleno la ráfaga de códigos binarios.

Lo recordé.

Todos los sucesos durante el Reaper´s Game habían entrado en mi cabeza. Entendía todo y nada de aquello. ¿Eran reales aquellos recuerdos? ¿De verdad había ocurrido algo semejante a mis espaldas? Me resultaba difícil de creer, pero a la vez quería que fuese algo real.

Me sorprendí por cada memoria que volvía a mí, era como reproducir todos los momentos en tan solo unos instantes y de forma atropellada.

Fue demasiado impactante para poder asimilarlo todo a la vez. Me vi en el suelo exhalando aire con fuerza como si estuviese sufriendo un ataque de asma mientras mis ojos se llenaban de lágrimas. No solo recuerdos habían regresado, también sensaciones, sentimientos.

Dolor, felicidad, odio, soledad, envidia, esperanza y… frío.

Aún no me lo creía, era... Raro. Copias digitales en un mundo virtual. Aquellos recuerdos venían de él, de un Ragun diferente nacido en un mundo distinto al mío. Era irónico, aquella supuesta copia era mucho más humano que yo.

Light... ―murmuré buscando por todos lados al aprendiz. Giré mi cabeza tratando de verle y... ¡Allí estaba!

También recordaba aquella promesa, ¡queríamos comer helado todos juntos! Era una promesa estúpida pero… Sentía que se lo debía al otro Ragun, era como si fuese una tarea realmente importante para él y… Para mí. Tal vez no fuesen mis recuerdos, pero aquel Ragun también era yo. Éramos lo mismo, necesitaba hacer algo, aquellos remordimientos. No haber podido cumplir la promesa hacía que mi alma se carcomiera.

Dejé de atender a la chica que se parecía a Fátima y a todo lo demás que pasaba a mi alrededor, aparté a base de empujones a varios aprendices abriéndome paso hasta él.

Light Hikari, por sorprendente que sonase había sido el compañero de aquella copia virtual y pese a nuestras diferencias habíamos luchado codo con codo formando una amistad que parecía inquebrantable. Quizás en el mundo real no fuésemos amigos, ni siquiera nos llevábamos bien. Pero sentí la necesidad de ir a junto suya, quería preguntarle. Deseaba saberlo todo, ¿qué había ocurrido después de mi muerte a manos de la Falsa Shinju? ¿Habían ganado el Reaper´s Game? ¿Por eso aquellas personas estaban allí?

¿Aquella Fátima más adulta era la misma Fátima que había conocido dentro del juego en la batalla contra Andrei?

Light... ―volví a pronunciar su nombre casi llorando―. Podemos hacerlo, cumplir aquella promesa que nuestras copias nunca pudieron completar.

Sin embargo, su respuesta no fue lo que esperaba.

No sé de qué me hablas. No perdamos más tiempo ―apresuró dirigiéndose a mí y a otro chico más que llevaba un sombrero. Alec, se llamaba.

No lo había conocido nunca en la realidad, pero al menos en aquellos recuerdos sí, justo antes de que aquel tren explotara, antes de ser salvados por Kazuki.

Voy a ayudar a Crow a activar esa luz para eliminar la oscuridad que protege a Erased. Seguidme si queréis.

¡Espera! ―empecé a seguir a Light. ¿Cómo era posible que él no recordase nada? Parecía como si los demás hubiesen obtenido aquellas memorias.

Necesitaba saber. ¡Crow tenía que tener las respuestas! Él había sido quien nos había dado los recuerdos. No me quedaba más remedio que seguir a él y a Light.

Escuché a Fátima desearme suerte desde lejos. Hice un rápido gesto con la mano deseando que le saliese todo bien con aquella chica que se le asemejaba. Algo me decía que iría con ella seguramente.

Corrí tratando de alcanzar al peliazul y al aprendiz, cuando lograse estar a su altura trataría de encontrar un momento en el que nadie preguntase ninguna cosa para hablar:

¿Cómo acabó todo en ese juego? ―fue mi primera pregunta, aunque rápidamente añadí algo más―: ¿Y por qué él no recuerda nada? Fue el compañero de mi copia, si sabes algo… Responde, por favor.

Señalé a Light para que el chico supiese a quién me refería.

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Ragun coge la ruta Luz
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The Datastream

Notapor Zee » Sab Mar 29, 2014 5:38 pm

Jamás la oscuridad se había sentido tan opresiva. Nunca había tenido la mala fortuna de sentirme tan débil y tan miserable. Más que haber sido abrazado por las penumbras, parecía que alguien me había arrebatado la chispa de la vida, aquella mota de energía que me mantenía vivo en todo momento. No era más que una conciencia atrapada en el vacío, sin poder moverme, sin poder hablar, sin poder sentir; siendo sólo capaz de contemplar y... pensar.

Pecador.

Y lo único que acompañaba era aquella chica desconocida. Aquella joven de ojos amarillos, propios sólo de los Sincorazón, pero sonrisa y facciones gentiles. Aquella ironía andante, ataviada en su abrigo perfectamente negro, me devolvía la mirada en aquella noche infinita e interminable.

Y su voz. Era... espeluznante. Como la de una máquina terriblemente corrupta intentando enviar un mensaje, neutra e inhumana.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —sin que yo fuese capaz de moverme, la joven se acercó hasta mí y me acarició el cabello (¿tenía yo cabello...?) con afecto y delicadeza, como fingiendo un amor maternal.

<<Eileen>>, se había llamado a sí misma.

Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Fue hasta entonces cuando recuperé el sentido de la propiocepción, aunque seguía siendo incapaz de moverme. ¿Era, acaso, por el mismo fenómeno opresivo ocasionado por las penumbras, o era producto del miedo que se apoderó de mí al ver cómo Eileen se acercaba, amenazante, apuntándome con las uñas? No lo supe. De cualquier manera no pude retroceder medio paso siquiera, por lo que a la joven no le costó esfuerzo alguno aproximarse hasta mi pecho y clavarme su mano, como si fuera una hoja, en la piel. Su tacto gélido atravesó mi carne y mis huesos y se introdujo de manera vulgar y repugnante en el recinto de mis órganos, revolviendo y rebuscando en lo más profundo de mí.

Una punzada helada me atravesó la columna, desde la parte más inferior hasta el centro de mi cabeza, en sólo un instante. Abrí los ojos de golpe y estiré mis músculos, mientras intentaba gritar, pero sin ser capaz de sacar siquiera una bocanada de aire de mis pulmones.

Las voces en mi mente sí gritaron, sin embargo. Y la que pude escuchar con más claridad fue la de Némesis.

A ella también le dolía.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Antes de que me diese cuenta de lo que estaba sucediendo, el tacto de Eileen ya había desaparecido. No obstante y para mi horror, la joven se había llevado algo de mí consigo: entre sus finos dedos sostenía un corazón, brillante, rojo, hermoso. Latía todavía en su agarre. No... se sacudía, como queriendo escapar. Era mi corazón.

Eileen lo vació de todo, desechándolo y reemplazándolo por uno nuevo, igualmente brillante, pero negro como el carbón. Mi lado oscuro descansaba todavía entre sus dedos, mientras el corazón rojo saltaba hasta mi pecho y se introducía de nuevo en su sitio con desesperación, incompleto.

Incompleto... Lado oscuro o no, seguía siendo mío. Y me había sido arrebatado.

Miré a Eileen cono ojos vacíos, mientras ella me devolvía la mirada con sus penetrantes iris dorados. Sonrió con alegría sincera, satisfecha por haberse llevado lo que por derecho me pertenecía. Creí sentir, incluso, que el poder de la joven crecía, como si pudiese alimentarse de mis...

...pecados.

Devuélveme... Es peligrosa... A Ném... devuélveme.....

¡Aléjate de ellos!

Eileen dejó salir una carcajada y se hundió en la oscuridad, llevándose la mitad de mi corazón consigo. Rugí de impotencia, contemplando cómo una luz de color celeste comenzaba a iluminar todo mi alrededor, concediéndome un nuevo camino que tomar. No dudé ni un instante en echar a correr al frente, desprendiéndome de las sombras que se esforzaban por llevarme con ellas, completamente determinado a recuperar lo que me pertenecía.

Mi Locura.

* * *


Lo primero que pensé al salir finalmente de aquel laberinto de penumbras fue "¿Dónde me encuentro?". El mundo que me rodeaba era completamente nuevo y... extraño. Completamente ajeno a lo que había visto jamás, incomparable a cualquier tierra que había pisado durante mis viajes. Su cielo era negro en su totalidad, pero diferente a una simple noche cualquiera, era más similar al Intersticio, al espacio, al... vacío. Otra de las cosas que llamaba la atención, también, era la extraña luz halógena que sus edificios y estructuras parecían despedir.

Todos los Aprendices habíamos aparecido en el mismo sitio. Y aunque éramos una multitud en un sólo lugar, no fue eso lo que me volvió consciente de ello, sino el súbito contacto que me trajo de vuelta a la realidad. Un poco atontado y torpe, miré a la persona que había pasado sus manos por mis hombros, hasta que mi mente fue capaz de reconocerla.

Nadhia. Inevitablemente me lancé a abrazarla y hundí mi rostro en su cuello, aspirando su siempre tranquilizador aroma. No había notado lo pésimo que me sentía hasta que ella llegó hasta mí y tuve a quién aferrarme. Las piernas me temblaban y el lado izquierdo de la cabeza me dolía como si estuviese a punto de estallar. Estaba cubierto en sudor frío, también, y mi corazón latía a mil por hora.

¿Te encuentras bien?

Sólo necesito... dame un momento —pedí con un hilo de voz, sabiéndome increíblemente débil. Rodeé a Nadhia por la cintura y me pegué todavía más a ella, dejando salir un amplio suspiro que no sabía había estado aguantando hasta ese momento. ¿Por qué me asustaba tanto...?

¿Q-Qué hace Ragun aquí? —escuché que decía la chica, por lo que me aparté un poco de ella y miré en la dirección a la que sus ojos habían ido a parar. Para mi sorpresa, Nadhia no había dicho mentira alguna: por aquí y por allí podía distinguir grupos de Bastión Hueco, también.

¿Un ataque conjunto? Quien fuese que fuera el autor de aquel golpe informático, debía tener muchas agallas como para decidir enfrentarse a ambos bandos de Portadores al mismo tiempo.

Advertí entonces que un enfrentamiento estaba ocurriendo no muy lejos de nosotros. No supe si sentirme aliviado o sorprendido cuando reconocí a la tal Eileen siendo la que se veía superada en número, con dos mujeres y un varón a los que no alcancé a reconocer coordinándose perfectamente para no darle tregua. El joven tenía una larga cabellera de un color extrañamente azulado, y su rostro se hallaba cubierto de cicatrices; en su mano llevaba una lanza de energía pura, que expulsaba chispas por doquier y retumbaba como los truenos de una tormenta al impactar en su oponente. En cuanto a las féminas, una de ellas llevaba puesto un traje bastante parecido al mundo que nos rodeaba: negro con brillantes líneas de luz, además de que prefería atacar con una especie de disco afilado que regresaba a ella como un bumerán cada vez que lo lanzaba; la otra, sin embargo, iba ataviada en un elegante kimono y parecía atacar con diestros hechizos que materializaba con maestría en cuestión de segundos.

Y además...

Pero eso no es posible —murmuré.

No fui el único que pensó de esa manera. Buscando a mi alrededor alguien que pareciera haber llegado a la misma conclusión, me encontré con que eran muchos más de los que imaginaba. Casi todos exhibían una expresión de extrañeza, de miedo, o de sorpresa: Nadhia, Exuy, los amigos que acompañaban a Fátima, e incluso ella misma, pues...

Aquella mujer, la del kimono, era tremendamente parecida a ella. Era mayor, sí, y su figura era mucho más femenina. Pero su rostro, sus ojos, su postura, su piel...

¿Estáis bien?

...su voz.

Por un momento consideré la posibilidad de que fuesen hermanas. Sin embargo, si Fátima se encontraba tan sorprendida, no podía ser el caso. Era demasiado parecido como para descartarlo como una simple coincidencia. ¿Qué era la otra mujer, entonces...? ¿Un clon? ¿Una ilusión?

Me encogí un poco en mí mismo y bajé la cabeza al suelo, confundido. Habían pasado demasiadas cosas en apenas unos instantes. Era imposible poner a mi mente a trabajar en algo más que, sincera y crudamente, no tenía ninguna relevancia para mi persona. No cuando tenía otras cosas en qué pensar.

¿Cómo habíamos aparecido todos de pronto en aquel mundo? Lo último que podía recordar con claridad era aquella extraña y enfermiza reunión en la Sala del Ordenador, donde todos nos habíamos acomodado como vaquillas haciendo cola para el matadero. ¿Para qué...? ¿Para una trampa? Parecía, precisamente, que era eso lo que había ocurrido. El video de Eileen nos había llevado a casi todos a reunirnos en un sitio, donde, oh, muy apropiadamente, se tenía acceso a un mundo completamente diferente.

'La Red'. Un mundo virtual al que podía accederse desde muchos puntos, siempre y cuando se tuviese una conexión apropiada y pudiesen ejecutarse las funciones y procesos necesarios de manera correcta. Los Portadores de la Llave-Espada, por lo que había escuchado, gustaban de usarlo como zona de entrenamiento, razón por la cual el portal en la Sala del Ordenador siempre se encontraba abierto.

Siempre. Maldita sea.

Directo a la boca del lobo, igual que la última vez.

No sólo eso, sino que ya no sentía la presencia de Némesis en mi interior. Al parecer, la visión conjunta que habíamos tenido con Eileen había sido bastante real: la joven se las había arreglado para arrebatarnos nuestros 'pecados', las impurezas que poblaban nuestros corazones. Desgraciadamente, la Bruja no era sólo un intruso en mí, sino más bien un simbionte. No podía simplemente ser 'extraída' de mí y ya.

'Cada célula en tu cuerpo está preparándose para morir', recordé. Si no tenía a la Bruja dentro de mí, ento
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Re: Caminos a un mismo destino

Notapor Kousen » Sab Mar 29, 2014 6:08 pm

Dado el caos de preguntas, el Maestro no tuvo más remedio que establecer un sistema para ir respondiendo a las preguntas de los aprendices, una tras otra:

La primera pregunta relevante a la situación fue la de una chica de cabello rosado, que bajó el brazo una vez Kazuki le prestó atención:

Maestro Kazuki, ¿podría explicarnos cómo es la Red y qué pasó allí?

Es un mundo digital. Lo creó Kevin Flynn, de ENCOM, el cual desapareció poco tiempo después de su fundación. Ahora está gobernado por un un programa y sus dos dirigentes, pero... No tienen relación con la misión.

La forma de Kazuki de explicar lo último no sonaba muy convincente. Íbamos a entrar en su mundo, ¿cómo no iba a estar relacionado?

¿Desaparecidos...?

Si ellos habían sido los creadores de aquel mundo y habían desaparecido, ¿qué era lo que garantizaba nuestra seguridad allí dentro? Era la pregunta más lógica, pero claro, nosotros teníamos Llaves Espada y a los maestros. Y aunque no garantizase nuestra seguridad, al menos era un hecho bastante tranquilizador.

Se sucedieron entonces las preguntas de Bavil e Hikaru, que más que aclarar el asunto, hicieron que aumentase el desconcierto. La posibilidad de que Bastión Hueco estuviese tras ello era una opción en la que preferíamos no pensar. Y lo de morir allí dentro... bueno.

Maestro Kazuki, ¿en serio cree que mandarnos a todos a La Red es la opción más segura? Nada me asegura que no vaya a suceder lo mismo de la última vez.

"¿La última vez?"
No pude evitar sentirme preocupado por lo que acababa de decir Malik. Claramente había sucedido algo que desconocíamos en aquel entorno de datos, y aunque me hubiese gustado acercarme para preguntarle, no era el único. El pánico empezó a cundir entre los estudiantes, y antes de que el Maestro pudiese hacer nada para solucionarlo, ocurrió el desastre.
La misteriosa joven de la pantalla movió los labios, conjurando unas palabras que nadie oyó. Lo único que pudimos ver antes de perder el sentido fue la luz del scanner encendiéndose.

* * *



* * *

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Pecador.

Oscuridad. Sombras y nada más. Hace un instante estaba en la sala de ordenadores de Tierra de Partida, cuando de repente me encontré en el lugar que parecía ser el peor de toda la creación.
Mi cuerpo era incapaz de luchar dentro de aquel pozo de tinieblas, y sentía como aquel núcleo de oscuridad podrida me aplastaba, me corroía el mismo pensamiento. Lo único que podía hacer era intentar moverme en vano, tratando de salir de aquel infierno. Entonces pude ver el origen de aquella voz: La chica que nos había traído hasta allí.

Si antes era mala, ahora su voz ponía los pelos de punta. No parecía de este mundo, estaba... corrompida.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —Se acercó a mí, acariciándome el cabello con un toque que se me hizo repulsivo al contacto.—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

¡Suéltame! ¿Q-Qué...?

No pude decir ni una palabra más. Un grito desgarrador escapó de mi boca y resonó por todo aquel espacio al sentir la mano de aquel monstruo atravesando mi pecho, rebuscando entre mis entrañas.
Entonces encontró lo que buscaba. Complacida, extrajo un brillante órgano carmesí que parecía moverse con vida propia, brillando y salpicándolo todo de sangre. Mi corazón.

Basta...

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Lo que ocurrió a continuación casi me hizo perder el sentido, y casi lo hubiese preferido. Tosiendo del mismo dolor, sentí un sabor desagradable y metálico en mi boca cuando estrujó el corazón con todas sus fuerzas, dejándolo caer al suelo como un juguete roto y observando como se tenía de negro, absorbiendo toda aquella oscuridad para ella. La sensación que me invadió fue casi desgarradora. Era como si una parte importante de mí me abandonase, como si se llevase una parte importante de mi alma.
Pero no podía distinguir el qué.

Mi pobre corazón, aún latiendo pero más pálido que al principio, fue automáticamente recuperado por mi cuerpo, retornando a su lugar mientras la mujer aumentaba sus fuerzas, triunfante.

¡Aléjate de ellos!

Una voz atravesó la oscuridad, mientras el monstruo se esfumaba en las sombras y una luz de esperanza aparecía en las alturas. Sabía lo que tenía que hacer.
Mi cuerpo empezó a hundirse en las sombras, pero no iba a detenerme. Empezé a trepar costosamente hacia aquella luz, escapando de las pegajosas sombras. No iba a rendirme nunca, aunque me costase la misma eternidad salir de allí.

Iba a volver a la luz.


* * *


Tras un periodo de tiempo que se me hizo una eternidad, recibí una bocanada de aire limpio al emerger de aquel pozo en el cual había estado cautivo. Apoyándome en mis brazos y tosiendo por la sensación de presión aún presente en mi techo, giré la cabeza y pude observar que no era el único que había sufrido aquel martirio. Todos los demás aprendices, sin importar el bando, estaban surgiendo de agujeros iguales.

Maldición...―. volvía a toser.

Mareado y confundido, logré a duras penas ponerme de pie. Cuando mis ojos se habituaron a la luminosidad, pude comprobar que nos encontrábamos en un enorme estadio monocromo, con el color negro interrumpido solo por líneas de neón blanco que recorrían el lugar como circuitos.
Sobre aquello, una pantalla mostraba a una mujer distinta a la que nos había atacado, de pelo claro y ojos de un amarillo penetrante, con un mensaje:

Bienvenido a los IV Juegos del Enjambre

Sin embargo, el cartel no tardó en romperse en mil pedazos.
Una batalla se estaba desarrollando en el lugar: Aquel demonio que nos había traído a este lugar estaba peleando con un joven de pelo azul y numerosas cicatrices, con ropa similar a la de un pirata. Era clavadito a un aprendiz de Tierra de Partida que ya había visto en varias ocasiones, pero en su mano no había llave alguna, sino una lanza mágica.

El siguiente personaje que apareció me sorprendió incluso más. Desatando un hechizo ígneo sobre la mujer, una versión más "crecida" de Fátima entro en acción.

¿Fátima?―. pregunté, confuso e incrédulo.

Pero mi vista me reveló que mi amiga (al menos la que conocía) no estaba peleando con aquella bruja, sino que estaba observando la escena con nosotros, incluso más sorprendida.

La batalla siguió a una velocidad pasmosa, y una tercera persona entró en acción. A diferencia de los anteriores, su cara era desconocida, y portaba ropas muy similares al aspecto de aquel mundo.

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¿Qué diablos estaba pasando? ¿Una pesadilla? ¿Una simulación virtual? ¿Un universo alternativo, acaso?
Por mucho que intentaba encontrar una explicación a todo aquello, mi mente era incapaz. No comprendía nada, me faltaban datos.
Antes de que la lucha pudiese llegar a una conclusión, nuestra secuestradora se retiró, tragada por su sombra.

¡Mierda! ―soltó el muchacho―. ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien? —la "Fátima" que había estado luchando se acercó a nosotros, ayudando a Hiro a levantarse.

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

<<¿Quorra?>>
Mi pregunta sobre su identidad se vio respondida pronto, pues la mujer del traje de Neón no tardó en responder.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

Espera un momentro, ¿Andrei? ¡¿Andrei Saavedra?!― exclamé, sorprendido al volver a escuchar aquel nombre.

Ya había tenido la ocasión de conocer a aquel aprendiz de Bastión Hueco. Durante nuestro rapto a aquel mundo, nos había atraído hasta las entrañas del Castillo, donde insistió en leerme el futuro con unas cartas.
¿Qué pintaba él en aquel sitio? ¿Estaba Bastión Hueco detrás de todo aquello?
No sería la primera vez que nos habían secuestrado a un mundo desconocido, aunque la presencia de sus propios aprendices entre nosotros descartaba aquella teoría.

Quizás de tratase de otra "copia".

...Erased es invulnerable en la oscuridad.― continuó hablando.

Erased. Erased Data. No paraban de repetir el nombre, haciendo alusión a aquella mujer, y refiriéndose a ella como masculino.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

No fui capaz de seguir más de la conversación, estaba demasiado confundido y demasiado ocupado asimilando lo que había pasado. Aquel "Erased Data" nos había llevado hasta ese mundo para robarnos "algo", y ahora aquellos personajes estaban luchando con él.
Si eran los enemigos de nuestro enemigo, significaba que necesitaban apoyo.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―esclamó el peliazul ―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Entonces Crow sacó una carta de entre su ropa, partiéndola por la mitad. De esta surgieron una gran cantidad de diminutos dígitos que surcaron el aire hasta nosotros. Antes de que pudiésemos hacer nada, aquello tocó nuestros pechos. Lo que pasó a continuación fue tan inesperado como desagradable:

01000011 01101111 01110010 01100001 01111010 11000011 10110011 01101110
01100001 01110000 01110010 01100101 01101110 01100100 01101001 01111010

01001011 01101111 01110101 01110011 01100101 01101110

¡...son míos!


Un torrente de memoria invadió mi cabeza, llenándome de unos recuerdos que eran míos y a la vez no lo eran.

Bienvenidos al Reaper's Game.

01000100 11000011 10101101 01100001 00100000 00110001
Una ciudad bañada por la eterna luz del atardecer. Un teatro con un espectáculo espantoso. Sincorazón, Una muchedumbre enloquecida. Pacto. Rhía.

01000100 11000011 10101101 01100001 00100000 00110010
Una masión perdida en mitad del bosque. Reapers. Eliminación.


Los recuerdos de mi otro yo siguieron inundando mi mente uno tras otro, hasta que...

01100101 01110010 01110010 01101111 01110010


Una punzada de dolor ardiente llegó hasta mi mente, que se tradujo en una arcada que me hizo caer de rodillas al suelo. Los recuerdos empezaban a distorsionarse, y lo único que podía distinguir claramente eran gritos y un dolor indescriptible que inundaba todo el cuerpo de aquel joven, el cual empezaba a deformarse en una forma grotesca.

ERROR
ERROR
ERROR
ARCHIVO DAÑADO
ARCHIVO DAÑADO


El dolor era tal que sentía que iba a partirme la cabeza, sujetándola con ambas manos mientras trataba de recobrarme. Los recuerdos habían sido reemplazados por una imagen estática de una pantalla cuyos números empezaban a teñirse en rojo y a desaparecer. Y con un sentimiento de remordimiento extremo, de haber hecho daño a la persona equivocada.

CORRUPCIÓN INSALVABLE


Y entonces llegó el último fragmento de señal. El dolor final fue tal que me hizo contorsionarme hacia atrás, cayendo luego hacia adelante si no hubiese sido porque mi brazo me sujetó. Mi respiración estaba acelerada dado lo que había visto, y podía sentir como una lágrima nacía en uno de mis ojos ante el final que había esperado a mi doble de aquel mundo. Un mundo de datos en el que se desarrolló un juego de muerte.

Si aquel Erased Data había sido el causante de todo aquel sufrimiento, lo iba a pagar por doble. Primero por aquellos que habían sufrido su jueguecito y luego por tener el valor de ir a por nosotros después. La voluntad del otro Kousen descansaba ahora conmigo. El lugar donde pertenecía.

Me recompuse y me levanté a tiempo de ver como la Fátima del otro mundo pasaba a nuestro lado, deteniéndose junto a la entrada del museo. Los otros se dirigieron hacía el generador y por un camino donde la gente estaba siendo atacada, respectivamente.
El único otro camino disponible llevaba al interior del estadio, un cúmulo de oscuridad que daba nauseas con solo mirarlo. Aquella presencia era repugnante.

Pude ver como Nadhia y Fátima avanzaban hacia la puerta del museo, y aunque Nadhia parecía tener acceso a más información que yo sobre lo que había pasado, Fátima no recordaba absolutamente nada. ¿Que impedía aquello?

Esperadme.― dije, andando en la misma dirección ―Voy con vosotras, a encontrar una forma de acabar con ese monstruo.

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"La skin Iceberg del foro es como la Duquesa de Alba, nos va a enterrar a todos."

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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Astro » Sab Mar 29, 2014 6:36 pm

Hemos barajado esa posibilidad. Sin embargo, confiamos en nuestros dos guardianes la integridad del castillo ―contestó Nanashi a la pregunta de Ragun.

Como supuse, la Maestra dirigió su mirada hacia Wix y por un momento pensé que se refería a mí al mencionar un segundo guardián. Estuve a punto de abrir la boca para protestar, pero caí en la cuenta del chico que estaba al lado de Wix: Daichi, el otro guardián. Quien, por cierto, llevaba puestas unas ridículas gafas de sol. Imbécil.

En cuanto a la razón por la que todos vamos: debemos situarnos en el peor de los escenarios. Nada nos asegura que quienes han enviado el mensaje no sean hostiles.

"Eso espero."

El Maestro tenía asuntos que atender fuera del castillo. Cuando vuelva protegerá el castillo junto a nuestros guardianes ―fue la respuesta de Nanashi a la aprendiza novata.

Tuve que esforzarme para evitar que se me escapara una carcajada. La mujer no podía haberse inventado una excusa peor. ¿De verdad alguno de los presentes se iba a tragar eso? Era evidente que Ryota había ido a algún lugar relacionado con el mensaje. Pero por alguna razón, las Maestras presentes no querían que nosotros los supiésemos. O, tal vez, ni ellas mismas sabían adónde había ido nuestro "líder".

Su verdadera identidad no es importante: esa persona, muy probablemente, está fallecida desde hace muchos años. El mensaje creemos que va dirigido a sus antiguos compañeros, por lo que debéis prepararos para un posible encuentro con miembros de Tierra de Partida.

Arqueé una ceja, intrigado por la respuesta a mi primera pregunta. Nanashi conocía a la mujer del mensaje, y que dijera que el mensaje iba dirigido a sus compañeros señalando a Tierra de Partida indicaba que incluso podía ser una Portadora. Pero que a la vez estuviese "muy probablemente" muerta era de lo más desconcertante. Además, seguían guardándose detalles, como el mismo nombre de Ricitos de Oro. ¿Por qué tanto misterio?

Si es necesario, colaborar con ellos ―la respuesta de Nanashi a mi segunda cuestión provocó que Ariasu se girara bruscamente hacia ella con cara de sorpresa―. Quizás busquen el mismo objetivo que nosotros: descubrir la verdad. No iniciaréis un conflicto innecesario: no seré yo quien declare la guerra a Tierra de Partida.

Solté un bufido de desprecio, decepcionado por las palabras que acababa de escuchar. Esperaba carta blanca para poder hacer lo que quisiera si me encontraba con los lucecitas, pero Nanashi era demasiado correcta hasta para eso. Pero la reacción de Ariasu dejaba una cosa bien clara: no todos estaban de acuerdo con tal orden. Tal vez...

¿Guerra? ¿Tan poco habéis tardado en olvidar el Pecado Original?

Una voz mecánica interrumpió mis maquinaciones. Llevé rápidamente mi mano a la empuñadura del estoque, alerta. ¿De dónde había venido esa voz...? No fue difícil averiguarlo: de todos los monitores que nos rodeaban. Ricitos de Oro había hablado de nuevo, y esta vez su mensaje era bien distinto.

De pronto, el portal a los mundos digitales empezó a brillar. La imagen de las pantallas también cambiaba: la misteriosa mujer parecía sonreír cada vez más. Nanashi fue la más rápida en actuar: invocó su Llave Espada y se dirigió hacia el portal, pero...

Oh, no. Los Maestrillos no estáis invitados a mi fiesta especial.

Lo siguiente fue un fogonazo de luz seguido de una extraña sensación por todo mi cuerpo. Una sensación que ya había vivido antes: el portal me estaba convirtiendo en datos para introducirme en el mundo digital.

Volvía a La Red.

* * *

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Pecador.

Abrí los ojos poco a poco, aunque lo que me encontré no fue muy diferente a lo que veía teniéndolos cerrados: estaba rodeado por una oscuridad infinita. Notaba el cuerpo cansado, y me costaba un poco mantenerme en pie. ¿La última vez fue así...? No lo recordaba bien.

"¿Pero qué...?"

Cuando giré sobre mis talones, descubrí algo diferente en tanto negro. O mejor dicho, a alguien: la misteriosa mujer del mensaje, de pie frente a mí.

Oh, hola Ricitos de Oro —dije con una leve sonrisa en los labios, llevando tranquilamente la mano a la empuñadura de mi arma—. ¿A qué se debe este placer?

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —su voz sonaba extraña, como distorsionada y con interferencias. Se acercó a mí y empezó a acariciarme el pelo con aparente dulzura—. Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Antes de que pudiera darme cuenta, con un rápido movimiento la chica atravesó mi pecho con su mano. Sin embargo, no sentí nada. Absolutamente nada. Y no me sorprendía. Sonriendo, estuve tentado de aprovechar la ocasión y desenvainar, pero preferí disfrutar del dulce momento.

¿Buscas algo, bonita? —mi voz estaba cargada de sorna.

La cara de Eileen se llenó de decepción, y en un abrir y cerrar de ojos la chica se había desvanecido en la oscuridad que me rodeaba. Di un par de pasos mientras me rascaba la parte del pecho que había atravesado, reflexionando lo sucedido.

Ricitos había intentando algo con el corazón, del que por suerte carecía, aunque no podía asegurar el qué. ¿Robarlo? ¿Estrujarlo para torturar? Fuese lo que fuese, si esto me había pasado a mí, era muy probable que también les sucediese a los demás miembros de Bastión Hueco que se habían visto arrastrados por el portal digital. Además, ¿dónde estaba? ¿Esto era La Red? Demasiadas preguntas, y en medio de ninguna parte no tenía forma de averiguar las respuestas. Necesitaba una salida, aunque caminar hasta agotarme no parecía la mejor de las ideas.

Como una respuesta a mis plegarias, una débil luz de color neón azulado apareció encima de mí, mostrando un largo camino para escalar.

Luz de neón...esto ya me gusta más.

Subí y subí, muerto de aburrimiento, hasta que finalmente conseguí salir a la luz.


* * *

El agujero del que salí se cerró nada más pisé tierra. Y no era el único: a mi alrededor más personas salían de sus respectivos hoyos. Por la cara que la mayoría llevaban, mi suposición de que Ricitos de Oro intentaría algo a los corazones de cada uno de los capturados había acertado, aunque no podía concretar qué les había pasado.

Cada vez salían más de las fosas. Nos encontrábamos en una especie de gradas, de las que encuentras en los estadios, y en primera plana teníamos la imagen de alguien con quien había soñado demasiadas veces: la mujer de los juegos de los ojos amarillos. Encima de ella, aparecía la frase Bienvenido a los IV Juegos del Enjambre.

«Vosotros, usuarios, habéis sido seleccionados para jugar a la 3ª edición de los Juegos del Enjambre».

Me llevé una mano a la sien, dolorido. Una nueva edición de los Juegos...¿aquel secuestro era simplemente un nuevo reclutamiento de jugadores?

Sin embargo, el cartel tardó bien poco en ser destruido. Dos figuras, un joven peli-azul y la propia Eileen, se encontraban sumergidos en una intensa pelea. El chico, que llevaba una lanza formada por electricidad, tenía el cuerpo repleto de cicatrices y vestía con una gabardina de capitán pirata bajo una capa.

Un nuevo participante apareció para unirse a la pelea. Una mujer bien dotada surgió de detrás del numeroso grupo y lanzó una bola de fuego que impactó en Ricitos de Oro. Sorprendentemente, Eileen surgió detrás de su nueva agresora, riendo y con la capucha de su túnica puesta, e intentó atacarla con dos hojas hechas de oscuridad. Por desgracia, un disco de datos paró las cuchilladas. Uno más se unía a la pelea: una mujer de pelo corto y el traje característico de La Red.

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Entre risas y sin mostrar ningún signo de encontrarse herida, Eileen desapareció atravesando su propia sombra. La pela había terminado, al menos por ahora.

¡Mierda! ―soltó el hombre de pelo azul―. ¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien? —preguntó la mujer de pelo castaño al numeroso grupo. Ayudó a levantarse a un aprendiz (a quien reconocí como el aprendiz chucho de Villain's Vale), pero enseguida se giró hacia sus compañeros.

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso ―comentó la chica del traje de La Red―. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

Arqueé una ceja, todavía más intrigado. Había escuchado la conversación en silencio, reflexionando sobre todo lo que decían, pero aquello llamó sobre todo mi atención. ¿Saavedra estaba en La Red? ¿Qué hacía allí? ¿Tenía algo que ver con todo esto?

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―el peliazul se dirigió hacia todos los recién llegados, alzando la voz―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

Solté una carcajada bastante sonora. Lo que acababa de decir era demasiado ridículo.

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

El chico sacó una carta y la rompió en dos. De las partes empezaron a salir ceros y uno, flotando por el aire, y empezaron a acercarse a muchos de los presentes. Intrigado, le di un golpecito a un cero que pasó a mi lado, sin ningún tipo de reacción. Sin embargo, muchos de los que recibían esos números empezaban a cambiar. Si habían salido en mal estado de las fosas, ahora muchos estaban todavía peor. ¿Qué les estaba pasando?

Los desconocidos empezaron a repartirse, al igual que muchos de los presentes. El grito del pirata les había hecho reaccionar: como borregos al matadero, seguían a desconocidos en un terreno desconocido hacia algo que no entendían.

Me llevé una mano a la barbilla, organizando todas las ideas que había recibido en tan poco tiempo.
Estábamos en La Red, tanto aprendices de Tierra de Partida (había reconocido caras como la de Light o la del chucho) como los de Bastión Hueco, seguramente arrastrados por el misterioso mensaje. Para variar, no había rastro de los Maestros. Tan inútiles como siempre.
Eileen, Ricitos de Oro, Erased Data o como se llamase parecía la responsable de todo esto. Crow, Quorra y la otra mujer parecían estar intentando acabar con ella. Andrei estaba en alguna parte de un museo al que se dirigía la última.
Los aprendices estaban repartiéndose, siguiendo a cada uno de ellos o tomando su propio camino. Crow se dirigía a buscar una luz con la que debilitar al enemigo. Quorra iba al centro de la ciudad virtual, para defenderla de algún tipo de ataque. Y la otra iba en busca de un disco para acabar del todo con Ricitos de Oro, a un lugar donde también estaba Saavedra.
También existía un camino hacia el centro del estadio, donde era probable que se estuviesen celebrando los IV Juegos del Enjambre como había rezado el cartel antes de ser destruido. La sola idea de volver a participar en unos me hacía sentir...no reconocía este recuerdo. Pero me gustaba.

Odio este tipo de situaciones ―sentencie, después de haber planificado todo.

Había demasiada gente, demasiado caos y muy poca información. No tenía manera de controlar la situación, y mucho menos dirigirla en la dirección que me beneficiase. Pero eso no significaba que me tuviese que quedar plantado en el sitio.

Empecé a caminar por las gradas, observando el panorama. La idea de buscar a Saavedra me tentaba mucho, pero enseguida comprobé que demasiada gente tomaba el camino al museo. Solté una maldición por lo bajo y cambie de objetivo. Ya hablaría con el gitano en otra ocasión, cuando estuviesen a solas.
Dirigirme a la ciudad o a buscar un generador no serviría de nada. No me motivaba destruir a Ricitos de Oro, y mucho menos defender a datos de otros datos que intentaban destruirlos.

Me quedé mirando el camino al interior del estadio, reflexionando. Los Juegos del Enjambre...el otro había participado en la tercera edición y había sobrevivido por los pelos (y haciendo trampa). ¿Qué pasaría ahora si participara? No sabría cómo definirlo bien, pero mi cuerpo me pedía que avanzara hacia allí. Quería jugar una vez más.

Entre la multitud que se movía, encontré a Alexis Blackblood, quien también se había visto arrastrada hasta aquí por el portal. Ella también había participado en los anteriores juegos...Una sonrisa pícara apareció en mis labios y me dirigí rápidamente hacia ella.

Qué, Blackblood, ¿te apetece jugar una vez más? ―le pregunté con una sonrisa burlona, señalando el camino al interior del estadio.

Con o sin ella, avancé hacia dentro. Me daba igual Ricitos de Oro, Crow, Quorra o el "peligro" que pudiera correr. No era mi problema. No me habían quitado nada de mi corazón inexistente. Sólo quería jugar.

En el caso de que Alexis me acompañase, aprovecharía para conseguir un poco de información:

¿Sabes qué demo...ejem, qué esta pasando con todo ese rollo de Ricitos de Oro?

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Oswald toma la Ruta de la Oscuridad, e intenta convencer a Alexis de que le acompañe.
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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor H.S Sora » Sab Mar 29, 2014 7:18 pm

Hemos barajado esa posibilidad. Sin embargo, confiamos en nuestros dos guardianes la integridad del castillo ―Nanashi miró a Wix y al otro guardían que se me había olvidado mencionar, Daichi―. En cuanto a la razón por la que todos vamos: debemos situarnos en el peor de los escenarios. Nada nos asegura que quienes han enviado el mensaje no sean hostiles.

Respecto a la pregunta de la chica que no conocía solo se limitó a decir:

El Maestro tenía asuntos que atender fuera del castillo. Cuando vuelva protegerá el castillo junto a nuestros guardianes.

Otro aprendiz intervino entonces, no debía llevar demasiado tiempo pero me sonaba de haberlo visto deambulando por el castillo de vez en cuando.

¿Sabemos quién es la señorita Ricitos de Oro? O cualquier cosa sobre ella. ¿A quién manda ese mensaje? Porque está claro que se dirige a alguien en concreto.

Su verdadera identidad no es importante: esa persona, muy probablemente, está fallecida desde hace muchos años. El mensaje creemos que va dirigido a sus antiguos compañeros, por lo que debéis prepararos para un posible encuentro con miembros de Tierra de Partida.

Aquello me extrañó. ¿Por qué ese mensaje llegaba ahora si la chica en cuestión llevaba tantos años muerta?... Y por lo visto incluso Tierra de Partida era probable que estuviese allí, aquello había dejado de ser un día normal y aburrido desde hacía un buen rato: Estaba seguro de lo que tendría que hacer si Tierra de Partida me molestaba, estaba seguro sin lugar a dudas.

Oh, y por supuesto: ¿qué hacemos cuando Tierra de Partida aparezca y se meta en medio?

Si es necesario, colaborar con ellos. ─La Maestra Ariasu se giró de golpe hacia Nanashi, no parecía estar de acuerdo con esa opinión en absoluto─ Quizás busquen el mismo objetivo que nosotros: descubrir la verdad. No iniciaréis un conflicto innecesario: no seré yo quien declare la guerra a Tierra de Partida.

¿Guerra? ¿Tan poco habéis tardado en olvidar el Pecado Original?


¿Cómo? ¿Qué demonios?...

Intenté localizar el origen de aquella voz, pero tras varios segundos buscando como un idiota pude ver como no tenía un punto concreto, provenía de todos lados. Todos los monitores que se encontraban encendidos habían dejado de repetir el monótono mensaje y ahora parecía actuar y hablar por cuenta propia. La sonrisa de la desconocida se empezó a ampliar cada vez más, y como respuesta o auto reflejo, la Maestra Nanashi invocó la Llave Espada y se dirigió hacia una extraña luz que había surgido de la nada.

Oh, no. Los Maestrillos no estáis invitados a mi fiesta especial.


Un destelló nos cogió a todos por sorpresa, lo último que pude oír con claridad antes de que todo empezase a volverse confuso fue a Saeko avisando a Nanashi de que tuviese cuidado.

Arf…

Y una extraña sensación me envolvió, jamás había sentido tal cosa… Era como si mi piel estuviese siendo destrozada…

Y todo se volvió oscuridad.

* * *

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Pecador.

¿Q-Qué coño dices?...

Una sensación de pesadez y cansancio se intentaba apoderar de mí en aquel extraño lugar donde la oscuridad era lo único visible mirase donde mirase. No era una oscuridad agradable, en la que me sintiese bien… sino todo lo contrario, era una especie de oscuridad que intentaba engullirte sin preguntar siquiera. Además, esta parecía intentar aplastarme con su fuerza, pero para mi suerte o desgracia no lo acababa de conseguir del todo.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —aquella mujer era la misma que la del vídeo, pero su voz neutral me daba escalofríos y aquella situación no mejoraba en absoluto debido a que me iba acariciando el pelo.

¿Qué te crees que haces, “Eileen”?—Intenté decirle mientras intentaba escupirle con las fuerzas que me quedaban.

>>Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Su mano atravesó mi pecho, sin dificultad alguna y empezó a remover dentro de mi cuerpo mientras notaba un dolor tan inmenso que pensaba que podía morir allí mismo.

¡Para! ¡AHHHHHHHH!—grité intentando defenderme inútilmente.

La mujer finalmente sacó el que parecía ser mi corazón, brillante como el que más. La mujer del vídeo que se hacía llamar “Eileen” miró el corazón sonriendo con aquellos ojos amarillos que en mi habitación parecían haberme llegado analizar y a aterrorizar al mismo tiempo, en este caso mientras se manchaba las manos de sangre.

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

C-Callate…—dije con las pocas fuerzas que me quedaban.

Entonces estrujó el corazón, y lo dejó en el suelo, como con un deje de desprecio. En su lugar surgió un corazón que parecía estar hecho completamente de oscuridad, de la más pura oscuridad. En aquel momento tuve una extraña sensación. Como si no pudiese comunicarme con Alice, ni aquella voz pudiese comunicarse conmigo... todas mis misiones a cumplir, todo parecía haber sido llevado y extraído en aquel negro corazón que tenía. Todo aquello se lo había llevado la chica al crear aquel oscuro corazón, pero esto no podía quedarse así. Quería todo aquello de vuelta, no podía quedarme así, tenía y quería recuperarlo todo.

El corazón negro se fue directo hacia la prenda, haciéndome imposible en aquel instante recuperarlo. En su lugar, mi rojo corazón volvió a su sitio, otorgándome una ligera sensación de tranquilidad, aunque en aquel instante me empecé a sentir más vacío que nunca.

D-Devuélveme mi oscuridad…—dije en un susurro apenas audible.

¡Aléjate de ellos!

La joven rió, desapareciendo en el instante. En su lugar surgió una especie de camino azulado, un largo camino mientras mi cuerpo parecía fundirse con aquella oscuridad que me intentaba asimilar… Pero no podía quedarme allí, tenía que seguir.

Sacando fuerzas de donde no creía tenerlas empecé a subir por aquel camino, no iba a perecer, ni ahora ni nunca. Era Saito, y no pensaba rendirme en ningún momento mientras siguiese respirando.

V-Voy a recuperar mi corazón al completo...

Y seguí avanzando, dispuesto a no rendirme jamás.

* * *


De manera sorprende logre salir de aquel lugar, pero no estaba solo. En cuanto lo hice pude ver como numerosas personas hacían lo mismo. ¿Habrían visto y sufrido lo mismo que yo? Estaba seguro de que sí.

No son personas cualquiera—pensé— Deben ser aprendices de Tierra de Partida que han acabado aquí de la misma manera que nosotros…

Miré a mí alrededor, me encontraba en lo que parecía ser un estadio considerablemente grande. Empecé a mirar a ver si reconocía a alguno de los aprendices de Tierra de Partida, pero en absoluto. Todos me parecían meros extraños, además de una multitud demasiado grande.

Entonces, algo llamó mi atención. Una especie de cartel o pantalla al que no había prestado atención se hizo pedazos en aquel momento, dejando a la vista dos figuras que luchaban bastante cerca. En un principio tan solo vi a un chico de pelo azul que no me sonaba haber visto nunca, luchando contra la presunta y según la Maestra Nanashi, “fallecida”, Eileen.

Mientras luchaban, una bola de fuego que no había previsto en absoluto pareció alcanzar a Eileen y entonces una voluptuosa y preciosa chica se sumó a la batalla, esta parecía estar a favor del chico de pelo azul. Como respuesta a eso, Eileen se teletransportó detrás de la chica que había utilizado la bola de fuego contra ella e intentó atravesarla con una especie de sables oscuros. Pero entonces un extraño disco lumínico interceptó aquel ataque mientras que una mujer de pelo corto con un curioso traje se sumó al combate saltando por aquella especie de cartel-pantalla.

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A pesar de la diferencia de contrincantes a los que tenía que enfrentarse, Eileen ni se inmutó siquiera. Esta tan solo se limitó a reír, para desaparecer por completo en la oscuridad del campo de batalla.

Aquello me sorprendió un poco, ¿qué demonios era todo eso? La situación había escapado a mi total control y había muchas cosas que para entenderlas, tenía que encontrar una respuesta, y estaba seguro de que alguno de aquellos 3 me las podrían que otorgar.

¡Mierda!―se quejó el chico peliazul, que llevaba una lanza, mientras daba vueltas sobre sí mismo, intentando encontrar a Eileen.―¿¡Adónde ha ido!?

¿Estáis bien? —preguntó de pronto la chica que había sido la segunda en aparecer en el combate. Esta ayudo a levantarse a un aprendiz de Tierra de Partida y se dio la vuelta dirigiéndose a sus compañeros.

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderoso. Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

Aquello me llegó a sorprender… ¿Entonces aquello no era Eileen, sino un virus llamado Erased Data? ¿Qué habría pasado con la verdadera Eileen?…

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¿Andrei está aquí?... ¿Así que ese cabrón se encontraba involucrado en todo esto?...

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ―se dirigió hacia nosotros―. ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

El muchacho que se hacía llamar Crow cogió una carta y la rompió. De esta surgieron miles de ceros y de unos y algunos de ellos se incrustaron en mi pecho.

La cabeza me empezó a estallar, caí incrédulo, de rodillas al suelo. ¿Qué era todo aquello?... Me toqué el pecho mientras temblaba, no me dolía en absoluto pero lo que recordaba… Todo lo que recordaba… era doloroso.

El Repear’s Game… mi compañero muerto y yo… yo había sido atravesado por un paraguas injustamente…Y-Yo…Yo…Había sido eliminado…

Mi corazón dolía, pero intenté mantenerme firme y recomponerme.

Muchas reacciones similares sucedieron a mi alrededor incluso me pareció ver a Saeko… ¿Llorar?... Me iba a dirigir hacia ella para preguntarle cómo se encontraba y ayudarla pero entendí que en aquel instante todo lo que hiciese sería en vano.

Cada uno había vivido de una manera u otra su propio infierno, y por mucho que dijese ahora no cambiaría nada. Lo que si podíamos cambiar, era lograr acabar con el tal Erased, o Eileen o como se quisiese hacer llamar.

Respiré hondo y me calmé, observando las diferentes posibilidades que se habían abierto frente a mí y de las cuales mi decisión afectaría a mi destino y quizá a mí vida y a la de muchos de aquí.

Cuatro caminos, cuatro dudas.

¿Camino de la Eliminación?, ¿Camino de la Perdición?, ¿Camino de la Luz? o ¿Camino de la Oscuridad?...

Descarté el de la Perdición sin pensármelo siquiera. Aunque la chica de los discos tuviese razón y hubiese que ayudar a aquella gente que estaba siendo atacada, no era mi lucha, no por ahora. Le deseaba suerte a ella y a los que quisiesen acompañarla.

El Camino de la Oscuridad me llamaba, y por eso sin lugar a dudas lo descarté. Crow había mencionado que Erased, o Eileen (o como tuviese que llamar a aquel “virus”) era invulnerable en ella. Sería meterse directamente en la boca del lobo sin oportunidades de ganar. O quizá las hubiese y me equivocase, pero correr ese riesgo no era algo que me llamase en aquellos momentos.

Por lo que solo quedaban dos caminos por los que podía ir y en ambos estaba dubitativo de lo que hacer. ¿Ir con Crow e intentar ayudarle, o ir con la chica desconocida?...Tenía que darme prisa, pues la gente ya empezaba a movilizarse.

Fue entonces cuando la figura conocida de Saeko se divisó a lo lejos, yendo por el Camino de la Eliminacion, la miré y un gran impulso de ir hacia ella me llamó, pero lo contuve.

No puedo pasarme toda la vida intentando ir por donde van aquellos que conozco, además ella no está sola y sabrá arreglárselas... Además nos viene bien estar esparcidos para luego informarnos de todo lo que haya pasado...

Corrí sin parar hasta alcanzar a Crow y a un gran número de aprendices que había tomado la misma decisión que yo. No estaría solo, entre todos estaba seguro de que podríamos encender la luz que iluminaría aquel mundo, para más tarde acabar con la existencia de aquel Virus ya fuese Erased Data, Eileen o lo que fuese.

¿Cómo acabó todo en ese juego? ―Llegué en el momento en que Ragun había hecho una pregunta―¿Y por qué él no recuerda nada? Fue el compañero de mi copia, si sabes algo… Responde, por favor.

Ragun señaló a un muchacho que estaba cerca suya, ¿Entonces no todos habíamos recordado lo sucedido?... Aquello fue extraño. En cuanto Crow respondiese o no a su pregunta saludaría a Ragun poniéndome a su lado y diría

Crow, soy Saito. No se si me recordarás, pero creo recordar que mi copia fue eliminada gracias a ti―dije mirándolo a los ojos. No sentí odio, a pesar de que había eliminado a mi copia y aunque ahora compartiese los dolorosos recuerdos de esta, no tenía derecho alguno a reprocharle que intentase sobrevivir. ― Pero eso no importa ahora, rotundamente hay cosas más importantes que eso ahora mismo. ―miré al resto de aprendices que habían elegido el mismo camino que yo― Creo que hablo en nombre de todos nosotros, cuando digo que puedes contar con nuestra ayuda para que ese generador se encienda con la luz más radiante que haya. Ese cabrón/a no tendrá a donde escapar la próxima vez... ―dije con una sonrisa de sincera camaraderia y me apresuré a añadir rapidamente―Aunque un pequeño resumen de todo lo que ha pasado y de lo que está pasando actualmente no nos vendría mal... Por ejemplo, ¿Para qué quería la oscuridad de mi corazón?

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Que sea lo que Dios/Narra-Nell quieran, pero Saito elige:• Ruta de la Luz; las gradas, en busca de un generador de luz. Tomada por Crow.
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Re: [Evento Global] Datastream

Notapor Enix » Sab Mar 29, 2014 7:38 pm

Sí, estuve allí junto a otro aprendiz: Malik. —la observé mientras buscaba a alguien por la sala, sin saber exactamente a quién— Fue bastante… peculiar. Había una mujer muy extraña, que quería que hiciéramos unas pruebas de Los Terceros Juegos de No-sé-qué… Y luego los Maestros Ronin y Kazuki nos sacaron de allí tan repentinamente como habíamos entrado.

Nos quedamos en silencio un rato. Los hechos de La Red eran bastante inquietantes, pero no parecían tener nada que ver con el mensaje que todos habíamos recibido. La mansión que nos habían mostrado… No parecía en absoluto relacionado. Me resultaba demasiado inquietante, así que decidí centrar mi atención en las preguntas que lanzaba la gente al Maestro Kazuki:

Maestro Kazuki, ¿podría explicarnos cómo es la Red y qué pasó allí?

Es un mundo digital. Lo creó Kevin Flynn, de ENCOM, el cual desapareció poco tiempo después de su fundación. Ahora está gobernado por un programa y sus dos dirigentes, pero... No tienen relación con la misión.

Eh… Maestro Kazuki, ¿sabemos qué es lo que hay que buscar exactamente? ¡¿Podría tener esto que ver con los malos, ya sabes, con los de Bastión Hueco?! ¡¿Estarán ellos allí?!

Reconocí la inocente voz de Bavol, preocupada, procedía de alguna parte que no conseguí localizar. Mi rostro adquirió una expresión adusta. Nunca me había convencido la idea de que reclutaran niños para la Orden.

Hay que buscar el origen de la señal, eh... Babil. Cálmate —Kazuki, infalible, seguía sin recordar el nombre de los Aprendices— . Si son los miembros de Bastión Hueco quienes lo están provocando, entonces sólo podremos...

Un gruñido, lanzado por Lyn, hizo callar al Maestro Kazuki de golpe. Parecía no estar muy a favor de un guerra contra los de Bastión Hueco. Yo sabía que eran antiguos compañeros del mismo bando que se habían separado. Sabía de la caída de Vergel Radiante, pero nunca había llegado a vivirlo. No podía sentir lo mismo que aquellos cuyos compañeros les habían abandonado o traicionado. Ni siquiera podía estar seguro de que no fuéramos nosotros los malos. Lo único que podía hacer era confiar, e intentar hacer todo el bien posible.

Maestro Kazuki, soy Hikaru Akarui, aprendiz de la Maestra Rebecca. Si morimos en el mundo digital, ¿en el mundo real también?

Espero que este no venga...

¿Siguiente?

El Maestro lo ignoró deliberadamente. Una sabia elección.

Maestro Kazuki, ¿en serio cree que mandarnos a todos a La Red es la opción más segura? Nada me asegura que no vaya a suceder lo mismo de la última vez.

Repentinamente, la gente en la sala comenzó a perder los nervios. Intenté que no se me notara, pero también empezaba a estar más alterado de lo normal. Debía tranquilizarme, y tranquilizarlos a los demás, debía…

Un movimiento captó mi atención. La chica de la pantalla, decía algo… El ruido no me dejaba oírla. Un flash de luz recorrió la sala. Intenté llamar a Jess, avisarla para que se pusiera a salvo. Pero nos engulló, a todos. Y a continuación, sólo hubo oscuridad.

* * * * *


Pecador.

Desperté tumbado boca abajo. ¿Había muerto? Mis ojos se abrieron lentamente. Estaba solo, perdido en un mar de sombras. La chica rubia, que hace unos momentos se había mostrado en la pantalla del ordenador central de castillo, se encontraba allí conmigo, y había pronunciado esas solemnes palabras con una voz extraña. Lo último que recordaba era haber sido absorbido por un destello. Jess… No podía haber muerto, no ahora. Tenía que encontrarla. Me puse en pie, pero antes de que pudiera darme cuenta, la joven se había situado a mi altura.

¿Estás asustado? Chss, tranquilo, tranquilo. No tienes nada que ocultar a la dulce e inocente Eileen —acercó su mano a mi pelo, suavemente. No podía hacer nada para impedírselo. Estaba paralizado— . Sólo... Déjame inspeccionar tu alma.

Yaaaagh… —mi grito se convirtió en un sonido ahogado, cuando la mujer clavó sus dedos en mi pecho.

Mantuvo su mano ahí unos segundos, como buscando algo… Mi corazón. Pude verlo ahí delante, en su mano, brillando como una estrella. Estaba horrorizado. ¿Cómo podía seguir viviendo sin él?

Sí... Veo todos tus pecados. ¡Todos! No has sido un chico bueno en absoluto. Voces en la cabeza, eidolones, formas ocultas... No quiero nada de eso. ¡Quiero tu oscuridad!

Mi corazón cayó al suelo tras que Eileen lo apretara en su mano. Ahora quedaba otro órgano, de la misma forma, pero del color del azabache. Eso era… ¿Mi oscuridad? ¿Había oscuridad en todos los corazones, sin importar lo puros que fueran? Cerré los ojos ante un dolor atenazante, acompañado de unas imágenes en mi cabeza. Un hombre de pelo castaño y con aspecto de no haber dormido en días, hablaba con una mujer rubia que sujetaba a un bebé. Ella estaba llorando.

Debemos esconderlo... Ellos no pueden encontrarlo. Pero... Él no puede crecer así, lejos de su hogar.
Tiene que hacerlo, si quiere sobrevivir.

El corazón negro desapareció, consumido por Eileen, mientras que el verdadero volvió a mi cuerpo. Ahora me sentía extrañamente vacío. Esas imágenes habían quedado restringidas a un oscuro rincón de mi mente. Estaba solo, y hacía frío...

¡Aléjate de ellos!

Una voz, ¿había alguien más allí conmigo? La chica se alejó con una risa, y me dejó allí hundiéndome en la oscuridad. Un rayo de luz, que surgía del cielo. Podía huir de aquel espantoso lugar pero… ¿Realmente quería hacerlo?

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Sería tan fácil morir. Nadie tendría que dar explicaciones a nadie, pues nadie me vería perecer. Ningún “no fue lo suficientemente fuerte”, ni “no tuvo valor”. Sólo un “no lo logró”. Podía acabar con aquella vida allí y ahora. No luchar más, simplemente cerrar los ojos… Y descansar.

No. Abrí los ojos de golpe, con decisión. Ahora tenía amigos, tenía una razón para seguir allí, y una pista de mi pasado. Podía descubrir quien era yo en realidad, y tener una vida plena… Ahora le importaba a alguien. Tenía un destino. No iba a morir, no ese día. Me levanté con fuerza, deshaciéndome de los lazos de oscuridad que me atrapaba. Comencé mi ascensión. Iba a luchar contra mi muerte, y iba a ganar.

* * * * *


Salté fuera del agujero negro, y observé cómo se cerraba a mi espalda. Muchos Aprendices estaban allí reunidos, y ahora miraban pasmados la escena que ocurría ante nuestros ojos. Dos personas estaban enzarzadas en una feroz pelea, un hombre peliazul, con numerosas cicatrices, signos de pasadas batallas, combatía a la mujer que había conocido como Eileen. La capa del hombre se agitó cuando se lanzó sobre Eileen, con una lanza que parecía el mismísimo rayo de Zeus.

Eileen consiguió zafarse del ataque eléctrico, para recibir una bola de fuego, como un Piro procediente de otra mujer, una de pelo largo que se encontraba detrás de nosotros. Mi vista se centró en otra chica, clavada a ella pero más joven, que no se encontraba muy lejos. El parecido era innegable. ¿Qué estaba pasando allí? Nuestra captora había desaparecido, aprovechando el humo de la explosión del hechizo. Pronto apareció de nuevo, salida de la nada, a espaldas de la maga. Esta vez llevaba la capucha de la gabardina, y solo podía ver sus ojos amarillos, brillantes y malvados. Intentó atacar a la otra joven, pero un disco de luz se interpuso entre ellas, parándolo. Una cuarta participante, con el pelo moreno y corto, era la que lo había lanzado, desde una especie de pantalla gigante. Se acercó, para formar parte del combate de una forma más física.

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Pero Eileen ya había obtenido nuestra oscuridad. Despareció en su propia sombra, riendo por lo bajo. Hija de puta…

¡Mierda! ¿¡Adónde ha ido!?

El hombre de las cicatrices maldecía mientras daba vueltas, con la lanza apoyada en su hombro.

¿Estáis bien? —le preguntó a Hiro, que estaba en el suelo. Su vista se centró en la Aprendiza que era igual a ella unos momentos, y a continuación volvió con sus compañeros.

¡Tenemos que separarnos! Ese cabrón no va a escaparse otra vez. Quorra, necesitamos tu ayuda otra vez.

Si vuestro Erased Data es un virus... Existe una manera de destruirlo. O quizás volverlo más poderosoErased Data… ¿Eileen? La chica llamada Quorra parecía referirse a ella― . Hace unos años un virus similar atacó la Red, Abraxas. Su disco está guardado como trofeo en el museo de este mismo estadio. Si pudiésemos lograrlo...

He dejado a Andrei en el museo. Yo iré a por él.

¡Y necesitamos luz! Erased es invulnerable en la oscuridad.

Mi cerebro procesaba la información tan rápido como podía. Necesitaban cazar a ese Erased como fuera. Parecía ser el causante de todo aquel mal. Desde el estadio en el que estábamos, pude observar como la ciudad estaba destruida. La gente corría, perseguidos por unas extrañas sombras. ¿Sincorazón? Estaba demasiado lejos como para asegurarlo.

Al otro lado de estas gradas hay un generador de luz. Si lo activaras podrías generar suficiente luz para iluminar toda la ciudad, pero necesitarás una gran cantidad de energía.

Cuento con mi lanza.

Bien, Crow. Yo iré a enfrentarme a su ejército; muchos programas están siendo atacados por él.

¡Escuchadme! ¡Mi nombre es Crow! ¡No os podéis quedar quietos! Sé que esto es muy repentino, pero vuestras vidas y las de mucha otra gente están en peligro. ¡Debemos colaborar todos y detener a la encapuchada que habéis visto!

»Esto es lo único que puedo daros a cambio.

Rompió una carta en su mano, y un montón de 1 y 0, como en código binario, se dirigieron en ráfaga a algunos aprendices. Estos los absorbieron, y algunos de ellos parecieron confusos después de hacerlo.

Quorra, Crow y la otra chica tomaron diferentes caminos. Todos eran necesarios, si queríamos vencer a Erased Data y salvar aquel mundo digital. Necesitaba acompañar a uno de ellos, ahora era parte de todo aquello, y debía ayudar. Salvarlos a todos. Un día me hice a mi mismo una promesa. Ahora que tenía el poder de luchar contra la oscuridad en los corazones, no iba a dejar que nadie más muriera.

Mi mirada se encontró con la de Jess, que parecía haber encontrado ya su ruta. Salió corriendo detrás del hombre que nos había salvado, Crow. Todos le debíamos una, por habernos rescatado de las garras de Eileen. Yo se la debía. Fui tras él, dispuesto a reparar la luz de aquel mundo.

Cuenta conmigo. ―oí a Jess decirle, cuando me puse a su altura― Y si no te importa… ¿podrías hacerme un resumen rápido de la situación?

>>Soy Jess Stronberg, por cierto.

Voy con vosotros. Crow, mi nombre es G… Enix. Jess tiene razón ¿qué demonios es todo esto? ¿Qué pasa con la tal Eileen, o Erased?

Seguía ligeramente aturdido por lo que había pasado en el foso de oscuridad, casi decía un nombre equivocado… ¿De dónde lo había sacado? Miré a quien teníamos con nosotros. Otro cuatro Aprendices nos seguían, entre ellos Bavol. Teníamos una misión que cumplir, y nada iba a detenernos.
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