[Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Prólogo de Gata

Si ya has creado tu ficha, pásate por aquí para escribir la primera página de ese gran libro que va a ser tu vida. O échale un vistazo a los amigos y rivales con los que te encontrarás en un futuro.

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro

[Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Sab Dic 28, 2013 2:08 am

No todo lo que la apacible Port Royal debía temer eran piratas. Desde hacía algunos años, las buenas gentes tenían que ser precavidos, ya no sólo con los rateros habituales de los bajos fondos, sino con algún que otro gato callejero

Estaba a punto de amanecer, por lo tanto, Gata debía de estar durmiendo, como era habitual, sobre la cima de algún tejado (el nombre no era por nada). Sin embargo, aquel día, cuando despertase, se llevaría una desagradable sorpresa. Metida en una de sus mangas, encontró una nota que no tenía la noche anterior, señal inequívoca de que alguien se había acercado por la noche para colocársela. Ésta rezaba:

"Sé quien eres".

Y, por supuesto, ninguna firma que le llevara hasta el autor. En su lugar, bajo la misteriosa frase, había escrito el nombre de una taberna al otro lado de la ciudad, que Gata conocía.

Podía acudir a la cita o rehusarse. Al fin y al cabo, nadie era de fiar. Desconfiar de la gente era regla básica de su supervivencia. Por otro lado, quizá no tuviese nada mejor que hacer. ¿O sí? Había oído hablar de una competición que se celebraría aquella mañana en el puerto entre pescadores, en la que exhibirían sus botines a fin de determinar cuál era el más grande. Una bonita reunión donde el pescado sobraría. ¿Y qué le gustaba especialmente a los gatos como ella?
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Sab Dic 28, 2013 5:57 am

Puedo oír el sonido de las olas. Me había acostumbrado a él a lo largo de los muchos años que había pasado en este lugar. Si abro los ojos, posiblemente pueda ver el mar desde los tejados de las casas. Un pequeño consuelo para sobrevivir al hambre, frío y crueldad de las calles de Port Royal. Sé que, fuese cual fuese el lugar en el que nací, no tenía mar. Tal vez no nací en él, pero se había vuelto parte de mí. Despertarme sin ese sonido se había vuelto algo inimaginable. Realmente, toda mi infancia se había vuelto un sueño.

Pero si quería comer hoy no podía quedarme toda la mañana soñando despierta. Así que me estiro como todo un gato, mientras abro la boca y la cierro con un chasquido, para desentumecerme de una desagradable noche tumbada en el sueño. Y con un rápido salto me pongo de pie. Mis oídos, agudizados quizá por la paranoia, me habían indicado de que no había nadie cerca, al menos no ningún humano. Si no, me hubiera cuidado de que acabará si era necesario con un acero en el corazón. Aunque realmente, no sé de qué me preocupo. Solo los gatos callejeros andan por los tejados. Aparte de mi, claro, que no me distingo de ellos.

Por ello, cuando de mi manga izquierda (la única que conservo más o menos entera, porque la derecha la tengo rota por el uso) cae un papelito, no puedo menos que quedarme parada presa de pánico, y estoy a punto de salir corriendo sin leer la nota. Pero comprendo que es una tontería, así que la leo, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.

“Sé quién eres”

¿Qué clase de nota es esa? Cómo va a saber nadie quién soy, si ni yo misma lo sé. Y quién iba a molestarse en buscarme, para luego no darme siquiera la información completa. Y sobretodo, ¿por qué iba nadie a ayudarme? ¿Y de quién estábamos hablando? Eso me huele demasiado a pescado podrido.

Lo más inquietante de todo es que esa persona, sea quién sea, ha logrado encontrarme, pillarme con la guardia baja, acercarse hasta mí mientras dormía e incluso dejarme una nota sin que yo fuera consciente. Y es la primera persona que lo consigue. Pero si me ha pillado totalmente desprevenida, ¿qué puede querer de mí que no haya podido conseguir ya esta noche? Habría podido matarme, robarme, capturarme, entregarme a prisión… ¿qué espera de mí que no puede conseguir por la fuerza?

-La curiosidad mató al gato. Y yo no quiero morir.- Pero como buen gato, la duda me reconcome por dentro. Pero si algo es más fuerte que la duda, es el hambre. El hambre de llevar años sin poder tener lo que se llama una verdadera comida. Un poco más lejos, en un tejado algo más lejano, veo como un gato negro avanza con un pescado en la boca, llevándolo hasta su guarida. Me mira, y sale corriendo con agilidad, como temiendo que fuera a robarle su presa.

No puedo por menos que sonreír para mí. Todos los gatos nos levantamos a buscar nuestra comida, y hoy por una vez tengo oportunidades de robar algo que merezca la pena. Empiezo a correr por los tejados, mientras las tejas se clavan en mis pies descalzos. Mis zapatos se rompieron hace demasiado tiempo así que me he acostumbrado a caminar así. Evitar las calles es además otra de mis reglas doradas. En la calle hay gente, y la gente es peligrosa. Los tejados son mis dominios y aquí nadie puede hacerme daño.

La nota, que he guardado en uno de los bolsillos de mi pantalón, sigue rondando por mi cabeza. “Sé quién eres” Podría ser mi única oportunidad para saber la verdad. Pero no puedo saber que se trate siquiera de la verdad, ni siquiera si va a merecer la pena saberla. A fin de cuentas, mi vida es esto, es la vida de un animal, de un gato callejero. ¿Qué va a saber nadie de mí?

De cualquier forma, si una persona tiene tanto interés como para venir a buscarme de noche para dejarme una nota misteriosa, lo tendrá también para esperar un rato en una taberna (porque ya he llegado a la conclusión de que ningún humano parece ser capaz de aburrirse si está en una taberna) a que yo encuentre un poco de comida.

Así que sacudo mi cabeza y sigo corriendo y saltando por los tejados. No tengo miedo de caerme. A fin de cuentas, se dice que los gatos siempre caen de pie.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Mar Dic 31, 2013 3:51 am

Ignorando la nota y la competición de pesca, Gata optó por deslizarse por los tejados en una búsqueda por sí misma del desayuno. Y tal vez del almuerzo y la cena también, si había suerte.

Gran parte de la ciudad aún estaba dormida, pero comenzaba a despertarse. En las calles, los vecinos se saludaban y los comercios comenzaban a abrirse, recibiendo de otros los productos que venderían aquel día o distribuyendo los suyos tan apeteciblemente como podían. Aún no había competencia, pero bastarían un par de horas para que acudiera la multitud y llovieran las ventas.

En una de las avenidas principales, Gata vio al panadero distribuir su tiempo entre la colocación de sus delicias y el horno, donde aún tenía metidas varias de ellas. Olía a caliente y tierno pan. Por otro lado, una mujer paseaba en aquel momento por la calle, transportando una gran olla llena de sopa, que llevaba seguramente a alguien. Perdía fácilmente el equilibrio con ella y estuvo a punto de volcarla un par de veces, por lo que avanzaba con cuidado. La pescadería permanecería cerrada a raíz de que se venderían los pescados no ganadores del puerto y las sobras.

Una última cosa que Gata debía tener en cuenta era los riesgos de la zona. La guardia solía acechar mucho por esos alrededores y la joven sabía que debía tener cuidado. Aun así, era muy temprano. Y ella sólo quería un desayuno. O dos. En cualquier caso, no se veía a ninguno por allí. Tal vez el riesgo era mínimo.

En caso de que Gata optara por no intervenir, entonces tendría que pensar en otro lugar al que ir a continuación.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Mar Dic 31, 2013 7:16 pm

El olor de la comida hace que me rujan las tripas nuevamente. Tenía hambre, mucha hambre, como siempre por otro lado. No había nada como el pescado que estaría llegando al puerto en estos momentos debido a la competición, pero ya que había olido el pan, no era como para hacerle ascos. Y pan con pescado puede ser una comida más que sabrosa si hay hambre para sazonarla. Aunque claro, primero tendría que conseguir los ingredientes. Pero desde la altura y la seguridad del tejado comenzaba a idear un plan para "cazar al primer ratón del día". La sopa por otro lado no servía demasiado para calmar el hambre, así que no me interesaba demasiado.

Oculta por la altura de los tejados, me sitúo justo encima de la panadería, de forma que prácticamente puedo ver los deliciosos manjares expuestos en la calle. Miro a mi alrededor, con miedo de vislumbrar algún guardia. Pero siempre hay guardias por todos lados, y si dejo pasar la oportunidad por miedo, al final me moriré de hambre. Espero a que el confiado panadero se de la vuelta para dirigirse al horno, me aseguro de que llevo la daga en mi bolsillo por si ocurre lo peor, cierro los ojos e inspiro profundamente... y salto desde el tejado.

Mi única oportunidad es la sorpresa y la velocidad, así que en cuanto toco el suelo con los pies y las manos, porque he procurado caer a cuatro patas para minimizar los daños, hago caso omiso del dolor y echo mano a uno o dos de los panes. No quiero cargar con muchos para que no me dificulten la huida, puesto que he aprendido que la avaricia rompe el gato... ¿o era el saco?

Y en cuanto he conseguido mi botín, corro tan rápido como mis piernas me permiten asegurándome de hacer caer a la mujer de la sopa de un empujón, para tratar de dificultar una persecución si es que esta se está produciendo. Mis ojos miran anhelantes las alturas, deseando perderme en uno de los callejones y poder volver a mi refugio de los tejados, ya que allí nadie es capaz de seguirme. Y sigo corriendo, sin tan siquiera mirar atrás, con el corazón latiéndome con fuerza, porque temo saber que está toda la guardia de la ciudad a mis espaldas. Aunque por otro lado, el miedo es el mayor de los alicientes para dar lo mejor de nosotros mismos.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Mar Ene 07, 2014 7:43 pm

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Ten cuidado, porque estás mezclando demasiado pasado y presente. Decántate por una de las dos y repasa bien para no confundirte.


Al empujar a la mujer que llevaba la sopa, ésta se desparramó inmediatamente, salpicando todo el suelo y mojando los zapatos (o pies) de Gata, que llevó arrastrando la húmeda y hasta pegajosa sensación durante toda su huida. Aunque olía ligeramente a pescado.

Buscando un lugar para escapar, Gata visualizó un callejón conocido que, sabía, desembocaba en otra calle paralela con menos vigilancia, y en ella solía haber huecos entre los comercios donde apilaban productos y, más importante aún, facilitaban su escalada hasta los tejados. Giró la esquina para internarse en el callejón y se dio de bruces con el problema.

Al final de éste había dos guardias, que charlaban animadamente. Debían de ser los encargados de aquella zona, porque nadie había salido en persecución de Gata tras el robo. Sin embargo, la vieron enseguida y no pudieron escaquearse más del trabajo. Se pusieron serios y bloquearon la salida.

Y, por la boca del callejón que había entrado, aparecieron dos guardias más. Presumiblemente, la habían visto correr en su dirección cuando ella decidió girar y abandonar la calle principal. A su vez, también bloquearon su parte. El espacio era lo suficiente estrecho como para que no hubiera huecos entre las parejas de hombres que le impedían el paso.

Estaba rodeada. Un rápido vistazo la permitiría comprobar que no había modo alguno de subir a los tejados, ni objetos a su alrededor que le permitieran escalar. Por otro lado, tenía a un par de pasos una puerta, que parecía la trasera de alguna tienda, pero que no tenía modo de saber si estaba o no abierta. Y era obvio que, en cuanto fuera a comprobarlo, se lanzarían a por ella, por lo que debía tener cuidado.

Uno de los guardias de la primera pareja, la que le bloqueaba a la siguiente calle, susurró algo a su amigo que, asintiendo, retrocedió y se fue, dejando ese camino sólo protegido por uno. Pero, ¿qué habría ido a hacer el otro?

Los guardias comenzaron a avanzar. Lentamente, paso a paso. Como si la consideraran un animal atrapado. Un gato desamparado.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Jue Ene 09, 2014 7:31 pm

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Es verdad, no me había dado cuenta, tendré más cuidado a partir da ahora


No hay nada más desagradable que la ropa mojada. Nada peor que correr con los pies mojados y congelándose por el contacto con las frías calles de la ciudad. Por lo menos, el movimiento me permite conservar aunque sea ligeramente el calor. Odio la humedad de esta ciudad, que se introduce hasta los huesos en invierno y te hace sudar en verano. Y que te distrae cuando deberías estar con todos los sentidos puestos en no chocarte con los guardias. Que es justo lo que acabo de hacer, por otro lado. ¿Por qué no puedo sorprenderme?

Retrocedo unos pasos hacia atrás, temerosa, al ver como se giran hacia mí. No me gustan sus rostros, parecen crueles. Todos los rostros parecen crueles. No quiero que me hagan daño... no pienso dejar que me hagan daño. Pero mi huida es bloqueada por más enemigos, y no puedo evitar que mis ojos se abran a consecuencia del miedo. Casi puedo sentir como se me dilatan las pupilas, buscando una salida desesperadamente. Aprieto el pan contra mi cuerpo, mientras siento la daga, sedienta de sangre, deseosa de ser usada. Deseosa de pelear. Pero eso significaría renunciar a mi botín, y además, la batalla está perdida de antemano. No, necesito otra solución, y urgentemente. Mi corazón late con fuerza, y puedo notar como la adrenalina recorriéndome.

Sin embargo, uno de los soldados se aleja, misteriosamente, tras decirle algo a su compañero. No me inspira confianza. Temo que sea una trampa, pero ahora mismo no tengo muchas más opciones. No puedo arriesgarme a descubrir que la única puerta que veo este cerrada y que todo se precipite. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué lleguen más guardias? Sinceramente, no hay mucha diferencia entre cuatro o cuarenta. Voy a perder igualmente.

Así que vuelvo a correr hacia delante, lo más deprisa que me es posible. En principio, trato de dirigirme hacia dónde está el hombre, para en el último momento, hacer una finta y rodar por el hueco que ha quedado libre. No me importa chocarme contra el suelo, no sería la primera vez después de todo. A fin de cuentas, él es un adulto y le costará más trabajo pillarme si tiene que agacharse en lugar de poder agarrarme con solo extender la mano.

Y si consigo salir del callejón, me sería mucho más fácil escapar. Por lo menos, habría más gente entre la que perderse, caos, y sobretodo, alguna forma de llegar a los tejados. Y si el guardia me atrapa, entonces no me quedará más remedio que soltar los panes y sacar mi daga, clavándosela lo más rápido posible donde pueda. La velocidad sería lo más importante. Y sé que mi mano no temblaría ni un ápice. No lamentaré la muerte de un ser humano. ¿Por qué habría de hacerlo, si ninguno lamentaría la mía?
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Dom Ene 12, 2014 10:16 pm

El guardia solitario la estaba esperando cuando echó a correr hacia él. Por eso, en lugar de tirarse al suelo para atraparla mientras se escurría por el hueco libre, le propinó una patada y Gata chocó contra la pared del callejón, aún encogida en su intento de aprovechar su cuerpo pequeño para pasar por debajo.

¡Yo me encargo! ―les gritó a los otros―. Esta putita ya no se nos escapará más.

Le agarró de la muñeca, la de la mano libre, y tiró de ella hacia arriba, mientras la miraba con una cruel sonrisa en la cara. Gata recordaría haberle visto más veces, como uno de sus muchos perseguidores en algunas huidas.

Bueno, podemos hacer un trato ―le susurró en el oído, para que los demás no la escucharan―. Me han dicho que si tú…

Para entonces, Gata ya habría decidido que valía más correr que la comida. Tiró el pan y sacó la daga, clavándosela al guardia, que estaba distraído en plantearle la propuesta. Éste abrió mucho los ojos, sorprendido por el golpe a traición, y la soltó, retrocediendo hasta la otra pared para reposar la espalda en ella. Por otro lado, los compañeros del guardia, que lo habían visto todo, echaron a correr hacia Gata.

Pero Gata era más rápida. Tuvo tiempo de sobra, en aquellos segundos de impresión, para alcanzar el otro extremo del callejón y alcanzar la calle paralela. Incluso podría haberse entretenido unos segundos en recoger el pan. Ésta estaba tan vacía como la anterior, pero eso poco importaba, puesto que ya tenía a los soldados detrás.

Ahora, tenía que decidir en qué dirección huir o de qué manera pensaba librarse de los guardias. Faltaba poco para que empezara a bullir la actividad por la calle, por lo que sería raro encontrarse con más soldados. Pero, para eso, necesitaba dar esquinazo a los que llevaba a su espalda.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Mar Ene 14, 2014 8:46 pm

-Es tan extraño...-. Hasta ahora, nunca había tenido necesidad de matar. Hasta ahora, siempre había sido capaz de lograr escabullirme. Pero hoy no había sido suficiente. No estoy segura de si la herida que le he infligido puede llegar a ser mortal, pero espero que así sea -... nunca imaginé que matar fuera tan fácil

Mi mano derecha se encuentra manchada de sangre, que gotea a medida que corro. No me molesta. Eso es lo peor de todo. No me siento culpable. Lo volvería a hacer. Si pudiera, mataría a todos los guardias que corren tras de mí. Pero no soy suficientemente fuerte, y eso hace que me odie a mi misma y a mi debilidad. Tengo claro que ellos si son capaces de acabar conmigo, tanto en el sentido físico, como en el sentido moral. A nadie le importa la vida de un gato callejero, ni siquiera a mí.

Pero por lo menos, he ganado un tiempo precioso. Se olvidaron de que el gato podía sacar las uñas y lo han recordado demasiado tarde. Pero no es suficiente. Sin embargo, el hecho de haber logrado deshacerme de uno de mis enemigos me hace sentir ligeramente eufórica, me hace sentir poderosa. Lo suficiente como para olvidarme al menos del dolor de la patada del hombre, que espero, este muerto y no pueda descansar en paz.

Pero ahora, solo hay un camino: correr. Tengo la sensación de llevar todo el día corriendo de un lado a otro. Si cobrara por ello, sería rica. Creo que con mi entrenamiento podría ganar cualquier carrera. Pero en esta ocasión, compito por mi libertad, como mínimo, y eso es algo que no estoy dispuesta a perder.

Me seco la mano en la ropa, sin ningún tipo de reparo, mientras busco a mi alrededor alguna clase de calle paralela en la que dar esquinazo a mis perseguidores. Preferiblemente, una que conozca bien, y cuyos escondrijos sepa aprovechar. Una calle curva en la que perderme con un par de vueltas, y poder librarme de ellos. Y si por algún lado hay algún barril, una casa con salientes, o una pila de productos que me permitan trepar a los tejados, todavía mejor. Y si no hay nada, trataré de llegar a las calles más concurridas, dónde ellos por su tamaño se verán ralentizados, mientras yo me podré perder en cualquier pequeño hueco. Quizá, con un poco de suerte, incluso logre volver a donde he dejado el pan, una vez les haya despistado.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Lun Ene 20, 2014 4:57 am

Dejando al guardia malherido atrás, o puede que ya cadáver, Gata se escabulló hasta la calle paralela, donde buscó desesperadamente un lugar donde esconderse. La idea de las avenidas concurridas era buena, pero difícil de aplicar a aquellas horas. Pasaría demasiado tiempo antes de poder ponerla en práctica. Por lo tanto, tuvo que acogerse a su primera alternativa.

Cerca de allí encontró el anteriormente mencionado callejón, donde estaba la previsible y siempre dispuesta pila de cajas y barriles que le permitieron, junto a un par de maniobras, trepar el tejado de un comercio de alhajas baratas. Echó a caminar por el borde para alejarse…

… y notó un ligero tirón en la mano.

Al darse la vuelta, vería a unos pasos de distancia a un hombre mayor, de rostro alargado y con el caballo castaño liso. Vestía una toga azul con unos pantalones por debajo, que no eran propios del lugar. Tenía el ceño fruncido, observando la daga que le había arrebatado a Gata, y que aún estaba cubierta con la sangre del guardia.

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Sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos y lo pasó por el filo para quitarle la sangre.

Eres esa chica que le está dando tantos problemas a los soldados de Port Royal ―no era una pregunta. Mientras hablaba, el hombre mantuvo su vista en la daga, limpiándola, sin mirarla ni un momento―. Y que llega a matar por una hogaza de pan ―ladeó la cabeza con decepción―. Lo mejor sería entonces que te atraparan cuanto antes.

Una vez hubo terminado con la daga, se la guardó en su cinturón y se acercó paso a paso hacia la muchacha.

¿O prefieres entregarte por ti misma?

Lo hacía sonar como si fuera una propuesta indulgente que la beneficiaría. A su alma o a su corazón, porque el destino, probablemente, fuera el mismo: la cárcel o la horca.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Lun Ene 20, 2014 6:57 pm

Encuentro mi ruta de escape en la pila de barriles, gracias a la cual puedo acceder de nuevo a los tejados. No puedo evitar esbozar una sonrisa gatuna, que deja entrever mis dientes, al darme cuenta de que he logrado escapar de mis perseguidores. El corazón me sigue latiendo con fuerza dentro del pecho, pero ya ha pasado todo... ya vuelvo estar a salvo. ¡Je! ¡Qué inocente sigo siendo a veces a pesar de todo!

Cuando quiero darme cuenta, estoy totalmente desarmada, todavía en el borde del tejado y frente a mí hay un... ¿hombre con una toga azul?

Basicamente, por instinto reflejo, me alejo unos cuantos pasos tanto del borde del tejado como del desconocido antes siquiera de que mi mente sea capaz de procesar la información. Mis ojos se abren exageradamente y estoy a punto de quedarme con la boca abierta mientras le miro. Una cosa es segura, no es de por aquí. Pero entonces ¿de dónde es? ¿Y cómo ha llegado hasta aquí arriba? No es que parezca demasiado viejo para ello, más bien me da la sensación de que esta en buena forma pero... nadie sube a los tejados. Nadie aparte de mí... y no me gusta que invadan mi territorio.

Me agazapo ligeramente, mientras sopeso si me conviene más salir corriendo antes de que sea tarde o si soy capaz de tirarlo del tejado de un empujón. Pero desecho rapidamente esta última opción, ya me ha quitado mi única arma sin que fuera capaz de reaccionar, no voy a tirarme del tejado en un intento inútil de acabar con el desconocido. Entonces supongo que lo mejor que puedo hacer es huir. Sin embargo, sus palabras me interrumpen antes siquiera de que pueda moverme.

Eres esa chica que le está dando tantos problemas a los soldados de Port Royal. Y que llega a matar por una hogaza de pan ―me dice, como si supiera todo sobre mí.

¿Qué...? ―no puedo evitar decir sin pensar, antes de detenerme y mirarle con desconfianza. El sonido de mi propia voz me sorprende. Hacía mucho tiempo que no la utilizaba, puesto que no está en mis costumbres hablar con la gente, y menos hablar sola. Vuelvo a alejarme vacilante un par de pasos ―¿Me conoces...? ―Yo no le recuerdo de nada, y creo que me acordaría de alguien tan singular. ―¡Espera! ¿Has sido tú el de la carta?

Lo mejor sería entonces que te atraparan cuanto antes. ¿O prefieres entregarte por ti misma?

Esas palabras me devuelven rápidamente a la realidad. ¿Qué hago hablando con alguien como él? Es un enemigo, aunque eso se deba al simple hecho de que coexistamos en el mismo mundo. Todos son mis enemigos, porque todos desean mi muerte. No pienso entregarme, y no pienso dejar que me atrapen. Solo tengo una vida como para desperdiciarla encerrada en una cárcel, o como para arriesgarme a perderla.

El hombre se acerca hacia mí, que todavía parezco estar en estado de shock... pero eso es solo mi apariencia. Sé que él tiene el único arma del que dispongo, y que si me ha seguido a los tejados que es mi único escondite, no hay ningún lugar donde pueda esconderme de él... así que solo me queda actuar rápido y por sorpresa.

Me quedo totalmente inmóvil y en tensión, hasta que se encuentra a una distancia suficiente como para poder lanzarle una patada a la entrepierna, que es dónde más duele. Tengo claro que este hombre no es un simple guardia, es mucho peor, pero todavía no conozco a nadie que aguante ese golpe con entereza. Y si logro acertar y desestabilizarlo lo suficiente, podré intentar tirarle del tejado de un empujón, y así salir corriendo y esconderme. Y si no lo logro... supongo que ya estará todo perdido, pero me aseguraré de vender caro mi pellejo. Si me golpea, trataré de golpearle yo, especialmente en la cara y en los ojos, que para algo tengo uñas afiladas. Y si trata de atraparme o agarrarme de alguna forma, soy capaz de tirarme del tejado solo para arrastrarle conmigo en mi caída. A fin de cuentas, yo peso menos y sé como caer para minimizar el daño... y él, si no me equivoco, caerá como una piedra...

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He cambiado el color de las palabras del hombre porque no lograba encontrar el tono en el color de fuente. Espero que no tenga importancia.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Lun Ene 27, 2014 1:14 am

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Asintió secamente a la pregunta sobre el autor de la carta, pero no añadió nada más. Esperaba la respuesta de Gata, que no se hizo de esperar.

Sin embargo, el hombre no era como ningún otro guardia contra el que se hubiera enfrentado y ni siquiera recibió el mortífero y doloroso golpe. Ladeó el cuerpo con gracilidad para desviarse del camino y, por sorpresa, cogió el pie de Gata y tiró de él, desestabilizándola y provocando que cayera hacia atrás en cuanto lo soltó, borrando de inmediato cualquier estrategia que pudiera haber planificado.

Se acercó al cuerpo y la cogió del cuello de la camiseta para alzarla de nuevo. Por entonces, Gata debía de haberse repuesto del ataque e intentaría deshacerse del agarre con cualquier extremidad que tuviera libre. El hombre ya se esperaba dicha reacción y, apenas la tuvo en pie, la cogió de las muñecas y las apretó en su espalda, tirando de los hombros. Tenía muchísima fuerza y le hizo daño cada vez que la sujetó, sin ningún tipo de compasión.

Por último, la arrastró hasta el borde del tejado, una de las posibilidades de huida que ya se había planteado Gata.

No obstante, se podría dar cuenta enseguida de que la situación abajo no era tampoco la idónea para escapar. Los dos guardias seguían buscándola por la calle, habiéndola perdido de vista incluso antes de subir al tejado. Uno de ellos observaba entonces unos pequeños charcos que se habían formado a lo largo del camino. De sopa. De, como se daría cuenta Gata, sus propios pies.

Si continuaba el rastro, llegaría hasta el lugar por donde había subido a aquel tejado. Con que uno de los dos se atreviera a trepar…

No eres tan dura como para vencer a dos soldados ―intervino de nuevo el hombre, que la balanceaba peligrosamente sobre el borde del tejado―. Te cogerán y te pasarás el resto de tu vida entre rejas por todos tus delitos. Puede que incluso te cuelguen por lo de hoy ―así que sabía lo del guardia muerto…― Salvo que haya alguna razón por la que no deba hacerlo. Pero, ¿la hay?

¿La había? Y si existía… ¿se lo diría a un desconocido y enemigo como él?
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Mié Ene 29, 2014 11:40 pm

¿Quién, o mejor, qué es este hombre?- Es lo único que se le ocurre a mi mente cuando este me tira al suelo tras esquivarme, con insultante facilidad. No soy precisamente el enemigo más peligroso que te podrías encontrar, pero quiero creer que si he sobrevivido tantos años, no ha sido únicamente por cuestión de suerte. Sin embargo, cualquier habilidad que pueda haber adquirido a lo largo de mi vida resulta tremendamente inútil contra él.

Me siento como una simple marioneta en sus manos, a la que le han cortado los hilos y es incapaz de moverse por si misma. Antes siquiera de que pueda ponerme en pie, me levanta y me inmoviliza, llevándome los brazos a la espalda. Jamás me he sentido tan desprotegida, tan… débil. De normal, al menos, suelo tener alguna oportunidad, aunque sea la de salir corriendo. Me han quitado hasta eso.

Me debato con todas mis fuerzas, pero eso solo sirve para intensificar el dolor que me llega desde los hombros. No me sorprende la falta de piedad, no esperaba otra cosa. Aun así, no puedo evitar tratar de golpear como puedo, tratar de zafarme de su agarre, aunque sé que es inútil. Pero no está en mi naturaleza animal el dejarme dominar, aunque sepa que todo está perdido.

Mis ojos se humedecen ligeramente, no de dolor, a lo que ya estoy acostumbrada, sino de rabia. De rabia, de odio y de impotencia. Es como golpear un muro con las manos desnudas, con todas tus fuerzas. Nunca lo tirarás abajo, ni siquiera le harás una muesca, pero acabarás partiéndote los dedos contra la pared. En el fondo, hasta siento envidia, incluso admiración. Si fuera tan fuerte, nadie podría hacerme daño… pero no soy más que una gata, una gata todavía pequeña a la que ni siquiera le han crecido las uñas.

El hombre me arrastra hasta el borde del tejado, y por primera vez en todo el tiempo que llevo aquí, tengo sensación de vértigo. El suelo parece venir hacia mí, junto con los guardias que me buscan por todas partes, y que no van a tardar en encontrarme. Pero no puedo moverme, no puedo escapar. Ya he dejado hasta de debatirme, temerosa de que después de todo, pueda soltarme y precipitarme al vacío.

-No eres tan dura como para vencer a dos soldados. Te cogerán y te pasarás el resto de tu vida entre rejas por todos tus delitos. Puede que incluso te cuelguen por lo de hoy. Salvo que haya alguna razón por la que no deba hacerlo. Pero, ¿la hay?

Así que esta es la definitiva. La muerte o la libertad, no sé que es peor. -Por lo menos- no puedo evitar pensar con ironía -ya no tendré necesidad de poner en orden mis prioridades. Las van a decidir por mí.- Porque ¿qué razón puede haber para que no acabe conmigo? No soy nadie, nada más que una gata sin nombre a la que nadie echará de menos.

Pienso en mi propia vida con desprecio. En mis escasos recuerdos de mi infancia, de ese otro mundo, en mi lucha constante en este. He vivido como un auténtico animal, tratando a duras penas de satisfacer mis instintos, malviviendo. Y todo va a terminar sin encontrar ni siquiera una respuesta sobre mí misma. Tal vez, mi muerte fuese lo mejor, tal vez fuese hasta un alivio. Cualquier persona aceptaría la muerte sin demasiados problemas.

Pero no soy una persona, soy un gato. Y hay algo profundamente animal en el instinto de supervivencia, en el miedo a la muerte. Algo que te hace rebelarte contra el mundo y contra sus normas, algo que te hace pelear hasta el final y abandonarlo todo con tal de no caer en ella. Si fuera una pelea, al menos sería diferente. Allí podría quedarme la esperanza de llevarme al otro por delante, de tener una oportunidad. De morir sintiéndome viva. Pero no así… no así.

Así que las palabras surgen de mi boca a borbotones, sin pararme a pensarlas. En una voz baja para que los guardias no me oigan, y ronca por la mezcla entre el miedo y el orgullo. El negarme a bajar la cabeza y el hacer lo que sea por sobrevivir. Para acabar hablando de forma ruda y animal, esperando que si bien la fuerza no pueda salvarme ahora, al menos lo haga el ingenio.

-Hay una… hay una.- Trago saliva y continúo más firmemente. –Tiene que haberla. Nadie se preocuparía de un ser como yo, ni siquiera para molestarse en acabar conmigo… a no ser que fuera uno de esos guardias, que no lo eres. Si lo que querrías fuera matarme ya lo habrías hecho, has tenido dos oportunidades. Eso quiere decir que quieres algo de mí, si no, no tiene sentido. Y si me matas, vas a haber perdido el tiempo.- Me pregunto si yo misma creo en lo que digo. Por un lado, es cierto que si quisiera matarme lo habría hecho cuando me encontró dormida, pero ¿qué va a querer de mí, que no soy nadie y no sé nada?- Así que haré lo que sea, te diré lo que quieras- a fin de cuentas las palabras se las lleva el viento, lo importante ahora es que no me deje caer. –Así los dos saldremos ganando. Si me tiras, perdemos los dos. –Desde luego, no deja de ser ridículo ponerme a negociar en mi situación. Pero me niego a suplicar, no está en mi naturaleza.

Así que cierro los ojos y espero… a estrellarme contra el suelo, o a no hacerlo. La decisión no está en mis manos.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Mié Feb 05, 2014 3:53 am

El hombre pareció meditarlo por un instante, pero luego negó con vehemencia.

Ni lo uno, ni lo otro. No tengo intención de matarte, pero tampoco quiero nada de ti ―aclaró con rotundidad―. Fui advertido de una gata callejera que traía quebraderos de cabeza a los guardias de este mundo y se me solicitó solucionarlo a cambio de… pasar por alto algunas cosas ―entornó los ojos. No valía la pena explicarle los asuntos que se traía con la Federación, así que lo pasó por alto―. No pierdo nada por entregarte. Por el contrario, gano favores al hacerlo.

»Pero sí tienes razón en una cosa: es una pérdida de tiempo para mí hacer un viaje sólo para arrojarte a los brazos de unos ineptos soldados, que no han podido apresar a una cría.

Tiró de ella para ponerla otra vez a una distancia más prudencial del borde y desasió sus manos. Si bien un empujón podía aún hacerla caer, el hombre no parecía tener esa intención. La evaluaba con la mirada calculadoramente.

Si has sido capaz de sobrevivir por ti misma en esta cloaca, puede que me seas de utilidad ―caviló―. ¿Has dicho que harías lo que sea por salvarte de la cárcel? No dudo en que son palabras bien escogidas si estás colgando de un precipicio. Pero, ¿y ahora?

Era fácil presentir que seguía en peligro. Una palabra mal escogida y el hombre podía cambiar de parecer con suma facilidad, como lo había hecho en los últimos minutos. La estaba probando, tentando. ¿Qué habría visto en ella?

En la calle, por el contrario, los soldados seguían sumergidos en su persecución, aunque parecían estar cerca de rendirse. El guardia que había descubierto el rastro de sopa que había dejado lo había desestimado y ni siquiera había intentado seguirlo.

¿Qué te parece si hacemos un trato? ―propuso de repente, una vez hubiese respondido o callado a la cuestión anterior―. Te ofrezco una vida diferente, a mis órdenes, como una aprendiza para adiestrarte en la batalla. Obedéceme a mí y a tus superiores y serás libre de hacer lo que te plazca. De todo, menos de volver a delinquir en este mundo ―se encogió de hombros ligeramente―. Podrás regresar de visita, pero tendrás prohibido llamar la atención. Mi encargo hoy ha sido el de quitarte de en medio, sin especificaciones de cómo hacerlo. Si recaes y me causas problemas, te eliminaré.

Te eliminaré”. Bien podía haberse estado refiriendo a pisar una cucaracha que no se apartaba de su camino. O, en su caso, de una gata. Sin embargo, era diferente a cualquier amenaza anterior. Hasta entonces, sólo le había dicho que la entregaría a los guardias, no que sería su propia mano la que asesinara a la muchacha.

Era un tipo con el que no se podía bromear.

Y sobre su propuesta…

¿Qué me dices…? ―dejó la frase suspendida, alentándola a decidir si aceptar o no y, además, también a darle su nombre.

Con un fogonazo, apareció una rara arma, con forma de llave, en la mano del hombre. Éste le extendió el mango a la joven, invitándola de ese modo.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Soul Eater » Mié Feb 05, 2014 7:01 pm

Ni lo uno, ni lo otro. No tengo intención de matarte, pero tampoco quiero nada de ti. Fui advertido de una gata callejera que traía quebraderos de cabeza a los guardias de este mundo y se me solicitó solucionarlo a cambio de… pasar por alto algunas cosas.No pierdo nada por entregarte. Por el contrario, gano favores al hacerlo.-

La respuesta es completamente sorprendente. Tanto que me hace volver a abrir los ojos de par en par, y volver a cerrarlos nuevamente al ver el suelo. Sin embargo, no puedo evitar que una sonrisa feroz, gatuna, surja en mi cara. -Así que después de todo, aún soy importante... a mi manera, claro-. Incluso cuando eso me perjudica, ya que prácticamente es mi sentencia de muerte, puedo sentir algo muy parecido a una alegría salvaje. Después de todo, el que los guardias hayan tenido que llamar a semejante guerrero para atraparme no deja de ser un honor... de algún tipo.

-Pero sí tienes razón en una cosa: es una pérdida de tiempo para mí hacer un viaje sólo para arrojarte a los brazos de unos ineptos soldados, que no han podido apresar a una cría.

En eso estamos completamente de acuerdo, aunque no deje de sorprenderme. Y aún me sorprendo más cuando me aleja del borde del tejado y me suelta. -¿Todas las personas son tan complicadas o este hombre es especialmente extraño?- Respiro profundamente mientras trato de controlar mis temblores para no precipitarme al vacío yo sola. Esta vez si que me he librado por un pelo... si es que me he librado siquiera. Aún está demasiado cerca como para que me sienta segura, y sé que podría tirarme de un empujón. Me froto los brazos y los hombros mientras hago una mueca, mientras sigo escuchando sus palabras.


-Si has sido capaz de sobrevivir por ti misma en esta cloaca, puede que me seas de utilidad ¿Has dicho que harías lo que sea por salvarte de la cárcel? No dudo en que son palabras bien escogidas si estás colgando de un precipicio. Pero, ¿y ahora?-

¿Ahora? Ahora evidentemente todo lo que quiero es salir por patas y no volver a encontrarme con él en la vida. Pero incluso yo sé que esa no es la respuesta correcta. El desconocido es demasiado imprevisible, no es como los guardias que se limitan a insultar y correr detrás de ti. ¿Qué espera que diga?

-No quiero ir a la cárcel- digo lentamente, midiendo mis palabras -Y tampoco quiero morir. Así que haré cualquier cosa que me permita evitar las otras dos.- Hasta ahí es más o menos cierto. Tengo miedo de que entre sus muchas habilidades se cuente la de detectar las mentiras... no pienso convertirme en el perrito faldero de nadie, soy un gato, no un chucho. Y me niego a rebajarme hasta convertirme en una esclava. Pero supongo que a grandes rasgos, lo que he dicho es verdad. O al menos, creo que se lo creerá. No es precisamente un discurso hipócrita.

-¿Qué te parece si hacemos un trato?- Sonrío por dentro, aunque logro mantener mi rostro impasible. Ahora si que empezamos a hablar mi idioma. Si no me ha entregado todavía a pesar de que le han ofrecido... lo que sea que le hayan ofrecido, es que algo quiere. Y es mucho más fácil hablar con las cartas descubiertas. Sin embargo, sus palabras no son lo que espero, ni por asomo.

-Te ofrezco una vida diferente, a mis órdenes, como una aprendiza para adiestrarte en la batalla. Obedéceme a mí y a tus superiores y serás libre de hacer lo que te plazca. De todo, menos de volver a delinquir en este mundo. Podrás regresar de visita, pero tendrás prohibido llamar la atención. Mi encargo hoy ha sido el de quitarte de en medio, sin especificaciones de cómo hacerlo. Si recaes y me causas problemas, te eliminaré.

Antes de poder pararme a pensarlo siquiera, las palabras surgen a mis labios. -No lo entiendo- Sé que suena ridículo, pero es verdad. Casi puedo oír los engranajes de mi cerebro chirriando y tratando de encontrar algún sentido a sus palabras. Ha quebrado todos mis esquemas mentales y todavía no acabo de comprender ni cómo lo ha hecho, ni dónde se supone que estoy ahora. Y evidentemente, menos todavía sé lo que tengo que decir o lo que me conviene decir.

-¿Dónde está la trampa?- digo algo enfadada. Estoy asustada, nerviosa. Me siento perdida por completo, y me huelo un engaño. Simplemente, es totalmente ilógico. Puede obligarme a hacer lo que quiera, ¿para qué va entonces a "ofrecerme" nada? ¿Para qué me va a adiestrar? ¿Para que me revuelva contra él? Si, tal vez le interese que sea más fuerte si quiere que me enfrente a algo o a alguien que me supera... pero sería infinitamente más sencillo elegir a alguien mejor que yo y punto. Y además, quiere que acepte obedecerle ¿pero qué tengo que aceptar si él puedo obligarme si me niego? Simplemente, es incomprensible. No estoy acostumbrada a tratar con personas, pero creo que viendo a la gente desde los tejados nunca he visto a nadie haciendo una oferta de este tipo. Aunque por otro lado, tampoco he visto nunca a un hombre de este tipo en ninguna parte.

Sin embargo, hay otro interrogante que surge en mi cabeza, y que incluso borra al resto de preguntas. -Este... ¿mundo?- las sombras vuelven a llenar mi cabeza, recuerdos de algún lugar oscuro y lleno de extrañas criaturas. Recuerdos vacíos de personas y contenido. -¿Hay... otros mundos? ¿De verdad?- Así que no estaba loca, es cierto que hay algo más ahí fuera. -¿Vienes de otro mundo?- me llevo una mano a la frente, tratando de serenarme, de tranquilizarme. Querría decir que las piezas por fin empiezan a encajar, pero es más bien todo lo contrario.

-Esto no es posible, simplemente no puede estar pasando-

-¿Qué me dices?- ¿Y de verdad lo pregunta? Dice que si no estoy de acuerdo me eliminará, ¿qué clase de oferta es esa? ¿Y qué clase de persona te obliga a aceptar algo que te conviene?. Es simplemente... cuando vuelvo a mirar, veo una ¿llave? delante de mí... ¿o es una espada? ¿Y para qué me la ofrece? ¿Para qué va a darme nada?

-No lo entiendo- repito, entre irritada y triste, incluso alegre. ¿Voy a poder escapar de este agujero? ¿A otros mundos? ¿De verdad va a darme ese poder? ¿Y entrenarme para hacerme fuerte? ¿Qué mas puedo querer? Libertad para recorrer, no este mundo, sino cualquier otro. Hasta ahora, ni me había fijado en que incluso el cielo y el mar podían ser una prisión, y ahora ¿me ofrecen la llave para abrir la puerta que acaba de presentarse ante mí? Y no me refiero precisamente a la espada o llave esa, que también podría serlo, sino a la mera propuesta de permitirme escapar.

-Tiene que ser una trampa.- Por un lado lo sé, mi razón me dice que es así. Pero a fin de cuentas, no tengo elección. Si no acepto, acaba conmigo. Y si acepto, puede que también, pero a lo mejor hay una diminuta posibilidad de que pueda salir ganando. No me importa no poder volver más por aquí, no es un sitio al que volvería de visita, desde luego. El hecho de aceptar órdenes... es arena de otro costal. Pero bueno, gato con guantes no caza ratones. Si realmente me hago más fuerte, tal vez en algún momento pueda acabar con mis supuestos superiores y así poder hacer lo que quiera, sin que nadie más pueda hacerme daño.

Respiro hondo y miro de frente. -Aceptaré las órdenes de todo aquel que pueda derrotarme- termino en un susurro, que espero que no haya oído. Pero es verdad. No estoy dispuesta a obedecer a un cualquiera. Aunque si todos son como él... me temo que eso lo llevaré peor que un día sin pescado. Aun así, creo que si el mismísimo diablo se presentara con una oferta semejante, la aceptaría.

Casi con miedo, alzo la mano para tocar la empuñadura del arma. Retiro la mano rápidamente en cuanto la toco, como un animal asustado, mientras retrocedo unos pasos. Realmente, casi esperaba que hiciera algo. Que surgieran cadenas de la nada, o que el hombre me empujara. Supongo que todavía no me lo acabo de creer solo estoy esperando a que ocurra algo que me haga volver a la realidad. Pero no pasa nada. Todo es igual de cierto, de verdadero.

De acuerdo entonces. Acepto pienso definitivamente, tomando una resolución de la que tenía que informarme más a mí misma que al desconocido. Así que vuelvo a acercarme y esta vez no dudo en agarrar firmemente el mango.

-No tengo nombre.- Añado, porque parece que el desconocido lo estaba esperando. -Ni nadie me ha hablado nunca como para necesitar nombrarme. Supongo que basta con lo que dice todo el mundo que soy, una gata. Así me llamo: Gata.
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Re: [Port Royal] Quien roba a un ladrón, mil años de perdón

Notapor Nell » Jue Feb 06, 2014 4:20 am

El hombre se cruzó de brazos y enarcó una ceja, pero no añadió nada más a la evidente desconfianza de Gata, que no dejaba de repetirse las mismas palabras ante una oferta tan atractiva que parecía evidentemente guardar una farsa.

La trampa estará donde la quieras buscar ―se encogió ligeramente de hombros―. Un trato no es del todo justo: siempre hay una parte que sale más beneficiada que otra. Yo ganaré igualmente, tanto si te tiro del tejado para que te recojan los guardias como si te llevo conmigo. Sin embargo, en esta segunda opción, me aseguraría también de tener una aprendiza más que siga mis pasos. Y tú… lo sabrás mejor que yo. Si vale más una temporada en la cárcel para continuar tu vida aquí o cambiar por una nueva.

La dejó meditar con paciencia. Sin embargo, no respondió a la pregunta sobre otros mundos. Tampoco intentó desmentir lo que minutos antes hubiera mencionado sobre ellos. Poco importaba que la futura aprendiza llegara por sí misma a sus propias conclusiones, pero no podía asegurárselo hasta que estuviese hecha por completo su elección.

Una vez le ofreció el mango, únicamente asintió con sequedad al comentario de Gata sobre la obediencia a superiores más débiles, lo que mostraba su conformidad. La muchacha se adelantó, tomó el mango y retiró la mano con rapidez. Sin embargo, tardó poco en volver a llenarse de resolución y agarrarla con fuerza.

Fue suficiente. El arma desapareció de las manos de ambos y el hombre bajó el brazo.

Mi nombre es Ryota ―se presentó el desconocido, por fin―. Para ti, Maestro Ryota. Acabas de convertirte en aprendiza de la Llave Espada. Enhorabuena, Gata.

Había aceptado su nombre sin mención alguna al origen de éste.

¿Por qué no pruebas tu propio poder? Deberías ser capaz de convocarla ahora.

Y volvió a observarla con esa mirada evaluadora. Parecía vivir para examinar a los demás.

En cualquier caso, ante la “orden” de su nuevo jefe, Gata sentiría que había algo raro en su interior. Una sensación que no había experimentado antes y que, si la convocaba y tiraba de ella, traería a su mano la Llave Espada, en su forma más simple, la Cadena del Reino.

Efectivamente, existen otros mundos ―comenzó a explicar Ryota, paseando con tranquilidad por el tejado―. Durante años ha perdurado la paz en el universo gracias a la intervención de los portadores de estas Llaves, que llevaban a los mundos la seguridad y el distanciamiento entre ellos a su vez. Vivimos una época de cambios y los ideales que surgieron con la creación de dicha Orden se esfumaron hace tiempo. Planeo hacer que renazcan y, por ello, actúo independiente a dicha Orden. Te parecerá una historia confusa y aburrida, pero irás conociendo los detalles en los próximos días.

»Así pues, ¿tengo tu palabra definitiva de que, siempre que regreses a este mundo, no llamarás la atención ni montarás el caos en él?
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