[Agrabah] Arenas Traicioneras

Saeko, Kai Sheng, Neru y Saito+Hikaru

La aparición del bando de Bastión Hueco ha colocado a la Orden de los Caballeros de la Llave Espada en una tensión creciente difícil de remediar. ¿Llegarán a enfrentarse ambos bandos en conflicto, o será posible la paz?

Moderadores: Suzume Mizuno, Astro, Sombra

[Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Sombra » Vie Feb 07, 2014 6:33 pm

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Hikaru, Kai Sheng y Neru


Hikaru se había convertido en el líder de aquella expedición a Agrabah al ser el más veterano de los aprendices participantes. La Maestra Lyn había dejado claro el objetivo que tenían: Encontrar la Lámpara Mágica que se había perdido en una mortífera trampa de magma junto a un joven que se había hecho amigo de Hikaru llamado Aladín.

La Maestra no les había dado detalles sobre aquel objeto ya que tan solo Hikaru los tenía, él era el máximo responsable de encontrar el paradero de dicho objeto. Pero ninguno tenía claro realmente que tenía de especial aquel objeto, aunque su nombre hablaba por sí solo una lámpara con magia, o algo así.

Y allí estaban, recorriendo el infinito desierto en sus Glider. A lo lejos podían ver un montón de rocas dispuestas en círculo alrededor de un pequeño cráter lleno de arena. Aquel era el lugar al que se dirigían, donde estaba la Cueva de las Maravillas, aunque la entrada estaba escondida.

Neru y Kai se habían envuelto en aquella misión casi por accidente al haber coincidido en el entrenamiento con Hikaru aquel día. Vaya suerte, más les valía tener crema solar si no querían acabar tostados.

En cuanto llegasen a aquel lugar verían que no había nada destacable salvo arena, arena en cantidades ingentes. ¿O tal vez sí?

De echo, semienterrado en la arena se podía distinguir un cuerpo humano. Un cuerpo que yacía inmóvil y boca abajo.

Ninguno de los tres tardaría demasiado en notarlo ya que estaba justamente en el centro de aquella zona rodeada de rocas.


Saito y Saeko


La capital del país estaba realmente revolucionada, y es que no era para poco. Un príncipe acababa de llegar a la ciudad montado en un enorme elefante seguido de una gran cabalgata donde había numerosos sirvientes y bufones haciendo malabarismos.

Casi todos los ciudadanos estaban animados ante la llegada de aquel príncipe que había llegado a Agrabah desde realmente lejos y todos los plebeyos miraban con ojos envidiosos (pero en cierto sentido felices) el espectáculo que les ofrecía aquel hombre.

Por cierto, los dos aprendices se habían infiltrado en aquella cabalgata.

Wix les había conseguido un puesto para poder entrar al castillo, donde tendrían que reunirse con el visir de aquel país llamado Jafar.

La Guardiana de Bastión Hueco les había dado una descripción bastante aproximada, por lo que no tendrían mucho problema en reconocerlo en cuanto lo tuviesen delante.

Los dos aprendices cargaban estandartes a ambos lados del elefante donde se encontraba el Príncipe con la bandera del reino al que pertenecía. Iban a un buen ritmo y la gente parecía realmente contenta, divertida con todo aquello.

Era bien sabido que la princesa Jasmín había rechazado a una importante cantidad de pretendientes, pero aquel parecía ser el definitivo. Un joven apuesto, de apariencia amable y con mucho, mucho dinero. La unión en matrimonio de los dos jóvenes nobles fortificaría no solo las relaciones de ambos países, sino que también le daría un mayor poder militar a Agrabah, que se mantenía como una ciudad medianamente próspera por el fuerte comercio que le ofrecía aquel punto del continente aunque por desgracia, la ciudad tenía constantes robos a causa de no disponer de otra cosa a parte de la guardia.

—¡Larga vida al Príncipe y a la Princesa Jasmín! —vitoreaban los ciudadanos felices ante aquella persona.

La cabalgata atravesó toda la amplia calle principal hasta llegar a las puertas del palacio, que se abrieron de par en par para permitir el paso del séquito del Príncipe y el propio soberano el cual se convertiría en algunos meses en el marido de la princesa Yasmín de la cual se decía que su belleza era la mayor joya de medio oriente.

De repente, un grito desgarrador se contagió entre los habitantes de la ciudad.

—¡Son los demonios negros!

Varios sincorazón que parecían humanos a simple vista se materializaron en medio del aire a través de unos pequeños portales de oscuridad. Aquellos seres llevaban turbantes y ropas, e incluso sables, algo que era realmente extraño.

La cabalgata del príncipe se apresuró a atravesar las puertas del palacio bajo las órdenes del noble, que no dudó en salvarse el primero. Saito y Saeko podían elegir entre enfrentarse a los tres sincorazón que habían aparecido o entrar al palacio y dejar a los pobres ciudadanos a su suerte. Podían organizarse como deseasen.

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Darkness Seeker » Vie Feb 07, 2014 9:07 pm

Arena, arena y... más arena.

Era lo único que lograba avistar desde mi Glider, mientras seguía a Hikaru y a Kai por el gran desierto que a nuestros pies se hallaba. Debía de reconocer que estaba algo nervioso, no por el hecho de estar en un mundo como aquel, sino por el de que aquella, era mi primera misión como miembro de los caballeros de la Llave Espada de Tierra de Partida.

La arena parecía infinita a nuestros pies, parecía que se extendía, y extendía, como si de un océano se tratase. En la superficie no había nada. Ni rocas, ni ningún tipo de planta parecía haber podido resistir aquella infinidad de arena. Además, el fuerte viento me dificultaba un poco la travesía.

No sabía casi nada de nuestro objetivo. Pero teniendo en cuenta que era mi primera misión no me extrañaba. Me supuse que, si nos habían mandado a aquel vacío e inhóspito lugar, algo habría ocurrido. Tampoco sabía nada de mis compañeros de misión: Kai y Hikaru. A ambos les había conocido aquella mañana... casi por accidente. No sabía absolutamente nada de ninguno de ellos, pero debido a la confianza que parecía tener Lyn sobre Hikaru, me supuse que era el que más experiencia tenía de nosotros tres.

Estuvimos un largo trecho avanzando en línea recta, cuando pude ver desde la lejanía una columna de rocas que parecía rodear un pequeño cráter de arena, en el que no parecía haber nada raro. Pero a medida que nos acercábamos, me fijé en que había una roca solitaria en el centro de aquel cráter. No me parecía nada raro, hasta que al acercarme comencé a ver la forma de aquella roca. Tenía una forma bastante extraña... Casi... Como si fuera un...

-...un...¿Cuerpo humano?- dijo Neru sin darse cuenta -Hikaru... Creo que ahí abajo hay algo- Me atreví a decirle, mientras le señalaba aquella roca que me tenía preocupado. Aunque si no se trataba de lo que pensaba, iba a quedar como un idiota...

Pero mas valía prevenir que curar, pensé.

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Tsuna » Sab Feb 08, 2014 4:46 pm

―¡Larga vida al Príncipe y la Princesa Jasmín!

La gente aclamaba al nuevo príncipe, quién seguía subido encima de aquella enorme criatura. Los bufones se encargaban de hacer impresionantes malabarismos, que incluso a mí me dejaron asombrada en más de una ocasión, y así con el resto de sirvientes.

El ambiente no podía ser más enérgico, cosa que no me agradaba mucho personalmente.

Yo me encontraba junto al enorme elefante, portando la bandera que representaba el reino que acudía a la ciudad del desierto. Vestía ropas voluminosas, que cubrían por completo mi rostro y mi cuerpo, dejando únicamente visibles mis brazos; estas, de tonalidades blancas y azuladas. Pero… ¿cómo había terminado yo en esa situación?

Muy sencillo, la Guardiana de Bastión Hueco, Wix, nos pidió el encargo de infiltrarnos en el castillo para reunirnos con un tal Jafar.

Antes de partir me molesté en investigar un poco sobre aquel mundo, Agrabah. Al parecer las temperaturas solían ser muy elevadas, y la vestimenta que usaban sus habitantes eran también peculiares, bien, pues yo había optado por adaptarme al ambiente, además, no quería quemarme por culpa del sol, de ahí mi vestimenta.

Aquel día la Princesa del reino recibía a un nuevo pretendiente, cosa que a mí me importaba bien poco, solamente tenía una misión: entrar en el palacio con éxito.

Atravesé lo que parecía ser la calle principal de la ciudad, sin mirar a otro lado que a las puertas del palacio, también un poco abatida por la cantidad de gritos y felicitaciones que recibía el Príncipe, y una vez llegamos todos a las puertas del palacio...

―¡Son los demonios negros!

Un grito desgarrador me puso en alerta de inmediato, a lo cual me giré para contemplar la escena: Sincorazón.

No sé por qué no me sorprenderá verlos aparecer así.


Pensé, comparándome con los aterrados habitantes. El noble hizo caso omiso a los seres de oscuridad y se apresuró a entrar en el palacio; yo le seguí.

Estuve atenta en Saito, quién portaba otra bandera al otro lado. Si mi compañero me miraba directamente a los ojos, yo negaría con la cabeza, dándole a entender que ignorase a los Sincorazón, que eso no formaba parte de nuestra misión; aunque él era libre de hacer lo que quisiese.

No éramos ninguna clase de héroes, nuestro cometido no se centraba en salvar a la gente de esos monstruos, sino de entrar en el palacio, y algo me decía que aquella oportunidad sería única, pues estaba bien vigilado. No podía evitar sentirme mal por la gente, pero tampoco podía hacer nada por ellos.

Sin mirar atrás, entré en el palacio, con una amarga sensación encima.

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En realidad, hay una forma más práctica de coger los códigos de colores de los demás. En sus respectivos post, clickeas en “quote” y ahí ves todos sus códigos. Yo por ejemplo lo que hago es copiarlos y guardarlos en un archivo de Word, así me evito la molestia de hacer quotes todo el rato. Sobre el quote, simplemente no envíes el mensaje y ya está, solo te quedas con el código.

En cualquier caso, el código de Saeko es: ―[color=#BF00BF][b]
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Drazham » Lun Feb 10, 2014 9:52 pm

Agrabah podía considerarse uno de los mundos más calurosos que se conocía, algo que al joven aprendiz, Kai Sheng, le había pillado desprevenido. Siendo originario de un mundo en el que las temperaturas eran bastante bajas por el clima de las montañas le estaba pasando factura. El aire tórrido le estaba abrasando la cara mientras cabalga en su glider junto a otros dos aprendices por el vasto desierto.

<Si llego a saber que nos mandan a un lugar así, no me llevaba la bufanda ni muerto>

El aprendiz ni siquiera se esperaba que aquel día se viese envuelto en aquella misión. Todo comenzó con uno de los entrenamientos en Tierra de Partida. Hacía poco que Kai se había unido a los portadores de la Llave Espada después de toparse con el Maestro Ronin en su mundo natal. Hoy le tocaba una sesión de entrenamiento en la que también participaban dos aprendices más. Neru, un principiante como él, y Hikaru, que llevaba tiempo bajo la tutela de los Maestros.

No obstante, el entrenamiento se torció un poco cuando la Maestra Lyn vino con las nuevas noticias. Por lo visto, se les encomendó la misión de viajar a Agrabah y recuperar un artefacto mágico con forma de lámpara oriental de las ruinas de un lugar llamado “La Cueva de las Maravillas” y de rescatar a un tal Aladín, un viejo amigo de Hikaru, a quien se le encomendó el liderazgo del grupo al ser el más experto de los tres.

Kai hubiese preferido un lugar menos caluroso para su primera misión al ser de sangre norteña, pero poco podía decir al respecto. Aunque si que le picaba la curiosidad por conocer otros ecosistemas distintos a las montañas de Tierra de Dragones como el desierto. Una lástima que las cantidades abismales de arena fuesen tan aburridas.

A lo lejos ya se podía ver su objetivo. Una serie de rocas que formaban un círculo que encerraba un cráter, y que este, a su vez, tenía en su interior una figura extraña a medio enterrar.

...un...¿Cuerpo humano? —balbuceó Neru—. Hikaru... Creo que ahí abajo hay algo.

Kai agudizó la mirada para observar mejor a lo que estaba señalando su compañero. No había duda, se trataba de una persona. Quizás hubiese sufrido un ataque de insolación o la sed hubiese podido con él… o tal vez tuviese que ver con el misterioso cráter que había en lugar de una “cueva”.

¿Creéis que será el tal Aladín del que nos habló la maestra? —preguntó Kai a los dos aprendices.

Fuese o no Aladín, habría que investigar que hacía allí tirado en medio del desierto y comprobar si seguía con vida.
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor James Bond » Mié Feb 12, 2014 10:32 pm

Estaba entrenando como solía hacer antes de que algún Maestro me mandara a alguna misión. Aquella mañana estaba siendo bastante tranquila por lo que podía concentrarme mejor en aprender una técnica que llevaba varios días desarrollando: el Kame-Hame-Ha, una magia que había visto en una serie de dibujos animados cuando era chico. Por desgracia, no me terminaba de salir. Lograba acumular mi magia en mi mano, pero a la hora de lanzarla, se desvanecía. No lograba entender el por que. ¿Sería acaso que necesitaba ser más poderoso mágicamente para poder realizar semejante hechizo?

Le estaba dando vueltas a mi cabeza cuando se me acercó la Maestra Lyn y me puso al frente de una expedición a Agrabah. La verdad es que no tenía muchas ganas de volver, sobre todo tras sobrevivir milagrosamente a una trampa mortal a costa de la pérdida de un nativo del que me había hecho amigo: Aladdín. En cuanto a nuestra misión, era la de recuperar la Lámpara Mágica. ¿Aún seguía con eso la Maestra? La Lámpara sin duda alguna debía haberse perdido para siempre cuando la cueva se ocultó entre las profundidades de la arena.

Mis compañeros de misión eran unos chicos llamados Kai Sheng y Neru, a los cuales no había visto hasta ahora en Tierra de Partida. La verdad no tuve mucho tiempo para socializar con ellos.

Mientras surcaba con mi Glider el desierto de Agrabah, iba pensando de nuevo en el hechizo que había estado practicando. Me desalentaba ver como en la serie, el creador de la técnica tuvo que entrenar durante cincuenta años para dominarla y el protagonista la hizo en un abrir y cerrar de ojos, y yo llevaba varias semanas sin éxito alguno.

Fue aquel preciso instante en que uno de mis compañeros, el llamado Neru, interrumpió mis pensamientos para señalarme algo bastante extraño.

Hikaru... Creo que ahí abajo hay algo― Me dijo mientras señalaba hacia una roca.
¿Creéis que será el tal Aladdín del que nos habló la Maestra?―Preguntó el llamado Kai Sheng.


Sentí como se me hacía un nudo en la garganta. Si era Aladdín, ¿cómo iba a explicarle el haberle abandonado cuando la cueva se empezó a desmoronar? ¿Cómo iba a explicarle un millón de cosas? Algo tendría hacer.

Muy bien chicos, vamos a bajar y que es eso.

Bajé con mi Glider hasta donde Neru había señalado la ubicación de lo que le había llamado la atención. Usaría mi fuerza para sacarlo de debajo de la tierra.

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor H.S Sora » Jue Feb 13, 2014 11:39 pm

Calor.

Aquello era lo que sentía en aquel momento. Un calor sofocante, que no era apagado ni mucho menos por la aglomerada multitud en la que nos encontrábamos Saeko y yo. Nos encontrábamos en Agrabah, un extraño mundo que, después de informarme debidamente podía resumir en dos palabras: arena y robos.

Nuestra instancia allí tenía un motivo justificado, naturalmente. La “Guardiana” del Castillo de Bastión Hueco, Wix, nos había encargado una misión. ¿Nuestra misión? Simple, teníamos que entrar en el palacio y encontrarnos con un tal visir, Jafar.

Para ello, nos habíamos infiltrado en lo que era una cabalgata de presentación del que era un pretendiente para la princesa del Castillo. Todo el pueblo parecía feliz por aquello, pero el espectáculo desde mi punto de vista me pareció demasiado ostentoso. El candidato en cuestión iba subido en un animal descomunal, mientras una gran cantidad de gente se encontraba realizando toda clase de malabarismos y trucos que eran realmente impresionantes.

―¡Larga vida al Príncipe y la Princesa Jasmín!

Pero no dejaban de ser eso, trucos, para encandilar a la gente de la manera en la que lo estaba haciendo.

Saeko y yo nos encontrábamos ondeando banderas a ambos lados del descomunal animal mencionado ya con anterioridad. Ella llevaba unas extrañas ropas de color blanco y azul, las cuales debido a su tamaño hacían que apenas se pudiese ver nada de Saeko. Yo, por mi parte llevaba una especie de túnica de color negruzca con capucha la cual llevaba puesta en aquel momento. Debajo de esta, no llevaba mas que un chaleco y unos pantalones cortos, de acuerdo con la “moda” o estética masculina del lugar. Durante la elección de vestuario, decidí que llevar a Alice no sería muy buena idea dado que una guadaña resaltaba bastante más de lo habitual en un lugar como aquel.

La cabalgata fue avanzando hasta haber pasado por lo que parecía la calle principal, hasta llegar a las puertas del Palacio. Donde entonces, un grito despertó el horror y curiosidad de toda la gente del lugar, incluyendo la mía propia.

—¡Son los demonios negros!

De repente, lo que en un principio parecían humanos acabaron convirtiéndose en Sincorazón, los cuales también se habían adaptado al entorno e iban vestidos con turbantes y ropas; además de ir armados con sables, cosa que me pareció peculiar. En un momento la cabalgata acabó por convertirse en un verdadero infierno. Teníamos el calor y a los demonios.

Miré a mi compañera para ver su reacción, y me quedé impactado cuando la vi mover negativamente la cabeza. ¿Aquello significaba que quería que no interviniésemos? ¿Qué dejamos a aquellas personas a su suerte?...

N-No, debe ser un error…

Intenté comunicarme con ella, pero fue un fracaso. La multitud que participaba en la cabalgata se estaba apresurando a entrar en el Palacio por la orden de aquel pretencioso príncipe y me arrastraba en el proceso, ¿qué debía hacer?...

Tenía dos opciones delante de mí, podía dejarme arrastrar por la multitud y entrar a Palacio, o bien podía enfrentarme a aquellos Sincorazón solo, pues había perdido ya de vista a Saeko…Lo medité, quería salvar aquellas vidas, pero se me había encomendado una misión y quizá si actuaba no tendría la posibilidad de entrar al Palacio pasando desapercibido…

Seguí dejando a la multitud mecerme suavemente hacia el Palacio, sintiendo una ira, una impotencia y un calor dignos de estudio científico. Estaba cabreado, muy cabreado a la par que indignado. ¿Y aquel príncipe quería hacerse cargo del país, pero en momento de la verdad dejaba a la gente en una situación así?

Apreté mis puños con fuerza mientras entraba junto con aquella multitud, en mi cabeza solo había un pensamiento:

Más vale que no te encuentre principito, o date por muerto.

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Sombra » Sab Feb 15, 2014 3:32 am

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Saeko y Saito


La decisión que habían tomado acababa de sentenciar a varias personas. En cuanto atravesaron el gran portón que daba al jardín del palacio de Agrabah éstas empezaron a cerrarse. La imagen que vieron fue impactante e incluso traumatizante si éran sensibles.

Uno de aquellas Sincorazón Bandidos atravesó friamente el corazón de uno de los asistentes a la antes alegre cabalgata.

El hombre que había sido la víctima escupió sangre por la boca a la par que el filo del sable del monstruo se teñía en rojo.

Momentos después, una brillante luz en forma de corazón salió del cuerpo de aquella persona. Empezó a ascender y a los pocos metros una nube de oscuridad lo envolvió por completo. En su lugar, apareció otro sincorazón, uno idéntico al que acababa de matar a aquella persona.

Podrían haberlo salvado, pero no fue así. Un inocente, y los que vendrían después morirían por culpa de ellos. ¿Podían soportar sus consciencias aquello? Solo dependía de ellos.

Cuando se cerraron las puertas por completo se podían escuchar claramente los gritos de los ciudadanos pidiendo auxilio a un salvador que nunca aparecería.

Un silencio incómodo se hizo entre los malabaristas y demás bufones que habían entretenido a la gente que ahora se encontraba a las puertas de la muerte.

―¡No os quedéis ahí parados! ―gritó enfadado el Príncipe desde su elefante. El portentoso hombre bajó por las escaleras que colgaban de su asiento―. Vamos, coged los regalos y vayamos a ver al Sultán. No tengo todo el día.

La falta de sensibilidad del noble fueron increíbles, tanto que incluso sus vasallos parecieron dudar sobre cómo reaccionar, aunque tras intercambiarse unas breves miradas todos empezaron a organizarse cumpliendo las órdenes del Príncipe, que esperaba de brazos cruzados dando golpecitos con el pie en el suelo como si tuviese algo mejor que hacer.

La verdad es que si querían podían no ir más con el príncipe y buscar por sí solos al visir Yafar. Con sus llaves espadas no habría puerta con cerradura que se les resistiese, salvo que ésta estuviese atrancada de algún modo, claro. Si querían zafarse era la oportunidad que tenían pues estaban demasiados absortos en las preparaciones para ser recibidos por el Sultán de Agrabah.

Hikaru, Kai Sheng y Neru


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Entre los tres aprendices sacaron el cuerpo semienterrado que estaba en la arena. Se le veía muy deshidratado por lo que una magia como Aqua les habría sido muy útil… Si la tuviesen claro, pero por desgracia no era así.

Hikaru lo reconoció al momento e incluso se fijó que entre sus ropas estaba Abú, el mono mascota de Aladín.

Tras unos segundos el delgaducho joven de piel morena y pelo negro como la noche empezó a toser. Apretó los párpados mostrando indicios de su despertar.

Hi... ―no pudo acabar de hablar al verse interrumpido por su propia tos. Su voz sonaba muy seca―. Hikaru... ¿Eres tú?

En aquel mismo instante, en otro rincón de aquella zona las arenas se agitaron surgiendo de ellas una preciosa alfombra que parecía moverse como por arte de magia. El objeto mágico en forma de alfombra voló hasta al lado de Aladín y empezó a volar a su alrededor.

Tenemos que... ir a mi casa ―habló sin fuerzas―. Rápido.

La amplia alfombra se tendió sobre la superficie de arena dejando subir a los tres aprendices. Aladín trató de mantenerse de pie sin mucho éxito, estaba realmente débil por lo que se arrastró hasta el objeto mágico.

En cuanto todos se hubiesen subido la gran y suave (pero sorprendentemente dura) alfombra se elevó en el aire con ellos encima.

La velocidad que tenía era comparable a la de sus Glider, aunque la forma de aquel objeto lo hacía poco llamativo.

Tras un largo viaje (en donde podrían hablar sin problemas) en el que Aladín había quedado dormido llegaron sobre un pequeño edificio en ruinas desde el que se veía muy lejos el enorme palacio. Aquella era la casa de Aladín sin lugar a dudas.

El lugar estaba literalmente en ruinas. Tan solo había un montón de paja apilada formando una especie de cama, varios jarrones de barro (de los cuales algunos tenían agua) y un par de cajas de madera con probablemente comida o algún objeto personal.

Aladín se apresuró en cuanto dieron un solo paso en aquella casa y metió la cabeza en el jarrón con agua más cercano. Los tres escucharon como bebía como loco junto a su mono, que disfrutaba de su bebida en el jarrón que tenía justo al lado.

Cuando ambos saciaron su sed, Aladín sonrió cansado hacia Hikaru.

Me alegra volver a verte, amigo. Por un momento creí que no habías sobrevivido ―comentó feliz, aunque con un tono algo apagado―. ¿Quienes te acompañan?

>>Ah, disculpad mis modales. Mi nombre es Aladín.

Probablemente los tres tenían muchas preguntas, sobretodo Hikaru, que lo había visto caer hacia el hueco lleno de lava.


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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Darkness Seeker » Sab Feb 15, 2014 6:21 pm

Muy bien chicos, vamos a bajar y que es eso.

Al oír aquello, me dispuse a bajar para alcanzar aquella extraña figura en medio de aquel cúmulo de rocas, esperando que mi predicción fuera errónea.

Pero no fue así. En efecto, alguien se encontraba enterrado en el centro de aquél cráter de arena por lo que corrimos hacia él, con la esperanza de que estuviera bien. No sabía quién es, pero por la cara que puso Hikaru al verlo de cerca, solo me vino alguien a la cabeza. El chico al que teníamos que encontrar y salvar: Aladdin.

Lo logramos sacar de la arena, cuando de pronto comenzó a agitarse y a toser:

Hi... Hikaru... ¿Eres tú?

Tenemos que... ir a mi casa ―habló sin fuerzas mientras tosía y trataba de levantarse―. Rápido.

Para cuando me quise dar cuenta, en el otro extremo del desierto se levantó una polvareda y, de debajo de ella, una alfombra se acercó a nosotros... volando. Cuando lo vi me quedé perplejo, pero no debía dejarme sorprender. teníamos que ayudar a Aladdin a llegar a su casa.

A los pocos minutos, nos encontramos otra vez en el desierto, pero ésta vez subidos a aquél extraño objeto. Mis dos compañeros de misión también se encontraban conmigo, pero Aladdin se había quedado dormido.

¿Creeis que se pondrá bien?―decidí preguntar para tratar de romper el hielo de aquella situación―Es decir... ¿cuánto tiempo puede llevar enterra...― En aquel momento me di cuenta que lo mejor sería que me callara. No parecía que fuera oportuno comentar el estado de Aladdin.

Una vez conseguimos llegar a la ciudad de Agrabah, encontramos la casa de Aladdin, que resultó ser una torre bastante destrozada y ruinosa.

Pero dentro, la cosa no mejoró de aspecto. La casa estaba realmente destrozada por dentro, con telas rasgadas y roturas por todas partes. Tras ver como Aladdin y su mono se bebían un jarra entera de agua, exclamó:

Me alegra volver a verte, amigo.―Haciendo referencia a Hikaru― Por un momento creí que no habías sobrevivido ― Al oír aquello, quedó claro que Hikaru y él parecían haber tenido alguna aventura juntos, y recientemente. lo cuál explicaba porqué era él el líder de nuestra pequeña misión. ¿Quienes te acompañan?― dijo Aladdin mientras nos miraba de reojo.

Me llamo Neru, y somos eleg...― en aquél momento me acordé de que una de las principales reglas era la de que no debíamos decir nada sobre la existencia de las Llaves Espada ni de los otros mundos. Aunque no sabía si Aladdin conocía ya aquello por parte de Hikaru, preferí ser cauto―... digo, amigos de Hikaru

Ah, disculpad mis modales. Mi nombre es Aladín.―
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Drazham » Lun Feb 17, 2014 7:42 pm

El trío de aprendices se puso manos a la obra con el individuo semienterrado en la arena nada más bajarse de los gliders. Como era de esperar, la falta de agua había dejado para el arrastre al joven de cabellera negra y tez oscura que estaba enterrado. La expresión de Hikaru al ver al tipo dejaba bien claro que se trataba de la persona que estaban buscando, Aladín. También se encontró entre las ropas del chico a un mono, posiblemente su mascota, que no tenía mejor aspecto que su dueño.

Hi... —Aladín abrió los ojos e intentó balbucear algo, pero apenas tuvo fuerzas para terminar la frase—. Hikaru... ¿Eres tú?

Pero en ese mismo instante, alguien más se sumó al grupo al salir de su escondite en la arena. Lo que salió a la superficie no era nada menos que una alfombra que se movía por cuenta propia. La curiosa pieza de tapicería parecía reconocer al deshidratado Aladín, ya que se puso a revolotear a su alrededor.

<¿Será algún tipo de espíritu capaz de poseer objetos materiales?>

Tenemos que... ir a mi casa —dijo Aladín con un fino hilo de voz—. Rápido.

Al oír esas palabras, la alfombra con propiedades “mágicas” se extendió en el suelo, como si quisiese que los cuatro chicos y el mono se subiesen encima de ella. Kai tenía sus dudas sobre si la alfombra sería capaz de remontar el vuelo con tanto peso, pero sorprendentemente, la pieza encantada se elevó en el aire a bastante velocidad que casi hacía perder el equilibrio al aprendiz.

Durante el trayecto sobre la alfombra mágica, el pobre Aladín se quedó dormido tras gastar sus últimas fuerzas en subirse en la peculiar montura.

¿Creeis que se pondrá bien? —preguntó Neru de repente—. Es decir... ¿cuánto tiempo puede llevar enterra... —el chico prefirió no terminar la frase, quizás por temor a hablar más de la cuenta.

Hikaru, tu estuviste aquí la última vez ¿no? —Kai se dirigió al líder de la misión—. ¿Qué pasó exactamente?

Kai no dijo más al respecto, le diese o no Hikaru una respuesta. Tras llegar a la ciudad de Agrabah, la alfombra les llevó a una vivienda semiderruida en lo alto de una torre. Aunque el aspecto del interior no dejaba mucho que desear, parecía medianamente habitable, por lo que sería el hogar de Aladín.

El dueño de la casa y su mono no tardaron en lanzarse a por dos de los jarrones con agua que había en cuanto el grupo entró en la vivienda. La escena no resultaba muy agradable de ver, pero era comprensible por el estado en el que se habían encontrado a ambos.

Me alegra volver a verte, amigo— tras saciar su sed, Aladín se aproximó hacia Hikaru—. Por un momento creí que no habías sobrevivido —el joven parecía tener un aspecto mejor al que tenía de muerto viviente cuando los aprendices le encontraron—. ¿Quienes te acompañan?

Me llamo Neru, y somos eleg...—el aprendiz novato volvió a morderse la lengua antes de que revelase información confidencial sobre la situación del trío—... digo, amigos de Hikaru.

Yo soy Kai Sheng, pero con Kai será suficiente —el joven sonrió y se inclinó levemente a modo de saludo formal—. Mucho gusto en conocerle.


Ah, disculpad mis modales. Mi nombre es Aladín.

Tras las presentaciones, Kai le dirigió la mirada a Hikaru, esperando alguna clase de confirmación para que comenzase con las palabras.

Don Aladín ¿podría contarnos que ocurrió después de que usted y Hikaru se separasen?
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Tsuna » Mié Feb 19, 2014 2:21 am

Sangre, fue lo primero que me impactó al girarme para observar por última vez qué era de los Sincorazón, y allí estaba mi respuesta: gente asesinada.

La sensación amarga que presionaba mi pecho acrecentó, pero yo había tomado una decisión, la elección correcta. No podía hacer nada para ayudarlos, muy a mi pesar, pues yo no estaba en aquel lugar para derrotar a los demonios negros, como se habían referido los ciudadanos de Agrabah. Yo estaba allí por Bastión Hueco.

Esto solo demuestra lo débiles que son los de Tierra de Partida, tan defensores que son de la Luz… y he aquí la prueba. Jum. ―Expresé casi en un audible susurro, con todo el jaleo que se había montado dudaba de que alguien me escuchase siquiera, mi vestimenta incluso me ayudaba a proteger mis palabras, las cuales iban directas como puñales a los “héroes” de la Llave Espada. Hablaban mucho y después dejaban a la gente tirada a su suerte. Con gente como Nadhia entre sus filas no me extrañaba nada

Los portones se cerraron y los gritos fueron en aumento. Yo me volví hacia la enorme criatura que montaba el Príncipe, intentando olvidar lo sucedido, intentando convencerme de que había tomado la decisión correcta.

Éste descendió a tierra finalmente, expectante, esperé a ver qué se proponía.

―¡No os quedéis ahí parados! Vamos, coged los regalos y vayamos a ver al Sultán. No tengo todo el día.

Yo me quedé de piedra, al igual que el resto de sus sirvientes, ante la poca sensibilidad del hombre, pero igualmente aquel no era un asunto que me incumbiese. No era quién para intervenir en ese tema; ¡qué diría la maestra Ariasu ante semejante falta! ¡O incluso el maestro Ryota! Me hubiese muerto de vergüenza.

Los sirvientes comenzaron a recoger las cosas, y también notaba que algo no iba bien con Saito, en cualquier caso consideré que lo mejor era dejarlo a su aire, al fin y al cabo también tomó la decisión correcta. Si hubiese ido él solo a por los Sincorazón, posiblemente ahora estuviese muerto.

No sabía dónde podía estar el visir Yafar, pero al ser alguien importante, supuse que acudiría a saludar al nuevo Príncipe por cortesía, tampoco quería arriesgarme a perderme por el palacio; tenía que ir a lo seguro.

Me quedé allí, portando aún la bandera del reino, intentando armarme de paciencia para aguantar el calor.

Suspiré, rememorando en mi mente las increíbles habilidades de los bufones en la calle principal.
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor H.S Sora » Mié Feb 19, 2014 11:26 pm

N-No… ¡Corred! ¡Aun podéis escapar!...

Segundos después de lograr entrar en lo que parecía el jardín del Palacio me arrepentí de mi decisión. Completamente errónea. Mientras las puertas del Palacio se cerraban, una escena se mostró delante de todos nosotros:

Uno de los Sincorazón con espada atravesó sin apenas inmutarse el corazón de una de las personas que habían estado en la cabalgata. El hombre escupió sangre, e incluso parecía que me mirase, preguntándose el por qué de aquello.

Él por qué era muy simple: había elegido continuar la misión, en lugar de salvar a aquel hombre y aquellas personas que muy probablemente compartirían su destino. No podía echarle la culpa de mi elección a Saeko, ni a ella ni a nadie. Yo había elegido aquello y ahora tendría que acarrear con mi conciencia.

¿Qué es eso?...

Una especie de brillante luz salió del cuerpo del hombre, empezó a ascender tal y como lo hacían el de los Sincorazón, pero entonces una nube de pura oscuridad lo envolvió completamente. Al cabo de unos instantes, otro Sincorazón con la misma apariencia que su agresor surgió de ella.

Así que aquello era lo que hacían los Sincorazón para “reproducirse”, y la única manera de acabar con el sufrimiento de aquellas personas convertidas ahora en monstruos, era utilizar nuestra Llave Espada para liberar sus corazones… ahora entendía mejor, aquellas lecciones que estudiaba, aunque era una manera algo perturbadora de ver aquella situación tan caótica.

Cerré los ojos para dejar de ver aquella escena que se desataría en parte, por culpa mía, en los minutos posteriores. Mientras se cerraba la puerta, se oían los gritos de la gente a la cual sabía que ya no podía salvar. Con aquella acción había comprendido que quizá no era un gran héroe después de todo. Quería salvar a toda la gente que pudiese, pero priorizaban mi misión, los míos y mi supervivencia.

Prometo que vuestras muertes no serán en vano, que descanséis en paz…

Cuando abrí los ojos, la gente mantenía un silencio sepulcral. Quizá no todo el mundo tuviese relación con las personas que morirían, pero todo el mundo se preguntaría si podía haber hecho algo o no por ayudar. Ellos no podían sentirse tan culpables o no tan culpables como yo, ellos no eran soldados ni tenían ningún arma que les permitiese defenderse. En el fondo, pensé, eran buenas personas que solo estaban atemorizadas pensando en que podrían ser las siguientes.

―¡No os quedéis ahí parados! ―aquel grito me sobresaltó, como a gran parte de la gente allí presente. Me giré para ver al Príncipe en cuestión bajándose del monstruoso animal por unas escaleras en las que ni tan solo me había fijado. ―. Vamos, coged los regalos y vayamos a ver al Sultán. No tengo todo el día.

Mis escasos momentos de bondad y comprensión llegaron a su fin. No sabía si aquel hombre o no había presenciado la escena, pero aun así aquello me había hervido la sangre. Si ya había olvidado el sentimiento de asco y odio que había sentido hacia sus acciones, las cuales me hacían dudar de su capacidad para el liderazgo de un país, aquello fue la gota que colmó el vaso por completo. Gente de verdad había muerto, ¿y él se preocupaba por unos malditos regalos?

Te mataré, maldito bastardo.

La ira se había apoderado de mí por completo. Intenté buscar a Saeko, quería largarme de allí antes de que hiciese algo de lo que arrepentirme. Respiré hondo varias veces, intentando buscarla e intentando recordar que yo era de Bastión Hueco, que no podía entrometerme en esos asuntos de un mundo exterior…

Tap, tap. Tap tap. Tap tap.

Miré hacia el centro de atención de aquel sonido molesto, era el príncipe que se encontraba de brazos cruzados y dando molestos golpecitos al suelo, esperando a que todos sus sirvientes terminasen de realizar de hacer el trabajo que él había mandado apenas unos minutos atrás.

¿Quieres que trabajemos no?

Me calé aun más hondo la capucha (si era posible) y, mientras los demás estaban distraídos llevando los regalos o cogiéndolos o haciendo lo que fuese, me acerqué al príncipe lo suficientemente cerca como para poder ejecutar mi plan.

¿Y los portadores de las banderas que hacemos? —dije en un tono apenas audible, solo para él y para mí.

Antes de que pudiese contestarme si quiera, le propiné un puñetazo al estómago obligándole a agacharse un poco, enseguida le coloqué la mano en el estómago para que no cayese al suelo e invoqué parcialmente, y sin llegar a usarla, una Flama Tenebrosa.

Si se te ocurre llamar a algún guardia, intentar moverte o forcejear o tan siquiera pedir ayuda, juro por mi vida que antes que puedan agarrarme o siquiera llamarme la atención te habré hecho un agujero en el estómago el cual provocará tu muerte sin probabilidad de salvarte —aumenté un poco la sensación de oscuridad que influía, pero sin llegar a usarla— No me provoques.

Esperaría a que se calmase un poco y a que no intentase ni hiciese ningún movimiento sospechoso, o me vería obligado a lanzarle la Flama Tenebrosa y que fuese lo que dios quisiese.

Bien, ahora que somos “amigos” y nos hemos entendido te explicaré lo siguiente: te odio. Eso que has hecho ahí fuera me ha hecho detestarte e ignorar la muerte de esas pobres personas de esa manera no me ha hecho apreciarte más, te lo aseguro. Sé que ahora mismo, tampoco te caigo bien pero vamos a hacer lo siguiente: —hice que me mirase para que comprendiese que tenía que prestar más atención aun — tú te conviertes en un mejor líder, príncipe o lo que quieras ser y evitas que nadie vuelva a morir de esa manera si puedes evitarlo. Porque con tu poder, no dudo que tengas capacidad para defender a las personas. A cambio, yo no te mataré y podrás seguir viviendo tu vida de príncipe a la perfección, sin ningún problema. Y no estaría de más que en antes de que te soltase se lo dijeses a tus empleados en voz alta, así lograrás quitarles parte del trauma provocado, ¿entendido? —aumenté aun más la sensación de oscuridad intentando acobardarle todo lo posible y presionarle a que respondiese— No hace falta decir, que si incumples tu palabra lo sabré, y me encargaré de encontrarte y hacer que te arrepientas de haberlo hecho. Créeme, no juegues conmigo.

>>Por cierto, cuando acabemos esta amigable charla, esperemos que de manera civilizada, me gustaría que nos llevases a todos a ver el Sultán—esperaba que el tal Yafar estuviese ahí también— dudo que haya algún problema con eso, tienes que ir a verle de todas maneras.

Esperaría su respuesta, y estaría atento a si intentaba cualquier acción sospechosa para intentar reaccionar a tiempo. Si intentaba huir, le dispararía con la Flama Tenebrosa en la parte de las costillas o en la zona de la cadera. Aquella misión, se podía complicar aún más en cualquier momento.
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Muchas grácias por el avatar Mepi ^^
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Sombra » Sab Feb 22, 2014 1:52 am

Kai, Hikaru y Neru


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Que nombres más exóticos, me gusta ―habló con amabilidad el joven mendigo y escuchó la pregunta que le formulaban―. Una trampa se activó y caí en ella de lleno ―admitió.

>>Estuve a punto de morir, pero Alfombra me salvó de caer en ella...

Y comenzó a relatarles todo lo acontecido:

El joven de tez morena se precipitó hacia el vacío mientras escuchaba a Hikaru gritar su nombre. La lava que le esperaba al fondo de aquella caída le mataría, pero no fue así.

La Alfombra que Abú había liberado cogió al vuelo al muchacho y voló a toda velocidad esquivando como pudo los escombros que se le venían encima.

Pilares de piedra, rocas, ruinas enteras... Todas parecían dirigirse contra él, como intentando atraparlo para siempre y sepultarlo.

¿Tanto por haber tocado una joya? A saber qué clase de magia había creado aquel lugar y con qué propósito. No tenía sentido guardar oro y joyas si no se podían tocar.

La salida apareció frente al mendigo, cerrándose. No lo logró a tiempo.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que todavía llevaba la lámpara que aquel anciano le había ordenado conseguir. El objeto parecía de cobre, o tal vez oro. Pero parecía algo sucio.

Todo se había calmado, ya nada quería aplastarlo. Pero había quedado encerrado para siempre, sepultado y emparedado, condenado.

Pasaron dos, tres, cuatro días en total cuando por alguna casualidad del destino decidió frotar la lámpara. Un extraño humo azul empezó a surgir de ésta, un humo que parecía casi como incienso.

Al principio el joven se asustó, incluso si las fuerzas le estaban fallando se mantuvo firme desenvainando su sable árabe y apuntándolo contra la criatura que surgió.

Un extraño ser azul que se hizo llamar Genio que decidió concederle tres deseos, fuesen cuales fuesen.

Pero Aladdín era astuto y subestimando a la criatura decidió engañarla para lograr comida y agua sin que contase como uno de los tres deseos. El Genio a regañadientes aceptó aquello.

Fue entonces cuando decidió su primer deseo: Salir de la Cueva de las Maravillas. Aquel ser azul lo sacó como por arte de magia dejándole fuera, pero se sentía mareado y muy, muy somnoliento...


Aladdín terminó de contar la historia, la aventura que había pasado después de que Hikaru le hubiese dejado a su suerte.

Y aquí es donde vive Genio ―mostró su lámpara dorada, que parecía haberla guardado en sus pantalones holgados.

Como había dicho que pasaba cuando aparecía, un humo azul se desprendió inundando toda la habitación. Fueron unos segundos, pero después de aquello, cuando el humo desapareció a una velocidad casi imposible se dieron cuenta de que había alguien más.

Se trataba de una criatura de forma humanoide de color azul, su único vello era una pequeña coleta en la cabeza y una perilla retorcida y perfectamente cuidada, parecía ser bastante musculoso y sus brazos eran anchos como un tronco. Donde debería haber unas piernas tan solo había una especie de cola que se transparentaba hasta perderse de vista.

Su indumentaria era simple, una simple toga roja a la altura de lo que sería su cadera y un par de brazaletes dorados.

Los portadores sentirían al momento que aquella cosa era magia en estado puro.

¡¡¡UUUUUAAAAAH!!! ― el ser mágico soltó un bostezo que rivalizaba con los de Kazuki― ¿Quién osa despertarme? ―puso voz fantasmagórica mirando amenazante a los tres aprendices.

>>¿Has sido tú? ¿Tu? O tal vez.... ¡Tú! ―finalizó señalando a Kai.

De pronto, una especie de humareda rodeó por unos instantes al Genio cambiando su ropa por un traje negro con corbata y gafas de sol. De un bolsillo sacó una tarjeta de presentación.

Es un placer conoceros. Soy el todopoderoso, el genial, el fabuloso.... ¡¡¡GENIO!!! ―exclamó mientras un cartel luminoso flotante aparecía con su nombre escrito.

Repartió las tarjetas entre los tres, donde estaba escrito su nombre y un dibujo de su cara sonriente.

Kai, Hikaru y Neru, ¿verdad? ―sonrió de oreja a oreja―. Veo que tenéis algo muy interesante... ¡Hace eones desde la última vez que vi a uno de vosotros! ―les guiñó un ojo con complicidad.

¿A que te refieres, Genio? ―arqueó una ceja el joven.

Se-cre-to ―silbó ganando una mirada de enfado por parte del muchacho.
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Faltas: Hikaru 1


***

Saeko y Saito


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Saito hizo la cosa más estúpida del mundo, y tuvo consecuencias muy negativas.

En cuanto uno de los guardias vio como el joven le propinaba un puñetazo al soberano éste cargó con su lanza contra el muchacho clavándosela en un costado. El daño en el joven fue enorme y el aprendiz se vio obligado a tirarse en el suelo a causa de aquella herida que le hacía retorcerse de dolor. Para una persona normal podría llegar a ser una herida mortal, pero él era diferente a una persona normal, era un caballero de la Llave Espada, un superviviente nato por tanto.

Otros dos guardias cogieron de los brazos al aprendiz y le esposaron a gran velocidad. El príncipe, que había recibido un buen golpe miró con furia al joven.

―¡Tu! ―señaló el príncipe con los ojos inyectados en sangre―. Me las vas a pagar muy caro. ¡Guardias! Llevaoslo, quiero su cabeza como trofeo ―ordenó histérico, como si aún no se creyese que alguien hubiese osado ponerle una mano encima. Tenía cara de no haber recibido un buen derechazo en toda su vida.

Dos de los tres guardias se abrieron paso entre los vasallos, que en siguieron con su vista en silencio al muchacho esposado. Los dos guardias arrastraron al joven hacia el interior del palacio, lo más probable es que antes de ejecutarlo fuesen a llevarlo a alguna cárcel o mazmorra.

Saeko podía tratar de ayudar a su compañero arriesgándose a que la tachasen de cómplice, algo que podría hacerle fallar la misión. ¿Podía permitirse eso estando ya tan lejos? ¿No había sacrificado las vidas de aquellos ciudadanos para poder entrar? ¿Iba a hacer que aquellas muertes fuesen en vano?

Nadie se había fijado en ella, tenía total libertad de movimiento por el enorme castillo y además solo ella tenía la capacidad de tomar la decisión que podía hacerle triunfar o fallar la misión.

La responsabilidad caía sobre ella.

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Darkness Seeker » Sab Feb 22, 2014 6:04 pm

Una vez yo y Kai terminamos nuestras presentaciones, Aladdin comentó mientras nos veía:

Que nombres más exóticos, me gusta. Una trampa se activó y caí en ella de lleno ―Le confirmó a kai, tratando de responder a su pregunta.

Estuve a punto de morir, pero Alfombra me salvó de caer en ella...

Y nos resumió lo que había pasado:

~ ~


Una vez acabó de contarnos su aventura, me quedé algo extrañado con aquella historia.

¿Y dices que cuando frotaste la lámpara... apareció un genio?― Le pregunté, algo extrañado.

Y... aquí es donde vive Genio ― Dijo Aladdin, mientras nos mostraba un extraño objeto. Parecía una vulgar lámpara de aceite. Pero una vez que empezó a frotarla, una espesa humareda azul comenzó a inundar la habitación. Al poco tiempo, un par de chispas empezaron a salir de la lámpara, a la vez que unos fuegos artificales tomaban la forma de lo que parecía un humanoide.

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¡¡¡UUUUUAAAAAH!!! ― La criatura que había salido de la lámpara comenzó a decir con voz tenebrosa― ¿Quién osa despertarme?¿Has sido tú? ¿Tu? O tal vez.... ¡Tú! ―decía mientras señalaba a Kai.

Para cuando me quise dar cuenta, una pequeña humareda volvía a rodear al genio, haciendo que sus ropas cambiaran a una mucho más fomal.

Es un placer conoceros. Soy el todopoderoso, el genial, el fabuloso.... ¡¡¡GENIO!!! ―exclamó mientras un cartel luminoso flotante aparecía con su nombre escrito y nos entregaba lo que parecían unas tarjetas de visita.

No podía imaginarme lo que estaba viendo. Era simplemente increíble. En aquel momento empecé a entender porqué quizás la Maestra Lyn estaba interesada en aquella "lámpara maravillosa"

Kai, Hikaru y Neru, ¿verdad? ―sonrió de oreja a oreja―. Veo que tenéis algo muy interesante... ¡Hace eones desde la última vez que vi a uno de vosotros!

En aquel momento me quedé de piedra. !¿Era capaz de ver que éramos portadores de la llave espada?¡ ¿Que clase o nivel de magia debía tener este genio? Desde luego, para cualquier ciudadano de cualquier mundo debía de ser imposible conocer nuestra existencia, pero el Genio no sólo sabía de su existencia, sino que sabía que éramos portadores.

¿A que te refieres, Genio? ―preguntó Aladdín, sin poder entender de qué hablaba.

Se-cre-to ―silbó mientras nos dirigía la mirada y Aladdín ponía una mueca de clara duda.

Perdona que te pregunte esto Aladdin, pero... ― decidí decir para evitar cualquier posibilidad de que tratara de indagar más sobre aquél dato― ¿Ya conocías de antemano la ubicación de la lámpara? Es decir, el desierto es enorme, y no parecía haber ningún tipo de seña para encontrarte ni a tí ni ningún sitio dentro de él....

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Para ahorrar usar Quotes, si alguien quiere el gif de Genio, helo aquí:

http://stream1.gifsoup.com/view1/131828 ... enie-o.gif
LET YOUR HEART SURRENDER BY THE DARKNESS¡

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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor Tsuna » Dom Feb 23, 2014 2:19 am

Estaba cansada de permanecer quieta y de pie, sujetando todavía la bandera. Mi espalda me empezaba a castigar por la decisión que había tomado.

Aguanta, Saeko… seguro que en nada aparecerá ese Yafar por la puerta y todo habrá acabado.


Pero no fue así. Sólo bastaron unos segundos observando la puerta sin ningún resultado para que perdiera mi paciencia. Agotada, me dirigí a una zona apartada de la entrada para colocar el gran palo y relajar mis músculos… mas mi sorpresa fue mayúscula cuando al girarme vi a Saito golpeando al Príncipe.

P-Pero… ¡¿Qué se cree que hace ese idiota?! ¡¿A qué ha venido eso, acaso quiere echar a perder nuestros planes?!


Me llevé una mano a la frente, incapaz de creer lo que estaba pasando. Uno de los guardias apuñaló con su arma a Saito en un costado, y el pobre cayó al suelo herido y desangrándose.

―¡Tú! Me las vas a pagar muy caro. ¡Guardias! Llevaoslo, quiero su cabeza como trofeo.

Y dos enormes guardias, contra los que supuse que no tendría ninguna posibilidad a pesar de ser aprendiza de la Llave Espada, lo sujetaron para llevarlo a algún lugar.

Tierra trágame...


Nuestra tarea se había vuelto mucho más complicada, y ya no podía contar con él porque… iba a ser ejecutado. Sólo se me ocurría una palabra para describir la situación: Humillante. Y todo había pasado por dejar a ese idiota descerebrado andar a su aire, dejándome a mí el resto.

De mí dependía la victoria o la derrota, bien podía detenerlos allí mismo e intentar tumbarlos, pero no, no me creía capaz de acabar con semejantes guerreros, y además, Saito se tenía merecido ese pequeño castigo. Yo no iba a sacrificarme y a tirar todos los objetivos de Bastión Hueco por la borda tan solo para salvarlo, jamás. Eso era algo propio de un novato de Tierra de Partida, como Light o Nadhia. No pensaba rebajarme a eso.

Piensa, Saeko, piensa. Tan sólo mantén la cabeza fría, recuerda lo que te han enseñado, siempre mantener la cordura y pensar con claridad. Veamos… bien podría avanzar con sigilo y buscar a Yafar, esperar aquí es una pérdida de tiempo.


Había pasado un buen rato desde que entramos y nadie había acudido todavía a recibir al Príncipe, nadie prestigioso al menos. Y si la descripción de Wix no era errónea, allí no estaba Yafar.

Entonces una idea me vino a la mente, puede que por fortuna para Saito, y por desgracia para mí, pues me cargaba con más problemas encima. Tenía que encontrar a Yafar, era cierto, pero si aprovechaba su posición social para convencerlo de que liberase a Saito… todo iría de perlas.

Era el plan perfecto, tan solo dependía de mí.

Aproveché en ese momento que nadie me observaba para apartarme por completo del grupo, en silencio, con la intención de adentrarme en el enorme palacio, el cual observé y me sentí como una hormiga.

Había aprendido en las clases que la Llave Espada servía también para abrir todo tipo de puertas, incluso Ronin hizo gala de esta habilidad cuando visité el Santuario de la Reminiscencia, por lo que si me topaba con una que bloquease mi camino, con cuidado invocaría mi arma de leyenda para proseguir.

Debía actúar rápido, de lo contrario Saito sería ejecutado y quedaría yo sola.
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Re: [Agrabah] Arenas Traicioneras

Notapor James Bond » Mié Feb 26, 2014 9:10 pm

Al final sí que resultó que la persona enterrada en la arena era Aladdín. El joven parecía muy exhausto. Cuando ordenó que fuéramos a su casa, lo hicimos en una alfombra la cual si mi memoria no me fallaba, nos la encontramos antes de acceder a la sala donde estaba la lámpara.

No dije nada en todo el viaje, ni siquiera respondí a las preguntas de mis compañeros. Estaba pensando en cómo podía explicarle a Aladín el que le dejara abandonado a su suerte en aquella trampa mortal. Cuando llegamos a su casa, la cual era bastante pobre, sentí un poco de pena por él. Recordé cuando me dijo que algún día sería el príncipe y que ayudaría a la gente. Podía entender ahora ese sentimiento al ver donde y cómo vivía.

Se me hizo un nudo en la gargante y observé como se dispuso a beber agua durante un rato largo hasta que paro. Pareciera que no hubiera bebido nada durante un largo tiempo. Entonces se dirigió a mi.

Me alegra volver a verte, amigo. Por un momento creí que no habías sobrevivido. ¿Quienes te acompañan? Ah, disculpad mis modales. Mi nombre es Aladín.
Pues...
Me llamo Neru, y somos eleg... digo, amigos de Hikaru― Neru casi reveló el secreto, menos mal que se dio cuenta a tiempo y se corrigió.
Yo soy Kai Sheng, pero con Kai será suficiente. Mucho gusto en conocerle.

Tras dejar que mis compañeros se presentaran, decidí de preguntarle lo que quería a Aladín, sin embargo, Kai se me adelantó.

Don Aladín ¿podría contarnos que ocurrió después de que usted y Hikaru se separasen?
Justo a preguntarte lo mismo. ¿Cómo lograste sobrevivir a aquella caída?
Que nombres más exóticos, me gusta. Una trampa se activó y caí en ella de lleno. Estuve a punto de morir, pero Alfombra me salvó de caer en ella.

Entonces nos contó lo que le había sucedido. La mencionaba alfombra había acudido en su ayuda y le cogió al vuelo tras caerse y esquivó todos los desprendimientos que caían, sin embargo no logró alcanzar la salida antes de que se cerraran. Supuse que los desprendimientos los provocó aquel sincorazón extraño al que me enfrenté. Nos explicó que cuando pasó varios días dentro, decidió de frotar la lámpara y se le apareció un Genio gracias al cual logró salir de aquella cueva.

Así que un Genio había salido de la lámpara y usó uno de los tres deseos que le concedía para escapar. Bueno, parecía bastante creíble la historia, y eso explicaría el por que la Maestra Lyn querría la lámpara.

Y aquí es donde vive Genio― dijo mientras nos la enseñaba. La frotó y empezó a salir un humo azul como relató en su historia. Entonces apareció. Una criatura extraña de color azul, cuyas piernas eran inexistentes y eran sustituidas por una cola, mientras que el resto de su cuerpo era bastante ancho. Además, tenía una perilla lo que le daba un aspecto gracioso.

¡¡¡UUUUUAAAAAH!!! ¿Quién osa despertarme? ¿Has sido tú? ¿Tu? O tal vez... ¡Tú!― Señaló a Kai―. Es un placer conoceros. Soy el todopoderoso, el genial, el fabuloso... ¡¡¡GENIO!!!

Un cartel flotante con la palabra “GENIO” iluminada apareció delante de nosotros. Desde luego, era una presentación bastante graciosa. Nos repartió a cada uno una tarjeta de visita con su nombre y su cara sonriente.

Vaya, gracias, supongo.
Kai, Hikaru y Neru, ¿verdad? Veo que tenéis algo muy interesante... ¡Hace eones desde la última vez que vi a uno de vosotros!― Nos guiñó un ojo. Temí en aquel momento que aquella criatura pudiera conocer a los Elegidos de la Llave-Espada y que se lo revelase a Aladdín. Y como era natural, este preguntó interesado.
¿A qué te refieres, Genio?
Se-cre-to― Le respondió.

Mi compañero Neru decidió de preguntarle a Aladín si conocía la ubicación de la lámpara de antemano. Suponía que sí, por que si no, no se habría aventurado a buscarla. Yo al menos, no lo habría hecho.

Yo por mi parte, quise hacerle una pregunta a Genio.

Así que Genio, ¿ya has conocido a alguien igual que nosotros antes? ¿Y cómo has averiguado nuestros nombres sin decírtelos?
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