[Selva Profunda] Dos Mundos

Trama de Enok y Sorkas + Gata + Fyk

La aparición del bando de Bastión Hueco ha colocado a la Orden de los Caballeros de la Llave Espada en una tensión creciente difícil de remediar. ¿Llegarán a enfrentarse ambos bandos en conflicto, o será posible la paz?

Moderadores: Suzume Mizuno, Astro, Sombra

[Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Zee » Sab Mar 01, 2014 7:36 pm

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Master Yami
(Fluffing a Duck - Kevin MacLeod)


¡Eres el mejor peluchito que hemos conocido, sí, sí, así es, sí!

¡M-Ma-Maestra Yami, kupó! ¡Mi pom-pompón no, kupó!

¿Se suponía que aquello era una cita?

No, de ninguna manera. ¿Una Maestra y un moguri; en los jardines, juntos los dos, acompañados por una canasta para picnic? Imposible, sencillamente. Entonces... ¿por qué tenía la Maestra Yami a Mogrey entre sus piernas, donde no paraba de acariciar su pelaje? ¿Y, para aparente desaprobación del moguri, también su pompón?

¡A-ah, Maestra Ya-Yami, kupó!

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Bueno... "aparente" desaprobación, sí.

No había nada más que decir sobre aquella curiosa pareja. Nadie podía precisar por qué Mogrey, el bibliotecario, había sido atrapado entre las tersas y suaves de la Maestra Yami; pero contemplando con atención a los Aprendices varones que pasaban por allí, de los cuales ninguno pudo evitar que se le escaparan los ojos en cierto momento, podría advertirse que el pequeño moguri estaba en el lugar que muchos habían soñado durante décadas y que por ello sería el blanco de muchos celos. Después de todo, era cierto que Yami era la Portadora más hermosa que Tierra de Partida tenía para ofrecer; y era cierto que no precisamente pocos de los púberes que entrenaban en la Orden fantaseaban con que, una noche de luna llena, la Maestra Yami los llamara a su habitación para una "misión muy especial".

¿¡Entonces por qué, de entre tantos candidatos, la hermosa Yami había decidido tomar a un moguri entre brazos!? ¡Era una locura!

Por otro lado, era cierto que la Maestra Yami, se decía... estaba "loca".

"Incomprendida", preferirían algunos; o tal vez simplemente "enajenada". Porque no podría negarse que la supuesta locura de la Maestra Yami había sido completamente funcional y, hasta cierto punto, incluso divertida. Después de todo, había obtenido su título por méritos propios, además de que era muy apreciada por los Caballeros de la Orden por habilidades y conocimiento que, hasta el día presente, no había demostrado frente a los Aprendices.

¡M-Maestra, kupó! ¿No va a leer el libro que le traje, k-kupó? —cuestionaría el moguri en un momento dado. Y, a manera de respuesta, la Maestra Yami lo tomaría por los bracitos y lo alzaría frente a su rostro, arrugando la nariz y contemplándolo con extrañeza, diría:

¡Pero si ya lo hemos leído, tontito!

* * *

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Bastión Hueco era inmenso. Más que un castillo o una academia, aquel sitio era un completo laberinto. Y aunque había suficientes huecos y recovecos, barandales y balcones, ascensores y escalinatas, como para que Gata pudiese pulir sus habilidades, no se comparaba en lo más mínimo a los simplones tejados de Port Royal. Aquella inmensa fortaleza muy seguramente debía sobrecogerla de alguna manera, hacerla sentir pequeña o débil, o recordarle que vivía en un universo inmenso, o sencillamente entusiasmarla con una promesa de aventuras y significado en su vida.

Sólo su tercer día allí. Si era impaciente, la joven probablemente ya habría llegado a pensar que habían terminado por olvidarse de ella. Sí, había tenido un par de entrenamientos en aquel transcurso de tiempo, pero aunque los compartía con sólo un par de Aprendices, no dejaban de ser algo impersonales. Y, hasta entonces, el Maestro Ryota no le había dado la tutela ni las órdenes que tanto le había prometido.

En su lugar, se las dio alguien más. Tal vez la pequeña había estado dando una vuelta por el castillo, o tal vez había estado contemplando el mundo lejano desde el mirador, o tal vez sencillamente había decidido pasar su rato libre en su habitación. Igualmente, allá donde la joven había estado, de pronto se topó con una mujer pelirroja, pálida y de vacíos ojos color rubí que se le plantó enfrente y le clavó la mirada sin decir ni una palabra. Hubo unos cuantos segundos de silencio, al menos por su parte, durante los cuales sencillamente miró a la chica con sus extraños ojos. Estaban vivos, sin duda alguna, por ese brillo en particular que toda persona tenía; pero aun así, había algún matiz en ellos que los volvía... inhumanos.

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Eres la gata. La segunda que hemos tenido aquí.

Su declaración vino de la nada. No hubo ni una señal previa de que la joven estuviese a punto de hablar, por lo que sus palabras fueron inesperadas. E igualmente inesperado fue su gesto: sin explicación alguna, tomó a Gata de la muñeca y, con fuerza mas con cortesía, la apremió a que la siguiera. Directa y cortante, simplemente añadió:

Has sido llamada a una misión.

* * *

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Master Rebecca
(Deliberate Thought - Kevin Macleod)


¡Ya-Yami...!

Quienes estuviesen observando la extraña situación, contemplarían cómo la Maestra Rebecca descendía por las escaleras traseras del castillo a zancadas, bajando los escalones en grupos de dos o tres. En cuanto sus pies tocaron el césped, comenzó a andar con rapidez, aunque sin correr, hacia su compañera. Mientras la joven cruzaba el espacio que la separaba de Yami, ésta última detuvo los mimos que le estaba dedicando a Mogrey y miró al frente, reconociendo la presencia de la otra chica con una risita.

¡Becca Bequita! ¿Estás listita a explorar los tesoros de la selvita? —cuestionó, levantando finalmente las manos para extenderlas en dirección a su compañera. Aprovechando la oportunidad, Mogrey se alejó de la Maestra, aunque lo único que pudo hacer fue rodar ridículamente por el césped hasta que logró apartarse un par de pasos—. ¡Mogreysito incluso nos trajo ese librito!

Rebecca se acercó hasta la otra Maestra y, sentándose de rodillas, tomó el volumen al que Yami se refería. Miró el título por unos minutos y luego lo abrió en una página al azar, para posteriormente ojearlo sin prestarle mucha atención. Volvió a alzar la mirada, encontrándose con la de la otra joven, e inquirió:

Yami, este libro... Llevas meses con este libro de taxonomía... ¿Umm, de verdad crees que...?

¡Sé lo que vimos, Becca! ¡Un hombre bestia, sí sí sí, una bestia hombre, surcando la selva como una saeta!

>>¡Y ya verás, ellos nos ayudarán a encontrarlo, esos lindísimos niños de allí!


Enok, Fyk y Sorkas habían estado escuchando; por mera casualidad, seguramente. Tal vez se habían quedado un rato ya, contemplando a la Maestra Yami; o tal vez sólo habían estado cruzando aquella sección de los jardines en el momento equivocado. Pero de cualquier manera el dedo inquisidor de Yami los apuntó a los tres, por turnos, marcándolos como los elegidos para...

¿...para qué.....?

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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Soul Eater » Sab Mar 01, 2014 11:56 pm

-¿Qué se supone que estoy haciendo aquí?- Sonrío sin un ápice de alegría. Posiblemente sea la centésima vez en tres días que me hago la misma pregunta. Abro los ojos, que me devuelven el color azulado del cielo, y me incorporo en el tejado donde había estado tumbada. No puedo contener una ligera mueca. Todavía me duelen un poco los hombros por intentar liberarme de la presa de Ryota.

Me deslizo con agilidad hasta el suelo del castillo, no sin antes asegurarme bien de donde pongo los pies. Después de un par de caídas por confiar demasiado en mi habilidad adquirida en Port Royal, no pensaba dejar que ese castillo me la jugase de nuevo. Es demasiado grande... es cierto que eso tenía su lado bueno: cada esquina puede convertirse en un escondite, y saltar y correr de un lado a otro casi resulta entretenido por aquí... pero no me gusta. Simplemente se trata de que los tejados antes eran mi refugio, a dónde nadie podía llegar. Y este sitio... bueno, no está lo que se dice lleno de gente, pero aún hay algunas personas. -Pero los tejados tampoco eran seguros- me recuerdo a mí misma, descontenta.

Tal vez todo se reduce a que toda la fortaleza me es hostil. Pese a que me habían dado una habitación donde (en teoría) podía dormir sin preocuparme de que me atacaran, todavía sigo buscando algún escondite mejor para hacerme una guarida. Había pasado las tres noches con la puerta atrancada y el oído atento a cualquier ruido sospechoso, mientras aferraba mi daga entre las manos. Incluso seguía llevando las ropas sucias y raídas que traje desde la ciudad marítima, negándome a conseguir otras mejores o incluso a ponerme zapatos. Simplemente, me siento prisionera en este lugar. Tal vez hubiera aceptado (de alguna manera) esta especie de cautividad por voluntad propia, pero eso no quitaba que fuera desagradable. Lo único bueno es que hacía tres días que no sentía hambre.

-¿Y ahora qué?- Después de haber pasado toda la vida tratando llegar a ver un nuevo amanecer, nunca había tenido "tiempo libre" por así decirlo. Así que los días pasaban muy lentos en aquel lugar, donde no tenía nada que hacer. Y ese supuesto entrenamiento que me haría más fuerte había quedado relegado al olvido. Y no acabo de entender para que me mantienen aquí, sin pedirme y sin darme nada. Y también por centésima vez en los tres días vuelvo a pensar en escaparme. Y por centésima vez decido esperar un poco más.

Deambulo por el castillo vacío, procurando no encontrarme con nadie, mientras invoco y desconvoco la extraña llave para entretenerme. Procuro acallar los sentimientos de ira y cierto desengaño que se llevan instalando en mi corazón desde que llegue a este sitio. Sé que no me llevaran a ninguna parte. Y sin embargo, siguen ahí. Lo peor de este lugar no es solo que al final no me estén enseñando nada, sino que además me estoy dando cuenta de que no soy tan experta en las pocas cosas de las que estaba orgullosa. Ni se me da tan bien correr por los tejados, ni evitar a las personas.

Porque delante de mí hay una mujer que no había visto todavía. Tampoco es que sea extraño, no conozco a prácticamente nadie aquí. Pero por su forma de quedarse parada mirándome no me queda más remedio que aceptar que me estaba buscando y que, obviamente, me ha encontrado sin que yo haya podido hacer nada por evitarlo. Desvío la mirada, molesta más conmigo misma que con ella, aunque en seguida vuelvo a levantarla para mirarla a la cara.

No me gusta. Coloco la llave espada frente a mí, como si se tratara de un escudo, mientras mi mano izquierda se dirige al lugar donde guardo mi cuchillo. Sus ojos no son los de una persona normal, son demasiado fríos, demasiado espeluznantes.

-¿Qué quieres?- pregunto bruscamente, incómoda por su prolongado silencio.

-Eres la gata. La segunda que tenemos por aquí--

-¿Qué...?- La sorpresa me hace bajar la guardia involuntariamente. Craso error, porque la desconocida aprovecha para cogerme de la muñeca y arrastrarme con ella.

-Has sido llamada a una misión-- añade. Con la diestra y la llave espada inutilizadas, me debato con fuerza para liberarme de su presa, llegando incluso a sacar mi daga para tratar de hacerle un corte en la mano si es necesario.

-Sé caminar solita- siseo con auténtica furia, tratando de recordar que no puedo lanzarme a su cuello porque lo más probable es que ella me derrote, y aún en el improbable caso de que yo consiguiera algo, luego posiblemente tendría que tener algunas "palabras" con Ryota. Y lo cierto es que no quiero volver a pasar por eso.

-¿Una misión?- me veo obligada a acabar preguntando pese a lo molesta que me siento. Me surgen un montón de interrogantes en la cabeza, pero solo uno llega a mis labios -¿Y por qué yo? ¿Por qué soy la única que no tiene más remedio que cumplir con lo que mandéis?

Me extraña que entre toda la gente que haya en este castillo me hayan llamado a mí. Comparada con el resto de aprendices, y por mucho que me duela admitirlo, no me cabe duda de que soy la más débil. Y me fastidia que después de que ellos no hayan cumplido su parte y no me hayan enseñado nada, yo sí que tenga que cumplir. Pero nadie dijo que esto fuera justo y el fuerte se aprovecha de los que no se le pueden oponer. Así que supongo que no me queda otro remedio que cumplir lo que me manden.

-¿Y cómo que soy la segunda gata?- añado sin poder contener la curiosidad a pesar del enfado. -¿Qué quieres decir con eso?-
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Enok 0

Notapor Sheldon » Dom Mar 02, 2014 10:37 pm

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Enok estornudó. Unas pequeñas gotitas de saliva salieron disparadas hacía el vacío y terminaron cayendo al suelo de su habitación, movidas por la fuerza de la gravedad. Había dormido con la ropa empapada del día anterior ya que no se sentía con fuerzas para hacer nada y ahora comenzaba a resfriarse. Debía descansar. Hacía casi media hora que se había despertado, tiempo que había dedicado en arreglar su cuarto del desorden y el caos al que se había sometido durante todo el anterior día. Al menos había amanecido despejado, con un sol que iluminaba y replegaba toda la vegetación de Tierra de Partida. La naturaleza en si parecía participar de los sentimientos humanos, regulando la lluvia del día anterior con la luz, mediando los estados de animo de los habitantes del universo.

Agua.

El aprendiz tomó su diario, el cual había dejado en el armario. Todavía seguía húmedo aunque la tinta ya se había secado formando enormes y agresivas manchas en todas las páginas, menos en aquella. Aún se desdibujaban en la página del centro esas runas y símbolos tan extraños. Todo era tan raro, tan cercano y a la vez tan misterioso que asustaba al chico y le hacía querer destrozar los restos de sus recuerdos. Pero algo los retenía aun en su memoria y en sus brazos, algo que desconocía.

Suspiró y cerró la libreta. Se acercó hasta la ventana junto a su escritorio y la abrió, dejando que la brisa de la mañana se colase y deshiciese aquella sensación de humedad que repelía la piel del aprendiz. Depositó el libro en la cornisa del ventanal y lo abrió por una página al azar. Se disponía a realizar un hechizo piro. A pesar de no dominar aquel tipo de magia, la fuerza del conjuro sería bastante reducida, por lo que no supondría un gran problema. Y así lo hizo, de su mano comenzó a brotar una leve corriente de aire caluroso que acariciaba las páginas del diario conforme Enok las iba pasando. Cuando hubo terminado, sonrió. Era una sonrisa distante y melancólica, olvidada. El aprendiz devolvió la libreta al armario. Si repetía el proceso unas cuantas veces probablemente el diario no sufriría mas.

Bostezó y de pronto se percató de que en el suelo descansaba inerte una pequeña bola azulada. Se agachó y la recogió. Era un caramelo de sal marina, el que le había dado Menos durante la función circense. Lo depositó sobre el escritorio algo pensativo. En el fondo todo había sido bastante divertido aunque ya no importaba. Enok se quitó la sudadera y la camiseta que vestía y se miró en el espejo del baño. Ojeras, tenía unas ojeras enormes. Su barriga resonó pidiendo la comida que no había recibido el día anterior. No había tiempo de arreglarse, pronto cerrarían la cafetería por lo que el chico se cambio de pantalones rápidamente y cogió la primera camiseta que vio, una de motivos rallados en la que se alternaba un color amarillo chillón y el mas oscuro de los negros. Dio un portazo y atravesó todo el camino a la cafetería a paso rápido, bajando las escaleras de cuatro en cuatro.

El comedor estaba cerrando el servicio de desayunos justo en el momento en el que el aprendiz entró exhalando una bocanada de aire. Varios moguris resoplaron. No era la primera vez que Enok había llegado en último momento. Le acercaron un tazón de leche y un pequeño trozo de pan tostado, frío y en proceso de convertirse en incomible. El comedor estaba totalmente vacío y ya empezaban a limpiar las mesas, por lo que el chico decidió salir a los jardines a degustar el intento de desayuno. Con sumo cuidado e intentando no derramar ni una gota de la taza tomó asiento en un pequeño banco junto a la puerta de acceso al castillo. Los aprendices habían empezado sus entrenamientos, por lo que había poca gente en los alrededores de los jardines.

Enok se bebió la leche en varios sorbos y notó como su estómago se lo agradecía, aunque fuese solo un poco. Acto seguido, tomó la tostada y se dispuso a ingerirla cuando localizó a la maestra Yami sentada bajo en el césped, hablando con una chica que no reconoció pero que si había visto por los pasillos mientras sujetaba a un moguri. Hacía mucho tiempo que no se encontraba o veía a Yami por Tierra de Partida y ya había empezado a pensar que le había ocurrido algún tipo de contratiempo. Pero allí estaba, debatiendo con ella misma mientras besuqueaba y abrazaba al peluchito. Parecía en cierto modo una discusión acalorada la que mantenía con la chica a juzgar por el nerviosismo del que hacía gala la joven.

Pero aquello no había echo nada mas que empezar. La maestra señaló al aprendiz que había estado observándole con el desayuno entre las manos. La tostada calló al suelo. Acto seguido señaló a otras dos personas. Enok no sabía que significaba aquella inquisición, solo sentía vergüenza y un deseo ferviente de no haberse dado prisa para mendigar un mísero desayuno.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Final Fan » Lun Mar 03, 2014 12:48 am

¿Pero otra vez...?

Era ya la segunda ocasión desde mi vuelta a Tierra de Partida que un Maestro me encasquetaba una misión casi por casualidad. Esta vez fue Yami, la maestra a la que todos llamaban loca. Nunca había tenido un trato demasiado directo con ella, pero sí había oído anécdotas sobre sus extraños gustos y maneras. Me acerqué a donde ella estaba, un poco a desgana.

Sí, se suponía que los aprendices estaban eran acogidos con el resto de Caballeros para que éstos los instruyesen. Y las misiones en otros mundos eran una instrucción muy buena, para qué negarlo. ¿Pero les iba a matar darnos un trato un poco más personalizado? ¡A veces daba la impresión de que nos trataban sólo como carne de cañón!

Al lado de Yami se encontraba otra Maestra con la que casi no había tratado en mi tiempo como aprendiz: Rebecca. Era una persona muy callada, aunque por su mirada pareciese que tenía mucho que decir. Parecía un poco más accesible que Yami, desde luego, pero parecía tan confusa como yo en aquel momento.

Em, Aprendiz Fykhjaal. De Kazuki —me presenté, al llegar, suponiendo que no sabrían mi nombre. Me dirigí entonces a Yami—. Eh... hola. Um. ¿Esto significa que nos va a encomendar una misión? ¿Tenemos que prepararnos o...?

Aquello era muy difícil. Pasé mi vista a la Maestra Rebecca.

¿Usted sabe algo? Parecían... um, parecían estar discutiendo algo o... Bueno, no sé.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Sorkas » Mié Mar 05, 2014 9:35 pm

Me encontraba en los jardines de Tierra de Partida apoyado contra el muro de uno de los edificios contemplando la escena. Y vaya escena…

Mi “Maestra”, no tenía muy claro si podía considerarla como tal, achuchaba en contra de su voluntad a uno de los moguris. El moguri no paraba de quejarse, pero la Maestra Yami hacía caso omiso.

Resoplé abatido. Me aburría. Me aburría mucho. Desde que Yami era mi maestra los entrenamientos se habían ido distanciando en el tiempo, y la calidad de ellos era… cuanto menos cuestionable. Cada minuto que observaba menos ilusiones me hacía de poder entrenar hoy. Volví a resoplar.

Al menos tenía tiempo para pensar. Los recuerdos de mi último viaje aun me acompañaban, incluso me martiricé pensando que no lograba sacarme el olor a cenizas y mierda de la ropa. No sabría decir muy bien qué salió mal en aquella misión, pero desde luego fue otro fracaso. Fruncí el ceño y lancé otra mirada a mi Maestra. Para que las cosas salgan bien debería entrenar.

En ese instante, se había unido a mi Maestra otra, Rebecca se llamaba si mal no recordaba. Apenas la había visto deambular por el castillo, pero nunca había cruzado palabra alguna con ella. Parecían mantener una conversación extraña, como no había otra manera si uno de los participantes era Yami. Por supuesto, mi Maestra no perdía su sonrisa y su alegría en el rostro, pero la Maestra Rebecca.

De repente, y sin que me lo esperase, Yami me señaló. A mí y a otros dos aprendices que desgraciadamente para ellos pasaban por allí. Me fijé que uno de ellos era ese extraterrestre azul que me había acompañado a Ciudad de Paso la última vez que fui. Me resultó extraño verle pues había desaparecido en plena misión y había oído rumores de que se había marchado. Debían de ser falsos, evidentemente.

Me acerqué con cara indiferente a Yami y la pregunté:

¿Por fin vamos a entrenar?
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Zee » Dom Mar 16, 2014 12:26 am

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¿Una misión? —cuestionó la joven Gata, molesta por la sencillez con la que aquella mujer la había arrastrado de la muñeca. La chica no se cortó: no tuvo problema alguno en demostrar su enfado en el tono de su voz; sin embargo, la pelirroja no pareció interesada por su actitud—.¿Y por qué yo? ¿Por qué soy la única que no tiene más remedio que cumplir con lo que mandéis?

Hay cuatro Maestros, quince Aprendices y una Guardiana en este castillo —señaló la otra, respondiendo a la pregunta de la chica—.Todos tenemos responsabilidades que nos competen. No eres, de ninguna manera, especial.

Aquello no podía sonar muy agradable para la joven. Lo menos que necesitaba una recién reclutada como ella era que alguien decidiese bajarle los ánimos con una declaración tan cruda y poco animosa. "No eres especial" era, muy seguramente, lo último que Gata quería escuchar en aquel momento, después de que las dudas y las preguntas sobre su decisión de convertirse en Aprendiza hubiesen germinado.

¿Y cómo que soy la segunda gata?Qué quieres decir con eso?-

Solía haber alguien más. Ella era una híbrida, una felina de verdad —declaró simplemente—. Pero ya no.

>>Muchos nos dejan. Encuentran otro camino; o simplemente... mueren.


Después de aquel crudo comentario, emprendieron camino. Caminaron por un buen rato, recorriendo el amplio castillo. En todo momento, la mujer iba sujetando a Gata. No con fuerza, pero sí con determinación y autoridad. Hubo un incómodo silencio entre ambas, sin embargo.

Hisa Wix.

Fue lo único que la mujer dijo en cuanto soltó a Gata de la muñeca, una vez la había llevado a donde querían. Ambas mujeres habían salido a uno de los miradores del castillo, uno que se encontraba directamente sobre la entrada principal y desde donde podía observarse la ciudad en su totalidad. Las montañas de hielo y el cielo violeta de aquel mundo siempre eran algo hermoso y digno de contemplar, al menos durante unos cuantos segundos.

Irás conmigo. Por favor, invoca tu Glider.

Si la Aprendiza se aventuraba a preguntar a dónde iban o cuál sería su misión, la Guardiana respondería:

Selva Profunda. Si quieres hacer algo antes de partir, dímelo ahora.

* * *

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Master Rebecca


Em, Aprendiz Fykhjaal. De Kazuki. —la Maestra Rebecca sonrió gentilmente al ver a Fyk acercarse a ellas—.Eh... hola. Um. ¿Esto significa que nos va a encomendar una misión? ¿Tenemos que prepararnos o...?

Oh, lo siento... —se excusó la joven, llevándose la mano a la boca. Luego, como si quisiera arreglar el problema, extendió aún más su sonrisa—. Es sólo que Yami... umm, la Maestra Yami tuvo, esta... umm... —el volumen de su voz bajó hasta convertirse en un susurro— ¿Cómo llamarla...? ¿Visión?

¡Vimos al hombre-bestia-mono-lobo en una de mis misiones! —exclamó Yami con entusiasmo, tanto que abrazó con fuerza a Mogrey, amenazando con asfixiarlo—. ¡Saltando entre las líneas y balanceándose de los árboles, o tal vez viceversa!

¿Por fin vamos a entrenar? —preguntó Sorkas, sin embargo. La joven miró con una chispa en sus ojos a su Aprendiz, emocionada... pero pronto ésta desapareció al ser comprendido el mensaje.

¿No te... agradan nuestros entrenamientos...? —cuestionó la Maestra con decepción—. ¡Pero has aprendido tantas cosa, como las propiedades medicinales del jamón y la técnica correcta de montura de un Chocobo!

>>¡Ésas son importantes lecciones de vida, mi Aprendiz! ¡No se trata sólo de batear con una espada y escupir hechizos, no, mi niño!


La Maestra Rebecca dejó salir una risita en ese momento, algo que intentó disfrazar al cubrirse la boca con la punta de los dedos. En vano.

¡Mi pequeño pequeñito, si de verdad quieres entrenar, esta misión será tu oportunidad perfecta! —exclamó la Maestra Yami, poniéndose de pie (y soltando a Mogrey antes) y comenzando a dar volteretas. Danzarina, comenzó a alejarse de sus Aprendices, abrazando su libro con cariño.

Rebecca permaneciendo un momento en silencio, observando a su compañera alejarse hacia el castillo. Luego dejó salir un suspiro, aunque en su rostro se dibujó una sonrisa divertida.

Podéis ir a preparar lo que sea necesario —declaró la Maestra. Miró a los dos Aprendices que estaban junto a ella y luego a Enok, que todavía se encontraba un poco apartado—. Vosotros tres, ¿no? Fyk, Sorkas y Enok —¿la Maestra sabía sus nombres?—. Estaré esperando aquí.

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Enok 1

Notapor Sheldon » Dom Mar 16, 2014 2:47 am

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Los dos jóvenes a los que había señalado la Maestra Yami se acercaron con cierto aire de desdén junto al peculiar trio que se había formado en torno al moguri que Yami sostenía y presionaba entre sus brazos. Enok no sabía que hacer, si deslizarse evitando toda atención o acercarse al grupo. Mientras su mente exprimía cientos de ideas para evadirse, se fijó en el aspecto que ofrecían aquellos otros aprendices que habían sido llamados. A pesar de que estaban de espaldas a Enok, se podía intuir su físico completo. Uno de ellos, el que parecía estar debatiendo con Yami, presentaba una actitud mas indiferente, fría en cierto modo. Una larga y esbelta mata de pelo recorría gran parte de su rostro y caía sobre sus hombros alternando un puñado de mechones blanquecinos con un profundo negro. Vestía unos ropajes bastante barrocos, recargados, que alternaban tonalidades oscuras con ocres y grises. Resultaba bastante desconcertante pretender analizar todos los detalles que físicamente ofrecía aquella persona. Por otra parte, el segundo de los aprendices era, si cabía, mas singular. Diminuto, azulado y muy redondeado, con una enorme cabeza sobre la que resaltaban lineas de un color mas claro. A simple vista, parecía bastante divertido, con una chispa que Enok no sabía nombrar. No obstante, algo en su rostro le recordaba una serie de responsabilidades que manifestaba al pie de la letra y que anulaban aquella asociación instantánea.

Azorado ante la posibilidad de que aquellas personas se acercasen hacia él, decidió tomar la iniciativa no sin sentir la vergüenza correr por sus venas y murmurar la evasión como alternativa jugosa. Se incorporó y tomó el pan tostado del suelo. Estaba siendo recorrido por un pequeño insecto que desconcertado, se alejó volando rápidamente. Enok suspiró y depositó lo que quedaba de su desayuno en una papelera cercana. Reteniendo una bocanada de aire, volvió la vista hacia el grupo. La Maestra Yami acababa de alejarse de la escena, adentrándose en el castillo mientras divagaba ensoñada en sus pensamientos. El chico no perdió tiempo y se acercó al conjunto. La otra joven que había acompañado a Yami estaba hablando con los dos aprendices, informándoles someramente de algo que Enok no pudo escuchar, con un rostro amigable. De pronto se detuvo y les miró. Acto seguido, fijo su vista en Enok, que avanzaba a tientas a espaldas de los otros dos alumnos. El chico sonrojó de inmediato y agachó la cabeza. Avanzó unos pasos hasta colocarse a una distancia suficiente para entender a la joven.

Vosotros tres, ¿no? Fyk, Sorkas y Enok. Estaré esperando aquí.

Enok exhaló débilmente una bocanada de aire. Se encontraba perdido y confuso. La conversación anterior había sido tan rápida y aparentemente superficial que, aunada a los nervios y la tensión que suponía haber sido sorprendido en aquel momento, no dio tiempo al aprendiz a escucharla. De cualquier manera las circunstancias daban a pensar que el tema de aquel alboroto se trataba de una misión mas a llevar a cabo. Si aquello era cierto, el chico consideraba que había sido demasiado precipitado ya que creía que necesitaba descansar tras las experiencias que habían venido sucediendo desde hacía unos días.

Cesó sus pensamientos y volvió a dirigir una mirada a los que parecían haberse convertido en sus compañeros. Lo único que no necesitaba Enok en aquel momento era hablar con alguien o que alguien le dirigiese la palabra. Suspiró y miró al cielo. No obstante, podría resultar entretenido.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Final Fan » Mar Mar 18, 2014 12:54 am

La primera impresión que tuve tras hablar con la Maestra Rebecca fue la de una persona con la que era bastante fácil hablar. Parecía el polo opuesto a la Maestra Yami en aquel aspecto. Comentó algo sobre una visión, tras lo que Yami se dedicó a parlotear sobre la criatura que había aparecido en ella. Se fue brincando tras una apresurada intervención, tras la cual nos dejó solos a los aprendices con Rebecca.

Podéis ir a preparar lo que sea necesario. Vosotros tres, ¿no? Fyk, Sorkas y Enok. Estaré esperando aquí.

Asentí, un tanto intrigado por el asunto a pesar de la resignación con la que había tenido que aceptar la misión. Me volví entonces hacia los que serían mis compañeros en aquella extraña búsqueda. Ya conocía a Sorkas de la vez que fui con Maya a Ciudad de Paso para evitar que hiciese alguna tontería, junto con aquel chico llamado Light.

Pues, eh... Cuánto tiempo, ¿no? —lo saludé—. Y tú debes ser, um... ¿Cómo ha dicho...? Enok, eso. Yo soy Fykhjaal, pero todo el mundo me llama Fyk.

Señalé con el pulgar a la Maestra Rebecca para recalcar el fundamento de mis últimas palabras. Enok no parecía una persona muy abierta, por la forma que tenía de clavar la vista en el suelo de tanto en tanto. Decidí no atosigarlo demasiado y esperar a que estuviese más cómodo antes de intentar entablar una conversación con él.

Um. ¿Tenéis algo que ir a buscar? Si tenéis que ir al castillo os acompaño. Os acompaño y paso por mi habitación, digo, ya que estoy.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Sorkas » Mar Mar 18, 2014 1:27 am

Mientras mi Maestra comenzaba uno de sus múltiples delirios sobres bestias mitológicas o directamente inventadas por ella misma, realice mi pregunta aunque sin muchas ilusiones de recibir una respuesta que me complaciera.

A la Maestra Yami se le encendieron los ojos como si hubiese dicho algo interesante, aunque rápidamente cambió su expresión. Tratándose de ella no sabía si sentir miedo, emoción o… nada.

¿No te... agradan nuestros entrenamientos...? ¡Pero has aprendido tantas cosas, como las propiedades medicinales del jamón y la técnica correcta de montura de un Chocobo!

>>¡Ésas son importantes lecciones de vida, mi Aprendiz! ¡No se trata sólo de batear con una espada y escupir hechizos, no, mi niño!


Suspiré extasiado. Por un momento imaginé que iba a recibir una respuesta seria. ¡Qué ingenuo era! A menudo me preguntaba qué había hecho para merecer a esta Maestra. Por enésima vez me acordé de mi antigua Maestra… Estaba claro que con compañeras como la Maestra Yami se entendía su decisión de marcharse a Bastión Hueco.

Borré esos pensamientos inapropiados para esta y cualquier otra situación y pensé si se esperaba alguna respuesta por mi parte. ¡Qué ingenuo volvía a ser! ¡Cómo si a ella le importaba lo que opinase!
Por otro lado, no se me escapó el detalle de la otra Maestra que no pudo reprimir unas risas ahogadas. No cabía duda de que la Maestra Yami solía ser el hazmerreír de sus compañeros.

¡Mi pequeño pequeñito, si de verdad quieres entrenar, esta misión será tu oportunidad perfecta!

Y dicho esto se marchó de la forma más estrafalaria posible. No cabía esperar otra cosa de mi Maestra. Mi Maestra… En fin.

Al menos parecía que iba a tener algo de acción lo que no me parecía una mala idea. Cualquier cosa que tuviese mi mente ocupada y sin dejarla pensar en sucesos pasados era bienvenido. Y como mis entrenamientos, si es que se les podía llamar de esa manera, no lograban ni de lejos ser una distracción importante.

Finalmente, la Maestra Rebecca nos invitó a prepararnos para la misión.

Pues, eh... Cuánto tiempo, ¿no? —me saludó el pequeño extraterrestre azul.

Yo lo miré con cara de enfado simulado.

Sí, espero que esta vez no nos abandones. —dije con una voz que sonó más fría de lo que pretendía. Al final forcé una sonrisa para que se percatara de que era una broma, tal vez demasiado tarde.

Luego, Fyk se presentó al otro chico que había permanecido más alejado de nosotros. Fue entonces que me fijé más detenidamente en él. Sinceramente, no hubo nada que me llamase la atención, tal vez que era más alto de lo normal. Pero aparte de eso, parecía un chico de lo más normal. Lo que en sí ya era raro, la gran mayoría de las personas que poblaban Tierra de Partida no tenían nada de normal, todas ellas tenían algún rasgo que los caracterizaba, quizá demasiado. Y para muestra de ello que mejor que el extraterrestre azul que tenía a mi lado, o la Maestra que se había ido dando volteretas y hablaba de un hombre-mono. La verdad, me alegraba ver gente más normal por aquí, al menos en apariencia.

Y yo soy Sorkas, encantado. —saludé después de Fyk.

Um. ¿Tenéis algo que ir a buscar? Si tenéis que ir al castillo os acompaño —se ofreció el extraterrestre—. Os acompaño y paso por mi habitación, digo, ya que estoy.

No, creo que no tengo nada que reco…—me paré de golpe al recordar cierto objeto—, ¡sí! Tengo que recoger cierta cosa de mi habitación.

Las Navidades pasadas había recibido como regalo cierto objeto extraño con forma de dragón que todavía no había usado. Los Maestros a los que pregunté me habían dicho que encerraba el poder de una poderosa criatura. Evidentemente, no me vendría mal. Y con la forma de un dragón, estaba bastante claro cuál bicho se suponía que encerraba.

Sin embargo, antes de emprender la marcha me giré hacia la Maestra Rebecca.

Esto… ¿A dónde se supone que vamos? —cuestioné—. Ya tuve problemas con la ropa en mi última misión. —reconocí avergonzado.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Soul Eater » Mar Mar 18, 2014 4:45 pm

-Hay cuatro Maestros, quince Aprendices y una Guardiana en este castillo.Todos tenemos responsabilidades que nos competen. No eres, de ninguna manera, especial- dice la mujer secamente. -Menuda novedad- pienso para mis adentros, cada vez más molesta por la desconocida, que me resulta realmente desagradable. Aunque lo cierto es que nadie me ha comentado acerca de que responsabilidades se supone que debo tener. Pero no sé de que me extraño, ¿por qué iba nadie a decirme nada?

¿Y cómo que soy la segunda gata? ¿Qué quieres decir con eso?-

-Solía haber alguien más. Ella era una híbrida, una felina de verdad. Pero ya no.

-¿Pero ya no...?- le pregunto con curiosidad, y algo herida en mi orgullo por eso de "una felina de verdad". No necesito tener rasgos de gato para tener más común con ellos que lo que podría cualquier "híbrida".

-Muchos nos dejan. Encuentran otro camino; o simplemente... mueren.-

¿Con todo el mundo es igual de agradable? No lo dudo ni por un momento. -A fin de cuentas, no soy especial ¿verdad? Lo que quiere decir que siempre es igual de encantadora...-. Me pregunto si sus palabras contienen una amenaza, o incluso una advertencia. Sea como sea, me parece innecesaria, no tengo ninguna intención de morir, eso lo tengo muy claro. Y me pregunto con algo de malicia que es lo que le ocurriría realmente a la otra gata. Si se murió no sería muy animal que digamos... -aunque tal vez estuviera domesticada- pienso con desprecio.

Seguimos avanzando por el castillo, sin que me soltara de la muñeca, degradación a la que no tengo más remedio que conformarme. Cuando llegamos al mirador, me suelta finalmente diciendo -Hisa Wix

-¿Se supone que ese es su nombre? Bien por ella, no me importa en absoluto-

Irás conmigo. Por favor, invoca tu Glider.- Aparto la mirada, totalmente hastiada. Si al menos fuera sola habría tenido un poco de libertad para hacer lo que quisiera, y quizá incluso largarme para no volver. Pero es obvio que eso solo había sido un deseo imposible. Aun así, tener que ir con esa mujer era más de lo que mis nervios podían soportar. Aunque la perspectiva de viajar a un nuevo mundo hizo que al menos me calmara un poco, porque ¿para que tendría que invocar mi Glider si no?

-¿A dónde vamos?- le pregunto, mientras lanzo la llave, que vuelve en forma de lo que solo se me ocurre la palabra "patines" para nombrar, y me recubro con mi armadura negra.

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-Selva Profunda. Si quieres hacer algo antes de partir, dímelo ahora.

Niego con la cabeza, mientras me aseguro de que llevo mi cuchillo conmigo. La llave-espada siempre puedo invocarla y no tengo ninguna otra posesión de valor. -Selva Profunda- ¿qué clase de lugar será ese? Sonrío para mis adentros. Parece salvaje, y si es así, probablemente me sienta como en casa.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Final Fan » Jue Mar 27, 2014 4:30 am

Tras escuchar la respuesta de la Maestra Rebecca, me adelanté hacia el castillo. Tras dar unos pasos, me di la vuelta e insté a Sorkas y a Enok a que me acompañasen. Había dicho que sólo los acompañaría de paso, pero había caído en la cuenta de que tenía mi escudo en mi cuarto. No me convenía irme de Tierra de Partida sin él.

Durante el camino, decidí forzarme a entrenar mis habilidades de conversación. Al principio había pensado que con el tiempo acabaría recuperando la confianza, pero meses sin apenas hablar con nadie me habían pasado una factura más cara de lo que creía.

Eh... —comencé, mientras caminábamos por los pasillos—, bueno, he estado fuera una... temporada. ¿Algo que destacar de los últimos meses? No quiero ir por ahí apestando a, um, desinformación. O algo así.

Cuando llegamos a la puerta de mi cuarto me metí unos segundos para sacar el broquel del armario y me reuní con Sorkas y Enok en un santiamén, cerrando la puerta a mi salida.

Yo ya estoy. Cuando estéis listos volvamos rápido. Con la Maestra Rebecca, digo. No sé si... No sé si corre prisa o algo, pero, um, no conviene hacer esperar, supongo.
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Enok 2

Notapor Sheldon » Sab Mar 29, 2014 1:05 am

Pues, eh... Cuánto tiempo, ¿no? — dijo el pequeño ser azulado dirigiéndose hacía el otro chico. A juzgar por sus palabras ya se conocían.

Sí, espero que esta vez no nos abandones.— respondió el aprendiz, con una actitud distante y con un cierto aire de recelo subsanado por una mueca un tanto forzada. Enok le miró de reojo al sentir que había comenzado a analizar su apariencia. Deseaba apartarse cuanto antes de aquella persona por el miedo a defraudarle.

Y tú debes ser, um... ¿Cómo ha dicho...? Enok, eso. Yo soy Fykhjaal, pero todo el mundo me llama Fyk.— Continuó el diminuto aprendiz esta vez refiriéndose a Enok, quien levantó levemente la mirada y asintió débilmente en un intento por devolver el saludo. Aquel nombre se clavó en su mente como una aguja. Nunca había escuchado ni conocido a alguien que respondiese por un nombre de aquel carácter aunque evidentemente y a juzgar por la forma física de aquel pequeño aprendiz, no era de extrañar que se llamase así. Poseía una voz dulce similar a la de un niño. Enok no pudo mas que sonreír para sus adentros, liberando un pequeña parte de sus nervios.

Y yo soy Sorkas, encantado.— aportó el cortante joven. Enok volvió a mirarle de reojo aunque solo pudo responder al saludo con un suspiro. Levantó la vista para mirar hacia los lados, mientras buscaba alguna palabra con la que contestar a aquellas personas.

Um. ¿Tenéis algo que ir a buscar? Si tenéis que ir al castillo os acompaño —preguntó Fyk con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro—. Os acompaño y paso por mi habitación, digo, ya que estoy.

Enok asintió de nuevo aunque con mayor fuerza. Sorkas, por su parte, respondió al ofrecimiento de Fyk con un pequeño debate interno en su memoria, que terminó con una respuesta afirmativa. A decir verdad, Enok no sabía que podía recoger de su habitación ya que no poseía nada realmente importante. Suspiró para sus adentros. Cogería lo primero que encontrase en su habitación a fin de poder excusar haber acompañado a lo que parecían ser sus nuevos compañeros de misión. Justo antes de que emprendiesen el camino hacia el castillo, Sorkas se volvió a la chica que había estado acompañando a la Maestra Yami y le preguntó el destino al que viajarían. Enok quedó impresionado por la respuesta aunque pronto recordó el vergonzoso momento que había pasado en aquel lugar junto a Yami por lo que despejó aquel recuerdo de su memoria. Cuando el aprendiz volvió su vista, pudo observar como Fyk se encontraba haciendo señas para que siguiesen avanzando.

Eh... —dijo el pequeño Fyk, queriendo iniciar una conversación— bueno, he estado fuera una... temporada. ¿Algo que destacar de los últimos meses? No quiero ir por ahí apestando a, um, desinformación. O algo así.

Pues la verdad...apenas me encuentro informado...de ya sabes... lo que ocurre en este lugar. —respondió Enok tartamudeando mientras notaba como toda su cara enrojecía de vergüenza. Eran las primeras palabras ante aquellas personas que acababa de conocer y muy posiblemente las últimas.

El grupo continuó avanzando hasta llegar al área de los dormitorios. Enok se dirigió con la cabeza gacha a su habitación. Cerró la puerta tras de si y apoyándose sobre ella suspiró. Todo era muy precipitado y rápido. Volvió a derramar un poco de la poca felicidad de la que gozaba en otro suspiro. Acto seguido y un tanto meditabundo, se dispuso a buscar en su armario una ropa mas adecuada y algo menos llamativa ya que no convenía llamar demasiado la atención con aquellos estridentes colores. Se puso una camiseta de un color grisáceo y lo mas pantalones mas ágiles que poseía. Justo cuando se dispuso a abandonar su habitación se encontró de bruces con un pequeño objeto sobre una estantería, su ocarina. La tomó y paso sus dedos sobre ella. Estaba bastante sucia, marcada por una fina linea de polvo. Sopló sobre ella y pasó su manga limpiando superficialmente el instrumento para posteriormente guardarla en su bolsillo. Ya había funcionado con anterioridad por lo que podría ser útil de nuevo. Salió de la habitación y bloqueó la puerta. Aquel día iba a ser bastante largo por lo que sus pertenencias estarían solitarias y sin supervisión en aquel lugar. Además estaba el diario...

...No sé si corre prisa o algo, pero, um, no conviene hacer esperar, supongo.— fue lo único que pudo escuchar Enok a unos metros de distancia.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Zee » Mié Abr 02, 2014 10:35 am

A los Aprendices les alcanzó el tiempo para ir a sus habitaciones y prepararse para su viaje. Mientras volvían al castillo y recogían lo que tuviesen que recoger, la Maestra Rebecca esperó pacientemente sentada en el césped, satisfecha con la compañía de nada más que la brisa y los insectos de Tierra de Partida. La Maestra parecía ser una joven tranquila, que encontraba placer en las pequeñas cosas; si era aquella la razón por la que era distante y algo tímida, no podían saberlo con certeza, pero quedaba claro que al menos se esforzaba por superar aquella faceta y ser una mejor tutora para los Aprendices.

Por eso hizo lo mejor para responder las preguntas de los chicos. O al menos la de Sorkas, que fue la única cuestión que se alzó en ese momento. Tendrían tiempo de formular otras durante el viaje, e incluso durante la misión, por lo que no era ningún problema. La Maestra Rebecca parecía estar encantada de responder.

Es un mundo hermoso, es... es uno de mis preferidos —comenzó a explicar, con suavidad—. Selva Profunda, la llamamos y es... bueno, ya lo veréis. Hay tantos árboles, y son altísimos... y el agua es tan fresca y cristalina... Los animales son preciosos, desde las coloridas mariposas hasta... hasta los salvajes jaguares —Rebecca le dedicó una sonrisa a Sorkas— Algunos dicen que es peligrosa, pero... mientras no molestes a la selva, la selva cuidará de ti. Y te, umm... te aseguro que te encantará.

>>La Maestra Yami cree haber visto a un hombre-bestia las últimas veces que ha estado allí
—Rebecca miró a Enok, perfectamente consciente que el joven ya había visitado ese mundo con anterioridad—. Tiene sus momentos peculiares, Yami, pero... sus ojos no engañan. Si ella vio algo, y si lo hizo en varios viajes, es porque es cierto.

>>Hay exploradores en ese mundo de vez en cuando. Científicos, biólogos, cazadores... Pero... ¿un nativo?
—la Maestra negó con la cabeza—. No ha habido tribus en esa selva desde hace siglos. La última fue... —Rebecca se llevó un dedo a los labios y alzó la mirada al cielo, meditativa. El flequillo se le cayó hacia atrás y los Aprendices contemplaron las quemaduras que tenía en el lado derecho del rostro, que generalmente prefería cubrir a medias—. Si la esclavitud interplanetaria terminó en el... umm... en el año... Oh, no lo recuerdo

Rebecca se rascó la sien, haciendo un último esfuerzo. Fue en vano, no obstante, por lo que al final se disculpó al agachar la cabeza:

Hay muchos... libros en la biblioteca y... y... algunos incluso los escribieron Portadores. Maestros —la chica alzó la cabeza y miró en dirección al castillo, para después sonreír. De la puerta de los jardines iba saliendo la Maestra Yami, bajando las escaleras a saltitos. Había cambiado su kimono por un vestido largo, pero de tela delgada y aparentemente fresca, de los mismos tonos que usualmente llevaba. Se había puesto también un amplio sombrero de paja y una pequeña capa, y cargaba además con una pequeña cesta, abierta, como para recolectar tesoros silvestres.

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Esto no es la Maestra Yami, pero es un buen aproximado
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¡Partamos de Tierra de Partida! —exclamó con entusiasmo.

*¨*¨*


Lo primero que Gata notaría era que Wix no parecía estar dispuesta a acompañarla. Aunque era cierto que le había pedido que se colocara la Armadura e invocase su Glider, la mujer no había hecho lo mismo. Permanecía viendo al cielo, serena, sin hacer ningún movimiento. No llamó a su Llave-Espada y no le dio un golpecito a ninguna pieza de metal. Sólo la chica se ocupó de hacerlo. ¿Le estaría jugando una broma? ¿No había dicho que iba a acompañarla?

Entonces Wix le extendió lo que parecía ser un pequeño pergamino a la joven. En él había sido dibujada una cuadrícula, con varios puntos dispersos de aquí y allá, muchos de ellos marcados con combinaciones extrañas de números y símbolos. Uno de esos puntos había sido remarcado con una tinta de color rojo y, si Gata supiese leer, entendería las palabras "Bastión Hueco" anotadas a un lado. Otro había sido marcado con una 'X' del mismo color.

Es tu primera misión y se espera que te acostumbres al viaje con Glider —explicó la mujer, apuntando con el dedo al pequeño punto marcado con la 'X'—. Nos veremos aquí. Y de regreso, te mostraré la otra manera que los Portadores tienen para viajar.

Bueno, Gata podría animarse. No tendría que aguantar la compañía de aquella mujer durante el viaje.

*¨*¨*

Cuando finalmente se las arregló para llegar al mundo, descubrió que era muy diferente de lo que había visto jamás. Acostumbrada a la costa y al puerto, semejante cantidad de verde era sencillamente impresionante. Todo lo que podía ver bajo ella, conforme bajaba con el Glider, estaba tapizado de árboles. Podía ver solamente un grupo de montañas y una playa en la lejanía, ambas conectadas por un río, pero salvo aquellas dos particulares zonas, el resto era una selva profunda.

Es decir... ¿dónde iba aterrizar?

Por lo pronto, tenía aquellas dos opciones. Podía descender en las montañas, evidentemente la opción más sencilla, y continuar río abajo; o aterrizar en la playa y continuar río arriba. De cualquier manera, ¿cuál era su objetivo? ¿Y dónde exactamente tenía que ver a Wix?

Había una última opción, pero no era recomendable... y esa era aterrizar directamente sobre la selva, intentando encontrar algún camino entre los tupidos árboles. Pero no sabía dónde podía terminar, ni tampoco sabía si podía bajar con seguridad.


Para los jóvenes de Tierra de Partida, sin embargo, la elección fue bastante diferente. Los tres jóvenes, guiados por las dos Maestras, llegaron a Selva Profunda un poco después que la Aprendiza de Bastión Hueco. Ellos no pudieron decidir exactamente dónde bajar, pues fue Yami quien lo hizo por ellos.

Sólo habían llegado al mundo y la Maestra apuntó con su dedo a un sitio perdido entre los árboles. Su voz salió enmudecida del casco y el viento también la arrastró un poco, pero podían estar casi seguros que la escucharon decir <<¡La guarida del hombre-bestia!>>. Prácticamente salió disparada. Rebecca se giró hacia los Aprendices, como asegurándose que seguían detrás de ellas, y luego siguió a la Maestra Yami.

Los chicos aterrizaron en... ¿una casa del árbol? ¿Cómo se las había arreglado la Maestra para encontrar eso? Apenas y podía advertirse su existencia, tan oculta entre la vegetación. Una vez cerca, sí, era inevitable verla, puesto que estaba construida con madera clara y había sido colocada en un sitio alto en comparación con el resto de la selva. Pero desde la lejanía; o peor, desde el suelo... era sencillamente imposible dar con ella.

Esto será una buena práctica para misiones de exploración —declaró la Maestra Rebecca una vez todos se quitaron la Armadura. Yami había desaparecido en el interior de la casa, emocionada, mientras que ellos cuatro todavía permanecían fuera de ésta, frente a la puerta principal. Bajo ellos se extendía la gran selva, a la que podían bajar con cuidado usando las escaleras que habían sido clavadas en el árbol o usando un ascensor improvisado con un viejo bote salvavidas. Parecía, de cualquier manera, que la Maestra les estaba dando permiso de separarse.

Podían bajar por esos dos caminos, por supuesto, o también podían quedarse con cualquiera de las dos jóvenes Portadoras. Dependía de ellos.
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—You're like that coffee machine: from bean to cup, you fuck up—

~Dondequiera que el arte de la medicina es amado,
también hay un amor a la humanidad~


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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Sorkas » Vie Abr 04, 2014 12:12 am

Mientras los tres caminábamos hacia nuestras habitaciones el ser azul habló… de manera muy peculiar, cómo si le diera vergüenza.

Eh... Bueno, he estado fuera una... temporada. ¿Algo que destacar de los últimos meses? No quiero ir por ahí apestando a, um, desinformación. O algo así.

Así que era cierto que se había ido… Pero, ¿entonces había regresado? ¿Tal vez había intentado unirse a los de Bastión Hueco? Esa era una pregunta peligrosa y que no iba a hacer nada bueno ahora mismo. Aun así, el azulado extraterrestre era si cabía más interesante de lo que ya aparentaba.

Pues la verdad —contestó el otro aprendiz, Enok o algo así se llamaba—...apenas me encuentro informado...de ya sabes... lo que ocurre en este lugar.

Vaya, no había respondido a mi saludo anteriormente y por fin parecía que sabía hablar. Al parecer me habían tocado dos compañeros tímidos, y junto a mí que no soy excelso en palabras, iba a resultar una misión muy silenciosa. Sonreí interiormente. Seguro que Yami se iba a divertir mucho, bueno, más de lo que se suele divertir normalmente que ya es bastante.

Mmm… —entré en la conversación pensando en los más relevantes acontecimientos—. Al parecer los que estaban detrás de lo de Ciudad de Paso están montando bastante follón. Light y varias más personas siguen metidos en esos asuntos, incluso he oído que los de Bastión Hueco están rondando por ahí. Aun así, hace poco han sacado un periódico aquí que te cuenta lo que está pasando.

La verdad era que no me había leído nada del periódico ese, pero tal vez a Fyk le interesaba.

Ya en mi habitación, hice una mueca al ver la situación. Estaba todo en completo desorden, la ropa por el suelo, la cama sin hacer. Yo nunca había sido así, pero aquí… Que si entrenamiento, que si misión, que si… Al parecer el comportamiento de mi Maestra se me estaba pegando. Suspiré y me lancé al primer montón de “cosas” a buscar aquella figura de dragón. “¡Oh!”, parecía que tenía suerte, allí estaba, a la primera. La guardé a buen recaudo. Aquello era un buen presagio.

Me volvía a reunir con mis compañeros y regresamos con la Maestra Rebecca. Una vez allí la Maestra nos explicó la misión con más detalle. Viajaríamos a un mundo llamado Selva Profunda, cuyo nombre dejaba claro el tipo de mundo que sería. La Maestra se tomó un momento para describir las maravillas de aquel mundo, parecía que le gustaba mucho. Incluso me sonrió de repente, al pillarme por sorpresa no pude evitar un leve enrojecimiento de mi cara. Finalmente pasó a la historia de mi Maestra sobre un hombre que vivía allí entre los animales. No pude sino sorprenderme de que la Maestra Rebecca tomase en serio a Yami. No podía imaginarme qué había hecho Yami en el pasado para que la tuviesen tan en serio, a mí no me había demostrado nada de momento.

Mientras Rebecca repasaba sus clases de historia en alto me fijé en que mi Maestra volvía saltando como era costumbre en ella. Sin embargo, había dejado atrás su atuendo característico por algo mucho más… campechano. Nadie podía dudar de su belleza, al menos, hasta que abriese la boca. Sin darnos tiempo a decir nada, mi Maestra se dispuso a iniciar el viaje, así que invoqué mi armadura y mi glider y la seguí obedientemente.

***
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La sensación de volar era fantástica, y el poder viajar entre mundos de aquella manera sin duda era una de las mejores cosas de ser Aprendiz de la Llave Espada, así que intentaba disfrutar lo máximo el tiempo que pasaba montado en mi glider.

A la llegada a Selva Profunda, se podía sentir a Yami apuntando con el dedo y gritando algo incompresible. Tampoco hice mucho por entender que intentaba decir, si tuviese que prestar atención a todo lo que dice… Aun así todos la seguimos a dónde se suponía que debíamos aterrizar, aunque yo solo veía árboles por todos lados. Pero como la Maestra Rebecca la siguió pues yo también, al menos de ella sí me fiaba.

Sorprendentemente, una casa de madera escondida entre tanta vegetación surgió ante nosotros. Aterrizamos suavemente y recogimos armaduras y gliders mientras Yami seguía a lo suyo.

Esto será una buena práctica para misiones de exploración —nos dijo la Maestra Rebecca.

Al parecer no iban a venir con nosotros. Bueno eso era lo normal en las misiones así que nada. Miré alrededor primeramente para confirmar que lo único que se veía era selva, selva y más selva. A parte de la casa de madera solo había árboles. Suspiré profundamente. Explorar eso iba a resultar algo tedioso.

Me acerqué a mis compañeros.

Bueno, parece que esto nos llevará algún tiempo —dije amistosamente—. Así que mejor empezar cuanto antes, ¿no?

Y dicho esto me encaminé el primero a bajar por las escaleras del árbol a la superficie de la selva.
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Re: [Selva Profunda] Dos Mundos

Notapor Final Fan » Vie Abr 04, 2014 1:16 am

Bueno, parece que esto nos llevará algún tiempo. Así que mejor empezar cuanto antes, ¿no?

¿Eh? No, no, espera... —respondí a Sorkas.

Sin embargo, se adelantó hacia las escaleras para bajarlas hacia el nivel inferior de la selva. Yami había desaparecido dentro de aquella casa y Rebecca seguía allí quieta, quizás manteniéndose como punto de referencia.

¿Cómo sabe la Maestra Yami que esta es la guarida del hombre bestia? ¿Es aquí donde lo vio? —le pregunté a la Maestra.

Busqué a Enok con la mirada, para ver si él tenía la misma duda. Luego me giré hacia la dirección por la que se había ido Sorkas.

¡¡Sorkaaaas!! —exclamé, ampliando mi voz con las manos para que me oyese desde entre los árboles—. Um. ¡¡Creo que deberíamos explorar primero por aquí!!

Esperé un momento para ver si respondía y suspiré.

Uh... Creo que es la mejor pista que tenemos por ahora, ¿no? Digo yo. Luego ya nos separaremos si no lo encontramos. —propuse—. Enok, iré a donde tú vayas.
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