[Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Trama de Maya, Gonax, Lune y Jeanne + Ragun

La aparente traición de Tierra de Partida en un acuerdo de paz provocó el anuncio de la guerra por parte de Bastión Hueco. Los aprendices deben enfrentarse entre sí, entre antiguos amigos y compañeros. ¿Cómo lograrán sobrevivir cuando otras amenazas acechan?

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

[Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor EspeYuna » Dom May 11, 2014 12:52 am

Tears of Light - KH BBS OST
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Un hombre de grandes riquezas tuvo que enfrentar la grave enfermedad de su esposa durante un verano abrasador. La mujer, sabiendo que se acercaba su fin, llamó a la hija de ambos para dedicarle con cariño las siguientes palabras:

Hija mía, sé buena y piadosa, Dios te protegerá desde el cielo... y yo también. Jamás me apartaré de tu lado.

Al caer la última hoja de otoño, la mujer cerró los ojos y espiró. La niña fue todos los días a llorar al sepulcro de su madre, llevándole las flores que tanto le habían gustado en vida y cumpliendo su promesa al regalarle al viudo tiernas y bondadosas sonrisas, acompañándole en el difícil duelo por el que pasaba. Llegó el invierno, y la nieve cubrió con un blanco manto la tumba de la mujer.

Llegó la primavera, y el sol regaló a las flores del campo su grácil luz.

Entonces, el padre de la pequeña se casó de nuevo. Y comenzaron los malos tiempos para la pobre huérfana.

*****


Ragun quizás no estaba preparado para salir de Bastión Hueco, o tal vez sí. Desde que regresaron del mundo informático, la tensión en el ambiente era más que palpable. Y no porque, al contrario, pensara que en Tierra de Partida las cosas debían estar peor con un Maestro tirano, cínico y cruel. Ellos tenían un problema preocupante, y era el estado de salud del Maestro Ryota.

Apenas se sabía sobre él, y tanto Ariasu como Nanashi no decían palabra alguna durante los entrenamientos. Ellas eran las únicas que podían verle y comprobar si cabía esperanza alguna para él.

Había pasado una semana, y no había indicios, al menos, de que Ryota fuera a morir. Pero, igualmente, la preocupación era inminente, sobretodo de aquellos que eran sus pupilos.

Aquel día, Ragun fue convocado a la Sala del Trono, encontrándose a Shinju por el camino. Ésta, ignorando por completo al aprendiz durante todo el trayecto hacia su destino, fue la primera en abrir los dos grandes portones que daban a la sala donde esperaba la Maestra Nanashi. Seguidamente alguien más entró, un aprendiz nuevo, de nombre Gonax.

Y aunque la situación fuera ante todo delicada, aquella mujer mostraba un porte envidiable para cualquiera de los presentes. Cerró el pequeño libro que sostenía entre sus manos cuando se escuchó a alguien tras Shinju y Ragun cerrar las puertas: Diana Thorn.

La muchacha se colocó al lado de los tres, y aunque se encontrara a cierta distancia de los dos muchachos, estos no pudieron evitar la agradable y placentera sensación del olor que desprendía Diana. A pesar de que Ragun estuviera más que acostumbrado, le era muy, muy complicado prestar atención si ella andaba cerca. Eso sí, se dio cuenta de que Diana no le regalaba ningún guiño travieso, y eso le entristecía. Gonax, en cambio, lo experimentaba por primera vez y era una sensación maravillosa, que ante todo no se daba cuenta de que podía ser un auténtico problema.

A las pocas horas de reunirse con Nanashi, los cuatro aprendices habían aterrizado en el bosque de un mundo en particular. Habían sido mandados a una especie de investigación acerca de los sincorazón de la zona: al parecer, en cierto punto de entre los árboles, los enemigos de la Llave-Espada se detenían y no avanzaban más allá.

Una investigación que podría haber esperado, con los problemas que existían últimamente dentro del castillo, los comentarios sobre la guerra o los rumores sobre el estado de salud del Maestro. Pero Nanashi, ante las quejas de Shinju o las dudas de Diana, dejó claro que aunque Ryota no estuviera ahora en condiciones, su deseo sería que todos no se detuvieran dentro de lo que él mismo había construido.

Shinju no paraba de quejarse desde que aterrizaron, y Diana ladeaba la cabeza hacia el otro lado del bosque, más llano y luminoso. A las dos no parecían interesarles en absoluto la misión.

Había dos caminos: adentrarse en las profundidades del bosque, o dirigirse hacia las zonas más llanas y libres de vegetación, a donde Diana prestaba, claramente, toda su atención.

*****


Laughter and merriment - KHII OST (Extended)
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¡Estáis lindos, lindísimos, mis chocobitos! ¡Sí, sí!

Salir con Yami fuera de Tierra de Partida podría ser, para algunos, un auténtico suplicio. O puede que no tanto. Desde que habían regresado de La Red, algunos aprendices intentaban no cruzarse con Ronin por los pasillos. O con cualquiera de los demás maestros. Sin embargo, la despreocupación de aquella mujer era contagiosa y puede que al menos una pizca de su excentricidad consiguiera distraer a Maya, quien había vivido dichos sucesos de primera mano. Otros, como Jeanne o Lune, no sabían a qué se debía la tensión por los rincones del castillo, siendo unos primerizos dentro de la Orden, o que les diera miedo preguntar con los rumores que llegaban a sus oídos sobre una guerra. O puede que tampoco le hubieran dado importancia alguna.

La Maestra los había acorralado con sus extraños bailes y giros imposibles para regalarles unas invitaciones. Según Yami, una vieja amiga se las había obsequiado en un mundo "maravilloso" para asistir a un baile de la realeza. Dando a entender las ganas que tenía por probar el jazmín con toda variedad del banquete real, u opinar o criticar sobre los feos vestidos de las caza-hombres, puso ojos de corderito degollado a los tres, en pos de que le acompañaran.

No era tiempo para juegos, estaban a punto de comenzar una guerra, ¿qué demonios se le pasaba a Yami por la cabeza?

Chocobos, jamón y jazmín. Nada más.

Los tres, aceptaran o no la propuesta, serían arrastrados literalmente por la mujer, que aunque parecía de cuerpo frágil bajo aquel vistoso atuendo denominado "kimono", tenía una fuerza sobrehumana.

Cuando los cuatro llegaron a su destino, aterrizaron en unos hermosos jardines a las afueras de palacio. ¡Sí, un palacio precioso y blanco como el marfil! Parecía brillar con luz propia y los invitados llegaban de todas partes en sus carros o caballos para asistir. Sospechoso que la mayoría fueran mujeres... bastante desesperadas por ser las primeras en entrar.

Pero lo que menos estaban dispuestos a tolerar los tres aprendices de Tierra de Partida eran... los atuendos que les había dado Yami para asistir al baile.

Más pomposos, incómodos y llamativos imposibles. Daba auténtica vergüenza ir con aquello puesto, apenas podían dar tres pasos sin caerse de bruces contra el suelo o sin que sonara algún roto por las zonas bajas de lo ajustados que le estaban. Y, para colmo, no paraban de escuchar risitas a su alrededor, bajo los abanicos de las recién llegadas.

Maya quizás estaba acostumbrada a las locuras de Yami, o puede que estuviera igual de desesperada que los dos primerizos. Todavía existía alguna posibilidad de que los tres pudieran escapar de aquella situación sin que Yami los descubriera.

¿Pero dejarían pasar la oportunidad de asistir a una celebración de tal calibre?

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Bienvenidos, chocobitos, a vuestra trama. A los primerizos, espero que os lo paséis bien ^^
PD: ¡Es tiempo para presentaciones y escoger camino! ¡Suerte!
Fecha límite: Viernes, 16 de Mayo
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor Sombra » Dom May 11, 2014 5:23 am

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Kingdom Hearts BBS - Sad princess


Bastión Hueco no estaba en sus mejores momentos. La ausencia de nuestro líder; el Maestro Ryota se notaba mucho y entre todos nosotros se respiraba una tensión que resultaba tan densa que parecía que pudiese llegar a palpar. No sabía si era a causa de los nuevos traidores hacia Tierra de Partida (como habían actuado los aprendices más veteranos con nosotros al principio) o por otra razón, pero una cosa era segura. El normalmente tranquilo silencio se había vuelto inquietante. Aquello era así desde hacía una semana, cuando el suceso con Erased y todo lo demás había acontecido.

Estábamos en guerra y aquello significaba que tarde o temprano Tierra de Partida vendría a eliminarnos si no lo hacíamos nosotros primero y sin nuestro líder al frente... ¿Teníamos posibilidades de ganar? Éramos muy pocos incluso si teníamos algunos nuevos miembros entre nosotros, aunque algunos eran prometedores, como Alec.

Tragué saliva mientras caminaba por los pasillos meditando en la posibilidad de tener que segar las vidas de aquellos que había considerado amigos en alguna ocasión, con quienes había luchado codo con codo. También cabía la posibilidad de que fueran ellos quienes acabasen conmigo, algo que me ponía nervioso.

El eco de mis pisadas era prácticamente lo único que podía escucharse en los tenebrosos pasillos iluminados tan solo por unas pocas luces.

Subí en el telesférico principal para llegar a la planta donde estaba la sala del trono. Nanashi me había convocado para una misión, aunque desconocía por completo la naturaleza de ésta o los compañeros que tendría.

Mientras caminaba en dirección a la puerta escuché unos pasos a mi espalda, pude ver a Shinju con su típico vestido sobrecargado y de estilo gótico. La chica se adelantó sin dirigirme ni un solo saludo a pesar de pasar a mi lado.

Yo también me alegro de verte ―murmuré sarcástico siguiéndola de cerca. La joven se aproximó a los portones de la sala del trono y empujó moviendo aquellas enormes puertas con cierta facilidad. Me avergonzaba decir que cuando había llegado a Bastión Hueco tenía problemas para abrir aquel tipo de puertas, por suerte aquello ya no era así.

Atravesé el salón hasta quedar a una distancia prudencial de los escalones donde estaban los tronos, allí nos esperaba Nanashi, que como siempre mantenía una expresión calmada y firme incluso en aquella situación tan extrema. Tan solo había tenido una ocasión de verla perder la compostura, y aquello había acontecido en nuestra fatídica misión en Villain´s Vale, donde uno de nuestros compañeros había... Bueno, era demasiado malo como para tratar de pensar en ello en aquel momento.

<<Pobre Ban>>

También había alguien más que no conocía de nada y que llegó al poco rato, un muchacho albino bastante paliducho y delgado hasta el punto de parecer que pudiese quebrar sus huesos con insultante facilidad. A mi parecer tenía cara de haberse levantado con el pie izquierdo, eso o estaba enfadado con todo el mundo por algún motivo desconocido.

<<Parece que alguien no ha cagado a gusto hoy, genial>>

La Maestra cerró un pequeño libro que había estado leyendo hasta hacía unos momentos y finalmente, una última persona hizo acto de presencia: Diana. La atracción que su simple presencia provocaba era impresionante, pese a que poco a poco lograba acostumbrarme a su poder incluso siendo medianamente inmune a su poder (o eso creía creer al menos)

Pero es que era tan guapa... Y cada vez que la veía no podía evitar recordar aquel dulce, dulce beso que...

<<Concéntrate>>

Aparté aquellos pensamientos empleando toda mi fuerza de voluntad atendiendo a Nanashi y todo lo que dijese respecto a nuestra tarea.

Teníamos que viajar a un mundo llamado "Castillo de los Sueños", sentía curiosidad por aquel nombre e incluso llegué a pensar que podría tratarse del mundo de Xefil, donde todo el mundo dormía aparentemente, sin embargo recordaba que no se le conocía por ese nombre, aunque tampoco recordaba por como era conocido.

Cuando acabamos de concretar los detalles más importantes atravesamos el intersticio saliendo desde el mirador del castillo. Me vi tentado a hablarle a Diana sobre lo que había pasado entre nosotros, pero me mantuve en silencio teniendo en cuenta que probablemente ni ella ni nadie tuviese humor para aquel tipo de cosas relevantes en aquel momento.

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Dark Cloud - Old Forest


Aterrizamos en un bosque bastante frondoso, donde desmaterializamos nuestros Gliders y armaduras. Por lo que Nanashi nos había informado, en algún punto del bosque los sincorazón no se atrevían a avanzar. No llegaba a entender por qué podrían comportarse así, pero si se trataba de investigar sincorazón era obvio que tenía que participar. Quería comprenderlos mejor, aquella sería mi tarea como aprendiz y algún día maestro.

<<No son monstruos, tiene que haber un motivo detrás de todas sus acciones>>


Miré a mis compañeros de misión, Shinju seguía quejándose diciendo cosas como que era más importante vigilar el castillo y similares, Diana parecía tener una opinión parecida, pero de tenerla al menos no lo compartía. Estaba rara y... me preocupaba.

<<Mierda, otra vez no. No dejes que tus emociones...>>

El albino también parecía tan indeciso como yo en aquel momento. Teníamos dos caminos, uno llevaba a lo más profundo del bosque mientras que el otro lugar parecía mucho más abierto. Observé a Diana en silencio un tanto cautivado.

Era como si la chica perteneciese a aquel bosque, como si todo aquel lugar fuese un escenario creado especialmente para ella.

Bien, supongo que deberíamos separarnos ―comenté tras un incómodo silencio―. Diana, ¿vamos? ―la llamé mientras hacía amago de ir hacia la zona más llana donde la muchacha había puesto toda su atención.

La verdad es que me llamaba más el otro camino, pero quería estar con ella a solas y abrazarla, y besarla y...

<<Ragun, controla tus hormonas>>

Me mordí la lengua haciéndome a mí mismo un poco de daño (sin llegar a hacerme heridas) tratando de que el estímulo provocado por el dolor lograse hacer que el efecto de su magia disminuyese un poco. Era muy contradictorio lo que sentía por ella, sabía más que de sobra que su poder era lo que provocaba que me sintiese raro cuando estaba a su lado, pero no era algo que me resultase del todo desagradable incluso había momentos (como aquel) en el que voluntariamente deseaba estar un poco con ella, sentía cierta curiosidad.

<<No te dejes engatusar, no te dejes engatusar, no te dejes engatusar>>

Era muy fácil pensar así, lo difícil era obedecerse a uno mismo cuando una influencia mayor interceptaba tus intentos por controlarte.

Si Diana accedía finalmente a ir por el mismo sendero que yo no podría evitar mantenerme en silencio durante varios minutos. Tenerla cerca hacía que me pusiese algo nervioso y las palabras parecían no querer salir de mi boca. Pero no quería perder la oportunidad de conocerla más a fondo.

¿Qué piensas de todo esto? Erased, la guerra... ―aclaré tras hacer mi pregunta―. Siento como si no entendiese absolutamente nada, ¿no te pasa algo igual?

No podría haber dicho alguna gilipollez mejor porque no había entrenado para ello.

Dime, ¿por qué decidiste abandonar Tierra de Partida? ―sabía que era una pregunta demasiado personal, por lo que acto seguido añadí―: No te sientas obligada a contestar, es simple curiosidad. Llevamos dos años entrenando juntos y siento que apenas te conozco, supongo que me gustaría aprender un poco más de aquellos con los que lucho.
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor GonaxHS » Dom May 11, 2014 5:24 pm

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Buenos días... ¿eh?

Acababa de llegar a mi nuevo hogar, y aún no estaba acostumbrado a las habitaciones individuales. Sin embargo, sabia que me acabaría gustando. En el fondo, era mas tranquilidad.

No recordaba cuanto tiempo llevaba en Bastión Hueco, pero era poco, y hasta ese día no había hecho nada importante, pero tenía que ir a ver a Nanashi, y algunos aprendices, para ir de misión. Me reconfortaba saber que entre todos los maestros que podían encargarme alguna misión, fuese Nanashi. Aunque aún no estaba seguro de cuantos había. Ella me dio mi llave espada, y le estaría siempre agradecido. Ademas, sentía un gran respeto por ella.

<<Que... que bien huele>> Una chica de la que aun no conocía el nombre, lo que era normal, había entrado en la Sala del trono, en la que estábamos Nanashi, la chica que acababa de aparecer, otra chica mas que no me dirigió ni una mirada, y un aprendiz con el pelo morado y notablemente mayor que yo. Durante un instante me miro con una cara extraña, como diciendo “¿Y este de donde sale?” Eso me puso de mala uva. Como si yo conociera a alguien. Aunque, claro, ¿Quien podía enfadarse con esa chica tan embelesadora al lado y su fantástica fragancia?

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Pocas horas después de la reunión en la Sala del Trono, desmontábamos nuestros gliders en un bosque del Castillo de los Sueños. La chica que no olía espectacularmente, Shinju se llamaba, empezó a quejarse nada mas poner un pie en el suelo. Diana, la chica de la fantástica fragancia, miraba fijamente hacia un llano amplio y luminoso.

El objetivo de nuestra misión era investigar una zona del bosque que ni los sincorazones se atrevían a traspasar. Ragun fue el primero en romper el silencio.

Bien, supongo que deberíamos separarnos . Diana, ¿vamos?

Saqué en claro dos cosas del pelimorado, que se llamaba Ragun. Primero, estaba enamorado de Diana. No pude evitar pensar <<Y quien no.>>, pero sus relaciones no eran de mi incumbencia. Y segundo, que seguiría a Diana hasta el llano si hacía falta aunque nuestra misión debía llevarnos al bosque. También, que pasaba algo con una guerra, de la que yo no sabía nada. En realidad, tampoco quería saberlo. Era mas importante presentarme como es debido con la gente con la que iba a pasar esa misión, y probablemente algunas mas.

Eh, pelim... Ragun. Soy Gonax, aprendiz recién llegado. Encantado de hacer esta misión contigo. ―Temía que la parte del “Encantado de conocerte" había sonado demasiado forzada. Hice lo propio con Diana y Shinju, presentándome también.

Solo quedaba escoger un camino. Diana y Ragun iban a ir, en principio hacia el llano. Shinju simplemente se quejaba. Puestos a escoger, decidí ir hacia el llano. La idea de separarnos, como había propuesto Ragun, me parecía mas un plan para quedarse a solas con Diana.

<<Lo que, por supuesto, no me importa.>>

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Espero saber levar bien a mi personaje, estoy un poco nervioso. Y es genial estar esta primera trama.
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor 15nuxalxv » Dom May 11, 2014 5:45 pm

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Desde que había llegado a Tierra de Partida, notaba el ambiente tenso. Muy tenso. Asfixiante, incluso. No dejaba de preguntarme a mi misma que había podido pasar antes de mi llegada, que creara aquella insana atmósfera. Y tampoco me atrevía a preguntar, por temor a incomodar o enfadar a alguien. Sola y sin conocer a nadie, lo único que podía hacer era esperar que los acontecimientos me dieran la solución, el quid de la cuestión.

Claro, había oído hablar (en retazos de conversación entre alumnos que pasaban a mi lado) sobre una guerra. ¿La Orden estaba en guerra? ¿Con quién? Y lo más alarmante (al menos en mi caso), ¿cómo iba a defenderse una novel como yo de lo que estuviera por venir, sea lo que fuere?

Ignoraba tantas cosas, que era casi equivalente a desconocerlas todas.

En esto era en lo que pensaba mientras una Maestra (que se presentó como Yami), dando cabriolas, nos entregaba unos papeles a mí y a otros dos aprendices: un chico, algo más joven que yo (en Tierra de Partida habían muchos aprendices de menor edad, por lo que había observado), de pelo negro como el azabache y ojos del mismo color, delgado y vestido con ropajes negros; y una muchacha mucho más pequeña, pelirroja y de poca estatura, ojos verdes y mejillas sonrosadas, vestida con una túnica blanca y un sobrero púrpura.

¡Estáis lindos, lindísimos, mis chocobitos! ¡Sí, sí! 

Mientras me preguntaba por qué la Maestra Yami me había elegido justo a mí, una novata; y qué demonios era un “chocobito”, miré el papel que me había tendido. ¿Una invitación a un baile en un mundo llamado Castillo de los Sueños? ¿En plena guerra? Aquella mujer, vestida con un kimono, parecía más preocupada en jazmín y vestidos que en enfrentamientos.

Miré extrañada a los otros dos aprendices. ¿Aceptarían ellos la propuesta? Pese a su excentricidad, era una Maestra, después de todo. ¿Tal vez fuera una prueba disfrazada, y el entusiasmo de la Maestra, fingido? Sí así era, tenía unas grandes dotes de actriz.

Reflexioné. Si declinaba la invitación, probablemente me esperaba otro día de entrenamiento, como mucho. Además, era una oportunidad estupenda de cambiar de aires, relajarse un poco y de paso, conocer un nuevo mundo. ¿Qué había de malo en ello?

Yo voyafirmé, lo más segura que pude.Después de todo, no hay nada mejor que hacer hoy.

Al aceptar voluntariamente, seguramente me evitara ser arrastrada por la Maestra Yami, que no parecía aceptar un no por respuesta. Así con fuerza la invitación y suspiré. ¿Qué era lo peor que podría pasar?

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¿Que qué era lo peor? Por ejemplo, llevar unos ostentosos vestidos, hasta llegar a ser ridículos, con los que no me veía ni los pies. Las faldas se enganchaban a cualquier cosa que hubiera alrededor, por lo que estuve a punto de caer al suelo en varias ocasiones; el corsé me asfixiaba y me impedía respirar; los colores me dañaban la vista... Una verdadera joya, en fin.

Aterrizamos los Glider en unos bellos jardines llenos de flores exóticas, que me recordaron a los que relataba mi madre, cuando me contaba cómo era Vergel Radiante. No estábamos solos, si no que otros invitados (noté que había pocos caballeros entre ellos) aparcaban hermosos carruajes llevados por caballos en la entrada del parterre. Tras apearse con la ayuda de los cocheros y sirvientes, las mujeres corrían (o hacían algo parecido, ya que con los atuendos que portaban era difícil hacerlo en condiciones) hacia la entrada de un reluciente e impoluto castillo, brillante como la Estrella Polar, que reinaba la floresta. Viéndolo, tenía sentido el nombre del mundo. Era un castillo de fantasía.

Las damas, al pasar a nuestro lado, se reían disimuladamente (algunas lo hacían mejor que otros), y no me costó descubrir que era a nuestra costa.

Buenome volví hacia mis compañeros, intentando articular una sonrisa.Creo que será mejor que entremos antes de que esté lleno.

Decidí ignorar las burlas y mi vestido, y ver el lado positivo. Estaba allí para relajarme, para disfrutar de la música y la compañía.

Mi nombre es Jeanne Marsme presenté.¿Y vosotros cómo os llamáis?

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Un placer rolear con todos vosotros. Espero que lo pasemos bien y prometo esforzarme todo lo que pueda en hacerlo bien.
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor Luneshine » Lun May 12, 2014 4:21 pm

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Hacía poco tiempo que había llegado a Tierra de Partida. Al principio creía que este lugar era el paraíso: grandes espacios y una habitación para mí solo. Sin embargo, no podía estar más equivocado. Había demasiada gente en el castillo para mi gusto, lo que provocaba que pasara la mayor parte del tiempo en mi habitación, encerrado y asustado con la cantidad de cosas extrañas que había por aquí, como el día en que vi a unos alumnos hablando con una caja que emitía luces y sonidos. Otro hecho que contribuía mi aislamiento era que el castillo era tan enorme que temía perderme en sus pasillos. Cuando Ronin me explico que hacía parte de una orden que luchaba contra los Sincorazón me imaginé algo pequeño, con pocos miembros, y no esta locura.

Otro hecho que llamó mi atención fue unos extraños rumores que escuché en las pocas veces que salía de mi habitación: ¡estábamos en guerra!, ¿contra quién?, no lo sabía, solo captaba pocas partes de las conversaciones entre los aprendices, pero era lo suficiente para dejarme inquieto e intrigado por saber más sobre lo ocurrido. Pero, debido a la complejidad del tema, no pretendía preguntar a nadie si era verdad o todo un simple rumor, y aparte, nadie me vendría a explicar lo ocurrido así por las buenas. Entonces, lo mejor era esperar a que la respuesta apareciera por sí sola.

Por suerte (o desgracia, según el punto de vista) una maestra me convocó para una misión en otro mundo. La alegría se apoderó de mí ser. Por fin podría aprender algo útil desde de mi llegada… o eso creía yo.

Al principio pensaba que era algo serio y que la maestra nos explicaría como luchar con la Llave-espada, así que dudé un instante en si llevar mi arco o dejarlo en la habitación. Al final opté por lo segundo y salí corriendo de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja.

Llevé una enorme decepción al encontrarme con la maestra. No sabía decir si ella estaba demasiado entusiasmada o si estaba loca. Quería pensar que era la primera opción, y lo intentaba con todas mis fuerzas, pero estaba más claro que el agua que la maestra estaba como una cabra, pues no paraba de dar vueltas sobre sí misma, bailar de una forma bastante rara y canturrear algo sobre un baile real. Y después de tal espectáculo, Yami entrega un papel a mí y a otras dos alumnas: una de ellas seguramente era mayor que yo, tenía el pelo negro cubierto por un pañuelo rojo, llevaba gafas y se vestía con un chaleco negro con rayas blancas y pantalones del mismo color; por otro lado, la otra chica me dejó totalmente impactado, ¡era una cría!, no tendría más de doce años, ¿cómo podría una niña como ella luchar contra los Sincorazón?, ¡si tenía cara de bebé!

Leí en seguida lo que ponía en el papel y, en efectivo, íbamos a un baile real en un mundo llamado Castillo de los Sueños. El nombre me parecía nada menos que curioso, me recordaba a un cuento que mi madre me contaba cuando era pequeño sobre un castillo donde los sueños se hacían realidad. Obviamente, no me acordaba de más detalles de la historia, aunque creo que hablaba sobre unos ratones que querían ser personas y lo lograban mediante magia. Rechacé esos inútiles recuerdos de mi cabeza que no eran más que cuentos de niños.

¡Estáis lindos, lindísimos, mis chocobitos! ¡Sí, sí!

No pude evitar pensar que se le había ido del todo la olla. Mire de reojo a las chicas y una de ellas estaba tan extrañada cuanto yo. Sonreí ligeramente para mí mismo, puede que la maestra estuviera loca, pero su entusiasmo era contagioso. No me perdería por nada en el mundo el poder disfruta una fiesta y una buena comida. Y por lo visto, yo no era el único.

Yo voyafirmó la del pañuelo y gafas Después de todo, no hay nada mejor que hacer hoy.

Yo también voy― susurré mientras sonreía amablemente a la maestra. Me apetecía hacer algo diferente aparte de mirar las paredes de mi habitación

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Me arrepentí amargamente de haber aceptado la invitación, ¿el motivo?, nuestro atuendo tan “elegante”. Estábamos los tres vestidos con ropajes que llegaban al borde de ridículos e incomodos que Yami se había empeñado a que vistiéramos. Yo tenía más suerte que las chicas, que llevaban camada sobre camada de vestidos, pues lo único que llevaba de pomposo era un anorak marrón abrochado con botones, que contenía una cantidad de pelos sorprendente por los bordes de la prenda (estoy seguro que necesitaron más de un animal para conseguir tanta cantidad de pelo), y aparte, me iba tan grande que se arrastraba por el suelo y se enganchaba en cualquier cosa, dificultando una actividad tan simples como andar. Empecé a sudar solo de ponerlo. Por suerte, lo único que llevaba abajo del anorak era una camisa de botones blanca y unos pantalones de malla gris (obsequió de Yami), lo que hizo plantearme mi malévolo plan: cuando Yami menos esperase, yo “olvidaría” el anorak en algún sitio.

El lugar donde nos encontrábamos era muy parecido a mi hogar, a excepción del hermoso castillo blanco que resplandecía belleza y elegancia por todos los ángulos. Supuse que se podría ver su majestuosidad en todo el reino.

Nosotros habíamos aterrizado en unos preciosos jardines a las afueras del castillo, sin embargo, la gente lo normal llegaba en carruajes tirados a caballo y se detenían delante de las puertas del palacio. La mayoría eran mujeres que salían disparadas de los carros para entrar, con bastante desesperación, al castillo. Para mi desgracia, no solo tenía que soportar el inmenso calor que provocaba el maldito anorak, sino que también las burlas de las damas que pasaban a nuestro lado. Eso me dejó de muy mala leche, así que siempre que una se reía de nosotros yo le contestaba unas con unas amables palabras:

¿Eres tú el payaso de la fiesta?... ―preguntaba con entusiasmo, para luego atacar de verdad. ―¡Ai, perdona, me confundí por tu cara tan horrenda!, ¡lo siento mucho!

Esa frase improvisada fue poco a poco tranquilizando todos mis nervios acumulados durante estos días.

En un momento dado, la chica de las gafas empezó a trabar conversación.

Bueno ella sonrió y yo, inconscientemente desvié la mirada a una de las damas que entraba en el castillo Creo que será mejor que entremos antes de que esté lleno.

Asentí amablemente y di un paso en dirección a la entrada, luego me di la vuelta y espere a las chicas.

Mi nombre es Jeanne Mars ¿Y vosotros cómo os llamáis?

Lune Shine, recién llegado en Tierra de Partida.

Mire a la niña esperando su respuesta.
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor Zodiark » Sab May 17, 2014 1:30 am

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¡Estáis lindos, lindísimos, mis chocobitos! ¡Sí, sí!

"¿Chocobitos...?"

Yami nos había acorralado a mí y a dos aprendices más a los cuales no había visto nunca con sus siempre alegres saltitos. Quisiera lo que quisiera, no podía ser nada bueno, tratándose de ella. O quizá me equivocaba. ¿Un baile real? Sonaba bien.

Cogí la invitación de manos de la Maestra y la observé. No era realmente el momento de hacer esa clase de cosas, la tensión entre Tierra de Partida y Bastión Hueco era mayor que nunca, muchos de los aprendices estaban a la defensiva, cada vez que Ronin pasaba por los pasillos del castillo le miraban como si fuese un apestado... No quería vivir una guerra, y por eso me quedé en Tierra de Partida, para descubrir las razones del estallido de aquella trifulca, el porqué del comportamiento de Ronin durante los sucesos de La Red... Había algo que se nos escapaba...

Pero, pensándolo mejor, por esa misma razón merecía un descanso, después de todo lo relacionado con los Villanos Finales, el ataque a Ciudad Disney, recibir todos los recuerdos de mi yo virtual, lo ocurrido en La Red... Habían sido unos meses duros. Un baile de la realeza tenía buena pinta para desconectar un poco de tantas emociones y batallas.

Yo voy ―dijo la chica de las gafas, la cual parecía bastante mayor comparada conmigo―. Después de todo, no hay nada mejor que hacer hoy.

Yo también voy― dijo el otro chico, que parecía algo menor que la otra mujer, susurrando, aunque pude oírle perfectamente.

Y yo, claro —intervine, alzando la invitación que acababa de coger de las manos de la Maestra y agitándola.

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Debe de ser una broma, ¿no?

La Maestra se había superado a sí misma. ¿De verdad era necesario llevar ese vestido tan hortera? ¿Qué tenían de malos mi túnica y mi sombrero de siempre...? Cualquiera diría, con aquel aspecto, que éramos guerreros a punto de estar en medio de una guerra...

Dejé aquello de lado un momento, pues ya conocía a Yami y, aunque no fuese de mi agrado llevar eso, la conocía perfectamente y sabía que no iba a ser fácil hacerla entrar en razón. Alcé la vista y observé el enorme palacio que había ante nosotros. Era blanco con detalles azules, y era diferente al Castillo Disney. Mientras que el castillo donde yo solía vivir denotaba que allí habitaba un rey bondadoso y noble, éste parecía más bien el de una princesa hermosa, gracil y amable. Me recordaba a los castillos de los cuentos de princesas que solía leerme mi abuelo unos años atrás. Quedé impresionada ante él y tenía muchas ganas de entrar y ver la clase de gente que había acudido al baile. Podía sentirme como una pequeña y bella princesa en aquel lugar... si no fuese por el horripilante vestido que llevaba puesto, claro.

¿Eres tú el payaso de la fiesta?... —escuché decir al aprendiz de cabello negro que iba con nosotros―. ¡Ay, perdona, me confundí por tu cara tan horrenda!, ¡lo siento mucho!

Con mi atención centrada en el enorme palacio, no me había dado cuenta de que todo el que pasaba se reía de nosotros, o más bien de nuestras pintas, pero al escuchar al chico, me di cuenta de ello. Me tapé la cara, ruborizada, y deseé con todas mis fuerzas que la tierra me tragase. Esperaba pasar desapercibida dentro, durante el baile...

Bueno ―dijo la mujer con gafas—. Creo que será mejor que entremos antes de que esté lleno.

Vale... —respondí avanzando un poco, con las manos tapándome el rostro, muerta de vergüenza.

Mi nombre es Jeanne Mars. ¿Y vosotros cómo os llamáis?

Lune Shine, recién llegado en Tierra de Partida.

Y-Yo soy Maya Zawrid —dije todavía tapándome la cara, mirándoles a través de mis dedos, y luego apartando las manos, pero cabizbaja para no ver a todas las señoras que se reían al vernos, sonrojada—. ¿Así que sois n-nuevos en T-Tierra de Partida?
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[Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu! - Ronda #2

Notapor EspeYuna » Lun May 19, 2014 2:33 pm

Maya, Jeanne y Lune


Los tres aprendices, aun sintiéndose avergonzados con los trajes que les había obsequiado la Maestra, decidieron enfrentarse al ridículo como valientes y entrar a la fiesta. Atravesaron el bonito jardín que estaba siendo abusado, desgraciadamente, por tacones femeninos y las herraduras de los caballos, sin contar con las huellas que dejaban las ruedas de los carruajes. Dejando de lado las penas del pobre jardinero, sería buena idea entrar cuanto antes: aquello estaba aglomerándose, quizás demasiado.

Y había que subir unas empinadas escaleras para entrar al castillo, lo cual no fue nada fácil para nuestros protagonistas. Y Tropezaron más de una vez, el sonido de los rotos se podían asemejar al escandaloso estruendo de un escape de gas, y las risas eran un constante moscardón molesto.

¡Vamos, vamos! ―animó la Maestra, moviendo sus brazos en el aire como una niña pequeña y entusiasta― ¡No nos podemos perder el discurso del Rey, no!

Era muy fácil decirlo para ella, que, aunque llevara algo extravagante ―un vestido más acorde a los kimonos de Tierra de Dragones y que nada tenía que ver con la cultura de aquel mundo―, le quedaba bonito y, por increíble que pareciera, podía andar con él sin dificultad alguna, a pesar de llevar la tela arrastrando por el suelo.

¡Demonios, ni siquiera se había puesto zapatos! ¿Quién iba a un baile sin zapatos?

Dance with the Balamb Fish - FFVIII OST
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Por suerte, cuando consiguieron alcanzar la entrada al gran pasillo que llevaba al hall donde se celebraba la fiesta, de un techo exageradamente alto y con una gigantesca alfombra roja que daba color al suelo de mármol, comprobaron que tampoco estaba muy lleno y que podían caminar por éste con toda la tranquilidad del mundo.

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¿Sabéis? ¡Os podemos presentar a Su Majestad! ―exclamó la Maestra, con ojos brillantes― Le gustaba mucho jugar con nosotras al corre-caballito y al pilla-pilla. ¡Que sí, que sí! Y al pollito inglés.

Yami, emocionada, señaló un desvío hacia la derecha, y dio un giro sobre sí misma que hizo ondear su traje.

Podéis venir con nosotras, seguro que al Rey le encantará que le demos una sorpresa ―señaló la mujer, colocándose la larga cabellera negra que no se había molestado en recoger en un peinado más discreto... aunque el traje ya era lo bastante vistoso como para que no llamara la atención, junto a su peculiar andar.

Pero los tres aprendices vieron que casi nadie entraba por aquel pasillo. ¿Ellos podían tener tanta autoridad como para ver al mismísimo soberano de aquel reino en persona? ¿Yami estaría contando la verdad?

En todo caso, no era la única opción que tenían, pues eran totalmente libres para hacer lo que quisieran dentro del castillo. Al fin y al cabo y como decía Yami, eran "chocobitos libres".

Aparte de la invitación de Yami, existía otro desvío hacia la izquierda, donde algunos hombres, pocos invitados y con unos años de más, se despedían de las muchachas. Todo apuntaba a que se trataban de sus padres, en su mayoría viejos gordinflones o escaldados bigotudos que miraban muy de vez en cuando su reloj de bolsillo o encendían el primer puro de la noche, ocultando así su visible nerviosismo.

Por último, casi todas las mujeres se dirigían a los portones que conducían a la sala de baile.

Tenían tres destinos a elegir, y la noche era muy larga. O tan larga como pudieran permitírselo, quizás.

Ragun y Gonax


Diana no respondió a Ragun en un primer momento. Ladeó la cabeza hacia él al comprobar que, efectivamente, le estaba hablando y que la seguía. Suspiró, con cierta cara de molestia, y avanzó hacia la zona menos poblada de árboles. Gonax los siguió también, puede que engatusado por la fragancia de aquella mujer, o puede que la idea de quedarse con Shinju no le resultara interesante.

¡Será posible! ―exclamó la niña, pateando el suelo con sus rosadas manoletinas― ¡Sois todos una panda de sinvergüenzas! ¿¡Es que acaso me vais a dejar todo el trabajo a mí!?

La otra muchacha que caminaba al frente de los dos aprendices no se giró, haciendo oídos sordos. A pesar de desprender su encanto habitual, se la notaba claramente irritada, por alguna razón. Así que dejaron a Shinju atrás, sin saber qué haría ella en primera instancia tras sentirse abandonada.

O quizás, no le importara demasiado ir sola. Lo que no le gustaba era cargar con la misión y no poder divertirse a su antojo. Una cínica sonrisa surcó sus labios y su fina figura desapareció en la oscuridad.

Silence of the Forest - Bravely Default Flying Fairy OST
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Los otros tres no tardaron mucho en llegar a aquel claro que se abría en medio del frondoso bosque. Desde allí podía verse el cielo nocturno y estrellado, pudiendo contar centenares, miles de mundos en el firmamento. Y en el horizonte, podía divisarse un castillo que brillaba tanto o más que la propia Diana en los corazones de los dos muchachos.

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¿Qué piensas de todo esto? Erased, la guerra... Siento como si no entendiese absolutamente nada, ¿no te pasa algo igual?

Diana no se molestó en contestar en un primer momento y se detuvo en medio del claro, cruzada de brazos y contemplando el castillo de la lejanía. Tras un largo silencio que se hizo eterno para la Estocada Oscura al hacer otra pregunta, ésta se giró, recobrando la sonrisa traviesa que tanto conocía y, ¡por los dioses! ¡Cuánto le gustaba! Por otro lado, Gonax estaba descubriendo un mundo nuevo con aquella preciosidad apareciendo en su vida.

Un mundo dulcemente peligroso.

Realmente todo me da un poco igual ahora mismo ―respondió, avanzando hacia ambos―. ¿Sabéis? Me gustaría que ambos me hicierais un favor... es que... si queréis que sea tan, tan... feliz.

La aprendiz siguió avanzando hasta ellos hasta que se detuvo donde Gonax y, agarrándose sensualmente de su hombro con un brazo, hizo lo mismo con el otro para rodearlo por encima de Ragun.

Y entonces, acercó ambos cuerpos contra ella, dispuesta a susurrarles al oído palabras mágicas... cuando en realidad, hizo chocar las frentes de los dos aprendices con una fuerza demoledora.

Dejad de seguirme de una maldita vez.

Una frase que sabía a veneno, procedente de los labios más deseados del intersticio. Y aunque ambos estaban totalmente embobados con ella, habían percatado irritación y enfado. Y les iba a salir un buen chichón al poco rato, seguro.

¿Sería buena idea dejarle su espacio y volver con Shinju? ¿O preguntarle qué le pasaba a su musa no sería lo propio de un caballero?

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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor GonaxHS » Mar May 20, 2014 3:36 pm

―¡Será posible! ¡Sois todos una panda de sinvergüenzas! ¿¡Es que acaso me vais a dejar todo el trabajo a mí!?

<<Será gritona>>

Diana encabezaba el avance hacia el claro que nos alejaba, en principio, de la misión principal. Ragun la seguía muy de cerca, y yo a el algo mas rezagado. No tardamos mucho en llegar. El cielo estaba plagado de estrellas, y yo no podía evitar pensar <<Una de ellas es Ciudad de Paso>>. También <<En una de ellas está Rox>>. Pero lo mas destacado del paisaje, aún mas que las estrellas, era un castillo que, completamente iluminado, hacía algo mas clara la noche. Nunca antes había visto un castillo en persona.

¿Qué piensas de todo esto? Erased, la guerra... Siento como si no entendiese absolutamente nada, ¿no te pasa algo igual?

Ragun intentaba todavía entablar conversación con ella. Diana, lejos de responder en un primer momento, se alejó hacia el centro del claro mirando al castillo. Pero, después de contemplarlo durante una eternidad, se dio la vuelta y dedicó a Ragun una sonrisa que me dejó desarmado, aunque no fue mas que un calentamiento (hermoso calentamiento) para lo que vino después.

Realmente todo me da un poco igual ahora mismo. ¿Sabéis? Me gustaría que ambos me hicierais un favor... es que... si queréis que sea tan, tan... feliz.

Mientras hablaba, se acercaba muy lentamente hacia nosotros. Se detuvo entre nosotros dos y pasó su brazo por mi hombro, logrando que me recorriera un escalofrío por todo el cuerpo. ¿Cual podía ser ese favor? Comencé a fantasear, y mi imaginación me llevó mucho mas lejos de lo que realmente me esperaba.

En realidad, “nos” esperaba.

Agarró mi cabeza, hizo lo propio con la de Ragun y nos hizo chocar con una fuerza enorme.

Dejad de seguirme de una maldita vez.

<<¡Mi cabeza! Esto va a dejar marca de por vida.>>

Ese había sido un golpe bajo .Pero aparte del dolor, noté que Diana estaba realmente enfadada. Después del golpe sentí como si acabase de despertar. Me puse de pie confundido y con dificultad.

C-claro, si. Yo... yo me voy al bosque. Nos vemos por ahí, luego.

Y volví al lugar en el que habíamos aterrizado. Supuse que Ragun vendría también antes o después. Esperaba encontrarme a Shinju todavía merodeando por ahí, pero no, estaba completamente vacío. Probablemente, ya había entrado al bosque. Antes de entrar, solo para asegurarme, eché un vistazo alrededor y grité el nombre de Shinju un par de veces. Entonces si me interné en la espesura que debería haber escogido desde el principio, lamentándome por el dolor palpitante en la frente.
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DIANA I HATE YOU

Notapor Sombra » Mar May 20, 2014 6:41 pm



Durante el camino, el aprendiz peliblanco se presentó ante mí por su nombre; Gonax, un nombre peculiar a mi parecer, aunque no por ello feo. No pude evitar reprimir una mueca de curiosidad mientras me preguntaba cómo era posible que aquel aprendiz (probablemente novato) sabía mi nombre, aunque decidí no preguntar ya que estaba demasiado embobado por la musa de Bastión Hueco.

Mientras nos dirigíamos hacia los claros no podía evitar que la fragancia de la joven afectase a mis sentidos comportándome como un idiota y preguntándole con cierto nerviosismo su opinión sobre todo lo acontecido en los últimos días.

No contestó al momento, continuando en silencio su avance por el bosque.

A lo lejos, podía ver un resplandeciente castillo blanco con altas torres, aunque poco más quise mirar aquel espectacular lugar, teniendo en cuenta que había algo mejor frente a mí: Diana, casi parecía una pequeña, hermosa y delicada flor en cuyos pétalos se reflejaba la luz de la luna y las estrellas... Una chica tan femenina y sensual... ¿Cómo podría desatenderla? No quería perderla de vista ni un solo instante, quería verla sin pestañear para así no perder ni el más mínimo detalle de todos sus movimientos y gestos.

Realmente todo me da un poco igual ahora mismo ―su respuesta me hizo salir de mi estado de semi-conciencia al instante devolviéndome a la realidad.

La musa, no. La diosa se acercó a nosotros con sus andares elegantes, una boba sonrisa se dibujó en la comisura de mis labios esperando una muestra de cariño, por muy pequeña que fuera. ¿Quizás me iba a abrazar? ¿A besar? Oh, dios. Cuánto deseaba volver a besarla...

¿Sabéis? Me gustaría que ambos me hicierais un favor... es que... si queréis que sea tan, tan... feliz.

Diana agarró a Gonax en primer lugar, lo que me resultó molesto.

<<¿Por qué no me has agarrado a mí de primero? Oh, no... Malditos celos...>>

Por supuesto, también llegó mi turno, se sujetó a mí con un gesto que me resultó extremadamente sensual. Mi cara se iluminó esperando escuchar la dulce voz de aquella chica susurrando en mi oído. Nos acercó un poco más contra ella y...

¡Ploc!


Probablemente el albino acabó tan impactado como yo, lo que en mi caso logró romper el hechizo de enamoramiento gracias a un nuevo sentimiento que afloró dentro de mí y que sirvió para contrarrestar su poder que tan molesto resultaba.

La muy perra había aprovechado nuestra debilidad ante sus encantos para confiarnos y pillarnos desprevenidos. Por suerte, era consciente de mi propia resistencia por lo que aquel golpe no fue algo extremadamente doloroso ni de lo que tuviese necesidad de quejarme. Me dolía más en el orgullo, además no podía evitar preocuparme por el otro aprendiz.

<<Que no le haya abierto la frente, por favor...>>

Dejad de seguirme de una maldita vez ―con aquella venenosa frase los pocos rastros de su poder que todavía manchaban mis propios sentimientos desaparecieron.

Un sentimiento más fuerte que su "amor" era la furia, suficiente para que mi mente se aclarase de chorradas innecesarias.

C-claro, si. Yo... yo me voy al bosque. Nos vemos por ahí, luego ―tartamudeó Gonax nervioso.

No pude evitar sentir lástima por él. Probablemente jamás se había topado con alguien con aquellos poderes, todavía no tenía manera alguna de contrarrestarlo.

Ni siquiera nosotros, los que llevábamos varios años en Bastión Hueco podíamos evitar el efecto de enamoramiento. Pero en aquel momento ya no había aquella clase de sentimientos en mí.

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¿Es así como tratas a tus compañeros ahora? ―reproché enfadado a Diana mientras observaba la figura del aprendiz que se alejaba hacia la espesura del bosque―. Me importa una mierda lo que te ocurra para estar de mal humor, pero no te pongas imbécil solo porque no podamos evitar estar bajo ese poder tuyo. Si tanto te molesta que te "sigan" aprende a controlar esa cosa y deja de creerte el ombligo del mundo, con razón todavía no te han dado el título de Maestra si ni siquiera puedes manejar tus propios poderes.

Era consciente de que lo que estaba diciendo era posiblemente bastante ofensivo para ella, pero de alguna manera Diana había resultado ser la "gota que colmaba el vaso". No solo estaba enfadado con ella, por lo que acababa hacer tan solo unos momentos atrás. También llevaba muy tenso desde que habíamos regresado de La Red y de alguna manera ella se había transformado en algo en lo que descargar todo lo que llevaba dentro.

Siempre estás por ahí pidiendo cosas y favores, ¿y tú qué haces a cambio? ―espeté―. Nada. Solo espero que la próxima vez que Gárland se acerque para utilizarte de sacrificio no vengas a pedir mi ayuda.

>>Si ni siquiera sabes separar tus problemas personales con las misiones quizás deberías replantearte continuar siendo aprendiza de la llave espada.

No esperé una respuesta o algo semejante y eché a andar hacia el castillo sin más apresuradamente sin volver la vista atrás.

Teniendo en cuenta lo que había caminado hasta allí veía una tontería volver hacia el interior del bosque y sinceramente dudaba que pudiésemos encontrar aquel lugar que Nanashi nos había encomendado investigar sin una pista siquiera (sobre todo porque aquel bosque parecía enorme). Lo mejor que podía hacer era entrar al castillo y buscar información allí dentro. Alguien tenía que saber algo del tema, si no sería imposible que hubiese llegado a oídos de los Maestros de Bastión Hueco. ¿No?
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor 15nuxalxv » Dom May 25, 2014 2:15 am

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Tras las presentaciones entre los dos aprendices (Lune y Maya) y una servidora, nos dirigimos hacia el castillo, cruzando el jardín en el que habíamos aterrizado. Me habría encantado poder oler el aroma de la preciosa floresta en la que nos encontrábamos, pero la multitud me impedía detenerme. Sentí una ligera sensación de claustrofobia, en toda mi vida había visto tal gentío. Sumando el malestar que producían las vestiduras y el cansancio que ocasionaban arrastrarlas, el agobio resultante hacía que me costase respirar acompasadamente. A duras penas conseguiría seguir el ritmo de mis compañeros; en el caso de que no tuvieran ningún problema.
 
Al fin, alcancé las escaleras de entrada al radiante castillo. Al ver la pendiente que se me avecinaba, inspiré lo que pude y me eché a la aventura.
 
Mentiría si dijera que lo conseguí a la primera, o a la segunda. Tal vez a la quinta, siendo optimista, perdí la cuenta. Cada vez que patinaba, me vencía hacia atrás (los tacones no eran buenos compañeros para la escalada), me empujaban, se rasgaba una tela del vestido o trastrabillaba, terminaba irremediablemente en el punto de inicio. Me anoté mentalmente que debía aprender a andar con esos aparatos infernales llamados zapatos.
 
Tras algunos arañazos en brazos y espinillas, unos cuantos rasgones en los ropajes y no pocas risas del acopio de nobles y ricos, conseguí ascender hasta la entrada. Oí a la Maestra Yami, obviamente más ágil y preparada, animarnos en nuestro periplo:

¡Vamos, vamos! ―Sus ademanes infantiles me lograron sacar una sonrisa. Pese al embrollo en el que nos había metido, no podía evitar que la Maestra me comenzara a caer bien.― ¡No nos podemos perder el discurso del Rey, no!

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Tras el umbral había un amplio corredor que se extendía hasta la fiesta. La altitud de los techos y la preciosa alfombra del color de la sangre lograron zafarme de la experiencia (algo traumática) anterior. Tras recuperar un ritmo respiratorio y cardíaco más aconsejable, examiné mis vestidos. De las rodillas hacia arriba estaban presentables, pero si íbamos a partes más inferiores... Bueno, no tenían el mismo aspecto que cuando los había estrenado.
 
Al ver que había poca gente en la estancia, me aparté un poco e hice un arreglo rápido: arranqué las telas colgantes de cuajo y unas pocas más; haciendo del horroroso vestido otro menos voluminoso, que me llegaba por encima de las rodillas, e infinitamente más cómodo y seguro. Incluso era bonito, pensé. Me acerqué hacia la Maestra. La escuché mientras me recolocaba las gafas y el tocado que llevaba en la cabeza. Tenía suerte de no haberlos perdido en la lucha por llegar al castillo.

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¿Sabéis? ¡Os podemos presentar a Su Majestad!―nos anunció ella, mirándonos emocionada―Le gustaba mucho jugar con nosotras al corre-caballito y al pilla-pilla. ¡Que sí, que sí! Y al pollito inglés.
 
¿A su Majestad? ―pregunté, atónita.― ¿Conocerle? ¿De verdad?
 
Jamás había conocido a nadie de alta alcurnia, quitando a Gabriel, un noble de Port Royal. No es que les tuviera gran aprecio a los de clase alta (no después de haber vivido tantos años entre pobreza), pero no podía negar que conocer a la Autoridad de ese mundo me ilusionaba. Además, según las palabras de la Maestra Yami, parecía un hombre amable y divertido.
 
La Maestra dirigió su dedo hacia un camino secundario a la derecha. Dio una vuelta, y su vestido bailó a su alrededor. Era un vestido algo estrafalario (como la propia mujer), que no se parecía en nada a los que llevaban las mujeres de este mundo. Esto, junto a la cabellera negra que caía desde su cabeza sin disimulo, le hacía resaltar entre la multitud. Aunque si lo pensaba, la misma Yami brillaba, sin necesidad de llevar extrañas ropas. Ni siquiera me extrañaba que no llevara calzado. Parecía... algo típico en ella, pese a conocerla tan poco tiempo.

Podéis venir con nosotras, seguro que al Rey le encantará que le demos una sorpresa―nos invitó a acompañarla por el pasillo que, según ella, llevaba hasta donde estaba el monarca. Este se encontraba insólitamente vacío. Después de todo, sólo las personas verdaderamente importantes podrían tener el honor de conocerlo, pensé. ¿De verdad éramos nosotros de ese nivel?
 
Miré interrogativa a Lune y a Maya. No sabía si ellos querrían ir con la Maestra. No me gustaría que nos separáramos (sobre todo, porque en caso de peligro yo seguía siendo una aprendiza de muy poca experiencia), aunque después de todo, éramos «chocobitos libres». Significaran lo que significasen aquellas palabras, Yami parecía querer decir con ellas que podíamos ir adónde nos viniese en gana. Tal vez mis compañeros quisieran ir al salón de baile (justo donde todas las mujeres se dirigían con tanto ímpetu), o evadirse por el camino a mano izquierda, donde unos hombres se despedían de las muchachas y se relajaban fumando.

Yo... Creo que le acompañaré―proclamé señalando con un ligero ademán a Yami, por si querían conocer mi decisión.― ¿Nos vemos en el salón... tras el discurso del Rey?

Me acerqué a Yami, dispuesta a seguirla. Tal vez por el camino le preguntara de qué conocía al Rey, y cómo eran él y su amiga, a la cual aún no habíamos visto. Aunque no tenía muchas esperanzas de obtener respuestas coherentes.

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Jeanne se va con la Maestra Yami. ¡Que empiece la fiesta!
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu! - Ronda #2

Notapor Zodiark » Lun May 26, 2014 2:59 am

El bullicio de la entrada era tan grande y ruidoso que era una mala idea quedarse allí, al menos si no queríamos perdernos, así que, guiados por la maestra Yami, nos dirigimos por fin al interior del enorme castillo.

Pero no iba a ser una tarea fácil. El tamaño de la falda de mi vestido hacía que tropezase varias veces al subir las empinadas y numerosas escaleras que conducían al interior del recinto, haciendo que varias costuras del vestido se rompieran con cada caída. Además, mi calzado no ayudaba, pues llevaba unos tacones de aguja que, aunque no fuesen demasiado altos, me entorpecían mucho, ya que nunca antes había andado con unos.

¡Vamos, vamos! ―nos animó Yami, moviendo los brazos como una niñita pequeña― ¡No nos podemos perder el discurso del Rey, no!

Es muy fácil para usted, Maestra —respondí, levantándome una vez más, jadeante—. Está más acostumbrada a este tipo de ropas... Y además... No lleva zapatos...

Finalmente, lo logramos. Los tres pudimos alcanzar la entrada y adentrarnos en el palacio, aunque mi vestido, que ya era horrible de por sí, había quedado sucio y roto... Pero no era momento de pensar en ello. Observé la enorme estancia, y su alto techo, era increíblemente grande. A pesar de estar a rebosar de gente, lo cual hacía que la sala se viera algo más pequeña de lo que en realidad era, aquel vestíbulo era gigantesco.

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¿Sabéis? ¡Os podemos presentar a Su Majestad! Le gustaba mucho jugar con nosotras al corre-caballito y al pilla-pilla. ¡Que sí, que sí! Y al pollito inglés. —propuso Yami, entusiasmada.

¿A su Majestad? —preguntó Jeanne, bastante asombrada—. ¿Conocerle? ¿De verdad?

A mí, por supuesto, no me parecía gran cosa conocer a un monarca, teniendo en cuenta que había vivido toda mi vida en un castillo cuyo rey siempre tuvo buena relación con mi familia, aunque la propuesta de Yami sonaba bien.

Podéis venir con nosotras, seguro que al Rey le encantará que le demos una sorpresa.

Parecía un plan interesante, pero conociendo a Yami, a saber a dónde nos acabaría llevando. Preferí no ir con ella, ya que supuse que terminaría haciendo alguna de sus extravagancias y me dejaría más en ridículo de lo que ya estaba.

Jeanne, que parecía bastante interesada en acompañar a la Maestra, me miró, queriendo saber qué haría yo. En silencio, negué con la cabeza, dándole a entender que prefería ir a mi aire.

Acto seguido, aproveché el gentío y me escaqueé de allí, antes de que Yami se percatase de mi huida y me arrastrara con ella, como solía hacer. Me integré en la gran y ruidosa fila de gente y la seguí hacia el gran portón que había al otro lado del vestíbulo, ya que seguramente allí sería el sitio en el que tendría lugar el baile real.

Con esas pintas seguro que sería el hazmerreír de toda la nobleza, pero si quería disfrutar de la fiesta tenía que olvidarme de los demás e ir a lo mío, pasando de lo que aquellas ostentosas y engreídas mujeres pensasen. Era el momento de descansar y divertirse...
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[Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu! - Ronda #3

Notapor EspeYuna » Sab May 31, 2014 1:30 pm

Ragun


¿Cómo te atreves...?

Diana se dio la vuelta al escuchar las palabras envenenadas de Ragun, que llegaron a sus oídos como si se trataran de dos afiladas cuchillas destrozando sus tímpanos. Había pronunciado el discurso equivocado.

Y si Ragun creía que Diana sólo acabaría con el corazón roto, estaba muy equivocado. El efecto del enamoramiento volvió a recorrer sus venas, pero no le dio tiempo a disculparse.

Sintió un latigazo doloroso en la pierna izquierda. Antes de comprobar de qué se trataba, otro latigazo aún más fuerte le sacudió la espalda dos veces seguidas, dejándolo en el suelo.

Diana avanzó hasta él, con su figura elegante y, para qué negarlo, perfecta.

Vino otro latigazo, esta vez en la mejilla derecha, y sintió el sabor de la sangre dentro de su boca. Pudo percatar, en aquel momento, como las ramas de los árboles y las raíces cercanas lo atrapaban de brazos y piernas, dejándolo completamente inmovilizado.

Me importa una mierda el título de Maestro ―rugió, acercándose peligrosamente a Ragun―. Y créeme, tengo todo el derecho del mundo a pedir favores.

>> No sabes todo cuanto tuve que sacrificar.

Lo último que pudo sentir Ragun fue como Diana le asestaba un mortífero puñetazo en el estómago. Y, antes de perder el conocimiento, pareció escuchar un pequeño sollozo a su oído.

No sabes nada.

Jeanne


Yami agarró ilusionada de la mano a Jeanne y saltó de tres en tres los escalones, como una niña pequeña y sin tener en cuenta los mil y un tropezones que sufrió Jeanne por el camino, aun habiéndose arreglado un tanto los atuendos para ir más cómoda.

Llegaron a un largo pasillo, quizás con un techo más alto que el anterior, y con paredes que a lo largo y ancho mostraban gigantescos cuadros. Los marcos eran de oro y había escenas bastante significativas, pero sobre todo, retratos de la, seguramente, llamada familia real.

¡Qué cuadros tan tristones los primeros, sí! ―exclamó Yami, avanzando alegremente por el pasillo y bailando sobre la alfombra con sus pies desnudos― ¡Mira, mira! ¡Notarás la diferencia con nuestro Rey!

A la mitad del pasillo se encontraron con varios cuadros. Estaba el retrato de un hombre gordinflón, bajito, y con un gracioso bigote en un triste retrato. Sin embargo, a medida que iban avanzando, estos se volvían más enternecedores, con una mujer y, finalmente, ante la ausencia de ésta, no paraban de encontrarse con imágenes de un padre jugando con su hijo. No parecía, de ninguna forma, el aspecto de un retrato convincente y recatado. Era más natural, cercano... y cálido. Por no decir, también, que eran bastante graciosos.

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¡Al Rey le encantaba jugar con su principito! ―explicó Yami, aunque era bastante obvio que el Rey había sido un padre ejemplar― Pero estamos tristes. Su retoño creció y ya no juegan tanto juntos, no. ¡Es por eso que quizás el Rey necesite gente con quien jugar al chocobito tailandés, sí!

>> ¡Por eso lo que tenemos que hacer es...!

¿Se puede saber qué hacen aquí... señoritas?

Tras ellas apareció de pronto una mujer delgada, de nariz puntiaguda y tela recatada. De aspecto estirado, portaba un pequeño libro en sus manos escondidas bajo unos guantes.

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Lo siento mucho, pero este ala está restringida, sólo pueden pasar quienes tienen autorización de Su Majestad ―miró de reojo los pies desnudos de Yami y tosió de una forma que, pretendiendo no ser descarada, consiguió todo lo contrario―. Me supongo que están aquí para conocer a Su Alteza, el Príncipe.

>> Lo mejor sería que acudieran a la fiesta del piso de abajo. El Príncipe no tardará en salir de sus aposentos.

¡Oh! ¿Le gustan mis pies? ―Yami, excéntrica y divertida, alzó sus pies a la mujer, haciendo que ésta retrocediera de inmediato, aunque intentó mantener las formas― ¿A qué son bonitos, sí, sí?

Ah, s-sí... preciosos.

Yami mantuvo el pie en alto. No sabría decirse si lo estaba haciendo a posta o si realmente le gustaba que le halagaran por sus pies. Su pierna también, atrevida, corría desnuda y la mujer se estaba escandalizando por su comportamiento, pero parecía no querer abrir el pico por alguna razón. ¿Modales, quizás? ¿Miedo a que se tratara de alguien importante?

El caso es que Yami le guiñó el ojo a Jeanne. Aquello era signo de que tramaba algo, y vio que la mujer estaba tan pendiente de no tocar con su cara el pie de Yami que no le estaba prestando atención alguna.

¿Acaso Yami la estaba distrayendo para que pudiera colarse en los aposentos del Rey? Era una gran oportunidad, aunque también un enorme peligro. ¿Y si acababan metiéndose en serios problemas?

La decisión era suya.

Maya


Maya entró en la sala de baile y quedó maravillada con el gran antro. Bajó las escaleras, un tanto avergonzada cuando un hombre la detuvo, dio un par de toques al suelo de mármol con un bastón y anunció su nombre, tras preguntárselo.

Por mucho "Lady" que le pusiera, haber llamado la atención así hizo que escuchara cuchicheos y risillas a su alrededor. Sin embargo, al poco rato de entrar otra muchacha, pareció que se olvidaron de ella y que pudo disfrutar de pasear por el lugar sin llamar demasiado la atención.

Porque había gente de todo tipo, en especial chicas que querían resaltar con sus trajes de gala. Y algunos, incluso, eran más extravagantes que el suyo.

Quizás paseando para ver algunos cuadros, o queriendo acercarse a que le sirvieran un poco de ponche o sentarse en alguna silla cercana porque le mataban los pies ya del dolor, escuchó unas risillas cercanas. Sin embargo, no estaban dirigidas especialmente a ella.

Vio a dos muchachas a pocos metros de ella, riéndose a carcajadas. Una pelirroja, y otra morena. E igual de... ¿mal agraciadas? Aunque hubiera muchachas con aspectos extravagantes con sus pomposos vestidos, ellas no destacaban en absoluto por su cara bonita.

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¡Es increíble que de verdad intentara venir con nosotras! ¡Y robándonos nuestras joyas y lazos, la muy embustera! ―exclamó la morena, sacudiendo su copa― ¿Qué se pensaba, que con la suciedad de sus manos no iba a estropear ese traje, que horroroso ya era? ¡Le hemos hecho un enorme favor! ¿Verdad, Anastasia?

¡Por supuesto! ¿Quién se cree que es para venir a ver al Príncipe? ¡No es más que una criada! ―acompañó entonces la mencionada Anastasia, retocándose― ¡Y con la competencia que hay, Drizella! ¡Habría sido el hazme reír de todo el reino! ¡Ojalá que se la comieran los animales del bosque!

¡Calla, calla! ¿Entonces quien nos limpiaría la casa?

Se hizo el silencio entre ellas, hasta que finalmente, chocaron sus dos copas:

¡Pobre, pobre Cenicienta!

Tras decir aquello al unísono, las dos rieron a carcajadas como dos gallinas que acababan de escaparse de un corral. Y al alejarse de Maya, ésta supo que había una chica, de nombre Cenicienta, que no había podido acudir al baile. ¿Qué le habrían hecho con ese "favor"?

También podía hacer oídos sordos y seguir disfrutando de la fiesta, porque, por lo que habían anunciado hacía unos minutos, el Príncipe no tardaría en aparecer.

Gonax


Gonax, tras las duras palabras de su ángel, decidió adentrarse en el bosque para cumplir su misión, intentando dar con Shinju. Sin embargo, caminó durante un rato largo a través de la oscuridad, sin dar con ella.

Mientras, vio algo realmente perturbador ante sus ojos. De vez en cuando, lograba divisar un sincorazón a lo lejos, bajo la luz de la luna. Pero, al contrario que él, se quedaba parado en el sitio o retrocedía al llegar a cierto punto del bosque. Parecía que Bastión Hueco tenía razón con el extraño y desconocido fenómeno que los mantenía a raya. Sin embargo, ¿qué podía ser? Incluso a su suerte, estando solo y con tantos monstruos sueltos, estos parecían tan desorientados que no percataron su presencia.

Minutos después, consiguió llegar a unos jardines, algo tristes y solitarios en la oscuridad, ante lo que parecía ser la parte trasera de una propiedad. Escuchó, entonces, un sollozo procedente de los mismos jardines.

Allí, bajo un árbol y arrodillada en un banco de piedra, lloraba desconsoladamente una muchacha que escondía su rostro entre sus brazos. Lo que podía distinguir Gonax en aquel lugar tan oscuro era que el vestido que llevaba estaba completamente destrozado, y que había varios trozos de tela blanca y rosa, e incluso lazos arrancados, procedentes de la casa.

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Sabía que no podía meterse en los asuntos de otros mundos, pero la sensación que despertaba aquella chica ahogada en su tristeza era... calidez. Un sentimiento que jamás había experimentado, diferente al del hechizo de Diana. Se sentía melancólico porque aquella muchacha llorara allí sola.

Sin embargo, también tenía una misión que cumplir. ¿Y si aquella propiedad escondía un gran secreto, quizás una barrera mágica con la que hacer frente a los sincorazón? Descubrirla sería un gran hallazgo. ¿Y si Shinju ya estaba dentro adelantándose?

Tenía dos opciones a elegir.

Ragun


El ruido del trotar de los caballos y el movimiento brusco hizo que Ragun despertara. Algo desorientado, abrió los ojos y comprobó que se encontraba en el interior de una carroza tirada por caballos que relinchaban a las órdenes de quien los dirigía. El resplandor del castillo, ya no tan lejano, le hizo cerrar de nuevo los ojos, y la molestia de su mejilla dolorida le hizo recordar lo que había sucedido. Pero no sólo eso, notaba que no tenía apenas fuerzas para incorporarse.

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Traducido de otra manera, que estás a 1 de VIT. Y lo digo completamente en serio xD


Comprobó que estaba totalmente lleno de heridas, y cubierto con una manta.

El caso es, ¿qué hacía allí?

¿Te encuentras bien?

Sintió entonces la calidez de una mano ajena. Al otro lado de la carroza, una joven le sonreía. Era una chica de su edad, nativa de aquel mundo, seguramente. Su pelo era largo y precioso, cuidado con algún que otro tocado y que brillaba a la luz de la luna. Llevaba una tiara en la cabeza, e iba vestida con un bellísimo atuendo rosa pastel. Todo ello acompañado de joyas preciosas en sus finas orejas y en su inocente escote.

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Lleva una tiara menos llamativa


Le ofreció un pañuelo que sacó de sus atuendos e, inocente, miró de reojo el brazo a medio crecer de Ragun, escondido entre el vendaje.

Íbamos camino al castillo cuando te encontramos inconsciente en un claro ―señaló con una voz dulce, serena y tranquila a pesar del aspecto deplorable del muchacho―. ¿Qué... qué te pasó?

Mi Lady, no se tome tantas confianzas ―dijo de pronto una voz afuera, por lo que podía ser la persona que conducía la carroza―. Quién sabe si es un vándalo que recibió su merecido esta noche.

La muchacha hizo oídos sordos, hinchando sus mofletes. Pero enseguida recuperó la sonrisa.

Mi nombre es Lenessia.

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Fecha límite: Viernes, 6 de Junio
Lune de momento no dispone de Internet. Cuando vuelva puede elegir entre cualquiera de las dos rutas que propuse en la segunda ronda.
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¡Soy enfermera~!
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu! - Ronda #3

Notapor Sombra » Sab May 31, 2014 4:20 pm

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Hice el esfuerzo para abrir los ojos cuando unos bruscos baches movieron el vehículo con violencia. Pude deducir que me encontraba en el interior de una carroza tirada por caballos gracias a que llegaba a mí el sonido de los cascos de los animales al pisar el suelo.

Me llevé la mano a la cara, donde tenía una herida abierta que escocía como mil demonios, aunque solo era una de muchas otras. Todo mi cuerpo estaba lleno de marcas de golpes y arañazos, me encontraba desorientado y no recordaba exactamente lo que había ocurrido. Una cosa era segura, estaba a salvo.

Traté de incorporarme con esfuerzo, pero fue inútil. Todas las heridas de mi cuerpo se resintieron obligándome a mantenerme en aquella posición.

Una suave manta cubría mi cuerpo.

¿Te encuentras bien?

Yo... ―dudé todavía desorientado―. Sí, creo que sí ―podría estar peor.

La mano tan suave como la seda de una muchacha recorrió mi rostro reconfortante. Observé a la chica, una joven de aparentemente mi edad y que por sus prendas pude imaginar que se trataba de alguien de aquel mundo, tal vez perteneciente a la nobleza. El cabello de la desconocida (recogido en una especie de tiara) era largo y muy cuidado a juego con su piel, tan blanca como la nieve. Su vestimenta, confeccionada con sumo cuidado y maestría era de un tono rosado llevando un pequeño escote que no llegaba a resultar sugerente, pero que la hacía ver como una mujer en todo sentido de la palabra. Sus pequeñas orejas estaban adornadas con joyas de aspecto realmente caro y todas ellas eran sin duda alguna preciosas.

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La chica me acercó un pañuelo que cogí en silencio, limpie la sangre que caía del corte de mi mejilla como pude.

Gracias.

Íbamos camino al castillo cuando te encontramos inconsciente en un claro ―explicó con una delicada y melodiosa voz―. ¿Qué... qué te pasó?

Mi Lady, no se tome tantas confianzas ―interrumpió una voz masculina desde fuera cuando iba a hablar―. Quién sabe si es un vándalo que recibió su merecido esta noche.

En aquel momento, recordé todo lo que había acontecido antes de despertar allí, mi mente se despejó y por fin pude aclarar lo sucedido.

***


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¿Cómo te atreves...? ―Diana se giró al escucharme hablar, había soltado todo lo que pensaba de ella, lo molesto que resultaba sentir el efecto de su habilidad, no me había parado a tratar de suavizar ni siquiera las palabras.

Por supuesto, aquello había sido un error. En cuanto hube soltado todo aquello la furia que sentía había mitigado y aquello significaba que el efecto que producía aquella mujer volvía a hacerse notar.

Sentí arder mis entrañas en arrepentimiento y deseé con todas mis fuerzas asesinar a mi yo de un minuto atrás para que nunca hubiese pronunciado aquellas crueles palabras contra la musa de Bastión Hueco.

No pude disculparme o suplicar su perdón, el veloz sonido de un látigo haciendo silbar el viento vino acompañado de una horrible sensación de escozor en mi pierna que me hizo caer y otro, y otro más.

Las heridas no eran demasiado graves, pero el dolor era indescriptible. La chica de cabello dorado se acercó hasta mí quedando a pocos centímetros de mi posición. Traté de levantarme cuando noté otro latigazo más golpearme, esta vez en mi cara. El corte me hizo soltar un grito de dolor antes de empezar a saborear mi propia sangre.

La fuerza del bosque que Diana parecía dominar me atrapó con sus raíces y ramas dejándome suspendido en el aire sin poder moverme siquiera

Me importa una mierda el título de Maestro ―estalló en furia mientras avanzaba hacia mí―. Y créeme, tengo todo el derecho del mundo a pedir favores.

>> No sabes todo cuanto tuve que sacrificar.

Quise responder, pero fue imposible cuando noté un puñetazo que me dejó sin aliento y que posiblemente me hizo vomitar.

Me sentí mareado y todo se volvía oscuridad a mi alrededor, mi mente caía en estado de inconsciencia.

No sabes nada.

***


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<<Diana...>>

La joven noble hizo oídos sordos a la advertencia del conductor poniendo un gesto infantil en su rostro, pero pronto volvió a sonreír en cuanto sus ojos volvieron a encontrarse con los míos.

Mi nombre es Lenessia ―se presentó de forma elegante.

Es un bonito nombre ―traté de reír, aunque aquel intento acabó en una tos débil―. Yo soy Alexander Fürst Von Winderinnerung, con solo Alex está bien.

>>Fui atacado por una manada de animales salvajes mientras me dirigía al castillo. Siento mi indiscreción, Lady Leinessia, pero por su vestimenta puedo imaginar que ustedes también van hacia allí, ¿cierto?
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor 15nuxalxv » Mié Jun 04, 2014 6:28 pm

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Tras darle una respuesta afirmativa a la Maestra Yami, ésta me asió de la mano con ímpetu y me arrastró (literalmente, hubo ocasiones en las que me tropecé debido a la velocidad a la que la Maestra me llevaba) por los escalones que conducían hasta el monarca. No me dio tiempo a despedirme de mis compañeros (ni oír si habían dicho algo) siquiera.

Alcanzamos un extenso pasillo, de techo aún más alejado de nosotras, si cabía, y de paredes repletas de cuadros pintados a mano, enmarcados en oro.

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Intenté zafarme del apretón de Yami; en el caso que lo consiguiera, la seguiría dando un lento paseo, mientras observaba los imágenes: la mayoría representaban esbeltos, pálidos (y delicados, en el caso de las féminas) individuos. Supuse que se trataría de la familia real que habitaba (o había habitado en algún momento) el castillo.

¡Qué cuadros tan tristones los primeros, sí!opinó la Maestra, mientras danzaba infantilmente sobre la alfombra de terciopelo carmín; la misma que había en el otro pasillo. ¡Mira, mira! ¡Notarás la diferencia con nuestro Rey!

Continué la caminata por el pasillo. No podía evitar mirar hacia todos los lados, no quería perderme ni un solo detalle de aquel mundo: se distanciaba tanto de mi mundo natal, Port Royal… Allí, todo era triste y húmedo; y los colores, grisáceos. Una vez más, me sentí feliz de haber querido abandonar mi hogar y echarme a la aventura.

Cuando llegué hasta la mitad del corredor, distinguí cómo se repetía un elemento: en todas las imágenes de esa sección aparecía un hombre de poca estatura y vientre generoso, con un gran bigote poblando su labio superior, dándole un toque picaresco. Al principio, aparecía solo, distante y melancólico; pero al ir recorriendo la estancia, los colores se volvían más cálidos y afables: primero, con una mujer a su lado (tal vez su esposa, pensé); y después con un niño. En estos últimos, siempre se le veía divertido y cariñoso, jugando con el pequeño, quien quizás fuera su hijo. Ante cada representación nueva, no podía evitar sonreír: la felicidad que irradiaban sus rostros me contagiaba. ¿Acaso éste era el rey al que se refería Yami? ¿El rey actual?

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¡Al Rey le encantaba jugar con su principito!ya no había duda: aquel hombre era el soberano del mundo, el hombre simpático y juguetón que la Maestra había descrito.Pero estamos tristes. Su retoño creció y ya no juegan tanto juntos, no. ¡Es por eso que quizás el Rey necesite gente con quien jugar al chocobito tailandés, sí!

Aquello me apenó un tanto, pese a que supiera que era inevitable: los niños crecen, y ya no les gusta hacer lo mismo que cuando medían poco más de un metro. Bueno, tal vez exceptuando a Yami. La excepción que confirmaba la regla, me dije.

>> ¡Por eso lo que tenemos que hacer es...!

¿Se puede saber qué hacen aquí... señoritas?

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La frase de Yami se vio interrumpida por una voz que venía de nuestras espaldas. La propietaria de la voz era una mujer esbelta, de facciones afiladas e indumentaria sobria. Pude vislumbrar un pequeño libro entre sus enguantadas manos.

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Lo siento mucho, pero este ala está restringida, sólo pueden pasar quienes tienen autorización de Su Majestad―su mirada se dirigió (no sabía si involuntariamente, o en una inspección de nuestro aspecto) hasta los pies sin calzar de Yami. Tosió con un recato fingido que no convencía a nadie, y añadió―. Me supongo que están aquí para conocer a Su Alteza, el Príncipe.

>> Lo mejor sería que acudieran a la fiesta del piso de abajo. El Príncipe no tardará en salir de sus aposentos.

No pude evitar sonrojarme ligeramente ante la insensible reprimenda; un modo educado de echarnos del lugar. Miré de soslayo a la Maestra para ver cómo reaccionaba, y una vez más, me sorprendió:

¡Oh! ¿Le gustan mis pies?Sólo ella podría haber extendido su pie hasta prácticamente tocar la picuda nariz de la dama, quien se espantó ligeramente, pero intentando no faltar al decoro.¿A qué son bonitos, sí, sí?

Ah, s-sí... preciosos.

La Maestra Yami continuó sosteniendo su pie en alto (haciendo que las faldas de su ropa enseñaran más de lo adecuado) sin reparo. No como la mujer, que estaba a punto de estallar debido a la impertinencia que tenía frente a sus fosas nasales. Debía de estar luchando internamente por llamar a los guardias (algo que yo no quería que ocurriese) o seguir allí, inmóvil y con una falsa sonrisa dibujada en el semblante, que engañaba cada vez menos.
Entonces, la Maestra me hizo un guiño. Aquello podía significar muchas cosas: podía querer que me fijara en la cara de la mujer (un cuadro que merecía ser colgado en la pared junto a los otros) o en su pie. Pero existía una remota posibilidad de que fuera una señal para actuar. ¿Y si Yami no estaba loca de remate, sino que había planeado una astucia para distraer a la señora? ¿Acaso quería que aprovechara el momento de incertidumbre que estaba pasando la mujer para deslizarme hasta los aposentos del Rey?

Pensé en lo que podría ocurrir si seguía el hipotético plan: si por casualidad llegaba hasta el Rey, ¿cómo podría convencerlo para que no llamara a los soldados? Si le decía que me enviaba la Maestra, ¿bastaría? Y en el caso que me descubrieran antes de lograr llegar a sus aposentos, ¿qué diría? Puede que si me excusara declarando que me había perdido buscando a mi acompañante… Lo mejor que podría ocurrir es que se lo creyeran y me acompañaran al salón del baile, donde podría usar a Lune o a Maya como coartada. Y lo peor… Bueno, prefería no pensar en eso.

Así, mientras ambas mujeres seguían ensimismadas en su “conversación”, yo me escabullí hacia el final del pasillo, donde abriría la puerta que estuviese más al fondo y la cerraría con sigilo, teniendo la esperanza de no convertirme en persona non grata en aquel mundo en el transcurro de la noche.
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Re: [Castillo de los Sueños] ¡Bibidi babidi bu!

Notapor Luneshine » Vie Jun 06, 2014 4:44 pm

Después de presentarnos, todos los tres no dirigimos a las escaleras del castillo, atravesando al que seguramente una noche anterior había sido un hermoso jardín, pero ahora estaba maltratado por ruedas, herraduras y zapatos de tacón. Me apene un poco por el jardinero, que seguramente, al día siguiente tendría que restaurarlo todo y dejarlo intacto, cosa que le llevaría muchísimo tiempo, según los daños provocados.

Por fin llegamos a la entrada del castillo, no sin antes tener que escalar unas empinadas y peligrosas escaleras de la muerte, provocando varias caídas por parte de las chicas (debo decir que yo tampoco me libré de padecer ante mis ropajes, provocando caídas de lo más chistosas), haciendo que sus vestidos se convirtieran en tiras poco a poco, empeorando nuestro aspecto. Estaba tan enfadado que no me di cuenta de que la maestra estaba vestida totalmente diferente a nosotros, con unos ropajes que le quedaban perfectos y que tenían toda la pinta de ser realmente cómodos.

Pero bueno, después de todo ese jaleo, conseguimos entrar en el castillo. Lo que había delante de mí me dejó sin aliento: un enorme pasillo con el techo tan alto como… como… no tenía como describir la altura de esa estancia. Jamás había visto un lugar tan grande en toda mi vida, pero ¿qué esperaba? ¡estaba en un castillo! Lo normal es que las cosas fueran enormes.

Seguimos andando, yo un poco más atrás de las chicas y la maestra, hasta que esta empezó a hablar.

¿Sabéis? ¡Os podemos presentar a Su Majestad! ―erguí una ceja interesado, ¿conocer el rey?, ¿estaría hablando en serio? ― Le gustaba mucho jugar con nosotras al corre-caballito y al pilla-pilla. ¡Que sí, que sí! Y al pollito inglés.

¿Qué? No entendí ni media palabra de la última frase de la maestra. ¿Un rey jugando?, la imagen que tenía de los reyes era que tendría que ser serio y responsable por su reino, no de alguien que le guste jugar a lo que fuera que Yami dijera. Otra cosa que me llamo la atención fue que la maestra menciono que al monarca le gustaba jugar con nosotras, ¿quién sería la otra persona?, ¿su amiga que le había entregado la invitación?

Podéis venir con nosotras, seguro que al Rey le encantará que le demos una sorpresa ―la maestra señalo un desvío hacia la derecha y luego dio un giro sobre sí misma.

Sonreí con la actitud de la maestra, que más que una maestra, parecía una divertida niña. Sin embargo, en el camino que Yami indicaba era el menos transitado, para decir la verdad, no había absolutamente nadie. ¿Podríamos confiar en que Yami nos estaba diciendo la verdad sobre el monarca? Yo no estaba muy seguro, pero esperaría la reacción de mis compañeras.

La primera en reaccionar fue de Jeanne, que miro a Maya queriendo saber si ella iría o no, y esta, negó con la cabeza. Seguramente tendría más censo del sentido que la chica de gafas, que al poco rato de decir que acompañaría a Yami, fue arrastrada a la fuerza por la maestra, que estaba demasiado entusiasmada con la idea de tener una acompañante.

Entonces solo quedaba una opción: ir con Maya.

Pero, ¿cuál fue mi sorpresa cuando me gire para hablar con la muchacha? ¡Había desaparecido! Seguramente se habría marchado ya.

Suspire exhausto y me dispuse a andar en dirección al salón del baile, y una vez allí, me dispondría a buscar a Maya entre la multitud.
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