[Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Trama de Xefil, Bavol, Stelios y Albert + Fátima

La aparente traición de Tierra de Partida en un acuerdo de paz provocó el anuncio de la guerra por parte de Bastión Hueco. Los aprendices deben enfrentarse entre sí, entre antiguos amigos y compañeros. ¿Cómo lograrán sobrevivir cuando otras amenazas acechan?

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

[Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Tanis » Dom May 11, 2014 1:01 am

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La rápida carrera le hizo casi resbalar sobre el barro blando y mojado. Llovía a cántaros y era una de esas noches en las que ningún hombre decente osaría salir de casa. Tenía serias dudas sobre la veracidad de la decencia de los hombres de Port Royal, pero eso era otro asunto.

¡Vuelve aquí, ladrón! —Una voz tronó tras el primer rayo de la tormenta.

La suela de las botas se deslizó por los adoquines de piedra tan limpiamente que su cuerpo avanzó como lo haría la quilla de un navío por la superficie del agua. Se sujetó al alféizar de una ventana oportuna y esquivó como pudo los disparos, con esa gracia y habilidad natural suya tan espectacular y por la que se suponía el Caribe debía reconocerle. Se agachó al sentir las astillas estallando sobre la cabeza y frenó justo antes de que otro tiro abriera un humeante agujero en la pared.

¡Ese había estado cerca!

Giró rápidamente sobre la punta de los pies y continuó corriendo.

¡Que no escape!

Las voces de sus perseguidores retumbaron a la vuelta de la esquina y él apretó el paso todo lo que pudo. Patinó a través del empedrado de una calleja adyacente y cruzó la contigua hasta detenerse bajo un pequeño soportal medio cochambroso y escondido. Allí quieto esperó a que los hombres que intentaban darle caza no siguieran su rastro y pasaran de largo. Aguantó el aliento y se apretó contra el pecho el bulto que había estado cargando consigo. El murmullo de las voces sonaba cada vez más apagado tras el ruido de la cortina de agua. La lluvia había borrado sus huellas, suerte la suya. Lentamente se oteó a través del resquicio abierto de los portones, para comprobar que ya nadie le seguía. Respiró más tranquilo al oír los pasos de aquellos bribones alejándose en la penumbra. Más allá no había nadie, tan sólo el agua cayendo a plomo contra el suelo como pequeña balas de cañón.

Con un suspiro aliviado, se escurrió por la pared hasta caer sentado. Con destreza, desató los nudos que cerraban la bolsa y metió la mano para sacar su contenido. El tacto del pergamino le hizo levantar las cejas. Con cuidado para que no se mojara demasiado con los goterones que caían desde el techo, extendió ante sí la pieza. A la pobre luz de las antorchas que todavía quedaban encendidas en la galería, pudo ver lo que era.

Vaya, vaya… —murmuró sin darse cuenta.

Una sonrisa, entre ambiciosa y animada se dibujó lentamente en sus labios, dejando ver el brillo de los dientes de oro que llenaban los huecos de una dentadura picada.

Interesante. Muy… interesante.

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Una semana. Sólo una semana tras de la declaración de Guerra.

La situación de Tierra de Partida aquella mañana no era de las más alegres, al igual que todas las anteriores. Después de todo lo que había pasado en La Red, de la «traición» a Bastión Hueco estando a punto de firmar una paz, nadie lograba levantar cabeza realmente. Algunos de los aprendices se habían cambiado de bando, quizá más impactados por la acción de Ronin que por afinidad de ideales. Aunque eso ya no podían saberlo. Ellos mismos se preguntaban si habían hecho bien en quedarse, en si era correcto continuar bajo las órdenes de un hombre capaz de cometer tamaña falta de honor. O no…

Sin embargo tenían que seguir adelante, intentar avanzar con la cabeza alta y afrontar la idea de que ahora estaban en guerra. Y que una guerra conllevaba obligaciones y deberes especiales. Además de los sincorazón, debían preocuparse también por las acciones de Bastión Hueco y prepararse para defenderse de cualquier tipo de ofensiva.

A los aprendices nombrados a continuación,

—Fátima Laforet. Xefil. Bavol Trené. Stelios. Albert.—

Se os convoca para una misión importante.

Debéis viajar al Mundo de Port Royal y averiguar el paradero de un objeto denominado Espada de Cortés. Una vez localizado, tenéis que traerlo a Tierra de Partida para su custodia y vigilancia. Es un objeto peligroso y no podemos dejar que caiga en manos de Bastión Hueco.

Reuníos en el aula 01. Organizaros como más creáis conveniente y partid lo más pronto posible. El trabajo en equipo es vital al igual que la discreción.

Sed cautelosos y no falléis.

Maestra Rebecca


Una nota como esa le llegó a todos y cada uno de los aprendices citados por medio de un moguri mensajero, estuvieran donde estuvieran. Rebecca no especificaba nada más sobre los pormenores de la misión, el viaje o la línea de actuación, dejaba claro qué era lo que tenían que hacer. El cómo se prepararan ellos era su asunto. Quizá en esa falta de extensión podía notarse nerviosismo, tensión, impaciencia. Ninguno de ellos podía estar seguro de eso.

¿Qué era lo que escondía esa espada para que los maestros estuvieran tan desesperados por encontrarla justo en esos momentos tan precarios?

El aula 01 estaba ubicada en el primer piso, junto a la biblioteca y otras aulas, y estaba vacía a excepción de los aprendices requeridos que iban llegando. Nada indicaba que la misión fuera difícil, únicamente que debían conseguirlo a toda costa sin destapar sus identidades de caballeros.

Quién sabía lo que podía pasar si Bastón Hueco se enteraba o pretendía lo mismo que ellos.


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¡Bienvenidos a “¡Sigamos esa senda!”!

He de confesar que me sorprendió mucho que fuera la primera trama en completar su cupo de participantes, ya que soy master becaria y es mi primera trama.

Espero hacerlo lo mejor que pueda, que os divirtáis lo máximo posible y que desarrollemos una historia interesante tanto en esta como en siguientes. No tengáis miedo de hacer algo, lo que se os pueda ocurrir, sólo porque os hayan indicado que tengáis cuidado. Ante todo, me gustan las acciones coherentes para con el personaje. Para cualquier duda, ya sabéis, mp.

Os dejo dos rondas para reuniros, planificar y viajar ~

Buena suerte.

Fecha límite: 21 de mayo.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Tidus Cloud » Dom May 11, 2014 7:06 pm

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Todo había cambiado.

Ya hacía tiempo que había ingresado en la Orden con la esperanza de poder salvar a los gitanos y de vencer a los sincorazón, cosa que todavía no había hecho. Alguna vez había pensado que no estaba haciendo grandes hazañas como el resto de sus compañeros, pero siempre se había podido consolar recordando los nuevos amigos que había hecho y el tiempo que había estado dedicando al entrenamiento.

Sin embargo, tras todo lo que había ocurrido en la Red, era consciente de que la situación se había vuelto mucho más peligrosa. Los primeros días se había encerrado en su cuarto y se había dedicado a llorar lamentándose de su suerte, pero tras el horrible encuentro que había tenido hace unos días con Hikaru*, había decidido que debía seguir adelante. Seguía siendo fiel a Ronin, tenía que defender la luz para así poder salvarlos a todos, para salvar a los mundos de la amenaza de los sincorazón y para que nunca volviesen a perder a ningún compañero más. Nada iba a poder detenerlo de su verdadero objetivo: ser un Caballero de la Llave Espada y el defensor del bien.

También era cierto que, pese a todas estas nobles intenciones, aquella terrible situación que estaban viviendo todos también le dolía. No era nada fácil levantarse por las mañanas emocionado y deseoso de empezar a entrenar como hacía antes.

Aquel día decidió que no quería estar solo ni por un momento más, de modo que se dirigió a la biblioteca a pasar el tiempo rodeado de otros Aprendices. Estaba sentado en una de las mesas de la biblioteca intentando leer uno de esos libros infantiles llenos de ilustraciones para iniciarse en la lectura, cuando de pronto se le acercó un moguri con una nota en la mano.

Eh… gracias, pero no sé leer muy bien todavía. ¿Me la puedes leer, por favor? —pidió Bavol con el tono más dulce que pudo.

Agarró la nota y entre sus propios conocimientos y la posible ayuda del moguri desentrañó el contenido de aquella nota. Le estaban llamando para una misión junto con otros Aprendices, por fin. Bavol estaba encantado de escuchar aquella noticia, ya hacía mucho tiempo que no salía a explorar mundos nuevos.

La nota también indicaba que tuviesen cuidado con Bastión Hueco, lo que quería decir que seguramente el otro bando también estaría implicado. Aquello no le gustó para nada a Bavol, deseaba de verdad pasar aunque fueran dos días sin oír nada sobre aquellos traidores; no obstante, comprendía que la guerra había comenzado y que ahora se tendría que ver las caras más a menudo.

Por último, la Maestra Rebecca les había indicado que se organizaran como vieran conveniente. ¿Qué clase de instrucciones eran esas? Estas prisas y este exceso de libertad no le inspiraban demasiada confianza a Bavol, parecía que ahora había que hacer las cosas de una manera más rápida, más independiente y más eficaz, o acabarían lamentando las consecuencias.

Fueran cuales fueran los detalles, él tenía una misión que cumplir, así que dejó el libro que había estado leyendo cerrado sobre la mesa y se dirigió hacia el punto de encuentro, que casualmente estaba bastante cerca de la biblioteca.

Cuando llegó al aula, abrió la puerta y para su sorpresa descubrió que la habitación estaba vacía, el resto de Aprendices no habían llegado todavía. Bavol se encogió de hombros y decidió entrar, esperaría un rato a los demás y si nadie llegaba, saldría para comprobar si se había equivocado de habitación.

Se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la pared y comenzó a pensar en cómo sería aquel mundo al que les habían mandado. Esperaba que por lo menos no estuviese lleno de electricidad como La Red…

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*El encuentro con Hikaru va cronológicamente antes que la trama, pero todavía no se ha posteado.
Última edición por Tidus Cloud el Vie Jul 11, 2014 10:05 pm, editado 1 vez en total
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Thailgar » Lun May 12, 2014 8:58 pm

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Todo había cambiado para Stelios, y no para bien.

Hacía ya tres días que había regresado a Tierra de Partida desde Coliseo, donde habían ido a buscarlo Malik y Albert, y aunque se sentía mejor consigo mismo y con la decisión de permanecer en la Orden, lo cierto es que aún estaba intranquilo. Aquellos días habían resultado extraños. Apenas había hablado con nadie, y sus entrenamientos se habían relajado un poco. Sufría una crisis moral que, aun con los esfuerzos de sus amigos, todavía le afectaba en cierta medida, y no podía evitar pensamientos oscuros sobre si estaba en el lado correcto de aquella guerra. ¿Dónde se había metido? No llevaba mucho tiempo en la Orden, y en poco tiempo había descubierto que todo aquello no era tan blanco o negro como le hubiera gustado creer. Creía estar en el bando de la luz, y sin embargo…

Stelios suspiró, agotado por aquella sensación. Su escapada a Coliseo le había ayudado a verlo con una mejor perspectiva, pero todavía no se sentía recuperado por completo de los efectos de lo que había visto y oído en la Red. Tumbado y solo sobre el césped, en los jardines, invocó su Llave-Espada y la alzó sobre él. Representaba su nueva vida como caballero, ¿pero qué representaba ser caballero? ¿Realmente luchaba por todo en lo que él creía? ¿La oscuridad era necesariamente malvada? ¿Y la luz necesariamente buena? Aquellas cosas eran demasiado complicadas para él. Le hubiera gustado que todo fuera mucho más sencillo, como siempre había creído. Los héroes son los buenos, y luchan contra los malos. Y no había nada más que hablar.

Le estaba empezando a doler la cabeza cuando apareció uno de los extraños seres que pululaban por toda Tierra de Partida, un moguri. Aun no se había acostumbrado a su presencia, igual que a otras tantas cosas. Pero como con todo, iba aprendiendo sobre la marcha. Aceptó la nota con una sonrisa y leyó su contenido. Le convocaban a una misión en un mundo llamado Port Royal, para recuperar una espada antes de que Bastión Hueco hiciera lo propio. Junto con él irían otros aprendices, entre ellos Fátima y Albert. No conocía a los otros dos, aunque nunca era un mal momento para aumentar el número de caras conocidas.

Aquello era justo lo que necesitaba en aquel momento, algo con lo que distraerse las veinticuatro horas y poder aparcar sus malos pensamientos. Al margen de su experiencia en la Red, aquella sería su primera misión de verdad. Se sentía mucho más fuerte y preparado que cuando llegó allí desde Coliseo y había llegado el momento de ponerse a prueba. Quizá incluso había llegado el momento de practicar contra enemigos reales su técnica dual. Había entrenado hasta el límite, con Lyn y en solitario, y siempre había una primera vez, después de todo.

Se levantó de un salto, más animado. Agradecía tener algo que hacer. Sin más dilación, echó a correr en dirección al castillo, en busca del aula 01 donde le habían citado con el resto. Al llegar y entrar, descubrió a un desconocido sentado en el suelo, algo ensimismado en sus pensamientos. Supuso que sería otro de los citados a la misión. ¿Xefil o Bavol?

¡Hola! —saludó —. Mi nombre es Stelios. ¿Es aquí donde nos tenemos que reunir para partir hacia Port Royal?

Se sentía algo nervioso, pero también emocionado. ¡Por fin una aventura! La Red había sido un lugar interesante, pero prefería ir de viaje sin que le secuestraran. Casi sentía como le temblaban los puños de los nervios. ¡Quería salir ya hacia aquel nuevo mundo!

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Esta trama se sitúa en la cronología de Stelios después del encuentro con Malik y Albert, aún por subir.

Un saludo a todo el mundo y muchos ánimos para la nueva master, que seguro que lo hace muy bien. ¡Seguro que nos divertimos!
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Ficha

Cronología de Stelios

Segunda Saga

Tercera Saga



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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Suzume Mizuno » Mar May 13, 2014 11:05 pm

Fátima tomó la nota que le ofrecía el moguri y le dio las gracias con una sonrisa. Cuando la criaturita la dejó a solas, la leyó en silencio, acariciando con una mano a Harun, que ronroneaba sobre su regazo.

«Port Royal otra vez, ¿eh? Bueno, esta vez parece que es tierra adentro así que no creo que encontremos barcos del demonio. Pero no me gusta nada esto. ¿Cómo que organizarnos como veamos? ¿Y qué clase de espada es?». El nombre de Cortés le resultaba familiar, por lo que decidió pasarse rápidamente por la biblioteca antes de reunirse con sus compañeros.

Conocía a todos los aprendices mencionados excepto a Bavol Trené que, supuso, era de los nuevos o relativamente recién llegados. Como lo eran Stelios y Albert. Xefil, en cambio, se podía incluir entre los «veteranos». Hizo memoria y recordó la misión en la que estuvo con él, aunque apenas sí se hablaron. Sufrió un estremecimiento. Fue la misión donde se encontró cara a cara con Andrei.

Se levantó y dejó a Harun en la cama, hecho un ovillo. El dragón bostezó y cambió de postura, sin despertarse, ya acostumbrado a las idas y venidas de Fátima. Cerró aun así con cuidado la puerta y se dirigió a todo correr a la biblioteca.

Tierra de Partida había cambiado radicalmente desde que volvieron de la Red. Ya nada era igual. La ausencia de los aprendices que se habían marchado a Bastión Hueco quemaba y la actitud de los Maestros, fría, distante, todavía más. Fátima no había dejado de preguntarse ni una sola vez si había hecho bien en mantenerse al lado de Ronin. Las palabras de Ragun le venían una y otra vez a la mente y se preguntaba si no estaría del lado equivocado. Pero luego pensaba en la crueldad de Ryota o en los métodos de Andrei o de Nanashi y…

No podemos dejar que caiga en manos de Bastión Hueco.

Meneó la cabeza. Ya daba un poco de igual, ¿no? Todos habían escogido su bando y los enemigos no lo olvidarían.

Y luego estaba el tema de la otra Fá… No, de Clío. Dijo que estaría en Ciudad de Paso… Debía ir a verla, pero cada vez alargaba más y más el momento de la decisión y, aunque no quería reconocerlo porque era un sentimiento egoísta y cruel, en el fondo sabía que se le revolvían las entrañas por un motivo muy concreto. En la Red apenas sí había tenido tiempo para pensar o entender nada. Pero, una vez en su habitación…

No podía dejar de recordar las formas de Clío. El aspecto de Clío. Y que todo el mundo la había visto. No, las había visto juntas, a las dos. Y eso significaba que era muy fácil compararla con una mujer de verdad y… Preguntarse por qué ella no era así, cuando se suponía que Clío era su réplica.

Sacudió la cabeza. Sabía que era una tontería, que estaba exagerando y que su fachada estaba muy bien construida —o eso había pensado—. Pero no podía evitar experimentar un horrible hormigueo cada vez que se encontraba con alguien, en especial con amigos cercanos. ¿La comparían con Clío? Se respondía que no, que no era el centro del universo y que la gente estaría muy mal si sospecharan que era un chico pero…

Pero el miedo seguía ahí. Una maldita semilla que echaba poco a poco raíces.

Una vez en la biblioteca buscó rápidamente información sobre Port Royal y, en concreto, Cortés. Al parecer había sido un gran conquistador, político y militar a un mismo tiempo, que se hizo en pocos años con un gran imperio. Pero, al menos en un primer repaso, no encontró nada sobre la spada que se suponía que tenían que encontrar. Se preguntó si no podría ser algún objeto posterior al que le hubieran atribuido el nombre del conquistador.

¿Y por qué era tan peligroso?

****



Cuando llegó al aula que se indicaba en la nota, vio que Stelios ya se encontraba allí con otro chico, sorprendentemente joven. Apretando el libro de Cortés contra su pecho, se adelantó y esbozó una sonrisa mientras decía:

Hola. ¿Qué tal, Stelios? Me alegra ver que vamos a ir en una misma misión —dijo, extendiéndole una mano para estrechársela a modo de saludo. Después se volvió hacia el más pequeño y repitió el gesto, preguntando—: ¿Bavol…? Yo me llamo Fátima. Un placer conocerte.

Miró a su alrededor, pero la sala estaba vacía.

Supongo que debemos esperar a los demás, pero, entre tanto, ¿sabéis algo de la espada que tenemos que buscar? ¿O del mundo al que vamos a ir? Yo lo he visitado en una ocasión y he leído algo sobre él, así que si tenéis alguna duda puedo contestaros. Luego deberíamos ir a cambiarnos para… ser discretos —añadió, haciendo referencia a las exigencias de la Maestra Rebecca.

Esperaba que el resto de sus compañeros no tardaran mucho en llegar…
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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Zee » Mié May 14, 2014 4:46 pm

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Me dieron permiso de jugar a la araña. No me hago responsable ewe


El bostezo que acababa de pegar había sido tan amplio que por un momento pensé que llegaría a ser eterno. No obstante, fue un bien necesitado descanso para mi fatigado cerebro. Seguidamente me froté los ojos, intentando disipar la pesadez de mis párpados y me mordí el labio para intentar mantenerme alerta mientras continuaba trabajando en mis apuntes. Giré el bolígrafo entre mis dedos, precariamente; repasé las últimas líneas que había escrito:

El 'mecanismo de decaimiento del complejo Bell-Heisenberg-Doppler' descrito previamente adquiere una importancia fundamental en el hechizo. Una secuencia de teletransporte ha demostrado adquirir dificultad conforme la cantidad de procedimientos aumenta, especialmente considerando que el usuario se encuentra obligado a evitar la proyección visual. El parpadeo continuo implica una implicación que [...]

Oh... —mi cansancio aparentemente había comenzado a tener graves consecuencias en mis notas. No pude evitar bufar por la nariz, fastidiado, cuando reparé en que un simple descuido me había echado a perder todo lo que había escrito en mi tiempo libre en la mañana. Incluso aunque me dolió en el orgullo, tuve que arrancar la página entera, arrugarla hasta volverla una bolita, y metérmela en el bolsillo.

Debía admitir que escribir mis propias notas me despejaba la mente. Durante aquella semana había tenido muchas cosas en que pensar, pero había decidido que eran demasiadas, y muy complicadas, como para pretender lidiar con ellas con tranquilidad. Así que, aunque fuese algo cobarde, prefería entretenerme en otras cosas; por ejemplo, hacer apuntes sobre mis hechizos en mi diario, por si llegaban a servir de algo en un futuro. De cualquier manera, ya tenía toda la noche para ponerme a pensar. E igualmente si con las pesadillas de Nadhia terminaba despertándome...

Volví a bostezar. Consideré entonces la atractiva posibilidad de tomar una siesta. Debía admitir que el techo era particularmente cómodo... fresquito, suficientemente limpio, sin nadie que me molestara salvo las ocasionales arañas... ¿Se terminaría el hechizo, el que me mantenía de cabeza en un rincón del aula, si me quedaba dormido? Aquello era un riesgo que mantener en mente.

Por ello lo anoté en mi cuaderno, para futura experimentación.

Ya no sabía cuánto llevaba allí "colgado", pero debía ser ya un rato si me había comenzado a entrar sueño. Desde que el moguri mensajero me había llevado aquella carta a mi habitación (y mi ya casi obligatoria queja sobre cómo los Maestros nunca establecían una hora), había recogido todas mis cosas y me había presentado en el aula temprano, puesto que no tenía mucho que hacer. Mientras masticaba sin muchas ganas mi improvisado desayuno, leía un par de libros teóricos sobre la transferencia de materia-energía y escribía mis notas en mi cuaderno, recé por que así el tiempo pasara más rápido y fuese más ameno esperar a la Maestra Rebecca.

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Si visualizan así a Xefil, no estarán muy lejos de la realidad e_e (?)
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Por una vez, agradecía que no se tratara de Ronin. Como muchos de los Aprendices, no tenía ganas de siquiera verlo. O a lo mejor sí, pero simplemente no me sentía preparado para ello. Había pasado una semana y todavía no lo sabía con claridad.

Volví a bufar. Me tiré de espaldas, soltando definitivamente mi libreta, y volví a estirarme tanto como podía. Con suerte la misión de aquel día me despejaría más de lo que un par de libros y mi proyecto de bitácora podían hacerlo. Salir de Tierra de Partida podía, tal vez, sentarme bien. Y tal vez entonces regresara con más ganas de entrenar.

Justo cuando pensaba en aquello, la puerta del aula se abrió. Sin no muchos ánimos, "alcé la mirada al suelo" para ver quién había entrado; estuve a punto de saludar por cortesía, pero me sorprendí al ver a un niño mirando a su alrededor y luego sentándose en el suelo. Era mucho más joven que el Maestro Akio, más que Maya, e incluso Fyk.

De verdad debemos estar en guerra si están reclutando... niños —si hubiera dicho aquellas palabras en voz alta, me habrían dejado un sabor amargo en la boca. Poco a poco parecía que el velo que había cubierto a Tierra de Partida todo ese tiempo comenzaba a caerse frente a mis ojos.

"Carne de cañón".

Abrí la boca para decir algo e informarle al chico que en realidad no se encontraba solo, pero alguien más se me adelantó en el momento justo:

¡Hola! —saludó el joven que acababa de entrar en el aula, alto y de aspecto atlético. La armadura que llevaba puesta, que parecía asombrosamente pesada, me recordó a la de un viejo amigo. Sonreí en silencio, pensando en lo parecido que me resultaba a Axel—. Mi nombre es Stelios. ¿Es aquí donde nos tenemos que reunir para partir hacia Port Royal?

Aunque no era lo único por lo que me sonaba familiar... ¿A aquel chico no lo había visto antes? Dispuesto a descubrirlo, comencé:

Ho-

Hola.

Justo a tiempo, Fátima.

¿Qué tal, Stelios? Me alegra ver que vamos a ir en una misma misión —saludó la chica, a la cual afortunadamente ya había visto antes. Desde que su nombre había aparecido en la nota, me había sentido aliviado de ir acompañado por alguien conocido. Me hubiera dado miedo pensar que, por alguna razón, me habían terminado por dejar a cargo de un grupo de nuevos reclutas—: ¿Bavol…? Yo me llamo Fátima. Un placer conocerte.

Noté cómo Fátima inspeccionaba el aula con la mirada y, para mi entretenimiento, me pasó por alto por completo. No era como si pudiese culparlos, ni a ella ni al resto, ya que había terminado pegado al techo justo por encima de la puerta... pero el hecho de que ignorasen mi presencia me sacó una sonrisita. Era divertido.

Significaba, también, que me estaba volviendo mejor con mis hechizos.

Supongo que debemos esperar a los demás, pero, entre tanto, ¿sabéis algo de la espada que tenemos que buscar? ¿O del mundo al que vamos a ir? Yo lo he visitado en una ocasión y he leído algo sobre él, así que si tenéis alguna duda puedo contestaros. Luego deberíamos ir a cambiarnos para… ser discretos.

¡Hola! —exclamé finalmente, aprovechando el breve momento de silencio. Saludé con la mano desde arriba, sonriendo con gentileza, y me presenté fugazmente a los nuevos—: Soy Xefil.

Disipé el hechizo, brillé violeta por medio segundo, y luego bajé al suelo de un salto. No fue el más grácil de todos mis aterrizajes, sin embargo, puesto que si bien me las arreglé para caer en el piso de manera correcta, me olvidé que había llevado mis cosas conmigo. Me estremecí cuando escuché una lluvia a mis espaldas; mi cuaderno, los dos libros, los bolígrafos, la mochila y una tostada a medio comer crearon un desastre detrás de mí. Estuve a punto de hacer una mueca, pero me controlé en el último minuto, por lo que pareció que había tenido una especie de tic.

Así que... —comencé de nuevo, fingiendo que aquello no había ocurrido para intentar no hacer el ridículo. Sutilmente arrastré uno de los libros con el pie—. ¿Q-qué tal es el mundo, Fátima? Al menos para mí, ésta es una primera visita...
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Leechanchun » Vie May 16, 2014 3:43 pm

Albert había madrugado aquella mañana. Últimamente no descansaba bien y tenía el sueño intranquilo.

La situación se había vuelto muy tensa desde lo ocurrido en La Red, todo el mundo andaba bastante dubitativo y era complicado evitar pensar en lo que vendría después, pues en esa guerra en la que se encontraban ahora… ¿Quién sería el primero en alzar la mano y atacar?

Por si fuera poco, hacía unos tres días, Stelios había escapado hasta su mundo natal, oprimido por las dudas que le estaban atormentando. Albert no pudo creerlo y no dudó en ir con Malik tras él. Todo lo que sucedió en el Coliseo le ayudó a tener claro varias cosas: Aunque no podría cambiar fácilmente, lucharía. Pero no lo haría por la Orden, sino por aquellos que le importaban y, en aquel momento, se trataba de Stelios y Malik. Daría lo mejor de sí mismo por ellos, para evitar que sucediera de nuevo algo así.

Aún con su determinación en mente, le costaba creer lo que quería lograr. Tenía que encontrar ese algo que residía en su interior que le diera fuerzas para seguir siempre adelante, sin miedos. Pero eso iba a ser un camino largo.

Llevaba tantas horas despierto, ocupado en sus pensamientos, que se puso a coser trapos sin sentido alguno para mantener sus manos ocupadas en algo, estaba realmente inquieto. Se pinchó con la aguja en el dedo índice de su mano izquierda y soltó una maldición que casi se tornaba en un sollozo, pero contuvo el lloro.

Mientras se limpiaba la poca sangre que le salía del dedo, alguien llamó a la puerta. Albert le permitió el paso y entró un moguri. Albert se había acostumbrado a verlos por todos lados y le parecía seres adorables, le parecían peluches.

El pequeño moguri le tendió un mensaje y desapareció por la puerta antes de que le diera tiempo a decir gracias. Mientras se chupaba la herida, leyó la nota sentado sobre su cama.
En la nota explicaba que se le llamaba a él y a otros aprendices de Tierra de Partida a una misión en un mundo que no conocía: Port Royal.

Tenían que recuperar una espada, que pertenecía a un tal Cortés y que, al parecer, se trataba de un objeto peligroso que no podía caer en manos de Bastión Hueco.

«¿Puede ser esta espada el arma que se use para iniciar la guerra?»

Abandonó aquel pensamiento, pues lo que menos le apetecía era pensar en ese conflicto. Le animó sin duda el hecho de que fuera a ir de misión con Stelios. También estaba Fátima y otros dos aprendices que no conocía.

Aprovecharía la ocasión para hablar con Fátima y pedirle si podía tomarle medidas para el vestido que Malik le había pedido, llevaba mucho tiempo atascado en la confección de vestidos por falta de una modelo.

Tardó bastante en ir a la sala donde había sido convocado, pues recogió toda su habitación y se aseó antes de salir.

Cuando llegó a la sala, los otros cuatro aprendices ya estaban allí y estaban conversando sobre la misión.

B-buenos días… Siento el retraso. Soy Albert —dijo, mientras se acercaba y se ponía al lado de Stelios.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Tidus Cloud » Vie May 16, 2014 6:50 pm

Afortunadamente, sus compañeros no tardaron mucho en llegar. El primero de ellos fue un musculoso chico de piel bronceada, un poco más mayor que la mayoría de Aprendices, que vestía una pesada armadura de guerrero.

Era todo lo contrario al pequeño y flacucho niño, lo cual resultaba un poco chocante en principio, aunque si lo pensaba bien puede que así fuera mejor. Si cada uno de los miembros del equipo tenía cualidades diferentes, podrían afrontar cualquier situación que se les planteara. Quizás por ese motivo la Maestra Rebecca había especificado que el trabajo en equipo era tan importante.

¡Hola! Mi nombre es Stelios. ¿Es aquí donde nos tenemos que reunir para partir hacia Port Royal? —se presentó efusivamente el guerrero, pese a su duro aspecto, parecía bastante amable.

¡Sí! —contestó Bavol contagiado por el buen humor de Stelios—. Yo me llamo Bavol, vamos a ser compañeros en esta misión.

Seguidamente, entró otra persona en la habitación. En esta ocasión se trataba de una guapa chica con el pelo corto que portaba un libro entre los brazos. Nada más verla entrar sonriente, Bavol con la cara un tanto colorada se levantó rápidamente del suelo y se limpió el polvo de los pantalones con las manos lo mejor que pudo.

Hola. ¿Qué tal, Stelios? Me alegra ver que vamos a ir en una misma misión —saludó ella a su compañero, después se acercó a él tendiéndole la mano—: ¿Bavol…? Yo me llamo Fátima. Un placer conocerte.

Bavol se quedó un poco embobado mirándola mientras ella le tendía la mano. No sabía exactamente cómo debía actuar con ella, así que decidió llevarse la mano de Fátima a los labios brevemente como si fueran un caballero y su damisela para después apostillar:

E-encantado, soy-y Bavol. E-el placer es mío.

Tras aquella curiosa presentación se quedó mirando fijamente a Fátima. No es que le disgustase trabajar en equipo con chicas, pero tenía que reconocer que en ocasiones se ponía bastante nervioso delante de ellas, especialmente si eran guapas. Nunca sabía cómo tenía que tratarlas, ya se había llevado más de un coscorrón de su amiga Myxa por aquel motivo.

Supongo que debemos esperar a los demás, pero, entre tanto, ¿sabéis algo de la espada que tenemos que buscar? ¿O del mundo al que vamos a ir? Yo lo he visitado en una ocasión y he leído algo sobre él, así que si tenéis alguna duda puedo contestaros. Luego deberíamos ir a cambiarnos para… ser discretos

¡Hola!—exclamó de pronto una voz.

Bavol alzó instintivamente la cabeza hacia al lugar desde el que creía que procedía la voz y observó a un joven saludándoles colgando mágicamente en el techo como si fuera una especie de bicho. El pequeño estuvo a punto de soltar un grito a causa de la impresión, ¿cuándo había entrado?

Soy Xefil.

Un pequeño destello rodeó al joven y con un ágil salto bajó con el resto de los Aprendices. Bavol se habría quedado realmente impresionado por las espectaculares habilidades de Xefil si no fuera por el montón de objetos que cayó de los bolsillos del joven. Bavol no pudo evitar contener una sonrisa al ver la graciosa cara que había puesto Xefil al darse cuenta de aquel pequeño imprevisto.

Así que... ¿Q-qué tal es el mundo, Fátima? Al menos para mí, ésta es una primera visita...

Ahora que aquel chico se encontraba a su misma altura se fijó más detenidamente en su aspecto, estaba seguro de que lo había visto antes en algún lugar. Quizás en algún entrenamiento o puede que en los jardines de Tierra de Partida… De pronto, se acordó de quien era aquel muchacho y el pequeño gitano abrió los ojos incapaz de creer que fuera a trabajar con aquel Aprendiz. Se acercó tímidamente a Xefil y llamó su atención tirándole suavemente de la camisa.

¿Tú…tú no eres el que derrotó a Erased? Me llamo Bavol, e-es un honor… —dijo Bavol inclinando levemente la cabeza indicándole que se ponía a sus órdenes.

Finalmente, entró un joven de la edad de Stelios con la piel un tanto pálida que debía de tratarse del quinto miembro que les faltaba para que su equipo ya estuviera completo. Bajo su punto de vista el recién llegado era entre todos los allí presentes el más normal, aunque también era posible que aquel inofensivo chico escondiera alguna impresionante habilidad.

B-buenos días… Siento el retraso. Soy Albert —saludó nerviosamente poniéndose al lado de Stelios, era como ver a la noche y el día juntos.

Hola, soy Bavol —le saludó brevemente con una sonrisa.

Ahora que por fin había llegado Albert ya estaban todos en la habitación y podían planear más detenidamente los detalles sobre la misión. Bavol jamás había visitado Port Royal y tampoco había oído hablar sobre esa espada, de manera que no tenía ninguna información valiosa que aportar.

Eh… ¿Fátima? —comenzó a decir un poco sonrojado al dirigirse a la chica—. ¿Habías oído hablar alguna vez de esa espada?

Bavol escuchó detenidamente todo lo que tuviera que decir Fátima sobre la espada, cualquier detalle podía ser realmente valioso, sobre todo teniendo en cuenta la gran variedad de mundos que existía.

Creo que podríamos preguntar a los habitantes de Port Royal sobre esa espada, ¿no os parece? Si nos dividimos en dos grupos seguro que podremos… —se detuvo un momento al darse cuenta de un pequeño detalle—. ¿No será muy peligroso separarse, verdad?

Independientemente de la respuesta a esa pregunta, si a sus compañeros les parecía bien la propuesta de separarse en dos grupos, él no se opondría y aceptaría acompañar a cualquiera de sus compañeros. Tras escuchar todas las aportaciones que pudieran hacer el resto de sus compañeros decidió concluir diciendo:

¿Qué tal si nos reunimos fuera dentro de un rato? Así cada uno podemos ir a prepararnos o a cambiarnos. —dirigió una mirada a su propia ropa y a su querida capa, nunca le habían dicho nada sobre cómo debía vestir—. ¿Tengo que cambiarme a la fuerza?

Puede que aquella pregunta les pareciera un poco tonta al resto de sus compañeros, pero es que tenía un gran aprecio a aquella capa y no le gustaba salir a nuevos mundos sin llevarla puesto, aunque se cambiaría de ropa si fuera necesario para pasar desapercibido en Port Royal.

Finalmente, se despidió de sus compañeros con una sonrisa y se dirigió rápidamente hacia su cuarto para coger un par de cosas, tenía que prepararse lo mejor posible para aquella nueva aventura. Seguidamente, se dirigió hacia el exterior de Tierra de Partida y cuando todos sus compañeros se hubieran reunido de nuevo convocó su Glider directo a Port Royal.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Thailgar » Lun May 19, 2014 6:20 pm

¡Sí! Yo me llamo Bavol, vamos a ser compañeros en esta misión.

Stelios observó al muchacho. Era… un niño. Un niño pequeño. No debía tener más de diez u once años. ¿Qué hacía allí, en Tierra de Partida? ¿Él también iría con ellos y lucharía? No pudo evitar sentirse algo incómodo con aquello, pero si los maestros lo consideraban correcto… Aunque últimamente ponía en duda el criterio de los maestros, de unos más que de otros.

Estaba valorando hacer algún comentario sobre la poca edad de Bavol cuando la puerta se abrió de nuevo y Fátima entró en el aula. Llevaba un libro entre las manos, apretado contra su pecho.

Hola. ¿Qué tal, Stelios? Me alegra ver que vamos a ir en una misma misión.

Stelios respondió al saludo con una sonrisa. Allí estaba, una de sus grandes rivales, aunque ella misma no lo supiera todavía. Siempre se había considerado a sí mismo como una persona muy intuitiva, y sabía que aquella chica era uno de los pesos pesados más interesantes que podía encontrar en Tierra de Partida. A excepción de los maestros, pocos aprendices habían llamado su atención como ella. ¡Tenía que medirse contra Fátima! ¡Frente a frente! ¡Y pronto!

Sin embargo, aún no era el momento. Si era la mitad de fuerte de lo que presentía, probablemente podría barrer el suelo con su cara antes de empezar a sudar. Le gustaban los retos, pero primero debía aprender y mejorar, ser más fuerte de lo que era en ese momento. Aquella misión sería un buen ejercicio. Y podrían conocerse mejor, por otro lado. Era una buena amiga de Malik desde hacía más tiempo que él y le interesaba hablar con ella. No todo se reducía a pelear, después de todo.

Tras presentarse a Bavol, Fátima comentó:

Supongo que debemos esperar a los demás, pero, entre tanto, ¿sabéis algo de la espada que tenemos que buscar? ¿O del mundo al que vamos a ir? Yo lo he visitado en una ocasión y he leído algo sobre él, así que si tenéis alguna duda puedo contestaros. Luego deberíamos ir a cambiarnos para… ser discretos.

Pues… yo no tengo ni idea de nada, ni sobre Port Royal ni sobre la espada que debemos buscar —no pudo evitar reírse en voz alta de su propia ignorancia. Se había dejado llevar por la idea de salir por fin de misión y no se había preparado. Se notaba quien era el novato y quien la veterana —. Espero que tengas algo útil para nosotros en ese libro.

¡Hola!

Una voz desconocida sorprendió a Stelios. ¿Quién había hablado? En aquella habitación no había nadie excepto ellos tres… y un chico colgado del techo. Las maravillas de la magia, algo que nunca dejaba de sorprender al guerrero.

Soy Xefil.

Con un leve resplandor violeta y un ágil movimiento, el chico-araña cayó del techo, aterrizando con elegancia, no así todas sus cosas, que se desparramaron por el suelo. Xefil no pareció querer darle importancia alguna.

Así que... ¿Q-qué tal es el mundo, Fátima? Al menos para mí, ésta es una primera visita...

Parecía que ya se conocían antes. Aquel chico también destilaba una cierta aura de habilidad y seguridad. No era un novato como él. También sabía combatir. Verlos ahí, a Fátima y Xefil, le hizo darse cuenta de que aún le quedaba un largo camino por recorrer dentro de la Orden.

¿Tú…tú no eres el que derrotó a Erased? Me llamo Bavol, e-es un honor…

¿Erased? ¿No se llamaba así aquella cosa con la que lucharon en La Red? Nunca le había quedado claro, dada la enorme confusión que sentía por toda aquella terminología tecnológica (para él, la “sala de los ordenadores” era un sitio donde se reunía gente muy organizada). Así que Xefil fue el que acabó con aquel monstruo. Aquello era impresionante, sin duda. El dato le sirvió para reafirmar su primera impresión. Aquel chico iba de cabeza a su lista de “gente a la que debo derrotar”.

La puerta se abrió de nuevo y Albert apareció. Parecía más nervioso que de costumbre, aunque siempre que le veía pensaba lo mismo.

B-buenos días… Siento el retraso. Soy Albert.

Cuando se acercó a Stelios, éste le agarró con el brazo por el cuello, abrazándolo mientras se reía. Le encantaba incomodar a su amigo de aquella forma.

¡Pero si es mi héroe, el rescatador venido de Atlántica! Ya creía que te habías dormido. ¿Estás listo para la aventura?

Todos los aprendices convocados en la nota estaban reunidos. ¿Ahora qué? Las indicaciones de la maestra Rebecca especificaban que debían organizarse como ellos decidieran y ponerse en marcha. No es que hubiera mucha organización ni ayuda por parte de los maestros. ¿Siempre se les daba tanta libertad a los aprendices? Casi lamentaba que Lyn no estuviera allí para verle en su primera misión oficial.

Eh… ¿Fátima? —empezó Bavol—. ¿Habías oído hablar alguna vez de esa espada?

Cualquier dato que hubiera obtenido Fátima podía serles de utilidad, por lo que Stelios prestó atención a lo que respondiera la chica. No añadió nada, ya que desconocía por completo como era Port Royal o el objeto que debían encontrar allí.

Creo que podríamos preguntar a los habitantes de Port Royal sobre esa espada, ¿no os parece? Si nos dividimos en dos grupos seguro que podremos… ¿No será muy peligroso separarse, verdad?

Mm… No estoy seguro de si es inteligente preguntar al primero que nos encontremos sobre esa espada. Nos han dicho que debemos ser discretos. Quizá deberíamos empezar por separarnos, reconocer el terreno y escuchar un par de conversaciones ajenas, a ver si encontramos algún dato interesante. No debemos llamar la atención de nadie, menos si los de Bastión Hueco están metidos también en esto.

»Me parece bien lo de separarnos, al menos durante un rato para reunir algo de información. Si estáis de acuerdo, me llevaré a éste conmigo —Stelios señaló con la cabeza a Albert, a quien seguía sujetando con su brazo —. Me sentiría más tranquilo si le tengo a la vista. Si alguien quiere unirse a nosotros, es bien recibido.

Tras escuchar el resto de las opiniones de sus compañeros, Bavol comentó:

¿Qué tal si nos reunimos fuera dentro de un rato? Así cada uno podemos ir a prepararnos o a cambiarnos. ¿Tengo que cambiarme a la fuerza?

No veo por qué tu ropa no iba a pasar desapercibida allí. Supongo que el problema lo tengo yo.

No le gustaba la idea de entrar en aquel mundo desconocido sin la armadura. Le hacía sentirse más seguro, menos desprotegido a un ataque a traición. Con un gesto, desinvocó la armadura, sustituyéndola por el traje de entrenamiento azul que solía vestir cuando vivía en Coliseo. Eran ropas ligeras, aunque también llamarían la atención.

Iré al almacén, a ver si encuentro algo más “discreto”. ¿Quedamos en algún punto concreto de Tierra de Partida para salir juntos?

Una vez dada por concluida la reunión, y tras una rápida visita al almacén para encontrar ropas más adecuadas a la misión, Stelios se dirigió a su cuarto para terminar de prepararse. Se aseguró de que su vieja espada estuviera lista y afilada para la batalla, y la fijó en la guarda a su espalda. Todo parecía listo para partir hacia Port Royal. Se tomó un momento frente al espejo de su habitación, recordando su pequeña escapada a Coliseo y su fuerte discusión con Malik y Albert allí. Habían llegado a las manos, y aun sentía el escozor de las heridas. Pasó los dedos por una pequeña marca en la mejilla, donde quizá le quedara marca. No lo lamentaba. Le serviría para recordar aquella conversación si alguna vez volvía a pasar por algo parecido.

Sin entretenerse más, echó un último vistazo a su habitación y salió corriendo en dirección al punto de encuentro.

¡Hacia Port Royal!
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Suzume Mizuno » Lun May 19, 2014 7:46 pm

El pequeño Bavol la miró con una expresión extraña y Fátima se quedó paralizada mientras sentía que el miedo le comprimía el pecho. ¿Es que llevaba algo raro? Intentando no parecer exageradamente nerviosa, mantuvo la mano extendida, reprimiendo el impulso de tocarse el pelo y la ropa para asegurarse de que todo estaba en su sitio. Pero, entonces, el chico, para su sorpresa, se la besó.

E-encantado, soy-y Bavol. E-el placer es mío.

Permaneció unos instantes en vilo hasta que comprendió lo que estaba pasando y no pudo evitar relajar los hombros, aliviada, e incluso esbozó una leve sonrisa.

«¡Qué encanto!».

Aunque el que Bavol no le quitara la vista de encima le provocó nerviosismo, se dijo para sus adentros que no había nada que temer, que no debía ser paranoica…

¡Hola! Soy Xefil.

Fátima, sorprendida, se volvió para ver al chico colgado bocabajo cerca de una esquina, armado con libros, cuadernos, ¿y una tostada?, como si fuera algún tipo de mono o araña. En medio de un resplandor violáceo, rompió el hechizo que lo mantenía pegado a la pared y cayó con elegancia al suelo. Después, en medio de un estruendo, todos sus objetos se desperdigaron por el suelo. Más relajada, Fátima soltó una risita al ver el tic en el ojo de Xefil y su actitud de «aquí no ha pasado nada».

Así que... ¿Q-qué tal es el mundo, Fátima? Al menos para mí, ésta es una primera visita...

Peligroso—respondió de inmediato, pensando no en todo lo que había leído, sino en la aventurilla que había tenido con Alec… «No». Cerró los ojos. No iba a lamentarse por la gente que ahora se había convertido en su enemiga. Sacudió la cabeza y continuó hablando con seriedad—: Hay muchísimos piratas diseminados por las islas y el gobierno no da abasto con ellos. Conocen la magia, aunque recelan de ella. Y existen sirenas, aunque si por alguna casualidad nos cruzamos con ellas no sería recomendable… Dejarse engatusar. Comen carne humana —remarcó, considerando con algo de preocupación que, siendo tantos hombres, corrían un poco de peligro. Aunque tenía la esperanza de que no se tuvieran que acercar a sus aguas.

Malik le había dicho que las sirenas podían llegar a negociar, pero eso parecía haber sido más gracias a Ana Lucía, que tenía un pacto con ellas.

«Malik…».

Pensó en el hombre, al que había estado esquivando desde la vuelta de la Red y se sintió culpable de inmediato. Se estaba comportando como una egoísta. Pero es que cuando se encontraba con él se sentía tan terriblemente expuesta que la loca idea de que Malik iba a notar —por cualquier tontería, un ademán, una nota más grave en la voz, algo en la ropa…— que era un chico. Y era mucho más fácil evitarle hasta que se le bajaran los nervios que comenter errores frente a él… O de eso quería convencerse.

¿Tú…tú no eres el que derrotó a Erased? Me llamo Bavol, e-es un honor… —dijo entonces Bavol, haciéndola bajar de las nubes.

Fátima miró a Xefil y se dijo que no le había dado la enhorabuena —o más bien las gracias— por haberse hecho cargo del Disco. Pero decidió hacerlo más tarde, en parte algo avergonzada por no haberle dicho nada antes.

B-buenos días… Siento el retraso. Soy Albert.

Fátima sonrió al chico y lo saludó con un gesto mientras Bavol se presentaba. Después Stelios se abalanzó sobre el joven y le envolvió el cuello con un brazo. Sonrió de medio lado. Pues ya estaban todos. Perfecto. Cuanto antes se pusieran en marcha, mejor…

Eh… ¿Fátima?

¿Sí? —preguntó con amabilidad cuando Bavol se dirigió a ella. Le sorprendió ver que sus mejillas se coloreaban ligeramente.

¿Habías oído hablar alguna vez de esa espada?

No, lo siento. Tampoco es que haya podido investigar mucho sobre el mundo pero, al menos por lo que he visto hasta ahora, no mencionan una espada así en ningún lado—pasó una mano por el lomo del libro que sostenía casi sin darse cuenta—. Lo único que sé es que Cortés fue un conquistador de hace varios siglos y que fue conocido por ser bastante cruel… Aunque también muy inteligente, ya que en pocos años puso bajo su control un gran imperio. Entendería que la espada fuera alguna especie de reliquia de leyenda, pero no entiendo por qué puede resultar entonces tan peligrosa. Han pasado muchos siglos y a menos que sea algún tipo de espada reforzada con magia, cualquier cosa de esa época debería estar completamente inutilizable…

Se encogió de hombros, restando importancia a sus palabras. Al fin y al cabo no sabían nada, por lo que por mucho que teorizaran era muy improbable que se acercaran a la realidad.

Creo que podríamos preguntar a los habitantes de Port Royal sobre esa espada, ¿no os parece? Si nos dividimos en dos grupos seguro que podremos…¿No será muy peligroso separarse, verdad?


Mm… No estoy seguro de si es inteligente preguntar al primero que nos encontremos sobre esa espada. Nos han dicho que debemos ser discretos. Quizá deberíamos empezar por separarnos, reconocer el terreno y escuchar un par de conversaciones ajenas, a ver si encontramos algún dato interesante. No debemos llamar la atención de nadie, menos si los de Bastión Hueco están metidos también en esto. Me parece bien lo de separarnos, al menos durante un rato para reunir algo de información. Si estáis de acuerdo, me llevaré a éste conmigo —hizo un gesto a Albert, al que seguía teniendo bien sujeto—. Me sentiría más tranquilo si le tengo a la vista. Si alguien quiere unirse a nosotros, es bien recibido.

Yo, personalmente, no recomendaría que nos separemos —no quería menospreciar las habilidades de nadie, pero seguramente aquella era de las primeras misiones de Albert y Stelios, y, además, llevaban a un niño… No, en definitiva no le gustaba la idea de dividirse—, al menos hasta que estemos allí y veamos que es necesario. Todo depende si la Espada está en área de piratas o del gobierno… —frunció el ceño. ¿Por qué Rebecca no les había dado indicaciones un poco más precisas? Y luego añadió con algo de sorna—: Stelios, creo que sería interesante que Albert llegara con cuello a Port Royal.

¿Tengo que cambiarme a la fuerza?

Fátima ladeó la cabeza y lo examinó de arriba abajo mientras Stelios contestaba:

No veo por qué tu ropa no iba a pasar desapercibida allí. Supongo que el problema lo tengo yo.

Sí, la verdad era que Stelios llamaría bastante la atención si se paseaba así por aquel mundo…

Tu ropa no es tan diferente de la gente de Port Royal —calmó entonces a Bavol—,pero deberías echar un vistazo a lo que haya en el almacén para pasar lo más desapercibido posible. Y Stelios, desde luego, no puede ir con la armadura. Además, allí hay mucha humedad y te incomodaría, por no hablar del calor…—Stelios se quitó la armadura y quedó vestido con una túnica azulada. Fátima no pudo evitar recorrerlo de reojo con la mirada, valorándolo. Y, entre otras cosas, determinó que ese traje también era bastante llamativo.

Iré al almacén, a ver si encuentro algo más “discreto”. ¿Quedamos en algún punto concreto de Tierra de Partida para salir juntos?

Podemos quedar en el vestíbulo—sugirió Fátima, encogiéndose de hombros.

Poco a poco se fueron separando todos. Fátima fue al almacén a buen paso pero, a medida que se aproximaba, empezó a darse cuenta de que tenía un pequeño problema.

¿Qué ropa escoger?

Siempre había tenido claro que en mundos agresivos como Port Royal no debería ir vestida de mujer. No haría más que causarle problemas y situaciones incómodas, además de que no le permitiría una gran libertad de movimientos. Buscando aquí y allá, encontró vestidos que no eran del todo aparatosos y, sin embargo, ¿y si se metía en problemas por ir con esa ropa?

Con el entrecejo fruncido, se arrodilló frente a las dos selecciones de trajes que había hecho. Una de mujer y otra de hombre. En ambos casos, prendas pobres para no atraer la atención de posibles ladrones.

«Lo que pasa es que si voy con ropa de mujer y me meto en lugares donde sólo suelen ir hombres… Pero… ¿No se notará mucho si voy de hombre?» se pasó nerviosamente una mano por la nuca. Era una tontería y sabía que iba a repetírselo mucho a sí misma durante las siguientes horas. « Razona, idiota. Pensarán que es normal que lleves ropa de chico y no sospecharán nada. Sólo que no tienes pecho. Y ya».

Alternó todavía un par de veces más la mirada entre el traje de hombre y de mujer hasta que, finalmente y haciendo de tripas corazón, guardó el vestido. Se puso unos pantalones, botas, una camisa blanca, un chaleco, un cinturón y un pequeño zurrón para llevarse el libro de Port Royal. Además, cogió un sombrero viejo para protegerse del sol.

Tironeándose de las puntas deshilachadas de las mangas, se dirigió hacia el punto acordado mordiéndose, ansiosa, los labios. Se repetía una y otra vez que todo iba a salir bien, que debía intentar mostrarse tranquila frente a los demás. Y, ante todo, concentrarse en encontrar la espada.

Con el libro bien asegurado en el zurrón, llegó al vestíbulo y saludó con lo que esperó que resultara una sonrisa tranquila a los demás. Cuando estuvieron todos, salieron fuera, invocó su glider y se subió con bastante más seguridad que hacía un par de meses. A su pesar, comenzaba a pillarle el tranquillo al aparato del demonio.

Mientras despegaba, cruzó los dedos y rezó porque no hubiera nada que lamentar en aquella misión.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Leechanchun » Mié May 21, 2014 11:28 pm

El resto de compañeros le saludaron mientras se dirigía al lado de Stelios. Uno de los miembros llamados a la misión era un niño pequeño, que se presentó como Bavol. A Albert le sorprendió bastante que un niño tan pequeño, de unos nueve años probablemente, fuera un miembro de la Orden. Debía ser un pequeño muy especial y fuerte.

Apenas se había sentado junto a Stelios, cuando éste se abalanzó sobre él, rodeándole el cuello con el brazo. Cada vez que lo hacía, Albert se sentía incómodo y su cara se llenaba de rojo por la vergüenza que le daba la situación. Por suerte el brazo de Stelios le cubría gran parte de la cara y nadie podía verle totalmente sonrojado.

¡Pero si es mi héroe, el rescatador venido de Atlántica! Ya creía que te habías dormido. ¿Estás listo para la aventura?

Aquel comentario, al contrario de lo que los demás pudieran pensar, le relajó bastante. Tras todo lo ocurrido, Stelios solía estar, a veces, algo decaído y Albert no podía evitar preocuparse por él. Pero esa mañana mostraba la alegría y el optimismo que tanto le gustaba de él.

«Al menos está más animado» pensó sonriendo para sí.

Ya estaban reunidos los miembros para la misión en Port Royal y tras la escena de Stelios, comenzaron a tratar planes sobre el objetivo que debían encontrar.

Eh… ¿Fátima? —dijo Bavol, iniciando la conversación—. ¿Habías oído hablar alguna vez de esa espada?

No, lo siento. Tampoco es que haya podido investigar mucho sobre el mundo pero, al menos por lo que he visto hasta ahora, no mencionan una espada así en ningún lado. Lo único que sé es que Cortés fue un conquistador de hace varios siglos y que fue conocido por ser bastante cruel… Aunque también muy inteligente, ya que en pocos años puso bajo su control un gran imperio. Entendería que la espada fuera alguna especie de reliquia de leyenda, pero no entiendo por qué puede resultar entonces tan peligrosa. Han pasado muchos siglos y a menos que sea algún tipo de espada reforzada con magia, cualquier cosa de esa época debería estar completamente inutilizable…

La idea de que la espada fuera algún tipo de arma, más allá de un filo de acero, que escondiera un poder terrible rondaba por la mente de Albert. Si esa espada podía ser el desencadenante de la guerra entre Tierra de Partida y Bastión Hueco, tenía pensado hacer algo, pero no sabía bien qué hacer. Lo único que se le ocurría era esconderla mucho más de lo que podía estarlo en aquel momento.

Creo que podríamos preguntar a los habitantes de Port Royal sobre esa espada, ¿no os parece? Si nos dividimos en dos grupos seguro que podremos…¿No será muy peligroso separarse, verdad?

Mm… No estoy seguro de si es inteligente preguntar al primero que nos encontremos sobre esa espada. Nos han dicho que debemos ser discretos. Quizá deberíamos empezar por separarnos, reconocer el terreno y escuchar un par de conversaciones ajenas, a ver si encontramos algún dato interesante. No debemos llamar la atención de nadie, menos si los de Bastión Hueco están metidos también en esto. Me parece bien lo de separarnos, al menos durante un rato para reunir algo de información. Si estáis de acuerdo, me llevaré a éste conmigo —Stelios se giró hacia Albert y éste sintió como el brazo le apretaba algo más, como si no quisiera dejarle escapar—. Me sentiría más tranquilo si le tengo a la vista. Si alguien quiere unirse a nosotros, es bien recibido.

Yo, personalmente, no recomendaría que nos separemos, al menos hasta que estemos allí y veamos que es necesario. Todo depende si la Espada está en área de piratas o del gobierno… —dijo Fátima, dudosa sobre la información que tenían y añadió—: Stelios, creo que sería interesante que Albert llegara con cuello a Port Royal.

Sintió como Stelios ejercía menos presión sobre su cuello y pudo escapar del abrazo de su amigo.

Gracias… —dijo, cogiendo aliento—. E-estoy de acuerdo con lo que habéis dicho. Pero creo que necesitamos más información, porque siento que vamos un poco a ciegas a buscar la espada...

¿Qué tal si nos reunimos fuera dentro de un rato? Así cada uno podemos ir a prepararnos o a cambiarnos. ¿Tengo que cambiarme a la fuerza? —preguntó Bavol.

No veo por qué tu ropa no iba a pasar desapercibida allí. Supongo que el problema lo tengo yo.

Tu ropa no es tan diferente de la gente de Port Royal, pero deberías echar un vistazo a lo que haya en el almacén para pasar lo más desapercibido posible. Y Stelios, desde luego, no puede ir con la armadura. Además, allí hay mucha humedad y te incomodaría, por no hablar del calor…

Stelios hizo desaparecer su armadura y se quedó vestido únicamente vestido con el atuendo de su mundo. Albert desvió la mirada guiado por vergüenza, como si no debiera mirar a Stelios cuando se desvestía.

Iré al almacén, a ver si encuentro algo más “discreto”. ¿Quedamos en algún punto concreto de Tierra de Partida para salir juntos?

Podemos quedar en el vestíbulo—sugirió Fátima.

Entonces vayamos a prepararnos para el viaje. ¡Nos vemos en un ratito!

Tras terminar de decidir lo que haría cada uno, Albert volvió a su habitación y comenzó a preparar una bolsa con todo lo que se llevaría en el viaje. Antes de salir e ir a vestíbulo, miró su brazalete de piel y se lo desabrochó. No quería llevarlo consigo para estar recordando su pasado si realmente quería avanzar como se había prometido. Lo guardaría, pero no lo llevaría puesto nunca más, aunque no abandonaría la posibilidad de encontrar a Víctor en algún mundo.

Finalmente puso rumbo al vestíbulo y se preparó juntos a sus compañeros para salir. Tenía un mal presentimiento sobre la espada.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Zee » Jue May 22, 2014 10:12 am

Peligroso.

La respuesta de Fátima vino más rápido de lo que esperaba. En apenas un instante, en realidad. Retrocedí un poco, algo desconcertado por lo directa que había sido el dictamen de Fátima, y arqueé una ceja, esperando que de alguna manera se extendiera en aquella declaración. Se me escapó una media sonrisa de cualquier modo, puesto que la actitud de la joven me resultó divertida por alguna razón.

Hay muchísimos piratas diseminados por las islas y el gobierno no da abasto con ellos. Conocen la magia, aunque recelan de ella —eso me resultó curioso y no tuve reparo alguno en demostrarlo al abrir un poco mis ojos—. Y existen sirenas, aunque si por alguna casualidad nos cruzamos con ellas no sería recomendable… Dejarse engatusar. Comen carne humana.

No te preocupes, estamos acostumbrados a esa clase de trato.

Diana.

"Por alguna razón", aquello no parecía algo adecuado como para decirlo en voz alta. Me limité a asentir con la cabeza y denotar mi entendimiento. Por suerte no tuve que volver a pensar en ello, puesto que el tema de conversación dio un giro completo en ese momento:

¿Tú… —giré la cabeza en dirección al niño que acababa de hablar; y a mí, precisamente, pude adivinar por el tirón que recibí en mi cabeza— tú no eres el que derrotó a Erased? Me llamo Bavol, e-es un honor… —allí sí que no pude evitar sorprenderme de verdad. Aunque sí se me había felicitado por el golpe final en la pelea contra aquel monstruo, aquella era la primera vez que alguien me reconocía con semejante... ¿admiración? ¿Era eso admiración? ¿Y debía de sentirse... tan bien?

S-Sí —intenté decir, claramente avergonzado—. B-bueno, todos despejaron el, el camino antes de que llegara yo y... y Ko-Kousen estaba allí, igualmente —balbuceé, buscando restarme crédito sin parecer un cretino con falsa modestia. Nervioso, me llevé una mano al cabello y comencé rascarme un tanto ansioso.

Afortunadamente, no tuve que seguir dando explicaciones ni balancearme precariamente en el borde de lo ridículo. Cuando nuestro último compañero de misión llegó al aula y se presentó como Albert, pude respirar con tranquilidad y deshacerme de la tensión que había amenazado con acumularse en mis hombros. Recibí al joven con una sonrisa y luego de ello reparé en que me resultaba familiar.

Cuando el de la armadura lo envolvió con un brazo y los vi de lado a lado, recordé el porqué.

Oh, ustedes estaban con Malik, en la Red... —murmuré. Y sí, era por eso por lo que me resultaban familiares. Habíamos decidido seguir a Quorra junto con Shinju, pero al final había terminado por separarme de ellos.

Shinju... no pude evitar pensar en la chica. Había cooperado con ella con una facilidad tremenda, casi ni se me había cruzado por la cabeza que era el enemigo. Aunque hacía las cosas a regañadientes, al fin y al cabo había sido una gran ayuda en todo momento, y no hubo ningún instante de tensión entre los dos, como esperaba tras lo sucedido en el Reapers' Game.

Me pregunté cómo habría reaccionado ante la traición de Ronin. Después de lo del disco, la había perdido de vista. Supuse que tendría tiempo para agradecerle, pero... las cosas al final no resultaron como esperaba. No resultaron como todos esperábamos.

Mientras el resto de los chicos hablaban, me dispuse a recoger el desastre que había causado. Metí mis notas y los libros a la mochila, teniendo especial cuidado en que ninguna de las hojas hubiese quedado doblada tras la caída. El diario y el bolígrafo los sostuve por un momento, pensando en si sería buena idea separarlos del resto antes de dejarlos en mi habitación, y advertí que ya no quedaban realmente muchas hojas en blanco. Me encogí de hombros, pensando en que tendría que reemplazar el regalo de mi hermana por uno nuevo, y lo metí en la bolsa también.

La tostada me dio más problemas. Como ya había caído al suelo, no se me antojaba darle ni un mordisco, y de cualquier manera no tenía demasiada hambre. Gruñí por lo bajo, sabiendo que si la metía en la mochila, terminaría por ocasionar un nuevo desastre. Así que, esperando que nadie me viera, la dejé en uno de los escritorios con sutileza.

Para cuando terminé de ordenar mis cosas, el resto de los muchachos ya parecía haberse puesto de acuerdo.

Yo, personalmente, no recomendaría que nos separemos, al menos hasta que estemos allí y veamos que es necesario —decía Fátima en ese momento. No fue hasta entonces que noté que, a parte de ella y yo, el resto de los Aprendices eran... bueno, novatos. No les había visto más que un par de veces por el castillo, por lo que podía asumir que habían sido recientemente reclutados. Y si realmente era así...

¿Estábamos ella y yo a cargo?

Estuve seguro que mis ojitos destellearon rubí por la emoción. ¡Finalmente estaba cargo de una misión, sin supervisión de un Maestro! ¡Sólo Fátima y yo, Aprendices experimentados, y nadie más! ¡Ni Lyn, ni Ronin, ni Kazuki... nadie! De pronto sentí que la misión pasaba completamente a segundo plano: ¿a quién le interesaba una tonta espada? ¡Estábamos a cargo!

Tu ropa no es tan diferente de la gente de Port Royal —¿pero en qué momento habían empezado a hablar de ropa? Últimamente, pensé, me estaba volviendo más y más distraído—, pero deberías echar un vistazo a lo que haya en el almacén para pasar lo más desapercibido posible. Y Stelios, desde luego, no puede ir con la armadura. Además, allí hay mucha humedad y te incomodaría, por no hablar del calor…

Iré al almacén, a ver si encuentro algo más “discreto”. ¿Quedamos en algún punto concreto de Tierra de Partida para salir juntos?

Podemos quedar en el vestíbulo—propuso Fátima, ante lo que expresé mi consentimiento, justo como los demás.

No obstante, cuando todos comenzaron a salir del aula, me di cuenta que había pasado algo vital por alto:

Fátima sabe qué va a usar. Bavol sabe qué va a usar. Albert y Stelios saben qué van a usar.

>>¿Pero qué voy a usar yo?


Comencé a caminar en dirección a mi habitación mientras, con una mano en la barbilla, pensaba intensamente en ello. Port Royal era un mundo que jamás había visitado y, francamente, tampoco me había interesado tanto como para leer sobre él. No tenía ni la menor idea de cómo era la cultura del lugar, mucho menos cuál era el estilo de vestimentas que utilizaban. La ropa de Bavol, Fátima había dicho que se parecía, pero finalmente el niño optaría por algo más discreto. ¿Sería buena idea basarme en lo que Bavol usaba...?

No tenía ni la menor idea. ¿Qué había en Port Royal, para empezar? Agua, mucha agua. Y barcos. Y piratas. Piratas... piratas... ¿Y si me vestía como Ronin? Aunque su estilo era bastante extravagante, un poquito parecido al de la Maestra Yami, en realidad. Además, había pasado años y años como Maestro de la Orden, muy probablemente ya ni siquiera se vistiera como acostumbraba en su juventud.

Estaba Crow. Crow era un pirata. ¿Qué usaba Crow? ¿Usaba cosas diferentes a su original? ¿Quién... quién era su original? Ya ni siquiera recordaba su nombre, no recordaba siquiera si el chico me lo había dicho. O se lo había dicho a Felix, como fuese. Tenía una chaqueta naranja, eso lo sabía. Y después se consiguió un abrigo. ¿Pero era eso lo que usaban los piratas? Un momento, ¿había dicho Crow alguna vez que era un pirata, o simplemente lo había asumido por lo que decían los demás?

Comenzaba a dolerme el costado de la cabeza de tanto rascar...

Y cuando llegué a mi habitación, mis ideas no se habían aclarado en absoluto. En realidad, parecía incluso que me encontraba todavía más confundido. Ya no sabía qué creer sobre los piratas ni sobre el mundo al que íbamos.

Me quedaba sólo un último recurso. Si había una cosa que había aprendido de mi Maestro, mi tutor Kazuki, era que cuando tuviese dudas, su enseñanza definitiva no podía fallar. Tendría que pensar como un Aprendiz de la Llave-Espada y, ante un nuevo desafío, imitar a mi Maestro.

*¨*¨*


No me juzguen, soy sólo un anciano y fatigado viajero.

Mi sonrisa de satisfacción quedó oculta en las penumbras. Tenía que admitir que mis compañeros se habían esforzado, pero mi idea era tan sencilla que no podía ser más efectiva. Mientras ellos tenían que adaptarse al estilo del mundo, yo ni siquiera había tenido que quitarme la ropa con la que me sentía más cómodo. No, más que adaptarse, era una cuestión de ocultarse a plena vista.

Camuflaje. Como en la naturaleza.

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El Maestro Kazuki me había enseñado, con su amplia sabiduría, que las capas eran universales. Era un velo de venerable misterio que nadie se atrevía a remover, ya fuese por respeto, por miedo, o por simple vagueza. ¿Y no se ocultaba la Maestra Lyn, híbrida canina, bajo una capucha también? ¡No podía fallar! ¡Era un plan perfecto!

Si alguien llegaba a preguntar, yo era sólo un fatigado viajero que simplemente no estaba acostumbrado a recibir la luz del sol. El único problema que podía llegar a presentarse era el calor de la costa, pero igualmente mi manto estaba hecho de una tela delgada, por lo que no debía suponer demasiadas molestias... o eso esperaba, al menos.
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Ronda 3

Notapor Tanis » Jue May 22, 2014 5:16 pm

El grupo de aprendices se elevó en sus glider hacia el cielo claro y despejado, internándose poco después en el Intersticio entre los Mundos a toda velocidad para poner rumbo por fin a Port Royal. Fue Fátima, a pesar de su aún poca seguridad sobre el aparato, quién encabezó la marcha por ser la única que conocía la ruta directa hacia el mundo objetivo de la misión, dejando que el resto formara tras su estela a su mejor parecer.

Quizá a alguno se le podía pasar por la cabeza la posibilidad existente de recibir un ataque en pleno viaje, por lo que instintivamente volarían cerca de Fátima o Xefil, los dos aprendices más fuertes de la misión. Sin embargo, tras media hora de recorrido avistaron Port Royal sin ningún incidente previo, flotando en medio del Intersticio.

Al acercarse un poco más, podrían ver el mundo como una gran bola azul salpicada de grandes manchas nubosas y oscuras, que de vez en cuando titilaban con un resplandor blanco de luz. Tuvieron que internarse en una de las tormentas al tomar contacto con la atmósfera, y ráfagas de viento fuerte y una lluvia torrencial dieron la bienvenida a los aprendices, que pronto se vieron surcando los cielos esquivando los salvajes rayos que estallaban a su alrededor.

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Ninguno de ellos podía estar seguro de hacia dónde debían ir para salir de aquel temporal. La visión del casco de la armadura era limitado y tenían que estar más pendientes de no ser alcanzados por un rayo. Con el viento arremolinándose y empujando sin cesar contra ellos, la velocidad de los gliders fue bajando de forma gradual, hasta el punto de tener la sensación de no avanzar. Si descendían, se encontrarían con la rizada superficie del mar embravecido y correrían el riesgo de verse alcanzados por alguna ola ocasional e inesperada. No parecía que hubiese tierra cerca, pero debían continuar o la corriente de aire terminaría por arrastrarles hacia ninguna parte o hacerles caer al océano.

Fue entonces, mientras luchaban por no separarse unos de otros, cuando Bavol sintió un fuerte golpe contra la parte trasera de su glider, haciéndole perder el control por momentos. Una figura más pequeña y rápida pasó por encima del grupo, al mismo tiempo que un rayo largo y ramificado iluminaba las nubes, mostrando al causante del repentino ataque.

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El sincorazón se ocultó entre jirones de nube al apagarse la luz del rayo, pero enseguida atacó de nuevo cayendo en picado sobre Fátima, logrando desviar la posición de su aparato y que empezara, al igual que Bavol, a perder el control. Tras el primer sincorazón aparecieron otros cinco más, conformando una bandada de seis Piratas Voladores que se desplegaron de forma sincronizada para rodear y atacar a los aprendices. Uno de ellos fue a por Albert, elevándose para acometer y caer sobre él, con los grandes puños brillando por delante. Otros tres planearon y aprovecharon corrientes de aire para abalanzarse en pos de Bavol, que parecía ser la presa más fácil, y embestirle de nuevo. Los otros dos restantes eligieron a Stelios como objetivo y volaron rápidamente hacia él a favor del viento para, al igual que sus compañeros, asaltar el glider y desestabilizarlo.

Estaba claro que querían tirarlos al mar para que ellos se quitaran las armaduras y pudieran tener acceso a los corazones, pero... ¿De dónde habían salido?

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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Tidus Cloud » Dom May 25, 2014 8:05 pm

Cuando sus compañeros estuvieron listos después de haberse equipado y vestido de forma más apropiada para el mundo que iban a visitar, todos se elevaron en sus Gliders hacia el cielo y pusieron rumbo a Port Royal. Al no estar acompañados por ningún Maestro que les indicase el camino, Bavol decidió seguir el Glider de Fátima, quien al parecer ya había visitado aquel mundo con anterioridad.

La joven muchacha les había explicado que el mundo estaba repleto de piratas, los cuales al parecer causaban bastantes problemas en Port Royal; sin embargo, la experiencia que Bavol tenía con los piratas (o con personas que aparentaban serlo) no era tan mala.

La primera vez que había visto a Ronin lo había confundido con un pirata y aún todavía no estaba del todo seguro de que no lo hubiese sido nunca. Al pensarlo detenidamente, Bavol se percató de que no sabía nada del pasado de su Maestro, se preguntó si estaría a punto de visitar el mundo natal de Ronin sin saberlo. Quizás debería hablar con su querido héroe sobre la misión cuando regresara, aunque era bastante difícil encontrarle por el castillo últimamente.

También le parecía recordar que Crow, el joven peliazul que les había ayudado durante el encuentro con Dark Light en el generador, había hablado de comprarse un barco y echarse a la mar. Quizás no todos los piratas fueran tan crueles.

Después de un tiempo sin ningún tipo de accidente, los Aprendices finalmente divisaron el mundo que buscaban en el horizonte.

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Aquel sitio repleto de grandes extensiones de agua seguramente hubiera sido un maravilloso destino paradisíaco si no fuera por la terrible tormenta que les recibió nada más llegar.

No es que fuera la recibida que Bavol esperaba, pero podía soportar perfectamente las fuertes lluvias y los grandes vientos, simplemente bastaba con bajar un poco la velocidad y tener más cuidado con no caerse del Glider. Sin embargo, en cuanto el pequeño gitano escuchó el primer rayo, se llevó las manos a la cabeza y bajó su cuerpo pegándose a su Glider. Una cosa era aguantar el agua, pero no podía soportar estar tan cerca de aquellas malditas nubes cargadas de electricidad que en cualquier momento podrían acertarles con un rayo.

Tenían que aterrizar ahora mismo en cualquier parte, no podían seguir ni un minuto más volando con aquella peligrosa tormeta; sin embargo, entre la poca visibilidad que había y el miedo que tenía Bavol a levantar demasiado la cabeza, no encontró ninguna zona donde pudieran descender.

¿Vosotros veis…? ¡Ahh! —chilló Bavol cuando sintió cómo algo golpeaba su Glider.

El niño empezó a perder el control de su vehículo, no sólo por el golpe que acababa de realizar, sino porque él también estaba empezando a perder la calma convencido de que le acababa de dar un rayo. No podía permitirse dejarse llevar por sus miedos (y menos aún delante de sus compañeros), era un Caballero de la Llave Espada y tenía que demostrar que, pese a su corta edad, era tan valiente y fuerte como el resto.

Mientras intentaba recuperar a duras penas el control de su Glider, se percató de la presencia de una figura desconocida que los sobrevolaba. Antes de volver a agacharse a causa del miedo, la luz de un nuevo rayo le permitió ver que se trataba de una pequeña criatura con dos alas y con el inconfundible símbolo de los sincorazón dibujado en el pecho.

Sin que tuvieran tiempo a reaccionar, el sincorazón desapareció entre las nubes para luego aparecer rápidamente y atacar el Glider de Fátima provocando que comenzara a desestabilizarse. Así que quien le había golpeado antes había sido aquella criatura, bueno, pese a las adversas condiciones, eran cinco contra uno y…

El corazón de Bavol comenzó a latir más rápido cuando observó como aparecían cinco sincorazón más para ayudar a su compañero a derribarles, parecía que ahora eran los Aprendices los que estaban en clara desventaja, y mientras la tormenta continuaba tronando…

Parecía que la mala suerte iba a acompañar a Bavol aquel día, puesto que tres de los sincorazón se lanzaron directos a por él. Estaba totalmente en desventaja: estaba aterrorizado por los rayos, podía caerse en cualquier momento del Glider y encima eran más. Tenía que huir de ahí como fuera, si quería tener alguna oportunidad, tenía que buscar alguna zona donde el miedo no le paralizara.

Invocó su Llave Espada y apuntó rápidamente hacia los sincorazón que se dirigían hacia él. Cuando estuvieran a una distancia lo suficientemente cerca, Bavol conjuraría un hechizo Hielo contra ellos. Seguramente no conseguiría acertar a ninguno de ellos, sin embargo, su objetivo no era ése, sino lo que planeaba era que los sincorazón se dispersaran para esquivar el hechizo y así el chico evitaría que impactaran contra el Glider.

Independientemente de si conseguía su objetivo total o parcialmente, Bavol pasaría a intentar alejarse lo máximo posible de aquellas terroríficas nubes. Seguidamente, intentando tomar el control de su Glider, Bavol decidió descender lo máximo posible. En cuanto lo hiciera, descubriría el agitado y peligroso océano a sus pies.

Corría el riesgo de que alguna ola se lo llevase, pero prefería absolutamente defenderse ahí antes que entre los rayos en el cielo. Además, siempre cabía la posibilidad de que el mar jugase a su favor y también dificultase el movimiento a los sincorazón. Era una decisión arriesgada, pero tenía que luchar y ahí seguramente se atrevería a hacerlo con más valor.

Una vez allí a tan poca distancia del mar, se puso en guardia con su Llave Espada y se preparó para atacar a cualquier sincorazón que se le atreviera a acercarse.
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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Suzume Mizuno » Lun May 26, 2014 6:37 pm

Fátima maldijo cuando le tocó encabezar la pequeña expedición. Trató de consolarse diciéndose que al menos ya no iba dando bandazos con el glider y que, si no se ponía nerviosa, conducía de una forma bastante decente. Pero no le gustaba que el grupo dependiera de ella, así que se esforzó por seguir la ruta marcada lo más rápido posible, rezando porque no se les cruzaran Sincorazón. Odiaba pelear sobre el glider con toda su alma.

Cuando avistaron Port Royal, exhaló un pequeño suspiro: al menos la primera parte ya estaba completada. Ahora vendría lo más difícil. A medida que se acercaban fue frunciendo el ceño y cuando se introdujeron en la atmósfera del mundo, soltó un taco: ¡tormenta, maravilloso! ¡Por qué no!

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¡Cuidado con los rayos! —gritó cuando un relámpago restalló sobre sus cabezas—. ¡No os separéis!

Cirnió los dedos en torno al glider con intensidad y trató de vislumbrar algo a través de las nubes y de la lluvia que repiqueteaba estruendosamente contra su armadura. Pero era casi imposible; el agua le recorría a raudales el casco y los constantes rayos cegaban durante unos preciosos instantes que le impedían establecer un buen rumbo.

Entonces le pareció captar un movimiento y levantó la cabeza, a tiempo de ver, iluminado por un relámpago, a un Sincorazón volador.

«¡Mierda!».

De no ser porque lo había visto antes y estaba atenta a cualquier ataque, seguramente la caída en picado del Sincorazón la habría alcanzado de lleno. Aun así, sus reflejos no le permitieron esquivar el golpe por completo y la acertó de costado, desequilibrándola. Fátima soltó un grito de la impresión cuando creyó que iba a perder el control del glider y un insoportable hormigueo le subió desde los pies a las piernas al pensar en la caída que le esperaba. Pero se aferró con desesperación y consiguió enderezarse. Con el corazón a punto de salírsele por la boca, vio que tres Sincorazón se habían arrojado sobre Bavol, dos a por Stelios y uno a por Albert. Reprimió las ganas de gritar que tuvieran cuidado —una pérdida de tiempo— y buscó rápidamente a Xefil con la mirada. ¡Estaba libre! Perfecto, al menos entre los dos podrían…

En ese momento vio que Bavol invocaba la Llave Espada. Y eso significaba que el glider desaparecía bajo sus pies.

¡No!—gritó.

Giró bruscamente su glider y descendió en picado hacia Bavol. Cargó en su mano una Serpe acuática que arrojaría contra sus enemigos para intentar apartarlos del muchacho y, así, abrirse paso hasta él. Ese ataque perseguiría a los Sincorazón, así que esperaba que los dispersara. En caso contrario, dispararía un Aqua.

Después, para atrapar a Bavol, forzó los aceleradores del glider, extendió la mano y trató de cogerlo por donde pudiera, la Llave Espada, la mano o la cintura. Daba igual mientras lo atrapara. Si no iba lo suficientemente rápido, a pesar del vértigo —que en gran medida había desaparecido por culpa de la adrenalina y su fijación en rescatar a Bavol—, se esforzaría por situarse debajo del muchacho para recogerlo como fuera posible —intentando al menos no soltar una mano del glider. Lo último que quería era caerse—.

¡Agárrate fuerte!

Si lograba rescatarle, continuaría el descenso hasta dejar atrás las nubes e intentaría buscar tierra firme. En caso de no conseguirlo, por culpa de algún Sincorazón, una turbulencia o su propia torpeza, insistiría en descender con él hasta atraparlo.

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▪ Serpe acuática (HM) [Nivel 11] [Requiere afinidad a Agua; Poder Mágico 21]. Invoca a una serpiente de dos metros y medio de largo y 40 cm de grosor que adquiere vida propia y perseigue a un enemigo, estallando contra él. Sirve también para objetos fuera de combate. Por ejemplo, mantener pulsado un interruptor que funcione a peso.

▪ Aqua (HM) [Nivel 3] [Requiere Poder Mágico: 4]. Pequeña ola de agua fría con poca fuerza.
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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Re: [Port Royal] ¡Sigamos esa senda!

Notapor Thailgar » Lun May 26, 2014 9:16 pm

El viaje no fue demasiado largo y llegaron sin demasiados problemas. Stelios voló en formación con el resto del equipo, atento al camino que recorrían para llegar a Port Royal. La experiencia le había enseñado la utilidad de saber moverse con el glider entre los mundos, y nunca se sabía cuándo iba a necesitar volver al mundo de los piratas sin nadie que pudiera guiarle hasta allí. Los conocimientos eran tan útiles como los entrenamientos. ¡Debía sacarles provecho! Sujetaba las esferas que servían a modo de tiro gracias a unas riendas, y con ellas las dirigía siguiendo la estela del glider de Fátima, la única del grupo que ya había visitado aquel nuevo mundo.

En cosa de media hora se aproximaron lo suficiente como para poder ver a lo lejos el orbe que representaba Port Royal. Al alcanzar su destino e internarse en la atmósfera, Stelios observó lo que podía considerarse como un anticipo de problemas. No sabía si aquello era algo habitual allí o simplemente habían tenido mala suerte, pero se habían adentrado en una tormenta, una bastante peligrosa. La lluvia y el viento hacían casi imposible controlar correctamente el glider, y los intensos resplandores entre las nubes oscuras deslumbraban al chico de Coliseo. Controlaba el glider como podía, intentando dominarlo y seguir al resto.

¡Cuidado con los rayos! —gritó Fátima. Su voz parecía llegar desde el otro lado del mundo—. ¡No os separéis!

«¡Es más fácil decirlo que hacerlo!».

—¿Vosotros veis…? ¡Ahh!

Cuando Stelios creía que la cosa no podía ponerse peor, aparecieron los sincorazón. El chico no los vio venir, y le sorprendió la aparición de aquellos seres. Ya los había visto cuando regresó a Coliseo hace unos días, y le resultaron aterradores. Parecían la máxima representación de lo que él siempre había entendido por “monstruo malvado”, seres oscuros cuyo único objetivo era devorar todos los corazones posibles. No merecían otra cosa que un buen espadazo para terminar con ellos. Llegó a ver como el grupo de enemigos se separaba por el aire, atacando por separado a sus aliados para tirarlos de sus glider.

Llevando las riendas de su propio vehículo con una mano, llevó la mano izquierda a la espalda y desenvainó su espada. ¿De dónde habían salido aquellos monstruos? ¿Y tan rápido? ¡Llevaban unos minutos en Port Royal y ya habían sido atacados! No podía ser casualidad, tenían que estar esperándoles.

¡Es una trampa! —intentó hacerse oír.

Fue entonces cuando Bavol invocó su Llave-Espada, haciendo desaparecer su glider. Probablemente fuera un error del chico, ya que cayó hacia el mar a toda velocidad. El primer impulso de Stelios fue lanzarse hacia abajo con su glider, ¡debía ayudarle! Pero Fátima, más rápida de reflejos, actuó antes que él y se dirigió a rescatarlo. Dejando al pequeño en sus manos, intentó buscar a Xefil y Albert entre aquel infierno de viento y agua cuando sintió un fuerte golpe contra su propio vehículo. Los sincorazón le atacaban directamente.

Stelios intentaría controlar su glider mientras atacaba al sincorazón más cercano con su espada. Gracias a los dioses, las semanas de entrenamiento daban su fruto y sentía que podía utilizar su mano izquierda con más soltura. No podía soltar las riendas con su mano buena, ya que lo más importante era mantener la estabilidad del glider. Aferrando su espada con fuerza y sin intención de permitir que se le escapara por el temporal, esperaba hacer caer a alguno de sus agresores, aunque con lograr espantarlos creía que sería suficiente para abrirle un camino hacia el resto del grupo. Si obtenía el hueco, sacudiría las riendas y aceleraría para abrirse paso entre los sincorazón, y con un poco de suerte causaría algunos daños a sus enemigos. De alcanzar a Albert, a Xefil o a ambos, intentaría ayudarles con sus propios problemas y esperaría algo de ayuda por su parte, dado que aunque intentaba deshacerse de los sincorazón que se le ponían a corta distancia, en aquellas condiciones era muy difícil utilizar correctamente una espada. Si no conseguía abrirse camino y se veía obligado a combatir mucho mas tiempo, lucharía por su vida y por mantener el glider en el aire mientras lo controlaba para aterrizar lo menos dolorosamente posible.
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Cronología de Stelios

Segunda Saga

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