[Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Trama de Simbad y Saeko + Kousen + Bavol

La aparente traición de Tierra de Partida en un acuerdo de paz provocó el anuncio de la guerra por parte de Bastión Hueco. Los aprendices deben enfrentarse entre sí, entre antiguos amigos y compañeros. ¿Cómo lograrán sobrevivir cuando otras amenazas acechan?

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

[Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tanis » Mar Ago 26, 2014 1:27 pm

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¡Vamos, vamos! ¡Hay que darse prisa, vamos!

La voz cantarina de Yami empujaba a Kousen y a Bavol más de lo necesario por los pasillos, conduciéndoles rumbo a los jardines de Tierra de Partida. Era temprano, ni siquiera había amanecido, y la maestra les había sacado de la cama con demasiado ímpetu para las horas intempestivas que eran. Había llegado, les había encendido las luces y arrancado animadamente las sábanas de encima, estuvieran en pijama o no.

¡Despertad, chiquitines, despertad!

Nada más salir de la respectiva habitación le había dado un suculento bollo recién horneado a cada aprendiz, e instó a que desayunaran por el camino porque, en definitiva:

¡Vamos, vamos! ¡Hay que darse prisa, vamos! ¡Pronto se hará de día y no queremos perdernos la presentación! ¡Es un acontecimiento único en la vida! —Iba diciendo la maestra mientras continuaba tirando de ellos por los pasillos, hasta llegar a las escaleras que bajaban a los jardines. Apenas había nadie despierto y los pasos y la voz de Yami resonaban demasiado alto—. Y por supuesto no podía no llevaros, vosotros estuvisteis allí, ¡pero ahora está más bonito! ¡Todo terminó bien! Por suerte... La Naturaleza siempre sigue su propio curso, ¿no es curioso, pajaritos?

Si estaba intentando consolarles por algo no daba la impresión de ello. Además, ¿de qué sitio estaba hablando? ¿Podía ser... ? Yami bajó correteando por las escaleras e invocó su glider con un saltito. Activó su armadura, se subió a él y se elevó un poquito. Se la veía absurdamente emocionada. Entonces se subió la visera del casco, sonriente y les dijo:

¡Rumbo a Tierras del Reino, chocobitos! ¡Vamos a asistir al nacimiento del príncipe!


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Aunque no lo parezca, la misión que nos ocupa es importante.

Nanashi caminó a lo largo del vestíbulo hasta detenerse frente a la puerta. Dos aprendices habían seguidos sus pasos, adormilados, o quizá no: Simbad y Saeko.

Nanashi les había hecho llamar, incluso a tan temprana hora, incluso... antes de que amaneciera, para asignarles una misión que efectivamente, según ella era importante si bien podía no parecerlo. Al menos les había dejado desayunar abundantemente, aun si eso había signifcado que les despertara una hora antes. Aunque algo les decía que agradecerían ese gesto.

La maestra estaba seria, como siempre, pero más que eso, quizá como siempre desde que ocurriera la gran fractura definitiva entre Tierra de Partida y la ya creciente Orden de Bastión Hueco. Saeko, que había vivido aquello, entendía perfectamente ese sentimiento gélido que envolvía a la maestra a todas horas.

Vamos a ir a Tierras del Reino, un mundo en el que, como veréis allí, los habitantes en su noventa y nueve por ciento son animales. El Mundo nos transformará una vez lleguemos, de modo que no nos considerarán hostiles a no ser que os transforméis en algo peligroso —Explicó de manera sencilla, directa y parca—. La misión es simple. El Mundo lo gobierna un rey, un león, cuyo hijo va a ser presentado tras la salida del sol. Vigilaremos dicho acontecimiento por si acaso aparece sincorazón y provoca algún altercado, ¿está claro? No sabemos cómo alteraría algo así el equilibrio de un mundo tan delicado, de manera que espero responsabilidad absoluta por vuestra parte.

Vamos, Nanashi no quería fallos si pasaba algo.

¿Alguna pregunta? —Inquirió, antes de volverse hacia la puerta y abrirla para salir al exterior.

La salida del sol no tardaría en darse. Debían darse prisa si no querían llegar tarde, o cuando algo hubiera ocurrido para su desgracia. El nacimiento de un pequeño león, ¿eh? Sonaba a excursión exótica, más que a misión de vigilancia, pero podía ser interesante... Muy interesante.


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¡Bienvenidos a la trama El nacimiento de un príncipe! Y bienvenidos al reinicio del mundo, para abarcar el principio de su historia hasta el final, y quizá un poco más. Espero que os divirtais en ella, y por supuesto, recordad que para cualquier duda podeis mandarme un mp. ¡Buena suerte!


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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tsuna » Jue Ago 28, 2014 4:03 pm

Me dolía horrores la cabeza, a lo que me llevé la mano izquierda a la sien en un intento de aliviarlo. Avanzaba, todavía somnolienta e intentando no caerme por los pasillos, tras la maestra Nanashi, quién había venido expresamente a mi habitación para pedirme que la acompañara a una importante misión. Por supuesto, no pensaba negarme, ni mucho menos quejarme por las horas a las que me había despertado, pero no estaba para nada acostumbrada a levantarme tan temprano. No obstante, tenía que mostrarme responsable y fuerte si no quería acabar fracasando en la misión.

Lo que hubiese dado por cinco minutitos más…


Al parecer la maestra nos había llamado tanto a mí como a otro aprendiz que no había visto en mi vida, ¿un novato quizás? Era lo más probable, o eso quería pensar, porque el castillo era tan grande que muchas veces me era imposible conocer a los nuevos. La maestra nos permitió ir al comedor para desayunar bien, lo que me confirmaba que, efectivamente, esta vez la misión sería bastante dura, no como la clase de historia que me dio en el Santuario. Sin embargo, siempre disfrutaba con las misiones que me asignaba la maestra.

Me preparé un vaso de leche bien fría con bastante azúcar y unas tostadas, me senté en una mesa sin esperar a mi compañero, todavía adormilada, y comencé a comer sin ver bien dónde untaba la mantequilla o la mermelada; ¡acabé con las manos pringadas!

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A medida que me iba espabilando, mientras comía y me limpiaba, no pude evitar mirar al otro aprendiz por encima del hombro: analizando bien sus características. Era moreno, más o menos de mi altura, con el cabello corto y una llamativa perilla. Delgado, como venía siendo costumbre en los nuevos aprendices como Gata, y vestía… ¿Qué se suponía que eran aquellos harapos? ¿A dónde pretendía ir con esas pintas? Tal impresión me causó, que ni siquiera me percaté de su tatuaje del tobillo o su peculiar instrumento.

Una vez tuviese mi última tostada en mano, decidí dirigirle la palabra, ya más despierta. Si teníamos una misión juntos, era lógico conocernos con más detalle para trabajar mejor en equipo, vamos, eso de aprovechar las características del otro para salir del paso. Lo miré, todavía sin creerme que andase por ahí con esas pintas, sin vergüenza alguna, y le apunté con mi tostada:

Saeko —me presenté—. ¿Tu nombre? —esperé alguna respuesta o expresión por su parte que me ayudase a continuar. En cualquier caso, continuaría preguntándole después de darle un último mordisco a mi desayuno— ¿Afinidad y especialidad? Yo soy afín a Oscuridad, y soy buena combatiendo con mi Llave Espada. —concluí, esperando dejar todo claro y, por supuesto, que él hubiese hecho lo mismo

Terminé acompañando a la maestra y al chico al vestíbulo, lugar que me traía a la mente bastantes recuerdos de lo más variopintos. Me crucé de brazos, ojeé de nuevo las prendas del aprendiz, disgustada porque seguían sin convencerme, y atendí, silenciosa, a las palabras de la mujer: al parecer teníamos que viajar a un mundo de lo más peculiar: “Tierras del Reino”, habitado exclusivamente por animales; nuestra misión consistía en proteger de los Sincorazón la presentación del pequeño león, no estaba mal.

Por supuesto. —respondí a su petición de responsabilidad, confiada en mis capacidades y en que el nuevo estuviese a la altura también

Ante las posibles dudas que pudiésemos tener, negué con la cabeza, porque como siempre, la maestra Nanashi lo había explicado todo bastante bien. Y sin mayor dilación, partí tras ella, recordando en el último momento que había dejado a Gengar durmiendo.

Mejor, así no se quejará de que le han obligado a madrugar y yo estaré tranquila.


Un nuevo mundo me esperaba, estaba ansiosa por llegar.

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Edit para corregir unas faltas ortográficas de las que no me había percatado, mil perdones!
Última edición por Tsuna el Mié Sep 24, 2014 12:59 am, editado 1 vez en total
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tidus Cloud » Jue Ago 28, 2014 6:03 pm

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Lo único que quería era dormir, ¿es que costaba demasiado? La Maestra Yami debía tener algo en contra al parecer.

Después de la noche que había pasado, Bavol se había acostado a altas horas de la madrugada con la intención de dormir durante todo el día. El motivo por el que había tenido que trasnochar eran las fiestas del País de las Maravillas. Aquellas celebraciones siempre se desmadraban demasiado, todo debía ser culpa de ese delicioso té.

Cuando más a gusto estaba acurrucado en su almohada, la Maestra Yami apareció de pronto para sacarle de la cama. Como todavía seguía vestido con la misma ropa que la noche anterior, tan solo se cambió la camisa llena de manchas de té que llevaba puesta por una nueva. Medio dormido siguió a la Maestra por los pasillos mientras le daba pequeños mordiscos al bollo que le había entregado al salir de su habitación.

Para su sorpresa, Yami también se había llevado consigo a Kousen. Si hubiera estado más despierto, la reacción del gitano hubiera sido más alegre al ver de nuevo a su antiguo compañero; sin embargo, estaba tan cansado que se limitó a saludarle con la mano y a una breve sonrisa.

¡Vamos, vamos! ¡Hay que darse prisa, vamos! ¡Pronto se hará de día y no queremos perdernos la presentación! ¡Es un acontecimiento único en la vida! —Yami hablaba demasiado fuerte y demasiado rápido para que Bavol pudiera seguirle el ritmo a todo lo que estaba contando. El gitano se limitó a asentir mientras se preguntaba cómo aquella mujer podía tener tanto ánimo siempre—. Y por supuesto no podía no llevaros, vosotros estuvisteis allí, ¡pero ahora está más bonito! ¡Todo terminó bien! Por suerte... La Naturaleza siempre sigue su propio curso, ¿no es curioso, pajaritos?

Espera… ¿nosotros? —repitió el niño intentando asimilar toda aquella información. Tras unos instantes en silencio, Bavol cayó en la cuenta de que solo había habido un mundo en el que ellos dos hubiesen estado juntos— ¡No puede ser! ¡¿Vamos a Tierras del Reino?! —chilló el gitano despertando por fin del todo.

Antes de que se diera cuenta, la hiperactiva Maestra ya estaba montada en su Glider con la Armadura puesta, lista para partir hacia aquel mundo. Sin embargo, Bavol se negaba a marcharse a Tierras del Reino tan fácilmente sin contestar a unas preguntas antes.

Aquella misión fue un fracaso total para el pequeño y además sentía que él había sido un lastre todo el tiempo, ya que no pudo hacer nada útil. Aún recordaba el aspecto del malvado rey que dominaba en el mundo.

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Scar… Se había prometido a sí mismo que algún día se encargaría de él y libraría a todos los habitantes de Tierras del Reino de su tiranía. Había mejorado mucho desde aquella misión, pero dudaba de si ya tenía el poder suficiente como para poder derrotarlo.

¡Rumbo a Tierras del Reino, chocobitos! ¡Vamos a asistir al nacimiento del príncipe!

¿Qué? ¡No, espera, no tan rápido! —exclamó Bavol encarándose con la Maestra—. Cuando nosotros fuimos, dejamos las cosas fatal y para mí esa misión fue... terrible. No puedes volver a mandarnos a ese lugar así como así.

» Explícanoslo un poco más, por favor, Maestra. Has dicho que todo se ha arreglado, ¿qué es lo que ha pasado exactamente? Y también has dicho que vamos a ir a ver a un príncipe, ¿me estás diciéndonos que vamos a ir a ver al hijo de ese maldito Scar?

Una vez Yami contestara a su respuesta, Bavol como buen Aprendiz obedecería a su Maestra y se subiría a su Glider para acompañarla a lo que fuera que fuesen a ver. Esperaba que al menos con aquello de nacimiento no quisiera decir que iban a contemplar un parto en directo...

Durante el trayecto, decidió acercar su Glider al de su compañero para comentar algunos aspectos de la misión antes de que aterrizaran. Kousen también había estado con él en aquella ocasión, así que él también sabía las peculiaridades de aquel mundo. Además, él era un Aprendiz muy fuerte y tenía que trabajar en equipo con él si no querían volver a fracasar.

Esta vez no podemos fallar, Kousen —le dijo a su compañero mucho más serio de lo habitual— Como ya hemos estado, sabemos que en cuanto pisemos tierra nos convertiremos en animales. Sabemos nuestras ventajas y las cosas en las que fallamos, así que habrá que repartirse el trabajo. Tú tendrás que encargarte de los combates y yo intentaré apoyarte con algún hechizo. Si hay que acceder a algún sitio difícil o espiar, lo haré yo con mi habilidad de camuflaje.

Al menos, ya sabía lo que se podía esperar en aquel mundo. Aquello debía suponerle una ventaja, así que debía poner todo de su parte para que la misión no fracasara. No podía volver a fallar a todos aquellos animales que lo necesitaban.
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor xXOrbOOkXx » Dom Ago 31, 2014 12:50 am

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Nanashi tocó a mi puerta antes del amanecer. Tenía ojos de gacela y en secreto le llamaba "La Maestra de la Escarcha", porque era tan fría, y parecía tan triste como el hielo.

Estaba escribiendo una canción a la luz mortecina de una lámpara, la cual me había costado encender al no recordar su funcionamiento. Lo curioso era, que tras todo el tiempo que había estado en aquel castillo, aún no me acostumbraba a los increíbles avances tecnológicos como la electricidad. Incluso aún me costaba hacerme a la idea de tener mi propia habitación.

Madrugaba mucho, por lo que aquel día no fue una excepción, y al no tener nada que hacer, la inspiración me vino como un rayo. Hasta que la Maestra tocó a la puerta. Me lavé con agua muy fría para despejarme y me puse la ropa andrajosa que siempre llevaba, rocé el águila roja con los dedos y cogí el laúd casi sin darme cuenta. Las monedas que la maestra Ariasu que me había dado las tenía a buen recaudo, era dinero para emergencias, no para zapatos. Mis pies encallecidos ya no notaban la piedra.

Me llamó a mí y a otra aprendiz que había visto merodear por el castillo, pero a la que nunca hablé. La misión me pareció que iba a ser dura, porque desde luego, se trataba de una misión.
Nos condujo hasta el comedor donde había un excelente desayuno, no me acostumbraba a ver tanta comida junta.

La chica se encaminó medio bostezando hacia los alimentos, se sirvió leche y tostadas, a las cuales no sabía muy bien dónde ponía la mermelada y se pringó las manos. Yo cogí zumo, un cruasán y pan crujiente. El olor de la comida hizo que se me revolvieran las tripas hambrientas.

Mientras comía, sentí la mirada de la chica observándome. Cada vez que bajaba la vista para limpiarse la mermelada yo la miraba con disimulo de reojo. Era de mi altura, y quizá también de mi edad; pálida y delgada. Sus profundos ojos celestes miraban intensamente, enmarcados por cabello de color lila (del cual, miré con cierto recelo cuando no me prestaba atención). No dejé mostrar ningún sentimiento mientras comía el cruasán.

Saeko —se presentó escuetamente—. ¿Tu nombre?—bebí, y tras tragar le iba a responder, pero me interrumpió antes—. ¿Afinidad y especialidad? Yo soy afín a Oscuridad, y soy buena combatiendo con mi Llave Espada.

Me llamo Simbad —dije con decisión, dejando la comida a un lado y mirándola directamente a los ojos, con una sonrisa burlona—. No tengo idea de lo que es una afinidad, y mi especialidad es derrumbar fachadas.

>>Y hacer trampas a los dados, a las cartas y decir mentiras<<. Pensé. Triste pero cierto.

Y sí, tuve que decirle lo de la fachada porque en realidad no sabía lo que se me daba bien, y tampoco iba a decirle que era tan débil que no sabía mis puntos fuertes. Terminé mi frase algo brusco al darme cuenta de que me miraba con una cara recelosa... No, a mí no, sino a mi ropa. Ella llevaba un exquisito traje con los colores vivos del rojo, mientras que yo sucios harapos. Borré toda expresión para poner una media sonrisa.

De donde vengo —comencé para explicarle mientras mordisqueaba el pan—, los débiles llevan seda y perfumes. Los otros, que conseguimos sobrevivir gracias a nuestra fuerza; llevamos esto puesto.

Me tironeé de la camisa y advertí que llevaba el laúd a la espalda. Me levanté apurando el zumo hasta que no quedó ni gota, y despedí un momento a Saeko con un gesto. Corrí a mi habitación para dejar el instrumento, con cierta pena; para volver junto a la muchacha y la Maestra.

Atendí con cautela a Nanashi. La misión era proteger a un león recién nacido de los Sincorazón en un mundo en el que te transformabas en un animal; estaba claro que no quería ningún fallo. Se me hacía extrañísimo pensar en animales parlantes, pero aquí nada era imposible.

¿Alguna pregunta? —Se giró y abrió la puerta para salir afuera. Saeko negó con la cabeza, pero yo sí repliqué.

¿Existe alguna manera de no transformarnos en algo peligroso (como has dicho) para evitar incidentes?

Me rasqué la perilla, echando de menos el peso del instrumento. Mientras esperaba a que Nanashi respondiera, miré de reojo a Saeko.

Me cayó bien desde que había comenzado a untar las tostadas.

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Como sabéis iba a postear el 31 por vacaciones. Pero tuvimos un problema con el coche y nos tuvimos que volver un día antes. Perdonad si es molestia.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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Tercera Saga:

Prólogo de Simbad
"Bastión Hueco" Choque de culturas (Encuentro)
"Bastión Hueco" Novatos bajo la lluvia (Primer encuentro - Saga Novatos)
"Tierras del Reino" El nacimiento de un príncipe (Trama)
"Islas del Destino" ¡Buscad a mi perro! (Misión)
"Castillo de Bestia" Solos entre lobos (Primer encuentro - Saga Délaissé)
"La Cité des Cloches" Los miserables (Encuentro)
"Villa Crepúsculo" Una visita guiada (Encuentro)
"Selva Profunda" Día de monos (Encuentro)
"Port Royal" Los muertos no cuentan cuentos (Trama)
"Tierra de Dragones" Linda Flor (Misión)
"Bastión Hueco" Novatos bajo el amanecer (Segundo encuentro - Saga Novatos)
"Ciudad de Paso" Lo que vale la pena (Encuentro)
"Ciudad de Paso" The Game Never Ends (Trama)
"Torre de los Misterios" Orden en la Biblioteca (Misión)
"Evento Global" El esclavo del olvido
"Evento Global" Ruta de los perdidos

Evento Halloween 2014
"Especial libre" El laberinto de los corazones
"Especial libre" San Valentín III
"Islas del Destino" Yincana veraniega
"Evento libre" La Mansión Encantada II: La Venganza

Cuarta Saga:


"Ciudad Inexistente" Dos velas para el diablo (Encuentro)
"Port Royal" De copas con la muerte (Encuentro)
"Bastión Hueco" De magdalenas y vicios franceses (Encuentro)
"La Cité des Cloches" Insomnia (Primer encuentro - Saga La Musique du Silence)
"La Cité des Cloches" Somnia (Segundo encuentro - Saga La musique du Silence)
-"Port Royal" El barco que desaparece en la niebla (Misión)
"Tierras del Reino" Donde duermen los gigantes (Trama)
"País de los Mosqueteros" Todos Para Uno (Trama)
"Ciudad de Paso" Un nuevo Crepúsculo (Trama)
"Ciudad de Halloween" El ataque de Boogieman (Trama)
"La Cité des Clochés" Fuego Infernal (Trama)
"Espacio Profundo" Planta 313 (Encuentro)
"Mundo Inexistente" Pasajes Oscuros (Trama)
"Tierra de Partida" Penúltima Parada (Encuentro)
"Evento Global" El principio del fin
"Atlántica" Perdona pero quiero casarme contigo (Encuentro)

"Especial libre" El laberinto de los corazones II: Escape
"Especial libre" World War Christmas
"Especial libre" El San Valentín está aquí
"Especial libre" ¡Exámenes finales
"Especial libre" La inocencia perdida
"Especial libre" Misión: Salvar la Navidad

Timeskip (Finales 1013-1017)

"Tierra de Partida" Examen de Maestría (30 Diciembre 1013)
"Jardines de Tierra de Partida" Doomsnight (Libre) (31 Diciembre 2013)
"País de las Maravillas" El último regalo (Minitrama) (Julio 1014)
"Jardines de Tierra de Partida" El Regreso (Libre) (Finales de Marzo de 1017)

Saga final:

"La Cité des Clochés" Santuario (Trama)
"La Cité des Clochés" La última noche en París (Libre)
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Kousen » Lun Sep 01, 2014 12:36 am

[quote="Tidus Cloud"]
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Sangre. Gritos de horror y de rabia.
La misma pesadilla volvía a acosarme en mi sueño una vez más. Desde el incidente, no paraba de soñar con lo que había pasado en la Red: La cara de Ronin surgía desde las sombras, con una expresión torcida y emitiendo una risa que retumbaba por todo el lugar, mientras el cuerpo de Ryota quedaba inerte a sus pies y la sangre chorreaba desde el disco en sus manos.
Lo siguiente era lo peor: Todo se volvía oscuro y me quedaba a solas mientra Ronin se distorsionaba y crecía hasta tomar el tamaño y voz de Erased Data. Aterrado, corría sin rumbo y sin saber ni siquiera si estaba avanzando.

Y todo el tiempo, la voz de Erased Data resonaba:

"Primero la Orden, y luego tú eres el siguiente."

Me desperté entre sudores y casi gritando, antes de darme cuenta de que estaba en mi cuarto de Tierra de Partida. Desorientado por unos segundos, agradecí ver la cara de Yami mientras esta me despertaba, como un ángel recién bajado del cielo.
Me había quedado dormido sobre la cama, completamente vestido y con un libro en las manos que ahora estaba en el suelo tras tanto moverme.

Mientras Yami mascullaba algo sobre tener que irnos y me entregaba un bollo para desayunar por el camino, trataba de disipar mis pensamientos sobre aquella maldita pesadilla. Había estado muy resentido desde los sucesos de La Red, pero no podía atormentarme con aquello eternamente. Quería hacer lo posible por enmendar el pasado y encontrar una salida de aquella guerra absurda, pero aún no estaba listo para ver la cara de Ronin.
Pensar en él aún me ponía de mala leche.

Cuando andamos un poco por los pasillos, Yami se detuvo ante el cuarto de Bavol, al que le devolví el saludo mientras le daba un buen bocado al desayuno.

¡Vamos, vamos! ¡Hay que darse prisa, vamos! ¡Pronto se hará de día y no queremos perdernos la presentación! ¡Es un acontecimiento único en la vida! —Insistió Yami, tan contenta como de costumbre—. Y por supuesto no podía no llevaros, vosotros estuvisteis allí, ¡pero ahora está más bonito! ¡Todo terminó bien! Por suerte... La Naturaleza siempre sigue su propio curso, ¿no es curioso, pajaritos?

Espera… ¿nosotros? ¡No puede ser! ¡¿Vamos a Tierras del Reino?! —chilló Bavol a pleno pulmón.

Estaba tan espeso aún que no habría caído si no hubiese sido por él. No tenía muy buenos recuerdos de aquel mundo tras la trampa que nos había tendido Scar, su rey. Si no hubiese sido por Sarabi y Kazuki, ahora seríamos pasto de Sincorazón. Compartí con Bavol una mirada de preocupación.
Al menos me animaba saber que el lamentable estado de aquel mundo parecía haberse estabilizado hasta un punto más aceptable.

En cuanto llegamos a las afueras del castillo, Yami se puso su armadura y se montó en su Glider a toda pastilla. Si aquello fuese un videojuego, juraría que estaba apretando el botón de aceleración x4.

¡Rumbo a Tierras del Reino, chocobitos! ¡Vamos a asistir al nacimiento del príncipe!

Alarmado por que nos dejase atrás con la prisa que llevaba, me puse la armadura lo más rápido posible, presionando el botón.

¿Qué? ¡No, espera, no tan rápido! —interrumpió Bavol, haciendo que me quitase el casco—. Cuando nosotros fuimos, dejamos las cosas fatal y para mí esa misión fue... terrible. No puedes volver a mandarnos a ese lugar así como así.

» Explícanoslo un poco más, por favor, Maestra. Has dicho que todo se ha arreglado, ¿qué es lo que ha pasado exactamente? Y también has dicho que vamos a ir a ver a un príncipe, ¿me estás diciéndonos que vamos a ir a ver al hijo de ese maldito Scar?

Se me puso cara de mala baba con solo escuchar eso último. Sabía que teníamos que salvaguardar el orden de los mundos, pero dudaba tener la paciencia y el temple necesarios para guardarme la animadversión contra Scar, y menos aún si teníamos que acudir a una fiesta para él o su descendiente.

Bueno, la última vez Sarabi nos contó que Scar había destronado a su hermano y le había desterrado... Esa era la supuesta causa para el decaimiento del mundo. ¿Es posible... que se haya revertido la situación dado el regreso del monarca legítimo?

Sentí una chispa de alegría y esperanza al pensar en aquella posible teoria, pero tendría que confirmarla Yami o verlo con mis propios ojos. En todo caso, no podíamos quedarnos mucho tiempo allí parados.

***


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Lo cierto es que el trayecto fue bastante tranquilo en el rato que pasamos charlando Bavol y yo, con los gliders bastante juntos mientras seguíamos a la Maestra Yami en el suyo. Solo esperaba no tener que encontrarnos con la misma situación una vez más.

Esta vez no podemos fallar, Kousen —oí a Bavol decir bajo su casco— Como ya hemos estado, sabemos que en cuanto pisemos tierra nos convertiremos en animales. Sabemos nuestras ventajas y las cosas en las que fallamos, así que habrá que repartirse el trabajo. Tú tendrás que encargarte de los combates y yo intentaré apoyarte con algún hechizo. Si hay que acceder a algún sitio difícil o espiar, lo haré yo con mi habilidad de camuflaje.

No te preocupes, esta vez nos las arreglaremos.— le aseguré, asintiendo —. Además, es una fiesta... mientras no la líe nadie, no tendríamos por qué pelear.

¿A quien trataba de convencer con aquello? ¿A Bavol o a mí mismo?
Tras unos años en la orden, sabía perfectamente que hasta la misión más tonta podía convertirse en un berenjenal.
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Ronda 2

Notapor Tanis » Lun Sep 01, 2014 3:37 pm

Kousen y Bavol


Yami se irguió sobre el glider al oír la casi histérica pregunta del aprendiz y ocultó la boca tras los dedos enfundados en el guante de la armadura, pensativa. Casi instantáneamente negó, con una sacudida graciosa de cabeza.

No te preocupes, chocobito, Kousen está en lo cierto —Sonrió a ambos, contenta—. El legítimo rey volvió y mantiene a Scar bajo control. No os pasará nada.

La maestra había interpretado que ellos podrían sentir aprensión de volver a ese sitio tras la fallida misión de reconocimiento y la emboscada y lo que quería era tranquilizarles. Sin añadir mucho más, volvió a colocarse bien la visera del casco y esperó a que los aprendices convocaran sus glider, poniendo rumbo minutos después hacia Tierras del Reino.

Incluso charlando pudieron oír tararear alegremente a Yami, realmente emocionada. ¿Tan importante era aquello que iban a presenciar?

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El mundo no podía compararse a cómo estaba la última vez que lo vieron. Nada de lo que los aprendices recordaban era ahora Tierras del Reino. Las grandes llanuras yermas, quemadas y secas ahora eran praderas verdes salpicadas de alguna que otra mancha amarillenta, rocas, y árboles en pleno florecimiento. Más allá, en la lejanía, un ancho río recorría la extensión de hierba alta, en dónde pequeños puntitos negros, animales seguramente, se reunían. Nada de oscuras nubes o polvo, nada de muerte. Sólo vida, bajo la luz de la luna que ya empezaba a emborronarse contra la tenue luz del inminente amanecer.

Lo único que reconocerían de verdad, a simple vista entre tanto cambio, sería la gran formación rocosa que servía de refugio a la manada de leones que dominaba aquel reino.

El aterrizaje, tal como la otra vez fue, resultó limpio, silencioso y seguro, tras estratégicos alineamientos de piedras en dónde podrían dejar que la magia del mundo los transformase a gusto. Nada más quitarse la armadura y tocar el suelo con lo pies, la luz mágica y el cosquilleo familiar de antaño envolvería sus cuerpos, cambiando su ser a uno mucho más acorde al mundo.

¡Ay, ¿no es emocionante, chiquitines?!

Al mirar mejor en derredor, los aprendices verían que la maestra Yami se había transformado en una esponjosa raposa de color crema y enormes orejas, que correteaba y saltaba de aquí para allá junto a ellos.

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Yami se adelantó unos cuantos pasos y olfateó el aire, para luego mirar a Kousen y a Bavol, acercándose también con un correteo.

¡Oh, estáis perfectos, chocobitos! ¡Bavol es una monada!—La maestra frotó el hocico contra una de las patas de Kousen—. Aunque espero que no te digan nada a ti, Kousen, los leones son muy, muuuy celosos de su territorio. ¡Pero lo pasaremos bien, ya lo veréis! —Inesperadamente echó a correr en dirección a la gran Roca—. ¡Vamos, o llegaremos tarde!

Yami estaba verdaderamente entusiasmada con aquello, de modo que si se retrasaban igual hasta les dejaba atrás en su carrera. Los aprendices suponían que debían seguirla a pesar de que perderse con un punto de referencia tan visible era un poco imposible. Bueno, las cosas de verdad parecían estar bien. Nada indicaba que fueran a sufrir una trampa como la última vez.

Lo único malo sería... encontrarse con Scar.

El camino hacia la Roca se fue animando a medida que se acercaban, porque resultó que no eran los únicos animales que estaban dirigiéndose hacia el evento. Criaturas de todo tipo, tanto herbívoras como carnívoras formaban filas y reuniones con tal de agruparse y así organizarse mejor durante la marcha. Elefantes que transportaban aves cansadas, cebras, antílopes, guepardos, jirafas, bisontes, ñandús... Todo tipo de insectos, y hasta hienas. El único grupo realmente heterogéneo era el de Yami, Kousen y Bavol, que caminaban juntos entre los demás. Habían llegado a un punto en el que la aglomeración era tal que tenían que marchar al paso, aunque eso les daba oportunidades de entablar alguna conversación con alguien, como quién lo hacía en cualquiera de los otros mundos.

Muchos de los animales echaban miradas de reojo a Kusen, ya que era el único león entre las filas, y se preguntaban, no demasiado en voz baja, si acaso sería algún joven macho que venía a retar a Mufasa, el rey de la sabana. Bastantes lo cuchichearon con acritud además.

Vergüenza debería darle —oyó que comentaba un rinoceronte—, después de todo lo que pasó, venir a manchar la presentación del heredero.

Uy, sí, una vergüenza terrible —secundó una madre babuina, sentada con su hijo de pecho sobre el rinoceronte.

Otros animales asintieron, aunque hubo unos cuantos que no: el pequeño grupo de hienas que viajaba cerca. Estas se limitaron a fulminar con la mirada a los demás, en tanto que vieron con buenos ojos a Kousen.

No les hagas caso, chocobito, tranquilo —le susurró Yami al aprendiz, de repente un poco preocupada.

Sí, no hacer caso podía ser buena idea. No debían generar ningún altercado, pero... ¿a qué venía todo eso?

* * *

Saeko y Simbad


Nanashi no se giró para mirar a Simbad, si no que respondió atravesando el umbral de la puerta:

El cambio no depende enteramente de vuestro libre albedrío, Simbad. Podéis pensarlo, pero el Mundo os transformará en el animal que mejor represente vuestro yo humano según su criterio. Con peligroso me refiero a algo que pueda enervar al rey, o a los súbditos. Como otro león, o un carnívoro odiado. Si ese fuera el caso deberemos ir con mucho más cuidado.

Nanashi convocó su armadura y glider sin perder más tiempo y montó en él.

No os separéis demasiado de mí.

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Los aprendices de Bastión Hueco se encontrarían nada más llegar con la misma imagen que Tierra de Partida, sólo que a diferencia de ellos, esta sería la primera vez que lo vieran y no notarían nada fuera de lugar o distinto. El paisaje era hermoso, verde, fértil y salvaje, tal y como aparecía en las ilustraciones de los libros de la biblioteca, con el aire puro y un olor a vida que raramente se encontraba en otros lugares.

Nanashi los dirigió para aterrizar sobre la espesura de la hierba verde y alta, cerca un recodo del gran río que serpenteaba a cierta distancia de la Roca que parecía supervisar la sabana. Al quitarse la armadura, los aprendices notarían como un fulgor de luz les envolvía el cuerpo, y cómo un cosquilleo les recorría el cuerpo de arriba abajo. Al terminar... verían que se habían transformado en animales, tal y como había explicado la maestra.

Bien, os costará un poco habituaros al movimiento ahora, pero todavía tenemos tiempo.

La voz de Nanashi les llamaría la atención y al mirar, contemplarían a un ave elegante y de color blanco y azul: una garza.

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Que empezó a explicarles muchos más detalles mientras esperaba a que los aprendices pudieran moverse con soltura en sus nuevas formas.

Según nuestras fuentes, la presentación se realizará tras la salida del sol, aunque hasta que todos los súbditos no hayan llegado no creo que empiecen —Nanashi aleteó de forma grácil, y se recolocó algunas plumas—. Otra cosa que deberíais saber es que nuestro uso de las Llave-Espada ha quedado levemente coartado. Como podréis ver, es más complicado usarlas sin extremidades prensiles.

De repente un coro de sonidos, mezcla de piares, gruñidos y barritos, alertó a la maestra, que alzó el cuello y el vuelo para posarse sobre una de las rocas junto al lecho del río. Cerca pasaba lo que parecía ser una fila o caravana de animales. Nanashi giró el pico hacia los aprendices.

Los habitantes ya se están reuniendo para la ceremonia. Será mejor que nos unamos a un grupo, ¿estáis preparados? —Sin perderles exactamente de vista, la garza levantó el vuelo y se acercó al grupo de viaje.

En cuanto Saeko y Simbad la siguieran, o los alcanzaran por la hierba alta, verían a unos cuantos ñus acompañados de cebras y algunos pájaros, entre los cuales ya se encontraba Nanashi, posada en el lomo rayado de una cebra. Con un gesto de pico les indicó que se unieran.

Sobre ellos, la luna ya desaparecía, aclarada cada vez más y más por el alba rosada del horizonte.

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Para Saeko y Simbad, podéis escoger el animal que más os guste para la transformación. La explicación de Nanashi es meramente interpretativa.


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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tidus Cloud » Mié Sep 03, 2014 2:47 am

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No podía negar que saber que Scar no era el que mandaba le alegraba; sin embargo, habría otro rey en su lugar y aquello no le alentaba mucho. Bavol odiaba con todas sus fuerzas las misiones que implicaban relacionarse con la realeza.

Cuando llegó a Tierras del Reino, se animó al ver el nuevo escenario que se abría bajos sus pies. El mundo a punto de morir que una vez conoció ya no existía, ahora en su lugar la vida brotaba de cada rincón de la tierra.

Aterrizaron discretamente para que el resto de habitantes no se percatara de su transformación. En cuanto pisó el suelo, una luz le rodeó completamente como la última vez y adquirió el aspecto que tenía en aquel mundo.

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Bueno, pues aquí estamos otra vez…

¡Ay, ¿no es emocionante, chiquitines?!

Bavol dirigió su mirada hacia dónde provenía la voz de la Maestra y encontró a una pequeña zorra correteando de un lugar a otro con mucha emoción. Por su actitud no cabía duda de que era Yami.

¡Oh, estáis perfectos, chocobitos! ¡Bavol es una monada!

Creo que la palabra correcta es camaleón…

Aunque espero que no te digan nada a ti, Kousen, los leones son muy, muuuy celosos de su territorio. ¡Pero lo pasaremos bien, ya lo veréis! —la Maestra no se detuvo ni un segundo más y empezó a correr—. ¡Vamos, o llegaremos tarde!

Bavol se encogió de hombros, no tenían más remedio que seguir a la entusiasmada Maestra. Se subió al lomo de su compañero león y esperó que Kousen tomara el camino, ya que si iba por su propio pie (o pata), jamás les alcanzaría. Durante el trayecto pudo comprobar que no eran los únicos que se dirigían a asistir a ver al recién nacido, animales de todas las clases emprendían el camino para ir a ver al príncipe, incluso aquellas bestias que habían apoyado a Scar: las hienas.

Por lo que podía ver Kousen no era muy recibido allí. Aquellas miradas recelosas de unos animales y los buenos ojos de otro le recordó a cuando subieron a la Roca del Rey por primera vez para alegría de las leonas y horror de las hienas, aunque curiosamente no eran esta vez las hienas quienes le miraban mal.

No les hagas caso, chocobito, tranquilo

Parece que pase lo que pase siempre eres el centro de todas las miradas, eh, Kousen —le susurró Bavol a su compañero.

El camaleón saltó del lomo del león y aprovechando su habilidad de camuflaje se ocultó entre el grupo de animales más grande que encontrara que no fuera el de las hienas. Mientras andaba rápido e intentando que ninguno le aplastara con una de sus gigantescas patas, desde la protección que le otorgaba ser invisible se atrevió a gritar como si se tratase de un revolucionario:

¡Muerte al rey! ¡Muerte a Scar! ¡Muerte al príncipe!

Dicho esto y esperando ver algún revuelo entre los animales, volvió hasta donde se encontraban Yami y Kousen y se desprendió de su camuflaje aparentando que allí no había pasado nada. Le daba igual lo que le dijera la Maestra, al fin y al cabo no es que él hubiera tenido mucho margen de decisión para decidir si quería volver a Tierras del Reino.
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tsuna » Mié Sep 03, 2014 5:01 pm

Enarqué una ceja sorprendida, cuando Simbad preguntó por algo que la maestra ya había dejado claro: el mundo nos iba a transformar por sí mismo. O no había prestado atención, o era un poco cortito. De todos modos, agradecí que la maestra explicase con más detalle dicho punto, pero más que sorprenderme la explicación, lo que me llamó la atención fue su actitud. Sabía que la maestra Nanashi era bastante seria, desde que la había conocido, a diferencia de mi maestra, Ariasu, pero tras lo sucedido en La Red parecía emanar un aire mucho más frío o siniestro.

Normal, cuando tenemos a Ronin como enemigo…


No quise darle más vueltas al asunto, estaba ansiosa por llegar de una vez para comprobar qué tipo de animal sería yo.

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Debía admitir que la primera impresión del mundo me había dejado anonadada: grandes extensiones de hierba bañadas por la luz de la luna, una enorme roca imponiéndose sobre todo lo demás, y un río sin fin. Desde la armadura no podía siquiera sentir el viento, pero no me cabía duda de que las vistas eran más impresionantes en persona que en un libro.

Seguí a la maestra y tras aterrizar en un recodo del río, me quité la armadura de encima. Mis fosas nasales se abrieron al instante, maravillándome ante el olor a naturaleza y libertad que tenía el lugar. Pese a todo, parecía que el haber madrugado no había sido en balde. Y no obstante, antes de poder siquiera dar un paso, sentí cómo un cosquilleo me recorría de pies a cabeza, sin duda, fue una sensación muy extraña, porque al volver a abrir los ojos…

¿¡Q-qué…!?


Agité la cola repetidamente, nerviosa. Parecía haber encogido, ¡pero no! Tenía zarpas, y orejas y pelaje… ¡Además, me encontraba a cuatro patas y… ¿desnuda!? No tenía nada de ropa encima.

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Parecía que, en efecto, el mundo me había transformado al llegar. Quedé en un primer momento asustada por mi aspecto, observando todo lo que mis ojos pudieron captar. Parecía que incluso mis sentidos se habían agudizado, sobre todo el del olfato y el oído. Definitivamente, me había transformado en un animal carnívoro, en una pantera; esperaba no dar problemas en un futuro por esto, tal y como había indicado previamente la maestra.

Bien, os costará un poco habituaros al movimiento ahora, pero todavía tenemos tiempo.

La voz de la maestra Nanashi me pilló desprevenida, pues todavía seguía inmersa en mi nuevo aspecto, con miedo a dar un paso y tropezar torpemente. Me giré hacia esta y comprobé, estupefacta, cómo ella se había transformado también en una especie de ave, bastante elegante además.

Maestra…

La maestra Nanashi continuó con su explicación, diciéndonos que la presentación de aquel cachorro sería tras la salida del sol, y que nuestro manejo con las Llaves Espada quedaba limitado por nuestro nuevo aspecto… Cosa que pude comprobar de inmediato, porque tenía todas mis extremidades pegadas al suelo, no podía sujetar mi arma, a menos claro que…

¡Pues claro!


Probé a invocar mi Llave Espada en mi mandíbula, y no tuve problemas para ello. Sujeté el mango con mis dientes y probé a moverme por la zona, dando leves espadazos a la hierba o a la nada. Tenía que acostumbrarme lo antes posible a mi nueva forma.

Tras un breve instante, un nuevo grupo de animales se acercó por la zona y yo no pude hacer más que observarlos con incredulidad. Desmaterialicé mi arma de inmediato, confiada en que al menos tenía las nociones básicas sobre cómo usarla en la cabeza, y seguí a la maestra, que nos instó a acompañar a las criaturas —las cuales no habían sospechado nada sobre nuestra identidad, para mi sorpresa—.

Oye, vamos. —le propuse a Simbad, observando todavía con sorpresa su aspecto animal

Esperé a que emprendiera la marcha y me aproximé al río para mojar la cola un poco; por alguna razón sentía la necesidad de refrescarme, y el río me tentaba mucho. Al instante, emprendí la marcha rápidamente hacia el grupo, intentando mantenerme cerca de la maestra y sin perderla de vista. Tampoco quería llamar la atención, así que no entablé conversación con nadie, intimidada.

Seguía sorprendida por cómo todo había cambiado de un momento a otro, en ese momento me sentía más… ¿Salvaje? Con toda la tierra y la hierba bajo mis pies, y aquel hábitat tan natural, me sentía en cierto modo más libre. Pero no podía olvidar cual era mi deber, por supuesto que no.
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor xXOrbOOkXx » Mié Sep 03, 2014 8:30 pm

La Maestra me respondió tras el umbral de la puerta sin mirarme.

El cambio no depende enteramente de vuestro libre albedrío, Simbad. Podéis pensarlo, pero el Mundo os transformará en el animal que mejor represente vuestro yo humano según su criterio —asentí muy levemente—.Con peligroso me refiero a algo que pueda enervar al rey, o a los súbditos. Como otro león, o un carnívoro odiado. Si ese fuera el caso deberemos ir con mucho más cuidado.

>>Bien, no hay forma de combatir los efectos que hará el mundo sobre nosotros<<.


Aquello me inquietaba de alguna forma. Si te transformabas en un insecto tendrías un problema, y no lo podrías cambiar.

Negué interiormente y seguí a la Maestra de la Escarcha. Miré de reojo a Saeko, que aparte de estar ensimismada en sus pensamientos parecía ligeramente molesta por algo. Decidí no pensar en ello.

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El paisaje era fértil, salvaje y hermoso.

Las grandes llanuras salpicadas de hierba verde y pajiza, las rocas y algún que otro árbol del paisaje conferían el lienzo perfecto para cualquier pintor. Muy al fondo, un grandísimo río se confundía con el cielo rasgado por el amanecer. Forcé la vista y vi puntos negros, supuse que de animales que estaban por allí rondando. Pero lo que más me impresionó fue las enormes rocas que parecían unas fauces abiertas.

Aterrizamos en un recodo del río, y me quité la armadura; con ella pasaba mucho calor, y el aire de la mañana me produjo cierto alivio.

Antes de que pudiera ponerme en marcha, una luz me cegó y un cosquilleo me recorrió las vértebras. La transformación, claro. Me esperaba convertirme en una serpiente o un cuervo pero no, al abrir los ojos me encontré con... Con que estaba a cuatro patas. Toda mi altura se había reducido a la mitad.

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(Guepardo)


Mi vista se había vuelto mucho más afilada, mi cuerpo cubierto de un pelaje más bien oscuro; moteado de negro y tenía las garras perfectas para correr o desgarrar. Moví una cola con punta blanca ligeramente emocionado. Pasé la lengua por mis dientes, tenía unos colmillos amenazadores y afilados; miré los animales de la lejanía con otros ojos... Me relamí, pensando en lo buenos que estarían... Negué con la cabeza y decidí concentrarme en mi nuevo cuerpo.

Busqué a mi compañera con la mirada y ahí mismo la encontré. Su aspecto era parecido a una especie de gato violeta y amarillento, con los mismos ojos que en su forma humana. El final de su cola estaba ligeramente rasgado. Y tenía bigotes en la mejilla ligeramente cómicos. Parecía tan carnívora como yo.

Con la pata trasera me rasqué la oreja y comprobé que el pendiente seguía ahí. Di unos cuantos pasos para coordinar, me estiré y salté varias veces. Tenía ganas de correr, pero me contuve. Moví las patas, volví a saltar... Era bastante útil ser tan delgado en aquellos momentos, me sentía tan ágil como el viento.

Al parecer, mi oído también se había mejorado, junto con mi olfato. Me llegaba el olor del agua del río y el de la rocas que estaban repartidas por la llanura. Respiré profundamente y ronroneé como un gato, ¿podría rugir? Abrí la boca para probar, pero una voz me interrumpió.

Bien, os costará un poco habituaros al movimiento ahora, pero todavía tenemos tiempo.

La voz de Nanashi me sobresaltó y giré en redondo y se me erizó el pelaje; pero al advertir que era ella, me tranquilicé. Se había transformado en una especie de pájaro de gran pico, blanco y azul.

Maestra…

Saeko pareció querer decir algo, pero paró en cuanto Nanashi revoloteó hacia una rama. Mientras se recolocaba algunas plumas, nos explicó que la presentación del pequeño no se realizaba hasta el amanecer y que no teníamos manos para coger la Llave.

Y tenía razón, no podíamos coger el arma con las manos, pero... ¿Y con la boca? Mi compañera ya lo había descubierto, y danzaba por la llanura con el arma el la boca, para acostumbrarse supongo.

Sin más demora hice lo propio, el mango de mi Llave sabía a cuero, pero aparte de eso y que la parte amarillenta se me clavaba en la garganta parecía bastante cómodo.Troté suavemente por el claro lanzando mandobles girando el cuello, probé a saltar y mis fauces impidieron que el arma no cayera al suelo. Era una sensación rara e incómoda, pero no había más remedio.

De repente un estruendoso sonido que se componía de piares, patas y gruñidos pasó casi a nuestro lado, hice desaparecer la Llave, y vi como Nanashi dijo algo y emprendió el vuelo hacia la marabunta. Supuse que debía seguirla, pero no me acerqué mucho todavía. Habían extraños animales, ligeramente más grandes que yo; con pinta mortífera pero sin colmillos, supuse que eran herbívoros.

Oye, vamos. —me instó Saeko más adelante, le seguí con pasos cautos y medio escondido en la hierba. Descubrí que me había transformado en un animal veloz.

Mientras ella iba hacia el río, yo observe los animales a mi alrededor; no parecían haberse percatado de mi presencia, pero uno no podía estar seguro. Observé el extraño pájaro que era mi Maestra, grácil y elegante. A su regreso, Saeko parecía algo intimidada al caminar junto a aquellos animales.

Creo que no deberíamos llamar la atención —le murmuré, esquivando las pezuñas de las bestias—. Parecemos animales carnívoros y no me gustaría provocar una estampida —compuse una carcajada muy breve y baja—. Aunque creo que ya lo habías adivinado.

Todos los animales tenían colores claros, parecidos a su entorno: amarillentos, pajizos, marrones, caballos a rayas blancas y negras... Yo tenía el pelaje ligeramente más oscuro, pero Saeko lo tenía morado y desentonaba visiblemente con los demás. Esperé que los animales no se dieran cuenta de su presencia y sospecharan que era una especie de intruso. Tras una corta cavilación decidí advertirle, no sabía si se había dado cuenta.

No soy un experto —carraspeé tras un breve momento, esperando su respuesta—, pero creo que deberías ir con cuidado... por tu pelaje, quiero decir. Parece que es bastante inusual en este entorno.

Caminaba agachado pero con rapidez, por lo que no pude ver a los ojos a la muchacha. Alcé la cabeza un momento y vi que nos acercábamos poco a poco hacia la gran roca que se alzaba hacia el cielo. Impressionnant.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Kousen » Dom Sep 07, 2014 4:19 pm

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Podía notar el mal humor de Bavol escapando de su armadura como el agua de un colador. El chico seguía tenso con solo escuchar una palabra relacionada con Scar o con una corona, pero no le culpaba. Al menos, esperaba que empezase a acumular una visión más clara del mundo según fuese creciendo.

Cuando llegamos a Tierras del Reino, no habría reconocido el mundo de no ser por la enorme plataforma de piedra que actuaba como cubil para las leonas y su monarca. El agua abundaba en ríos y grandes charcas de las que alimentarse, y la tierra se había cubierto de un denso manto verde y lleno de vida.

Como la última vez, una luz nos envolvió nada más tocar el suelo, otorgándonos formas más acordes con las que movernos por la naturaleza inmaculada del mundo. Bavol recuperó su forma de camaleón, mientras que yo volví a transformarme en un león cerca de la adultez completa. La melena me hacía cosquillas con la brisa, pero al menos esta vez no me costó moverme a cuatro patas: Era como montar en bici.

¡Ay, ¿no es emocionante, chiquitines?!

Cuando escuché la voz de la Maestra giré la cabeza en varias direcciones, curioso de ver en qué animal se había transformado. Al final, tuve que bajar la vista para ver que se había convertido en una especie de cánido de pequeño tamaño y con unas enormes orejas, que se movían de acuerdo a su aparente felicidad.

¡Oh, estáis perfectos, chocobitos! ¡Bavol es una monada!

Creo que la palabra correcta es camaleón…

Se me iba escapando una carcajada que apenas pude contener, al ver a Bavol y esperar que le cambiase el color acorde con su humor.

Aunque espero que no te digan nada a ti, Kousen, los leones son muy, muuuy celosos de su territorio. ¡Pero lo pasaremos bien, ya lo veréis! —explicó Yami, borrándome la sonrisa de la cara.

Ah... vaya...

Como si no estuviese ya bastante nervioso.

¡Vamos, o llegaremos tarde!

Sin más remedio que ir, pero nada contento con el prospecto que llevaba gracias a esos datos sobre los leones (y nuestro anterior encuentro con Scar, que había sido una experiencia bastante... ilustrativa), comencé a andar tras Yami con Bavol sobre mi lomo una vez más. Según avanzábamos, vimos como un sinfín de animales se reunían también para el evento, dedicándome unas miradas que parecían cuchillos.

Pude escuchar a algunos animales comentando sobre mi presencia, y ninguna buena palabra al respecto, desde luego. Me sentía extraño y con cierto sentimiento de rechazo, tal como había pasado tantas veces durante mi infancia, algo que no me gustaba en absoluto. Me esforcé por ignorar las acusaciones y mantener mi cara libre de cualquier atisbo de emoción.
Desde lejos, pude ver que había una cierta parte del público que, a diferencia del resto, parecían aprobar mi presencia. Lo malo es que se trataba de las hiernas que habían estado aliadas con Scar durante su golpe de Estado y posterior usurpación del trono.
Esto me produjo un borboteante sentimiento de asco justo bajo el estómago, que no ayudó a mitigar mi malestar en absoluto. Si esperaban que fuese yo el siguiente en tratar de hacerse con el trono, lo llevaban claro.

No les hagas caso, chocobito, tranquilo

Parece que pase lo que pase siempre eres el centro de todas las miradas, eh, Kousen —me susurró Bavol desde la grupa.

Con una mezcla de suspiro y gruñido apenas audible, me limité a asentir sin apartar la vista del frente. Cuanto antes ignorase al resto de animales, mejor.

Estuve a punto de pararme para comprobar qué pasaba cuando sentí que Bavol bajaba de mi lomo, pero me contuve y disimulé como si no hubiese pasado nada, continuando mi camino tras Yami como si tal cosa.
Entonces me llegaron unos gritos que hicieron que se me cayese el alma al suelo.

¡...erte al rey! ¡Muerte a Scar! ¡Muerte al príncipe!

<<¿Pero qué hace? ¡¿Se ha vuelto loco?!>>, chilló mi cerebro.

Reconocí perfectamente la voz de Bavol y sentí un remolino de pánico interno que me causo vértigo. Si este cuerpo de felino tuviese glándulas sudoríparas, estaría chorreando como un pollo. Aquello parecía el camino al matadero si nos descubrían, pero parecía que Bavol había usado su camuflaje para disimular.

Seguí mi camino tras Yami con paso firme y el semblante imperturbable, tratando de no parecer tenso (¿a quién quería engañar?, mis nervios estaban chillando y seguro que mi corazón latía tan fuerte que se escuchaba en varios metros a la redonda)
Cuando sentí a Bavol volví a sentir algo de alivio, pero no podía negar que no me había gustado nada la insensatez que acababa de cometer. Veníamos a este lugar como guardianes del Orden, no debíamos interferir ni entremezclar nuestros asuntos personales.

Ya hablaremos luego.— susurré entre dientes, de forma que solo el pequeño portador pudiese oírme.
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Notapor Tanis » Mar Sep 09, 2014 9:03 pm

Kousen y Bavol


La acción de Bavol no fue exactamente afortunada. Ante sus gritos de revolucionario contra la monarquía, todos los animales circundantes se enervaron y mostraron ofendidos, armándose pocos instantes después un gran alboroto entre todos. Yami, que se había dado cuenta de las intenciones del aprendiz, gimió entre dientes con un gañido lo suficientemente alto como para que tanto Bavol como Kousen lo oyeran:

Ay, no, ¿qué has hecho, bichito?

Las hienas, a las que no les había gustado ninguno de los gritos más por temer ser consideradas las culpables que otra cosa, se enzarzaron en una pequeña pelea con un par de cebras y uno de los rinocerontes que mal habían hablado de Kousen antes. Por todas partes se armaron confrontaciones, impidiendo al grupo de Tierra de Partida moverse con tranquilidad hacia el punto de reunión. Ahora estaban atrapados entre la marabunta de animales furiosos unos con otros.

¡Tú! —un graznido tronó junto a Bavol, antes de que un cuerpo emplumado le embistiera y tirara al suelo—. ¡Te he visto! ¡Graack! ¡Has sido tú!

Al mirar Bavol vería que un pájaro de color oscuro, una cría crecida de buitre, intentaba picotearle con saña. Yami inmediatamente se colocó delante del pequeño camaleón, para evitar que le hicieran daño, a pesar de que a su alrededor las pezuñas podían pisarles a ambos. Yami no enseñó los dientes, pero mostraba el pelo del lomo erizado, en señal de amenaza.

Por favor, pollito, no queremos hacerte daño —El buitre intentó picarla a ella también y Yami saltó hacia atrás, con un chillido—. ¡Iiih! ¡Por favor, por favor! ¡Lo decimos en serio!

Ninguno de los dos podía saber sobre manera de defenderse a la que se refería Yami, puesto que no debían usar las Llaves-Espada allí delante de todo el mundo sin ton ni son. Había que salir de allí y cuanto antes, las cosas se estaban poniendo feas...

Entonces, poco a poco, como si algo o alguien estuviera calmando a los animales, se interrumpieron las peleas. Un pequeño pasillo se fue abriendo a través de los grupos de herbívoros, aves y carnívoros, hasta dejar ver a quién estaba pasando junto a ellos: un viejo mandril que portaba un bastón de madera engalanado con diferentes cocos y frutas de cáscara gruesa.

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Yami apartó a Bavol del camino del simio con sus patitas y lo mantuvo contra su cuerpo peludo, lejos del pollo de buitre. El mandril no miraba a nadie en particular, pero mantenía una expresión extraña y afable, como si no hubiera interrumpido una soberana pelea que podría haber sido peor. Sin embargo, se detuvo a la altura de Kousen con una mirada curiosa y se mesó la barba blanca antes de indicarle con un gesto que le siguiera. Sin una palabra de por medio. Yami subió a Bavol al lomo de Kousen con ayuda de su hocico.

Creo que deberíamos ir con él, Kousen —susurró la maestra, extrañamente seria.

Quizá la acción de Bavol la había irritado lo suficiente como para que dejara a un lado sus apelativos de excesivo cariño. Despacio ella se encaminó a seguir los pasos del simio, que andaba despacio, pero sin pararse, en medio del grupo de criaturas que de nuevo no tenían muy buenos ojos para Kousen. La luz de sol incidió entonces sobre ellos, desde el este, y apremió a todos los demás animales para ponerse en camino de nuevo, sin tener en cuanto si empujaban o no al grupito de Yami y sus aprendices.

Qué remedio tenían ellos, si no era acompañar al mono.


* * *

Saeko y Simbad


La llegada repentina de ambos depredadores irrumpiendo junto al grupo de viaje herbívoro no causó más revuelo que algún que otro pequeño susto. Quizá se debía a que realmente ni Saeko ni Simbad se movían de acuerdo a un comportamiento de caza, o tal vez a que incluso en esa ocasión todos dejaban a un lado las cuestiones del Ciclo de la Vida para asistir al evento del príncipe. Fuera como fuese, más allá de algún regaño por aparecer de pronto, ningún animal echó a correr al ver al leopardo y al guepardo aparecer por entre la hierba alta.

Nanashi, aparentemente enfrascada en una profunda conversación con otra ave posada en la cebra junto a ella, sobre lo triste que había tenido que ser dejar al marido y los polluelos en el nido para ir sola a la fiesta. La maestra de vez en cuando se atusaba las plumas, pero no les quitaba ojo de encima, por si acaso pasaba algo. Por todas partes los aprendices podían escuchar las conversaciones de los demás, charlas insustanciales sobre los vecinos de la charca de al lado, sobre si los chicos de Tami tenían pulgas, o sobre el color de la hierba. También algún que otro hilo interesante, sobre el rey tan bienvenido tras su exilio, sobre alguien llamado Scar y su malvado reinado que tanto daño había hecho, sobre las expectativas puestas en el príncipe... Podían hablar entre ellos, por supuesto, o intentar escucharlo todo.

Al poco de llevar camino el grupo empezó a ascender por una loma, tras la cual se podía ver mejor la enorme Roca que algunas cebras denominaron «del Rey». Entonces un rayo de sol rompió el horizonte.

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La llegada del sol, enorme y anaranjado, alegró al grupo, que enseguida retomó su camino. Estaban cerca de poder unirse a la gran congregación reunida ya junto a la Roca. Incluso algunos algunos animales que compartían especie se separaron de ellos y corrieron a reunirse con sus semejantes entre sonidos de júbilo.

¡Atención, por favor, atención!

Un aleteo sobre sus cabezas haría que alzasen la cabeza. Nanashi aleteó también y se elevó lo suficiente como para planear y posarse sobre el lomo de Simbad. Un pequeño pajarito azul aterrizó entonces en el suelo, delante de los animales que quedaban.

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Soy Zazu, el mayordomo del rey Mufasa —Se presentó, educado—. Estoy ordenando a todos para la ceremonia, por favor, si son tan amables de seguir mis indicaciones... —Se llevó un ala al pico y carraspeó con soltura—. Si queda algún hueco en los árboles, por favor, aves en los árboles. Si no ocupen los lomos de los elefantes al final de la fila. Cada especie agrupada, cebras y antílopes delante, jirafas detrás. Oh, y carnívoros —Zazu le echó una mirada significativa a Simbad y a Saeko y señaló con su otra ala hacia la Roca—, lateral izquierdo en primera línea tras las leonas de la manada. Eso es todo.

El pajarito alzó el vuelo de nuevo para continuar con la recepción. Los animales con los que habían viajado pronto se dieron prisa en cumplir con las directrices del mayordomo. Nanashi aleteó hasta el suelo para encararse a los aprendices, con un suspiro algo irritado.

Bueno, no nos queda más remedio que acatar. Es por el bien del orden para la misión, así que ya sabéis, no hagáis tonterías y mantened los ojos abiertos. Nos reuniremos en cuanto esto termine. Saeko, estás al mando.

No añadió más, y la maestra levantó el vuelo dirigiéndose hacia donde se suponía que debía estar, dejando solos a los aprendices. Ellos tendrían que hacer lo mismo, claro, si no querían causar un problema.


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Dato aclaratorio para futuras acciones, Tidus: Los camaleones no se hacen invisibles, se mimetizan adoptando colores similares del entorno, si están quietos. En movimiento se les ve, no son transparentes. Si quieres hacerte invisible hazlo por habilidad.


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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tidus Cloud » Jue Sep 11, 2014 6:36 pm

Los gritos de Bavol tuvieron efecto inmediatamente en el grupo de los animales. Unos comenzaron a pelearse con otros y, aunque el pequeño no entendía muy bien cuál era exactamente el motivo de cada uno para luchar, pudieron escuchar al camaleón gritando:

¡Libertad! ¡Libertad para todos! —exclamaba muy ilusionado mientras se movía de un lugar a otro.

Lamentablemente la actitud del camaleón no gustó a la mayoría. Un pajarraco negro se lanzó directo a por él, aunque la intervención de la Maestra Yami le salvó de ser devorado.

Por favor, pollito, no queremos hacerte daño ¡Iiih! ¡Por favor, por favor! ¡Lo decimos en serio!

Bavol se escondió entre las patas de Yami en busca de protección, no fuera a ser que el bicho ese no fuera a hacerle caso. No obstante, no tuvo que preocuparse mucho más porque la atención pasó a otro punto.

Un curioso mono apareció sujetando un bastón con cocos atados en la parte superior provocando que todos los animales pararan de pelear y dejaran espacio para que el animal pudiera pasar.

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Debía ser alguien importante o quizás peligroso porque Yami lo retuvo con él para no interrumpir el camino del recién llegado. Curiosamente el mono no parecía interesado en él ni en ninguno de los otros causantes de la pelea, sino que se fue directamente a Kousen y le indicó con un gesto que le siguiera.

Ay, Kousen, ¿qué haces para meterte en tantos líos? Estos animales siempre te están buscando a ti —le comentó inocentemente a su compañero mientras la Maestra Yami le subía al lomo de su compañero.

Encima del lomo de Kousen Bavol miró a los alterados animales retomar su camino. No entendían por qué le tenían tanto aprecio a la nobleza, así que se limitó a encogerse de hombros. También se dio cuenta de que la Maestra no estaba muy contenta con su pequeña travesura, de manera que prefirió mantenerse en silencio durante el resto del trayecto para no enfurecerla más.

Animales tontos… —resopló Bavol.

Se tumbó en el lomo de Kousen, cerró los ojos e intentó usar su camuflaje de nuevo. Ahora que estaba quieto suponía su camuflaje debería funcionar mejor que antes.
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor xXOrbOOkXx » Jue Sep 11, 2014 11:37 pm

Por suerte o coincidencia, los animales no provocaron una estampida, sólo algún que otro susto. ¿De verdad era tan importante el evento para que todos los animales hicieran una tregua? Si fuera un perro de ésos ya habría salido corriendo.

Cuando la hierba alta me hizo cosquillas en las patas, miré alrededor. Nanashi parecía enfrascada en una conversación con otra ave, ambas posadas sobre el lomo de aquel peculiar caballo. El grupito de animales continuaba avanzando, pero multitud de chismorreos se asomaban entre las patas. Aquello parecía las calles de París, siempre atiborradas de cotorras.

Hablaban de cosas que poco me importaban, algo así sobre pulgas (odiosas pulgas, tuve varias de ellas en mi infancia y os aseguro que no fue agradable); o no se qué de una charca, que la Roca se llamaba la Roca del Rey... Hasta que una conversación me llamó la atención.

Entrecerré los ojos y me dirigí muy discretamente hacia el foco de información, fingiendo tropezarme con mis propias patas. Según parecía, el rey había vuelto de un largo exilio, un cruel reinado de alguien llamado Scar... y ya no pude escuchar más. Parecía realmente interesante, ansias de poder por la familia real. Si es que toda la maldita nobleza era igual.

Por ahora, decidí no comentárselo a Saeko. Aunque estuve casi seguro de que ya se había enterado de algunos detalles, decidí hacerme el aburrido mientras andaba con precaución, como si no me estuviera enterando de nada. Soy desconfiado por naturaleza, y tomar precauciones aunque sean con los de tu propio bando nunca estaba mal.

Al ascender por una loma, la imponente "Roca del Rey" se asomó con toda su majestuosidad. Un cálido rayo de sol rasgó las nubes. Sonreí, desde luego que era magnífico.

http://www.youtube.com/watch?v=dnkZEFbapYc


El sol se asomaba ya por el horizonte, calentando tanto la tierra como mi pelaje. Estábamos tan cerca de todos aquellos animales congregados, que podía oler cada brizna de pelo y hierba. Un grito y un aleteo me hizo levantar la cabeza.

La Maestra de la Escarcha se elevó y posó sobre mi lomo. Me hizo cierto daño con sus uñas del final, pero no me quejé. Un pájaro azul, de lo más exótico, con un pico anaranjado y enorme se posó delante de nuestro grupito.

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Soy Zazu, el mayordomo del rey Mufasa —¿Por qué demontres los leones tenían mayordomos?—. Estoy ordenando a todos para la ceremonia, por favor, si son tan amables de seguir mis indicaciones... —Carraspeó y levanté una ceja, divertido—. Si queda algún hueco en los árboles, por favor, aves en los árboles. Si no ocupen los lomos de los elefantes al final de la fila. Cada especie agrupada, cebras y antílopes delante, jirafas detrás. Oh, y carnívoros —nos echó una mirada que me pareció un tanto despectiva, a mi compañera y a mí, para señalar un poco más allá—, lateral izquierdo en primera línea tras las leonas de la manada. Eso es todo.

En definitiva, que nos teníamos que separar. Nanashi echó el vuelo para encararse hacia nosotros, y mi espalda lo agradeció. Bufó con hartazgo, era una de las pocas veces que la veía mostrar una emoción.

Tras decirnos que hiciéramos lo que aquel pajarraco había indicado y dejar a Saeko al mando (cosa más que comprensible ya que yo era novato y no era momento para quejarse), alzó el vuelo hasta lo que me pareció un árbol. Suspiré y dirigí una mirada a Saeko para para ir hacia las leonas. Sin más dilación me encaminé hacia la posición correspondiente, moviendo la cola de un lado a otro.

Me senté con paciencia y miré a las carnívoras de delante, tenían un pelaje claro y sonrisas pronunciadas. No se parecían en casi nada a Saeko, que según me había parecido era una pantera, pero supuse que no sería un problema.

Si la mirabas de reojo, hacia aquellos ojos azules tan centrados, tenía algo de gracia. Saeko, la Pantera Lila.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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"Bastión Hueco" Choque de culturas (Encuentro)
"Bastión Hueco" Novatos bajo la lluvia (Primer encuentro - Saga Novatos)
"Tierras del Reino" El nacimiento de un príncipe (Trama)
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"Castillo de Bestia" Solos entre lobos (Primer encuentro - Saga Délaissé)
"La Cité des Cloches" Los miserables (Encuentro)
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"Selva Profunda" Día de monos (Encuentro)
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"Ciudad de Paso" Lo que vale la pena (Encuentro)
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Tsuna » Mié Sep 24, 2014 12:54 am

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Seguía concentrada en el horizonte, en la gran roca que se imponía ante todos nosotros, inevitablemente algo somnolienta. Durante el pequeño trecho que me tomó desde el río hasta el grupo me costó manejarme en un principio con mi nuevo aspecto de depredadora, y mientras tanto, Simbad decidió acercarse a mí para comentarme que no llamasemos la atención, que éramos depredadores y que mi pelaje era inusual. ¿Acaso él ya había visitado ese mundo anteriormente para deducir aquello? Igual por eso la maestra Nanashi lo había elegido para esta misión.

Lo que me sentó como una patada es que me estuviese diciendo qué hacer y qué no hacer, cuando él era el novato allí. Lo miré de reojo con mala cara, un poco cabreada por sus palabras, las cuales me intentaban dar una lección sobre cómo comportarme, al fin y al cabo. Y aquello era totalmente innecesario.

¿Por quién me tomas? Claro que lo había imaginado. —le respondí, orgullosa, negando su “ayuda” de esa forma

No obstante, sí mantuve sus palabras en mi mente: ahora éramos animales peligrosos, y mi aspecto parecía no ser muy común —cosa que todavía no tenía manera de comprobar—, así que decidí mantenerme al margen todo lo posible una vez alcancé a la maestra Nanashi.

Durante el trayecto los animales que allí se encontraban nos observaron con cierta incredulidad, a lo que yo les correspondí con una mirada de pocos amigos. No quise llamar en absoluto la atención, por lo que me interné entre la multitud, cerca de la maestra Nanashi y sin perderla de vista, tras la cebra sobre la que se encontraba posada. No aparté mis ojos tampoco de Simbad, el cual esperaba que no hiciera ninguna tontería.

Aparte de las malas miradas que me dirigían algunos animales, a los cuales procuré evitar, algo intimidada por la situación, escuché sin problemas la conversación entre la maestra y otra ave, la cual para su mala suerte tuvo que abandonar a su marido y a los polluelos en su nido.

Pues mala suerte, bonita.


Pero eso no fue todo, sino que los distintos grupos de herbívoros en la zona decidieron conversar mientras ascendíamos por una loma. Conseguí escuchar un poco, y aun así me parecieron temas bastante aburridos: que si unas pulgas, el color de la hierba… Personalmente no me interesaba, quizás debido a mi nuevo aspecto, que no conseguía compenetrarme con ellos.

Entretanto los insectos comenzaron a molestarme de sobremanera, posándose constantemente en mi pelaje, y dejándome sin otro remedio que espantarlos con la cola. No quería enervarme, ni mucho menos, y fue gracias a la mención del Rey que había vuelto que conseguí olvidar los molestos bichos: al parecer un tal Scar que podía ser tratado de tirano, cuanto menos, había sido sustituido por el actual Rey.

Y finalmente, alcanzamos la cima, desde la cual contemplé junto a un ronroneo la gigantesca roca con todo detalle, sorprendida.

Conque la Roca del Rey… Es enorme.


Unos rayos de sol impactaron de pronto en mi hocico, cegándome por unos instantes, hasta que a los pocos segundos pude volver a adaptarme. Quedé maravillada ante la gran cantidad de animales reunidos y rodeando la roca, aquella vista difícilmente la olvidaría. Continuaría asombrada por la vista de la llanura hasta que un aleteo me hizo volver al mundo real.

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Se trataba de un pajarito de motivos azules y naranjas, llamado Zazu; la primera vez que veía uno de esas características. Le escuché atenta, pues por la reacción del resto de animales, parecía algo bastante serio lo que tenía que comentar. No tardé en comprobarlo yo misma, escuchando que era el propio súbdito del actual Rey: Mufasa. Al parecer estaba organizando la ceremonia, a lo que presté toda la atención que pude, seria.

Las aves debían dirigirse a los árboles, y en su defecto debían posarse en los lomos de los elefantes. Un amargo recuerdo recorrió mi mente al escuchar dichos animales… Recuerdos de una misión en Agrabah, donde yo misma herí a uno de ellos, engañada por Yafar; no pude evitar sentir cierto arrepentimiento, imaginando cómo hubiese sido la situación si una desconocida decidiese herirme por ser una pantera. Tragué saliva y para cuando quise darme cuenta, el pequeño pájaro se dirigía a los carnívoros, grupo en el que yo estaba incluída. Debía dirigirme compañada de Simbad al lateral izquierdo, junto a las leonas.

Al momento la maestra Nanashi se nos acercó, y me puse más rígida si cabía. Nos volvió a advertir que nos desviasemos de nuestro objetivo, y no solo eso, sino que…

Estoy al mando…


Aquello significaba mucho para mí, ya que la maestra confiaba plenamente en mis capacidades. No pude evitar ponerme nerviosa, comprendiendo que estar al mando requería responsabilidad ante todo. Asentí con la cabeza, decidida.

Por supuesto.

Sin perder un segundo más, le indiqué con la cabeza a Simbad que me siguiese; no podía quitarle el ojo de encima. Me acerqué a las susodichas leonas y me situé apartada a un lado, observando de reojo a estas, por si me miraban mal. Y entre mirada y mirada, di con la de Simbad.

¿Te parezco graciosa o qué? —y agité la cola violentamente, con el ceño fruncido ante su extraña mirada, mediante la cual parecía estar burlándose de mí

Esperé, impaciente y nerviosa, a que diese lugar la ceremonia. Estaba al mando, así que no podía ponerme a mirar los distintos insectos que volaban de un lado a otro, o los distintos herbívoros que despertaban en mí un instinto que hasta ahora desconocía, por lo que me centré en analizar todo con tranquilidad desde mi posición, mientras me lamía las patas delanteras.
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Re: [Tierras del Reino] El nacimiento de un príncipe

Notapor Kousen » Dom Oct 12, 2014 2:25 am

Como era de esperar, se armó la marimorena en pocos segundos. Los animales se dieron cuenta claramente de quién era el culpable de aquel griterío, y empezaron a girarse hacia nosotros con aparente mal humor, algunos buscando represalias. Bavol, sin embargo, seguía en su mundo de luz y color, creyendo que estaba dando liberación a todos.
Lo peor fue cuando un ave oscura, bastante cabreada, se lió a picotazo limpio con Bavol, aunque Yami logró interponerse en su camino.

Por favor, pollito, no queremos hacerte daño ¡Iiih! ¡Por favor, por favor! ¡Lo decimos en serio!

Por favor, calma... ¡Solo es un malentendido!— intenté intervenir, pero la situación estaba fuera de cauce.

Y justo cuando parecía que nos iban a linchar como nunca en nuestras vidas, la calma empezó a extenderse entre los asistentes al evento, dejando paso a un animal que nunca había visto en aquel lugar, aunque él si parecía fijarse bastante en mí.
Un babuino bastante anciano y de aspecto singular, la verdad. Portaba una especie de báculo del que colgaban unos frutos que debieron haberse secado hacía bastante tiempo, emitiendo un sonido parecido a unas maracas al moverse dentro las semillas. Me recordaba bastante a un sabio chamán o un hechicero tribal en las novelas que había leído en mi tiempo libre.

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El primate ignoró completamente a todos los demás presentes, acercándose a mí y posando su mirada pensativamente en mi forma animal. Sentía como si me mirase con rayos X, y no tenía ni idea de cómo reaccionar, o si debería saludar. Atusándose la barba, se fijó en mí unos segundos más hasta que me hizo un gesto para que le siguiese.

Confuso, aunque calmado ahora que la cosa estaba más tranquila, me giré hacia la Maestra y mi joven compañero aprendiz.

—Creo que deberíamos ir con él, Kousen —susurró la maestra, con disimulo.

Está bien. Puede que tenga algo que decirnos, no sé...

Ay, Kousen, ¿qué haces para meterte en tantos líos? Estos animales siempre te están buscando a ti —bromeó el camaleón, mientras subía a mi lomo.

No estaba de humor para aquello. Ni una pizca. Su imprudencia casi nos había costado un disgusto y la propia misión, cosa que no nos alegraba ni a Yami ni a mí, teniendo en cuenta lo seria que se había puesto. Puede que fuese comprensible teniendo en cuenta la corta edad de Bavol y su vida en su mundo de origen, pero necesitaba una buena charla sobre el autocontrol.

Respiré hondo para tranquilizarme y decidí olvidarme del tema de momento, no quería estar arrastrando un enfado a costa de un pequeño error de juicio. Tal y como había sugerido mi Maestra, comenzamos a caminar tras el Babuino, cuyo nombre desconocía.
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