[Atlántica] Bajo el mar

BH: Saeko, Coli y Nico; TdP: River, Maya y Bavol

La aparente traición de Tierra de Partida en un acuerdo de paz provocó el anuncio de la guerra por parte de Bastión Hueco. Los aprendices deben enfrentarse entre sí, entre antiguos amigos y compañeros. ¿Cómo lograrán sobrevivir cuando otras amenazas acechan?

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

[Atlántica] Bajo el mar

Notapor Nell » Jue Ene 22, 2015 11:54 pm

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Nombre: Bajo el mar

Mundo: Atlántica.

Introducción: Incluso en guerra, Yami tiene sus caprichos. Interrumpe una sesión importante para los aprendices de Tierra de Partida con el único fin de pedirles un favor: llevarle un lirio blanco de agua dulce a un tritón llamado Harold para «evitar otra tragedia». Admite que eso conllevará a quebrantar la regla de no intervención, pero les exime del castigo por ello porque prevé que, de no actuar a tiempo, el mundo se enfrente a una catástrofe interna.

Por otro lado, Shinju, en su estatus de nueva Maestra, ordena a los aprendices a buscar una manera de lograr una audiencia con el Rey Tritón, quien está enterado de la existencia de otros mundos, para estrechar lazos entre Bastión Hueco y Atlántica. Sin embargo, siendo extranjeros y raros en dichas aguas, deberán hallar un modo de conseguirla a través de cierto cangrejo… si cumplen con su petición, claro.

NPC’s:
• ???
• Yami
• Shinju
• Ariel
• Flounder
• Sebastián
• Rey Tritón
• Harold
• Cheff Louis

Requisitos:

Fecha de inicio: 21 ó 22 de enero.

Notas:
- La Trama podrá llevarse a cabo con miembros de cualquier bando o de uno único.
- Por las dudas, no tendrá una continuación inmediata (una segunda trama seguida de esta).

Apuntados:
Participante 1: River
Participante 2: Sito
Participante 3: Zodiark
Participante 4: Tidus Cloud

Extra 1: Zeix
Extra 2: Mentos


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… y disfrutar bajo el sol
tu compañía sin condición.
Yo volveré,
ya lo verás.
Por ti vendré…


Un chapoteo, unos ladridos y un reino que amanecía con su querido príncipe salvado. Delirante, pero salvado. Nadie estaba para presenciarlo, pero lo que muchos consideraban un milagro, era un misterio procedente del eterno enigma del mar, donde criaturas fantásticas se preocupaban por el curso de los acontecimientos o miraban la tierra con nostalgia.

Pero, ¿a quién le importaba?

No sé qué hacer…
Cuándo será…
Pero yo debo aquí regresar.
Siento que sí…
Puedo formar…
¡Parte de… él!


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El tritón temblaba de miedo mientras atravesaba el jardín botánico de la bruja. Las algas, que parecían realmente vivas, le miraban con pesadumbre, y varias de ellas intentaron aprisionarle con sus tallos para evitar su avance. Este pegó un gritó y nadó todo lo rápido que pudo para dejarlas atrás, en vez de tomarlo como una advertencia.

Puesto que en el interior de la cueva no le esperaba un destino mejor.

Mi querido, dulce y encantador… Ven aquí, acércate sin miedo. Si cerramos el trato, ya no tendrás que temerle a nada más.

Úrsula desplegó el pergamino frente al muchacho:

For all eternity
signed,
_____



Bastión Hueco


Saeko, Colibritany y Nicoxa fueron convocadas a la sala del trono por un mensaje que les hizo llegar Alexis. Les especificaba que fueran preparadas, pues iban a partir a una misión en solitario.

Al llegar, encontraron a una recién nombrada Maestra, Shinju, sentada en uno de los tronos laterales, con la espalda inclinada hacia un lado y los pies subidos al reposabrazos contrario. En la sonrisa taimada que les dirigía se notaba que estaba disfrutando enormemente de su nuevo rango y poder. Apartada de la escena, se hallaba Alexis, jugando a una consola y con los cascos puestos, ignorando todo lo de su alrededor deliberadamente.

Nanashi me ha dicho que tengo que empezar a asumir las responsabilidades de una Maestra y a supervisar a los aprendices ―les relató, mientras lamía una piruleta―. Mmm, pero no se me ocurre nada. Un entrenamiento es demasiado aburrido. ¡Ah, ya sé, sembraremos el caos en algún lado juntas! ―se emocionó, dando palmaditas hasta que cayó en la cuenta de algo―. No, esperad, todavía estáis muuy poco verdes. Y no quiero que me regañe en mi primer informe. Veamos…

Shinju… ―susurró Alexis, sin apartar la vista del juego. No estaba tan distraída como fingía, e incluso se corrigió―. Maestra Shinju, ¿recuerdas lo que hemos estado hablando antes…?

¿Antes…? ¡Pues claro! ―se enfurruñó―. Pero eso será un muermo, yo no quiero… ―de repente, se le iluminó la cara―. ¡Oh, sí…! Ya sé lo que haréis. Veréis, hace tiempo, Alexis tuvo una inspección en un mundo submarino llamado Atlántica. Ya sabéis, sirenitas y peces por ahí. Tuvo un primer contacto con una bruja del mar, pero en el nuevo contexto de guerra que vivimos, a Bastión Hueco le interesaría más establecer relaciones con el Rey que con una foca gruñona.

»Se llama Tritón y conoce la existencia de otros mundos, aunque esto no es conocimiento de dominio público. Tendréis que conseguir una audiencia con él y presentaros como «Caballeros capaces de suprimir a los sincorazón, protectores del equilibrio», bla, bla, bla, lo que se os ocurra para caerle en gracia. Tengo entendido que no tiene mucha simpatía por la Orden.

»Puesto que es el Rey, no llegaréis a él fácilmente siendo extranjeros. Apañáoslas como se os ocurra y volved al final del día para presentarme vuestros resultados. Si tenéis alguna pregunta, hacédsela a Alexis, que ya ha estado allí. Además, yo estoy muy ocupada ―concluyó, mordiendo la piruleta.

Alexis seguía inmersa en su partida, pero se acercó hasta ellas para dirigirles unas palabras.

No sé si habréis estado antes, pero como os ha dicho Shinju ―alguien carraspeó―, digo, la Maestra Shinju, Atlántica es un mundo submarino. Tendréis que transformaros en un ser acuático para que podáis respirar bajo el agua. La propia magia del mundo y vuestra condición de portadoras os ayudará. Aunque… puedo ir con vosotras, si no estáis seguras. Pero no esperéis mucha ayuda por mi parte.

Si querían plantearle más dudas, Alexis parecía predispuesta a responderlas, e incluso se había mostrado interesada en acompañarlas si la aceptaban. Si no, solo les quedaba partir.


Tierra de Partida


El día comenzó bien, puesto que River, Maya y Bavol lo tenían completamente libre. Podían hacer lo que les viniera en gana, sin entrenamientos ni misiones con los Maestros de por medio. Desde que había comenzado la guerra apenas habían contado con oportunidades así: solían tener menos descansos y sufrían más presión por parte de estos en que mejoraran, y cuanto antes. Ser más fuertes les ayudaría a sobrevivir en el nuevo panorama.

A mediodía, tendrían escogidos sus respectivos planes de cómo emplear el resto de la jornada… que, desgraciadamente, tendrían que cancelar, cómo no, cuando un moguri les llevó una citación de Yami, quien les pedía que se presentaran una hora más tarde en los Jardines para un «encargo» (no lo llamó misión, dato que podrían notar), y preparados para viajar a otro mundo.

Cuando llegaran al punto de reunión, encontrarían a la Maestra sentada en uno de los bancos, hablando con algún ser imaginario. Sostenía una esfera de cristal entre sus manos, y en cuyo interior había un lirio rosa flotando por arte de magia (literalmente).

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¡Hola, sardinitas! Digo, ¡chocobitos! ―les saludó, tan animada como de costumbre―. ¿No hace un magnífico día? ¡Me encanta el sol! Sí, sí, perdona, nos encanta el sol ―acordó con el ser imaginario sentado a su lado, asintiendo hacia él―. Oh, ¡pero debo fastidiaros el día! ¡Hay un asunto urgente!

Se mordió el labio inferior, como si de verdad estuviera dudosa, y les enseñó la esfera. Se la entregaría al primero que mostrara interés en ser quien la guardara.

Es un lirio de agua dulce. Salvará la vida de alguien pero, ¡ay, no puedo entregárselo! ¡Soy una Maestra! ―Parecía a punto de echarse a llorar―. Juramos no romper los preceptos de la Orden. Juré no interferir en los asuntos de otros mundos. ¡Y esta es una clara injerencia!

»En cambio, si vais vosotros, os excusaré ante Ronin para que no os castigue. ¡Aun así seguirá siendo un quebrantamiento de la ley! No os lo pediríamos si no fuera por una buena causa. El Bien tiene que triunfar, la, la, la. ¡O ella ganará otra vez!

Yami sacó de una de sus mangas una imagen, que enseñaría a los aprendices y que les daría para que la tuvieran también.

Le hallaréis aquí. ―La imagen consistía en un dibujo de Yami con una especie de barco enorme de perfil, que ocupaba todo el papel, con un mascarón con forma de sirena, y unas velas con el símbolo de un arpón; debajo de este, y de las líneas que representaban las olas del mar, había un pez rodeado con un círculo, marcado como objetivo―. Pero abajo, más abajo. ―De hecho, esta también mostraba un pez a los pies del barco, supuestamente bajo el mar.

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(La imagen que os enseña no es esta, pero para que veáis a qué barco me refiero xD)


¿Sabéis transformaros en sardinitas? ¿Os hago una demostración?

Y en un chasquido, Yami adoptó la forma de un híbrido entre un pez y una humana, sin llegar del todo a ser una sirena, con escamas blancas y manchas naranjas recorriéndole todo el cuerpo, conservando solo su melena negra. Como estaba sentada en el barco, la carencia de pies no la desestabilizó. Y chasqueando de nuevo los dedos, regresó a su apariencia habitual.

¡Qué divertido es siempre! ¡Otra vez! ―Pero cambió de idea―. ¡No, no hay tiempo! ¡La marea va a subir! Por favor, tenéis que apartarle del camino erróneo o su corazón caerá en la oscuridad.

»¿Lo haréis? Por fis, por fis


Fecha límite: 27 de enero.
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Awards 2010-2011, 2012, 2013, 2014 y 2015
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Tidus Cloud » Sab Ene 24, 2015 9:59 pm

¿Otra vez tú? ―protestó el gitano al ver a aquel moguri―. Siempre estáis con los mensajitos, ains.

Bavol agarró el papel que sostenía el moguri y le echó un rápido vistazo. Por lo que leía, la Maestra Yami les había pedido que se reunieran él y dos Aprendizas más con ella en un rato para tratar sobre un pequeño encargo en otro mundo.

Yami… Últimamente había tenido mucha relación con ella, pero no precisamente para bien. Cuando fue de misión con ella a Tierras del Reino, la Maestra se había enfadado bastante con él por haber hecho que Mufasa perdiera la confianza en ellos. Y en otra ocasión, en la que sólo le había hecho entrega de unas entradas para una ópera, acabó contemplando cómo Wix moría sin que él pudiera hacer nada para evitarlo.

Suspiró resignado. Adiós a sus planes para hacer travesuras en Ciudad de Disney, tendría que acudir a la cita con Yami para ver qué es lo que quería.

Llegó la hora del encuentro y los tres Aprendices convocados se reunieron con la alocada Maestra. Sin ninguna discreción Bavol echó un vistazo de arriba abajo a sus dos compañeras. Una de ellas era una pequeña niña vestida de bruja, a la que ya había visto durante el enfrentamiento contra Dark Light, pero de la que ni siquiera recordaba su nombre. La otra era una chica un poco más mayor de cabellos azules. Sintió un pequeño escalofrío, como todas las peliazules fueran iguales…

¡Hola, sardinitas! Digo, ¡chocobitos! ¿No hace un magnífico día? ¡Me encanta el sol! Sí, sí, perdona, nos encanta el sol ―Bavol miró al lado de la Maestra y no vio a nadie. Se encogió de hombros, otra vez estaba hablando sola―. Oh, ¡pero debo fastidiaros el día! ¡Hay un asunto urgente!

Yami parecía preocupada, aquel asunto debía ser bastante serio. El pequeño se fijó en que la mujer sostenía una llamativa esfera entre sus manos. Aquel objeto seguro que tenía que ver con lo que fuera que estuviese ocurriendo.

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¿Qué es eso? ―preguntó el gitano alargando las manos para que se lo entregara y así poder observar la esfera detenidamente.

Es un lirio de agua dulce. Salvará la vida de alguien pero, ¡ay, no puedo entregárselo! ¡Soy una Maestra! Juramos no romper los preceptos de la Orden. Juré no interferir en los asuntos de otros mundos. ¡Y esta es una clara injerencia!

»En cambio, si vais vosotros, os excusaré ante Ronin para que no os castigue. ¡Aun así seguirá siendo un quebrantamiento de la ley! No os lo pediríamos si no fuera por una buena causa. El Bien tiene que triunfar, la, la, la. ¡O ella ganará otra vez!

Bavol realizó una mueca de sorpresa. Aún no tenía ni idea de qué iba aquello, pero tenía que ser bastante peculiar si una Maestra les estaba sugiriendo que quebrantaran una regla en teoría tan importante. No es que tuviera en contra, al fin y al cabo a él le parecía lógico que intervinieran en los mundos para impartir justicia, sino que simplemente le llamaba la atención de sobremanera.

El gitano se acercó más a ella para ver detenidamente una imagen que había sacado Yami de una de sus mangas. Se trataba de un barco bastante impresionante, lo que hizo que Bavol diera un pequeño respingo de alegría.

“¡Nos vamos a Port Royal, nos vamos a Port Royal!”

Estaba emocionado. Por fin iba a poder volver a ver a su admirado capitán Sparrow y unirse a su tripulación pirata como le había prometido la última vez. ¡Si tenía que romper las normas, nada mejor que con Jack Sparrow!

Le hallaréis aquí. Pero abajo, más abajo.

―¿C-cómo? ¿Abajo? ―repitió el niño desconcertado.

¿Sabéis transformaros en sardinitas? ¿Os hago una demostración?

¿Sardin-…?

Antes de que pudiera terminar de hablar Yami se había transformado en una extraña mezcla de pez y de humana con montones de manchas naranjas recorriéndole el cuerpo. Mientras la Maestra recuperaba su cuerpo, Bavol no pudo evitar retroceder unos pasos mientras negaba con la cabeza. Se acababa de dar cuenta de que no iban a Port Royal, sino a otro de esos mundos raros en los que se tenían que transformar en animales.

¡Qué divertido es siempre! ¡Otra vez! ¡No, no hay tiempo! ¡La marea va a subir! Por favor, tenéis que apartarle del camino erróneo o su corazón caerá en la oscuridad.

»¿Lo haréis? Por fis, por fis

Bavol ladeó la cabeza un tanto apurado. Ese tipo de mundos no le gustaba especialmente por las malas experiencias que había tenido en ellos; no obstante, también sentía que le debía algo a Yami por el lío que había montado en Tierras del Reino. Además, si ella les estaba pidiendo algo así, tenía que ser por un motivo verdaderamente bueno.

Bueeeno, vale ―aceptó finalmente Bavol―. Pero, Maestra, hay algunas cosillas que no entiendo muy bien de esta misión…

» ¿A quién tenemos que buscar, nos puede decir su nombre o vamos a tener que estar preguntando a los peces? ―El gitano esbozó una media sonrisa al pensar lo ridículo que sería aquella situación―. Ah, ¿y qué le pasa a esa persona? Has dicho que ella ganará, ¿hay alguien que le va a matar o algo?

Una vez Yami contestara a sus preguntas o se pusiera a delirar como hacía normalmente, Bavol asintió conforme y se giró hacia sus compañeras sosteniendo el orbe entre sus manos.

Pues habrá que ir, ¿no? Soy Bavol y como yo tengo la flor, yo mando ―El niño sacó la lengua y se la mordió para indicarles a sus compañeras que no hablaba en serio―. Era broma~

Entonces, el pequeño gitano se percató de un pequeño detalle al que no le había prestado atención en su interrogatorio, pero que en realidad era muy importante. Giró la cabeza hacia Yami y le hizo una nueva pregunta:

Por cierto, Maestra, ¿a dónde vamos exactamente?

Si no sabían a dónde tenían que ir, el resto de información no les valdría de mucho. Como en principio pensó que no necesitaría nada más aparte de lo que llevaba puesto, ya que se iba a transformar en un bicho raro en aquel sitio, decidió que no se volvería a su cuarto a coger nada. Simplemente invocó su Armadura y esperó a que sus compañeras le indicaran que estaban listas (si aceptaban ir, claro).

No obstante, antes de invocar su Glider y poner rumbo al mundo para cumplir el encargo, decidió acercarse a Yami para decirle una última cosa:

Te prometo que esta vez no lo estropearé, Maestra.

Y estaba decidido a cumplirlo. Puede que no fuera una misión oficial como tal, pero iba a dar todo lo posible para no volver a decepcionarla.
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor River » Mar Ene 27, 2015 1:16 am

Aquel era un magnífico día. Para empezar, era libre. Y eso, en la mente de River, se traducía en dos palabras: no madrugar. No se levantó del lecho hasta las diez de la mañana, disfrutando de la suavidad de las sábanas y del sol que entraba por la ventana; que no era lo bastante insistente como para despejarla pero si para calentarla.

Una vez cumplió el cupo de doce horas de sueño, se dirigió a la ducha con parsimonia. Le maravillaba aquel extraño aparato que hacía brotar agua tanto caliente como fría. Podría pasarse horas con la cabeza debajo. Además, una de las ventajas de ser bruja acuática era que tus dedos no se arrugaban aunque pasaras el día entero bañándote.

Tras vestirse, se dirigió al comedor del Castillo, donde se proveyó de un gran desayuno, con todas los caprichos que pudo tener: bollos, chocolate, leche, tostadas con mermelada, fruta, galletas, magdalenas… Comió lentamente, degustando cada bocado. Saboreando aquel día libre completamente suyo, en el que podía olvidarse de los duros entrenamientos, de la presión de los Maestros para que mejoraran, de la tensión latente en los pasillos.

Alejó aquellos malos pensamientos de su cabeza. Tampoco le iba tan mal. Las clases de magia, pese a las vagas explicaciones de Maese Lirón, eran de fácil comprensión para ella. Sentía pena por los otros alumnos, que miraban desesperados a Kazuki sin entender ni una palabra. Se propuso ayudar a alguno de ellos algún día.

Lo duro eran los entrenamientos físicos. La bruja apenas progresaba, como si su cuerpo se resistiese a hacerse más fuerte. Cada vez que le tocaba entrenamiento con la Maestra Lyn (apodada Coraza), la adolescente temblaba como una hoja.

Pero había que vivir en el presente. Y en aquel momento, tenía todo el día para hacer lo que le viniese en gana. Cualquier cosa (la cabeza de la chica ya bullía de maliciosas ideas).

O al menos, eso hubiera deseado.

¡Oh, parece un peluche! ¡Qué mono!

De pronto, un adorable muñequito volador se acercó a la bruja, entregándole un mensaje. Ella intentó tocarlo (el pompón de su cabeza parecía tan esponjoso), pero él se negó, alejándose enrabietado y murmurando. La adolescente se encogió de hombros y leyó la tarjeta. Al parecer, una Maestra llamada Yami les había pedido que se presentaran en los Jardines para realizar un encargo, y que se prepararan para el viaje.

Al principio, se sintió algo fastidiada al no poder realizar sus planes (tendría que reservar el inundar todo un pasillo para otra ocasión), pero se olvidó pronto de ellos. ¡Un encargo! Mientras volvía a su habitación, la imaginación diseñaba multitud de variantes para aquella palabra. ¿Encontrar un tesoro? ¿Explorar? ¡Incluso podría ser alguna tarea lúdica!

River cogió su bastón de magia (recordando a la pequeña Ona al ver su trabajada forma) y algunas cosas más y se dirigió a los jardines silbando, animada. Entonces se percató de que faltaba una hora entera. Tal vez le diera tiempo a encharcar el corredor, después de todo…

***


Tiempo después, la bruja acudió al encuentro de la Maestra. Era una mujer con el pelo oscuro ligeramente morado, que llevaba una especie de vestido que a la adolescente le pareció muy elegante. Iba descalza, algo que no se le pasó, y parecía estar hablando con alguien a quien la bruja no era capaz de ver. ¿Tal vez un ser invisible? La Aprendiza advirtió que llevaba una esfera de cristal entre sus pálidas y delgadas manos. En su interior, distinguió lo que parecía un lirio rosa flotante. Silbó admirada ante su belleza.

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No había sido la única en ser llamada a la misión, había otros dos Aprendices. Sorprendentemente ambos eran niños: una chica con trenzas y un sombrero de bruja (¡una compañera de profesión!) y un muchacho moreno que vestía con prendas algo descuidadas. River les sonrió a ambos. Siempre le habían gustado los niños, y la pequeña hechicera le recordó un poco a su Calabacita.

¡Hola, sardinitas! Digo, ¡chocobitos! ¿Les había llamado sardinas? ¿Chocoqué? La bruja la saludó, algo intrigada―. ¿No hace un magnífico día? ¡Me encanta el sol! Sí, sí, perdona, nos encanta el sol asintió a su compañero invisible, que River no supo catalogar como existente o no―. Oh, ¡pero debo fastidiaros el día! ¡Hay un asunto urgente!

Pareció ponerse más seria. Debía ser realmente importante. River se sintió orgullosa de haber sido elegida.

¿Qué es eso? ―El niño formuló la pregunta antes que ella, mientras cogía la bola. Se acercó a él, observando la flor atentamente.

Es un lirio de agua dulce. Salvará la vida de alguien pero, ¡ay, no puedo entregárselo! ¡Soy una Maestra! parecía muy triste, debía ser alguien importante para ella―. Juramos no romper los preceptos de la Orden. Juré no interferir en los asuntos de otros mundos. ¡Y esta es una clara injerencia!

»En cambio, si vais vosotros, os excusaré ante Ronin para que no os castigue. ¡Aun así seguirá siendo un quebrantamiento de la ley! No os lo pediríamos si no fuera por una buena causa. El Bien tiene que triunfar, la, la, la. ¡O ella ganará otra vez!

¿Ella? ¿Quién? De cualquier modo, a la adolescente le pareció una tarea bastante noble, pese a incumplir las reglas (que tampoco veía por qué seguirlas a rajatabla, como con todas); aunque no entendía del todo cómo podía una flor salvar la vida de alguien. ¿Tendría propiedades curativas?

La Maestra sacó de las anchas mangas de su vestido una imagen. Se acercó para observarla mejor. En cuanto vio el mar, su faz se iluminó. Siempre había deseado visitarlo. Le parecía un crimen que una bruja acuática como ella no lo hubiera visto de cerca nunca.

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Le hallaréis aquínos indicó―. Pero abajo, más abajo.

¿C-cómo? ¿Abajo? ―parecía confuso.

¿Vamos a… sumergirnos?preguntó, emocionada.

¿Sabéis transformaros en sardinitas? ¿Os hago una demostración?

¿Sardin-…?

Antes de poder pestañear siquiera, Yami había transformado su cuerpo en una mezcla entre pez y humana.

¡Guau!exclamó, deseosa de aprender a hacer eso.

Y tal y como vino, se fue, y volvió a ser la que era.

¡Qué divertido es siempre! ¡Otra vez! Al final, recordó el “asunto urgente”―. ¡No, no hay tiempo! ¡La marea va a subir! Por favor, tenéis que apartarle del camino erróneo o su corazón caerá en la oscuridad.

»¿Lo haréis? Por fis, por fis…

River asintió, sonriente, golpeándose el pecho. Tal vez fuera algo arriesgado incumplir aquella norma, pero la Maestra había declarado que respondería por ellos y… ¡qué demonios! Estaba deseando ir a aquel mundo.

Bueeeno, vale ―accedió el niño―. Pero, Maestra, hay algunas cosillas que no entiendo muy bien de esta misión…

» ¿A quién tenemos que buscar, nos puede decir su nombre o vamos a tener que estar preguntando a los peces? ―La bruja rio al pensar en aquella posibilidad―. Ah, ¿y qué le pasa a esa persona? Has dicho que ella ganará, ¿hay alguien que le va a matar o algo?

¡Eso! Ha dicho que su corazón caerá en la oscuridad… ¿Tal vez sea algún recuerdo que la lleve de nuevo “al buen camino”? Aunque si es de agua dulce, no sé cómo podría recordarlo una criautura marina… ¿Puede ser un regalo para alguien especial? reflexionó, poniendo un brazo en jarra y haciendo un ademán con el otro―. Y… ¿Hay muchos sincorazón por la zona?Siempre era mejor ser precavidos.

La adolescente esperó las respuestas de la mujer con los brazos abiertos (no literalmente, claro). Después de escucharlas, el muchachito se giró hacia nosotras.

Pues habrá que ir, ¿no? Soy Bavol y como yo tengo la flor, yo mando ―Les sacó la lengua, y River sonrió. Aquel chico le gustaba―. Era broma~

Yo soy River, bruja acuática y Aprendiza a tiempo completo~se presentó―. Así que tengo que hacer de canguro de dos sardinitas… ¡Menudo zoológico!Les guiñó un ojo. No les subestimaba realmente, en los entrenamientos había visto aprendices débiles aparentemente pero que luego la vencían con sólo soplar.

>>Y ese sombrero… ¡Debes de ser sin duda una bruja! se dirigió a la chicaDespués de todo, sabemos reconocernos entre nosotras. ¿Cuál es tu magia elemental?

Tal vez estuviese siendo algo confiada, pero no podía evitarlo. Estaba muy animada al pensar en aquella misión, y tampoco tenía muchos amigos en Tierra de Partida.

Bavol pareció recordar de pronto algo. Se dirigió a Yami y preguntó:

Por cierto, Maestra, ¿a dónde vamos exactamente?

¡No se lo había dicho! Estaba tan emocionada que ni se había preocupado por ello. Menos mal que él se había acordado.

El chico se puso la armadura directamente, siendo secundado por River, quien miró a la pequeña bruja esperando que la imitara. El primero dijo, antes de despegar:

Te prometo que esta vez no lo estropearé, Maestra.

Así que había hecho más misiones encargadas por Yami… Y que no habían salido muy bien. Se compadeció por el pobre Bavol, a nadie le gusta fracasar, y menos decepcionando a tu superior.

¡Claro! Juntos lo conseguiremosafirmó asintiendo con la cabeza.

Después, invocó su Glider (seguía maravillándole aquella transformación) y se dispuso a marchar hacia su destino, no sin antes preguntar:

Y… ¿Alguien sabe cómo ir hasta allí?

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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Mentos » Mar Ene 27, 2015 11:38 pm

<<Supongo que habrá que ir>>.

La aprendiza más hermosa de todas, Colibritany, estaba aún durmiendo en su cama cuando la enigmática Alexis la despertó. La informó de que debía de llegar preparada a la sala del trono para una nueva misión a la que había sido encargada.

Cuando llegó al lugar correcto tras horas vagando perdida por Bastión Hueco, se encontró con su fiel amiga Nicoxa y otra persona que le sonaba de vista, pero que jamás había llegado a conocer.

Parece que nos toca juntas en esta misión, seguro que es divertido ―comentó Coli a Nico.

A parte de ellas, la nueva Maestra Shinju también estaba allí, sentada de forma con poca clase en uno de los tronos… extrañamente feliz. Aunque la joven no la conocía, aparte de oír la noticia sobre su novedoso puesto, fingió interés y respeto para no enfadarla.

Maestra Shi… que impone en persona. Es un honor que me haya convocado ―Colibritany ya no recordaba su nombre.

Nanashi me ha dicho que tengo que empezar a asumir las responsabilidades de una Maestra y a supervisar a los aprendices ―mientras hablaba, comía una piruleta, distrayendo a Coli―. Mmm, pero no se me ocurre nada. Un entrenamiento es demasiado aburrido. ¡Ah, ya sé, sembraremos el caos en algún lado juntas! No, esperad, todavía estáis muuy poco verdes. Y no quiero que me regañe en mi primer informe. Veamos…

¿En serio que esta es la nueva maestra? Menudo viaje nos espera ―musitó a Nico.

Alexis aún seguía en la habitación jugando a una desconocida máquina y, afortunadamente, susurró algo a Shinju que la hizo por fin decir algo interesante.

¿Antes…? ¡Pues claro! Pero eso será un muermo, yo no quiero… ―la expresión de su rostro cambió instantáneamente―. ¡Oh, sí…! Ya sé lo que haréis. Veréis, hace tiempo, Alexis tuvo una inspección en un mundo submarino llamado Atlántica. Ya sabéis, sirenitas y peces por ahí. Tuvo un primer contacto con una bruja del mar, pero en el nuevo contexto de guerra que vivimos, a Bastión Hueco le interesaría más establecer relaciones con el Rey que con una foca gruñona.

<<¿Era literalmente una foca?>>

Se llama Tritón y conoce la existencia de otros mundos, aunque esto no es conocimiento de dominio público. Tendréis que conseguir una audiencia con él y presentaros como «Caballeros capaces de suprimir a los sincorazón, protectores del equilibrio», bla, bla, bla, lo que se os ocurra para caerle en gracia. Tengo entendido que no tiene mucha simpatía por la Orden.

>>Puesto que es el Rey, no llegaréis a él fácilmente siendo extranjeros. Apañáoslas como se os ocurra y volved al final del día para presentarme vuestros resultados. Si tenéis alguna pregunta, hacédsela a Alexis, que ya ha estado allí. Además, yo estoy muy ocupada ―finalizó mientras hacía un esfuerzo enorme en seguir comiendo su piruleta.

Ya lo vemos…

No sé si habréis estado antes, pero como os ha dicho Shinju ―un carraspeo lejano la corrigió, aunque todos sabían fácilmente quien había sido―, digo, la Maestra Shinju, Atlántica es un mundo submarino. Tendréis que transformaros en un ser acuático para que podáis respirar bajo el agua. La propia magia del mundo y vuestra condición de portadoras os ayudará. Aunque… puedo ir con vosotras, si no estáis seguras. Pero no esperéis mucha ayuda por mi parte.

―A ver si me aclaro… Primero, nos transformamos en un bicho de esas aguas, después, buscamos una excusa para una audición y luego…

>>¿Y luego qué? ¿De qué le hablamos para mejorar las relaciones con Bastión Hueco si supuestamente nos odia?

Coli no se le daba muy bien hacer amigos, así que cuanta más información recibiese, mejor.

Ah, y por mi parte me gustaría que vinieses con nosotras, seguro que acabas siendo útil… ―la linda dama se imaginó a Alexis siendo un escudo humano ―de una forma u otra.

Con todas sus dudas resueltas, se dirigiría hacia el lugar indicado para partir hacia Atlántica.

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Creo que uso el mismo color que Saeko así que voy a optar por no poner negrita en esta trama, así es más fácil distinguirnos~ mi color es: Usar quote (?) [color=#BF40BF]
"La nostalgia es como el alcohol; arruina tu juicio".

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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Sito » Mié Ene 28, 2015 2:12 am

Aquella mañana tenía pinta de que iba a transcurrir como todas las demás. Sin embargo, una visita inesperada de Alexis hizo que, por fortuna para el aburrimiento de Nicoxa, no fuera así. La niña le comunicó que había sido convocada por Shinju, una maestra novata, para realizar una misión.

Esperaba que esta misión saliera mejor que la anterior, que le pareció una experiencia muy breve para lo motivada que estaba. Se dijo a sí misma que en esta ocasión todo iría sobre ruedas y se dispuso a asearse y arreglar su bella cabellera para estar impecable en el encargo.

Tras un buen rato, Nicoxa al fin salió de su cuarto cuando se vio deslumbrante en el espejo y se dirigió al lugar donde había sido llamada. Allí se encontró con Alexis jugando a una atrayente consola y a una chica sentada en un trono que parecía gozar de su situación de autoridad y debía ser la maestra Shinju.

También estaban ahí dos aprendices a las que conocía: Colibritany, su gran amiga con la que ha vivido miles de experiencias y Saeko, una chica bastante seria con la que fue de misión la vez anterior.

Parece que nos toca juntas en esta misión, seguro que es divertido ―le dijo Coli a Nico cuando la vio.

¡Sí! que alegría ir contigo, tía ―confesó Nicoxa, esperando que la misión fuera emocionante. Se dirigió a Saeko y también la saludó con una resplandeciente sonrisa en su rostro―. ¡Buenos días Saeko! a ver si en esta misión tenemos más suerte...

Cuando acabó de saludar a sus compañeras, la maestra Shinju comenzó a hablar.

Nanashi me ha dicho que tengo que empezar a asumir las responsabilidades de una Maestra y a supervisar a los aprendices ―mientras hablaba no dejaba de chupar una piruleta, lo que hacía ver a Alexis hasta más imponente que a ella―. Mmm, pero no se me ocurre nada. Un entrenamiento es demasiado aburrido. ¡Ah, ya sé, sembraremos el caos en algún lado juntas! No, esperad, todavía estáis muuy poco verdes. Y no quiero que me regañe en mi primer informe. Veamos…

¿En serio que esta es la nueva maestra? Menudo viaje nos espera ―murmulló Colibritany a Nicoxa.

Ella se tapó la boca con una mano y dejó escapar una risita disimulada.

Has robado esas palabras de mi boca... Me recuerda un poco a Coliflor, así que mejor hacer caso a lo que nos diga, después de todo es una maestra ―le comentó en voz baja también, con un atisbo de resignación en su tono.

¿Antes…? ¡Pues claro! Pero eso será un muermo, yo no quiero… ―Alexis le había susurrado algo, lo que hizo que cambiara súbitamente la dirección de la conversación―. ¡Oh, sí…! Ya sé lo que haréis. Veréis, hace tiempo, Alexis tuvo una inspección en un mundo submarino llamado Atlántica. Ya sabéis, sirenitas y peces por ahí. Tuvo un primer contacto con una bruja del mar, pero en el nuevo contexto de guerra que vivimos, a Bastión Hueco le interesaría más establecer relaciones con el Rey que con una foca gruñona.

Nicoxa no daba crédito a lo que oía, cuando ya debía estar acostumbrada a todas esas cosas extrañas. No dejaba de sorprenderse... ¿Sirenas, un mundo acuático? se imaginó las aguas de Port Royal pobladas por esas criaturas fantásticas y casi se mostró un poco incrédula, pensando que igual las habían tomado el pelo. Miró a Saeko y no creía que Shinju estuviera gastándole una broma también a ella con lo madura que era y la falta de humor que parecía tener. Debía ser verdad que existía aquel lugar y todo.

Se llama Tritón y conoce la existencia de otros mundos, aunque esto no es conocimiento de dominio público. Tendréis que conseguir una audiencia con él y presentaros como «Caballeros capaces de suprimir a los sincorazón, protectores del equilibrio», bla, bla, bla, lo que se os ocurra para caerle en gracia. Tengo entendido que no tiene mucha simpatía por la Orden.

>>Puesto que es el Rey, no llegaréis a él fácilmente siendo extranjeros. Apañáoslas como se os ocurra y volved al final del día para presentarme vuestros resultados. Si tenéis alguna pregunta, hacédsela a Alexis, que ya ha estado allí. Además, yo estoy muy ocupada ―concluyó abruptamente mientras seguía entretenida con su piruleta.

Ya lo vemos…

Nicoxa ya se había creído que Alexis era maestra en la ocasión anterior, y de hecho en esta lo parecía más que Shinju y todo... La niña se dirigió a continuación a las aprendizas.

No sé si habréis estado antes, pero como os ha dicho Shinju ―la maestra la corrigió con un carraspeo―, digo, la Maestra Shinju, Atlántica es un mundo submarino. Tendréis que transformaros en un ser acuático para que podáis respirar bajo el agua. La propia magia del mundo y vuestra condición de portadoras os ayudará. Aunque… puedo ir con vosotras, si no estáis seguras. Pero no esperéis mucha ayuda por mi parte.

A ver si me aclaro… Primero, nos transformamos en un bicho de esas aguas, después, buscamos una excusa para una audición y luego…

>>¿Y luego qué? ¿De qué le hablamos para mejorar las relaciones con Bastión Hueco si supuestamente nos odia?

Colibritany hizo unas preguntas muy acertadas. Esperaba que sus respuestas les hicieran mas sencilla la misión. Nicoxa también asintió cuando propuso lo de que Alexis fuera con ellas, sin duda les sería de ayuda y lo agradecería.

Entonces cayó en la cuenta: si iba a sumergirse en aquel lugar había algo que se estropearía sin remedio.

Espera... mi pelo... ―se había puesto nerviosa de repente. Tras tanto tiempo arreglándoselo ahora iba a tener que mojarlo con lo que eso implicaba para el cuidado de su melena.

S-supongo que no hay más remedio... ―se resignó y, con mucho arte, se soltó la coleta que la caracterizaba para liberar su pelo. Supuso que así iría más cómoda. ―Ya estoy lista.

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Sorry la minitardanza XDDD mi color es el #00BFBF
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v. Ficha de Nicoxa .v
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Zodiark » Mié Ene 28, 2015 2:45 am

Déjame adivinar —dije agarrando la carta de las esponjosas manitas del moguri—. Una misión, ¿no?

Con resignación y algo de pesadumbre, leí el texto del papel. Me molestó bastante que me arruinaran los planes de aquella tarde, pues tenía pensado ir a hacer una visita a mi familia esa tarde, pero las labores de aprendiza de la Llave Espada eran las que eran. Pero lo peor vino cuando vi el nombre de la persona que me había citado.

No puede ser... La última vez que hice caso a Yami casi termino asesinada por Diana. Y además acabé bailando de forma totalmente vergonzosa... Cada vez que me acuerdo... —pensé en voz alta, recordando los sucesos que tuvieron lugar en el Castillo de los Sueños durante el baile real, llevándome una mano a la cara a causa de la vergüenza que me causaba recordarlo.

Pero no había alternativa, las órdenes son órdenes, y la Maestra, a pesar de tener el comportamiento propio de alguien más joven incluso que yo, era la que mandaba. Así pues, me dirigí al lugar donde se suponía que iba a reunirme con ella y los demás aprendices encargados de fuese cual fuese el asunto que se traía esta vez la Maestra entre manos.

No fue ninguna sorpresa encontrármela hablando sola en un banco. Bueno, más bien parecía estar comentando trivialidades con algún amigo imaginario.

"Cada día está peor.", pensé. Entonces recordé el momento en el salón de baile en el que se enfrentó a Diana y me mostró su verdadero poder, o al menos parte de él. A veces me preguntaba cómo alguien que se tomaba las cosas con tan poca seriedad pudo haber llegado a Maestra, pero entonces recordaba aquella escena y lo entendía. A pesar de la vergüenza ajena que nos hacía pasar, no tenía duda de que era una gran guerrera y una de las personas en quien más podía confiar de toda Tierra de Partida. Siempre y cuando no se distrajera demasiado pensando en florecillas y ese tipo de cosas...

Primero que todo, observé a mis dos compañeros. A uno de ellos le conocía de vista, de la vez que estuvimos en La Red y tuvimos que enfrentarnos a Dark Light. Parecía tener más o menos mi edad, y su oscuro cabello y tez morena llamaban la atención. A la otra, la chica del pelo azul y con aspecto de ser algo mayor que yo, sólo la había visto un par de veces de pasada por los pasillos del castillo durante las últimas semanas.

Antes de tener oportunidad de presentarnos, Yami dejó de charlar con su amigo invisible y se dirigió a nosotros:

¡Hola, sardinitas! Digo, ¡chocobitos! ¿No hace un magnífico día? ¡Me encanta el sol! Sí, sí, perdona, nos encanta el sol.

¿Con quién creéis que habla? —susurré a mis dos compañeros para que la Maestro no me oyese.

Oh, ¡pero debo fastidiaros el día! ¡Hay un asunto urgente!

Para variar... —comenté por lo bajo.

El chico de pelo negro preguntó por la flor flotante que Yami tenía dentro de un cristal en sus manos. No me había fijado en ella hasta ese momento, y la verdad es que era bastante bella. Seguro que olía deliciosamente.

Es un lirio de agua dulce. Salvará la vida de alguien pero, ¡ay, no puedo entregárselo! ¡Soy una Maestra! Juramos no romper los preceptos de la Orden. Juré no interferir en los asuntos de otros mundos. ¡Y esta es una clara injerencia!

¿Salvar la vida de alguien? ¿Tan grande era el poder de aquella simple flor? Fuese cual fuese el motivo, estaba segura de que no era para tanto, ya que, con la de cosas que habían sucedido, seguro que en alguna que otra ocasión habíamos intervenido, sin querer o a propósito, en los asuntos de otros mundos. Pero por la forma de hablar de la Maestra, sabía lo que me tocaba a continuación: de nuevo una misión sin contar con la ayuda de un Maestro.

En cambio, si vais vosotros, os excusaré ante Ronin para que no os castigue —añadió, corroborando mis sospechas—. ¡Aun así seguirá siendo un quebrantamiento de la ley! No os lo pediríamos si no fuera por una buena causa. El Bien tiene que triunfar, la, la, la. ¡O ella ganará otra vez!

¿Ella? —pregunté, extrañada, sin muchas esperanzas por obtener una respuesta seria. Conociendo a Yami, era probable que incluso se estuviese refiriendo a su amigo imaginario.

La Maestra, acto seguido, sacó una foto del lugar donde se suponía que encontraríamos a la persona cuya vida sería salvada por el lirio. Un precioso barco con un bello mascarón con forma de sirena ocupaba casi toda la foto, pero no era eso en lo que la Maestra quería que pusiéramos atención. Cuál fue mi sorpresa al ver que Yami señalaba más abajo, tanto, que nos estaba señalando el mar. Esperaba que no quisiera que nos pusiéramos a bucear. No se me daba muy bien nadar...

¿Sabéis transformaros en sardinitas? ¿Os hago una demostración?

¿Perdón? —respondí confusa.

De pronto, la Maestra chasqueó los dedos y se convirtió en una especie de híbrido entre pez y humano, cubierta por escamas de color naranja, y conservando su hermosa y larga melena negra.

¿Cómo demonios ha...? —dije más extrañada aun.

¡Qué divertido es siempre! ¡Otra vez! ―exclamó tras volver a su forma original con otro chasquido de dedos―. ¡No, no hay tiempo! ¡La marea va a subir! Por favor, tenéis que apartarle del camino erróneo o su corazón caerá en la oscuridad.

»¿Lo haréis? Por fis, por fis

De acuerdo, ¿pero de qué ocurre con esa persona? ¿Su corazón caerá en la oscuridad? ¿Tan grave es el asunto?

Los dos chicos hicieron preguntas también a la Maestra. Me consolaba ver que ellos estaban casi tan perdidos como yo con aquello.

Pues habrá que ir, ¿no? Soy Bavol y como yo tengo la flor, yo mando ―se presentó el chico de pelo negro que, efectivamente, tenía el lirio en su poder―. Era broma~

Yo soy River, bruja acuática y Aprendiza a tiempo completo~se presentó esta vez la otra chica, parecía bastante extrovertida―. Así que tengo que hacer de canguro de dos sardinitas… ¡Menudo zoológico! —añadió en broma, guiñando un ojo, divertida.

Yo...

Y ese sombrero… —me interrumpió de pronto la chica. sobresaltándome—. [b][color=#4040FF]¡Debes de ser sin duda una bruja! Después de todo, sabemos reconocernos entre nosotras. ¿Cuál es tu magia elemental?

Eh, bueno... No me gusta mucho que me llamen bruja... Suena algo... ¿maligno? —respondí sin saber muy bien cómo contestar—. Mejor 'maga'. En concreto, soy una maga blanca, y me especializo en el dominio de la Natura, sobre todo en la magia curativa.

>>Y no te preocupes, sé cuidarme solita —dije colocando las manos sobre mi cintura, dándome aires de superiodad, siguiéndole la broma a River—. Después de todo soy la nieta de uno de los magos más poderosos que jamás han existido. Mi nombre es Maya.

Finalmente, los chicos se prepararon con sus glider y sus armaduras para marcharse, no sin antes preguntar a Yami cuál era nuestro destino. Pero había otra cosa que me preocupaba más a mí, y parecía ser que ellos no habían hecho demasiado hincapié en ello.

Respecto a lo de convertirse en "sardinita"... ¿Será necesario? —pregunté acercándome a Yami, algo preocupada por el asunto—. No tengo ni idea de cómo lo ha hecho, Maestra, y la verdad es que no me desenvuelvo demasiado bien en el agua...
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Tsuna » Jue Ene 29, 2015 11:54 pm

¿Ya es maestra?


No podía creermelo: Shinju, maestra de la Llave Espada y de Bastión Hueco. Recordé cruzada de brazos mis primeros días en el castillo y cómo ella misma había sido la que me había sacado de Espacio Paranoico, pero al verla como maestra sobre uno de los tronos me di cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, sobre todo porque aquel lugar estaba ya lleno de aprendices que no había visto en mi vida, como la chica que parecía conocer a Nicoxa. Cuando esta última me saludó me esforcé, rememorando mi experiencia en la última misión llevada con ella, para sonreír y extender mis brazos levemente en el aire, a forma de ayuda para mi expresión y no parecer tan antipática.

Sí, a ver qué tal sale esta vez. —Comenté a duras penas, volviendo a cruzarme de brazos y fijando mi vista en Shinju, un poco envidiosa por su nueva posición

Nicoxa era bastante sensible, y yo tampoco es que quisiese darle una paliza como hice con la otra aprendiza, Gata, así que tampoco tenía motivos para mostrarme tan a la defensiva. Después de mi encuentro con Nikolai me había vuelto más blanda, no me cabía duda. Por otra parte, solté un leve bufido cuando la nueva maestra se quejó de las órdenes que había recibido por Nanashi, estaba claro que le faltaba disciplina, cosa de la que yo, al menos, no carecía. Escuché sin intervenir la descripción de nuestro nuevo cometido, que no era otra cosa sino viajar a un mundo submarino para aliarnos con el Rey de dicho lugar, y ahí no terminaba la cosa, claro que no, porque además sabía de otros mundos y mostraba cierto recelo a la hora de tratar con los Caballeros. También estaba de acuerdo con las opiniones de la nueva, aunque más movida por la envidia de querer yo ser la maestra.

¿Coliflor? ¿De qué están hablando?


No vi necesidad de intervenir en su conversación, primero porque supuse que era algo personal, y segundo porque no entendía nada de lo que decían Nico y su amiga. Ante la proposición de Alexis asentí yo también, estaba claro que no iba a desperdiciar su ayuda

Nos vendría bien empezar con ventaja, así que por mí vale.

Una vez dicho todo seguiría a Alexis a donde tuviésemos que ir para partir hacia Atlántica, un nuevo mundo para mí. Yo estaba lista, pues me había pasado toda la mañana en el baño peinandome, entre otras muchas cosas cotidianas. No vi necesidad de deshacerme de la coleta como Nicoxa, al menos de momento. Decidí entonces acercarme a la nueva, por conocerla más que nada.

Saeko, mucho gusto. ¿Y tú eres…?

Sí, estaba claro que desde aquella noche estaba más blanda con todo el mundo en general. Pero había merecido la pena.

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Siento la horrible tardanza, esta última semana ha sido dura x_x
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Nell » Dom Feb 01, 2015 2:35 am

Bastión Hueco


Alexis iba a responder a las preguntas de Colibritany, pero Shinju (aún desde lo alto de su trono) se le adelantó:

¡Error! Odia la Orden, porque no le gusta que meta sus asuntos en mundos ajenos. Hacedle saber que nosotros somos diferentes, que también la aborrecemos (y por ello nos escindimos de ella) y escuchará. Inventaos algo, lo que más os divierta ―concluyó, continuando con su piruleta. No estaba tan ajena a la conversación como quería aparentar, pero no intervino más.

La aprendiza, por otro lado, asintió a la petición de Coli de acudir y apagó la consola, con un resoplido de resignación.

Lo que nos obligan a hacer ―comentó de pasada con Nicoxa, refiriéndose a su pelo y a la consola.

Y sin más preámbulos, partieron.

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El mundo al que llegaron era, literalmente, una enorme extensión de mar. Apenas se veía en el horizonte una lejana tierra de humanos. Así que, misterio resuelto: la razón de que hubieran de transformarse en seres marinos era, por lo que parecía, que la mayor parte de su población consistía en ellos.

Alexis señaló la zona en la que se ubicaba aproximadamente el reino de Atlántica, aunque les explicó que los dominios del Rey Tritón, el soberano, se extendía por todos los mares. Al igual que los portadores, también tenía un arma de un poder especial, el Tridente, con el que gobernaba a todas las criaturas marinas. Gracias a él, había podido eliminar a los sincorazón que aparecían por sus aguas.

Esta información la había obtenido de Úrsula, una antigua habitante del palacio que, por su brujería, había sido exiliada.

Vive apartada de la sociedad, aunque muchas sirenas acuden con frecuencia a ella para obtener remedios a sus problemas. Su magia es poderosa. Y si lo que he oído es cierto, no os conviene hacer un trato con ella.

»Eso es todo lo que sé.

Mentía. Era muy obvio por el tono de su voz, si estaban atentas, y en la pausa previa que había hecho para pensarse si revelaba más o no. Al final, había optado por callarse la información que, a su juicio, no necesitaban.

Fue la primera en zambullirse. Desactivó la armadura, hizo desaparecer el glider y cayó al agua. Cuando reapareció en la superficie, verían que se había transformado en una mujer-araña marina. De la mitad inferior de su cuerpo ahora surgían ocho patas crustáceas, aunque la mitad superior seguía siendo ella misma, con su vestido rosa de señorita, junto al paraguas que se sujetaba a la espalda (y tan característico de ella). Y el pelo, para previsión de Nicoxa, de llevarlo puntiagudo había pasado a un efecto liso mojado.

Mira que no me gusta este mundo y siempre me envían a él ―refunfuñaba―. Vamos, ¿a qué esperáis?

Podían transformarse desde el aire, pero el contacto con el mar les ayudaría a adoptar la forma que habían formado en su cabeza. La magia del mundo hizo el resto y, si alguna tenía dificultades, Alexis les daría indicaciones hasta lograr transformarse en una criatura marina, la que fuera.

¿Listas? Pues bajemos

El fondo del mar, como comprobaron pronto, era un paisaje idílico. Ahora que eran seres marinos, escuchaban y entendían la lengua de las criaturas, y verían peces de todos los tipos interactuar entre ellos, hablar como cotorras o cantar sobre arrecifes. Según descendían, pasaban por zonas rocosas de diferentes niveles, todas ellas repletas en su superficie de anémonas, musgo, estrellas de mar y plantas marinas en general. Es decir, no fue un paseo recto y monótono como podrían suponer.

Además, les serviría para acostumbrarse a sus nuevas extremidades. Alexis, como araña, no tenía más que dejarse descender, puesto que sus patas funcionaban mejor sobre una superficie y estaba acostumbrada a ellas. Las aprendizas, por el contrario, quizá tuvieran que chocarse un par de veces para dominarlas.

El viaje mereció la pena por lo que les esperaba en el fondo: Atlántica.

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El castillo, luminoso y lleno de vida, se alzaba sobre una ciudad de calles serpenteantes, subterráneas a alguna, con arcos por todos los lados en su arquitectura. Las casas eran pequeñas y no tenían puertas, sino que el hueco de entrada estaba tapado por lianas o algas.

En cuanto se aventuraron por la ciudad, comprobarían que la población habitante era en su totalidad de sirenas y tritones. Había peces y otras criaturas, naturalmente, pero pocos vivían al amparo del Rey Tritón.

Somos extranjeros…. y raros. No nos concederán una audiencia con el rey fácilmente. Y entrar por la fuerza al palacio ayudaría aún menos a establecer relaciones amistosas con el reino ―resumió Alexis, deteniéndose en mitad de la avenida―. Aquí acaba mi papel. Esta es vuestra misión, así que haré lo que vosotras digáis. Poneos a pensar cómo conseguir una entrada a la corte… o buscad alguien que os dé ideas. Solo tened cuidado con lo que decís.

La ciudad vivía un día cualquiera, y nadie se fijaba especialmente en ninguna de las cuatro, a pesar de ser extrañas. Un poco más delante de donde estaban, había una plaza redonda donde un grupo de músicos estaban ensayando un concierto en plena calle. Todos, peces, con uno de ellos pasando una concha donde echaran propinas; y a su alrededor se apiñaban los curiosos a mirar y a comentar los últimos rumores, ya que estaban.

En uno de los bancos, había una sirena sentada acunando a un bebé, con una pompa con forma de carrito a su lado; y en la calle de dicha plaza que daba al castillo, un guardia hacía la ronda para asegurarse de que todo estaba en orden. Le echó una mirada dudosa, pero ni se acercó ni les dijo nada.


Tierra de Partida


Al coger la esfera que contenía el lirio, Bavol comprobaría que no tenía nada de especial. Puede que incluso hubiera visto la planta en alguna otra parte, porque era muy común. No obstante, el recipiente parecía contenerla en perfecto estado, como si siguiera en su hábitat en vez de haber sido arrancada, por lo que solo se conservaría sin morirse dentro de él.

Por desgracia, el niño comprobó que Yami había escogido una esfera algo grande, y no le cabía ni en el bolsillo, ni en la mochila. Tendrían que llevarla entre las manos.

Nombre… ―murmuró Yami, ¿haciéndose la loca?, mientras respondía a las preguntas de Bavol―. ¡Ay, el payaso no vio la firma! No lo sabemos. ¡Tendréis que preguntárselo!

Parece que solo iban a tener de referencia el cutre dibujo que Yami les había mostrado. Apañados iban, porque su única referencia era el barco.

No subestimes la inteligencia de los pececitos, son tan adorables… Veréis, un malvado pulpo gordo le ha engañado con un trato injusto. Entregadle la flor y ¡todo se arreglará! ―sonrió, para luego dirigirse a River―. No sé nada de recuerdos. El corazón es frágil y la oscuridad siempre acecha. Tememos que trate de conseguirlo todo y no consiga nada.

»¡Pues ahora que lo dices, sí, suele haber sincorazón-medusa! Pero preveniros mejor de los kraken, porque últimamente están de muy mal humor.

Por otro lado, Maya expresó lo que todos se preguntaban: cómo iban a hacer esa cambio de cuerpo a «sardinita», pez o lo que fuera. Yami cambiaba de humor constantemente: tan pronto les metía prisa como, en ese instante, se alegraba de poder instruirlos más.

¡Os enseñaré! ¡Otra vez, otra vez!

Los siguientes diez minutos los pasaron practicando esa transformación con Yami. Según la Maestra, la magia del mundo y su Llave Espada ayudaba a los aprendices novatos a cambiar de forma cuando llegaban, pero no le importaba perder un poco de tiempo en que lo hicieran allí mismo. Tenían que pensar una forma acuática, en base a algún animal que les gustase o creyeran que les haría sentir cómodos, y luego dejarse llevar por la magia. Sería más fácil en el mundo en el que iban.

Después de que todos hubieran logrado la transformación (y tal vez se hubiesen quedado cual sardinas sin aire en medio de los Jardines), a Yami solo le quedaba una última pregunta, por responder:

Pues vais a Atlántica, ¡obvio! ¿No habéis leído el título? ―Les dio unas pequeñas indicaciones para el camino, antes de añadir―. Mis pequeñines… os veo un poco perdidos. ¿Queréis que os mandemos ayuda? Alguien que haya estado recientemente y se conozca el mundo. Pero, mientras viene y le explico la situación, ¡partid enseguida! ¡Ya!

En esta ocasión, Yami no permitió que se entretuvieran más. Les animó a que se fueran (tras responder afirmativa o negativamente si querían otro acompañante) y a que no olvidaran llevar ropa húmeda de recambio.

¡Confío en vosotros! ―Giró la cabeza hacia su lado y algo le dijo su amigo invisible para rectificar a continuación―. Perdón… ¡confiamos en vosotros! ¡En todos!

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El mundo al que llegaron era, literalmente, una enorme extensión de mar. Apenas se veía en el horizonte una lejana tierra de humanos. Así que, misterio resuelto: la razón de que hubieran de transformarse en seres marinos era, por lo que parecía, que la mayor parte de su población consistía en ellos.

Tuvieron que sobrevolar el mar durante un rato hasta dar con un barco parecido al que Yami había dibujado, con el mascarón de sirena y las velas con la figura del arpón. Desde allí podían escuchar la saloma de los marineros que trabajaban en el barco.

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(Hasta el 0:50, no penséis que está Eric en el barco).


Y qué curioso que hablaran en ese momento de sirenas, puesto que estaban a punto de tener que convertirse en una de ellas, o en un animal acuático. Desde sus gliders, tendrían que pegarse el chapuzón y cruzar los dedos en que la lección de Yami sirviera para algo. Podían transformarse desde el aire, pero el contacto con el mar les ayudaría a adoptar la forma que habían formado en su cabeza.

Una vez estuvieran bajo el mar, puesto que era la primera vez para todos ellos, comprobarían que podían ver perfectamente todo a su alrededor. Y nada les impedía disfrutar un momento de sus nuevas extremidades, probar a nadar con ellas y a moverse cada vez mejor como pez en el agua. No era tan fácil como parecía.

Poco después, verían que desde el barco se estaba alzando una red llena de peces que se habían quedado atrapados en ella, y estos gemían asustados por el destino que les esperaba. Escuchaban sus voces de pánico, y les entendían perfectamente. Convertirse en una criatura marina les había hecho ser una más de ellos.

Cuando la red subió del todo, si nadie lo impedía, les perderían de vista.

Lo siento, te-tengo que hacer otras cosas como… ¡decidir! ¡Ay, pero…! ¿Qué voy a hacer…? ¡Qué! Oh, por qué todo es tan complicado, tan, tan complicado…

Hallarían al dueño de la voz, tal y como señalaba el dibujo del Yami, a un tritón adolescente, muy flacucho, rubio, de cara alargada y con una nariz gorda que sostenía sus gafas redondas. Como estas le estaban grandes, de vez en cuando echaba la cabeza hacia atrás para colocárselas bien. El chico sujetaba fuertemente a una cadena que, si se fijaban bien, comprobarían que era el ancla del barco, que descendía desde la superficie hasta el fondo.

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A su alrededor, dando vueltas y piruetas alrededor de él, había un delfín sonriente.

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Haaaaroooold ―canturreaba―. ¿Jugamos a algo? ¡Al corre que te pillo!

¡N-No pu-puedo! Te-Tengo que to-tomar una deci-cisión ―tartamudeó el chico.

Déjalo para mañana ―rio, feliz en su mundo.

¡N-No pu-puedo! ―repitió―. La bru-bruja dijo que nuestro-tro contrato expira-raría…

»… cuando se ponga el sol al tercer día.


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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Tidus Cloud » Jue Feb 05, 2015 6:48 pm

Bavol esbozó una sonrisa al escuchar hablar a sus dos compañeras. La primera impresión había sido bastante buena, parecía que podría pasárselo muy bien con ellas.

Yami fue contestando a las diversas preguntas que les habían hecho. Algunas respuestas fueron un tanto decepcionantes, ya que no le aclaraban nada, mientras que otras fueron más reveladoras.

La pregunta de Maya inició una pequeña clase en la que la Maestra Yami les explicó cómo se transformarían en sardinitas; no obstante, Bavol ya estaba acostumbrado a emplear esa magia en Tierras del Reino, así que prefirió abstenerse del entrenamiento. Sobre todo porque se convertiría en una criatura marina y seguramente se quedaría sin aire en aquel ambiente tan seco.

Yo ya tengo práctica, así que prefiero transformarme cuando lleguemos ―indicó mientras se apartaba a un lado y contemplaba cruzado de brazos su pequeña clase.

Observó con curiosidad en qué criaturas se convertían sus compañeras, si es que no se negaban ellas tampoco a hacer una práctica antes de partir al mundo. Después de la lección, Yami les dio indicaciones expresas para llegar al mundo en el que tenían que hacer aquel pequeño encargo: Atlántica.

Mis pequeñines… os veo un poco perdidos. ¿Queréis que os mandemos ayuda? Alguien que haya estado recientemente y se conozca el mundo. Pero, mientras viene y le explico la situación, ¡partid enseguida! ¡Ya!

El niño arqueó una ceja con curiosidad, quería preguntarle de quién se trataba, pero antes de que pudiera hacerlo, la Maestra les pidió que se dieran prisa, así que decidió obedecerla y descubrir cuando llegara a quién había enviado.

Antes de emprender el viaje, echó un último vistazo a la esfera que tenía entre las manos. Iba a ser una pesadez cargar con ella todo el tiempo, así que lo mejor sería encontrar a su objetivo cuanto antes.

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El olor a mar le indicó que ya habían llegado a su destino. Atlántica, un inmenso mundo cubierto por agua por todas parte, o al menos eso es lo que había llegado a ver de él hasta el momento.

Encontrar un barco entre aquel vasto océano parecía realmente difícil, sin embargo, gracias a la ayuda de sus Gliders no tardaron más de lo demasiado en encontrar uno que les recordara al que habían visto en el dibujo de Yami. Y tal y como les habían indicado la Maestra, una vez localizado, era hora de buscar abajo, más abajo

Nos vemos al otro lado~ ―se despidió de sus compañeras a la vez que desinvocaba su Armadura.

Bavol abrazó con fuerza la esfera entre sus brazos, cogió impulso y con un buen salto se lanzó en bomba hacia el interior del mar. Nada más tocar el agua sintió como una extraña fuerza le ayudaba a transformarse en su nueva forma. El niño sólo se dejó llevar mientras dejaba que aquella magia fluyera por sus venas mientras un brillo recorría todo su cuerpo.

Cuando la luz desapareció, pudo contemplar su nuevo cuerpo con detenimiento. Al igual que en Tierras del Reino, se percató de que tenía cuatro patitas, una cola y que su piel era verde. No obstante, algunos detalles en su aspecto, además del hecho de que podía respirar en el agua gracias a su forma semi-anfíbica, le dejaron claro que era otro animal completamente distinto.

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Un renacuajo. O algo así.

Bueno, podría ser peor ―concluyó Bavol complacido con su transformación.

A continuación, extendió piernas y brazos sujetando la esfera como si fuera un flotador y comenzó a patalear tal y como le había enseñado su amiga Jeanne. No iba muy rápido, pero al menos conseguía moverse. Iba a tardar en acostumbrarse a aquel ambiente.

Una marabunta de chillidos llamó la atención del renacuajo. Se giró para ver de dónde procedían y no tardó en darse cuenta de que eran los animalillos atrapados en la red de los pescadores. Así que podía comunicarse con las demás criaturas marinas tal y como esperaba… Parecía que tras esa experiencia se le iban a quitar las ganas de volver a comer pescado alguna vez en su vida.

Lo siento, te-tengo que hacer otras cosas como… ¡decidir! ¡Ay, pero…! ¿Qué voy a hacer…? ¡Qué! Oh, por qué todo es tan complicado, tan, tan complicado…

Una nueva voz, el pequeño deseó que no se tratara de más peces a punto de ser capturados. Afortunadamente no se trataba de eso, sino de un escuálido tritón con gafas, que se agarraba a una larga cadena proveniente del barco.

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¿E-eso no es el ancla? ¿Qué hace allí? ―preguntó a sus compañeras un tanto sorprendido.

Curiosamente, no estaba solo, sino que había un juguetón delfín nadando a su alrededor. Movido por la curiosidad el renacuajo decidió escuchar la conversación entre ambos para ver si descubría qué es lo que les ocurría.

Haaaaroooold. ¿Jugamos a algo? ¡Al corre que te pillo!

¡N-No pu-puedo! Te-Tengo que to-tomar una deci-cisión

Déjalo para mañana

¡N-No pu-puedo! La bru-bruja dijo que nuestro-tro contrato expira-raría…

»… cuando se ponga el sol al tercer día.

Bavol abrió ligeramente los ojos sorprendido al enterarse de lo que estaban hablando, aquel pequeño encargo iba a resultar más fácil de lo que él esperaba. Aquel debía ser el barco del dibujo de Yami y él debía ser a quien estaban buscando, ya que parecía que estaba inmerso en alguna clase de oscuro trato del que debían librarle.

Venga, vamos a ayudarle.

El anfibio comenzó a nadar hacia Harold lo más rápido que pudo teniendo en cuenta su nuevo cuerpo y el peso de la esfera que llevaba en sus manos. Para que el tritón no decidiera marcharse antes de tiempo, decidió llamar su atención mientras se aproximaba hacia él.

¡Ey, mira lo que tengo! ―exclamó alegremente Bavol mientras intentaba enseñarle el lirio―. Estoy seguro de que es justo lo que necesitabas.
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Mentos » Sab Feb 07, 2015 1:59 am

¡Error! Odia la Orden, porque no le gusta que meta sus asuntos en mundos ajenos. Hacedle saber que nosotros somos diferentes, que también la aborrecemos (y por ello nos escindimos de ella) y escuchará. Inventaos algo, lo que más os divierta ―contestó la maestra rápidamente.

<<Es muy fácil decirlo…>>

Ya nada más quedaba por hacer en la sala, pero la desconocida aprendiz irrumpió a Colibritany antes de marcharse todas hacia la misión.

Saeko, mucho gusto. ¿Y tú eres…? —se presentó.

Soy Coli, aunque si prefieres llamarme Colinda… hazlo; no te resistas ante la tentación de remarcar mi belleza por la timidez —bromeó mientras le respondía.

Con todo ya resuelto, y con su duda solucionada de alguna manera gracias a la intervención de Shinju, partieron hacia al mundo submarino.

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Tras un periodo de tiempo, el grupo, montado en sus respectivos gliders, alcanzaron el lugar y no parecía hacerle demasiada ilusión a Colibritany.

Ah, que lo de que todo era agua no era broma… —comentó mientras intentaba recordar, sin mucho éxito, sus técnicas de nado.

No importaba a donde mirase… los inmensos mares cubrían toda dirección de forma absoluta. Era algo deprimente, pero por suerte, Alexis indicó dónde se hallaba el reino y sus habitantes en toda aquella masa acuática.

Antes de que se zambulleran en el agua, aprovechó para explicar que el Rey Tritón controlaba sin excepción toda la extensión, y que el poder de su tridente mantenía a raya a los Sincorazón y muy probablemente a ellas también… si fallaban su misión.

Al parecer, los conocimientos de los que disponía los había adquirido gracias a Úrsula, una bruja exiliada por su poderosa y temible magia.

Supongo que haríamos bien en ignorarla si nos la encontramos vagando por las afueras.

»Eso es todo lo que sé.

Ya veo… gracias por contarnos TODO lo que sabes —Era obvio que mentía cuando dijo eso. El semblante de su voz cambió de inmediato, delatando sus palabras. Pero Coli decidió no darle demasiada importancia, seguro que la pobre tenía sus motivos personales… o eso quería pensar ella.

Sin más dilación, procedieron a liberarse de sus armaduras y descender hacia el mundo. Alexis fue la primera y, una vez pudo resurgir a la superficie cuando permaneció bajo el mar, ¡su aspecto había cambiado totalmente! Ahora era una especie de cangrejo… araña… cosa.

<<Cangrejo… qué ganas de comerme uno ahora>>.

Mira que no me gusta este mundo y siempre me envían a él ―se quejó―. Vamos, ¿a qué esperáis?

A-ah... sí.

Colibritany miró fijamente al abismo. En su mente, una majestuosa forma nacía. Ahora sólo tenía que saltar y rezar para que una vez entrara en contacto con el mar, se transformara en ella.

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Hola.

La magia funcionó correctamente, y se convirtió en la imagen que pensó… aunque el resultado fue menos rosa de lo que esperaba.

<<Bueno, al menos no destacaré mucho así>>.

¿Listas? Pues bajemos.

Descendieron una gran cantidad y, cuanto más lejos de la superficie estaban, más sorprendida se hallaba Coli. La vida marina era, para su sorpresa, realmente colorida y viva: todo tipo de peces habitaban el mar y verlos interactuar mientras se le entendían a la perfección era algo apasionante.

Otra experiencia similar era la de actuar como una ballena ahora. Acostumbrarse a las aguas no había resultado tan difícil y nadar se hacía bastante cómodo y natural al cabo de un tiempo.

Pues no se está tan mal aquí, ¿verdad? ―dijo a su amiga Nicoxa.

Por fin, llegaron a Atlántica.

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Un castillo apareció frente a ellas, siendo iluminado por una mística luz. Los edificios de la ciudad donde surgía se conectaban entre sí en complicadas calles que recordaban a la forma de un arpa.

¿Crees que tendré alguna oportunidad con el rey? ―preguntó a Nico tras observar el paisaje.

Avanzaron por una avenida mientras Coli se fijaba el interior. Era impresionante tanto por dentro como por fuera. Un detalle captó la atención de la hermosísima ballena: sólo había o sirenas o tritones.

<<Puede que no pase tan desapercibida como creía>>.

Somos extranjeros…. y raros. No nos concederán una audiencia con el rey fácilmente. Y entrar por la fuerza al palacio ayudaría aún menos a establecer relaciones amistosas con el reino ―dijo Alexis, una vez pararon―. Aquí acaba mi papel. Esta es vuestra misión, así que haré lo que vosotras digáis. Poneos a pensar cómo conseguir una entrada a la corte… o buscad alguien que os dé ideas. Solo tened cuidado con lo que decís.

Hmm… separarnos será lo mejor, ya que este sitio es un poco bastante grande. Yo creo que iré dónde está ese cúmulo de gente escuchando a esos artistas y veré si puedo sacar algo útil. ¿Y vosotras? ―Se dirigió a Nicoxa y Saeko, con la que apenas había tenido contacto.

Cuando finalizaran sus respuestas, iría hacia donde se propuso y escucharía lo que los peces estuviesen comentando, intentando no llamar mucho la atención e integrándose con ellos.
"La nostalgia es como el alcohol; arruina tu juicio".

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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Tsuna » Sab Feb 07, 2015 5:50 am

No, Coli está bien. —respondí de mala gana, pensando que me estaba vacilando o algo así

Dejé que la tal Colinda siguiese adelante para que acompañase a Nicoxa, yo en cambio seguiría a Alexis sin nada especial que comentar. En aquel momento mi prioridad era pensar una forma de convencer a aquel Rey, que supuestamente recelaba de la Orden de la Llave Espada. Tal y como había dicho Shinju, criticar a Tierra de Partida para demostrar que no éramos como ellos era la clave de nuestra misión.

Invoqué mi Glider y mi Armadura para emprender la marcha, pero al ver los vehículos de mis compañeras me quedé muda. No es que me resultaran desagradables, ni mucho menos, pero llamaban demasiado la atención a mi parecer. No obstante, intenté mantenerme centrada ante todo, teniendo los objetivos de la misión en mente en todo momento.

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Sí, es impresionante… —Comenté sobre mi vehículo ante la gigantesca extensión de agua que se abría frente a nosotras. Confirmando las palabras de Coli

En ese momento Alexis nos explicó la situación de forma clara, cosa que agradecí en el fondo: el Rey Tritón de la Atlántica gobernaba el mundo gracias a un arma tan impresionante como las nuestras propias, un Tridente. Y todo porque se lo había contado una peligrosa —por cómo se había referido Alexis a ella, así lo supuse— bruja de los mares que vivía apartada de la sociedad.

Coli volvió a pensar en alto, alegando que sería conveniente mantenernos alejadas de esa mujer. Yo no estaba tan de acuerdo como ella en ese asunto, porque igual podíamos aprovecharla de alguna forma para obtener información sobre Atlántica, concretamente del propio Rey. ¿No había vivido junto a él antes de ser expulsada? Pues eso mismo. Y que Alexis no nos contase más tampoco me importó, porque ya con la información que habíamos recibido era suficiente para empezar con buen pie.

Fue entonces cuando tanto Alexis como Colinda se lanzaron al mar, adoptando aspectos muy diferentes. Perpleja con la magia de los mundos, cerré los ojos y, preparada mentalmente para zambullirme, me dejé caer. Durante la caída pensé en distintos animales marinos, desde peligrosos tiburones, hasta cangrejos o la araña en la que se había transformado Alexis, pero hubo uno que se plasmó en mi mente, y por qué negarlo, me gustaba mucho aquella criatura.

Desmaterialicé el Glider y la armadura antes de chocar contra la superficie del mar, la cual inundó mis fosas nasales con el olor del mar y me dejó congelada en principio por el brusco cambio de temperatura. Sin embargo no abrí los ojos hasta que hubiese alcanzado el lecho marino, entusiasmada con la magia que estaba experimentando, la misma que sufrí en Tierras del Reino. De alguna forma, sentía que mi cuerpo había cambiado. Ya no era la Saeko que siempre solía ser, sino…

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No me había transformado en una reptil al cien por cien. Sorprendida, contemplé mi zona inferior del cuerpo, la cual consistía en la cola de un cocodrilo, el animal que se me había grabado en la mente. En cambio, la zona superior de mi cuerpo seguía siendo humana… a medias. Se me había formado un sujetador a base de escamas, y las mismas se extendían a lo largo y ancho de mi piel o de mis brazos. Incluso sentí como ciertos colmillos me habían crecido en mi boca. Y porque no me pude ver, pero mis pupilas eran ahora distintas, más afines al animal que me representaba.

Me moví de forma veloz por el agua, dejándome llevar por mis instintos animales, divertida.

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El siguiente paso en nuestra tarea era alcanzar el palacio del supuesto Rey, o eso al menos pensaba yo. Observé, junto a mis compañeras, el precioso paraje que se abría ante nosotras, plagado de todo tipo de criaturas marinas y vegetación propia del mundo oceánico. Supuse que aquella aventura sería similar a la llevada a cabo junto a la maestra Nanashi y Simbad, es decir, el mundo era similar.

No despegué la vista del enorme y luminoso palacio que se abría imponente ante todas, curiosa e intentando no perder detalle de nada. Al llegar a cierta plaza Alexis concluyó con la introducción, y Coli propuso sus ideas. Si ella misma decía de encargarse de esa multitud, tendría que dejarlo en sus manos.

Intentaré averiguar algo de lo guardias. Es nuestra mejor baza si queremos acceder al palacio —y me di la vuelta, dispuesta a acercarme al guardia más cercano, el que nos había echado un ojo. Pero en el último momento me detuve, sabiendo que irme así sin más no era lo correcto—. Mucha suerte.

Tras la despedida continué mi camino, dispuesta a seguir a aquel guardia que andaba por allí. Intenté acercarme con cuidado, intentando no llamar mucho la atención y mostrando signos de duda en mi rostro. Supuse que no sospecharía nada de mí por preguntar, al fin y al cabo, no era de por allí. ¿Pero qué podía preguntarle? ¿Cómo poder hablar con el mismísimo Rey? Posiblemente me echase para atrás al momento, porque si aquella criatura era tan poderosa como la había pintado Alexis, no me quedaba la menor duda de que no sería fácil dar con ella, y mucho menos conseguir una audiencia. Quizás, si me mostraba interesada por la arquitectura y la historia del reino submarino, pudiese obtener más pistas.

Esto, perdone —me situé a su lado, intentando mostrarme tanto respetuosa como seria. Debía ser cautelosa, pese a los nervios del momento—. Acabo de llegar y me encuentro algo perdida. ¿No sabrá por casualidad algún lugar o punto importante en el que poder estudiar la historia del reino? —esperé algún gesto por su parte, y decidí especificar— Soy extranjera.

Supuse que así conseguiría alguna pista del mundo, aunque mis posibilidades de entrar en palacio fuesen nulas por ahora. Una extranjera buscando aprender sobre Atlántica… menuda historia me había montado yo sola en un momento.
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Sito » Sab Feb 07, 2015 12:36 pm

La bella peliazul observó como Saeko se presentaba a Coli, esperando que todas se llevaran bien durante la misión. Alexis parecía dispuesta a resolver sus dudas, pero la maestra Shinju fue más rápida.

¡Error! Odia la Orden, porque no le gusta que meta sus asuntos en mundos ajenos. Hacedle saber que nosotros somos diferentes, que también la aborrecemos (y por ello nos escindimos de ella) y escuchará. Inventaos algo, lo que más os divierta ―sugirió, demostrando que realmente estaba escuchando lo que decían. Parecía que después de todo si se tomaba algo de su trabajo en serio, para alivio de Nicoxa.

Alexis aceptó viajar con ellas hacia Atlántica, tal y como habían pedido las tres. Apagó su videoconsola y fue hacia ellas.

Lo que nos obligan a hacer ―le comentó a Nicoxa sobre el pelo. Ella soltó una risita de complicidad y asintió contenta de no ser la única que se preocupaba por su cabello. Aquella niña le parecía un poco extraña pero se sentía más segura con ella. Estaba ligeramente sorprendida, puesto que tampoco habría imaginado que le preocupara tanto su imagen, ya que su estilo no iba mucho con el ideal que Nicoxa tenía. Esas puntas no le gustaban mucho, pero después de que había accedido a ir con ellas no le iba a decir algo así.

Invocó a su glider, se puso su armadura y emprendió su viaje hasta Atlántica, deseosa por conocer qué les depararía aquel mundo submarino.

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Tras su primer viaje por el espacio, Nicoxa estaba contenta de poseer un glider tan cómodo. Sobre todo al mirar el de su amiga, que aunque tenía mucho estilo no parecía lo más adecuado para viajes largos.

Al llegar a Atlántica comprobó que, en efecto, era un mundo donde prácticamente sólo había agua. Por lo visto también había una zona terrestre, pero no parecía que su misión tuviera nada que ver con lo que ocurría fuera del agua.

Ah, que lo de que todo era agua no era broma… —comentó Colibritany algo preocupada. Nicoxa recordó cuando intentó enseñarle a nadar, y a la pobre no se le daba demasiado bien.

No te preocupes, yo te ayudaré si te pasa algo —le dijo sonriente para reconfortarla. Miró a Saeko y frunció el ceño—, ¿Tú como llevas lo de nadar? a ver si voy a ser la única que aprendió de pequeña...

Alexis había estado compartiendo la información que tenía sobre el Rey Tritón: su forma de gobernar, sus poderes, su interesante arma... y sobre Úrsula, una bruja exiliada. Parecía una historia muy interesante. La niña siguió hablando mientras iban sobrevolando el mar, hasta que se situaron encima de donde debía estar sumergido el lugar que debían investigar.

Vive apartada de la sociedad, aunque muchas sirenas acuden con frecuencia a ella para obtener remedios a sus problemas. Su magia es poderosa. Y si lo que he oído es cierto, no os conviene hacer un trato con ella.

»Eso es todo lo que sé.

Seguía hablando de aquella bruja acuática, aunque por su tono de voz cualquiera diría que se estaba guardando algo de información. Nicoxa no se preocupó, puesto que si fuera algo realmente importante si lo habría compartido con ellas. Además ya le había quedado claro que esa mujer no era de fiar y por ahora con eso le bastaba.

Ya veo… gracias por contarnos TODO lo que sabes —Coli también parecía haberse dado cuenta de que Alexis sabía más de lo que decía. Ella era bastante temperamental, por lo que Nico no se sorprendió de su comentario.

Creo que si fuera algo peligroso que debiéramos saber nos lo habría dicho, ¿no? Me gustaría conocer todos esos chismorreos también pero qué se le va a hacer —murmuró a sus compañeras con un atisbo de resignación en su voz.

Mientras Nicoxa hablaba con ellas, Alexis saltó de su glider a la vez que hizo desaparecer su armadura. Cuando asomó la cabeza del agua su pelo estaba completamente liso, tal y como había supuesto Nico. Pero lo más sorprendente era que su cuerpo parecía ser mitad cangrejo, lo que le daba una apariencia algo siniestra.

<<Así el pelo le queda bastante mejor, la hace más guapa.>> pensó Nico volviendo a centrar su atención en la melena de la niña, intentando no fijarse en sus espeluznantes patas.

Respiró profundamente, haciéndose finalmente a la idea de que al regresar a casa tendría que volver a lavarse el pelo y se sumergió de igual forma que hizo Alexis, deseosa por ver a la bella sirena en la que se convertiría en aquel mundo.

El hechizo había funcionado, puesto que podía respirar debajo del agua. Sin embargo no había adoptado la forma de una sirena: una extraña masa gelatinosa y blanda parecía haberse mezclado con partes de su torso perfecto. Extendió sus brazos para tocar esa cosa azul y violeta donde hace apenas unos instantes estaban sus piernas y comprobó que era como si tocara a una babosa.

Se había transformado en una especie de medusa.

Pero qué...

Los nervios atacaron a Nicoxa, que estaba bastante agobiada al no poder tocar algo sólido en su mitad inferior, y tuvieron que pasar unos minutos para que finalmente se acostumbrara a su nuevo cuerpo y lo asimilara, intentando verle un lado bueno.

Siendo positiva, no había salido tan mal parada como Alexis —que esas extremidades le daban un poco de repelús a Nicoxa—, de hecho era casi como si llevara un vestido brillante y fuera flotando cual fantasma. La verdad es que hasta le parecía que tenía mucha clase y le acabó gustando más su transformación que la que tenía pensada en un inicio.

Sigo estando radiante así ―dijo mientras se acariciaba el pelo.

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ImagenAlgo así para hacerse a la idea


Hola.

Su amiga Coli parecía haberse transformado en una especie de orca, lo cual le pareció bastante divertido a Nicoxa.

Por otro lado Saeko debía ser una especie de caimán, así que definitivamente se sentía la más afortunada con su transformación.

Fueron descendiendo poco a poco por el océano mientras se terminaban de acostumbrar a nadar de esa forma. Era una sensación maravillosa poder respirar bajo el agua y moverse en la dirección que quisiera, como si no existiera la gravedad. Poder ver a todos esos seres marinos que habitaban el mar y sentirse como uno de ellos... Gracias a esa experiencia estaba más agradecida que nunca de haberse unido a los aprendices de Bastión Hueco.

Pues no se está tan mal aquí, ¿verdad? ―preguntó Colibritany a Nico.

Esto es maravilloso tía, me encanta ―contestó con total sinceridad.

Quería dejarse caer tal y como estaba haciendo Alexis, pero con lo ligera que debía haberse vuelto Nicoxa ―o los kilos que le habrían añadido a la niña esas patas― decidió que era más rápida si se propulsaba directamente hacia abajo, ya que también sopesó la idea de agarrarse a la aleta de Coli y dejarse arrastrar por ella, pero no quería acomodarse tanto.

Cuando finalmente llegaron a la ciudad sumergida, Alexis les comentó algunas cosas a las que Nicoxa prestó atención a duras penas, ya que estaba observando a sus habitantes y lo que debían ser sus casas con la fascinación característica de ella.

Somos extranjeros... y raros. No nos concederán una audiencia con el rey fácilmente. Y entrar por la fuerza al palacio ayudaría aún menos a establecer relaciones amistosas con el reino ―Nicoxa acababa de descubrir el castillo, mientras abría la boca de par en par―. Aquí acaba mi papel. Esta es vuestra misión, así que haré lo que vosotras digáis. Poneos a pensar cómo conseguir una entrada a la corte… o buscad alguien que os dé ideas. Solo tened cuidado con lo que decís.

Asintió y se volvió para ver qué tenían que decir sus compañeras.

Hmm… separarnos será lo mejor, ya que este sitio es un poco bastante grande. Yo creo que iré dónde está ese cúmulo de gente escuchando a esos artistas y veré si puedo sacar algo útil. ¿Y vosotras? ―su amiga había sugerido un plan bastante lógico, así que se mostró de acuerdo. Miró por la zona y dió con una sirena que estaba acunando a un bebé.

Intentaré averiguar algo de lo guardias. Es nuestra mejor baza si queremos acceder al palacio —Saeko se dio la vuelta nada más empezar a nadar hacia el guardia para decir algo más—. Mucha suerte.

Yo iré a hablar con ella ―inclinó su cabeza hacia la sirena para que vieran a quién se refería―. Suerte chicas.

Nicoxa fue lentamente hacia la sirena mientras pensaba cómo podría sacarle información sin sonar como una loca o una pirada. Cuando llegó a su lado se sentó, intentando calmarse para sonar tranquila y sonrió mientras miraba al bebé.

Qué cosa mas guapa, ¿cuánto tiempo tiene? Una amiga mía tiene uno igual ―miró a la madre y, acto seguido volvió la cabeza al frente mientras se mordía el dedo dando a su voz un tono de tristeza y preocupación para conmover a la mujer―. La pobre... lo está pasando bastante mal para poder cuidar a su criatura, ya sabes, está sola y todo eso. Me gustaría muchísimo ayudarla, pero no tengo los medios ―miró entonces al castillo, como si se hubiera dado cuenta de casualidad― ¡Ah, claro! Podría pedirle ayuda al rey, seguro que si lograra hablar con él podría al menos concienciarlo de la situación de todas las sirenas que están en su lugar... ―esperaba que si la historia de la amiga inventada no había sido suficiente, la de la concienciación del rey sobre las madres primerizas si despertara el interés por colaborar de aquella mujer―. ¿Sabrías cómo podría tener una audiencia con él?

Nicoxa había creado aquella historia en un momento, para intentar convencer a una mujer cualquiera que igual ni había visto al rey en su vida, pero al menos tenía que intentarlo.
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v. Ficha de Nicoxa .v
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Nell » Vie Feb 13, 2015 1:59 am

Bastión Hueco


Las tres aprendizas se dividieron la tarea de recolectar información para abarcar más campo. Alexis, por otra parte, encogió las patas y se «sentó» a ¿tomar el sol?

Coli se acercó al grupo musical. No lo hacían nada mal y parecían divertirse muchísimo, bailando entre ellos y pasándose instrumentos diferentes para variar la melodía. El público les coreaba y se les unía, o bien les echaba unas moneditas en la caracola que iba pasando uno de ellos.

Por su tamaño, tuvo que ir haciendo hueco hasta lograr un sitio entre la gente para poder ver bien la función. Notó que se le pegaba una estrella de mar en la aleta, y que esta le susurraba: «Shh, disimula, haz como si yo no estuviera aquí». No respondió a ninguna de las preguntas que le pudiera hacer Coli, con la cara aplastada contra su piel. Eso sí, si quería, podía quitársela con agitar con fuerza.

Mierda, tío, mira ahí. ―Coli alcanzó a escuchar a unos peces del público que pasaban por su lado, y murmuraban entre ellos en lo que creían que era un tono bajo―. Una orca. Como se ponga a cantar, nos arruinará la música.

¡No seáis así! ¡Cualquiera puede participar ―les reprochó una sirena cercana.

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Toma, puedes utilizar esto.

La sirena, sonriente, le ofreció una flauta. Las aletas le daban poco margen de maniobra, pero el cuerpo que la magia había creado era mucho más moldeable que si fuera una orca tal cual. Podría tocarla, si quería. La muchacha que se la había regalado no parecía pertenecer al grupo, pero en cuanto se separó de Coli nadó hacia ellos y se integró en cuestión de segundos, con un triángulo por instrumento.

Los comentarios a su alrededor giraban en torno al talento de los músicos callejeros y a rememorar otros musicales a los que habían asistido. En particular, Coli podría escuchar quejas del último organizado por Sebastián, el compositor de la corte y mano derecha del Rey. El concierto habría sido perfecto… si la princesa, la protagonista, se hubiera presentado. En definitiva, el día había acabado por desastre, y la población tenía entendido que Tritón se había puesto desde entonces muy estricto con Ariel. Todo lo estricto que puede ser un padre enamorado de la menor de sus hijas, claro.

Algunos rumores apuntaban a que se celebraría uno nuevo pronto, pero los atlanticanos no se ponían de acuerdo en cuándo sería el próximo.

Por otro lado, Saeko prefirió dirigirse al guardia de la entrada, fingiendo ser una extranjera perdida. El tritón miraba sin disimulo el corrillo de músicos, con una sonrisa en los labios, muestra de que él también estaba disfrutando de que le hubiera tocado allí la guardia. Esperó hasta que la muchacha se acercó a él y, fruto de su buen humor, se dirigió a Saeko con amabilidad:

Pues… no, lo siento. Creo que no tenemos ningún registro público ―confesó―. Sin embargo, hay muchas sirenas interesadas en investigar a nuestros antepasados, e incluso han descubierto ruinas de una antigua Atlántica no lejos de aquí. Pero no se permite el acceso a nadie. ―Se dio cuenta de que no estaba solucionándole la duda y trató de rectificar―. Pregunta con libertad, hay muchos mitos y leyendas que tomamos por ciertas y que te podrían interesar. Y bueno, Harold, un chaval de por aquí, es un listillo que siempre está estudiando y quizá sepa algo más, aunque últimamente no le he visto la aleta.

»¿Y por qué no le preguntas a Sebastián? Es el consejero del Rey, te guiará mejor que yo. Ha salido hace poco, hacia el jardín de corales ―sonrió ―. Y, si vas a buscarlo, ¿podrías hacernos un favor? Dígale que el Rey ha mandado que regrese a verle. Es sobre su hija.

Le dio explicaciones para ir a la casa de Harold y al jardín de corales, dependiendo de a quién prefiriera preguntar Saeko sobre la historia. Los ojos se le iban hacia el espectáculo musical, y se le notaba que trataba de despacharla rápido para continuar viéndolo.

Harold es un tritón rubio y delgaducho. Sebastián es un cangrejo algo malhumorado ―le describió sin prestarle demasiada atención―. ¡No te comas a ninguno de los dos! ―se despidió alegremente.

Por último, Nicoxa había optado por acercarse a la mamá, que la observó en la distancia con los ojos brillantes.

¡Tía, tu cola es genial! ¿De dónde eres? ¡Nunca había visto nada así? ―le alabó.

Intentó alargar la mano para tocarla, pero se arrepintió enseguida por su semejanza con las medusas. Nicoxa le había preguntado por su propio bebé y la sirena, despistada, tardó en responder mientras miraba fascinada la «cola».

¡Uy, sí, pues tres mesecitos! Es el bebé más rico de Atlántica, diga lo que diga Acuata; y lo siento por el de tu amiga, no puede competirle ―aclaró en primer lugar, depositándolo en la pompa. El pequeño tritón agitaba sus manos para alcanzar el pelo de su madre o el de Nicoxa, mientras hacía burbujas con la boca―. ¡Buena idea! Al fin y al cabo, la reina murió cuando todas las princesas eran muy pequeñas. Si le cuentas la historia, se sentirá conmovido y os ayudará. Aunque, entre tú y yo ―Juntó las cabezas, como si fueran íntimas―, da igual que las criara él solo, ¿no crees? Es el rey. No les habrá faltado de nada ―Se separó de Nicoxa, ignorando los intentos del niño por atraer su atención―. Si quieres una audiencia con él, lo mejor es que se la pidas a Sebastián.

»Es el que le organiza las cosas al Rey o algo así, no sé. No es que suela salir mucho de palacio, pero ha empezado a juntarse con la pequeña de las princesas y esa sí que es un torbellino, todo el día de aquí para allá. La he visto hace poco dirigirse al jardín de corales, así que Sebastián no andará muy lejos ―le explicó, indicándole acto seguido cómo llegar.

Finalmente, accedió a los deseos del bebé y lo tomó de nuevo en brazos, soportando los tirones de pelo.

¿Quieres cogerle? Es un encanto. ¿Verdad que sí? «¡Pues claro que sí, mami!». ―Se montó su propio monólogo, ofreciéndole el bebé a Nicoxa―. Oye, que si consigues ver al Rey y eso, háblale bien de mí. Soy su leal súbdita Pangea, contribuyo a que haya más niños nadando por Atlántica y me gustaría que hubiera más parques para los pequeños. ―Le guiñó el ojo, convencida de que su nueva amiga le haría el favor.


Tierra de Partida


El cuerpo de renacuajo de Bavol no podía ser más desafortunado. Enseguida se dio cuenta de que respirar con sus nuevas branquias le dañaba y que no podía retener el agua que ahora necesitaba. Cada vez más y más aspiraba con dificultad y no lograba más que introducir demasiada sal en el organismo que se había fabricado. Sin embargo, no le hizo ninguna falta cambiar de animal: al cabo de unos segundos, el dolor se mitigó y la magia hizo lo demás para adaptarle al medio. ¡Menudo invento!

Ignorando la súplica de los peces atrapados, fue directo a hablar con Harold. Maya y River, por otro lado, no habían entrado aún al agua debido a que estaban teniendo dificultades al transformarse.

Cuando el tritón vio al renacuajo, dio un respingo y trató de ocultarse como el cobardica que era detrás del ancla. Sin embargo, se ajustó las gafas y se le abrieron mucho los ojos al observar qué traía consigo.

¡E-Es co-como la imagen que en-enseñó la bruja! ―Se despegó del ancla para acercarse a Bavol, mirando maravillado lo que le llevaba―. ¡Un lirio de agua dulce! ¿Có-cómo sabías que lo ne-necesitaba? ―Preguntó, cogiéndola del niño, sin mostrarse reticente o desconfiado en absoluto.

¡Cáspita! ¡Harold, ahora podremos ir a jugar! ―propuso el delfín, acercándose a Bavol para ver la esfera. El renacuajo notaría la boca

¡No! Tengo que… ―Puso un rostro de derrota total y se llevó las manos a la cara, para tapársela―. ¡Agh, no! ¡Esto no so-soluciona nada! ¡Lo compli-plicado sigue siendo compli-plicado!

Ay, ¡siempre lamentándote! Tienes que saber disfrutar más de la vida. ¡Juguemos! ―le reprochó su amigo, mientras se volvía hacia Bavol―. Yo soy Squirt. Él es Harold. ¿Y tú…?

»Y ahora, seamos sinceros los unos con los otros. Confesemos. ¿Quién ha estado últimamente haciendo tratos con exiliadas famosas por su crueldad? No seáis tímidos, levantad la mano.

Y Harold, que había empezado a morderse las uñas, le siguió vergonzosamente el juego y la levantó. Acto seguido, intentó excusarse.

No tuve más re-remedio ―se justificó, implorando a Bavol con la mirada para que perdonara su crimen―. Los humanos secuestraron a Vivian. Ella era la única que podía proporcionarme la fuerza suficiente para rescatarla. Pero… he tardado demasiado en encontrarla y se me agota el tiempo que me dio la bruja ―Cuanto más hablaba, menos tartamudeaba. Quizá porque se iba haciendo más a la idea de su cruda situación―. Incluso con el lirio, na-nada ha cambiado. Si subo a salvarla, puede que me quede sin tiempo y la bruja me castigue de manera horrible por haber incumplido mi parte del trato. Y si voy a llevarle el lirio, perderé de nuevo el barco y quizá no logre hallarla nunca más. ¡Qué desastre!

¿Nadie más? ¡No pidáis que yo levante la mano, porque no tengo! ―respondió el delfín de fondo, que volvía a dar vueltas alrededor de ambos, en sus propia conversación.

¿Qué… Qué crees que debería hacer? ¿Subir o bajar?

Las siguientes palabras de Bavol serían claves. El tritón le pedía expresamente su opinión porque era demasiado inseguro para tomar la iniciativa por sí mismo. Ahora bien, ¿qué camino lo salvaría? Yami ya les había advertido y suplicado que no le dejaran caer en la oscuridad. ¿Qué era lo correcto?

Por otro lado, a la espalda de Harold, Bavol vería que alguien acababa de entrar en el agua. No obstante, no era ninguno de sus compañeros. Probablemente no le conociese, pero sí le habría visto varias veces por los pasillos de Tierra de Partida (a juzgar por su cara, puesto que se había transformado). Decían de él, lo poco que se comentaba, que llevaba allí de aprendiz más que ninguno, y que su fuerza era comparable a la de un gatito callejero.

Como si fuera un personaje de relleno.

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¿En qué momento se le ocurrió no rechazar explícitamente la oferta de Yami a qué alguien «experimentado» le acompañara?

Pero qué puta mierda, esto sigue apestando a pescado ―empezó a quejarse prácticamente chillando—. ¿HOLAA? ¿HAY ALGUIEN EN ESTE MARUCHO? ¡Estoy buscando a un tal Banco!

Enseguida le atisbó (no era muy difícil, solo estaban ellos tres a unos metros en la redonda) y aleteó para acercarse. Ya podía armarse de paciencia.


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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Tidus Cloud » Dom Feb 15, 2015 2:37 am

Pese a las molestias iniciales que le dificultaban la respiración dentro del agua mientras la magia terminaba de hacer su efecto, Bavol logró llegar hasta el tritón y el delfín.

Aunque en un principio el tritón se escondió asustado tras el ancla, pareció que estaba gratamente sorprendido cuando se fijó más detenidamente en la flor que portaba entre sus manos el pequeño renacuajo.

¡E-Es co-como la imagen que en-enseñó la bruja! ¡Un lirio de agua dulce! ¿Có-cómo sabías que lo ne-necesitaba?

Bavol no tuvo ningún problema en dejarle al tritón que cogiera él mismo el orbe, al fin y al cabo había venido expresamente para entregárselo. En circunstancias normales aquella pregunta habría sido bastante delicada, ya que supuestamente debía guardar el secreto de las Llaves Espadas; sin embargo, aquello no era una misión normal y corriente. Estaba convencido de que podría ser algo más sincero de lo que era habitualmente.

Ah, pues me lo dijo mi Maestra. Ella sabía que necesitabas esto, quería evitar que cayeras en la oscuridad por culpa de un trato injusto que habías hecho con un pulpo.

Debía reconocer que incluso a él le hubiera inquietado que un desconocido supiera tanta información sobre él; no obstante, su objetivo era salvarle la vida y además, Yami le había indicado que se les agotaba el tiempo, así que no podía andarse con demasiados rodeos.

¡Cáspita! ¡Harold, ahora podremos ir a jugar!

Hmm, jugar, me gusta cómo suena eso ―afirmó mientras ascendía un poco verticalmente para guardar algo de distancia entre él y el delfín.

¡No! Tengo que… ―El tritón se llevó las manos a la cara, parecía que estaba realmente preocupado por algo.

¿Estás bien? ―preguntó para ver si podía ayudarlo.

¡Agh, no! ¡Esto no so-soluciona nada! ¡Lo compli-plicado sigue siendo compli-plicado!

Ay, ¡siempre lamentándote! Tienes que saber disfrutar más de la vida. ¡Juguemos! Yo soy Squirt. Él es Harold. ¿Y tú…?

Bavol, un placer~ ―Esbozó una sonrisa al presentarse.

»Y ahora, seamos sinceros los unos con los otros. Confesemos. ¿Quién ha estado últimamente haciendo tratos con exiliadas famosas por su crueldad? No seáis tímidos, levantad la mano.

Hmm, no conozco a ninguna exiliada famosa por su crueldad ―Sin embargo, se percató entonces de que Harold sí había levantado la mano, lo cual hizo que Bavol diera un pequeño respingo―. ¡¿Tú sí?! Muy mal, Harold, no hay que hacer tratos con esas personas. Su mismo nombre lo dice, son malas personas.

No tuve más re-remedio. Los humanos secuestraron a Vivian. Ella era la única que podía proporcionarme la fuerza suficiente para rescatarla. Pero… he tardado demasiado en encontrarla y se me agota el tiempo que me dio la bruja. Incluso con el lirio, na-nada ha cambiado. Si subo a salvarla, puede que me quede sin tiempo y la bruja me castigue de manera horrible por haber incumplido mi parte del trato. Y si voy a llevarle el lirio, perderé de nuevo el barco y quizá no logre hallarla nunca más. ¡Qué desastre!

¿Nadie más? ¡No pidáis que yo levante la mano, porque no tengo!

¿Qué… Qué crees que debería hacer? ¿Subir o bajar?

El renacuajo se cruzó de brazos mientras meditaba cuál sería la mejor opción. Era una situación bastante comprometida, ya que el tritón estaba poniendo su destino en sus manos. La Maestra Yami confiaba en que pudieran ayudarle, así que tenía que pensárselo bien.

Harold quería subir para rescatar a una tal Vivian, pero también tenía que entregar ese lirio para terminar con el trato. Ahora entendía a qué se refería la Maestra cuando decía que el tritón intentaría obtenerlo todo y podría quedarse sin nada. La solución era fácil entonces, sólo tenían que dividirse: Bavol iría a un lugar y Harold al otro.

Sólo tenía que decidir a dónde iba a ir a cada uno. Yami le había indicado que tenía que evitar que fuera por el camino incorrecto y ya había sido engañado con un trato injusto, así que no parecía buena idea de que Harold fuera a finiquitar las negociaciones con aquel pulpo. Si iba él, sería posible que la bruja le volviese a liar y todo seguiría igual.

Hagamos esto: tú subes y yo bajo ―contestó Bavol―. Yo me encargaré de darle este lirio a la bruja y tú mientras te encargarás de rescatar a tu amiga. ¿Te parece bien?

» ¿Te vendrías conmigo, Squirt? Después de darle la flor a la bruja podríamos ir a jugar.

Cabía la posibilidad de que Harold le explicara que era absolutamente necesario que fuera él mismo en persona a hacer el pago, en tal caso el renacuajo le ofrecería justo lo contrario: Bavol rescataría a Vivian, mientras él visitaba al pulpo. Sin embargo, el pequeño insistiría todo lo posible en que él era el más adecuado para acabar con aquel trato. No obstante, antes de marcharse a donde fuera, quería saber más sobre aquella situación.

Mmm, pero cuéntame más detalles. ¿Quién es esa Vivian y qué le ha pasado? Y además, ¿qué trato has hecho exactamente? Si no me lo explicas todo bien, no te puedo ayudar.

Mientras esperaba que Harold le contestara a sus preguntas, se percató de que una enorme figura se acercaba hacia lo lejos. Era gordo, muy gordo, y lo peor era el careto que tenía aquel bichejo… Le resultaba familiar.

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Pero qué puta mierda, esto sigue apestando a pescado. ¿HOLAA? ¿HAY ALGUIEN EN ESTE MARUCHO? ¡Estoy buscando a un tal Banco!

Era Derhe, estaba casi seguro de ello. No había hablando nunca con él, al fin y al cabo quién iba a querer hablar con alguien así; sin embargo, aquel Aprendiz vago y glotón era conocido en todo el castillo de Tierra de Partida. No por cosas buenas precisamente.

¿Ése era el Aprendiz que Yami les había enviado para ayudarles? ¡Para mandarles a ése mejor no mandaba a nadie! Seguro que si se involucraba en el encargo lo acababa estropeando de alguna manera. Lo mejor sería hacerse el loco para que no se entrometiera.

Oh, hola —saludó intentando disimular que le conocía—. Lo siento, pero ninguno de nosotros es ese tal Banco.

» Aunque ahora que lo dices, creo que por aquí cerca hay dos muchachas y una de ellas se llamaba así. Será mejor que le preguntes a ellas, suerte~

Deseó con todas sus fuerzas que Derhe fuera lo suficientemente tonto como para tragarse aquella historia, así al menos les dejaría en paz un ratito o les daría la lata a sus otras compañeras. Una vez el gordinflón decidiera lo que fuera, Bavol le pediría a Harold alguna indicación más que necesitara para cumplir con el objetivo, fuese cual fuese en el que hubieran quedado finalmente.

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Lo dejo aquí aún más claro:

- Si no hay ningún problema en ello, Bavol se encarga de llevar el lirio y Harold subirá al barco.

- Si tiene que ser expresamente Harold el que devuelva el lirio, Bavol será el que suba al barco.
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Re: [Atlántica] Bajo el mar

Notapor Sito » Mar Feb 17, 2015 3:46 pm

Aquella sirena parecía mucho mas efusiva de lo que Nicoxa creyó a primera vista, lo que agradó a la aprendiza.

¡Tía, tu cola es genial! ¿De dónde eres? ¡Nunca había visto nada así? ―alabó a Nicoxa, que se ruborizó un poco pese a que estaba acostumbrada.

¡Gracias! Y bueno, para empezar me llamo Nico ―intentó ganar tiempo de alguna forma―. Soy... de lejos ―se rascó la cabeza cuando dijo eso, seguramente no había sonado muy bien. No debían revelar que eran de otros mundos, así que le soltó algo típico para salir al paso―. El océano es muy grande, ¿no crees?

La madre hizo el amago de tocar la suave cola de Nico, pero finalmente optó por no hacerlo por su similitud con las de las medusas. Se preguntó si cuando se transformaban en un animal venenoso también heredaban esa capacidad o si sólo adquirían la forma y ya.

La sirena, aunque seguía sin quitarle el ojo a la mitad inferior de Nicoxa finalmente respondió a sus preguntas.

¡Uy, sí, pues tres mesecitos! Es el bebé más rico de Atlántica, diga lo que diga Acuata; y lo siento por el de tu amiga, no puede competirle ―contestó para empezar. No sabía quién era esa tal Acuata pero le gustaba la forma de ser de aquella mujer. Observó al bebé, que intentaba agarrarse al pelo de alguna de las dos. Nico se habría horrorizado por aquello si lo hubiera intentado hacer en otro mundo, pero en Atlántica como ya tenía la melena en estado salvaje le habría importado algo menos. Le hizo cosquillas para compensarle por el pasotismo que había tenido la madre hacia él desde que Nico había llegado―. ¡Buena idea! Al fin y al cabo, la reina murió cuando todas las princesas eran muy pequeñas. Si le cuentas la historia, se sentirá conmovido y os ayudará. Aunque, entre tú y yo ―Se acercó mucho a ella, como para contarle un secreto―, da igual que las criara él solo, ¿no crees? Es el rey. No les habrá faltado de nada ―aunque eso era probablemente cierto, Nicoxa se quedó con la parte de que el rey se sentiría conmovido y las ayudaría―. Si quieres una audiencia con él, lo mejor es que se la pidas a Sebastián.

»Es el que le organiza las cosas al Rey o algo así, no sé. No es que suela salir mucho de palacio, pero ha empezado a juntarse con la pequeña de las princesas y esa sí que es un torbellino, todo el día de aquí para allá. La he visto hace poco dirigirse al jardín de corales, así que Sebastián no andará muy lejos ―supuso la mujer. La princesa y Sebastián... cualquiera de los dos estaba relacionado con el palacio, así que era muy buena idea empezar por ahí. No hizo falta que Nico le preguntara cómo llegar hasta allí porque ella se lo indicó amablemente.

El bebé por fin recibió la atención que pedía desde hace un rato, y agarró con fuerza el pelo de la madre. Se compadeció de ella.

¿Quieres cogerle? Es un encanto. ¿Verdad que sí? «¡Pues claro que sí, mami!». ―Se había respondido ella misma, era todo tan absurdo que Nicoxa se sentía como en casa y comenzó a reírse. La sirena le ofreció el bebé; por lo visto hablaba en serio. Nico quería negarse, pero tampoco quería parecerle maleducada después de lo bien que le había caído, así que aceptó.

A ver qué haces eh ―le miró con los ojos entrecerrados mientras le sostenía―. No me vayas a tirar del pelo por lo que más quieras ―dijo mitad en broma mitad en serio. Meció al bebé con sus brazos quizás más rápido de lo que debería: ella no estaba acostumbrada a esas cosas.

Oye, que si consigues ver al Rey y eso, háblale bien de mí. Soy su leal súbdita Pangea, contribuyo a que haya más niños nadando por Atlántica y me gustaría que hubiera más parques para los pequeños. ―le guiñó el ojo, definitivamente esa mujer se había ganado su aprecio.

Dalo por hecho ―le contestó a la vez que le devolvía cuidadosamente al niño―. Muchas gracias por la ayuda, tía ―se despidió de ella.

Se reunió con Alexis intentando, de nuevo, no mirar demasiado esas patas y esperó a que Colibritany y Saeko volvieran también para poner en común lo que habían averiguado.

¿Qué tal os ha ido? ―preguntó, curiosa de si también habían tenido suerte― Aquella sirena me ha contado que podríamos pedirle audiencia a un tal Sebastián. Por lo visto es alguien importante en palacio, y además es posible que vaya acompañado de la princesa ―se sentía orgullosa de haber recopilado tanta información tan rápido―. Es bastante posible que sigan en el jardín de coral, ¡y me ha dicho cómo llegar hasta allí! ¿Qué queréis hacer vosotras? Yo por mi echaría un vistazo, no tenemos nada que perder.

Aún no sabía lo que opinaban las demás ni lo que habían descubierto, pero Nicoxa estaba convencida de que ese jardín era el mejor lugar para continuar su misión.
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v. Ficha de Nicoxa .v
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