[Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Trama de Alec, Simbad y Nicoxa + Ban

Aquí es donde verdaderamente vas a trazar el rumbo de tus acciones, donde vas a determinar tu destino, donde va a escribirse tu historia

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro

[Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor Tanis » Mar Dic 29, 2015 2:32 pm

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Nombre: Donde duermen los gigantes

Mundo: Tierras del Reino

Introducción: Desde la fallida presentación del príncipe Simba, varios puntos de la sabana se han visto afectados por una plaga de sincorazón nunca antes vista. Mufasa y sus leonas hacen lo que pueden para mantener a la oscuridad a raya, pero no es suficiente. Los sincorazón son particularmente numerosos en el cementerio de elefantes, donde se concentran de forma extraña. Nadie sabe por qué, son muy pocos los que se atreven a entrar para investigarlo.

En su precaria paz tras los eventos del Castillo del Olvido, Bastión Hueco y Tierra de Partida han decidido colaborar juntos y enviado a algunos aprendices a la zona. Objetivo: Rebajar el número de sincorazón del cementerio lo máximo posible, averiguar qué es lo que los atrae tanto y, de alguna forma, impedir que se perpetúe la situación en el futuro.

NPC’s:
•Simba
•Nala
•Zazú
•Scar
•Las tres hienas: Banzai, Shenzi y Ed.
•???
•???
•???

Requisitos: -

Fecha de inicio: Por determinar.

Notas:

-Ambos bandos pueden participar.
-Se aceptan mascotas animales comunes, pero no aseguro que nadie no intente comérselas.
-Recomiendo leer antes la trama: El nacimiento de un príncipe.
-Utilizaré las fichas de los jugadores desde el principio así que aconsejo prepararlas antes de su inicio.

Apuntados:

Participante 1: Alec
Participante 2: Simbad
Participante 3: Nicoxa
Participante 4:

Extra 1: Tristán/Ban


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¿Tu padre no te ha enseñado la frontera norte?

Pues no, dice que no puedo ir allí, no sé por qué.

Scar contempló a su sobrino, Simba (que, demonios, había crecido mucho en muy poco tiempo), al tiempo que ideaba un plan a toda velocidad. Realmente no creía que Mufasa hubiese sido tan tonto de ocultar a su hijo las razones del veto a aquella zona. Simba no era tonto, pero su fuerte no era pensar. Se sonrió para sí mismo y se medio irguió, aun tumbado.

Tiene motivos para no dejarte ir, es muy peligroso... Sólo los valientes se atreven a ir.

Scar lanzó el cebo de forma tan poco sutil que hasta pensó en que el cachorro podía darse cuenta. Sin embargo no fue así y obtuvo la reacción que esperaba y quería. Simba se levantó casi de un brinco y se acercó a Scar.

Yo soy valiente, ¿qué hay allí?

Scar volvió a sonreírse de forma mental y pensó en la multitud de sincorazón que aparecían en la zona tenebrosa.

Lo siento, Simba, no puedo decírtelo.

¿Por qué no?

Simba, Simba, tengo que velar por la seguridad de mi sobrino preferido.

En un deje de actuación maravillosa, Scar acarició el pelaje y la cabeza de Simba con una pata, sin por supuesto arañarle con ninguna garra. Simba resopló y trató de quitarse la zarpa de su tío de encima.

Pero si soy tu único sobrino —protestó el cachorro.

Scar asintió, como si ese fuera el punto exacto de la conversación. Ni siquiera lo pensó más de dos segundos, ejecutó la última maniobra.

Razón de más para que te proteja, un cementerio de elefantes no es lugar para un joven príncipe. —Y como si se le hubiera escapado, se llevó una pata al hocico y ahogó un resoplido—. Ups.

¿Un cementerio de qué? —Simba no perdió oportunidad de cazar las palabras al vuelo y miró a Scar con terrible emoción y curiosidad.

Cielos, se me escapó... —Scar suspiró de forma totalmente fingida y miró a su sobrino de reojo antes de atraerlo contra sí mismo con una pata—. Supongo que te habrías terminando enterando, eres tan inteligente, Simba... Pero prométeme que nunca, nunca, irás a ese terrible lugar.

Simba miró a Scar como si se pensara de verdad prometerlo algo así o no. Scar esperó pacientemente a que su sobrino le mintiera de forma descarada. Sonrió cuando el cachorro dijo:

Te lo prometo.

Así me gusta...

Así me gusta


* * *


Un portal, más bien un agujero irregular, se abrió en el aire a cierta distancia del suelo sobre el cementerio de elefantes. Una sombra informe cayó a plomo desde él y aterrizó en el suelo, en donde rápidamente se deslizó para ocultarse entre las entrañas de las rocas y los huesos de los animales muertos. Un rugido tronó en el silencio denso y oscuro del cementerio y una voz sonó a través del portal.

El gigante está ahí, encuéntralo y tráelo.

El portal se cerró. La sombra se infló y encogió como una nube y volvió a moverse entre los esqueletos. Tenía que encontrar un anfitrión.

Simbad, Nicoxa y Ban




El portal de luz de la maestra Nanashi les había dejado justo en el límite exterior del cementerio de elefantes, desde el cual se podía apreciar muy bien el contraste entre la tierra yerma de la zona y la que quedaba atrás, la pradera más rica y soleada de la sabana. El paisaje era realmente desolador, silencioso y deprimente, un auténtico cementerio.

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Al contrario que la última vez que un portador pisó el mundo, en esta ocasión era Bastión Hueco quien conformaba la expedición, ya que el grupo estaba compuesto únicamente por miembros de dicha facción. No obstante, gracias a la paz tras la Batalla del Olvido, se contaba con el apoyo de Tierra de Partida si lo necesitaban, además de tener la seguridad de que nadie entorpecería la tarea.

La misión es sencilla, pero algo peligrosa. Os transportaré hasta el mundo Tierras del Reino con un portal. Después de lo que pasó la última vez, ha aumentado el número de sincorazón. Simbad está al cargo, puede poneros al día cuando lleguéis.

La cuestión es que ni siquiera nuestros informadores saben si Scar está detrás de esto o no, o si es alguien más, así que necesitamos que averigüéis qué está pasando y realicéis una purga lo más rápido posible, antes de que las cosas se compliquen. Recordad que os transformareis en un animal nada más piséis el mundo.

No dudéis en huir si peligra vuestra vida. Tened cuidado.


Esas habían sido las palabras de Nanashi, en resumidas cuentas, antes de hacerlos partir, con ciertas prisas que no eran muy normales en la maestra. Allí estaban entonces, en Tierras del Reino, junto a la frontera de un lugar que se había convertido en un cúmulo de sincorazón...

… los cuales no tardaron en dejarse ver, deslizándose y apareciendo y desapareciendo a la vista, como si buscaran algo. Sin embargo no fue lo único que vieron, no oyeron.

¡Corre, corre!

¡Espérame, Simba!

A cierta distancia, entre los grandes cráneos de los elefantes, dos puntitos de color dorado y canela, que parecían ser cachorros de león, corrían tratando de huir de un sincorazón sombra, que los alcanzaría de un momento a otro.

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A Simbad le resultaría familiar ese tipo de sombra sincorazón, por supuesto. Acababan de llegar, pero sin tener demasiado tiempo para un respiro. Y tenían que actuar y pensar rápido, si querían que esos animales no se convirtieran pronto en dos sincorazones más que engrosarían la cantidad que campaba por el cementerio.

Alec




¿Qué le había llevado a recalar en aquel mundo? Solo, únicamente acompañado de Ilana, Alec se encontraba cerca de un enorme y lúgubre cementerio de elefantes, en el cual había tenido la desgracia de avistar demasiados sincorazón para su gusto. Si alguna de las órdenes se estaba encargando de aquel sitio él no tenía modo de saberlo. Lo unico que sabía era que se había instaurado una tensa paz tras la Batalla del Olvido, y nada más. por fortuna, ninguna sombra le había sentido o avistado, quizá gracias a su forma animal.

Pero no estaba solo en el fondo, por suerte o por desgracia. Más allá de las grandes calaveras, un punto azul parecido a un pájaro, aleteaba desesperado por huir de un sincorazón.

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Los gritos podían oírse claramente en el silencio pesado del cementerio, sin duda alguna.

¡Oh, cielos, oh cielos!

¿Qué iba a hacer Alec, ayudarle, o sencillamente mantenerse a un lado?

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Fecha límite: 10 de enero


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¡Bienvenidos a la trama Donde duermen los gigantes! Recordad que los que no hayan estado nunca antes en el mundo deberán escoger una forma animal en su primer post. Puede ser cualquiera, aunque obviamente influirá en el trato que otros animales os dispensen. Espero que os divirtáis a lo largo de la trama, y por supuesto, recordad que podeis hacer el primer post narrando mucho más desde antes de la llegada, sin atenerse sólo a lo que yo he escrito.

Para cualquier duda podeis mandarme un mp.

¡Buena suerte!

PD: Os dejo tanto límite porque estamos en fiestas y sé que tiempo para escribir precisamente no habrá, pero más allá del día 10 no contaré los post que se publiquen. Cogeré vuestras fichas a partir de esta ronda, así que es vuestra última oportunidad de actualizarlas
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor xXOrbOOkXx » Sab Ene 09, 2016 9:36 pm

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La misma luz que me rodeó la última y primera vez que estuve en aquel mundo, volvió con más intensidad que nunca cuando me transformé en mi animal correspondiente: un guepardo, un tanto más oscuro que los que por allí pululaban. Al instante saboreé con satisfacción las ventajas de aquel cuerpo felino al igual que había saboreado el desayuno.

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Nanashi nos dejó en el borde de las Tierras del Reino, literalmente. Hacia nuestras espaldas, se extendía la pradera más rica y fértil que jamás podría haber visto, mientras que al otro lado el paisaje era desolador. Se trataba de una extensa tierra yerma y húmeda, decorada con todo tipo de huesos de animales enormes, junto con una amalgama de Sincorazón, como sombras acechantes. Reprimí un estremecimiento.

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La Maestra nos había informado de la avalancha de Sincorazón que habían aparecido de la nada, aunque una cosa sí estaba clara: alguien los estaba controlando. Por experiencia, sabía que Scar tenía todas las papeletas para ser el culpable. Todas. Pero eso no quitaba que cualquier otro animal estuviera haciendo de las suyas, por lo tanto no podíamos fijarnos en un solo objetivo, sería como taparnos los ojos y no ver el resto de posibilidades.

Miré con atención a mi equipo: un chaval peliblanco de ojos dorados, quizá no mucho más mayor que el propio Bavol, pero con una mirada que decían haber visto más cosas de las que nadie de mi edad había visto; y una muchacha delgada con el pelo azul recogido en una cola de caballo. Sin embargo, al instante sus cuerpos se transformaron en animales antes de que pudiera seguir la inspección.

Suspiré hondamente. No me gustaba ir con gente a mi cargo, era un peso que no sabía cargar como líder. Y algunos aprendices eran impertinentes, no obedecían y se iban de copas a la mínima oportunidad, como sucedió con Adam, una misión que resultó ser un desastre. Comprendí que si no quería que les sucediese nada malo, tendría que ponerme firme, por mucho que odiara dar órdenes.

Bien, os pondré al tanto. Escuchadme, porque esta información es importante —comencé interrumpiendo cualquier coloquio que podrían estar haciendo—. El territorio a vuestras espaldas está regido por una familia de leones, así que si os topáis con alguno tratadlo con cortesía o lo más probable es que muráis de un zarpazo. El rey supremo es un león pelirrojo, de fuerte carácter, llamado Mufasa, probablemente si damos con él, daremos con la información que buscamos. Por otra parte, la última vez que estuve aquí había tenido un cachorro llamado Simba con una leona llamada Sarafina, si mal no recuerdo. —Hice una corta pausa para que asimilaran la información—. Recordad, si os ven utilizando magia o la Llave Espada, hay una excusa que suele colar: decid que son artes de combate que nuestros antepasados, que se nos han transmitido de generación en generación que mantenemos en secreto. Aunque intentad no utilizarla en frente de dichos animales.

Sonreí ante la astucia que recordé de mi anterior compañera, una maniobra que nos salvó de varias preguntas incómodas. Me levanté en mi posición cuadrúpeda y escruté con mirada severa a los Aprendices a mi cargo, pero sin parecer amenazante, balanceando la cola suavemente.

>>Ahora es cuando viene la parte peligrosa —advertí—. Mufasa tiene un hermano llamado Scar, de melena negra, ojos verdes y con una cicatriz. Averiguamos que podía controlar a los Sincorazón, y lo utlizó contra nosotros y el Rey. Ya sabéis, el típico hermano que quiere hacerse con el poder, además tenía una seguidora cuyo nombre responde al de Zira, que se exilió más allá de las tierras del reino. No estamos seguros de que haya sido él esta vez, pero yo apunto a que sí. De todas formas estar atentos, sed cautos y no os fiéis de nadie. Podéis llamarme Simbad.

De repente, observé una perturbación a pocos pasos de nosotros, seguidos de dos grititos más que característicos, que hicieron que se me erizaran todos los pelos del lomo y en pocos segundos me pusiera en alerta. Dos puntitos, naranja y canela destacaban entre dos cráneos, perseguidos por un Sincorazón.

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¡Corre, corre!

¡Espérame, Simba!

¿Simba, había dicho Simba? ¿Cómo era posible? La última vez solo era un cachorro. Me dirigí a los aprendices rápidamente, pero sin denotar pánico, miedo o tensión. Solo neutralidad por encima de todo y tono firme y calmado. Tenía suerte por tener la voz grave, y no solo para cantar, sino para que me escucharan perfectamente.

Hay que ponerse en movimiento, es el hijo del Rey. —Dirigí una mirada hacia la muchacha—. Adelántate y protégelos de cualquier otro ataque, intenta ponerles a salvo también. Nosotros dos: destruimos el Sincorazón y les alcanzamos de nuevo cagando leches antes de que la zona se aglomere con más monstruos, ¿entendido? No tendremos otra oportunidad como esta para saber qué está pasando aquí, y si nos ganamos el favor Real, mejor.

Sin más demora, comencé a correr hacia el Sincorazón, saltando y esquivando huesos si hacía falta, con el Aprendiz o sin él. En cuanto me acercara un poco, le cortaría el paso, dividiendo el espacio que separaba los leones del Sincorazón. Invoqué mi Llave Espada, y en cuanto se abalanzara sobre mí o sobre el Aprendiz (si me había seguido) le daría un golpe con el arma repetidas veces, dejándole espacio al muchacho por si también quería darle una buena paliza. Intentaría también esquivar sus ataques en la batalla, no era momento para desangrarme nada más empezar.

Si se daba el caso de que destruíamos el Sincorazón, (y el Aprendiz me seguía), desmaterializaría mi Llave y le haría un gesto hacia la dirección que habían tomado la otra Aprendiz (si me había obedecido) y los cachorros, con la intención de alcanzarlos de nuevo; pero manteniéndome a una distancia bastante prudencial si lograba avistar a los pequeños. Tampoco era cuestión de atraer los Sincorazón hacia ellos con el poder de la Llave.

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Bueno, pues empezamos la trama con fuerza. La verdad es que la última vez me lo pasé muy muy bien con el desarrollo de la misma, y espero pasármelo genial con esta ^.^

PD: Cachete a Simbad por la chapa de antes.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


Proyectos:



UseBars:

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Rol:

Ficha

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Tercera Saga:

Prólogo de Simbad
"Bastión Hueco" Choque de culturas (Encuentro)
"Bastión Hueco" Novatos bajo la lluvia (Primer encuentro - Saga Novatos)
"Tierras del Reino" El nacimiento de un príncipe (Trama)
"Islas del Destino" ¡Buscad a mi perro! (Misión)
"Castillo de Bestia" Solos entre lobos (Primer encuentro - Saga Délaissé)
"La Cité des Cloches" Los miserables (Encuentro)
"Villa Crepúsculo" Una visita guiada (Encuentro)
"Selva Profunda" Día de monos (Encuentro)
"Port Royal" Los muertos no cuentan cuentos (Trama)
"Tierra de Dragones" Linda Flor (Misión)
"Bastión Hueco" Novatos bajo el amanecer (Segundo encuentro - Saga Novatos)
"Ciudad de Paso" Lo que vale la pena (Encuentro)
"Ciudad de Paso" The Game Never Ends (Trama)
"Torre de los Misterios" Orden en la Biblioteca (Misión)
"Evento Global" El esclavo del olvido
"Evento Global" Ruta de los perdidos

Evento Halloween 2014
"Especial libre" El laberinto de los corazones
"Especial libre" San Valentín III
"Islas del Destino" Yincana veraniega
"Evento libre" La Mansión Encantada II: La Venganza

Cuarta Saga:


"Ciudad Inexistente" Dos velas para el diablo (Encuentro)
"Port Royal" De copas con la muerte (Encuentro)
"Bastión Hueco" De magdalenas y vicios franceses (Encuentro)
"La Cité des Cloches" Insomnia (Primer encuentro - Saga La Musique du Silence)
"La Cité des Cloches" Somnia (Segundo encuentro - Saga La musique du Silence)
-"Port Royal" El barco que desaparece en la niebla (Misión)
"Tierras del Reino" Donde duermen los gigantes (Trama)
"País de los Mosqueteros" Todos Para Uno (Trama)
"Ciudad de Paso" Un nuevo Crepúsculo (Trama)
"Ciudad de Halloween" El ataque de Boogieman (Trama)
"La Cité des Clochés" Fuego Infernal (Trama)
"Espacio Profundo" Planta 313 (Encuentro)
"Mundo Inexistente" Pasajes Oscuros (Trama)
"Tierra de Partida" Penúltima Parada (Encuentro)
"Evento Global" El principio del fin
"Atlántica" Perdona pero quiero casarme contigo (Encuentro)

"Especial libre" El laberinto de los corazones II: Escape
"Especial libre" World War Christmas
"Especial libre" El San Valentín está aquí
"Especial libre" ¡Exámenes finales
"Especial libre" La inocencia perdida
"Especial libre" Misión: Salvar la Navidad

Timeskip (Finales 1013-1017)

"Tierra de Partida" Examen de Maestría (30 Diciembre 1013)
"Jardines de Tierra de Partida" Doomsnight (Libre) (31 Diciembre 2013)
"País de las Maravillas" El último regalo (Minitrama) (Julio 1014)
"Jardines de Tierra de Partida" El Regreso (Libre) (Finales de Marzo de 1017)

Saga final:

"La Cité des Clochés" Santuario (Trama)
"La Cité des Clochés" La última noche en París (Libre)
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor LightHelco » Dom Ene 10, 2016 6:41 pm

Desactivé la armadura que me permitía viajar entre mundos dolorido. A mi cuerpo le costaba responder a mis órdenes y me sentía más raro que de costumbre.

Malditos Sincorazón —gruñí incorporándome poco a poco —. Ya estábamos casi en La Cité y tenían que atacarnos…

Había pasado ya una semana desde que decidí abandonar la orden y alejarme de todo. Siquiera había pasado por mi casa, solo había buscado un lugar donde ocultarme de la Orden, los Villanos Finales y cualquiera que buscara a un Portador de la Llave Espada. Quería estar solo. Y La Cité me pareció el mejor mundo, mis amigos no mirarían ese lugar a sabiendas de que la magia no estaba muy aceptada.

Mi única razón para haber dejado aquel lugar había sido el visitar la tumba en donde ahora yacía el alma del Maestro Kazuki y si hubiese sabido que me toparía con problemas por el camino me lo hubiese planteado. De verdad, ¿cuáles eran las posibilidades de que Ilana y yo hubiésemos sido atacados por un grupo de Sincorazón? Y claro, uno de ellos tenía que conseguir acertar en mi glider y desestabilizarme de forma que habíamos acabado teniendo que hacer un aterrizaje muy forzoso en el mundo más cercano.

Apropósito… ¿dónde estamos? —pregunté ahora en alto notando algo muy extraño en mi voz: Sonaba más aguda de lo normal —. Vamos, ya sufrí en su día el cambio de voz y era para volverse más grave.

Y fue cuando me llevé las manos a la garganta que vi lo que había ocurrido. Eran muy pequeñas y de color marrón oscuro. Sentí algo a mi espalda y al girar la cabeza me encontré con una fina y larga cola rosácea. No tardé mucho en pasarme las manos por todo el cuerpo y descubrir que me había vuelto un ratón por segunda vez en mi vida, aunque en esta ocasión solo conservaba el sombrero, la máscara y la pequeña capa que llevaba.

¡¿Dónde demonios estamos para que me haya vuelto a pasar esto?!

En un sitio que me da mucho miedo. Alec, vámonos de aquí —dijo una voz a mi espalda, justo del lugar donde se suponía que estaba Ilana.

Moví las orejas perplejo a la vez que me volvía para ver a mi compañera felina hablando. Si, Ilana hablaba o más bien, entendía que estaba diciendo. Eso no era posible siquiera en los brujos de mayor poder, nunca podíamos llegar a comprender la lengua de los animales sin hacer uso de algún conjuro.

Ilana… ¿acabas de hablar? —le pregunté sorprendido.

Si yo siempre hablo, pero tú no… ¡Espera! —la gatita saltó y agachó su cabeza para ponerse a mi altura mientras movía su cola de forma alegre —. Has entendido lo que he dicho, Alec. ¡Eres el mejor brujo porque puedes entenderme!

Ilana tenía una voz muy aguda, como si fuera una niña pequeña y que pegaba bastante con su forma de hablar tan infantil. Tampoco es que fuese algo que me sorprendiera, sabiendo lo mimosa que era aquella voz le venía perfecta.

Dudo que sea cosa de nuestro enlace, Ilana, quizás tenga algo que ver con el hecho de que me haya transformado en un ratón —negué subiéndome a su espalda para poder contemplar mejor el paisaje.

Era desolador, tétrico y… ¿agradable?, bueno, lo era para alguien de mi mundo ya que después de todo estábamos rodeados de enormes esqueletos de animales, aunque siendo yo ahora un ratón cualquier animal era enorme.

Daría para un buen Halloween este sitio, ¿no crees?

Sentir como la gatita temblaba me bastó como respuesta para saber que no pensaba igual que yo y que por ella podíamos irnos ya, pero a saber si los Sincorazón que nos habían atacado seguían rondando alrededor de aquel mundo.

Vale, vale, no es para nada agradable —reí buscando alguna salida —. Dudo que este cementerio de bestias sea eterno, así que deberíamos poder salir de él en cualquier momento.

Ilana asintió empezando a andar aun algo intimidada por los esqueletos. Tampoco llegamos a avanzar mucho cuando escuchamos gritos provenientes de alguna zona más al interior del cementerio.

¡¿Qué ha sido eso?! —saltó Ilana asustada mirando hacia todos los lados.

Tranquila, Ilana, ya estoy buscando —intenté calmarla acariciándola mientras buscaba.

Lo que encontré fue una especie de pájaro azul siendo perseguido por… ¡un Sincorazón! Maldita sea, ni aquí nos iban a dejar en paz y lo peor es que esto me ponía en una mala situación. Claramente quería ayudar a aquella ave, pero no estaba dedicándome a alejarme de los problemas de la Orden para ahora ponerme a matar monstruos. No, si al final iba a ir a salvarle, por suerte el arte de la magia era algo más común y aceptado por los mundos.

Por allí, Ilana, hay alguien que necesita ayuda —le ordené a la gatita señalando hacia el punto en donde había visto el Sincorazón —. Y rápido antes de que ese monstruo acaba devorando al pobre pajarito.

Y al contrario que con los esqueletos, en esta ocasión Ilana no se acobardó y empezó a correr hacia la criatura. Al final haberla llevado a todas esas misiones había servido para quitarle algunos miedos. Mientras llegábamos, fui preparando un hechizo Piro que intentaría sostener en mi mano hasta poder lanzarlo contra la cara del Sincorazón.

La táctica de siempre, Ilana, salta y déjale una preciosa marca de tus garras en la cara a ese Sincorazón.

¡Si, Alec!

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Y con ganas empiezo esto, hacía tiempo que no escribia dialogos de Ilana asi que no se como saldra en esta ocasion el que hable de forma normal xD

Alec atacara con la siguiente habilidad al Sincorazon, Ilana usara sus garras en un ataque normal:

▪ Piro (HM) [Nivel 2] [Requiere Poder Mágico: 3]. Proyectil de fuego lineal, con muy pocas posibilidades de producir quemaduras
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Ronda #1 - Donde duermen los gigantes

Notapor Astro » Dom Ene 10, 2016 8:08 pm

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Esto es... raro.

Agradecía que le hubiesen encargado una misión tan sencilla como la de purgar una zona de sincorazón, pero no se esperaba que para hacerlo tuvieran que transformarse en animales. Literalmente. En cuanto cruzó el portal, una luz le envolvió de arriba a abajo y, cuando quiso darse cuenta, Ban había adoptado la forma de un lince joven de pelaje blanco y ojos dorados.

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¿Cómo pretenden que nos movamos con cuatro patas? —protestó, tambaleándose un poco mientras intentaba acostumbrarse a su nueva forma—. ¡Demonios!

Refunfuñó mientras seguía practicando, procurando acostumbrarse al menos a andar sin caerse de morros. ¡Si aparecían problemas, al menos que pudiera salir corriendo! La zona en la que se encontraban tampoco ayudaba demasiado: un cementerio de elefantes que, según Nanashi, estaba infestado de sincorazón. Fantástico.

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Bien, os pondré al tanto. Escuchadme, porque esta información es importante.

Ese era Simbad, el líder de la misión. Ban le dirigió una mirada desconfiada, curioseando su forma de guepardo y acercándose con cuidado para escuchar su informe sobre el mundo, pues en teoría él era un experto en Tierras del Reino. Pero por mucho que ya hubiera estado aquí, no le gustaba ni un pelo lo de tener que obedecer órdenes de un don-nadie. Al menos no estaban solos: una tercera aprendiza, de pelo azul y pintas de loca, les acompañaba también. Con suerte, podría usarla para que ella hiciese el trabajo sucio.

El territorio a vuestras espaldas está regido por una familia de leones, así que si os topáis con alguno tratadlo con cortesía o lo más probable es que muráis de un zarpazo. El rey supremo es un león pelirrojo, de fuerte carácter, llamado Mufasa, probablemente si damos con él, daremos con la información que buscamos. Por otra parte, la última vez que estuve aquí había tenido un cachorro llamado Simba con una leona llamada Sarafina, si mal no recuerdo.

Bla, bla, bla. El lince se limitó a asentir, aburrido.

Recordad, si os ven utilizando magia o la Llave Espada, hay una excusa que suele colar: decid que son artes de combate que nuestros antepasados, que se nos han transmitido de generación en generación que mantenemos en secreto. Aunque intentad no utilizarla en frente de dichos animales.

La excusa era tan mala que le sorprendió que pudiera funcionar, pero se aseguró de recordarlo.

»Ahora es cuando viene la parte peligrosa. Mufasa tiene un hermano llamado Scar, de melena negra, ojos verdes y con una cicatriz. Averiguamos que podía controlar a los Sincorazón, y lo utilizó contra nosotros y el Rey. Ya sabéis, el típico hermano que quiere hacerse con el poder, además tenía una seguidora cuyo nombre responde al de Zira, que se exilió más allá de las tierras del reino. No estamos seguros de que haya sido él esta vez, pero yo apunto a que sí. De todas formas estar atentos, sed cautos y no os fiéis de nadie. Podéis llamarme Simbad.

Qué tostón, parecía el resumen de una novela medieval pero con animales y sincorazón.

Tristan —se presentó, mirando de reojo a la chica del grupo, esperando que hiciera lo mismo.

No pudieron hablar mucho más, porque un ruido les alertó a todos. Un poco a lo lejos, dos figuras se movían a toda velocidad para huir de lo que claramente era un sincorazón con forma de animal. Vaya, incluso los monstruos cambiaban de aspecto.

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¡Corre, corre!

¡Espérame, Simba!

¿Esas eran las voces de los dos pequeños que huían? Parecían cachorros de león que hablaban... Vale, tenía sentido. Simbad, por su parte, dio un paso al frente, alarmado por algo en especial.

Hay que ponerse en movimiento, es el hijo del Rey. —Si era el hijo del Rey, ¿entonces era el príncipe?—. Adelántate y protégelos de cualquier otro ataque, intenta ponerles a salvo también. Nosotros dos: destruimos el Sincorazón y les alcanzamos de nuevo cagando leches antes de que la zona se aglomere con más monstruos, ¿entendido? No tendremos otra oportunidad como esta para saber qué está pasando aquí, y si nos ganamos el favor Real, mejor.

Ban puso los ojos en blanco al darse cuenta de que le tocaba luchar y a la otra hacer de niñera, pero como iban a ser dos contra uno no llegó a protestar y se limitó a asentir.

En cuanto Simbad salió corriendo, él también lo hizo detrás suya. Deprisa, pero con cuidado de no resbalar o tropezarse, corrió hasta alcanzar al sincorazón justo cuando el jefe guepardo le rechazaba con su llave espada, abalanzándose sobre la criatura y desgarrándole con las garras en la zona del costado. Tras golpear, retrocedería hacia atrás y esperaría a encontrar un nuevo hueco libre entre Simbad y el sincorazón para volver a atacar, pero con cuidado de no llegar a convertirse él en el blanco del monstruo oscuro.

Si vencían, seguiría deprisa a su compañero para volver a reunirse con la peliazul y los cachorros.
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor Sito » Dom Ene 10, 2016 9:16 pm

Aquella mañana empezó con una nueva misión para Nicoxa. Por lo visto iba a visitar un mundo totalmente nuevo para ella, así que decidió con mucho cuidado y esmero la ropa que llevaría para la ocasión: ¿sería mejor ir muy arreglada? ¿quizás debería ponerse un vestido fresquito? ¿algo cómodo pero bonito? Tampoco sabía cómo sería aquel lugar así que finalmente se decidió por algo genérico pero atrevido. Sin embargo...

¡¿Desnuda?!

Parecía que en aquel mundo sólo vivían animales salvajes, así que tendrían que realizar una transformación para no dar el cante y hacerse pasar por uno. Si lo hubiera sabido antes no habría perdido tanto tiempo eligiendo modelito. Miró a sus compañeros y se ruborizó ligeramente. No conocía a ninguno pero tenía pinta de que iba a ser una experiencia muy diferente a lo que estaba acostumbrada. Uno de ellos ya había viajado hasta allí anteriormente así que le resultaría de ayuda para no cometer errores. Seguramente los animales no serían muy dados a sus locuras, así que intentaría hacer un esfuerzo para controlarse.

La maestra Nanashi les explicó brevemente lo que debían hacer y, acto seguido, los tres se embarcaron hasta las Tierras del Reino.

* * *

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Nada más llegar percibió que el mundo en el que se encontraba le transmitía un aura de peligro constante. Empezó a girarse para ver mejor todo lo que había a su alrededor pero se cayó al suelo de espaldas con sus patas hacia arriba. ¡Patas!

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¡Ay! ¡Pero qué es esto! —comenzó a decir nerviosa moviendo sus extremidades como una loca hasta que al final logró ponerse a cuatro patas. Aún le temblaban un poco— Qué raro se me hace, voy a tener que acostumbrarme eh.

¿Cómo pretenden que nos movamos con cuatro patas? —Nico le miró asintiendo, era todo súper fuerte.

Los otros aprendices también habían adoptado ya su forma animal, era todo rarísimo. Si le llegan a decir esa misma mañana que iba a estar en esa situación después no se lo habría creído. El chico que ya había estado antes empezó a hablar, y Nicoxa aprovechó el tiempo para moverse por el sitio para hacerse a ese nuevo cuerpo mientras escuchaba todo lo que decía.

El territorio a vuestras espaldas está regido por una familia de leones, así que si os topáis con alguno tratadlo con cortesía o lo más probable es que muráis de un zarpazo. El rey supremo es un león pelirrojo, de fuerte carácter, llamado Mufasa, probablemente si damos con él, daremos con la información que buscamos. Por otra parte, la última vez que estuve aquí había tenido un cachorro llamado Simba con una leona llamada Sarafina, si mal no recuerdo.

Su compañero parecía tener las ideas muy claras. Menos mal que les avisó sobre cómo comportarse exactamente, sobre todo sabiendo que ella era la única leona del grupo. Esperaba que aquella forma no le supusiera una dificultad extra.

Recordad, si os ven utilizando magia o la Llave Espada, hay una excusa que suele colar: decid que son artes de combate que nuestros antepasados, que se nos han transmitido de generación en generación que mantenemos en secreto. Aunque intentad no utilizarla en frente de dichos animales.

Ni se había planteado siquiera cómo iba a poder manejar la llave espada estando así. La invocó y apareció el mango dentro de su mandíbula, haciendo que su cabeza se estrellara contra el suelo del peso. ¿Iban a tener que manejar la llave con la boca?

Si ninguno se disloca el cuello después de esto merecemos un premio extra. —comentó a sus compañeros medio en broma. En verdad estaba muy asustada: el mundo salvaje era muy peligroso y no era dado a las segundas oportunidades, más le valía acostumbrarse rápido al peso del arma y a desplazarse por el entorno.

»Ahora es cuando viene la parte peligrosa. Mufasa tiene un hermano llamado Scar, de melena negra, ojos verdes y con una cicatriz. Averiguamos que podía controlar a los Sincorazón, y lo utilizó contra nosotros y el Rey. Ya sabéis, el típico hermano que quiere hacerse con el poder, además tenía una seguidora cuyo nombre responde al de Zira, que se exilió más allá de las tierras del reino. No estamos seguros de que haya sido él esta vez, pero yo apunto a que sí. De todas formas estar atentos, sed cautos y no os fiéis de nadie. Podéis llamarme Simbad.

Hizo un esfuerzo en memorizar todas las palabras de Simbad para seguir sus consejos y poder reconocer al tal Scar si lo veía.

Tristan —se presentó el pequeño aprendiz. Esperaba que los tres cooperaran con éxito.

Gracias por los consejos Simbad. A ver si me acuerdo de todos... —empezó a lamer su propia melena casi instintivamente— ¡Ah! Yo me llamo Nicoxa, pero podéis llamarme Nico.

Fue acabar las presentaciones y escuchar un ruido que alertó a los tres. No fue muy complicado ver de dónde provenía: dos leoncitos huían de lo que parecían ser unos sincorazón. Al menos no habían tenido que buscar mucho para encontrarlos.

¡Corre, corre!

¡Espérame, Simba!

Había que hacer algo, y rápido. Simbad parecía más sorprendido aún que ellos dos, ¿quizás por la inevitable empatía que produce conocer a alguien que se llama igual que tú? Simba y Simbad eran casi lo mismo...

Hay que ponerse en movimiento, es el hijo del Rey. —Vaya, entonces no era porque eran homónimos. Nicoxa abrió los ojos como platos cuando asimiló lo que acababa de decir.

Espera, ¿qué? —respondió sorprendida. Simbad se dirigió a ella.

Adelántate y protégelos de cualquier otro ataque, intenta ponerles a salvo también. Nosotros dos: destruimos el Sincorazón y les alcanzamos de nuevo cagando leches antes de que la zona se aglomere con más monstruos, ¿entendido? No tendremos otra oportunidad como esta para saber qué está pasando aquí, y si nos ganamos el favor Real, mejor.

Nicoxa asintió y corrió lo más rápido que podía sin temor a volver a caerse de espaldas para interponerse entre los cachorros y los sincorazón.

¡Tened cuidado, poneros detrás mía que venimos a ayudaros! —rugió a los asustados leoncitos.

Miró furiosa a los sincorazón y, si alguno de ellos se escapaba del ataque de sus compañeros no dudaría en usar sus potentes y peligrosas garras para defender a los pequeños. Aún no se veía capaz de usar la llave con naturalidad, ya tendría tiempo de practicar mejor después.
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Ronda 2

Notapor Tanis » Mar Ene 12, 2016 7:32 pm

Simbad, Nicoxa y Ban


La estrategia de los tres felinos dio buen resultado. Mientras Nicoxa ejercía de barrera protectora entre los cachorros y el sincorazón, tanto Simbad como Ban le hicieron frente de forma directa y le despacharon sin muchos problemas. El sincorazón se deshizo en humo negro gracias a la fuerza combinada del lince y el guepardo.

¡Eso ha sido increíble! —exclamó Simba, justo después de que el último golpe destruyera a la sombra. El cachorro de león se adelantó a Nicoxa y se acercó a Simbad—. ¿Cómo lo has hecho?

El otro cachorro se acercó un poco también, pero se quedó más cerca de Nicoxa, como si temiera alejarse de ella.

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Muchas gracias por ayudarnos —agradeció mirando a la leona—. Me llamo Nala, y él es Simba.

Los dos cachorros eran bastante diferentes. Simba era más robusto y de un pelaje más oscuro, mientras que Nala era más pequeña, de color más claro y ojos azules. Simbad reconocería en Simba al cachorro más pequeño que hacía tiempo había visto durante su fallida presentación.

Te dije que era un sitio genial, Nala —dijo Simba entonces, todavía extasiado por el combate que había visto.

Nala no parecía de la misma opinión, porque compuso un gesto un poco más serie y adusto que su amigo.

Deberíamos irnos de aquí. —Volvió a mirar a Nicoxa—. ¿Podrías escoltarnos hasta casa, por favor? Aunque no seas de nuestra manada...

Entonces un sonido que los aprendices conocían demasiado bien contestó a la pregunta de la cachorra, y aparecieron más sincorazón como el que había perseguido a Simba y a Nala en las inmediaciones, atraídos quizá por la Llave antes usada de Simbad. Cuatro de ellos se manifestaron sobre el terraplén que subía hasta la pradera y otros cuatro entre los grandes huesos de elefantes, a varios metros del grupo. Podían enfrentarse a ellos, ya que aún no eran demasiado numerosos, pero sin duda serían un problema si los dejaban multiplicarse. Su misión consistía en eliminar los suficientes para que no inundasen el resto del territorio y averiguar la fuente de las apariciones masivas, pero...

… pero ya no podían descuidar a Simba y a Nala, ¿verdad?

Luchar o huir por el cementerio con los cachorros. ¿Cuál podía ser la mejor opción? Eligieran lo que eligieran hacer, de repente rugiría un extraño trueno, sin tormenta, y temblaría la tierra, como si un terremoto o un volcán estuviera a punto de estallar proveniente del centro del cementerio.

¿Qué había sido eso?

Alec


El ataque de la gatita interrumpió la persecución del sincorazón, que se revolvió y enfrento a Ilana sin prestar atención a Alec por su diminuto tamaño. La bola de fuego alcanzó sin dificultad al sincorazón, que estalló en una nube de humo negro y se desvaneció entre el polvo del cementerio.

—Oh, cielos, oh cielos...

El pájaro al que el sincorazón perseguía se pasó junto al ratón y la gata y resopló aliviado.

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Gracias, muchas gracias por ayudarme, ese monstruo casi me alcanza... —El ave carraspeó y dejó de aletear como si hubiera recordado que tenía que ser formal—. Soy Zazú, el mayordomo real, y estoy buscando al príncipe y a una amiga suya, ¿no los habréis visto por aquí, verdad? —Antes de que Alec o Ilana pudieran responder, Zazú continuó con su verborrea, intranquilo y asustado—. Cielos, si algo les pasara no podría perdonármelo, y este lugar es tan peligroso...

El sonido de varios sincorazón apareciendo en las cercanías alertó a Zazú, que aleteó y tembló pegándose a las patas de Ilana.

¡Ya están ahí otra vez! —Miró entonces a la gata y al ratón—. Por favor, por favor necesito vuestra ayuda, ¿podéis acompañarme hasta que los encuentre? He... he visto el fuego, no muchos pueden hacer magia por aquí, Rafiki dice que esos animales negros son débiles a la magia...

Más sincorazón aparecieron más cerca, y empezaron a aproximarse atraídos por el corazón de Alec. Zazú emitió un quejido y alzó el vuelo, un vuelo bajo, entre los huesos de los elefantes.

¡Rápido, antes de que nos cojan!

Claro que Alec podía perfectamente pensar en luchar contra los sincorazón, o seguir a Zazú para huir de ellos. Las sombras más cercanas no eran muchas, tres, cuatro... Entre él e Ilana, sabiendo que la magia era más fuerte contra ellos, podían despacharlos, pero...

… ¿perderían de vista a Zazú?

Hiciera lo que hiciese, al poco de tomar su decisión, rugiría un extraño trueno, sin tormenta, y temblaría la tierra, como si un terremoto o un volcán estuviera a punto de estallar, proveniente del centro del cementerio.

¿Qué habría sido eso?

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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor Sito » Sab Ene 16, 2016 1:24 am

Sus dos compañeros se bastaron para derrotar al sincorazón que perseguía a los cachorros. Nicoxa estaba aun así alerta por si acaso, pero no encontró a ningún otro enemigo. El más anaranjado de los leones se adelantó a la aprendiz en cuanto el sincorazón se desvaneció.

¡Eso ha sido increíble! —se acercó poco a poco a Simbad—. ¿Cómo lo has hecho?

Nicoxa sonrió al escucharle hablar. Le parecían super monos los dos y los habría adoptado tras enseñarles previamente a no destrozar la ropa de su habitación y a hacer sus necesidades donde corresponda. O quizás no haría falta, parecían tan inteligentes como los humanos. ¿Quizás los animales de otros mundos habían desarrollado un cerebro superior? También podría haber sido algún tipo de mutación, sin embargo...

Negó con la cabeza rápidamente. ¿Cómo había llegado a esa cadena de pensamientos? Se había distraído tan fácilmente... Menos mal que la pequeña leona despertó de su ensimismamiento a la joven.

Muchas gracias por ayudarnos —era bastante más educada que el otro. Era curioso como dos animales tan parecidos guardaban tantas diferencias—. Me llamo Nala, y él es Simba.

No fue nada chicos, pero deberíais tener más cuidado —comentó Nicoxa en un tono agradable—. Yo me llamo Nicoxa, la de la melena envidiable.

Simba seguía visiblemente excitado. No debía estar acostumbrado a combates así de intensos y casi no se estaba quieto en el sitio.

Te dije que era un sitio genial, Nala

Aunque eran cosas de niños, seguía siendo bastante irresponsable vagar solos por un lugar así. Nico puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. Nala parecía pensar igual que la aprendiz.

Deberíamos irnos de aquí. —Miró a Nicoxa, que casi no podía contener las ganas de limpiar con su lengua a los cachorros. Aquella forma definitivamente le estaba afectando de algún modo—. ¿Podrías escoltarnos hasta casa, por favor? Aunque no seas de nuestra manada...

Antes de que pudiera dar respuesta alguna el sonido distintivo que hacían los sincorazón al aparecer los alertó a todos. Nico fue mirando, en tensión, como iban apareciendo más y más. En total había ocho, y eso sólo por el momento. Se giró hacia Simbad y Ban con semblante serio.

No podemos dejarlos solos —si las palabras de Simbad eran ciertas Simba formaba parte de la realeza del mundo, por lo que aún sería más irresponsable dejarlos atrás. Aun así estaban en una situación bastante arriesgada pero para sorpresa de la propia Nicoxa pensó con rapidez bajo esas circunstancias—. ¡Rápido! ¡Hagamos una formación de triángulo con los cachorros en el centro! Que ellos nos vayan diciendo hacia donde huir mientras nos cargamos a los sincorazón necesarios para ponernos a salvo.

La misión que les habían asignado era clara, pero Nicoxa consideraba prioritario salvar a los leones. Podrían ocuparse de ellos más tarde de todas formas.

Por si la cosa no estuviera bastante mal, un potente trueno que hizo temblar la tierra apareció en lo que debía ser el centro del cementerio de los elefantes. Lo extraño es que no había nubes formadas alrededor ni nada, fue bastante antinatural.

¡¿Qué demonios ha sido eso?! —apuntó mentalmente en su cabeza que deberían investigar eso más tarde. Ahora tenía que centrar todos sus sentidos en escapar de ahí con sus compañeros y mantener a salvo a los leones. Miró con agresividad a los sincorazón y, tras un rugido para que todos se movieran a la vez, procedió a alejarse con las garras bien a la vista.
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor Astro » Dom Ene 17, 2016 9:47 pm

Ea, chupao —fanfarroneó Ban, tras destruir al sincorazón con facilidad.

Simbad y él se reunieron con Nicoxa y los cachorros, y el más animado de los dos se acercó corriendo al guepardo.

¡Eso ha sido increíble! ¿Cómo lo has hecho?

La otra leona, más pequeña y esbelta que el primero, permaneció cerca de Nicoxa, como si temiera que volvieran a aparecer más monstruos en cualquier momento. Lo cual, pensado bien, era bastante probable.

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Muchas gracias por ayudarnos. Me llamo Nala, y él es Simba.

Yo me llamo Nicoxa, la de la melena envidiable.

Ban puso los ojos en blanco con el comentario del final. Sí, esta tía era muy rara.

Tristan —dijo, presentándose de forma rápida, mientras observaba a los cachorros de arriba a abajo.

Te dije que era un sitio genial, Nala.

Según Simbad, Simba era el hijo del rey. Un principito travieso e imprudente, al parecer, a diferencia de su compañera. Nala se mostraba claramente nerviosa y mucho más precavida. Aunque lo que a Ban le preocupaba...

Deberíamos irnos de aquí. ¿Podrías escoltarnos hasta casa, por favor? Aunque no seas de nuestra manada...

... Era eso.

No estamos aquí para hacer de niñeros, lo sabes, ¿no...? —se apresuró a protestar, mirando fijamente a Simbad.

Pero casi no había acabado la frase cuando un grupo de sincorazón, del mismo tipo que el anterior, les rodeó.

»Agh, ¡demonios!

No podemos dejarlos solos —exclamó Nicoxa—. ¡Rápido! ¡Hagamos una formación de triángulo con los cachorros en el centro! Que ellos nos vayan diciendo hacia donde huir mientras nos cargamos a los sincorazón necesarios para ponernos a salvo.

El lince volvió a poner los ojos en blanco y refunfuñó en voz baja, pero acabó cumpliendo con la formación en triángulo. No eran muchos sincorazón, ni muy fuertes, y ya había visto que sus compañeros no iban a dejar tirados a los cachorros, así que le tocó cumplir y ser un buen samaritano... o lo que fuese.

Dio un brinco en el sitio cuando el misterioso trueno resonó, a pesar de que no había nubes ni nada parecido a simple vista. Se le puso el pelo de punta, y se apresuró a subir el ritmo.

¡Será mejor que nos larguemos, deprisa!

Con cuidado de no caerse ni tropezar con sus cuatro patas, avanzó lo más rápido posible procurando que los cachorros permanecieran dentro del triángulo formado con los otros dos aprendices. Si algún sincorazón se acercaba a su zona, saltaría para destrozarlo a base de garrazos, y si eran varios recurriría a dispararles Flamas tenebrosas para alejarlos.
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor xXOrbOOkXx » Dom Ene 17, 2016 11:25 pm

Después de las presentaciones y el pequeño altercado, comprobamos que la estrategia dio buen resultado: Tristan y yo conseguimos derrotar al Sincorazón, y Nicoxa no dejó que los pequeños cachorros resultaran dañados. Poco a poco me fui relajando, al ver que, a pesar de cierta reticencia que había notado, el felino blanco había acatado mis órdenes.

Ea, chupao —profirió el nombrado. Sin embargo, me fijé más en las reacciones de los cachorros, que eran nuestro principal billete para averiguar qué estaba pasando. La leona más pequeña, Nala, según el grito de Simba, parecía estar apegada a Nicoxa, tal vez por lo que acababa de ver.

Sin embargo, el príncipe se acercó a mí, como si su vida no hubiera estado peligrando terriblemente hacía unos segundos. Le miré algo severo desde mi posición ya más o menos relajada, pero siempre alerta.

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¡Eso ha sido increíble! —exclamó el cachorro una vez que hubimos acabado—. ¿Cómo lo has hecho?

Carraspeé, no muy seguro de dar la respuesta. Al final decidí no decir nada sobre la Llave y abofetearme a mí mismo mentalmente por haber sido tan descuidado. Juré que a la próxima, lucharía a base de garras, mordiscos o magia. Reconocí al cachorro definitivamente como Simba, el que había crecido considerablemente para el poco tiempo que habíamos pasado fuera.

Muchas gracias por ayudarnos —agradeció Nala, más cerca de Nicoxa—. Me llamo Nala, y él es Simba.

No fue nada chicos, pero deberíais tener más cuidado —advirtió con tono dulce—. Yo me llamo Nicoxa, la de la melena envidiable.

Parpadeé confuso por aquella presentación, y pareció por la expresión de Tristán, que también se quedó a cuadros. Decidí no darle importancia al epíteto épico. La de la melena envidiable, sonaba acorde a la personalidad de aquella chica, y no la conocía de nada.

Yo soy Simbad, el líder de esta... —Miré de reojo a los dos Aprendices—. manada.

Te dije que era un sitio genial, Nala —exclamó el joven león de pronto a su amiga. Aquello me hizo ponerme en tensión de nuevo, recordándome mentalmente la situación en la que nos encontrábamos. Que el jovencito pensara eso no era bueno mirara por donde lo mirara.

Te equivocas, Simba —me dirigiría a él con un gesto conciliador pero severo—. Podéis perder la vida aquí de forma inmediata, es muy peligroso, créeme. Tu padre estará muy preocupado.

Deberíamos irnos de aquí —accedió Nala dirigiéndose a Nicoxa—. ¿Podrías escoltarnos hasta casa, por favor? Aunque no seas de nuestra manada...

Me di cuenta de que la muchacha, a pesar de ser una leona algo diferente, seguía siendo una leona, y sus semejantes le identificaban como tal. Por lo que había estado investigando y de mi última misión, eran unos animales extremadamente territoriales. Tendríamos que ir con mucho ojo con ese detalle.

No estamos aquí para hacer de niñeros, lo sabes, ¿no...? —me protestó Ban. Sonreí ante su comentario y me apresuré a responderle en voz baja, intentando que los cachorros no nos oyeran.

No has entendido la situación. —murmuré—. Si conseguimos llegar al rey, llegaremos al fondo de este asunto y arrancar el problema de raíz. Podemos matar a los Sincorazón a diestro y siniestro, pero no serviría de nada. Y estoy casi convencido, de que Mufasa sabe algo. Si por el contrario no lo supiera, daría igual, porque nos ganaríamos su favor, y por tanto, una vía más rápida para descubrir al causante de todo esto. Es matar dos pájaros de un tiro.

Sin embargo, justo al instante, aparecieron ocho Sincorazón que nos rodearon amenazantes. Me puse de nuevo en tensión, dispuesto a elaborar una estrategia, pero se me adelantaron.

No podemos dejarlos solos —imploró la leona, acertando en mis pensamientos—. ¡Rápido! ¡Hagamos una formación de triángulo con los cachorros en el centro! Que ellos nos vayan diciendo hacia donde huir mientras nos cargamos a los sincorazón necesarios para ponernos a salvo.

¡Buena idea! —corroboré, poniéndome en posición—. ¡Nala, guíanos!

Al instante, los tres estuvimos rodeando a los cachorros, los cuales esperé que nos dieran una dirección para sacarlos de ese embrollo, luego habría tiempo para explorar la zona si nos alejábamos demasiado. Suspiré con cansancio, no me gustaba alejarme de la zona problemática, era un desvío de nuestro objetivo. Pero quizás Mufasa sabría lo que estaba pasando aquí. O no.

Si algún Sincorazón se acercaba, intentaría defenderme con la Llave y con las garras, intentando enfrentarme con algún Aprendiz para deshacernos de él más rápido. E incluso utilizaría un hechizo Perla si veía que alguno que otro intentaba derrocar nuestra formación, y de vez en cuando alentando a los Aprendices a que no pararan de correr hacia las direcciones dichas.

Y, de repente, ocurrió lo peor que podría pasar. Un estruendo, como proveniente de las entrañas de la tierra, nos sacudió completamente, avisando de que alguien o algo estaba haciendo de las suyas quizás en el cementerio. No tenía ni idea de lo que podría ser, pero algo estaba claro: algo peligroso se había puesto en movimiento.

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EDIT: Un acento. Sí. Un acento.
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor LightHelco » Lun Ene 18, 2016 12:27 am

Aquel hechizo fue lo único que necesité para derrotar a la bestia y con ello salvar al ave. Este se acercó a nosotros aliviado y más tranquilo ya que ya no corría peligro alguno.

Gracias, muchas gracias por ayudarme, ese monstruo casi me alcanza... —el pájaro nos agradeció tan pronto como estuvo al lado nuestro, aunque después de eso carraspeó y dejo de volar aterrizando frente a Ilana —. Soy Zazú, el mayordomo real, y estoy buscando al príncipe y a una amiga suya, ¿no los habréis visto por aquí, verdad?

¿Príncipe? Le miré sorprendido al pájaro e Ilana hizo lo mismo girando su cabeza hacia mí, aunque en su mirada había más confusión que sorpresa, la gatita no llevaba tan bien el tema de las sociedades como yo. Pero sí que me llamaba la atención que un pájaro me estuviese hablando de monarquías, no me esperaba algo tan ‘humano’ de un animal.

Aun así, no había visto a nadie en aquel mundo salvo él, por lo que iba a tener que darle una respuesta negativa… si el ave no hubiese seguido hablando claro.

Cielos, si algo les pasara no podría perdonármelo, y este lugar es tan peligroso...

¿Co… cómo de peligroso llega a ser? —preguntó Ilana temblorosa olvidando que hacía unos instantes se había lanzado contra un Sincorazón como si nada —. ¿Los esqueletos se mueven?

Dudaba mucho que ese fuera el peligro y más claro quedó cuando Zazu, dando un saltó y pegándose a mi compañera, señaló hacia el nuevo grupo de Sincorazón que se acercaba.

Por favor, por favor necesito vuestra ayuda, ¿podéis acompañarme hasta que los encuentre? —nos rogó el mayordomo refiriéndose al príncipe perdido y su acompañante —. He... he visto el fuego, no muchos pueden hacer magia por aquí, Rafiki dice que esos animales negros son débiles a la magia...

Bien, la magia era conocida y aceptada, se consideraba algo extraño, pero parecía que lo aceptaban, aquello era mucho más que lo que se permitía en la Cité. Y bueno, realmente quería marcharme de aquel mundo lo antes posible, pero dejar a Zazu solo con los Sincorazón que estaban llegando no me parecía lo más indicado, así que me iba a tocar aceptar.

Le ayudaremos, señor Zazu, pero solo hasta que encontremos a su príncipe —apunté para así no tener que alargar mi estancia en aquel lugar —. No perdamos el tiempo con ellos y huyamos, les dejare algún obstáculo por el camino para ganar tiempo.

A la par que Zazu e Ilana empezaban a volar y correr para alejarse de los monstruos, yo me agarré al pelaje de mi compañera estando sobre su espalda y apunté en dirección a los Sincorazón con una mano. Trazando rápidamente una línea en el aire, hice que bajo los pies de alguno de los seres apareciera una línea de fuego para quemarlos.

Eso nos habría dado algunos segundos de ventaja, si no hubiera sido por terrorífico trueno que hizo hasta la tierra se estremeciera y como no, mi felina compañera temblara de pies a cabeza y gritara asustada, casi tirándome con aquel movimiento.

¡Eso no era un Sincorazón! —gritó la gatita empezando a correr mucho más rápido, al menos el miedo iba a servir de algo —. ¡Quiero irme a casa!

Suspiré agarrándome con fuerza a su pelaje. Ella no era la única que no quería estar allí.

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Sota de Corazones [Nivel 5][Poder mágico requerido: 9]: Crea una pequeña hilera de fuego bajo los pies del enemigo causándole pequeñas quemaduras e hiriendo a cualquiera que esté cerca.
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Ronda 3

Notapor Tanis » Vie Ene 22, 2016 3:39 am

Simbad, Nicoxa y Ban


¡¿Por dónde?!

¡Por aquí, por aquí!

De nuevo, la estrategia de los aprendices fue bastante efectiva. Manteniendo a los cachorros dentro de un improvisado triángulo de combate, tanto Nicoxa, Ban y Simbad fueron capaces de mantener a los sincorazón a raya lo suficiente como para alejarse de aquel foco. Fue Simba quien les guió al final entre los esqueletos de elefante, no hacia el interior del cementerio, pero si en paralelo al la línea sombría de terreno que separaba el cementerio de la pradera. Cuando por fin pudieron detenerse darían cuenta de que habían avanzado en desnivel y que una pared de roca y tierra, contra la que también se amontonaban los huesos, cercaba la salida a la sabana segura.

¿Y ahora por dónde?

Pues...

Los cachorros, Simba más envalentonado que Nala, se separaron un poco del grupo para mirar en derredor. A su espalda se levantaba aquella pared, pero ellos mismos estaban en una pequeña meseta desde la cual descendía una senda entre los esqueletos. A lo lejos y hacia abajo se extendía una gran área del cementerio envuelta en la bruma, desde donde llegaban los sonidos inconfundibles de los sincorazón apareciendo y desapareciendo por todas partes.

Simba consiguió subirse al trozo de un colmillo roto de elefante y desde allí contempló el camino. Nala, más cerca Nicoxa, se sentó sobre los cuartos traseros y suspiró.

Por allí se baja —apuntó Simba, aunque probablemente no hiciera falta.

Un ligero temblor, quizá una réplica del anterior, sacudió la tierra durante dos segundos. Ningún trueno acompañó a aquel estremecimiento, pero estaba claro que no era un fenómeno fortuito ni único. ¿Sería algo propio de la zona o afectaría a todo el Mundo? El pequeño príncipe bajó del colmillo y se acercó de nuevo a los aprendices.

Así que... —aventuró como si estuviera terriblemente emocionado e impresionado por ellos—, ¿sois guerreros que pelean contra los animales negros? ¡Eso es muy guay! Mi padre también pelea, y mi madre, y tío Scar, y toda la manada.

Simba... —murmuró Nala para interrumpirle.

Yo también quiero pelear contra ellos, y salvar al reino, es lo que hacen los príncipes. Si me ayudais a derrotar unos cuantos más podría decirle a mi padre, ¡podría nombraros Guardianes del Ciclo!

La verborrea de Simba dejaba claro que le daba mucha importancia al combate, y que era un temerario. ¿Por eso estarían allí? ¿Porque quería emular a su padre? Nala, por otra parte, no parecía estar muy de acuerdo con el plan de su amigo.

¡Simba, no!

¿Qué, por qué no?

¡Porque... !

Un chasquido, el sonido de huesos quebrándose de forma brusca, seca e improvista, resonó cerca de los montículos de huesos de la meseta donde se encontraban e interrumpió la casi discusión de los cachorros. Un grito ahogado, a medio camino entre el dolor y la risa, se oyó seguido del ruido de un fardo, como un cuerpo que caía y chocaba contra el suelo. Un bulto gris, bastante grande, rodó entonces a la vista entre los huesos y esqueletos partidos y pequeños, hasta detenerse contra la pared de roca. Tras el choque, el bulto se revolvió y se mostró que era un animal, que se echó a reír y a toser de forma bastante descontrolada.

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HiehiehiEEhieee, ay, AY, que daño. Hiiieeheheheehiehiiihieee.

Simba y Nala retrocedieron y se colocaron tras los aprendices casi al instante, aunque el príncipe se adelantó un poco, suspicaz.

Es una hiena —dijo el cachorro—, mi padre siempre tiene que perseguirlas.

La hiena se revolvió durante un rato largo entre risas antes de tumbarse y colocarse a cuatro patas. Su aspecto denotaba que no parecía muy inteligente. Al alzar la cabeza, la ladeó y miró al grupo con la lengua fuera del morro.

Ah, oh, hola hiiieehieee, ¿qué hacéis por aquí? ¿No os han dicho que este es un lugar... hiiihihihihieee... peligroso?

¿Era peligrosa? Simbad desde luego recordaría algún que otro comentario despectivo sobre las hienas en su anterior misión, y que si Mufasa las mantenía desterradas, a muchos otros sitios no podrían ir si no era aquel. ¿Cómo lograban sobrevivir a los sincorazón? La hiena les miró uno por uno antes de fijarse en los cachorros, tras lo cual entornó los ojos y sonrió.

Me llamo Ed... EeeeEeed... ¿Y vosotros?

Desde luego no daba muy buena espina y no tenían porqué hablar con ella si no querían, aunque quizá supiera algo sobre los sincorazón o sobre los terremotos. Después de todo vivía allí, ¿verdad? A lo lejos se oyeron todavía las apariciones y desapariciones de los sincorazón, y un pequeño temblor, el tercero que se sentía en el cementerio, hizo retumbar débilmente la tierra de nuevo.


Alec


El hechizo de Alec alcanzó a algunos de las sombras que les perseguían, logrando ralentizar sus pasos. El retumbo de la tierra ayudó en el fondo a que no les saltaran encima, ya que segundos después de que tronara aquel extraño terremoto, los sincorazones más cercanos al entresijo de huesos de elefante levantaron la cabeza y se deslizaron por el suelo hacia el interior del cementerio y desapareciendo en la bruma.

Zazú voló a la cabeza del pequeño grupo hasta que llegaron a un espacio más o menos abierto entre los colmillos gigantes de una calavera de elefante. Entonces el pajarito se posó en el suelo y resopló angustiado, volviéndose hacia Ilana y Alec para asegurarse de que le habían seguido.

Parece que ese temblor les ha asustado —dijo. Alec no lo tendría tan claro, si se había fijado durante la huida habría visto que más bien los había atraído, no ahuyentado—. No es la primera vez que pasa, llevamos días sintiendo terremotos por todo el reino...

El ave avanzó unos cuantos pasitos hacia la calavera y revoloteó para posarse sobre el colmillo izquierdo, desde el cual oteó en derredor.

Cielos, hay demasiada niebla, no veo nada.

Si Alec se acercaba de igual formaras ambos colmillos gigantes vería que tras cada uno de ellos casi se dibujaba un camino que bajaba hacia los desniveles del cementerio, en el que por supuesto se amontaban aún más esqueletos de elefantes. Una capa de niebla, no ligera, pero tampoco totalmente densa, cubría la zona e imposibilitaba que se pudiera echar un vistazo adecuado hacia abajo. Zazú volvió a revolotear hasta posarse cerca de la gatita y el ratón.

Tendremos que escoger uno de los caminos, incluso si sobrevolara el cementerio no podría localizar a los cachorros... —Se lamentó.

Entonces se oyeron unas voces entre la niebla, que se acercaban cada vez más junto con el sonido de ocho patas caminando sobre la tierra y los huesos.

¡Ed! ¡Eeeed!

¡Ed, ¿dónde estás?!

Maldito bobo, mira que largarse así sin más... ¡Ed, cuando te encuentre te vas a enterar!

¿Qué diantres le pasaba esta mañana?

¡Y yo que sé! ¡Nunca hablaba y ahora de repente...!

¡Eeeed!

Zazú, al escuchar las voces, se escondió tras Ilana. En espacio abierto entre aquellos colmillos, sin huesos más amontonados donde esconderse, no tenían muchas oportunidades de ocultarse de quien estuviera caminando por ahí. Incluso si a Alec se le pasaba la idea por la cabeza, perdería mucho tiempo en buscar un escondrijo y los dueños de las voces no tardarían en aparecer en el claro de huesos, todavía sin darse mucha cuenta de que el pájaro, la gata y el ratón estaban ahí gracias a la niebla a ras de suelo. Eran dos hienas, y en cuanto Zazú las vio se echó a temblar entre las patas de Ilana.

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¿Y si lo dejamos estar, Shenzi? Podemos hacer solos el trabajo...

La hiena llamada Shenzi gruñó y se subió al colmillo derecho de la calavera del elefante. Habían subido desde el desnivel por aquel lado.

A saber dónde están ahora y... ¿Qué pasa, Banzai?

Banzai, que seguía en el suelo, se había puesto a olfatear en derredor.

No lo sé, huelo algo...

¡Oh, no! ¿Iban a descubrirlos? ¿Pero era malo que los descubrieran? No parecían ser hostiles, a pesar de ser hienas, y a pesar de que Zazú estaba muerto de miedo. Quizá podían ayudarles, quizá no. Lo único cierto era que si no se movían, si Alec no tiraba de Ilana y de Zazú hacia el camino izquierdo sobre el colmillo, Banzai terminaría encontrándoles.

¿Huiría, se quedaría?

A lo lejos se oían las apariciones y desapariciones de los sincorazón, y un pequeño temblor, nada comparado al primero, hizo retumbar débilmente la tierra.

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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor xXOrbOOkXx » Mié Ene 27, 2016 12:28 am

La estrategia de la joven Nicoxa dio buen resultado: mantuvimos a raya a los pocos Sinocorazón que se nos iban acercando mientras los pequeños nos indicaban el camino. Sin embargo, cuando me percaté de que no nos estaban conduciendo hacia la salida más cercana, sino que bordeábamos el cementerio, supe que Simba no quería irse, y más con lo que ya había visto.

Afortunadamente, gracias al desnivel, pudimos ver la salida más allá de un muro de huesos. Debería sentirme asustado por lo sombrío de la zona, pero increíblemente no lo estaba. Quizás tener Aprendices al cargo, que habían demostrado que no eran ni ciegos ni tontos, había hecho que perdiera el temor a según qué situaciones.

Por allí se baja —señaló el cachorro después de hacer el paripé. El sendero era angosto, plagado de huesos y con el sonido de los Sincorazón apareciendo y reapareciendo. Fruncí el ceño. No nos estaba llevando por el camino correcto.

Sin embargo, antes de que pudiera apuntar ese hecho, otro temblor sacudió la tierra. Oteé el aire, en busca de algún indicio que nos indicara qué podría estar pasando. No me creía que se diera la casualidad de que hubieran tantísimos terremotos seguidos por casualidad.
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Nala —me dirigí a la pequeña leona—. ¿Estos temblores se repiten muy a menudo por tu zona?

¿Sois guerreros que pelean contra los animales negros? ¡Eso es muy guay! Mi padre también pelea, y mi madre, y tío Scar, y toda la manada.

Parpadeé, aturdido por esa declaración. No me imaginaba al inteligente pero débil Scar peleando, más bien huyendo como un cobarde y poniendo alguna excusa de por medio. Cualquiera con labia podía hacer eso, y el león destacaba por eso y por su inteligencia.

Yo también quiero pelear contra ellos, y salvar al reino, es lo que hacen los príncipes. Si me ayudáis a derrotar unos cuantos más podría decirle a mi padre, ¡podría nombraros Guardianes del Ciclo!

Simba —dije firmemente, interrumpiendo cualquier otra cosa que hubiera podido decir—. ¿Te das cuenta de que poniéndote en peligro solo haces que mover a la manada hacia tierras peligrosas? Los príncipes no ponen en peligro a su familia, ni mienten y nos llevan por caminos equivocados.

Suspiré cansado, no me creía que aquel temerario cachorro era hijo de Mufasa. Al menos Nala parecía estar más o menos de acuerdo con nosotros. Bendita mente femenina.

Un sonido de huesos rompiéndose estrepitosamente hizo que se me erizaran todos los pelos del lomo. Me adelanté como una flecha, interponiéndome entre el grupo y el inminente peligro, dispuesto a saltar en cualquier momento y gruñendo con ferocidad. Un animal gris, de hocico negro había caído por los huesos, y se había estrellado contra la pared más cercana, frenando su caída en seco.

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HiehiehiEEhieee, ay, AY, que daño. Hiiieeheheheehiehiiihieee.

Su voz era afilada y aguda, y sus risas parecían más alaridos. Simba se adelantó un poco hacia él, pero antes de que pudiera acercarse más, le corté el paso con una pata. Nala fue más cauta, y se escondió detrás de nosotros.

Es una hiena —apuntó Simba—, mi padre siempre tiene que perseguirlas.

Muy interesante. Así que esos animalejos causaban problemas al reino, por lo que se veía; también recordé algún que otro comentario sobre aquellos animales, pero definitivamente nada bueno. Seguramente estarían desterradas, y no había mucho lugar a dónde ir. Recordé a Zira, que también sufrió la misma suerte. La bestia se incorporó sobre sus cuatro patas y ladeó la cabeza con la lengua fuera. Sea como fuere, no parecía especialmente lista. Pero eso no significaba que no hubiera una amenaza.

Entonces me di cuenta de un detalle que me hizo abrir muchísimo los ojos. ¿Cómo podían sobrevivir entre tantas hordas de Sincorazón si no se acercaban al reino? Una sospecha se comenzó a formar en mi mente de forma intensa. Gruñí en cuanto la hiena miró a los cachorros con cara de circunstancias.

No os acerquéis —mascullé al grupo con voz grave—. Algo no me da buen presentimiento.

Me llamo Ed... EeeeEeed... ¿Y vosotros?

Un temblor volvió a azotar la tierra. La desconfianza comenzó a corroerme como el óxido al hierro, pero quizás sería buena idea interrogarle. Pero algo... algo no me daba buena espina.

Una pata de cebra si nos dices por qué la tierra tiembla y si lo hace a menudo —le dije sin rodeos, adelantándome un paso pero sin acercarme mucho, poniéndome delante del grupo—. Dos si nos dices si hay mas hienas por esta zona. Tres si nos indicas cómo sobrevivís aquí.

Quizá ni siquiera vivían en las tierras oscuras y lo estaba malinterpretando todo; quizás solo era un animalejo extraviado, pero de ser así ya estaría muerto a manos de los Sincorazón. Por probar no pasaba nada... ¿o sí?
Fuera como fuese, me mantendría alerta todo el tiempo que fuera necesario.
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor Sito » Jue Ene 28, 2016 2:02 pm

El plan de Nicoxa fue un éxito. Seguro que su familia habría estado orgullosa de ella si la hubieran visto desenvolverse así por su cuenta. Lograron escabullirse de sus perseguidores con relativa facilidad mientras Simba les guiaba hacia el borde del cementerio, aunque el camino no era sencillo y habían estado avanzando en desnivel.

¿Y ahora por dónde?

Pues...

Nala y Simba se separaron un poco (sobre todo este último) para observar mejor el terreno. Nicoxa también investigó un poco y divisó que, un poco lejos y por debajo de ellos había una zona brumosa desde la que podían escuchar cómo aparecían los sincorazón. O eso o alguien se estaba dedicando a imitar ese característico sonido, cosa bastante improbable.

El cachorro de la realeza decidió subirse a un colmillo roto, lo cual provocó que Nicoxa le chistara. Nala por su parte volvió con la aprendiza.

¡Simba ten cuidado! Si no vuelves a hacer eso te daré un... ehm... —miró hacia todos lados esperando que se le ocurriera algo—. Un gusano, sí. No me dirás que no son graciosos ahí con lo gorditos que están.

Por allí se baja —dijo el leoncito al final. Ahora la cuestión estaba en cómo descender.

Simba bajó del colmillo y se reunió de nuevo con los aprendices.

Así que... —empezó a hablar con énfasis—, ¿sois guerreros que pelean contra los animales negros? ¡Eso es muy guay! Mi padre también pelea, y mi madre, y tío Scar, y toda la manada.

Simba... —se escuchó un murmullo de Nala.

Yo también quiero pelear contra ellos, y salvar al reino, es lo que hacen los príncipes. Si me ayudáis a derrotar unos cuantos más podría decirle a mi padre, ¡podría nombraros Guardianes del Ciclo!

Simba —interrumpió con algo de brusquedad Simbad—. ¿Te das cuenta de que poniéndote en peligro solo haces que mover a la manada hacia tierras peligrosas? Los príncipes no ponen en peligro a su familia, ni mienten y nos llevan por caminos equivocados.

Quizás había sido demasiado directo y franco con ellos, puesto que aún eran unos niños. No obstante Nicoxa creía que tenía toda la razón del mundo en reprocharle eso y asintió una vez hubo acabado. Ella también le habría comentado algo por el estilo, pero no era tampoco plan de que todos se cebaran con los cachorros y consideró que las palabras de Simbad fueron suficientes. Decidió cambiar un poco de tema.

Esto... ¿me podéis explicar qué es lo que hacíais aquí? —era un lugar tan inhóspito que era normal que se preguntara que hacían por ahí ellos dos solos. Entonces se sonrojó y tuvo en cuenta otra posibilidad. ¿Y si...? Quizás estaban en esa situación porque pretendían tener una cita. No hacía falta ser un lumbreras para ver la preocupación mutua que habían demostrado y el cariño que sin duda se profesaban. No pudo evitar reír por lo bajo, cada segundo que pasaba le parecían más monos que el anterior.

Entonces, por algún motivo, escucharon como unos huesos cercanos se rompieron, como si alguien los hubiera pisado. Simbad se alertó muy rápido y se interpuso entre el grupo y el origen del ruido, que cuando Nicoxa se asomó un poco comprobó que se trataba de otro animal, uno con pintas un poco extrañas. Al menos no era un sincorazón.

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HiehiehiEEhieee, ay, AY, que daño. Hiiieeheheheehiehiiihieee.

Los cachorros retrocedieron y se escondieron detrás de los aprendices nada más verlo. Simba, aun con todo, seguía mostrando valor.

Es una hiena —reveló. A Nicoxa le recordaba a los perros piojosos de las calles de Port Royal—, mi padre siempre tiene que perseguirlas.

Parecían unos animales peligrosos, sobre todo para las crías. A Nicoxa no le gustaba generalizar, pero tuvo que admitir que la vida salvaje no era igual que la humana y quizás estaba dentro de su propia naturaleza ser así.

Ah, oh, hola hiiieehieee, ¿qué hacéis por aquí? ¿No os han dicho que este es un lugar... hiiihihihihieee... peligroso?

Simbad les aconsejó que no se acercaran. Nicoxa le hizo caso, puesto que su presencia la había puesto nerviosa y quizás estaba intentando distraerlas, aunque por otro lado no parecía muy lista. Después de que se presentara como Ed y un nuevo temblor se notara en la tierra —haciendo que se estremeciera un poco—, Nicoxa le respondió:

Lo mismo podríamos decir de ti. Esta zona no parece segura para nadie, sinceramente.

Una pata de cebra si nos dices por qué la tierra tiembla y si lo hace a menudo —Nico miró con sorpresa a Simbad, ¿poseía de verdad esa misteriosa y sabrosa pata de cebra? ¿o estaría marcándose un farol?—. Dos si nos dices si hay mas hienas por esta zona. Tres si nos indicas cómo sobrevivís aquí.

Giró la cabeza para escuchar la respuesta de Ed. Esperaba que, tanto si Simbad tenía esa pata como si no, la hiena se mostrara colaboradora, aunque visto la forma que tenía de hablar no se iba a fiar demasiado de todas maneras.
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v. Ficha de Nicoxa .v
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Ronda #3 - Donde duermen los gigantes

Notapor Astro » Lun Feb 01, 2016 8:51 pm

¡¿Por dónde?!

¡Por aquí, por aquí!

La estrategia de avanzar en triángulo, con los cachorros en el centro, funcionó pese a las dudas de Ban. Sobre todo porque todavía no estaba acostumbrado a las cuatro patas, y tropezó un par de veces mientras corría y repelía a los sincorazón. Pero funcionó, que fue lo importante.

Guiados por Simba, el grupo avanzó hasta lo que parecía ser la salida, pero resultó ser un camino sin salida pues un muro de hueso bloqueaba el camino. Geniaaal, daba un mal rollo impresionante.

¿Y ahora por dónde?

Pues...

El principito se subió a un colmillo de elefante, haciendo gala de lo que par él sería valentía y chulería, pero los demás pusieron cara de reprobación. Salvo Ban, que se limitó a pensar qué harían si se cayera y se rompiera la crisma. ¿Cómo cargarían con él si no tenían manos? Empezaba a echar de menos sus pulgares.

Por allí se baja

Al poco de decirlo, todo volvió a temblar. Fue con menos fuerza que antes, pero alertó al grupo. ¿Serían frecuentes los terremotos en aquel mundo? Era una posibilidad a tener en cuenta.

Así que... —preguntó Simba, tras bajar y volver con los demás—, ¿sois guerreros que pelean contra los animales negros? ¡Eso es muy guay! Mi padre también pelea, y mi madre, y tío Scar, y toda la manada.

Simba... —Nala no pareció gustarle la pregunta.

Yo también quiero pelear contra ellos, y salvar al reino, es lo que hacen los príncipes. Si me ayudais a derrotar unos cuantos más podría decirle a mi padre, ¡podría nombraros Guardianes del Ciclo!

Ban se encogió de hombros, dejando a Simbad —el experto del mundo— la tarea de responderle, aunque lo que hizo fue más bien soltarle un sermón. Nicoxa, por su parte, intentó sonsacarles a los cachorros lo que hacían allí. Aunque nada de eso evitó que los dos leones empezaran a discutir:

¡Simba, no!

¿Qué, por qué no?

¡Porque... !

Un sonido, seguido por la llegada de alguien, cortó la conversación. No estaban solos: un extraño animal que emitía unos sonidos muy muy desagradables entró en escena. Apareció cayendo contra el suelo, como si se hubiera resbalado y luego rodado hasta allí.

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HiehiehiEEhieee, ay, AY, que daño. Hiiieeheheheehiehiiihieee. —dijo, medio tosiendo y medio riendo.

¿Qué es este chalado?

Es una hiena —dijo el cachorro—, mi padre siempre tiene que perseguirlas.

Ah, oh, hola hiiieehieee, ¿qué hacéis por aquí? ¿No os han dicho que este es un lugar... hiiihihihihieee... peligroso?

Algo he oído...

Factor peligroso, detectado. Los demás también debieron de notarlo, porque Simbad ordenó que no se acercaran. ¡Ni que hiciera falta que lo dijera!

Me llamo Ed... EeeeEeed... ¿Y vosotros?

Ninguno respondió, pero sí que se pudo notar un leve temblor de nuevo. ¿Qué demonios ocurría en aquel lugar? Para sorpresa de Ban, Simbad el guerpardo se adelantó y ofreció patas de cebra a cambio de información. El lince puso los ojos en blanco, más interesado en marcharse que en hablar con esa hiena poco fiable a simple vista. Permaneció quieto, alerta, esperando su respuesta. Si atacaba, no dudaría en dispararle una Flama tenebrosa a la cara.
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Re: [Tierras del Reino] Donde duermen los gigantes

Notapor LightHelco » Mar Feb 02, 2016 12:56 am

Más temblores, pero por alguna razón consiguieron alejar a los Sincorazón de nosotros. Según lo que nos fue contando Zazú, después de la huida, sobre aquellos terremotos, pensaba que había asustado a las criaturas, más yo había conseguido ver que se movían en la dirección al posible punto central de estos o al subsuelo. Si hubiese sido miedo, se habrían desperdigado o simplemente desvanecido en el aire, no, aquello había sido un movimiento.

Por como lo cuentas, no es algo común que por estas tierras se den terremotos —le dije al pájaro tras que mencionara el poco tiempo que llevaban sufriendo los temblores —. ¿Vuestro rey o alguien del reino sabe a qué se podrían deber? ¿Se puede dar el caso de que estén relacionados con los monstruos?

Y por mi experiencia como antiguo caballero me apostaba todo lo que llevaba en aquel momento a que sí era cosa de los Sincorazón. El ave se posó sobre el suelo nuevamente y avanzó por la zona casi a saltitos debido a sus cortas patas, me resultó gracioso, aunque sabiendo que yo era un ratoncito fijo que me movía casi de forma parecida.

Cielos, hay demasiada niebla, no veo nada. —comentó Zazu intentando ver algo desde el cuerno de elefante en donde estaba posado.

Tenía razón, habíamos entrado en una zona con niebla muy espesa e incluso haciendo que Ilana se alzara durante unos instantes sobre sus patas traseras, no pude llegar a ver mucho. Antes de que dejáramos de vernos, le pedí a mi compañera que se quedara junto al pájaro. Esto me sirvió para ver que la gran calavera en la que nos encontrábamos contaba con dos huecos que parecían formar una especie de cueva más abajo.

Tendremos que escoger uno de los caminos, incluso si sobrevolara el cementerio no podría localizar a los cachorros...

No tiene que preocuparse, señor Zazu… —intenté calmar a nuestro temporal compañero mientras buscaba por las pocas prendas que conservaba si aun tenía a mano mis cartas —. Anda, estabais aquí —. Sonreí sacando la baraja de debajo del sombrero y barajeandola con algo de dificultad con mis nuevas y pequeñas manos, menos mal que las cartas también habían empequeñecido —. Veamos… pares izquierda, impares derecha y…

No pude llegar a sacar ninguna carta cuando unos ruidos de pisadas y huesos crujiendo bajo ellas nos alertó. Bueno, también lo hizo que Zazu revoloteara hasta colocarse tras Ilana y que por esa razón mi compañera empezara a temblar. Pronto pude ver a los misteriosos animales, una pareja de hienas que parecían estar buscando a alguien. Realmente no me habría preocupado mucho de ellas, entendía que el pájaro las temiera, eran carnívoros y él un animal de menor tamaño, pero cuando una de las hienas empezó a olfatear la zona y mencionar que había olido algo, esto es, a nosotros, no tuve otra opción que actuar con rapidez.

Se me llegó a pasar por la cabeza el hablar con ellas, pero Zazu las temía, yo ahora era ahora parte del fondo de la cadena alimenticia e Ilana no era lo suficientemente grande como para hacer frente a dos carnívoros. Teníamos que huir y había que hacerlo ya.

Dos de Picas —dije una carta de número par al azar —. ¡Agarra al pájaro y metete por el agujero de la izquierda ahora mismo!

Sintiendo como le llegaban mis emociones, la felina pudo llegar a moverse y cogiendo a Zazu de la cola con su boca, empezó a correr al interior de la enorme calavera de elefante.
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LightHelco
111. Roxas Organización
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The Unknowns
 
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