[País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Encuentro de Fátima y Malik

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[País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Mar Mar 04, 2014 5:31 pm

Cronología
Malik: Trama Sombra de Luna >> Encuentro El regalo de Mujer Oso
Fátima: Trama Se acerca el Invierno >> Encuentro El regalo de Mujer Oso


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Existía una leyenda en Tierra de Partida, que decía que la Maestra Lyn concedía días libres una vez al mes y que, si tenías suerte, podías librarte de tener que pelear contra ella para que te los concediera. Malik no sabía si eso era verdad o sólo un rumor tonto que circulaba por el castillo, pero estaba decidido a averiguarlo.

Tres horas después de intentarlo se estaba arrepintiendo un poco mientras se frotaba las contusiones, pero al menos había conseguido dos días para hacer lo que él quisiera.

Tenía que aprovecharlos al máximo.

La verdad era que su maestra había estado ocupada con otros asuntos y otros aprendices, y él había tenido que buscarse cosas que hacer después de volver de Agrabah. Sin embargo no era como si no tuviera nada…

Todavía le acosaban los sueños y el recuerdo de ese anciano en aquella remota playa, que nunca lograba identificar. Más intrigado aún por haber probado el sabor del mar en Port Royal, Malik había estado buscando información en la biblioteca durante días, sin conseguir encontrar nada relevante. Sin ayuda externa o una guía, tardaría mucho tiempo en identificar lo que buscaba.

¿Y qué era exactamente lo que buscaba? Ni siquiera podía contestar a esa pregunta.

«Sólo sé que esa playa existe, debe existir. Si la encuentro quizá… ».

Quizá ese anciano volvería a aparecer en su mente. Y podrían volver a hablar. Quería saber por qué soñaba con el océano desde que era niño, por qué tenía recuerdos de un Mundo diferente a Agrabah cuando él no había tenido constancia de su existencia en aquel entonces. Quería saber…

Saber, ese era su problema. La curiosidad. El afán de conocerlo todo, de investigar, probar cosas nuevas. Parte de esa naturaleza había sido la que le había impulsado a aceptar el ofrecimiento de Lyn de convertirse en aprendiz, lo admitía.
Por eso necesitaba volver a ver a ese hombre, y preguntarle qué era todo aquello y por qué estaba dentro de su cabeza. Y para ello, lo primero era encontrar esa playa.

Su objetivo entonces sería visitar los Mundos que tuvieran playas y mar, para ver cual era con la que soñaba. El tiempo lo tenía, y en sus días de investigación se había hecho una lista de Mundos que poseían lo que buscaba. No eran muchos, y uno estaba parcialmente descartado.

Tendría que probarlos todos.

* * *


Su primera parada sería Nunca Jamás, un mundo que por lo que había leído, era bastante más tranquilo que los que había visitado hasta entonces, en dónde los habitantes no sufrían cambios, no crecían... No se sufrían plagas de sincorazón, y sus únicos problemas eran presumiblemente internos, entre los piratas y los indios, los llamados niños perdidos, o las propias hadas...

La mañana de su «salida» amaneció despejada, una buena señal quizá, de que podría irle bien en el viaje. Se había levantado temprano y tomado su tiempo para desayunar fuerte, en vistas de que era posible que no volviera hasta el día siguiente. Ninguno de los demás aprendices madrugadores le prestó atención. Muchas veces se preguntaba si sólo por el hecho de ser más mayor, los demás deslizaban la vista por encima, sin verle. No es que le molestase, pero a veces… se sentía aislado.

Hacía varios días que no sabía nada de Nadhia o Fátima, que tras su última aventura en Agrabah, parecían haberse vaporizado. Quizá era un poco precipitado llamarles amigas, pero era lo único que tenía en ese lugar, aparte de Mordisquitos, Kousen o Jess, la chica de Port Royal.

O incluso su maestra.

«Pero ellos son más fuertes que yo, estarán haciendo algo importante».

Chasqueó la lengua mientras bajaba las escaleras que comunicaban la puerta principal del castillo con los jardines delanteros. La luz del sol aún era suave y acariciaba la piel a través de las hojas de los árboles.

«Tsk, ¿recuerdas El Viaje, o lo que pasó en La Red, o Port Royal…. o…? No soy tan fuerte, ¿y si pasa algo?»

Y pensando en eso fue cuando se dio cuenta de que hasta la fecha, nunca había ido solo a ningún sitio todavía, y sintió vértigo. Se detuvo casi en seco al ponderarlo, y se terminó sentando en los escalones, un tanto abatido.

Todavía no era tan fuerte, sería una insensatez irse por su cuenta, a tentar a la suerte. Ni siquiera podía hacer magia, si resultaba herido por cualquier motivo, estaría a merced de cualquiera… Bueno, en su vida en Agrabah había pasado por bastantes dificultades, pero en Tierra de Partida decían que la luz del corazón de un portador atraía más fuertemente a los sincorazones, y él lo había comprobado.

Y de acuerdo, su experiencia en combate real contra ellos no era la mejor, siempre había estado alguien con él, pero…

«Aunque sería un idiota si sólo corriera como un loco sin estar mejor preparado».

De modo que empezó a meditar sobre a quién podría pedirle soporte en su viaje. El problema era… que en el fondo no quería, porque aunque la razón le dijese que era peligroso, el orgullo quería demostrarle al mundo que podía hacerlo bien él solo.

Y la soberbia era uno de sus peores defectos.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Mar Mar 04, 2014 6:36 pm

Si… algún día… me sale este maldito y asqueroso hechizo… seré feliz —gruñó Fátima.

Sacudió con desesperación una mano, pero no consiguió invocar el Piro+ que llevaba practicando toda la mañana. Sabia que tenía la habilidad necesaria para realizarlo, pero había algo que fallaba, ¡y no lo conseguía! La frustración le arrancó un quejido y dio una patada a una pequeña piedra que encontró por el camino. Harun, acurrucado en torno a su cuello, ronroneó y retozó la pequeña cabeza contra su mandíbula.

Está bien, pequeñajo —suspiró, acariciándole, sin prestar demasiada atención—. Pero si quieres dormir no deberías estar aquí —lo cogió con suavidad y lo miró mientras se enroscaba en su antebrazo—. Tú eres un bichito de fuego, ¿por qué no me enseñas a lanzar un Piro+ como Dios manda?

Harun le miró con sus ojos esmeralda y, por un momento, le pareció que sonreía. Sabía que algún día aprendería a hablar y que los dragones eran muy inteligentes, pero viniendo de algo tan pequeñito aquel gesto la cogió desprevenida. Con todo no pudo evitar sonreír.

Supongo que es como si a mí me preguntaran que enseñara a respirar, ¿verdad? Es algo natural en vosotros…

A veces se preguntaba si habría hecho bien en quedarse al cachorro de dragón. Había leído en varios libros cómo debía alimentarlo en cuidarlo, pero apenas se tenía información sobre las enfermedades que podían sufrir y se ponía histérica al pensar que cualquier día podía sucederle algo y ella no sería capaz de hacer nada para impedirlo si no funcionaban los hechizos curativos…

Echó a caminar, pensativa, buscando despejarse la cabeza, rascando el cuello de Harun. En su cabeza se mezclaba una maraña de preocupaciones, que iban desde el Piro malogrado a la próxima misión que tuviera que realizar, pues siempre caían de la nada y la cogían desprevenida. Y no quería volver a verse sumergida en un conflicto como el de Tierra de Dragones sin conocer toda la magia posible que, de todas formas, no era mucha…

Giró, siguiendo la galería, cuando vio a Malik sentado en unas escaleras. Soltó una exclamación y se detuvo un momento, sin saber bien cómo reaccionar. Su primer impulso, el de esconderse tras una columna, le pareció tan estúpido y anormal que enrojeció y tuvo que resistir las ganas de golpearse.

«No seas tan repelentemente infantil y ve a decirle "hola"» se ordenó.

Y echó a caminar hacia Malik. Le sorprendió ver que parecía un poco deprimido. ¿Habría pasado algo? Aunque, bueno, no debía ser fácil vivir en un lugar plagado de mocosos y sin casi adultos con los que poder hablar. Si ella estuviera en su lugar, casi con total seguridad también estaría algo abatida.

Se detuvo a poco menos de un metro y saludó con la mano libre:

¡Buenos días!

Cuando Malik la miró no pudo evitar sonreír.

¿Todo… bien? —dijo—. Es que pareces un poco tristón y… Bueno, me estoy imaginando cosas y es una excusa para hablar contigo —balbució, sintiéndose más estúpida a medida que cada palabra salía de su boca.

«Que me trague la tierra, maldita sea».

¿Te importa… si me siento? Si no molesto, claro.

Una vez recibió permiso, se sentó a su lado y estiró un poco el brazo al notar que Harun se revolvía al percibir un olor familiar. El pequeño dragón se deslizó con elegancia hacia el muslo de Malik, clavándole las pequeñas garras, y apoyó las patas delanteras en su pecho, haciendo ruiditos.

Alguien quiere mimos—sonrió Fátima. Observó unos instantes el perfil de Malik y luego se animó a decir:—. Si hay algo de lo que quieras hablar… No sé, conmigo o con cualquier persona que te sirva, me encantaría escuchar.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Mar Mar 04, 2014 7:09 pm

«… venga, al Mundo al que quiero ir hoy tampoco es tan… peligroso. Los archivos pintan a los piratas bastante más flojos que los de Port Royal, no será para tanto».

Apoyó la sien contra el macizo de la balaustrada de la escalera y suspiró. No soportaba pensar que no era suficiente. A nadie le gustaba pensar que no era suficiente.

«Quizá sea mejor que espere y tenga paciencia».

Estaba a punto de levantarse para volver a subir las escaleras hacia la biblioteca cuando oyó una voz conocida…

¡Buenos días! ¡Hacía mucho que no nos veíamos!

… que le sorprendió e hizo que mirara hacia los escalones superiores, encontrandose con que Fátima estaba allí parada, cerca, con el dragoncito que había recogido en Tierra de Dragones enroscado en un brazo. Verlo un poco más grande de lo que estaba cuando volvieron de aquel Mundo le recordó la peripecia contra los hunos y el dragón sincorazón, su padre…
Una pequeña punzada de lástima le atravesó el pecho, que enseguida se disipó al mirarla a ella otra vez.

Buenos días —saludó, esbozando una pequeña sonrisa afable.

No habría esperado encontrarse con ella allí. Por lo que sabía, Fátima solía andar enfrascada siempre en algún estudio superior al suyo, o en el cuidado de su nueva mascota, o… Bueno, no sabía tampoco mucho. Desde que fuera a buscarla a ella y a Nadhia a Agrabah no habían vuelto a verse. Quizá de pasada en el comedor, algún pasillo. Quizá un entrenamientos esporádico...

¿Todo… Todo bien? Es que pareces un poco tristón y… Bueno, me estoy imaginando cosas y es una excusa para hablar contigo —dijo ella.

Desvió la vista hacia el suelo, y adelante, con su media sonrisa. Sí, quizá un poco triste, pero no lo admitió.

Más o menos...

¿Te importa… si me siento? Si no molesto, claro.

No molestas, tranquila.

Dejo que se sentara a su lado, cerca, y observó por el rabillo del ojo su figura, y el movimiento del pequeño dragón, que por alguna razón se había desenroscado del brazo de ella y deslizado por su muslo hasta apoyar las patas en el pecho, emitiendo ruidos bajos que no supo identificar. Sin darse cuenta se echó un poco hacia atrás para dejarle espacio al animalito, y poder alargar el brazo hacia él.

Alguien quiere mimos —miró a Fátima, y su sonrisa le tranquilizó un poco.

No era la primera vez que tenía al dragón encima, ya lo había llevado enroscado al cuello al ir en busca de su dueña al Gran Desierto. Pero aunque fuese una cría, era un dragón al fin y al cabo. Los que había visto, bueno… el respeto se ganaba de muchas formas. Lentamente pasó la yema de los dedos por el lomo alargado del dragoncito, notando la suavidad de sus escamas, y el tacto templado de su cuerpecito. Luego le acarició la cabeza, despacio, con todo el cuidado del Mundo. Era una preciosidad de criatura...

Si hay algo de lo que quieras hablar… No sé, conmigo o con cualquier persona que te sirva, me encantaría escuchar.

¿Eh?

Eso quizá le pilló por sorpresa. Nadie nunca le había dicho algo como aquello, ni en su mundo natal, ni en el castillo. La verdad es que en general su vida había sido bastante solitaria, más por su propia forma de ser que por culpa de los demás. Pero estaba descubriendo que la sociabilidad era un factor mucho mejor que la soledad. Y por eso probablemente decidió abrirse un poco, por primer vez. Estaba cansado, día sí y día también, de no poder desahogarse con alguien que pudiera entender sus preocupaciones, la presión de ser aprendiz de algo tan importante...

Bueno… —murmuró, sin dejar de acariciar al dragón, casi como acto mecánico—. Digamos que… tengo algo que hacer en Nunca Jamás, pero no creo estar preparado para ir... —cabeceó, con la vista clavada en el regazo, y en el animal—. Quiero decir, yo solo.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Mar Mar 04, 2014 7:27 pm

Malik acariciaba con naturalidad a Harun y el dragoncito parecía muy cómodo en su regazo. Le pareció normal; Malik se había ocupado de traérselo a Agrabah cuando se marchó con Fátima y se había acostumbrado a él. Además, era tan maduro y tan tranquilo que no podía poner nervioso a Harun.

Cuando Malik comentó a dónde le gustaría ir y añadió el hecho de que no quería ir solo, el corazón le dio un vuelco. Nerviosa, sin saber muy bien qué hacer con las manos, se rodeó las rodillas y se mordió el labio inferior. ¿Era una indirecta? ¿O sería muy arrogante por su parte decir que ella estaba dispuesta a acompañarle? Por otra parte, le pareció muy razonable que no quisiera marcharse cuando apenas llevaba un par de meses entrenando en Tierra de Partida… Bueno, no se podía decir que ella fuera una veterana, pero…

Si quieres puedo acompañarte… En realidad mientras no haya lucha contra Sincorazón creo que eres probablemente de los que mejor podría apañárselas de todos nosotros, pero… —no, nada de «peros». Resultarían ofensivos—. Bueno, la verdad es que todavía no he ido a Nunca Jamás, aunque he leído mucho sobre él y no estaría mal ir… —y le sonrió tímidamente.

Le hubiera gustado preguntar sus motivos, por qué el repentino interés por Nunca Jamás, pero no quiso meterse en sus asuntos. Sabía que Malik era reservado y quería respetar su espacio.

****


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Después de consultar las coordenadas en un mapa —y de dejar a Harun a cargo de su niñera oficial, Nadhia—, Fátima y Malik hicieron aparecer los glider y dejaron atrás Tierra de Partida.

El viaje fue bastante largo y Fátima estaba empezando a sentir unos desagradables calambres en los brazos y las piernas cuando, al fin, avistaron Nunca Jamás.

Contempló con asombro la preciosa isla que apareció tras una capa de nubes. Era realmente bonita y estaba cubierta por un manto de verdor, como si en aquel lugar hubiera una permanente primavera. Sacó atropelladamente el mapa, satisfecha de poder despegar las manos del glider sin sufrir vértigo, como en los primeros tiempos. En la cala más grande de todas parecía que era donde se solían refugiar los piratas, así que no era un buen lugar para aterrizar. Decidió, en cambio, dirigirse a la laguna e hizo señas a Malik, buscando su aprobación.

Luego sobrevoló la isla hasta encontrar un pequeño claro en el que aterrizó. Una vez allí se deshizo de su armadura y miró a su alrededor. Aquel lugar, plagado de altos y frondosos árboles, le transmitió una sensación extraña. Sí que parecía ser primavera, podía ver muchos brotes tiernos, pero a su vez tuvo la impresión de que ese bosque respiraba un aroma antiguo.

Qué sitio tan bonito —comentó a Malik y sonrió al ver saltar una ardilla de una rama a otra a toda velocidad—. En mi mundo no había bosques tan… Tan vivos.

Experimentó un cosquilleo de emoción. Sabía que la isla estaba habitada, pero era la primera vez en mucho tiempo que no iba a un mundo excesivamente problemático. Si conseguían mantenerse alejados de los piratas, ¡casi podía ser como una excursión! Al menos en comparación con moverse por tierras en guerra…

Y, además, iba con Malik. Miró de reojo al hombre y, aunque no terminaba de gustarle aquella sensación de alegría ante la idea de pasar varias horas seguidas con él, sonrió. Esperaba poder hablar con él e intimar un poquito más. En China apenas habían tenido tiempo por todo lo ocurrido con los hunos y los padres de Harun. Pero esperaba que esta vez tuvieran algo más de tranquilidad para charlar. Seguro que Malik tenía muchas historias interesantes de contar de antes de ingresar en la Orden..

¿A dónde quieres ir? —le ofreció el mapa de la isla que había tomado prestado de la biblioteca y dejó que él decidiera. Después de todo, a ella le daba igual.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Mar Mar 04, 2014 8:09 pm

Se preguntó cuánto tiempo tardaría el dragoncito en alcanzar el tamaño de los dragones que había visto en China. Todavía le daban escalofríos cuando recordaba la pelea contra aquel fiero y gigantesco dragón-sincorazón, el padre de la criatura que tenía ahora en el regazo. Aunque seguramente ni él, ni siquiera la dueña, llegarían a verlo en su plenitud. Por lo que sabía, los dragones eran de crecimiento lento, y muy longevos…

Pasó un dedo a lo largo del cuerpo del dragón, notando cómo se arqueaba para apretarse contra la yema. Debía de gustarle la caricia completa.

Yo… Yo, si quieres y te parece bien —el balbuceo de Fátima le hizo levantar la cabeza, hacia ella—, puedo… acompañarte. En realidad mientras no haya lucha contra Sincorazón creo que eres probablemente de los que mejor podría apañárselas de todos nosotros, pero… —Malik levantó levemente las cejas. ¿Qué quería decir con eso?—. Bueno, la verdad es que todavía no he ido a Nunca Jamás, aunque he leído mucho sobre él y no estaría mal ir… Si… a ti te parece bien.

Aunque estaba callado y serio, su pequeña sonrisa le ablandó un poco. Era una chica encantadora y amable. Aquel era un gesto muy considerado por su parte. Seguramente no muchos allí habrían hecho lo mismo.

Se lo agradeció con una sonrisa propia, suave y relajada.

Me parece bien, sí —asintió, sosteniendo al dragoncito con cuidado sobre el brazo, apoyado como si fuera un ave, y se levantó, mirándola—. Gracias.

* * *


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Después de dejar a la cría de dragón con Nadhia, y de consultar las coordenadas para localizar y llegar a su destino —Malik no llegó a comprender por qué en algunos mapas habían escritos directrices absurdas sobre amaneceres y estrellas—, convocaron los glider en el patio del castillo y se elevaron rumbo al Intersticio, para ir al encuentro de Nunca Jamás.
La verdad es que el viaje, aunque se le hizo un poco más largo de lo normal comparado con los que había realizado ya, volvió a emocionarle sólo por el hecho de sentir el tirón de la velocidad, de oír el silbido de los vehículos cortando el espacio entre Mundos. Había pocas cosas que le entusiasmaran tanto como montar en glider. Sin embargo, finalmente avistaron Nunca Jamás tras las nubes algodonosas que cubrían el cielo.

Malik redujo la velocidad al tiempo que veía a Fátima desplegar el mapa de la isla, y se tomó los segundos en los que ella lo consultó para admirar la isla. Desde arriba parecía una gran mancha verde, salpicada de blanco en la cima de la montaña central. Una cala se abría al mar, en la que parecía estar anclado el barco de los piratas, y también una laguna vacía, que parecía ser más pacífica. Igualmente pudo distinguir pequeñas extensiones de arena, aunque ningún castillo al final. Pero eso no le desalentó.

Asintió a la indicación de Fátima y siguió su estela, aterrizando en el claro que ella había elegido. Esperaba que nadie les hubiera visto llegar, aunque era poco probable. Los libros decían que la isla estaba casi deshabitada.

Una vez se quitó la armadura, Malik sintió una sensación curiosa y que le fue difícil de identificar. Nunca había estado en un sitio así, siquiera en los oasis, con árboles tan grandes, de troncos tan anchos y tan altos, de los que colgaban lianas y florecían racimos de coloridas flores por todas partes. Se notaba extraño, más joven, como si el bosque le estuviera diciendo: Eres un niño, eres un niño. Tuvo la sensación también, al respirar, de que se le llenaba la nariz y los pulmones de agua. No había olvidado lo que era vivir en un desierto, y el caminar por un bosque tan verde se le hizo… mágico.

Qué sitio tan bonito —oyó que comentaba Fátima. Siguió la dirección de su mirada y atisbó a aquella criatura pasar de un árbol a otro a una velocidad increíble. ¿Cómo podían hacerlo?, ¿y qué eran?—. En mi mundo no había bosques tan… tan vivos.

En el mío tampoco —dijo él, mirando en derredor y avanzando un par de pasos. Se dio cuenta de que no sabía de dónde venía Fátima, porque nunca se lo había preguntado, y se sintió un tanto estúpido—. Nunca llegué a viajar más allá del gran desierto de Agrabah.

Llegó a pensar, sin darse verdadera cuenta, que era un alivio que aquel mundo no lo asolara una guerra, como a China. Un sitio así moriría enseguida...

¿A dónde quieres ir?

Cogió el mapa que le ofrecía ella y meditó durante un momento la ruta más asequible. Más allá de unas cuantas hileras de árboles se perfilaba el final del bosque junto a la laguna, y podía oír el chapoteo del río en dirección contraria, el piar de los pájaros, crujidos de ramas y hojas…

La playa que esté más cerca —murmuró, señalando con dos toquecitos de dedo la más próxima a la laguna—, empezaremos por ahí —dobló el mapa y se lo tendió, quedándose callado durante unos segundos, pensativo, hasta que finalmente habló otra vez—. Aunque… creo que debería explicarte antes qué es lo que estoy buscando, te has tomado la molestia de acompañarme y te lo debo.

Echó a andar entre los troncos, esperando que lo siguiera, mientras empezaba a contar un poco la historia de sus recuerdos:

Cuando era pequeño soñaba a menudo con el mar, y poseo recuerdos sobre playas y océanos que no debería tener —ya que provenía de un mundo de arena—. Nunca entendí el porqué, pero cuando acepté ser portador y descubrí que existían otros Mundos aparte del mío, comprendí que a lo mejor esos sueños y recuerdos podían ser de otro Mundo —chasqueó la lengua—. La verdad es que igualmente me resultaba raro, así que me propuse averiguarlo.

»Y durante una misión —no tuvo reparos en mentir un poco, Ronin les había pedido expresamente que no revelaran nunca lo sucedido en La Red—… me pasó algo. Luchaba contra un sincorazon más fuerte que yo, estaba a punto de sacarme el corazón —frunció un poco el ceño, recordando que sin Jess cerca, probablemente habría muerto—, cuando caí, me desmayé y entré en trance, o algo así. Y vi la misma playa con la que había estado soñando todos esos años, y a un anciano en ella, hablándome. Me infundió el valor que había perdido durante la pelea y conseguí recuperarme lo suficiente para ganar.

En ese punto de la historia se paró junto al último árbol antes de salir a cielo descubierto junto a la laguna. La superficie era una pátina casi perfecta, sólo rizada de vez en cuando por el movimiento del viento o algún pez que nadara a poca profundidad. El agua era prístina, clara, transparente. Se asemejaba mucho a un paraíso.

Sé que tiene que existir en alguna parte, así que si la encuentro, quizá averigüe quién es ese anciano, y qué hace dentro de mi cabeza.

Malik inspiró hondo, antes de caminar hacia las rocas que ya formaban parte de la línea de costa de la laguna. Tendrían que bajar por ellas hasta la plataforma más baja junto al agua, y atravesar algunas por la laguna. Se deslizó por la primera hasta la segunda, y se volvió para mirar a Fátima, con una sonrisa divertida, y le hizo un gesto con la cabeza, como si dijera: Vamos, patito, el último en bajar pierde.

Como si fuera un niño, exactamente como si fuera… un niño. Era ese sitio, que le hacía sentirse como uno.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Mar Mar 04, 2014 8:50 pm

La playa que esté más cerca, empezaremos por ahí —Fátima asintió y tomó el mapa que le entregaba Malik para guardárselo en un bolsillo.

Iba a echar a andar, pero Malik se quedó quieto un momento, con expresión meditabunda.

Aunque… creo que debería explicarte antes qué es lo que estoy buscando, te has tomado la molestia de acompañarme y te lo debo.

Oh —Fátima le miró con sorpresa. No había esperado que quisiera explicárselo, suponía que se trataría de temas personales y… Bueno, ella había tenido sus propios motivos para querer ir—. No hace falta si no quieres. Entiendo que es algo privado… P-pero te lo agradezco, claro.

Cuando Malik echó a andar, Fátima apretó el paso para situarse a su altura y que no la dejara atrás. Escuchó su historia sin interrumpir, mirándole muy fijamente. Torció el gesto cuando le describió la desagradable escena con el Sincorazón y se preguntó en qué demonios pensaban los Maestros al permitir que unos novatos lucharan contra esos monstruos.

Llegaron al lindero del bosque, que se abría hacia la laguna donde se suponía que se encontrarían las sirenas. Los dos contemplaron, extasiados, la brillante superficie del agua, tan cristalina que parecía sacada de una ilusión, más que de la realidad.

Quiero encontrar esa playa —dijo entonces Malik—, sé que tiene que existir en alguna parte, así que si la encuentro, quizá averigüe quién es ese anciano, y qué hace dentro de mi cabeza.

Ahora lo entiendo —sonrió Fátima—. Seguro que la encontrarás. Hay muchos mundos con playa pero no hay que rendirse… Te ayudaré en todo lo que sea capaz.

Era algo muy curioso, pero no lo encontró realmente extraño. Había visto tantas cosas en el tiempo que llevaba viviendo en Tierra de Partida que la posibilidad de compartir recuerdos se le antojaba extraordinaria, pero no imposible.

Empezaron a descender hacia la laguna y pronto comprobaron que no iba a ser tan fácil acceder: había que saltar de unas rocas a otras y había bastante distancia entre unas y otras. Menos mal que se había traído unos pantalones…

¿Crees que podrás…?

Malik no esperó a que terminara la frase: directamente se deslizó de una piedra a otra y la miró desde abajo con una sonrisa de diversión. Luego movió la cabeza, como retándola a ir tras él.

Por algún motivo, no le extrañó esa actitud juguetona, a pesar de que recordaba la cara que Malik había puesto cuando Kousen acabó rodando colina abajo en Tierra de Dragones por hacer una carrera. Era ese sitio. Había algo en el aire, algo excitante, algo que volvía imposible poder quedarse quieto. Fátima devolvió una mirada desafiante, retrocedió un par de pasos y cogió carrerilla. Justo antes de llegar al borde de las primeras piedras pegó un salto y cayó en picado hasta una que había varios metros abajo. Aterrizó como le había enseñado a hacer Lyn; sin poner rígidas las piernas, doblando las rodillas en el momento exacto y absorbiendo el golpe. Se incorporó con agilidad y saludó a Malik, sonriendo, con los dedos.

¿Te da miedo mojarte? —y con una carcajada se acercó a un nuevo risco y saltó de nuevo, sin miedo, como cuando era pequeña y sólo pensaba en trepar a los árboles y a los tejados con sus hermanos, en correr colina abajo haciendo carreras a toda velocidad con riesgo de quedarse sin dientes.

¡No podía creer que hacía sólo un par de años no pensara en otra cosa que divertirse! Era como si hubieran pasado siglos desde que lo hubiera pasado así.

Una de las rocas estaba cubierta de musgo y al pisar resbaló hacia delante, pero consiguió guardar el equilibrio en el último segundo y reír entre espasmos.

¡Madre mía! ¡Menos mal que ya estoy casi en el agua! ¡Eh, Malik! ¡Al paso te dejaré atrás!

Cuando llegó al borde de la laguna se detuvo a esperar a Malik con las manos en las caderas, cubierta de una ligera capa de sudor. Entre tanto contempló la laguna, pensando que sería una pena romper la bonita superficie del agua, que parecía casi un cristal pulido, pero no había acabado de pensarlo cuando vio que el hombre se tambaleaba y resbalaba hacia delante.

¡Malik! —dijo, divertida.

Se agachó rápidamente, dispuesta a tenderle una mano. No estaban demasiado lejos de la orilla, pero no sabía si podría hacer pie, y si venía de Agrabah no estaba segura de que tuviera la más mínima idea de nadar. Así que exclamó:

¡Malik, cógete! —no podía dejar de sonreír y la risa luchaba por estallar en su pecho. Al final no pudo evitar que se le escaparan un par de carcajadas.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Mar Mar 04, 2014 9:27 pm

Estaba bajando por otra de las rocas, resbaladiza y algo inestable, cuando oyó sus pasos, su carrera y el propio salto, y se detuvo únicamente para ver su sombra volar sobre él, y su aterrizaje. Uno limpio, calculado y elegante. Un salto que seguramente había practicado muchas veces.

Sintió el agridulce sabor de la envidia sana en la boca, y tomó aire antes de asomarse lo suficiente como para poder verla allí abajo, saludándola.

¿Te da miedo mojarte? —su risa, fresca y juvenil le hizo sonreírse, aguantándose sus propias ganas de reír.

¿Cuánto hacía que no jugaba, dejado de ser niño? Demasiados años. La magia de ese Mundo le hacía sentir diferente, más relajado, joven, más niño. Y no le importaba ceder ante un reto tan pueril como una carrera riscos abajo. Sabía y se daba cuenta de que de ser otras las circunstancias, habría fruncido el ceño y reprimido un regaño, pero no esa vez… No podía.

¡Cuidado, no te vayas a caer! —exclamó, con un tizne de burla infantil al verla resbalar, a la vez que él mismo saltaba de roca en roca, aunque no estuviesen demasiado lejos unas de otras.

Su entrenamiento aún no le permitía saber hacer lo que una aprendiza tan aventajada como Fátima podía. Sin embargo eso le incitaba a querer avanzar más.

¡Madre mía! ¡Menos mal que ya estoy casi en el agua! ¡Eh, Malik! ¡Al paso te dejaré atrás!

¡Sigue soñando!

Volvió a saltar, cada más confiado, y por supuesto, más imprudente. Las piedras inferiores estaban cubiertas de musgo resbaladizo, incluso mojado y al pisar una de ellas, no lo hizo firme y se tambaleó, sin control, hacia adelante.

¡Malik!

Ni siquiera el grito de la chica le asustó. La tensión inicial por el resbalón desapareció, y en su mente sólo se quedó la emoción de… caer y tocar el agua, por fin, de alguna forma.

¡Malik, cógete!

Y aunque alzó la mano para coger la de Fátima, y rió contagiado de las carcajadas nerviosas de la jovencita, los dedos rozaron pero no sujetaron, y cayó como un plomo a la laguna, rompiendo la tranquila y lisa superficie cristalina.

La sensación de estar por completo sumergido era algo totalmente diferente a todo lo que había sentido hasta entonces. Nada era comparable, el sentido de plenitud, el frío repentino, incluso la falta de aire, la libertad de movimiento aún sin saber nada. Malik tardó unos segundos en asimilar que estaba hundiéndose y que si no salía, se ahogaría, así que manoteó, tratando de mantener el control de su miedo y finalmente emergió, tosiendo agua y respirando a bocanadas furiosas. Logró mantenerse a flote gracias a casi olvidados movimientos de brazos y piernas. No sabía nadar como tal, pero muchas veces se había bañado en algún que otro oasis y al menos podía moverse por el agua sin hundirse de verdad. Logró alcanzar una de las rocas centrales y sujetarse allí, en tanto que se quitaba el agua de la cara y pestañeaba. Le escocían los ojos y aún le goteaba agua de la nariz.

Resopló, riendo después, y miró a Fátima, todavía en los riscos.

Entonces resonó una risa de mujer en la laguna. Una que no era de Fátima. Malik se sujetó mejor a la roca, con medio cuerpo aún dentro del agua, y miró en derredor. Otra risa. Fue después que la vio. Grácil, hermosa, joven y risueña, divertida.

Una sirena, nadando hacia él, hasta apoyarse a su lado en la piedra pulida, con el pelo húmedo, rubio, precioso y una sonrisa que habría encandilado a cualquiera.

¿Has venido a verme?, ¿quieres nadar conmigo?

Eh…

Malik, a pesar de sentir debilidad por las mujeres hermosas —y por las sirenas— conservaba un recuerdo muy reciente de las sirenas de Port Royal, luchando y matando como fieras, y aunque sabía que no era igual, el instinto le hizo retroceder hacia atrás para alejarse de ella. Sin embargo, dos manos le sujetaron por los hombros suavemente, y otra voz diferente ronroneó, juguetona, casi en su oído.

No seas tonta, Marina, está claro que ha venido a verme a mí, yo soy más guapa.
¡De eso nada, querida!
¡Quiere verme a mí!
¡No, a mí!
¡Se ha tirado por mí!

En cuestión de segundos, seis sirenas se habían reunido en torno a él, chapoteando, mientras se tiraban del pelo o se apartaban, sólo para ver al desdichado que había caído a su laguna.

No es tan guapo como Peter, pero…
Es mucho mayor que Peter…
¡Pero a mí me gusta!

Malik sintió cómo se le cerraba la garganta por el miedo y se subió como pudo a la roca.

Estábamos tan solas…
Peter nos tiene abandonadas.
¿Nos contarás una historia?
¿Cómo te llamas?

¿De dónde habían salido tantas sirenas? Le lanzó una mirada de socorro a Fátima, que una de de las sirenas captó.

¡Una chica!

La que la había visto primero nadó rápidamente hasta Fátima, mirándola con cara de pocos amigos, envidiosa tal vez.

¿Qué haces aquí?

No me gusta su ropa —otra de ellas la siguió.

Y una tercera añadió, de forma maliciosa:

¿Por qué no vienes a nadar? —de un coletazo salpicó agua hacia Fátima, y rió.
¡Eso, ven a nadar! —la primera también la salpicó.

Riéndose, una a una fueron chapoteando a traición para empapar a Fátima, sin dejarla ningún respiro. Y no pararon hasta que Malik gritó:

¡Basta!

Ellas refunfuñaron, Malik sin entender por qué habían decidido obedecer. Aún sentado en la roca central, al borde del agua, trataba de mantenerse todo lo calmado que podía. No parecía que fueran a hacerles daño, al menos daño real.

Oh, vamos, sólo queríamos jugar —gimoteó una.

De nuevo, ellas nadaron hasta reunirse en la roca, junto a Malik. Parecían ser sirenas que adoraban a los chicos, pero que despreciaban a las chicas.

Las chicas humanas son tan aburridas…

Malik se apartó el pelo de la frente, húmedo hacia atrás y miró a Fátima de nuevo, pidiéndole disculpas en silencio. Si no se hubiera caído, eso no habría pasado.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Mar Mar 04, 2014 10:13 pm

La risa de Fátima se cortó en seco cuando, después de un ligero roce, Malik se hundió en el agua. Le vio manotear bajo el agua y, durante unos instantes, se quedó petrificada, luchando entre el impulso se lanzarse al agua a rescatarlo y esperar por si Malik era capaz de salir por su propia cuenta. Fueron unos segundos insoportables, durante los que sintió el corazón en la garganta y tuvo la impresión de que el mundo se había detenido.

¿Malik? —gritó.

Entonces el hombre rompió la superficie del agua y se aferró a una piedra. Sólo entonces se dio cuenta de que había dejado de respirar y aspiró una larga bocanada de aire.

¿Estás bien? —preguntó, todavía algo asustada, si bien se relajó al ver que Malik empezaba a reír y ella misma consiguió sonreír—. Espera que bajo a ayudarte.

Estaba mirando dónde le convendría más saltar sin riesgo a caer ella misma al agua cuando percibió un movimiento en las aguas y levantó la mirada. Se quedó boquiabierta al ver a una bella joven emerger, con los cabellos empapados cayendo sobre sus hombros y…

¡Y una cola de sirena!

¡Dios mío! —susurró, cubriéndose la boca con las manos.

¿Has venido a verme?, ¿quieres nadar conmigo?—sonrió la sirena a Malik que reculó como pudo.

Sin embargo, para asombro de Fátima, una nueva sirena surgió a espaldas del hombre, poniéndole las manos en los hombros, posesiva, mientras decía:

No seas tonta, Marina, está claro que ha venido a verme a mí, yo soy más guapa.

«Eso es modestia pura y lo demás tontería» pensó Fátima arqueando las cejas.

En cosa de un par de instantes, seis sirenas habían salido a la superficie y se peleaban a gritos por la posesión de Malik. Fátima no sabía bien qué hacer: no parecía que fueran a hacerle daño, quizás en todo caso debería temer por la integridad de las sirenas, no fueran a arrojarse las unas sobre las otras. Pero, entonces, ¿qué tenía que hacer? ¿Pedirles que se apartaran educadamente?

Entre tanto, Malik consiguió subirse a una roca y miró a Fátima, claramente pidiendo ayuda. La chica asintió e iba a buscar una manera de descender cuando oyó exclamar:

¡Una chica!

Y de repente se convirtió en el blanco de seis sirenas. Sin saber muy bien cómo reaccionar, observó a una acercarse sinuosamente hacia ella y… Ay, no parecía que con intenciones de hacerse su amiga.

¿Qué haces aquí? —preguntó con cierta hosquedad.

Fátima, además, creyó percibir una posible envidia. Le asomó una pequeña sonrisa a los labios y señaló a Malik.

Viajo con él.

No me gusta su ropa —otra de ellas la siguió.

«¿Pero vosotras entendéis de ropa?» pensó, mirando los torsos desnudos de las jóvenes, apenas cubiertos por sus abundantes cabellos. A pesar de la estupidez de la situación se sintió ofendida. ¡Ella tenía mucha idea de ropa! ¡Más que muchas chicas de Tierra de Partida! Aunque, de acuerdo, no llevaba sus mejores prendas, no en medio de una misión pero…

¿Por qué no vienes a nadar?

¿Eh? ¡Ah! ¡La madre que…!

Fátima se incorporó con un chillido de irritación, sacudiendo los brazos: estaba empapada de arriba abajo. Había que ver la fuerza que tenían las sirenitas con sus colas. De repente dejaron de parecerle bonitas e interesantes y les dirigió una mirada amenazante.

Entonces le golpeó otra ola de agua y, de repente, parecía que se hubiera desencadenado una tormenta sobre ella.

¡Quietas! —gritó, más enfadada que asustada o molesta. Resbaló sobre la roca y cayó sobre el trasero, viendo un estallido de estrellas bajo sus párpados. Soltó un quejido.

«¡Como sigan no respondo de mí! ¡Se van a enterar…!»

¡Basta!

Ante el grito de Malik, las salpicaduras cesaron de golpe y escuchó a las sirenas refunfuñar. A través de los goterones del pelo, vio cómo se medio hundían en el agua, como niñas a las que acabaran de echar una bronca. Rodearon a Malik y musitaron excusas. Fátima no sabía qué era mas surrealista, si ver a las sirenas sometiéndose a un desconocido o que buscaran tan desesperadamente su aprobación.

Las chicas humanas son tan aburridas…

Aquel comentario logró arrancarle una carcajada que ahogó a duras penas. Oh, bueno, si al menos la consideraban una mujer… Era un consuelo. Lo peligroso habría sido que se hubieran dado cuenta de que no lo era. Tuvo cuidado al levantarse, esperando que no se notara nada fuera de lo normal —cada vez la obsesionaba más el tema…— y entonces atisbó el gesto de disculpa de Malik. No entendía por qué le pedía perdón, pero movió la mano en su dirección, dándole a entender que no tenía importancia.

Con cuidado de no volver a resbalarse, y controlando atentamente a las sirenitas, no les fuera a dar por atacar de nuevo, saltó a una roca más cercana a Malik. Las sirenas la miraron con hostilidad, pero Fátima se esforzó por mostrarse indiferente.

Disculpad, ¿podríais decirnos dónde están los piratas en este mismo momento? —titubeó. No sabía cómo serían las sirenas, aunque había leído que las de ese mundo eran muy caprichosas y estaba claro que no les gustaban las mujeres. Ironías de la vida. Así que lo mejor que podía hacer era centrarse en Malik. Casi con seguridad a él no querrían hacerle daño—. Mi compañero no querría cruzarse con ellos.

Las sirenas alternaron la mirada entre uno y otro y al final una rubia, ¿la tal Marina?, dijo con una sonrisilla:

¿Y nosotras qué ganamos?

¡Eso, eso!

¡Sí! ¿Qué ganamos?

¡Que nos cuente una historia!

¡Sí, nunca hemos visto a este hombre por aquí! Seguro que viene de lejos.

Cuéntanos una historia.

Y se arremolinaron entre súplicas y suspiros en torno a Malik. Fátima hizo un inmenso esfuerzo por no sonreír y se encogió de hombros en dirección al hombre.

O le contaba una historia o salían corriendo. Él elegía.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Mar Mar 04, 2014 10:30 pm

Se mantuvo todo lo serio que pudo, más allá del miedo, que empezaba a disolverse. Aquellas criaturas no parecían ser en verdad, como las sirenas de Port Royal. No parecían ser peligrosas en el sentido de querer utilizarle y devorarle después. Cada vez más se tranquilizaba pensando que simplemente eran seres caprichosos, coquetos y dependientes de los hombres. Se preguntó si ese Peter al que mencionaban sería el mentado Peter Pan en los libros de texto. Asumió que sí, ya que la coincidencia era demasiado obvia.

Se limpió la poca agua que todavía le goteaba del pelo por la cara y se echó los mechones pegados a la frente hacia atrás, exhalando un suspiro aliviado. El susto no se lo había quitado nadie… Se acomodó un poco mejor en la roca, intentando sentarse en uno de los salientes superiores, a la vez que Fátima se acercaba a él por otra. Las sirenas vigilaban sus movimientos, hostiles, pero se mantuvieron quietas. Cosa que Malik agradeció, no le apetecía enzarzarse en una absurda discusión. Ya le había irritado bastante que ellas se mostraran tan poco simpáticas con Fátima, a razón de nada.

Disculpad, ¿podríais decirnos dónde están los piratas en este mismo momento? —titubeó la chica, entre los cuchicheos risueños de las sirenas, que no dejaban de lanzarle miradas soñadoras a Malik—. Mi compañero no querría cruzarse con ellos.

«Buena salida», pensó él al tiempo que asentía. La verdad es que encontrarse con los piratas de ese Mundo tampoco le era una idea atractiva. Quizá, como esas sirenas, eran una versión más suaves de sus homólogos de Port Royal, pero…

Sabía que también rondaba por ahí un cocodrilo que hacía tic-tac.

Las sirenas parecieron pensárselo, hasta que la primera de ellas que había aparecido, Marina, sonrió y preguntó:

¿Y nosotras qué ganamos?

Enseguida las demás se animaron y coletearon de un lado a otro, inquietas y emocionadas.

¡Eso, eso!
¡Sí! ¿Qué ganamos?
¡Que nos cuente una historia!
¡Sí, nunca hemos visto a este hombre por aquí! Seguro que viene de lejos.
Cuéntanos una historia.

Malik alzó las cejas al ver que todas ellas se agrupaban junto al borde de la roca que él ocupaba, apoyando los brazos, los codos e incluso aupándose para sentarse cerca, dispuestas a escuchar cualquier cosa que él pudiera contarles. Miró a Fátima, con un gesto divertido y reprimió una sonrisa cómplice, desviando la vista hacia las sirenas.

Muy bien, eh… —carraspeó él—… Una historia…

¿Qué podía contarles? Cerró los ojos por un segundo, pensativo, mientras las sirenas aguardaban, expectantes, impacientes. Finalmente Malik tomó aire, abrió los ojos, y empezó a narrar. Si sería por historias… Esperaba que a Fátima también le gustara.

Esta historia pasó hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano, más allá de este mar y de sus islas —Malik entonaba grave, suave y serio. De joven le habían explicado que si te sumergías en lo que estabas contando, podías hacer que quienes te escuchaban también lo hicieran—. En un reino de mares de arena, vivía un rey magnífico y querido por su pueblo, justo y bueno, que sin embargo sufría del más terrible de los males…

La historia venía a su mente como si no hubiese hecho años que la contaba. Las sirenas, curiosas, embelesadas y pendientes de sus palabras, contenían el aliento, esperando, y una de ellas, impaciente, preguntó:

¿Qué mal era ese?
Pobre…
¿Era guapo?

Sus preguntas le hicieron esbozar una sonrisa nostálgica. A pesar de que le inundaba la melancolía pensando en su hermano desaparecido, que era a quién solía contarle cuentos de pequeño, Malik cobró fuerza en la voz y continuó:

El despecho, el desamor… Aquel rey había sido abandonado por su esposa y vivía con el corazón roto —las sirenas gimotearon compadecidas—. Y por culpa de ese odio, decidió que a partir de ese entonces se casaría con una joven todos los días, y que en la noche de bodas la mataría…

¡Oh, no!
Qué cruel…

Y así fue. El rey se fue casando cada día con una chica distinta, hasta que una de ellas tuvo una idea —hizo una pausa de efecto, rememorando—. Se casó con el rey y en cuanto se retiró con él para consumar el matrimonio, la muchacha comenzó a contarle una historia, para entretenerlo, y después otra, y otra más, como perlas diminutas que formaban un collar —se atrevió a alargar un poco la mano para rozar el que llevaba la sirena sentada junto a sus rodillas, lo que provocó que ella sonriera y sonrojara débilmente, presumida—. El rey, cautivado por los cuentos de la ingeniosa jovencita, perdió la noción del tiempo, y se dejó arrullar por las palabras, los personajes y la voz de su esposa.

Las sirenas se acercaron más, si es que eso era posible, para escuchar mejor. Malik le echó un vistazo a Fátima, como si pudiera decir: «¿Has visto? Comiendo de la mano».

¿Y qué pasó luego?
¿Al final la mató?
¿Cuántas historias le contó?
¿Nos las vas a contar también?

Malik alzó una mano para pedir silencio.

Por favor, dejadme acabar —dijo—. La joven le había contado tantos cuentos, y algunos tan largos, que cuando terminó con ellos, ella ya había dado a luz a un hijo del rey y hecho que él se enamorara de ella. Por eso no la mató, y decidió romper con la ley que injustamente había abocado a su reino a la desgracia.

Las sirenas suspiraron, encantadas, fantasiosas. Algunas se habían acomodado durante el pequeño cuento sobre algunas rocas cercanas y miraban al cielo, pensando en tierras de arena infinita y reyes apuestos que se enamoraban de una por la voz…

Esos cuentos son infinitos y tardaría mucho en contároslos todos. Os prometí una única historia, pero si queréis puedo volver otro día… —Malik bufó ocultando una sonrisa al ver que la propuesta despertaba el revuelo entre las sirenas. Meneó la cabeza y rió— Está bien, está bien, lo prometo —volvió a mirar a Fátima, y de nuevo a las sirenas—. ¿Nos ayudaréis entonces?

Marina miró a sus compañeras, metida en el agua, y sonrió también, asintiendo con gracilidad, nadando elegantemente hacia la salida de la laguna. Se detuvo a medio camino y señaló más allá.

Garfio y su tripulación suele quedarse en su bahía, maquinando algún plan para capturar a Peter… —se volvió hacia ellos—. Pero últimamente prefieren pelearse con los indios, así que no sabemos dónde están exactamente…

Sus compañeras asintieron, y una de ellas, de pelo negro, se apoyó con las manos en la roca, mientras Malik se levantaba con cuidado, subiéndose en una piedra más alta.

¿Tendrás cuidado? —oyó que le preguntaba.

Malik la miró con suavidad. En el fondo no eran malas chicas, sólo que debían aprender a controlar sus emociones.

Lo tendremos, descuidad.

Desde su nueva posición podía ver el inicio de la playa adyacente, tras la línea exterior de la laguna y su farallón, silenciosa y solitaria.

Indios, ¿eh? —murmuró casi para sí. Estaban bastante lejos de ellos—. ¿Nos arriesgamos? —preguntó a Fátima.

Quería saber su opinión, aunque él estuviese más que dispuesto a intentarlo.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Jue Mar 06, 2014 6:32 pm

Fátima soltó una risita al ver la cara de Malik y al escucharle titubear. Pensó que tendrían que marcharse pero, para su sorpresa, el hombre decidió arriesgarse y adoptó un grave y atrayente tono de voz mientras comenzaba a hablar. Fátima consideró que podía sentarse a escuchar con tranquilidad y se acomodó como pudo en la roca, apoyando la barbilla en una mano y contemplando la curiosa escena: un hombre rodeado de coleteantes sirenas, a las que contaba una historia. Realmente, tenía la impresión de que era una escena salida de un cuento.

Casi sin darse cuenta se sumergió en las palabras de Malik, imaginando a los personajes que describía. Aquella historia le resultaba familiar, pero se abandonó a la voz de Malik sin importarle si creía conocer o no el final. Las preguntas de las sirenas la irritaban un poco, se comportaban como niñas pequeñas, pero las soportó en silencio hasta que Malik acarició el collar de una de ellas. El gesto la dejó sorprendida y sintió algo extraño en su interior cuando la sirena se sonrojó. Miró mal a Malik pero, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, apartó la vista y sacudió la cabeza.

«¿Se puede saber qué te pasa?».

Cuando volvió a mirar se encontró con que Malik parecía disfrutar de la situación, con las sirenas apretando el círculo en torno a él. Sonrió y dio un pequeño cabezazo de asentimiento, dándole a entender que había comprendido el mensaje.

…Por eso no la mató, y decidió romper con la ley que injustamente había abocado a su reino a la desgracia.

Fátima se reprimió para no suspirar con el coro de sirenas.

Está bien, está bien, lo prometo —miró a Fátima, que saludó con un gesto, y devolvió su atención a las sirenas—. ¿Nos ayudaréis entonces?
Después de consultar a sus hermanas con un gesto, Marina contestó:

Garfio y su tripulación suele quedarse en su bahía, maquinando algún plan para capturar a Peter…Pero últimamente prefieren pelearse con los indios, así que no sabemos dónde están exactamente…

Fátima contempló a la sirena morena preguntar a Malik si tendría cuidado y no pudo evitar enternecerse. Eran criaturas extrañas… Muy infantiles y algo crueles, pero podían mostrar cariño por una persona que acababan de conocer. Cuando Malik la incluyó a ella en el «tendremos» las comisuras de sus labios se elevaron.

¿Nos arriesgamos? —preguntó a Fátima.

Pues claro —asintió ella con firmeza—. Sólo hay que tener cuidado.

No quería encontrarse con más piratas, no después de haber comprobado cómo eran en Port Royal. Aunque, la verdad, en aquel mundo no parecía que hubiera nada agresivo. Pero mejor prevenir que curar.

Saltando de roca en roca, dejaron atrás el centro de la laguna y tocaron por fin tierra firme. Fátima agradeció sentir la hierba acariciándole los tobillos y la tierra removerse bajo sus pies después de tanto rato sobre roca resbaladiza.

Después de consultar el mapa otra vez y recordar dónde se encontraban los indios, se encaminaron hacia la bahía. Fátima esperaba que fuera cierto que los piratas no andaban por ahí. Así podrían limitarse a echar un rápido vistazo y, si no era el lugar que buscaba Malik, largarse rápidamente. El problema era que al paso iban a tener que dar la vuelta a la isla entera, y si no podían pasar cerca de los indios por culpa de los piratas…

«Oh, bueno, veremos qué pasa cuando lleguemos allí».

Para amenizar el paseo, Fátima resaltó un dato que se le había antojado bastante curioso:

No te has sorprendido mucho al ver sirenas. ¿Es que ya habías visto otras antes? —preguntó Fátima. Después de escuchar la respuesta de su compañero comentó:—. En mi mundo había leyendas sobre ellas. Todo el mundo sabía que existe un rey tritón bajo las aguas y que odia a los humanos, por lo que invoca las tormentas para hundir nuestros barcos… Aunque no todo el mundo se lo cree. Pero… Una vez, cuando yo era muy pequeña, mostraron en el puerto el cadáver de una sirena. O lo que parecía ser una. Era muy parecida a estas...

»¡La verdad es que yo también he visitado Port Royal! Mi compañero y yo nos encontramos con una capitana de barco que decía que tenía pactos con las sirenas, aunque de eso me enteré más tarde al investigar sobre ella, pero no llegamos a ver a ninguna…



****


No veo el barco—señaló Fátima en voz baja: no tenía ni idea de si los piratas situaban puestos de vigilancia en la costa para controlar su territorio—. Parece que están ocupados de verdad con los indios.

Habían caminado durante cera de media hora hasta llegar a aquella bahía, tan grande que Fátima se quedó sorprendida: era muy distinto ver las cosas desde el aire a asomarse desde el lindero del bosque y ver el agua resplandecer como miles de diamantes bajo la luz del sol. La cala cerraba sus brazos hacia dentro, por lo que la entrada era algo más estrecha y permitía —supuso— una mejor defensa en caso de que… ¿Es que había algo más en aquel lugar? Por lo que había leído, el mundo conectaba con otro pero no tenía muy clara la situación.

¿Es aquí? —preguntó, mirando a Malik.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Jue Mar 06, 2014 6:48 pm

Le echó un último vistazo a la laguna de las sirenas antes de seguir a Fátima. Algún otro día volvería, y les contaría otra historia. Tras el susto inicial, la verdad era que tampoco había sido para tanto. Las sirenas de aquel lugar no eran voraces y despiadados monstruos sedientos de sangre, sólo un reflejo más del carácter caprichoso humano.

Aquel Mundo era tan extraño… se nutría de la imaginación de los niños, o eso decían los libros de la biblioteca. De qué niños se hablaba ya no sabía, porque en esa isla sólo vivían un puñado y los archivos mencionaban un mundo vinculado a Nunca Jamás como tal.

Otro día lo visitaría también.

Dejaron atrás la laguna y volvieron a tierra firme. Malik se sintió más seguro de nuevo con los pies en la tierra. Por más que el mar y el agua le provocasen intriga y curiosidad, eran sentimientos encontrados. Por un lado quería saber más, tocarla, sumergirse, nadar, o lo que fuera, y por otro sólo observar de lejos. Era… raro.

Comprobaron de nuevo el camino, localizando en el mapa la situación de los posibles enemigos de la zona. Los indios tenían el campamento más hacia el oeste, y no era probable que se los encontraran, y en cuanto a los piratas…

No te has sorprendido mucho al ver sirenas. ¿Es que ya habías visto otras antes?

Giró la cabeza al oír la pregunta, para mirarla, y luego contestó, rememorando, quizá con una agridulce media sonrisa curvada en los labios:

Eso sí, el miedo ya no se lo quitaba nadie a primera instancia.

Tuve la suerte… —No pudo evitar sonar un tanto cínico, a veces aún tenía pesadillas con las batallas del Sombra de Luna.

En mi mundo había leyendas sobre ellas. Todo el mundo sabía que existe un rey tritón bajo las aguas y que odia a los humanos, por lo que invoca las tormentas para hundir nuestros barcos… Pero… Una vez, cuando yo era muy pequeña, mostraron en el puerto el cadáver de una sirena. O lo que parecía ser una. Era muy parecida a estas...

Eso le interesó más. La descripción le hizo ponderar la opción de que Fátima provenía de Atlántica, aunque… de la superficie. Atlántica era otro de los mundos que necesitaba, y quería, visitar. Quizá podría ir con ella también…

Estuve en Port Royal después de que fuéramos con Kousen y Nadhia a Tierra de Dragones —comentó a su vez, y arrugó un tanto la nariz en un gesto adusto—. Aunque he de decir que estas son cachorritos en comparación con las de allí…

¡La verdad es que yo también he visitado Port Royal! Mi compañero y yo nos encontramos con una capitana de barco que decía que tenía pactos con las sirenas, pero no llegamos a ver a ninguna…

Ana Lucía… —musitó sin pensar—. Sí que los tiene, sí. Ronin nos metió en su barco, a mí a otras dos compañeras, y tuvimos que jugar a ser piratas… Y sí que está aliada con las sirenas. No son como las de antes. Las de Port Royal… —chasqueó la lengua— ...si eres hombre te usan y te devoran, o sólo te devoran. Y si eres mujer… bueno, también te comen. No hay término medio.

Y por Dios que había agradecido que las de Nunca Jamás sólo fueran caras bonitas. Aunque las sirenas de Port Royal… les hubieran salvado de varias gordas.

* * *


Al asomarse entre los árboles del linde de la bahía no vieron ningún barco, a pesar de que a la llegada sí que había estado allí anclado. Debía de estar navegando por otra parte, quién sabía. Eso sólo aseguraba que no tendrían un mal encuentro con ese Garfio en ese punto.

No veo el barco —oyó que susurraba Fátima—. Parece que están ocupados de verdad con los indios.
Eso parece, sí…

Oteó a la lejanía, tampoco veía nada más allá del puerto natural y los brazos de roca y tierra que se cerraban en torno a la cala. Aquel lugar era un excelente sitio para ocultar un navío, u ocultar cualquier cosa en realidad. Había aprendido un poco sobre barcos tras la aventura en Port Royal y siempre pensaba que tenía que ser interesante dirigir uno.

Bajó por el terraplén de tierra hasta la arena tapizada de hierba rala, que ya se mezclaba con la arena de la playa de la bahía, y respiró hondo.

¿Es aquí? —preguntó Fátima entonces, a su espalda.

Malik caminó unos cuantos pasos hacia la línea de costa. Era una playa muy estrecha en algunos puntos, no se parecía demasiado a la que veía en recuerdos… Pero notaba algo… Era una sensación extraña aparte de la del propio Mundo, como si algo que ya conocía estuviera cerca, o algo así, ni siquiera sabía cómo describirlo.

Miró en derredor, y hacia la lejanía, en silencio y siseó, negando con la cabeza.

No.

Continuó caminando por la arena, no muy deprisa, para que Fátima pudiera alcanzarle y pensó. Quedaban muy pocas playas adicionales además de esa, y todas eran terriblemente pequeñas. Estaba claro que aquel no era el Mundo que había visto en el trance… Y sin embargo algo estaba tirando de él, para que siguiera buscando, algo raro, esa sensación de llamada.

Señaló un sendero que se internaba desde la playa hacia el bosque a través de un pequeño prado y miró a su compañera.

Por allí se debe de ir al otro lado de la isla, si tenemos cuidado no nos cruzaremos con nadie y veremos las otras playas, ¿te parece?

Echó a andar tras su respuesta, poniendo un pie en la hierba verde poco después. El bosque estaba a tan solo unos metros y parecía extenderse unos pocos kilómetros hacia el interior y la montaña que se perfilaba más allá. Recordó haber leído algo, que le comentó a Fátima al mirar hacia el pico nevado.

¿Sabes? —Inquirió con un ademán de cabeza—. Una vez leí que en esa montaña viven unas criaturas mágicas llamadas hadas, no sé si alguna vez leíste algo u oíste hablar… El polvo dorado que sueltan puede hacerte volar si tienes fe en ello, o algo así. Tiene que ser divertido…

»Aunque no se acercan a los humanos…

Bueno, no se acercan, ¡pero puedes cogerlas si sabes cómo hacerlo!

Una voz rasposa y burlona, seguida de una carcajada igualmente rasposa se unió a la conversación. Malik se detuvo en seco al ver la figura de un hombre surgir de entre la floresta. Un eco de risas acompañó a la primera y otros cuatro hombres aparecieron desde varios puntos del bosque. Tenían toda la pinta de ser piratas.

«Mierda… ».

Así que sí que había piratas cerca. Debían de estar en tierra buscando a los indios y de casualidad habían caído en una emboscada de pacotilla. Tendría que haber ido con más cuidado.

Se movió hacia Fátima para colocarse un poco más frente a ella, en actitud protectora. Esos tipos estaban avanzando en círculo, como si quisieran cercarlos contra el mar. No le estaba gustando nada la situación. No podían entablar combate contra los nativos de un Mundo, aunque si era en defensa propia… Bueno, siempre podían echar a correr.

¿De dónde habéis salido? No tenéis pinta de ser indios, y no recuerdo haberos visto nunca por aquí…
Bueno, ese sí que parece indio.

«… ese pirata debe de tener un ojo de cristal… ».

Pues no tiene la piel roja.
Porque estás ciego, pero sí es un indio. Y el capitán nos ha ordenado que cacemos todos los que podamos.
¿Y la chica?
¡Nos la quedamos!
¡Bien! —gritaron todos a la vez— ¡A por ellos!

Malik se tensó, preparado para invocar la Llave-Espada. Ojalá no hubiera tenido que hacerlo…
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Jue Mar 06, 2014 7:02 pm

No —Malik negó con la cabeza.

Fátima titubeó y le puso una mano en el brazo para animarle, dedicándole una pequeña sonrisa. Habría sido demasiado sencillo. Lo siguió cuando echó a andar por la arena, apretando el paso para que no la dejara atrás. Entonces indicó con un gesto un caminito que se perdía hacia dentro del bosque y le dijo:

Por allí se debe de ir al otro lado de la isla, si tenemos cuidado no nos cruzaremos con nadie y veremos las otras playas, ¿te parece?

¡Claro!

Ahora que sabía que los piratas no andaban cerca estaba mucho más relajada. Y aquel mundo era realmente bonito, habría sido una verdadera pena tener que dejarlo atrás nada más llegar. Se dirigieron hacia el lindero del bosque en silencio y Fátima se dedicó a mirar a su alrededor con asombro. Era todo tan bonito, tan verde, tan vivo…

¿Sabes? —dijo de pronto Malik—. Una vez leí que en esa montaña viven unas criaturas mágicas llamadas hadas, no sé si alguna vez leíste algo u oíste hablar…

¡Creo que sí! —asintió varias veces.

El polvo dorado que sueltan puede hacerte volar si tienes fe en ello, o algo así. Tiene que ser divertido…

Fátima mantuvo su sonrisa, pero se estremeció un poco. Volar. ¿Por qué a todo el mundo le gustaba tanto volar? ¡No lo entendía!

Aunque no se acercan a los humanos…

Bueno, no se acercan, ¡pero puedes cogerlas si sabes cómo hacerlo!

Fátima soltó una exclamación al tiempo que Malik se detenía y los dos vieron emerger del bosque a un hombre que tenía que ser un pirata por la vestimenta. De pronto estallaron risas por todas partes y cuando quisieron se encontraban enfrentados a cinco hombres.

«¡Estúpida, estúpida! ¡Esto te pasa por ir sin cuidado!» pensó, verdaderamente furiosa consigo misma. ¿Cómo había podido ser tan despistada?

Malik, para su sorpresa, se puso ligeramente delante de ella para protegerla y, a pesar de la situación, se sintió conmovida. Pero entonces los piratas empezaron a rodearles y se puso de espaldas al hombre para poder enfrentarse a los hombres. Sonreían, burlones, y no parecía que tuvieran buenas intenciones.

¿De dónde habéis salido? No tenéis pinta de ser indios, y no recuerdo haberos visto nunca por aquí…

Bueno, ese sí que parece indio.

«¿Dónde le ves pinta de indio, palurdo?» pensó Fátima con una ceja arqueada.

Pues no tiene la piel roja.

Porque estás ciego, pero sí es un indio. Y el capitán nos ha ordenado que cacemos todos los que podamos.

¿Y la chica?

¡Nos la quedamos!

—¡Como que os voy a dejar! —rugió Fátima, indignada.

¡Siempre pasaba lo mismo con las mujeres!

¡A por ellos!

Fátima no dudó en materializar la Llave Espada y adelantarse para esquivar la espada de un pirata y colar por un hueco de su guardia su arma, golpeándole en plena mandíbula. Lo dejó aturdido el suficiente tiempo para arrojarse a por su compañero, que le gritaba que se estuviera quieta y se portara bien.

«Que te lo has creído, cerdo».

Y le arreó una patada en la entrepierna. ¡Podía no ser demasiado fuerte, pero recursos contra gente como él tenía!

¡Malik! —exclamó, volviéndose a ver cómo estaba su compañero.

Se estaba enfrentando a tres de los piratas, que parecían haber decidido que sus amigos podrían ocuparse de ella. Pues se iban a enterar. Apareció por un lado del hombre y dio un fondo al frente, de tal modo que acertó a dar un revés en las costillas de uno.

¡Será…

De pronto recibió un corte por la espalda y soltó un grito de la impresión, más que del dolor. El pirata al que había golpeado en la mandíbula la miraba con furia y exclamó:

¡Poco me importa que seas una mujer, te voy a machacar!

Fátima no se molestó en contestar, pero tuvo que dejar a Malik solo contra sus enemigos para evitar que ese cobarde le clavara la espada por la espalda. Se enzarzaron en un duelo de espadazos y Fátima maldijo, porque el hombre, ahora que se había puesto serio, no lo hacía mal. Y era más fuerte que ella, aunque no se podía comparar en velocidad.

«¡Maldita seaaaaa!» gritó para sus adentros cuando la espada de su enemigo le abrió un nuevo tajo, esta vez en el antebrazo.

El pirata sonrió con crueldad y Fátima le fulminó con la mirada. Entonces gritaron a su espalda:

¡Quieta o le rebanamos el cuello!

Al volverse, vio que entre los tres hombres habían obligado a Malik a arrodillarse y que uno le había puesto una espada contra la garganta.

Fátima alzó las manos de inmediato.

Tranquilo todo el mundo —dijo—, no vayamos a hacer algo de lo que luego haya que arrepentirse.

Baja ese arma, mocosa, y hablaremos.

A regañadientes, Fátima bajó su arma y la hizo desaparecer. El pirata con el que había estado luchando la cogió bruscamente por un hombro y trató de atarle las manos a la espalda.

En ese momento resonaron una serie de gritos desde el bosque y Fátima vio, con sorpresa, cómo más de quince figuras emplumadas y de cabellos negros surgían de entre los árboles y los arbustos y les apuntaban con arcos.

¡Mierda! —gritó el pirata, soltando a Fátima.

Y los cinco se batieron en retirada hacia la orilla.

Fátima corrió hacia Malik, al que cogió por el brazo y ayudó a levantarse:

¿Estás bien? —susurró.

Luego miró hacia los indios con angustia, pues no dejaban de apuntarles. Parecía que habían salido del fuego para caer en las brasas.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Jue Mar 06, 2014 7:17 pm

Al tiempo que Fátima invocaba su Llave-Espada él hizo lo propio, lanzándose al combate y encuentro de tres de los piratas que tenía enfrente y derredor. Ellos vacilaron al ver salida de la nada un arma tan extraña, pero enseguida entablaron pelea.

Aquello sería más fácil que enfrentarse a un sincorazón, tan sólo tenía que dejarlos inconscientes, no matarlos. Y eran humanos, dentro de lo que cabía, eran enemigos más fáciles. No eran totalmente impredecibles, y él ya se había enfrentado a bandidos antes. Eso era muy parecido. El miedo que sentía cuando se enfrentaba a la oscuridad no existía, y le aligeraba el ánimo.

Pero pelear contra tres a la vez no era sencillo, nada sencillo.

Esquivó un tajo lateral del primer pirata, aprovechando su hueco en la defensa para asestarle un golpe bien fuerte en el estómago. Era un movimiento que le había enseñado Lyn, y hasta entonces no había tenido ocasión de ponerlo en práctica. Contra sincorazón se utilizaba el lado opuesto del arma, pero a estos hombres no pretendía más que dejarles fuera de combate. Logró sortear el ataque del segundo pirata, pero no del tercero, que le cortó a la altura del hombro.

Fue un tajo superficial, aunque lo suficientemente doloroso como para hacerle retroceder.

¡Malik!

Se medio giró al oír la voz de Fátima. Vio que se había estado enfrentando ella sola a los dos piratas restantes, y dejado fuera de combate con soltura. Se anotó mentalmente entrenar con ella a ser posible. Sin distraerse un segundo más, bloqueó y mantuvo el ataque y la espada del pirata que le había herido, a la vez que Fátima golpeaba las costillas de otro.

¡Será…!
¡Fátima!

Quiso interceptar el ataque que le dirigían por la espalda, pero no pudo, su propio contrincante no le dejó, y al distraerse recibió un corte en la pierna. Se tambaleó por el dolor, agudo e intenso. Ese ataque no había sido tan suave como el primero, la sangre le chorreaba pantorrilla abajo.

«No son piratas de pacotilla en el fondo… ».

¿Qué te pasa?, ¿estás cansado? —se burló el pirata, haciendo reír a sus amigos, que se lanzaron a por él.

Malik dio un espadazo, e intercambió sucesivos con los tres, intentando siempre que ninguno se le colocara detrás. Si le rodeaban, estaba perdido. Sin embargo eran demasiados enemigos para él a la vez. En lo que él se defendía de uno, los otros dos le atacaban también. A pesar de su fuerza, no tenía suficiente experiencia para eso, aún. Y tampoco resistencia, se estaba cansando rápidamente, culpa de la celeridad y la adrenalina.

Un despiste fatal por su parte hizo que le desarmaran de un espadazo contundente. La Llave-Espada voló y se deshizo en un haz de luz al tocar el suelo.

«Mierda… ».

Le rodearon en un segundo, y uno de ellos le devolvió el golpe en el estómago, haciéndole caer de rodillas. Boqueó, sin aire. Entonces notó un filo frío contra el cuello, y se obligó a levantar la barbilla, despacio. Los piratas le sujetaban, y sonreían victoriosos.

Uno de ellos soltó una carcajada y gritó:

¡Quieta o le rebanamos el cuello!

Clavó los ojos en Fátima, que tampoco parecía haberlo llevado bien en su pelea, y se mordió la lengua. Era culpa suya, tendría que haber sido más cuidadoso…

Tranquilo todo el mundo, no vayamos a hacer algo de lo que luego haya que arrepentirse.

El pirata que sostenía la espada contra su cuello respondió, desdeñoso:

Baja ese arma, mocosa, y hablaremos.

Malik cerró los ojos por un segundo. Idiota. ¿Qué le tenía Lyn dicho?, que nunca bajara la guardia. Y con ese «paseo» caprichoso lo había hecho. Abrió los ojos, entornándolos, observando como ese malnacido le ponía las manos encima a su compañera, para atarla y que se estuviera quieta. Los piratas que le rodeaban a él rieron, y uno de ellos le pateó, como si hubiera simplemente pescado un tiburón en la bahía y se estuviera jactando de ello.

Entonces unos gritos se alzaron, desde la espesura del bosque que casi les rodeaba, y aparecieron.

Indios.

No pudo contarlos de forma precisa, pero eran los suficientes como para hacer correr a los piratas.

Malik logró deshacerse de la espada que rozaba su garganta de un empujón, antes de que los piratas echaran a correr.

¡Mierda! —gritó el pirata que pretendía capturar a Fátima.

«Cobardes». Si se veían en ventaja numérica sí que atacaban, pero si no…

Trató de levantarse, sin demasiado éxito. Le dolían las heridas, las costillas, los pulmones, y un sinfín de músculos por el sobre-esfuerzo desmedido de una pelea de a tres.

¿Estás bien?

Levantó la vista hacia Fátima, y se fue levantando gracias a su ayuda. Tosió, asintiendo. Todavía notaba la sangre húmeda en la piel, y el dolor, pero...

Sí, gracias…

Miró en derredor, con el aliento aún entrecortado. Los indios les apuntaban con arcos cargados, y se acercaban con tiento. Murmuraban entre ellos y no dejaban de mirarles con suspicacia. No parecía que fueran a atacarles…
Uno de ellos, alto y fuerte, se adelantó a sus compañeros, apuntandoles con una lanza. Malik se echó un tanto atrás en cuanto la punta se le acercó demasiado, y le lanzó una mirada fiera al indio, que se la devolvió a su vez. Este bajó el arma un tanto, lo que hizo que los demás también lo hicieran.

No, de verdad no iban a atacar, qué… raro.

No entiendo nada… —le susurró Malik a Fátima, desconcertado, mientras los indios terminaban de acercarse y rodearles.

Vosotros ser extraños, no ser bienvenidos, hau—dijo el jefe de la partida.

«Genial».

Se preparó para invocar la Llave-Espada de ser necesario.

Pero también ser enemigos de los piratas, hau. Hemos visto vuestras armas raras. Así que… ¿vosotros ser enemigos de los piratas, verdad?, hau.

«Estábamos peleando contra ellos, claro que lo somos».

Eh…
¡Lo somos! ¡Ellos nos atacaron cuando no les habíamos hecho nada! ¡Son nuestros enemigos!

Varios de los indios alzaron la voz, sin que al menos Malik lograra oír nada con sentido. Hablaban de esa forma tan rara. El jefecillo pareció pensar sobre qué hacer con ellos, si matarles allí mismo —o intentarlo—, o…

Está bien, hau. Nosotros llevaros al campamento, allí Pájaro Negro decidirá, hau.

A una seña, un par de indios se adelantaron y sujetaron, por si acaso intentaban resistirse. Malik sólo se atrevió a mostrarse en desacuerdo y descontento con la idea, porque aunque le hubiese gustado volver a enzarzarse en una pelea y escaparse, pero no tenía fuerzas para ello. Miró de soslayo a Fátima mientras les medio empujaban hacia el bosque, y comenzaban la marcha, él cojeando, a través de la floresta camino del campamento.

Maldijo entre dientes, al final aquello se había convertido en algo más serio que una simple búsqueda.

* * *


El campamento indio no era demasiado grande. Se ubicaba sobre un acantilado ascendente, cuyo acceso era demasiado abrupto para una cantidad numerosa de atacantes. Columnas de humo se elevaban hacia el cielo azul, las tiendas se arracimaban y formaban un círculos en torno a un claro central, en donde ardían fogatas y las mujeres cocinaban y charlaban animadamente.

Al paso de la columna, varios niños corretearon entre gritos alegres, señalando y preguntando por los prisioneros. Vistos así, Malik pensó que realmente no parecían peligrosos. Bueno, al menos habían resultado ser más juiciosos que el grupito de piratas.

No tardó en correrse el rumor de que dos extraños habían aparecido en la isla.

Les condujeron hasta el centro del campamento frente a la tienda más grande, que debía ser la del mentado Pájaro Negro. Malik se sacudió la mano que le sujetaba el hombro de encima, y se inclinó un poco hacia Fátima, murmurando:

Recuérdame que te compense por esta aventura algún día.

Esbozó una sonrisa ante su respuesta y aguardó.

Un indio apareció segundos después, apartando la cortina. Era un hombre alto, ancho e imponente, con un tocado de plumas bastante más grande que el de los indios que les habían capturado, que se cruzó de brazos.

Yo ser Pájaro Negro, Gran Jefe estar peleando contra Garfio, hau. Yo liderar en su ausencia.

Les miró de forma severa, tanto a ellos como a los hombres que los habían traído y añadió:

Ya saber qué hacer con los extraños, Perro de Piedra, hau, tendrías que haberlos matado.

El indio que había comandado el grupo contra los piratas se adelantó y habló:

Ellos estar peleando contra piratas, hau, pensar que…
No haber nada que pensar, hau —interrumpió Pájaro Negro—. La conversación haber terminado, las reglas de Gran Jefe ser claras. Si no ser amigos de Peter Pan… Matarles ya.

Malik apretó los dientes. Le dolía el cuerpo y los músculos rechinaban y tiraban como mil demonio. Se tensó de forma inconsciente y desvió la vista quizá con intención de vigilar el momento preciso en el que les prenderían. Haría todo lo que fuese preciso al menos, para que Fátima lograse huir primero.

Pero entonces una voz, algo ajada, femenina, se alzó entre la multitud:

¡Pájaro Negro!, ¡Jefe Pájaro Negro, espera!

El cambio de locución le resultó extraño, y al girar la cabeza para ver quién era la dueña de aquella voz, vio a una mujer mayor, casi anciana, abriéndose paso entre los demás hombres y mujeres de la tribu allí apiñados, dispuesto a contemplar su ejecución. Malik se sorprendió, no porque alguien hubiera interrumpido a su jefe, sino porque aquella mujer no se parecía en lo absoluto a ninguno de los indios, tan morenos, de facciones tan marcadas y huesos anchos. Al llegar la mujer junto a Malik y Fátima, le faltaba el aliento, pero sonreía de forma extraña, como si ellos fueran amigos que no veía desde hacía mucho tiempo.

Y él, al verla, sintió cómo algo muy dentro de su corazón y su alma se retorcía, hinchándose de alegría y júbilo, como si aquella mujer fuese, ciertamente, una amiga muy querida que no veía desde hacía años, aunque jamás antes la hubiese visto.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Suzume Mizuno » Jue Mar 06, 2014 7:46 pm

No entiendo nada... —susurró Malik.

Yo tampoco —masculló Fátima, preguntándose si le daría tiempo a invocar un escudo para defenderse de las flechas enemigas.

Estaba completamente prohibido pero, en caso desesperado, podía sacar su glider y escapar de aquel lugar. Lo malo era que no sabía si era un caso realmente desesperado o no, porque no parecía que fueran a atacarles. ¡Pero les estaban rodeando y no dejaban de apuntarles!

Vosotros ser extraños, no ser bienvenidos, hau —dijo de pronto el que parecía ser el líder de los indios.

Fátima tragó saliva, pero pensó rápidamente que «no ser bienvenidos» no implicaba que fueran a matarles. De lo contrario, habrían acabado con ellos de inmediato. ¿Verdad?

Pero también ser enemigos de los piratas, hau. Porque… ¿vosotros ser enemigos de los piratas, verdad? Hau.

Eh… —titubeó Malik.

¡Lo somos! —se apresuró a decir Fátima con firmeza—. ¡Ellos nos atacaron cuando no les habíamos hecho nada! ¡Son nuestros enemigos!

Los indios comenzaron a discutir entre ellos y Fátima les contempló con inquietud, sin dejar de calcular las posibilidades de escapada que tenían. Eran pocas, pero si aprovechaban ahora podían esperar, quizás, que la potencia de los arcos no fuera suficiente si remontaban el vuelo…

Está bien, hau. Nosotros llevaros al campamento, allí el Pájaro Negro decidirá, hau.

«Oh, no. Ha dicho que decidirá otra persona. Eso significa que puede que nos maten si…» pensó Fátima, maldiciéndose por su lentitud cuando la mano de un indio se cerró en torno a su brazo para evitar que intentara escapar. ¡Habían tenido la oportunidad tan cerca…!

Los obligaron a internarse en el bosque a buen paso. Fátima intercambió una mirada con Malik y su mal estado hizo que se le encogiera el estómago. ¡Si hubiera sido más fuerte…! ¡O más hábil! ¡No tendría que haberse reprimido en usar magia contra esos indeseables!

* * *


Fátima consiguió olvidarse de los hostiles hombres que los arrastraban consigo cuando llegaron al campamento indio. Le pareció pintoresco y le llamaron la atención las tiendas cónicas, pintadas con colores otoñales. En seguida acusó el humo que surgía de varias fogatas, pero parpadeó y se esforzó por que no se le saltaran las lágrimas. Olía fuerte, a comida, y cuando llegaron al centro del campamento vio a varias mujeres cocinando. Sintió un pinchazo en el corazón y recordó los días transcurridos con el clan de Sirâj y Bahira.

De pronto, unos cuantos niños revolotearon a su alrededor, apuntándoles con el dedo, riendo, curiosos. Fátima sonrió a pesar de la situación, pensando que eran adorables.

Se detuvieron entonces cerca de la tienda más cerca, ante la cual se sentaba un hombre que debía ser el Pájaro Negro. Malik se deshizo de las manos que le sujetaban y se inclinó hacia ella, comentando:

Recuérdame que te compense por esta aventura algún día.

¡Claro! ¡Una cena y todo arreglado!

Se sorprendió de sus propias palabras, pero estando sometida a tanta tensión, no le dio mayor importancia y menos cuando vio que Malik sonreía. Entonces el Pájaro Negro salió de su tienda. Era grande, robusto, con el cabello negro adornado por un tocado emplumado tan grande que debía pesar una barbaridad. cara algo plana y de expresión grave.

Yo ser Pájaro Negro, Gran Jefe estar peleando contra Garfio, hau. Yo liderar en su ausencia. Ya saber qué hacer con los extraños, Perro de Piedra, hau, tendrías que haberlos matado.

«Ay, empezamos bien» pensó Fátima paras sus adentros, manteniendo la cabeza gacha y tratando de parecer lo más inofensiva posible.

Ellos estar peleando contra piratas, hau, pensar que…
No haber nada que pensar, hau. La conversación haber terminado, las reglas del Gran Jefe ser claras. Si no ser amigos de Peter Pan… Matarles ya.

Fátima no se sorprendió, pero tampoco pensó en pasar al ataque de inmediato. Por lo que había leído, los indios creían en la magia y los chamanes. Quizá, si invocara una bola de fuego o algo similar, los dejaran marchar. Iba a llamar la atención del jefe cuando una voz resonó desde sus espaldas:

¡Pájaro Negro!, ¡Pájaro Negro, espera!

Una mujer anciana se abría paso entre los indios con trabajo, caminando lo más rápido que le permitían las piernas. Fátima abrió mucho los ojos al ver que era una persona con la piel clara, como los piratas y ella misma, que destacaba por completo en medio de los indios. Sin embargo, vestía como ellos y llevaba un par de planas en una diadema que le rodeaba la cabeza…

La mujer les sonrió, tranquilizadora, amable, y se dirigió entonces al líder indio:

No debes matarles, oh, Pájaro Negro.

¿Por qué no, hau, Mujer Oso?

¡Ellos son magos, Pájaro Negro!

¿Magos?

Un murmullo de emoción se extendió entre la gente que se apiñaba alrededor de la tienda, curiosa por asistir al destino de los prisioneros.

Poderosos magos, Pájaro Negro, que vienen de muy lejos. ¿No es cierto?

Fátima se quedó boquiabierta, demasiado sorprendida para responder en un primero, pero ante la mirada insistente de Mujer Oso asintió y dio un paso al frente con el corazón martilleando su pecho.

«Ante todo, teatralidad» se ordenó mientras respiraba hondo.

Y de sus manos surgieron dos bolas de fuego. La gente soltó exclamaciones ahogadas de admiración y miedo a partes iguales. Fátima se encaró, seria, ante el Pájaro Negro.

No queremos hacer daño a nadie, Pájaro Negro. Nos iremos si usted nos da su venia —y se inclinó, haciendo un movimiento dramático con las manos mientras volatilizaba las llamas en una voluta de humo.

Tratando de controlar su nerviosismo, se incorporó para mirar de reojo a Mujer Oso, que asintió, conforme.

El Pájaro Negro se quedó en silencio un largo minuto durante el cual mantuvo en vilo a todo el poblado. Entonces dijo con su voz profunda:

Los magos son bienvenidos a nuestro hogar.

Fátima exhaló un suspiro de alivio y se volvió hacia Malik con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Estaban a salvo!

En ese momento Mujer Oso se acercó a ambos y dijo con amabilidad:

¿Venís un momento a mi tienda?

Muchas gracias por ayudarnos pero… ¿Quién es usted? ¿Y por qué nos ha ayudado? —inquirió Fátima.

Aquí me llaman Mujer Oso, pero tengo otro nombre. Os lo explicaré todo en mi tienda. Y os daré algo para beber, parecéis agotados.

****


La tienda de Mujer Oso estaba algo alejada de las demás y era pequeña, pero olía bien, a flores y hierbas, y Fátima en seguida pensó que todo tenía un toque hogareño a pesar de que no había muebles. Fátima se apresuró a curar a Malik y Mujer Oso se ocupó de las heridas que quedaron. Luego preparó para ellos en una cazuela una infusión y la sirvió en dos vasos de barro. Fátima aspiró, agradeciendo el calorcito entre sus manos, y luego dio un trato titubeante.

¡Qué bueno!

Gracias, pequeña. ¿Y a ti, joven, qué te parece?

Fátima apuró la bebida, relajándose casi sin darse cuenta a medida que el calor se extendía por sus venas, sobre todo después de tanta tensión.

Muchas gracias —dejó el vaso con delicadeza frente a ella y juntó las manos, sin saber muy bien cómo dirigirse a su salvadora. No quería hacer preguntas incómodas, así que terminó por mirar a Malik, pidiéndole ayuda.
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Re: [País de Nunca Jamás] El regalo de Mujer Oso

Notapor Tanis » Jue Mar 06, 2014 7:59 pm

Aquella mujer no se parecía en nada a los indios del campamento. Tenía la piel blanca, más que Fátima, los ojos azules y algún destello rubio se perfilaba aún en su cabello. Y aún así los indios parecían ignorarlo, como si fuera una más…

Y esa sensación…

¿Qué estaba pasando? Malik no tenía respuesta a eso.

La sonrisa que les dirigió le tranquilizó muy poco, al menos se habían librado de la pena por el momento.

No debes matarles, oh, Pájaro Negro.
¿Por qué no, hau, Mujer Oso?
¡Ellos son magos!
¿Magos?

Malik se sintió nervioso, mientras un murmullo emocionado se levantaba sobre la pequeña multitud allí congregada. Varios de los indios que habían presenciado la pelea contra los piratas desde el bosque, añadieron en voz menos baja algunas palabras sobre extrañas espadas.

Miró de reojo a Fátima. Si les pedían que hicieran magia… dependía de ella.

Poderosos magos, Pájaro Negro, que vienen de muy lejos. ¿No es cierto?

Malik entreabrió los labios, un tanto atónito. La sonrisa de esa mujer era sincera, pero podía notar que no estaba diciendo aquello sólo por salvarles el pellejo. Lo sabía, lo sabía de verdad.

Eso… eso no era posible.

Entonces Fátima dio un paso, y él sintió el impulso de tomarla del brazo y detenerla, temeroso de que los indios lo tomaran como una osadía. Sin embargo no lo hizo. De las pequeñas manos de la chica aparecieron dos bolas de fuego, que asombraron a todo el mundo. Y a Malik, porque no importaba el tiempo que pasase, él seguiría pensando que poder hacer magia era algún tipo de jodido milagro.

No queremos hacer daño a nadie. Nos iremos si usted nos da su venia —ella se inclinó, haciendo desaparecer el fuego de forma teatral, simulando misticismo.

Malik miró a Pájaro Negro, el cual se mostraba serio, no visiblemente sorprendido de presenciar magia. No dijo nada en varios minutos, como si ponderase la idea en demasié. Muchos factores debían de andar presionandole…

Finalmente alzó la voz, grave y profunda, dictaminando:

Los magos son bienvenidos a nuestro hogar, hau.

A la vez que Fátima, Malik suspiró aliviado y le devolvió tenuemente la sonrisa. Gracias a ella estaban salvados.
Por fortuna, antes de que los indios les abordaron, la llamada Mujer Oso se acercó a ellos mientras Pájaro Negro dictaba órdenes a los guerreros, que debían volver a patrullar en busca de piratas.

¿Venís un momento a mi tienda? —preguntó ella, con una petición amable.
Muchas gracias por ayudarnos pero… ¿Quién es usted? ¿Y por qué nos ha ayudado? —inquirió Fátima.
¿Y cómo sabía… ?—añadió Malik, siendo interrumpido.
Aquí me llaman Mujer Oso, pero tengo otro nombre. Os lo explicaré todo en mi tienda. Y os daré algo para beber, parecéis agotados.

«Y heridos… », pensó Malik, antes de seguir los pasos de esa mujer, caminando por el pasillo de indios curiosos que se había abierto ante ellos.

* * *


El interior de la tienda le recordó mucho a las estancias de los curanderos de los arrabales de Agrabah, aunque sin mobiliario, pero del techo de la tienda, pequeña y acogedora, colgaban racimos de hierbas secas. La anciana debía de ser curandera también, dentro de la tribu, pero… ¿por qué… ? Le costaba pensar. Un olor viejo y olvidado flotaba por la estancia, y le adormilaba.

Mujer Oso le había tratado las heridas después de que Fátima le aplicara un Cura general. Los ungüentos y el frescor de las vendas aliviaban el dolor de la carne aún tirante. Se le iban a quedar cicatrices donde le habían cortado, aunque no muy visibles. No le molestaba, no es como si no tuviera otras de antes…

«Parece que las voy coleccionando».

Se palpó el cuello, también algo dolorido, antes de tomar el vaso de barro que la mujer le ofrecía. Estaba caliente y al sorber un trago se quemó un poco la lengua, pero lo agradeció con un suspiro. Le calmaba y sabía muy bien.

¡Qué bueno! —exclamó Fátima.
Gracias, pequeña. ¿Y a ti, joven, qué te parece?

Paladeó un poco más con los ojos cerrados, para después abrirlos y mirar a Mujer Oso.

Dulce y amargo a la vez, me gusta —asintió—. Gracias...

Mujer Oso sonrió y continuó cocinando en una olla más pequeña, tras haber retirado la infusión del fuego.

Muchas gracias —agradeció Fátima a su vez, dejando el vaso ante ella.

Malik mantuvo el suyo medio lleno aún en las manos, pensativo. Notó la mirada de Fátima encima, y ladeó la cabeza, componiendo un gesto que pedía paciencia. Luego se aventuró a decir:

Quisiera darle las gracias por lo que ha hecho.

Mujer Oso esbozó una sonrisa más suave y comprensiva.

No es necesario que lo hagas, es lo que debía hacer… No podía permitir que Pájaro Negro matase a dos aprendices de Tierra de Partida, o al menos lo intentara, ¿verdad?

Malik apretó ligeramente los dedos sobre el vaso, tomando otro sorbo, más frío.

Seguro que tenéis muchas preguntas que hacer, así que iremos una por una, ¿de acuerdo? Tenemos tiempo hasta la noche —añadió la anciana.
¿Qué pasa de noche? —inquirió Malik, intrigado.
Pájaro Negro os dará a fumar la Pipa de la Paz, y puede que os honre con una pequeña ceremonia. Y probablemente os pidan que hagáis algo de magia otra vez.
Entiendo…

«El problema es que yo no puedo hacer magia ni queriendo, voy a joderlo todo». Desvió la vista hacia abajo, intentando pensar por dónde empezar.

Está bien… ¿Cómo sabe lo que somos y de dónde venimos?

«Eso responderá automáticamente si es o no de verdad alguien que no nació en este Mundo, o si tuvo contacto anterior con aprendices o caballeros».

Mujer Oso no paró de revolver el caldo que cocinaba, tranquila.

Bueno, como podéis ver… —hizo alusión a su aspecto tan claro—, no pertenezco a la tribu, racialmente hablando. Provengo de otro Mundo y sé algunas cosas, y cuando oí los cotilleos sobre extraños con armas de forma aún más extraña no pude evitar pensar… «¿Serán caballeros de Llave-Espada?».

Comprendo…
No me equivoqué entonces, ¿verdad?
No, no lo hizo…

Miró de reojo a Fátima, preguntándose qué opinaba de todo aquello, o qué pensaba.

Pero, ¿es eso posible? —inquirió entonces—. Quiero decir, nos enseñan que nadie aparte de la Orden conoce la existencia de Mundos dispares.
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