[Evento Global] Ruta de los Perdidos

Bavol, Simbad, Gata, Enok, Freya, Hiro, Lyon, Saito

Nunca olvidarás que tomaste parte en alguno de estos jolgorios. Kazuki tampoco.

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[Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Sombra » Sab Feb 28, 2015 5:44 pm

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No me fío de ti. Te voy a tener vigilada.

Nanashi ni siquiera pareció percatarse de que le habían dirigido la palabra. Se limitó a aguardar para ver quiénes la acompañaban y, después emprendió el camino con firmeza, sin mirar atrás.

Tras recorrer la pequeña escalinata encontraron una puerta de menor tamaño que la dorada, de un blanco marfileño. Nanashi la empujó. Al principio no consiguió desplazarla y tuvo que emplear bastante fuerza para arrastrarla hacia atrás, hasta que consiguió abrir un hueco lo suficiente ancho como para que pudieran pasar todos. Una vez se encontraron al otro lado, Nanashi también traspasó el vano y, después, la hoja se cerró con lentitud, sin apenas hacer ruido.

Se encontraban en un pasillo largo y que desplegaba, a su vez, en dos caminos. El de la derecha parecía retorcerse poco a poco sobre sí mismo, trazando una siniestra espiral hasta donde alcanzaba la vista.

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El de la izquierda, por el contrario, continuaba recto hasta que giraba con brusquedad hacia la derecha y resultaba imposible ver qué había más allá. Por último frente a ellos, había unas escaleras que ascendían hacia un segundo piso, aunque se detenían frente una amplia y bonita puerta con rebordes decorados con arabescos plateados. No tenía ninguna clase de candado o cerradura. Sin pensárselo dos veces, Nanashi subió las escaleras.

Una —¿o varias?— estertórea carcajada resonó contra las paredes, rompiendo el silencio, sobresaltándoles sin excepción. Si se daban la vuelta comprobarían que su anfitrión se encontraba frente a la puerta por la que habían entrado. O por donde debería estar, porque ya no había nada excepto una pared blanca y completamente lisa.

El Guía pegó la oreja a la pared.

¿Lo oís? —preguntó con sus múltiples voces—. Acercaos, acercaos —invitó, incitándoles con un gesto de la mano. Si alguno se atrevía, el juez no sólo no les atacaría, sino que se apartaría para dejarles sitio, y podría escuchar un golpeteo lejano. De pronto parecieron distinguir un rugido, grave, tan grave, que estremeció la superficie del muro—. Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

Algo les llamaría la atención. Ya no hablaba con tantas voces. Es más, predominaban algunas, de hombre. Pero como todavía se superponían demasiado las unas sobre las otras, era difícil distinguirlas, a pesar de lo cual, un par, les resultarían familiares…

Mientras el Guía se permitía una pausa de efecto, se separó de la pared y giró lentamente hacia su público. Después se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros? —Calló un instante y luego prorrumpió en estruendosas carcajadas.

Nanashi, con un gesto adusto, le dio la espalda y continuó subiendo las escaleras. No tenían tiempo de perder el tiempo con las tonterías de aquel encapuchado. Trató de empujar la puerta, como había hecho con la anterior. Pero a pesar de que empujó lo suficiente para que se le sonrojara un poco el rostro, no consiguió desplazarla ni un centímetro. Renunció bajando los brazos.


No hay forma —susurró, más para sí misma que para otra persona.

Cualquier aprendiz podía acercarse para comprobar por sí mismo que efectivamente, no había manera posible de abrir aquella puerta.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi! —exclamó el Guía, adoptando un tono que le provocó un pequeño respingo.

La mujer, irritada, descendió y se reunió con sus aprendices.

Organicémonos —se dirigió exclusivamente a los miembros de Bastión Hueco, como si los de Tierra de Partida no existieran—. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. —Casi pudieron percibir la sonrisa del Guía—. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. —Volvió la cabeza hacia Saito y Bavol—. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

Podían pues escoger entre los dos únicos caminos posibles: El de la izquierda, o aquel que se retorcía de la derecha. No había forma de regresar ni de continuar por el centro.

Tras esto, el Guía desapareció y el pasillo se sumió en silencio.

En marcha, todos —ordenó Nanashi.

El tiempo corría, y cada segundo que perdían podía ser fatal ya no sólo para los que se habían quedado atrás, sino para ellos. ¿Quién les decía que, a pesar de que cambiara el Castillo, aquellas hordas de Sincorazón no les daría alcance?


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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Tidus Cloud » Dom Mar 01, 2015 10:29 pm

Había decidido optar por el camino hacia arriba porque quería mantener vigilados a los miembros de Bastión Hueco y según lo que podía ver a su alrededor, no se había equivocado en ello. Todos los Aprendices que habían seguido a Nanashi pertenecían al bando contrario, con la posible excepción de dos jóvenes a los que no conocía.

Estaba rodeado de enemigos y no sólo eso, sino que había tenido alguna clase de contacto con la mayoría de ellos.

Uno de los chavales había estado luchando con él contra Dark Light, pero no habían tenido demasiado contacto, sobre todo teniendo en cuenta que era su enemigo. Otra de las chicas había acompañado a Wix durante aquella fatídica noche en la que la Guardiana murió. Se acordaba perfectamente de ella, ya que la había visto varias veces durante aquella velada, incluso en una ocasión intentó atacarla.

Por otra parte, estaba Enok, el muchacho con el que había coincidido en el País de las Maravillas no hace mucho tiempo. No parecía especialmente malvado, pero desgraciadamente no podía confiar en él. Con la segunda chica, Freya, había coincidido más veces. Su relación era un tanto extraña, ella era su enemiga y aún tenían alguna disputa pendiente, pero también le debía más de una después de una algunas aventuras que compartieron juntos.

Por último, estaba Simbad. Pertenecía a Bastión Hueco, pero a él eso le daba igual, o al menos intentaba aparentarlo. El muchacho le había ayudado mucho en un momento de necesidad y le había demostrado que tenía un corazón puro, así que desde hace tiempo había pasado a considerarlo su hermano. Sin embargo, no estaba muy seguro de si se alegraba o de si se apenaba de tenerlo allí…

El nuevo piso al que llegaron se dividía a su vez en dos caminos: uno hacia la derecha que parecía trazar una extraña espiral y por el contrario, un pasillo recto que primero iba a la izquierda y después hacia la derecha. Por otra parte, también había unas escaleras que ascendían hacia el siguiente piso. Si no recordaba mal las instrucciones del encapuchado, la llave que buscaban estaba en los pisos superiores, así que pensó que lo más lógico sería continuar por aquellas escaleras.

Con Nanashi liderando la marcha para su desgracia, decidieron avanzar por aquel camino, sin embargo, unas nuevas risas a sus espaldas llamaron su atención. Cuando se dio la vuelta, volvió a encontrarse con el que se había autoproclamado “su Guía”. No obstante, la aparición de aquel misterioso ser no fue lo que más le llamó la atención aquella vez, sino el hecho de que la puerta por la que había entrado había desaparecido.

¿Qué has hecho? —preguntó el gitano fulminando al desconocido con la mirada.

¿Lo oís? —El encapuchado se había pegado a la pared como si estuviera escuchando alguna clase de ruido— . Acercaos, acercaos.

Bavol miró a un lado y a otro para ver si sus acompañantes aceptaban la invitación del Guía. Tras unos segundos en los que se quedó inmóvil, un tanto receloso de lo que pudiera hacerle aquel extraño ser, decidió acercarse tal y como les había pedido. Le daba igual lo que quisieran hacer los Aprendices de Bastión Hueco, él era mucho más valiente que ellos.

Cuando colocó su oreja sobre la pared, sólo escuchó unos golpes a lo lejos en un principio; sin embargo, un fuerte y repentino rugido provocó que el Aprendiz se separara rápidamente del muro pensando por un momento que el coloso estaba justo en la habitación de al lado.

Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

Bavol frunció el ceño mientras cerraba los puños con rabia. Parecía que de alguna manera el Guía estaba disfrutando con todo aquello, lo que hacía que el gitano tuviera aún más ganas de embestir contra él y pegarle una buena paliza.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros?

Ríete todo lo que quieras, tú a mí no me das miedo —estalló Bavol señalando primero al Guía y después a sí mismo.

Por otra parte, la Maestra de Bastión Hueco decidió continuar con la marcha y probó a abrir la puerta del segundo, pero tras unos intentos, se percató de que estaba bien cerrada.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!

Organicémonos. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

El pequeño arqueó las cejas escéptico ante las órdenes de Nanashi. Ni ella se estaba dirigiendo a él ni él quería ser dirigido por ella. Aquella mujer no era ninguna clase de autoridad para un Aprendiz de Tierra de Partida, así que haría lo que viese más conveniente en cada momento sin dejarse llevar por esa bruja.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

El niño pegó un pequeño respingo. Le había parecido que el Guía le había mirado directamente a él cuando había dicho aquellas últimas palabras. ¿Qué es lo que había querido decir con eso, qué él no era leal a su Orden? Aquella insinuación molestó de sobremanera al gitano, que no dudó ni un segundo en replicarle:

¡Te equivocas! ¡Yo sí soy leal a la Orden y pienso salvar Tierra de Partida de monstruos como tú!

Al final, el encapuchado desapareció de la sala dejándolos solos para que cada uno decidiera cuál era el camino por el que quería continuar. Por su parte, él lo tenía muy claro. Le había dicho que por el pasillo de la izquierda llegaría a una prueba que sólo podría superar alguien verdaderamente fiel a la Orden y estaba convencido de que él podía hacerlo, sobre todo después de que hubieran dudado de él.

No obstante, mientras se encaminaba hacia su elección, prestó atención al hecho de que no estaba precisamente solo y de que algunos podrían decidir acompañarle. En circunstancias normales (si es que a lo que estaba ocurriendo en Tierra de Partida se podía llamar normal), le habría dado igual que los Aprendices de Bastión Hueco le siguieran, pero en aquella ocasión iba a tener que demostrar su lealtad y allí había alguien del bando contrario al que conocía bien y al que no quería hacer daño.

Bavol se paró, agachó levemente la cabeza y cerró los ojos unos segundos como si un gran dolor estuviera recorriendo su interior. Había cosas que eran duras, pero que había que hacer por un bien mayor. Finalmente, decidió girarse para hablar a los miembros de Bastión Hueco a los que conocía:

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro —Dirigió una mirada a Enok— o si nos debemos más de una —Miró entonces a Freya durante algunos segundos más e hizo una breve mueca apenado—, pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

El niño aún no había terminado de hablar, todavía le quedaba una persona. Después de haberse dirigido a Enok y Freya, miró directamente a los ojos a Simbad y le apuntó con su mano de forma amenazante como si le fuera a lanzar un hechizo.

Por eso no quiero que vengas conmigo, hermanito —La voz de Bavol temblaba un poco—. La prueba que hay en este pasillo es sólo para gente leal a la Orden y tú no lo eres, ni a la mía ni a la tuya. Una vez te intenté matar y tú te dejaste atacar, no querías luchar conmigo y yo era tu enemigo. ¡¿Y si ahora te piden que lo hagas?! No superarías la prueba… —Bajó un poco el rostro antes de seguir hablando—. Pero yo sí, porque tengo que traer de vuelta el castillo y también debo buscar a Ronin para salvarlos a todos.

» Así que no me sigas. T-te prometo que como vengas por aquí, te lanzaré un hechizo y te pondré a dormir antes de que puedas entrar. N-no es broma, Simbad.


La mano del pequeño temblaba demasiado a causa de los nervios. Aquella amenaza era sólo un farol, no iba a dejarle dormido en medio de aquel castillo con la amenaza de los sincorazón tan cerca; sin embargo, lo importante era que Simbad se creyera que iba en serio. Quizás no fuera a lanzarle el hechizo en aquel momento, pero a lo mejor si le atacaba para superar la prueba y demostrar su lealtad. No quería hacerle daño, pero la seguridad de sus Maestros y de sus amigos estaba por encima de todo.

Si le hacía caso y se marchaba por el otro camino, le dirigiría una última mirada triste y se despediría de él con un mudo adiós. En el caso contrario, aceptaría su decisión, bajaría la mano y le acompañaría mientras negaba con la cabeza apenado imaginándose lo peor.

Fuera cual fuese la decisión de su amigo, él lo tenía claro, iría por el pasillo de la izquierda directo a la prueba.

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Bavol va por la izquierda.
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Soul Eater » Lun Mar 02, 2015 6:12 pm

Ese castillo realmente me asustaba. Las paredes eran blancas y luminosas, pero no tenían nada de cálidas, sino más bien al contrario: parecían asombrosamente frías. Mientras comenzábamos a ascender hacia los pisos superiores tenía que contenerme para no estremecerme a cada paso, y afirmar que era solo debido a la temperatura sería una mentira demasiado obvia incluso para mí.

Tras cruzar una puerta que parecía bastante pesada, a juzgar por los esfuerzos de Nanashi para abrirla, nos encontramos frente a una bifurcación. Resoplé con nerviosismo, con un mal presentimiento hacia ambos caminos. Uno de ellos giraba bruscamente, de manera que el final quedaba fuera de la vista, mientras que por el otro lado las paredes se retorcían de una forma que contravenía toda lógica.

Sentí un escalofrío al mirarlo, al igual que una desagradable punzada en el pecho que tardó unos segundos en remitir. Me recordaba demasiado a un sueño que quería mantener encerrado en mi memoria.

La Maestra, por su parte, no se lo pensó dos veces antes de tratar de ascender hacia el piso superior por una escalera que se encontraba frente a nosotros y terminaba en una puerta.

Sin embargo, en cuanto puso un pie en los escalones, una risa parecía no provenir de ninguna parte, o a lo mejor, de todos los lugares a la vez, resonó en el largo pasillo. Invoqué mi llave espada por acto reflejo y me volví con el corazón en la boca, preparada para hacer frente a lo que no dudaba que sería una amenaza.

Lo que encontré fue, con creces, peor que eso. No era solo que el misterioso encapuchado que nos había recibido se encontrara también allí, sino que no había ninguna salida. La pared se había vuelto completamente lisa, como si nunca hubiera habido una abertura en ella.

Pensar que estábamos encerrados hizo que una ligera claustrofobia me oprimiera el estómago, por lo que aferre mi arma con más fuerza, preparada para luchar si era necesario.

¿Qué has hecho?— preguntó el chico de Tierra de Partida, que parecía el único enemigo que se había atrevido a venir con nosotros. Pero el “Guía” le ignoró completamente.

¿Lo oís?— preguntó apoyando su oído en la pared… o al menos el lugar donde debería estar su oído, porque yo no estaba convencida de que realmente hubiera un rostro humano bajo la tela—Acercaos, acercaos

Lejos de obedecer, retrocedí varios pasos en dirección a la escalera, sin confiar lo más mínimo en sus buenas intenciones. Permanecí atenta, mientras algunos de mis compañeros le imitaban, esperando que en cualquier momento se abalanzara sobre ellos. Pero lejos de hacerlo, procedió a explicar lo que estaba ocurriendo en la entrada… o al menos, lo que él decía que estaba ocurriendo.

Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

¡Cállate de una vez!— grité mientras hacía un gesto amenazador con la llave espada, sin poder ocultar lo nerviosa que me estaban poniendo sus palabras. No necesitaba que nadie me recordara la alta probabilidad que teníamos de morir allí, me acordaba bastante bien yo sola.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, el desconocido siguió hablando, casi como si se regodeara en nuestra desesperanza.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros?

No pude evitar palidecer ligeramente al escuchar sus palabras. Si antes ya tenía la oscura certeza de que ese lugar era una ratonera creada para atraparnos, ahora ese presentimiento se confirmaba.

Afortunadamente, Nanashi seguía conservando el dominio de sí misma y continúo subiendo por la escalinata sin inmutarse lo más mínimo. Pero, para variar, la puerta se encontraba cerrada, como el Guía se apresuro a recalcar. Definitivamente, estábamos perdidos allí dentro.

Sin embargo, parecía realmente que la mujer era inasequible al desaliento.

Organicémonos.— ordenó sin perder un segundo —Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

Fruncí el ceño, mientras el niño de Tierra de Partida le contestaba enfadado. Esa era una información demasiado útil como para que nos la hubiera regalado así como así. Tenía que tener truco con alguna parte. Sin embargo, el encapuchado desapareció antes incluso de que pudiera abrir la boca para decir nada.

Sin tenerlas todas conmigo, desmaterialicé la llave y me volví hacia la Maestra, que nos ordenó que nos pusiéramos en marcha. Eso era más fácil de decir que de hacer porque, ¿hacia dónde debíamos dirigirnos? Quedarnos quietos era una locura, porque cuanto más lejos estuviéramos de los sincorazón, mejor.

Pero no podíamos ascender, el pasillo de la derecha era terrorífico y el de la izquierda, si el desconocido había dicho la verdad, estaba más que vedado para mí. ¿Pero por qué iba a ayudarnos? ¿O por qué iba a mentir?

Me pasé una mano por la frente para retirarme el pelo de la cara, con las manos todavía temblorosas, mientras escuchaba hablar al aprendiz rival sin hacerle demasiado caso, ya que era más que obvio que no se estaba dirigiéndo a mí.

Solamente hubo un momento en el que permití que se me escapara una risa nerviosa, fruto de la tensión. —Eres el único de tu bando y nos tenemos que apartar de tu camino por nuestra seguridad. ¿De verdad crees que llegado el caso podrías con todos nosotros?

Sin embargo, mantuve la boca cerrada porque no teníamos suficiente tiempo como para desperdiciarlo en peleas inútiles. Los sincorazón no iban a hacer distinción entre unos y otros, a pesar de que nuestros Maestros se hubieran olvidado de ese detalle cuando nos enviaron aquí.

Finalmente, comprendí que la única opción que tenía era irme por el camino de la derecha, por más enferma que me pusiera. No solo me permitía alejarme de el único enemigo declarado que había en nuestro grupo, sino que si había una mínima posibilidad de que el Guía estuviera en lo cierto, no tendría ninguna oportunidad en el camino de la izquierda.

Mirar esa onírica espiral provocó que el corazón me volviera a dar una punzada, pero sabía que no me quedaba más remedio. Sin embargo, antes de comenzar a caminar me volví hacia la persona que, como si una maldición pesara sobre ella, había coincidido conmigo en los peores momentos de mi existencia: Enok.

No es que confiara en él precisamente, de hecho, procuraba evitarle siempre que podía, pues estaba ligado a situaciones demasiado extrañas y desagradables como para querer recordarlas. Y en parte por eso mismo, dado que avanzar sola era una locura, me parecía lógico que fuera él quien me acompañara, dado el oscuro cariz que estaban tomando los acontecimientos.

¿Vienes?— fue lo único que dije, mirándole directamente a la cara. No era una petición, ni un ofrecimiento, sino simplemente una pregunta violenta. Y en cuanto tuve mi respuesta, sin detenerme apenas a esperar, me dirigí al lado opuesto a la única Maestra que estaba con nosotros.

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Gata elige el camino de la derecha
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor xXOrbOOkXx » Lun Mar 02, 2015 6:27 pm

Me sorprendí gratamente cuando vi que Freya, Enok estaba en la fila junto con unas personas más. Y si antes no lo encontraba, aquella vez me quedó claro que aquel pequeño gitano iba a salir vivo de ésta. Bavol, con paso decidido, se dirigió a la Maestra Nanashi para decirle, según el, que la mantendría vigilada. Desde luego, había que tener agallas.

Cuando llegamos al pasillo de la planta superior, éste vi que se retorcía de una forma poco uniforme, y sin embargo, el de la izquierda, continuaba recto y se giraba bruscamente hacia la derecha. No tenía ni idea de arquitectura, pero aquél lugar no parecía seguir las normas de lo natural.

El guía-espectro, apareció de la nada como solía hacer y compuso una carcajada macabra. Estaba apoyado en la puerta por la que acabábamos de entrar, y algunos Aprendices se apoyaron para oír al Coloso aporreando la puerta; sin embargo, yo no me acerqué, no me fiaba de aquél ser. Un rugido sacudió la estancia, pero me mantuve impasible.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros?

Bavol se alzó de nuevo contra aquél ser, pero yo me limité a quedarme pensativo. Me rasqué la perilla. Si no podíamos volver atrás... ¿Cómo conseguiríamos volver a la sala principal si conseguíamos una parte de la llave?

Cuando Nanashi se dirigió a la puerta, ésta no se desplazó ni un sólo centímetro, a pesar de la fuerza que parecía estar haciendo. Me planteé en probar, pero, a fin de cuentas, iba a ser totalmente inútil. La "Maestra de la Escarcha" descendió y encaró a Bastión Hueco con su pose altanera.

Organicémonos. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. —Me giré para observarle atentamente, para escrutar su "rostro"—. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. —Volvió la cabeza hacia Bavol y otro aprendiz—. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

Aquello, en lugar de perturbarme, me divirtió. Primero: No teníamos constancia de si mentía, y si no era así, entonces estaba tan claro como el agua qué camino iba a escoger. Como no sabía si iba a salir con vida de aquella, me daba bastante igual lo que Nanashi pensara, puesto que prefería ir por la derecha. La pura verdad, era que no me apetecía dañar al bando contrario, lo conociera o no.

Pero por el otro lado estaba Nanashi. Ella no sólo era capaz de dañarlos, sino de matarlos si hiciera falta; aunque esperé, dadas las circunstancias, Que aquél no fuera el caso.

Sin embargo, Bavol se dirigió a la puerta de la izquierda, sin quererlo, mis puños se endurecieron y un sentimiento de orgullo se instaló en mi mente. No sólo iba a demostrar que era totalmente fiel a su bando, sino que estaba dispuesto a arriesgar su vida contra Nanashi y todos los que eligieran ir con él para probar su valía. Entonces, habló.

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro —Se dirigió a Enok— o si nos debemos más de una —aquella afirmación me sorprendió, pues estaba dirigida a Freya—, pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

Por un momento, creí que iba a atacarme, puesto que me estaba mirando a los ojos. Después, cuando continuó su monólogo, me di cuenta que cuando lo describí como un diamante bruto, no estaba ni la mitad en lo cierto. Y, por desgracia, tenía razón. Pero tampoco quería dejarlo solo a manos de Nanashi. Pero tampoco quería hacerle daño para superar la prueba.

No me tragué lo del hechizo, estaba temblando y yo sabía reconocer a los mentirosos, porque yo era uno de ellos.

Aquella fue una de las decisiones más difíciles de mi toda mi vida. Una encrucijada sin salida.

Miré a Freya, a Enok, miré a los otros aprendices con expresión neutra y luego me dirigí a Bavol. Adelanté una mano y le revolví el cabello.

Todos los caminos llevan al mismo destino —le dije, pero mire a los ojos a Nanashi—. Ten cuidado con quien vayas y se más listo que el diablo, héroe.

Después me giré hacia la puerta retorcida de la derecha y no miré atrás. Sabía demasiado bien que quizá no volvería a verle nunca, pero a veces los hermanos tenían que separarse y dejar que forjen su propio destino. Lo sabía demasiado bien. Ojalá pudiera ser más valiente.

Vi, con asombro, como una Aprendiz se me había adelantado, y tras preguntarle a Enok, giró a la derecha.

¿Cuántos más tomarán aquella decisión?

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Simbad va a la derecha.
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor RedXIII » Mié Mar 04, 2015 7:09 am

El aprendiz substituyó su parloteo por incómodos silencios en cuanto empezó a ver que realmente estaba en territorio desconocido, ni siquiera se había percatado de la ausencia de su cigarrillo o de lo fuerte que cogía la correa del arma, un sudor frío recorría su frente mientras sus pasos empezaban a sonar irregulares, hasta que llegaron a una puerta que abrió Nanashi.

Habían entrado en un pasillo que ofrecía a simple vista tres caminos, pero uno de ellos quedó bloqueado al ver que la maestra no consiguió abrir la puerta. Hiro se acercó a esta y con el talón de su pie la golpeó de la forma más llamativa y sonora que pudo, no lo hizo para demostrar que la puerta estaba cerrada o para hacer pensar que era un macho alfa, si no para llamar la atención.

Parecía nervioso, tal vez preocupado, pero intentaba mostrar su faceta más estúpida y llamativa, su carácter en una situación normal, pero realmente aquello le estaba afectando a un nivel que no comprendía, aunque intentara llevar la situación un espasmo se apoderaba de el cada pocos segundos y una sensación amarga le venía a la boca; estaba en un lugar desconocido sin saber por qué ni que hacer, no controlaba para nada la situación y no sabía siquiera si sus recuerdos seguían en aquel lugar, todo aquello que había conseguido de cada mundo, las monedas y las figuras de Tierra de Dragones, la espada de su familia, etc... Era extraño ver tan expresivo al aprendiz de forma tan precipitada y ni siquiera el sabía por qué ni realmente tenía un gran motivo para estar así.

Pero nadie se dio cuenta, ni siquiera su pequeño compañero narizón se había percatado, solo eran desconocidos que se unían sin saber un motivo, gente que en cualquier momento podía rebanar su cuello o simplemente personas a las que ni le importaba si el pelirrojo existía.

Una risa era la señal que había marcado ya al aprendiz como símbolo de mal augurio y era precisamente lo que sonaba en aquel instante, una insufrible voz que parecía un dialogo perfectamente estudiado por varias personas y recitado a unísono se alzaba por toda la sala.

Y detrás de ellos la sombra, invitándoles a pegar el oído a la pared.

Hiro rechazó aquella idea, no por falta de interés si no porque se veía incapaz de dar un paso sin que se notara que temblaba, la idea de la patada a la puerta no había sido tan buena como había pensado. Sin embargo el pequeño y curioso Moguri se acercó raudo y veloz a la pared, pegando el oído para escuchar, confiando en que no le pasaría nada aunque solo hicieron falta dos segundos para que se diera cuenta de que lo que sonaba era lo que vaticinaba su anfitrión.

¿Lo oís? Acercaos, acercaos. Ese Coloso sigue golpeando la puerta.[size=150] De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

Mientras el individuo narraba un contenido que al aprendiz no le importaba demasiado este se metió una bofetada a si mismo, quería que aquella sensación de mal estar parara y pudiera volver a tomar el control de la situación y en parte ayudó, ya que frenó el temblor, pero no podía dejar de pensar en la amarga situación en la que se encontraba.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!.

Organicémonos. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

El aprendiz no pudo ignorar el gesto que hizo la maestra, parecía claramente que le estuviera ignorando, no era precisamente un trato agradable y tampoco le parecía correcto, pero poco podía hacer al respeto más que ignorar a aquella maestra si era lo que realmente quería.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. —Casi pudieron percibir la sonrisa del Guía—. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. —Volvió la cabeza hacia Saito y Bavol—. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

El Moguri se pegó a su compañero y se enganchó a su brazo para escalar en busca de su oido y poder susurrarle, no quería ir para nada por el camino de la izquierda, ya que su lealtad no había sido nunca con la orden pero ¿Y Hiro, de quien era la lealtad de la cual había presumido tanto, de si mismo, de Ronin, de la Orden, realmente podía responder a esa pregunta?

Cogió una moneda de su bolsillo y la lanzó al aire, la cogió con una mano y la miró, la cara de un fiero dragón se dibujaba en ella.

Bueno, la diosa suerte me ha susurrado al oído — Murmuró mientras la mascota no podía evitar poner una cara reacia ante el comentario.

Por favor, reconsidera tu elección.

Mientras estés pegado a mi no te pasará nada — Tal vez tanteaba demasiado a la suerte pero casi siempre recurría a ella y le sonreía así que aquel momento no iba a ser distinto, sus lentos pasos se dirigieron hacia el camino de la izquierda.

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Ruta de la izquierda

Siento la empanada mentaal, estoy liadilo estos diillas~~
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[Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Sheldon » Mié Mar 04, 2015 11:51 pm

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Sonrió para sus adentros.

Hiro, el mismo de hacía meses llamó la atención de Enok. El chico asintió y ni siquiera le respondió no por falta de educación sino porque no le apetecía romper la magia del castillo con sus palabras. Cuando el reencuentro hubo finalizado, el aprendiz se dio la vuelta y siguió a su Maestra, que silenciosa y con paso decidido continuó su camino en pos de la misión.

Las escaleras se alzaban unos metros hacia un piso superior al que se accedía a través de una nueva puerta que mantenía la estética blanquecina del lugar. Nanashi se las arregló para conseguir abrirla y cuando todos los aprendices, Enok en último lugar, la atravesaron se cerró por si sola, dejando al grupo posiblemente encerrado. Pero ya no había vuelta atrás.

La nueva sala en la que se encontraban era un tanto distinta al hall principal del castillo. Esta vez se extendía un pasillo transversalmente que daba paso a tres posibles camino. Hacia la derecha, el camino se torcía y resultaba difícil conocer lo que se ocultaba sobre este mientras que el situado hacia la izquierda se retorcía y presionaba en una espiral casi infinita. El tercer camino parecía comunicar con un tercer piso, cerrado por una puerta con exquisita decoración.

Nanashi se acercó a esta última con el fin de no distraer y retrasar más la misión aunque una carcajada, la misma de momentos atrás resonó a través de la estancia. Enok volteó la mirada suavemente para comprobar que de nuevo el soporífero aunque muy extravagante encapuchado había aparecido de forma fortuita.

Realizó un movimiento extraño, pegando la oreja a la pared, la cual había devorado la puerta por la que habían entrado, dejándolos definitivamente prisioneros.

¿Qué has hecho?—preguntó inquisitivo Bavol, casi enfadado.

¿Lo oís? —comenzó el soliloquio—. Acercaos, acercaos —un pequeño silencio, incómodo, precedió a un rúgido, una llamarada de terror que quedó enraizada a través de todo el fino marmol blanco—. Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

Información inútil.

Enok retrocedió unos pasos y se llevó la punta de sus dedos hacia la nuca, lo que provocó un tímido escalofrío en los poros de su piel. Notaba algo extraño, o al meno creía percibirlo. Y precisamente no era algo que le resultase agradable. Es más, lejos de aterrador resultaba perturbador. Escondió la mirada y siguió reflexionando para sus adentros.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros? —Terminó con sus características carcajadas.

Ríete todo lo que quieras, tú a mí no me das miedo —bramó el pequeño gitano de nuevo. Parecía que ocultaba en realidad sus sentimientos, las emociones de un niño de su edad ante las fantasmales risotadas de un ser desconocido.

Nanashi, por su parte, tras escuchar el sermón e ignorarlo a ojos de los aprendices, intentó abrir la puerta, tarea en la que falló por completo. De nuevo, la figura misteriosa se encargó de explicar lo que ocurría.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!

Organicémonos —ordenó la Maestra tras colocarse junto a sus alumnos—. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. —Apremió “el Guía”—. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. —comentó mirando directamente a dos de los que allí se encontraban—. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?—Terminó el encapuchado, desapareciendo en la nada.

¡Te equivocas! ¡Yo sí soy leal a la Orden y pienso salvar Tierra de Partida de monstruos como tú!—Respondió una vez más el pequeño no obteniendo de nuevo respuesta a sus quejidos.

Un insonoro silencio se adueño de la escena, bañando las miradas de todos los presentes, creando un nuevo interrogante, uno más que se sumaba a la larga lista. Enok agachó la mirada, terminando sus ensoñaciones con un suspiro, uno más, la fuga de un pedacito de su felicidad.

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro —comenzó de nuevo el joven Bavol mirando en primer lugar al rubio aprendiz de Bastión Hueco, el cual no se percató— o si nos debemos más de una pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

»Por eso no quiero que vengas conmigo, hermanito —dijo, con una voz gelatinosa, dirigiéndose hacia Simbad, compañero de Enok—. La prueba que hay en este pasillo es sólo para gente leal a la Orden y tú no lo eres, ni a la mía ni a la tuya. Una vez te intenté matar y tú te dejaste atacar, no querías luchar conmigo y yo era tu enemigo. ¡¿Y si ahora te piden que lo hagas?! No superarías la prueba… Pero yo sí, porque tengo que traer de vuelta el castillo y también debo buscar a Ronin para salvarlos a todos.

» Así que no me sigas. T-te prometo que como vengas por aquí, te lanzaré un hechizo y te pondré a dormir antes de que puedas entrar. N-no es broma, Simbad.


¿Vienes?— Enok sintió otra voz. Otra mucho más fatídica, lejana y quizás importante. La miró, devolviéndole todo lo que le pertenecía.

Asintió y pocas palabras más necesitó para tener claro su destino. Dejaría atrás a muchas personas, a personas que significaban algo para él pero renovaría su destino, una vez más. Miró a Freya, en último lugar, y se mordió el labio.

En marcha, todos
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Marioxulo » Jue Mar 05, 2015 12:14 am

Al subir por aquella escalera, acabamos llegando a otra puerta, esta vez de color, para variar, blanco. Sin embargo, abrir esta puerta nos costó bastante, y en cuanto logramos abrirla lo suficiente como para poder pasar, se cerró sin hacer ruido alguno, en completo silencio. El pasillo en aquel lugar se dividía en tres caminos: uno, a la derecha, se retorcía trazando una espiral; otro, a la izquierda, giraba bruscamente a la derecha y por último, al frente, unas escaleras seguían el ascenso.

Deberíamos seguir ascendiendo.

Adelantándose a mi, Nadashi ya había subido por aquellas escaleras. Entonces, unas carcajadas que ya me resultaban familiares resonaron por toda la sala. Estaba frente a la puerta por la que habíamos venido.

¿Qué has hecho? —preguntó el pequeño gitano dirigiéndose a nuestro guía.

¿Lo oís? —dijo mientras se pegaba a la puerta, como si estuviese escuchando algo— . Acercaos, acercaos.

Con cierto recelo, me decidí a acercarme a esa puerta. Se escuchaban fuertes golpes, pero hubo uno que destacó sobre el resto.

Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

Un escalofrío recorrio mi cuerpo. Imaginé a aquella horda de sincorazón, atacándonos de nuevo como lo hicieron en la puerta, con la diferencia de que ahora estábamos en un castillo y las posibilidades de huir eran prácticamente nulas. No teníamos tiempo que perder.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros?

Ríete todo lo que quieras, tú a mí no me das miedo —estalló el pequeño gitano. No se podía negar que era valiente, me gustaba aquel chaval.

Nadashi llegó hasta la puerta, pero pronto se dio por vencida. Parecía que era imposible por el momento. Nuestro guía se dio cuenta de ello.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!

Organicémonos. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Es una buena idea. ¿Alguien tiene alguna preferencia de por donde ir?

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

Aquello pareció afectar a aquel chaval, que estalló de nuevo y se dirigió a aquel encapuchado.

¡Te equivocas! ¡Yo sí soy leal a la Orden y pienso salvar Tierra de Partida de monstruos como tú!

No tardó sin embargo en desaparecer nuestro guía. El gitanillo tomó la palabra entonces, dirigiéndose a varios de los aprendices de Bastión Hueco. Se notaba que a varios de ellos los conocía. A fin de cuentas, yo ya había conocido a un par, que diablos.

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro —Dirigió una mirada uno de los aprendices— o si nos debemos más de una —Miró entonces a otra chica, también del otro bando—, pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

Se girro entonces para hablar, en último lugar, con otro gitano, con el que parecía tener una relación de verdadera confianza.

Por eso no quiero que vengas conmigo, hermanito —noté como temblaba su voz—. La prueba que hay en este pasillo es sólo para gente leal a la Orden y tú no lo eres, ni a la mía ni a la tuya. Una vez te intenté matar y tú te dejaste atacar, no querías luchar conmigo y yo era tu enemigo. ¡¿Y si ahora te piden que lo hagas?! No superarías la prueba… .Pero yo sí, porque tengo que traer de vuelta el castillo y también debo buscar a Ronin para salvarlos a todos.

» Así que no me sigas. T-te prometo que como vengas por aquí, te lanzaré un hechizo y te pondré a dormir antes de que puedas entrar. N-no es broma, Simbad.


Simbad, que parece que se pensó bastante su elección, se acercó al chaval, le revolvió el pelo, y le dijo algo lo cual no pude distinguir. Varios aprendices se dirigieron también al camino de la derecha, pero yo ya había decidido que hacer. Aquel chaval tenía la suficiente valentía como para desafiar a todo el bando contrario, incluso separarse de aquellos a los que tenía cariño, todo por defender nuestra orden. Así que no iba a dejar que se marchase el solo.

Ey, tu.

Me acerqué a aquel chaval, y bajé hasta poner mis ojos a la altura de los suyos.

Mira, tengo que reconocer que tienes agallas, y la verdad es que eso me gusta —le dije—. Así que, he decidido que pienso ayudarte a traer de vuelta la Orden. Quizás no sea igual de fiel a esta que tu, pero, quieras o no, pienso ir contigo y protegerte.

me levanté entonces, dirigiéndome hacia el pasillo de la izquierda. Me quedé esperando al resto, y antes de seguir, me dirigí de nuevo a aquel chaval.

Por cierto chaval, me llamo Lyon —dije, sonriéndole—. ¿Como te llamas tu?

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Lyon sigue a Bavol por el camino de la izquierda
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Do u even heingue?

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To mi amol pa Aru por las lindas firmas
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Crystal » Jue Mar 05, 2015 12:26 am

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Conocía a parte del grupo que subió las escaleras. Se alegró muchísimo de estar al lado de Enok y Simbad; ambos formaban parte de su círculo de personas más cercanas, y de alguna manera aquello la reconfortó. No pasó lo mismo al ver a Bavol, al cual en un primer momento prefirió no dirigir la palabra.

Nanashi consiguió desplazar la puerta lo suficiente para que pudieran pasar todos. Una vez lo hicieron, se cerró sin hacer ruido. Freya se quedó embobada mirando lo que la rodeaba: aquello volvía a tener una bifurcación. Le llamó la atención el camino de la derecha, que parecía retorcerse sobre si mismo. Después observó el camino de la izquierda hasta donde se dejaba ver; el hecho de que girase con semejante brusquedad le hizo pensar que había algo ahí que no querían que viesen. Finalmente, aquella puerta que se imponía en lo alto de las escaleras.

Nanashi no se lo pensó dos veces, y subió.

Entonces una horrible carcajada rompió el silencio y la tensión que los rodeaba. Freya se giró para observar que ocurría, y volvió a encontrarse con él. El encapuchado. Pero… Detrás de él faltaba algo. ¿Dónde estaba la puerta por donde habían entrado?

¿Lo oís? —las múltiples voces volvieron a hacer presencia—. Acercaos, acercaos

Freya no aceptó la invitación, y se quedó en el sitio, inmóvil.

Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

De alguna manera, había algo en aquellas voces que hizo recapacitar a Freya. Le sonaban, pero no sabía de qué. ¿Le conocía de antes? No podía ser posible. Estaba segura de que no había visto aquella figura antes de entrar al Castillo-.

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros?

Se cruzó de brazos, algo más nerviosa. No contaba con la idea de perder de vista a cualquier persona del grupo que le importase. ¿De verdad era posible salir con vida de aquel sitio, después de todo lo que el encapuchado trataba de hacerles entender?

Nanashi sin embargo, no pareció afectarle mucho todo aquello. Continuó subiendo las escaleras, pero a la hora de empujar la puerta, no consiguió absolutamente nada.

No hay forma.

Se sintió un poco apenada por la Maestra, que parecía estar un poco sonrojada por aquello.

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!

Organicémonos —excluyó a los miembros de Tierra de Partida de su discurso—. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto. El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

¡Te equivocas! ¡Yo sí soy leal a la Orden y pienso salvar Tierra de Partida de monstruos como tú!

Freya no pudo evitar poner los ojos en blanco. Bavol había caído en la provocación con demasiada facilidad.

En marcha, todos.

Ella no sabía por dónde ir. Cualquiera de las dos opciones le parecía peor que la anterior, y por mucho que quisiera escoger una al azar, había algo que la retenía en el sitio. Mientras todo este lío correteaba por sus pensamientos, el pequeño de Tierra de Partida se les acercó.

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro —Para la sorpresa de Freya, aquello iba para Enok— o si nos debemos más de una —se encogió levemente de hombros—, pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

En instinto de Freya le dijo que le atacase, que le pegase una bofetada y que aquello le hiciese pensar dos veces lo que estaba diciendo. Pero no lo hizo.

Estúpido —susurró, entre dientes.

Y después de soltarle unas palabras a Simbad, el pequeñajo escogió el camino con seguridad. La pelirrosa pensó en un primer momento que quizás no era mala idea seguirle y tenerle controlado. Después de todo se lo debía, aun sabiendo que ella no era apta para aquella prueba. Pero al encontrarse con la mirada de Enok, sus dudas se disiparon. Suspiró y se dejó llevar, siguiendo los pasos de su amigo y sabiendo que había algo que estaba dejando detrás.

Pero la decisión ya estaba tomada.

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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor H.S Sora » Jue Mar 05, 2015 1:29 am

Cuando llegué a mi grupo me percaté de que había una mezcla bastante igualada de aprendices, tanto del Bastión como de la parte de los traidores; éramos ocho aprendices junto a la Maestra Nanashi, la cual nos empezó a guiar por aquel ascendente camino hacia Dios sabe donde.

Empezamos a avanzar por aquellas escaleras hasta que nos encontramos con una puerta que iba a juego con aquel blanco que manchaba el lugar. Al contrario que la enorme puerta que se encontraba abajo, esta cedió en cuanto la maestra aplicó más fuerza de la que había parecido necesaria en un principio, ¿habríamos sido capaces de abrirla por nosotros mismos de haber estado solos?

Lo dudaba bastante, pero el caso era que me encontraba traspasando el hueco que Nanashi había abierto para todos, cuando me fijé más concretamente en los aprendices que habíamos escogido aquel camino; que yo conociese personalmente y que por lo tanto se encontrasen en el Bastión, había cinco personas — contándome a mí mismo — entre los que se encontraban la chica que nos había acompañado a Saeko y a mí en la misión de París, y a Freya, la chica pelirosa. Los otros dos me sonaban vagamente, pero no había tenido mucho trato con ellos a decir verdad.

Sobre los miembros de Tierra de Partida no tenía mucho que decir ya que no me sonaban especialmente, hasta que me percaté de una figura menuda que más que un adolescente, parecía un niño. A pesar de no saber su nombre, yo ya sabía quién era: si mal no recordaba, aquel niño era el que casi había matado a Dark Light y que además formaba parte de aquellos “alegres” por la puñalada que recibimos aquel día gracias al actual desaparecido Ronin.

Será mejor que no baje la guardia con él...

Tras pasar por la puerta nos encontrábamos frente a una encrucijada que daba varias opciones, dos de ellas eran diferentes y peculiares caminos uno a la derecha y otro a la izquierda además de otras escaleras; pero por algún motivo la Maestra Nanashi ignoró las dos primeras opciones y se dirigió directamente a las escaleras, por lo que sin fijarme demasiado la acompañé ya que lo veía más seguro que las otras dos opciones.

Pero antes de que acabase de poner el pié en el primero de aquellos escalones, un cúmulo de carcajadas sobresaltó el sepulcral silencio en el que habíamos estado sumidos desde que habíamos escogido aquel camino. Al girarme en la dirección de la que provenía, me encontré de nuevo con nuestro querido amigo, el Guía; pero aquello no me extrañó en absoluto, más bien lo que me resultó curioso era que donde él estaba debería haber habido la puerta por la que habíamos entrado, pero ahora no había absolutamente nada.

¿Lo oís? —dijo mientras pegaba la oreja a la pared preguntó con sus múltiples voces—. Acercaos, acercaos —el aprendiz de Tierra de Partida al que conocía se acerco ante la invitación del misterioso ser, por lo que decidí que con que una persona escuchase lo que este pretendía que escuchásemos sería suficiente. De pronto el chico pareció retroceder, asustado.—. Ese Coloso sigue golpeando la puerta. De no ser por esas barreras que los Maestros han conjurado posiblemente todos los que se han quedado a pelear estarían muertos ya… Y por tanto solo sería cuestión de tiempo que viniesen a por vosotros.

¿Por qué diantres me suena tu voz?...

Era más apropiado decir “voces”, ya no estaba mezclando con tantas como antes, y ahora podía distinguir alguna que me resultaba familiar, pero al seguir habiendo tantas no caía en quién podía ser la que me resultaba familiar. ¿Serían imaginaciones mías?

Ya no podéis volver atrás, a esto me refería cuando dije que el castillo cambiaba. Las puertas, los pasillos… Todo cambia, si os separáis un momento… ¿Quién sabe si podréis volver a encontraros? —arqueé una ceja durante un momento mientras el ser que nos “aconsejaba” empezaba a reírse de nuevo. ¿Jugaba con nosotros?

En aquel momento la Maestra Nanashi prosiguió su camino por las escaleras y la acompañé, sin saber muy bien donde podíamos acabar. El caso era que había una nueva puerta frente a nosotros, pero en esta ocasión Nanashi no fue capaz de abrirla tras empujar un largo rato y desistió... ¿qué significaba aquello? ¿qué había caminos que desaparecían y otros a los que ni podíamos acceder

¡Obviamente que no puedes, Nanashi!

Aquella criatura ya me estaba poniendo de los nervios, aunque supuse que no era al único que tenía atravesado a nuestro “compañero” de viaje.

Organicémonos —dijo la Maestra en cuanto bajó las escaleras, parecía que tan solo se dirigía a nosotros, supuse que por qué realmente los aprendices de Tierra de Partida harían lo que realmente quisiesen—. Iré por la izquierda. Vosotros podéis ir por donde prefiráis, pero recordad que debéis ir como mínimo en parejas para protegeros de posibles peligros. No sabemos qué puede haber más adelante.

Me fijé entonces mejor en los dos caminos ya que ahora tendría que elegir uno de los dos para lograr avanzar en aquel peculiar castillo: el de la derecha se iba retorciendo poco a poco haciendo que todo quedase como una extraña espiral; el de la izquierda sin embargo, resultaba ser un camino recto y luego giraba hacia la izquierda, lo que había más allá era un misterio también.

Buen consejo. Y como soy una buena persona, os daré un pequo adelanto.El camino de la izquierda lleva a una prueba, a una que no podréis superar puesto que sólo alguien verdaderamente leal a su Orden sería capaz de aceptarla. —En aquel momento pareció que volvía su cabeza para mirarnos a mí y al pequeño aprendiz—. Y me temo que ninguno de vosotros tiene lo que necesita ¿Cierto?

¿Cómo?

Aquella criatura acababa de hacernos una provocación en toda regla; ¿Cómo se atrevía a decir que no era capaz de aceptar la prueba que fuese que llevase aquel camino?

Lo que más me importaba en aquel momento era relajarme y pensar en la situación que tenía frente a mí, y saber si realmente me convenía hacerle caso al Guía... ¿pero por qué me había dicho que no era capaz de superar la prueba que fuese a haber en aquel camino? ¿Tenía algún motivo para decirnos la verdad? ¿O siquiera para poder mentirnos?...

En marcha, todos —aquellas fueron las últimas palabras de la Maestra Nanashi mientras esta se dirigía al camino de la izquierda.

Empecé a preocuparme y a ponerme nervioso sobre que decisión tomar, ya que me encontraba sin duda perdido. ¿Quién me decía que sería capaz de superar el camino de la derecha si tampoco era capaz de superar el otro? Fuese lo que fuese empezaba a angustiarme aquella situación, necesitaba una idea lúcida, y rápido. Respiré hondo y tratando de mantener la calma en aquella situación y pensando en lo que hacer, cuando el discurso del infante de Tierra de Partida me resquebrajó e interrumpió:

Quiero que sepáis que me da igual que nos conozcamos. No me importa si nos hemos puesto en el pellejo del otro, o si nos debemos más de una, pero ahora mi mundo corre peligro y vosotros sois mis enemigos. Si tengo que luchar con vosotros en algún momento, lo haré, así que si queréis estar totalmente seguros, apartaos de mi camino.

Este me hizo cambiar mi opinión acerca del camino a escoger; había pensado en dirigirme hacia la derecha debido a que quizá sería lo más seguro, ¿pero quien coño se creía aquel crío para dar órdenes de aquella manera tan amenazante? Ni tan siquiera presté atención al resto de su dialogo con uno de mis compañeros de Bastión Hueco, al que parecía conocer y tener cierto aprecio.

Pero ya me daba igual, demostraría que estaba preparado para todo. Estaba harto de órdenes y “consejos” por parte de gente que no formaba parte de mis superiores. Me adelanté al chico y pasé por delante de él, girándome entonces para mirarle directamente a aquellos ojos en los que parecía brillar una peculiar determinación, o quizá fuesen solo imaginaciones mías

Iré por aquí, quiero saber si realmente eres capaz de matar de la manera tan fácil en que lo has dicho, pequeño héroe. O sí realmente crees que el resto se dejará matar para que tu vuelvas a tener tu castillito; yo también tengo un hogar al que volver con mis amigos.

Dicho esto seguí a la Maestra Nanashi, esperando que aquello no hubiese sido una mala elección, después de todo era un portador. ¿Acaso había algo a lo que no pudiésemos enfrentarnos? Fuese cual fuese la respuesta, y fuese lo suficientemente leal a la Orden o no, no iba a dejar que nada ni nadie me parase.

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Saito se va por la izquierda~~
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Muchas grácias por el avatar Mepi ^^
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Sombra » Sab Mar 07, 2015 6:15 am

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Bavol, Hiro, Lyon, Saito y Nanashi recorrieron un camino anodino, que viraba hacia la derecha, hacia la izquierda y, una vez más, a la derecha. La impoluta frialdad de aquel lugar permaneció invariable, estática, como si no transcurriera el tiempo.

Sin embargo, al fondo del último tramo se abría en una sala circular de unos diez metros de diámetro (aunque justo antes había otro pasillo que se doblaba hacia la izquierda acabando en un camino sin salida que podían explorar sin problemas, aunque no encontrarían nada).

La sala circular rompía con la monótona decoración del resto del Castillo. Podían ver jarrones de mármol de un blanco puro y preciosas flores, también blancas, inclinándose hacia ellos, como si les dieran la bienvenida, impregnando el lugar con un olor un tanto dulzón.

Una risa que ya les empezaría a resultar familiar, precediendo a su amigo el encapuchado, que se materializó en el centro de la estancia en medio de una explosión de luz y oscuridad.

Sois más de los que creía —admitió llevando su mano al mentón y asintiendo con la cabeza—. He visto que algunos —clavó nuevamente sus ojos en Bavol— creéis que la prueba consiste en mataros entre vosotros. ¿Qué creeis que soy? ¿Un bárbaro? ¡Por favor! —Dio un par de golpecitos con la punta de las botas, fingiéndose indignado, si bien su tono era jocoso. Al menos alguien se lo estaba pasando bien.

¿Y cómo planeas que demostremos nuestra lealtad a nuestra Orden? —Nanashi dio unos pasos hacia el encapuchado—. Ilumíname.

El Guía soltó una risita, dejó caer una causa de efecto y después extendió dramáticamente las manos al frente, haciendo ondear su túnica.

¡Sea, pues! Entregadme vuestras Llave Espada.

¿Disculpa?

—¡Has entendido a la perfección lo que he dicho! —replicó el Guía, sacudiendo un índice y chasqueando la lengua—. Es el precio justo por uno de estos…

Varios naipes se materializaron en la mano del Juez. Su parte superior se asemejaba a una corona, mientras que en el centro tenían un diseño que no pudieron distinguir porque los dedos de aquel irritante tipo se interponían.

Este Castillo tiene cientos de puertas y pasillos interminables. Algunos os están vedados y otros no. Avanzar por ciertas zonas requiere de estos naipes mágicos. Estos objetos están pensados para que sólo una persona pueda utilizarlos; aquella que se convierta en su dueña, por lo tanto, y espero que quede claro, son intransferibles. Sólo por si acaso, no os gustaría saber lo que pasaría si lo intentaseis, creedme. —Volvió a reír cual niño pequeño—.Ya no podéis volver al vestíbulo, y uno de vosotros tendrá que sacrificarse para avanzar… ¿Merece la pena sacrificar vuestra Llave Espada por el bien de vuestra Orden? ¿De vuestra misión?

—Nanashi no vaclió. Simplemente avanzó hasta quedar frente a aquella misteriosa entidad e invocó su Llave Espada—. Daría todo lo que poseo, incluyendo mi vida por Bastión Hueco. Si eso que buscamos puede terminar con la tiranía de Tierra de Partida y ayudar a las futuras generaciones de aprendices y Maestros de Bastión Hueco… Que así sea.

Bravas palabras. Trato hecho —elogió el Guía, tomando el mango del arma.

Nanashi no pudo reaccionar a tiempo. Aquel ser era condenadamente rápido. La Llave Espada atravesó el pecho de su dueña, pero no hubo herida: del lugar donde debía brotar sangre salía una especie de luz. Nanashi se desplomó, pálida y con aspecto deplorable, mientras su arma se desvanecía en medio de un ceniciento resplandor.

Bien hecho, has sido muy valiente. —El Guía le tendió su mano, para ayudarla a incorporarse.

Dirigiéndole una mirada gélida, Nanashi la apartó de un manotazo y se incorporó por su propio pie. Se tambaleó un poco, pero no terminó de perder el equilibrio. Le arrancó entonces el naipe y trató de invocar la Llave Espada. Pero no acudió a su llamada. Nanashi torció el gesto.

¿Y quién será el siguiente?

El Guía de pronto apareció detrás de Bavol, poniéndole las manos en los hombros.

¿El pequeño y valiente Bavol? ¿De verdad quieres renunciar a tu arma? ¿O es que tenías la boca demasiado grande?

Su cuerpo pareció desvanecerse en medio de una nube de oscuridad y, de pronto, sin más, empezó a susurrar al oído de Saito, flotando a su lado:

¿No tienes un hogar al que volver? Pero si entregas tu Llave Es[/b]pada, ¿a quién vas a poder proteger? ¿O es que esta prueba es demasiado para un Portador, que se supon[b]e que a todo puede enfrentarse?

Lyon fue el siguiente, si bien esta vez el Juez apareció directamente frente a él. Cruzó las manos a la espalda y se inclinó hacia él, dominándolo con su altura.

Podrías irte ahora mismo. No eres tan leal como el chiquitín, ¿verdad? ¿Para qué sacrificar parte de tu corazón? ¿O precisamente por eso deberías hacerlo? Permitir que otros más capacitados que tú tengan que renunciar a su sueño es terrible, ¿no crees? —rió por lo bajo, se dio la vuelta, y se encaró hacia Hiro.

¡Parece que la Diosa de la suerte finalmente no te acompaña! —Se acercó a toda velocidad, rozándole por un lado y de pronto tenía la moneda de Hiro entre sus dedos. La hizo girar con gracia, burlón—. No quieres a tu Orden, has escogido por mero azar y este te ha traído a mí. ¿No es el momento de dar media vuelta? ¿O amas lo suficiente a tus Maestros para renunciar a la Llave Espada? ¡Oh, vaya, Nanashi, espera, todavía no han escogido!

Desolado, el Guía trató de retener a la Maestra que, sin embargo, ya se dirigía hacia la salida de la estancia. Levantó el naipe con una ceja arqueada. Éste desapareció entre volutas blancas y la puerta se abrió; Nanashi la traspasó sin mirar atrás.

Si querían alcanzarla, tendrían que darse prisa. El Guía suspiró y se volvió hacia ellos de nuevo.

En fin. Todavía estáis a tiempo de volver atrás con los que se fueron por el otro camino… ¿O preferís ser leales a vuestra Orden?

***


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Aquellos que escogieron el camino de la derecha (a los que se unirían los que decidiesen no participar en la prueba del guía) comprobarían con sorpresa que el Castillo no parecía obedecer las leyes de la física. A medida que avanzaban por el pasillo en ningún momento parecía girarse pese a que todo el rato se veía aquella especie de “espiral”. En cambio, si miraban atrás, la sala en la que habían estado era la que estaba del revés.

Una vez llegasen al fondo del pasillo todos los presentes empezarían a escuchar murmullos y lejanos susurros fantasmagóricos. Poco a poco la luz parecía ir disminuyendo y tanto las paredes como el suelo se fueron tiñendo de negro. Si estaban atentos descubrirían siluetas en las paredes que aparecían y reaparecían sin lógica alguna… y que no se correspondían con sus propias sombras. Había más, muchas más, como si les estuviesen siguiendo...

Empezaron a subir unas escaleras. Eran muy estrechas y costaba verlas, pero una vez se acostumbraran no sería difícil adaptarse al ritmo. Si no fuera por los susurros, si no fuera por los veloces movimientos de las sombras, parecería un simple paseo.

A medida que se incrementaba la oscuridad costaba más y más respirar. También aumentaba la sensación de claustrofobia. Pero allí, ¡al fondo!, vieron luz. Una puerta blanca, abierta de par en par, les aguardaba. ¡Habían hecho bien en escoger aquel camino! Y les quedaba menos de la mitad que recorrer para...

¡Socorro!

Una de las siluetas sacudía una mano tras ellos. Una mano que se había materializado y salía del muro, cobrando forma. Pudieron ver los rasgos de una muchacha, más pequeña que ellos.

¡No quería unirme a la Orden! No quería morir por ella, ¿por qué tengo que estar aquí?¡Llevadme con vosotros, os lo suplico!

De pronto, algo se cirnió en torno al tobillo de Enok. A sus pies vio un rostro que, como una máscara, emergía del escalón. Varios surcos le descendían por las sienes, como lágrimas negras, y tenía la boca abierta en una mueca de agonía.

¡Ayúdame, por favor! ¡No quiero estar aquí!

Si tiraba podría deshacerse de su agarre, pero más manos surgían de todas partes; de las paredes, del suelo, del techo.

¡Yo sólo quería ver mundos! ¡Yo sólo quería ver mundos!

¡Mamáaaaaaaa!

Sólo quiero irme a casa. Por favor, dejad que me vaya a casa.

Si nunca hubiera entrado, ¡si nunca hubiera entrado!

Los escalones comenzaron a vibrar bajo los pies de los aprendices y, de pronto, las escaleras se desmoronaron tras ellos. Y del otro lado, como si estuvieran trepando, comenzaron a aparecer manos. Arañaban, tiraban y agujereaban los escalones, desintegrándolos a toda velocidad.

Iban a por los aprendices, que, a menos que quisieran quedarse con los habitantes del Castillo, no tendrían más remedio que correr.

Pero, entonces, unas uñas se clavaron en las piernas de Simbad. El joven trastabillaría y caería. Las escaleras comenzaron a desaparecer bajo sus pies y las manos lo atraparon por los gemelos y los tobillos, tirando, arrastrándolo hacia atrás. Si se daba la vuelta, vería muchos pares de ojos amarillos y, bajo ellos, un vacío inmenso.

Una de las figuras saltó desde el techo y cayó como un saco sobre Gata, derribándola con su peso y enrollándose entorno a su cuerpo e impidiendo que se levantara.

¡No vais a salir de aquí! —chilló, furiosa—. ¡Si nosotros no pudimos, vosotros tampoco!

En cuestión de segundos, Simbad caería al vacío y Gata, que no podía seguir corriendo, seguiría su mismo destino, a menos que encontraran una forma de liberarse… Y parecía difícil. Mediante la fuerza no conseguirían nada, no… sin ayuda.

Enok y Freya todavía tenían la oportunidad de escapar si se daban la suficiente prisa, antes de que el resto de sombras trataran de capturarlos. La puerta estaba cerca, ¡podrían llegar a tiempo!

Pero, ¿dejarían a Simbad y a Gata atrás?

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Fecha límite: 11 de marzo a las 23:59

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Perdonad el retraso. Tengo últimamente muchos exámenes u_u
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Tidus Cloud » Mar Mar 10, 2015 1:41 am

Bavol aguantó la respiración hasta el último momento cuando vio que Simbad se le acercaba. Por un segundo hasta llegó a dudar sobre si debía lanzarle el hechizo de verdad o no. No obstante, su boca se abrió en un gesto de sorpresa cuando se dio cuenta que su hermano le revolvía el pelo.

Todos los caminos llevan al mismo destino. Ten cuidado con quien vayas y se más listo que el diablo, héroe.

El pequeño asintió ante el consejo de Simbad y se despidió con un débil adiós de él. No estaba contento de tener que haberle metido en aquella disyuntiva, pero al menos le alegraba que hubiera decidido hacerle caso.

Ey, tú.

Bavol se dio la vuelta y se encontró con otro Aprendiz que se había puesto a su misma altura para dirigirse a él. Era uno de los dos jóvenes a los que no había reconocido antes cuando estuvo comprobando junto con quién estaba.

Mira, tengo que reconocer que tienes agallas, y la verdad es que eso me gusta. Así que, he decidido que pienso ayudarte a traer de vuelta la Orden. Quizás no sea igual de fiel a esta que tu, pero, quieras o no, pienso ir contigo y protegerte.

No pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar aquel halago. Le alegraba estar acompañado por gente tan simpática y comprometida con la misión como aquel muchacho.

Por cierto chaval, me llamo Lyon. ¿Como te llamas tu?

Soy Bavol. Me alegra conocerte, Lyon —confesó el pequeño. No obstante, se quedó unos segundos meditando en silencio antes de plantear la pregunta que se le estaba pasando por la cabeza—. ¿Tú eres de Tierra de Partida, verdad?

Por lo que había dicho, no tenía muchas dudas de que lo fuera, pero teniendo en cuenta el contexto en el que se movían, lo mejor era tomar las máximas precauciones. En cuanto se lo confirmara, asentiría con una sonrisa y estaría listo para iniciar la marcha con su nuevo compañero.

Sin embargo, uno de los Aprendices de Bastión Hueco, concretamente el que le había acompañado en lucha contra Dark Light, se interpuso de pronto en su camino hacia la sala de la prueba.

Iré por aquí, quiero saber si realmente eres capaz de matar de la manera tan fácil en que lo has dicho, pequeño héroe. O sí realmente crees que el resto se dejará matar para que tu vuelvas a tener tu castillito; yo también tengo un hogar al que volver con mis amigos.

Bavol se dio cuenta de que el muchacho lo estaba mirando directamente a los ojos. Antes de darle una respuesta, el pequeño ladeó levemente la cabeza mientras le fulminaba con la mirada. Casi parecía como si estuviera analizando al enemigo que tenía justo delante de él.

¿Así que quieres volver a tu hogar? —preguntó el gitano de forma retórica—. Vaya… ¿Entonces se puede saber qué hacías los de Bastión Hueco aquí justo cuando los sincorazón nos estaban atacando? ¡Vosotros sois los que os lo habéis buscado, así que ahora no me vengas con tonterías!

Dicho esto, el Aprendiz de Tierra de Partida se adentró definitivamente en el pasillo de la izquierda comprobando que el otro joven que les acompañaba era el otro chico, con aspecto perruno, al que tampoco conocía.

Tras un corto trayecto, los cinco llegaron a una habitación circular decorada con algunos jarrones de flores, a los cuales el niño no prestó mucha atención. Prefería concentrarse en el Guía, que ya anunciaba su aparición en el centro de la sala con una de sus características risas.

Sois más de los que creía. He visto que algunos —Se dio cuenta de que lo estaba mirando a él. Aquello le bastó para confirmar que el Guía escuchaba todas las conversaciones que mantenían en su ausencia— creéis que la prueba consiste en mataros entre vosotros. ¿Qué creeis que soy? ¿Un bárbaro? ¡Por favor!

¿Y no lo eres? —replicó Bavol cruzándose de brazos molesto con la actitud del encapuchado.

¿Y cómo planeas que demostremos nuestra lealtad a nuestra Orden? Ilumíname.

¡Sea, pues! Entregadme vuestras Llave Espada.

¿Qué? —soltó el pequeño casi inconscientemente.

¿Disculpa?

—¡Has entendido a la perfección lo que he dicho! Es el precio justo por uno de estos…

El gitano arqueó una ceja un tanto aturdido al contemplar que lo que obtendrían a cambio de sus Llaves Espadas sería unas extrañas cartas. Era totalmente absurdo, no podía darle una de las cosas que más apreciaba en el mundo por algo tan ridículo. Pese a todo, decidió escuchar todo lo que tenía que decir el Guía hasta el final. Quizás su explicación le sorprendiera.

Este Castillo tiene cientos de puertas y pasillos interminables. Algunos os están vedados y otros no. Avanzar por ciertas zonas requiere de estos naipes mágicos. Estos objetos están pensados para que sólo una persona pueda utilizarlos; aquella que se convierta en su dueña, por lo tanto, y espero que quede claro, son intransferibles. Sólo por si acaso, no os gustaría saber lo que pasaría si lo intentaseis, creedme. Ya no podéis volver al vestíbulo, y uno de vosotros tendrá que sacrificarse para avanzar… ¿Merece la pena sacrificar vuestra Llave Espada por el bien de vuestra Orden? ¿De vuestra misión?

—La seguridad de Nanashi le sorprendió bastante—. Daría todo lo que poseo, incluyendo mi vida por Bastión Hueco. Si eso que buscamos puede terminar con la tiranía de Tierra de Partida y ayudar a las futuras generaciones de aprendices y Maestros de Bastión Hueco… Que así sea.

Entornó los ojos. Aquella bruja seguía pensando que su bando era el bueno en aquella guerra después de todo lo que había sucedido, no sabía si sentir pena porque iba a entregar su Llave Espada por una mentira o asco por las terribles palabras que había soltado contra su Orden.

El proceso para arrebatarle el arma a la Maestra fue rápido. En apenas unos segundos, el Guía atravesó a Nanashi con su propia Llave Espada y después ésta se desvaneció. Tras un pequeño momento de flaqueza, la fría mujer se levantó de nuevo y agarró el naipe que le correspondía. Sabía que aquella arpía no destacaba precisamente por su amabilidad, pero esperaba una reacción más visible después de haber perdido algo tan importante.

¿Y quién será el siguiente?

Abrió los ojos asustado cuando sintió que dos manos se posaban sobre sus hombros. Nada más empezar a hablar, descubrió quién había decidido aparecer detrás de él.

¿El pequeño y valiente Bavol? ¿De verdad quieres renunciar a tu arma? ¿O es que tenías la boca demasiado grande?

Agachó la cabeza y soltó un pequeño gruñido. Él no era un bocazas, todo lo que había dicho antes iba totalmente en serio. Era fiel a la Orden y estaba dispuesto a dar cualquier cosa por salvarlos a todo, pero también era verdad que aquel era un precio bastante grande...

No fue el único al que el Guía decidió interrogar, después de él hizo lo mismo con los otros tres Aprendices presentes en la sala. Bavol echó una mirada a la Maestra de Bastión Hueco que decidió abandonar la habitación abriendo la puerta mediante el naipe que había recibido. Si ella había podido estar tan segura en aquel momento, él también podía estarlo. Al menos, él sabía que defendía algo justo.

En fin. Todavía estáis a tiempo de volver atrás con los que se fueron por el otro camino… ¿O preferís ser leales a vuestra Orden?

Respiró profundamente con la nariz y soltó un rápido suspiro. Era el momento de decidir.

Bavol invocó su Llave Espada y estiró el brazo para contemplarla con detenimiento. Pasó sus dedos con delicadeza por el filo mientras cerraba sus ojos. Aquella arma le había cambiado totalmente la vida y ahora tenía que deshacerse de ella. ¿Podría acaso seguir siendo miembro de la Orden cuando ya no tuviera una? No lo sabía…

Sin embargo, también recordó el momento en el que conoció a su Maestro Ronin. Parecía que habían pasado décadas desde entonces, aunque en realidad no hubiera sido tanto tiempo. Había aceptado aquella invitación a unirse a Tierra de Partida porque quería ser fuerte para así encontrar un lugar para todos las personas pobres y necesitadas. Había luchado tanto sólo para conseguir que el bien triunfara sobre el mal, así que no podía permitir que al final los villanos ganaran porque él no quería hacer aquel sacrificio. Si no estaba dispuesto a superar aquella prueba, no habría valido la pena nada de todo lo que había hecho durante todo aquel tiempo.

Ronin... Tierra de Partida... lo hago por vosotros —susurró para sí mismo.

Abrió los ojos y se encaró con el Guía sin dejar que ninguno de los presentes le detuviera. Le tendió su Llave Espada y le dijo con el tono más firme que pudo:

A-adelante.

Esperaba que al menos no doliera demasiado.

Una vez el encapuchado hubiera hecho su trabajo, agarraría uno de sus naipes y lo contemplaría con curiosidad. Sea como fuese, en cuanto tuviese uno en su poder, se aproximaría hacia la puerta y la abriría con el objeto que acababa de recibir a cambio de su Llave Espada.

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Bavol decide aceptar el trato y seguir avanzando
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor RedXIII » Mar Mar 10, 2015 4:57 am

Tardaron poco en llegar a una sala circular, aunque esta tenía decoración, a diferencia de las otras, no dejaba de dar la misma impresión de frio ya que todo era blanco, incluso las flores que adornaban los jarrones.

Sois más de los que creía. He visto que algunos —clavó nuevamente sus ojos en Bavol— creéis que la prueba consiste en mataros entre vosotros. ¿Qué creeis que soy? ¿Un bárbaro? ¡Por favor!

¿Y cómo planeas que demostremos nuestra lealtad a nuestra Orden? Ilumíname.

¡Sea, pues! Entregadme vuestras Llave Espada.

¿Disculpa?

—¡Has entendido a la perfección lo que he dicho! Es el precio justo por uno de estos…

Mostro con su mano unas extrañas cartas, el pequeño Moguri, curioseado, se acercó al individuo pero no pudo ver mucho más las cartas.

Este Castillo tiene cientos de puertas y pasillos interminables. Algunos os están vedados y otros no. Avanzar por ciertas zonas requiere de estos naipes mágicos. Estos objetos están pensados para que sólo una persona pueda utilizarlos; aquella que se convierta en su dueña, por lo tanto, y espero que quede claro, son intransferibles. Sólo por si acaso, no os gustaría saber lo que pasaría si lo intentaseis, creedme.Ya no podéis volver al vestíbulo, y uno de vosotros tendrá que sacrificarse para avanzar… ¿Merece la pena sacrificar vuestra Llave Espada por el bien de vuestra Orden? ¿De vuestra misión?

Sí, daría todo lo que poseo, incluyendo mi vida por Bastión Hueco. Si eso que buscamos puede terminar con la tiranía de Tierra de Partida y ayudar a las futuras generaciones de aprendices y Maestros de Bastión Hueco… Que así sea.

Bravas palabras. Trato hecho.

El arma de la propia Maestra se clavó en su corazón, desapareciendo y dejado un rastro de luz que brotaba de dicho sitio.

Bien hecho, has sido muy valiente.

¿Y quién será el siguiente?

Empezó a pulular entre los presentes, tal vez probando su seguridad con palabras, hasta que llegó el momento en que se acercó a Hiro, más bien se encaró, casi parecía desafiarle, una mirada fruncida por parte del aprendiz correspondió a tal falta.

¡Parece que la Diosa de la suerte finalmente no te acompaña! — Hizo un veloz gesto pasando por su lado y sin que se percatara le había robado su moneda —. No quieres a tu Orden, has escogido por mero azar y este te ha traído a mí. ¿No es el momento de dar media vuelta? ¿O amas lo suficiente a tus Maestros para renunciar a la Llave Espada?

Podía plantearse varios puntos los cuales han hecho que el aprendiz estuviera justo en aquella situación, recordar los buenos y malos momentos que ha vivido desde que era aprendiz, las palizas que le habían dado, las cosas que había hecho explotar, pero ese no era su estilo, no, el nunca había sido una persona reflexiva, siempre se había impulsado por su suerte o su desconcierto y, aunque era cierto que estaba preocupado y alarmado por la situación, no iba a impedir que el azar decidiera.

Encendió otro cigarrillo y se lo llevó a la boca, el humo de curioso color ondulaba hasta el techo y desaparecía como si nada.

Tienes razón — Comentó —Estoy aquí por el azar, y en este punto del camino podría engañarme a mi mismo y decir algo como "lo hago por Ronin" o por Lyn, fingir tener un mínimo de interés en la orden, pero no, si lo he hecho, si he llegado hasta aquí es por puro egoísmo y estupidez— Estiró su brazo derecho y lo puso horizontal.

Por eso creo que lo justo sería que fuera ella quien decidiera ¿Que dices, Vuelo a la luz, seguimos hacia adelante? — Había dejado que su Llave espada tomara la decisión pero ¿Era posible eso, una llave espada podía hacer eso? El aprendiz desconocía completamente aquella respuesta pero sabía que su arma sólo aparecía en ciertas situaciones, así que aquella era la mejor forma de comprobarlo —¿Vamos a demostrar hasta donde somos capaces de llegar, vamos a comprobar hasta que punto nos protege la diosa de la suerte? — Y para sorpresa y desagrado del aprendiz su Llave se materializó.

Ya veo — Susurró el aprendiz —Espero que esto no sea un adiós para siempre — Unas pequeñas lágrimas se asomaron por los ojos del aprendiz, no sabía si aquel era el resultado de su ignorancia hacia el arma o un sacrificio por continuar, pero era una decisión dura y tenía que cumplirla.

En fin. Todavía estáis a tiempo de volver atrás con los que se fueron por el otro camino… ¿O preferís ser leales a vuestra Orden?

Alargó su mano con el arma, esperando a que la tomara y pudiera coger una de esas dichosas cartas.

No te confundas — Respondió al individuo —No hago esto por la orden ni por Tierra de Partida ni esas memeces, lo hago porque quiero ver hasta donde quiero llegar.

Un desconcertado Goei estiraba la gabardina del aprendiz mientras intentaba que recapacitara su acción, pero ya era demasiado tarde para cambiar de opinión.

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Hay un punto que no me ha quedado muy claro, lo siento si me he equivocado~~

PD: Acepta el trato
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor xXOrbOOkXx » Mar Mar 10, 2015 7:55 pm

El camino de la derecha me pareció que serpenteaba. Rápidamente salí de mi error, y vi como el Castillo no parecía estar construido como una casa normal. Giré la cabeza, y vi que la sala que habíamos dejado estaba boca abajo. Por lo menos no me había mareado.

Comencé a escuchar susurros. Eran como un murmullo, como la clase de voces que escuchas antes de caer dormido en medio de una fiesta. Poco a poco la estancia se fue atenuando... como si estuvieran apagando las luces. Cual fue mi alivio, al ver una luz al final de unas escaleras.

Me sentía fatal, no podía respirar, y sentía que las paredes se iban a caer de un momento a otro; me pregunté si no era por aquél túnel, sino por haber abandonado a Bavol.

Comenzamos a subir, y de repente, un grito me sacó de mis fúnebres pensamientos.

¡Socorro!

Era una niña. Pero era una niña de las sombras, era una niña que agitaba su manita por ayuda desde el muro; me alejé todo lo que pude.

¡No quería unirme a la Orden! No quería morir por ella, ¿por qué tengo que estar aquí?¡Llevadme con vosotros, os lo suplico!

¿Qué era aquello? Sin más, las sombras ya no cubrieron las paredes, sino las escaleras, el techo. La estancia estaba llena de aquellos lamentos infernales. A Enok le atrapó una del tobillo, los escalones comenzaron a vibrar.

Las escaleras se fueron abajo. En otro contexto, la expresión habría resultado divertida; comencé a correr por el lado contrario, subiendo escaleras, suplicando por llegar a la luz. Pero entonces...

Solté un alarido de dolor cuando unas uñas y las manos me agarraron de los tobillos y tiraron hacia abajo. El golpe contra las escaleras me aturdió momentáneamente, pero viendo mi situación, me recompuse como pude y me agarré a las escaleras. Estaban succionando hacia el vacío.

Escuché un golpe, pero no lo oí.

¡No vais a salir de aquí! —un grito resonó—. ¡Si nosotros no pudimos, vosotros tampoco!

Me obligué a pensar entre el pánico. Después de todo, los demás aprendices correrían, al menos es lo que haría yo; tenía que salir de ese embrollo yo solo. Con la Llave, yo solo y desde aquella posición no conseguiría nada, aquellos seres estaban hechos de oscuridad... Las ideas se me iluminaron, nunca mejor dicho.

¡Perla! —Lancé aquel hechizo hacia aquellos entes. Esperé que sirviera. El hechizo lumière, uno de los más débiles que existían, pero a falta de algo mejor, me tuve que conformar con aquello.

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Perla (HM) [Nivel 3] [Requiere Poder Mágico: 4] Ataque básico de elemento Luz. Proyectil de luz lineal en forma de esfera, con muy pocas probabilidades de cegar al enemigo
~Un cuarto de hora de risa, equivale a un año más de vida...~


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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor Soul Eater » Mié Mar 11, 2015 9:02 pm

Por una vez en mi vida, agradecí la presencia de otras personas a mi alrededor. El pasillo seguía girando de forma diabólica mientras avanzábamos, mientras que la luz comenzaba a disminuir. Al principio lo hacía de forma tan tenue que casi ni se percibía, pero poco a poco las paredes se volvían más oscuras y un desagradable murmullo se instaló en el interior de mi cabeza.

Sin poderlo evitar, me volvía cada pocos segundos para comprobar que no había nada extraño a mi espalda, pero no siempre podía decir que fuera cierto. Las sombras parecían moverse con independencia de nuestros cuerpos, hasta que comprendí que se trataban de entes absolutamente independientes.

Me sudaban las manos, así que terminé reduciendo la velocidad de mis pasos para adaptarme al ritmo de mis compañeros. No quería ser la primera en descubrir lo que aguardaba al final de ese pasillo. Pero sabía que a nuestras espaldas solo aguardaban los sincorazón, por lo que no quedaba más remedio que continuar hacia delante.

Por el rabillo del ojo, me fijé en la figura de Enok, buscando leer algo en su rostro, comprobar si estaba tan asustado como yo. Sin embargo, pronto aparté la vista, molesta conmigo misma sin saber muy bien por qué. Pero no pude mantener la vista fija en el suelo mucho tiempo.

Mientras comenzábamos a ascender por las escaleras, desplacé los ojos por las paredes, por las siluetas que parecían surgir de estas, por el extraño pendiente dorado del aprendiz moreno, por el pelo rosado de la chica, por mis propios pies descalzos… por cualquier lugar, con tal de no dejarlos fijos, como si temiera que de hacerlo fuera a quedarme detenida, clavada en el sitio.

Finalmente, comenzó a faltarme hasta el aire. Por un instante creí que era solo a causa del miedo, pero pronto me di cuenta de que de no podía ser solo eso. Había estado realmente aterrada en otras ocasiones mucho peores, y no reconocía eso como uno de los síntomas.

Es esta oscuridad— comprendí —No podemos permanecer aquí mucho tiempo— Sin embargo, me resistía a avanzar, temiendo encontrar algo todavía peor al final del camino.

Hasta que un grito de socorro hizo que me detuviera en seco, con un desagradable estremecimiento. Una voz infantil gritaba a nuestras espaldas una súplica que, probablemente, a otra persona con más empatía que a mí le resultara desgarradora.

¡No quería unirme a la Orden! No quería morir por ella, ¿por qué tengo que estar aquí?¡Llevadme con vosotros, os lo suplico!

Sin embargo, a mí en ese momento solo me resultaba escalofriante, y me aparté con horror de la mano que una niña extendía hacia nosotros. Pero resultó totalmente inútil, porque más rostros y voces surgían de todos los lugares, alzándose como fantasmas dispuestos a atraparnos.

¡Ayúdame, por favor! ¡No quiero estar aquí!

¡Yo sólo quería ver mundos! ¡Yo sólo quería ver mundos!

¡Mamáaaaaaaa!

Sólo quiero irme a casa. Por favor, dejad que me vaya a casa.

Si nunca hubiera entrado, ¡si nunca hubiera entrado!

Un montón de voces infantiles, gimiendo y llorando, como niños abandonados, se mezclaron en una desagradable cacofonía. Podía entender su impotencia, su desengaño y su rabia… Yo había sentido algo similar cuando me dijeron que tenía que venir a este lugar, cuando me dijeron que tenía que arriesgar mi cuello por Bastión Hueco.

Sí, podía comprenderles, pero no les compadecía en absoluto. Especialmente, no cuando se arrastraban hacia nosotros. No cuando intentaban destruirnos.

Porque era precisamente eso lo que buscaban, arrastrarnos con ellos al vacío. Sentí un temblor bajo los pies, y no necesité más señales para saber que tenía que correr. Y corrí todo lo que deprisa que me permitieron las piernas, apartando brazos y manos, ignorando arañazos, y saltando prácticamente los escalones de dos en dos en un intento desesperado por alcanzar el final de ese pasillo.

Escuché un grito a mis espaldas y comprendí con horror que habían atrapado a uno de nosotros, pero no me detuve. Ni siquiera me atreví a volver la mirada para comprobar lo que había ocurrido. Hasta que algo cayó sobre mí, ahogando cualquier sonido que pudiera emitir a causa de su peso.

¡No vais a salir de aquí! — escuché un chillido junto a mi oreja —¡Si nosotros no pudimos, vosotros tampoco!

También podía comprender eso. Yo habría dicho lo mismo. No me costaba imaginarme como un espíritu más de ese pasillo infernal, lamentándome por mi encuentro con Ryota y acabando con la vida de todos los que se pusieran a mi alcance movida solo por el deseo de venganza.

Solo que entonces estaría muerta, y no podía permitir eso. No quería quedar atrapada en esas paredes, y no lo haría. No mientras me quedara aliento. Sin embargo, la sombra se enrolló alrededor de mi cuerpo, inmovilizándome. Traté de ponerme en pie, pero era inútil, y comprendí que se me estaba agotando el tiempo.

No pedí ayuda ni alcé la vista para comprobar si alguien estaba dispuesto a prestármela. No era una cuestión de orgullo, sino que no se me ocurrió que nadie pudiera siquiera haberse detenido antes de llegar al final. Yo no lo habría hecho, y a fin de cuentas, piensa el ladrón que todos son de su condición.

Sin detenerme a pensar, hice lo único que se me ocurrió para seguir avanzando, a pesar de que la idea de aprovecharme de la oscuridad en ese lugar no me proporcionaba demasiada seguridad.

Pero pese a todo, dejé que mi cuerpo se fundiera con las sombras y con el suelo esperando poder librarme así de la presa a la que estaba sometida y poder seguir avanzando hacia la puerta que se habría hacia la luz y, con un poco de suerte, a la seguridad.

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Gata usa Evasión Sombría (HC)[Nivel 7] [Requiere Afinidad a Oscuridad; Reflejos: 8; Elasticidad 12] El usuario se vuelve uno con el suelo evadiendo así cualquier ataque mágico o físico durante un post. También sirve para meterse por lugares estrechos.
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Re: [Evento Global] Ruta de los Perdidos

Notapor H.S Sora » Jue Mar 12, 2015 12:59 am

¿Así que quieres volver a tu hogar? Vaya… ¿Entonces se puede saber qué hacías los de Bastión Hueco aquí justo cuando los sincorazón nos estaban atacando? ¡Vosotros sois los que os lo habéis buscado, así que ahora no me vengas con tonterías!

Que nos lo hayamos buscado o no, no implica que me tenga que regir a tus deseos de muerte y destrucción sobre Bastión Hueco, o que no quiera salir de aquí tanto como tú.

Con aquellas últimas palabras, ambos proseguimos y por mi parte decidí ignorarle por el resto del camino, si la prueba al final resultaba tener que matarnos entre nosotros estaría encantado de empezar por aquel crío.

Aquella albura empezó a resultarme tediosa, cuanto menos. A cada paso que dábamos — o giros, en este caso — parecíamos seguir un camino sin final, como si de una especie de laberinto de la muerte se tratase. Pero si algo tenía claro, era que a cada paso que dábamos nos metíamos aún más adentro de las entrañas de algo desconocido, y que no teníamos ni la menor idea de qué era.

Dos caminos se presentaron ante nosotros, un pasillo que se dirigía hacia la izquierda y una gran y enorme sala circular donde probablemente tendría lugar nuestra prueba. A pesar de ello, eché un vistazo al pasillo de la izquierda, pero chasqueé la lengua al ver que aquel camino no conducía a ningún sitio en concreto, por lo que me adentré en la otra sala con el resto.

Éramos cuatro aprendices y la Maestra Nanashi, fuese cual fuese la prueba que nos tenían preparados no iban a lograr derribarnos, a los de Bastión Hueco al menos.

¿Qué es este olor?

Arrugué la nariz al notar como un aroma nuevo impregnaba la sala donde nos encontrábamos, era demasiado... ¿repulsivo? Concordaba demasiado bien con la impoluta sala en la que nos encontrábamos, y me desagradaba a un nivel similar al tener que aguantar a Tierra de Partida para poder salir con vida de allí.

Aunque tras escuchar la risita insoportable del “Guía”, empecé a replantearme que era lo que más me asqueaba de toda aquella situación; pero he de admitir que la aparición que hizo en aquella situación resultó un tanto sorprendente, pues parecía haber nacido de una mezcla de luz y oscuridad.

Sois más de los que creíaHe visto que algunos creéis que la prueba consiste en mataros entre vosotros. ¿Qué creeis que soy? ¿Un bárbaro? ¡Por favor! —Mostró entonces un intento de simular indignación, pero a mi parecer era demasiado sobreactuado como para que alguien de aquella sala se dignase a creerle.

¿Y cómo planeas que demostremos nuestra lealtad a nuestra Orden? —La Maestra Nanashi avanzó hacia él, con una valentía que admiré sin lugar a dudas—. Ilumíname.

¡Sea, pues! —dijo nuestro acompañante tras extender sus brazos teatralmente hacia todos nosotros— Entregadme vuestras Llave Espada.

¿Disculpa?

—¡Has entendido a la perfección lo que he dicho! Es el precio justo por uno de estos…

Fue entonces cuando una especie de cartas se materializaron en la mano del que supuestamente nos juzgaba a todos, con una diversión digna de admirar. Las cartas en cuestión tenían un peculiar diseño, pero lejos de aquello no eran nada del otro mundo; no pude evitar soltar una carcajada por lo que acababa de decir. ¿Quería que le entregásemos nuestras propias Llave Espada por una carta de mierda? Aquel tipo estaba realmente ido.

¿Lo está diciendo completamente en serio?

De ser así, nadie en su sano juicio se decidiría a completar aquella prueba, aunque quizá ahí residía el reto. En deshacernos del arma que nos protegía y nos hacía ser en parte quienes éramos, pero a pesar de eso no lo iba a hacer por unas simples cartas. Allí ya no tenía nada que hacer.

Me di la vuelta sin mirar a nadie y me dirigí a la salida, cuando el Guía continuó hablando y me paré a escuchar las últimas sandeces que tenía que decir sobre aquello:

Este Castillo tiene cientos de puertas y pasillos interminables. Algunos os están vedados y otros no. Avanzar por ciertas zonas requiere de estos naipes mágicos. Estos objetos están pensados para que sólo una persona pueda utilizarlos; aquella que se convierta en su dueña, por lo tanto, y espero que quede claro, son intransferibles. Sólo por si acaso, no os gustaría saber lo que pasaría si lo intentaseis, creedme.Ya no podéis volver al vestíbulo, y uno de vosotros tendrá que sacrificarse para avanzar… ¿Merece la pena sacrificar vuestra Llave Espada por el bien de vuestra Orden? ¿De vuestra misión?

—me giré lentamente ante la rápida muestra de valor por parte de la maestra, mientras esta avanzaba hacia aquel ser para finalmente quedarse cara a cara, e invocar la Llave Espada.— Daría todo lo que poseo, incluyendo mi vida por Bastión Hueco. Si eso que buscamos puede terminar con la tiranía de Tierra de Partida y ayudar a las futuras generaciones de aprendices y Maestros de Bastión Hueco… Que así sea.

Quedé atónito ante las palabras de Nanashi... ¿de verdad creía que aquellos naipes iban a ser capaces de ayudarnos en algo?... Sí así era, si había una sola posibilidad de ayudar a la causa, entonces no tendría más remedio...

¿Pero que haré sin mi Llave Espada?...

Bravas palabras. Trato hecho —fue entonces cuando cogió la Llave Espada de la Maestra y antes de cualquiera pudiese siquiera reaccionar, atravesó el pecho de esta con el arma en cuestión.

No sangró. No la hirió. Solo luz pareció escapar del cuerpo de mi Maestra, mientras esta se derrumbaba y desfallecía al tiempo que lo hacía su Llave Espada.

No pude evitar ponerme a temblar, ¿aquello era lo que nos esperaba? ¿Perder aquel poder que servía para proteger y quedar totalmente expuestos?... Ni presté atención a las palabras del Guía que iban dirigidas a Nanashi, solamente podía ver lo que sucedía frente a mí. La Maestra tratando de invocar aquello perdido de manera fallida, tras haber cogido una de aquellas cartas a aquel cabrón que estaba disfrutando de sobremanera.

¿Y quién será el siguiente?

Empezó entonces a encararse con nosotros, los aprendices que momentos antes nos habíamos mostrado valientes y habíamos decidido seguir aquella senda a pesar de saber que nos aguardaba una dura prueba para todos. Pero no, no quería tener nada que ver en aquello, y muchos menos acercarme a semejante ser.

Quería correr, quería pensar que aquello era tan solo una simple pesadilla, algo que no debía de estar sucediendo... pero no tenía fuerzas para correr, ni para moverme de la impolutidad que otorgaba aquella sepulcral tumba. Finalmente, logró alcanzarme, él y las verdades que más daño podían hacer, las ciertas.

¿No tienes un hogar al que volver? —empezó a susurrarme, quería gritarle que me dejase en paz, pero las fuerzas no me llegaban siquiera— Pero si entregas tu Llave Es[/b]pada, ¿a quién vas a poder proteger? ¿O es que esta prueba es demasiado para un Portador, que se supon[b]e que a todo puede enfrentarse?

¿Cómo era capaz de leer mis pensamientos?... ¿Cómo?... Temblé con más intensidad, reaccionando ante la verdad que encerraban aquellas palabras. ¿Cómo podía proteger a aquellos que me importaban si no tenía lo necesario para hacerlo? ¿Me aceptarían siquiera si me volvía un inútil incapaz de siquiera poder defenderse a si mismo?

Pues claro que no... ¿que hago en Bastión Hueco si no puedo siquiera ayudar a cumplir los mínimos objetivos que me pongan? Absolutamente nada... ¿Pero podría mirar a la cara a aquellos en los que confiaba si tan solo me aferro al miedo de perderme al dejar atrás mi tan preciada arma?

Mientras yo seguía debatiendo aquello, el irritante portador de naipes seguía su recorrido para burlarse del resto de aprendices que habíamos tomado aquella estúpida decisión, uno tras otro sin excepción.

Finalmente Nanashi se adelantó a todos nosotros, sin siquiera querer esperarnos, utilizó aquella carta para pasar por la salida de aquella instancia, dejándonos a todos atrás. Definitivamente, ahora me encontraba solo. Más solo que nunca.

En fin. Todavía estáis a tiempo de volver atrás con los que se fueron por el otro camino… ¿O preferís ser leales a vuestra Orden?

Suspiré, con un nudo en la garganta sin apenas poder hablar, mientras otros aprendices parecían tener muy claro lo que hacer, y dispuestos a entregar sus armas, se abalanzaban sobre el Guía para pedir aquella especie de trueque que seguía siendo absurdo para mí. ¿Pero por qué no podía hacer como ellos que no parecían tener miedo a quedarse desprotegidos? ¿Por qué?... No podía seguir así, tenía que aceptar aquello que realmente me aterraba, y lo hacía ahora o no lo haría nunca.

Tengo miedo. De perderme, de ser rechazado hasta por los míos, de quedarme sin un hogar al que volver, de que todos mis compañeros me diesen la espalda, de no poder cumplir mis objetivos... y de volver a ser un inútil al perder la Llave Espada. De volver a ser el aburrido y soso humano que había sido antes de unirme a Bastión Hueco...

Una lágrima se deslizó por mi mejilla en aquel momento, consciente de todas las debilidades que aún no había podido suplir y que cuando recordaba me mantenían en vela por la noche; caí de rodillas, claramente aturdido.

¿Debería haberme quedado en el Castillo? ¿O debería dejarme sucumbir por el terror y la oscuridad que me inundan ahora mismo?...

>>Sirve a los maestros, a Bastión Hueco, y hazte más fuerte, imparable. Algún día serás capaz de acabar con esa oscuridad tan horrible que hay en ti, o mejor, controlarla a tu voluntad. Si te mantienes firme y leal a este mundo, tendrás las fuerzas necesarias para seguir adelante. Tu familia, tu hogar... está ahora aquí, Saito>>

Golpeé aquel suelo con mi mano izquierda, hasta que esta sangró en lugar de continuar temblando. ¿Cómo podía estar pensando tan solo en la posibilidad de traicionar de aquella manera a mi propio bando? Yo no era uno de aquellos traidores de Tierra de Partida, ni uno de los Revolucionarios que se mantenían en el Bastión.

Yo era Saito, aprendiz del Maestro Ryota, fiel a Bastión Hueco desde el primer momento; había sobrevivido a toda clase de situaciones y monstruos como Erased Data, conocido a gente tan especial para mí como Saeko... No podía permitir que aquello terminase así. Ninguno de nosotros iba a morir aquella noche.

Me puse en pié, mirando aquella criatura, desafiante mientras invocaba mi Llave Espada, compañera inseparable de viajes.

Soy leal a mí Orden, Bastión Hueco, pero también soy leal a mis amigos y a mi mismo —dije mientras le entregaba el mango de esta tal y como había hecho Nanashi— quizá tu me la arrebates hoy, pero estoy seguro de que la recuperaré un día u otro.

>>Y mientras tanto, protegeré a todos los míos con mi propia vida si hace falta.

Dicho esto, esperé a que llegará el fastidioso momento en que aquel ser me arrebatase mi propia arma, y la usase contra mi mismo para privarme de ella por quién sabe cuanto tiempo.

Una vez hubiese sucedido, me levantaría sin aceptar la ayuda que este quisiese proponerme — si es que lo hacía, claro — y cogería uno de aquellos naipes que esperaba que valiesen realmente la pena. Al lograr obtener uno, imitaría a la Maestra Nanashi y lo usaría de la misma forma en que lo había hecho ella, esperando así que pudiese abrirse el camino, y poder además seguirla a donde hubiese ido.

A pesar de no saber lo que podríamos encontrarnos más adelante, ni que peligros tendríamos que afrontar, había algo que me había quedado muy claro gracias a aquella prueba:

Yo era Saito, tuviese o no Llave Espada lo continuaría siendo hasta el fin de mis días. Y si perder parte de mí era el precio a pagar por ayudar a mi familia, que así fuese.

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Por si no ha quedado claro, Saito elige aceptar el trato y avanzar también
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Muchas grácias por el avatar Mepi ^^
H.S Sora
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