[Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Ruta de Hana, Neru, Adam, Saeko, Nadhia, Aru y Kairi.

Nunca olvidarás que tomaste parte en alguno de estos jolgorios. Kazuki tampoco.

Moderadores: Suzume Mizuno, Denna, Astro, Sombra

[Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Suzume Mizuno » Sab Feb 28, 2015 5:44 pm

Haz todo el turismo que quieras. Los demás tenemos cosas más importantes que hacer—espetó Hana a Diana, que arqueó una ceja en su dirección pero no se dignó a responder―. Maestra, voy contigo. La información nos ayudará a proteger Tierra de Partida en futuros ataques y nos dará la oportunidad de salir de este. Es mejor que corretear por aquí solo para abrir una dichosa puerta.―Lyn, que hasta ese momento había estado fulminando a Diana con la mirada, sonrió en su dirección, agradecida―. Y de averiguar qué es lo que pretende esa mujer.

Ese es el espíritu. Gracias.

Nos vemos al otro lado, encanto~ —dijo Adam al pasar al lado de ella, que le guiñó un ojo, aunque no parecía especialmente emocionada porque hubiera escogido ir con ella.

Otros aprendices se fueron adelantando, dispuestos a viajar al pasado. Nerviosos, llenos de curiosidad o simplemente porque creían que sus habilidades podrían ser necesarias, fueron cruzando, uno a uno, el portal.

Al cabo de un par de minutos, este se cerró a su espalda, cortando cualquier posibilidad de regresar a su tiempo…

A menos que Chihiro lo permitiera, por supuesto.

****


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El callejón era estrecho y se encontraba a la sombra; en las ventanas había macetas con flores que desprendían un agradable aroma, entremezcladas con cierta olor a tierra mojada. Se encontraban entre dos edificios no muy altos, de tres pisos alturas, con paredes cubiertas de estuco. Hacía menos frío que en la original Tierra de Partida y en seguida pudieron averiguar por qué: si levantaban la vista verían una construcción colosal que les resultaría familiar. Era como una montaña gigantesca, en la que se habían cincelado unas escaleras que circundaba su superficie hasta llegar a la cima. Pero esta se encontraba vacía. No había Castillo, ni tampoco cadenas que la unieran con las lejanas montañas picudas.

Lo primero que escucharon fueron gritos. Aullidos de miedo, de rabia y llantos de niños pequeños. Todo acompasado con estallidos y explosiones de tal intensidad que sin duda les pondrían los pelos de punta.

¿Qué está…?—Lyn se mordió el labio y miró a los aprendices. Sus ojos se clavaron en los pijamas de Hana y Aru y en el pecho desnudo de Adam. Exhaló un resoplido—. Poneos las armaduras. Todos. Así espero que pasemos más desapercibidos hasta que nos hagamos con ropas de esta época.

Sí, señora.—Diana puso los ojos en blanco, pero se enfundó en su armadura, dejando su rostro al descubierto—. No os separéis de nosotras, chicos, no hasta que nos organicemos. Y Adam, esto va por ti. Si quieres que te maten o quedarte en el pasado, podrás hacerlo sin problemas por mi parte. Pero como nos metas en problemas me ocuparé de librarte de tus manos para que no puedas pelear con gusto. —Dicho esto, le guiñó un ojo.

A continuación, Lyn marchó al frente y Diana el final para asegurarse de que ningún aprendiz se perdía por casualidad.

Cuando salieron del callejón lo hicieron a una plaza muy bonita, con árboles verdes y una fuente donde un ángel sostenía una jarra por la que brotaba agua. Parecía un lugar agradable para pasar el día y sentarse a leer, en especial en días de verano como aquel.

Estaban en una ciudad compuesta por casas de ladrillo pintadas de blanco y colores rojizos; tejados a dos aguas y la mayoría no superaban los tres pisos. Tenían un aire antiguo, con cristales algo toscos, sin tuberías para el agua ni ningún signo externo de modernidad. Las calles estaban empedradas, eran anchas y estaban bien cuidadas. Vieron tabernas, tiendas, armerías, herrerías y pintorescos portales con diferentes signos de animales en sus superficies.

Al fondo resaltaba una alta muralla oscura sobre la que cientos de figuras se movían de un lado para otro, lanzando bolas de fuego y diversos hechizos. De una de las torres salió disparado hacia el exterior un rayo oscuro que ennegreció el horizonte por un momento antes de que vieran cómo una explosión de tierra se extendía como una nube gris por el cielo.

Por las calles gente joven, todos con armaduras, cargaban fardos y niños demasiado pequeños para correr por su cuenta, acompañaban a ancianos o incluso gobernaban rebaños de animales a toda velocidad, llevándolos hacia el centro del pueblo.

—¡Rápido, a los refugios!

—¡Que todos los niños vengan con nosotros!

Una chica de unos trece años se fijó en el peculiar grupo e, indignada, exclamó:

—¡La señora Cornelia ha llamado a todos los guerreros a la muralla! ¡Incluso a los que no son de los grandes clanes! ¡Vuestras madres se avergonzarían!

Qué coño pasa aquí—gruñó Lyn.

Como por ensalmo unas campanas comenzaron a resonar por toda la ciudad, procedentes de un campanario que coronaba el edificio más alto del lugar.

Parece que los están sometiendo a asedio o algo así—comenzó Diana, como si no fuera con ella la cosa—.¿Qué hacemos?

Lyn volvió a mirar a su alrededor. A ninguno le costaría ver que los niños y ancianos que escapaban de las murallas les dirigían gestos de reprobación al ver que se quedaban ahí quietos. Estaban llamando demasiado la atención. Así pues, la Maestra se encaminó, de mal humor, hacia los muros.

Salieron a una de las calles principales, atraídos por el estruendo de cientos de placas entrechocando entre sí y el paso marcado de innumerables personas. Se encontraron con una larga fila de Caballeros, con armaduras bastante similares a las suyas, que marchaban en un perfecto orden militar. Todos portaban Llaves Espada y, sobre sus pechos, resaltaba un emblema con la cabeza de un oso.

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A su frente, un hombre extraordinariamente grande y robusto rugía:

¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida!

Un poco por detrás de ellos marchaba un grupo más pequeño, igualmente armado. En sus pechos lucían dos escudos; uno de serpiente, los menos numerosos, y otros de zorro.

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Los lideraba una figura delgada, que, aunque era difícil distinguirlo por culpa de la armadura —con un emblema de zorro— parecía ser una mujer.

¡Permaneced en la retaguardia! ¡Recordad, nuestro deber es impedir que más gente muera! ¡Y estad atentos a las señales de luz! ¡Marchad en pequeños grupos para poder desplazaros con facilidad, así no llamaréis la atención de los Sincorazón!—La mujer se fijó de pronto en el grupo de aprendices y, tras un momento de desconcierto, les hizo un gesto—: ¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido!

Justo entonces sonó el claro toque de una trompeta y se abrieron las puertas de las murallas para dejarles salir. El gigante de los osos gritó y echó a correr. Todos los caballeros salieron despedidos tras él, rugiendo a una sola voz y haciendo retemblar el suelo.

Desde aquella calle pudieron ver que, al otro lado de la muralla, el mundo se había vuelto negro. Cientos de Sincorazón avanzaban a la carrera hacia la ciudad.

Si habían creído que los monstruos que rodearon Tierra de Partida eran muchos, no estarían preparados para una horda de esas dimensiones.

De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas!—resopló Lyn, con las orejas enhiestas—. Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras…—Meneó la cabeza—. Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes….

Lyn agitó las orejas, arrugando la nariz, pero terminó por asentir e invocó su Llave Espada.

Iré a las puertas. Tú ve a las murallas.—Se volvió hacia los aprendices—. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Esperó a que asintieran. Después, ambas echaron a correr calle abajo. Era el momento de que los aprendices decidieran qué hacer.

Fecha límite: miércoles 4 de marzo a las 23:59


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¡Gracias por las firmas, Sally!


Awards~

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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Darkness Seeker » Dom Mar 01, 2015 12:38 am


~Neru's Soundtrack: "The Chain of Light (Neru's Theme)"~


Antes de pasar por el portal, nos acercamos los aprendices que tenían pensado viajar al pasado en busca de Zephyr, lo que me sirvió para reconocer a todos nuestros compañeros: Allí estaban Hana, una aprendiza a la que había conocido en mi misión al Castillo de Bestia; Aru, una aprendiza con la que había tenido una experiencia cuanto menos peculiar; Saeko, fría guerrera de Bastión Hueco y hábil aprendiza de la Llave Espada a la que conocí y con la que coincidí un tiempo más tarde en Agrabah y en Espacio Profundo respectivamente. Me alegraba de que estuviera allí, me hacía sentir... ¿Seguro? Luego estaban allí también Adam, un aprendiz de fuerza sobrehumana y otra chica a la que no conocía de nada.

Éramos seis, seis aprendices rumbo al pasado junto a la Maestra Lyn y a Diana. Estábamos a punto de viajar a la Tierra de Partida de hacía mil años, en busca del Maestro posiblemente más poderoso jamás visto en la Orden...

[quote="Suzume Mizuno"]―Haz todo el turismo que quieras. Los demás tenemos cosas más importantes que hacer—le respondió Hana a Diana ante su comentario anterior―. Maestra, voy contigo. La información nos ayudará a proteger Tierra de Partida en futuros ataques y nos dará la oportunidad de salir de este. Es mejor que corretear por aquí solo para abrir una dichosa puerta. Y de averiguar qué es lo que pretende esa mujer.

Tienes razón—le respondí a Hana—.En cuanto a lo de proteger Tierra de Partida digo. Si el propio Ryota se va a quedar ayudándonos, no podemos quedarnos quietos. Hemos de encontrar la solución a toda costa.

Ese es el espíritu. Gracias.

Nos vemos al otro lado, encanto~ —comentó entonces Adam, probablemente a Hana, para luego ir entrando uno a uno.

Aprovechando un pequeño momento, me dirigí a Saeko, cuya presencia me resultaba, cuanto menos tranquilizadora.

Ha pasado algún tiempo Saeko... Me alegro de que estés bien...—le comenté con una sonrisa algo costosa debido a todo cuanto estaba ocurriendo, pero al ver que todos empezaban a entrar aligeré mi saludo—.Ten cuidado allí fuera... ¡Y suerte!

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Lo que nos esperaba al otro lado del portal, era un callejón algo polvoriento, entre varios edificios de puro ladrillo. En algunas ventanas se podían ver toda clase de elementos decorativos, pero eso no fue lo que llamó mi atención. Necesité alejarme un poco para poder verla mejor, pero a nuestra espalda se levantaba una gigantesca montaña, rodeada de escaleras. Una montaña demasiado conocida para mí, pues pasaba por allí demasiadas veces.

Sin lugar a dudas... Estamos en el pasado.

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Sin embargo, una serie de gritos y chillidos provenientes de más allá de nuestro pequeño callejón me despertaron de mis pensamientos y me obligaron a ver más allá del hecho de que estábamos en el pasado. Algo estaba ocurriendo mientras nosotros estábamos allí.

¿Qué está…?—comentó tras oír los ruidos y darse cuenta de que algunos de nosotros íbamos en pijama, cosa por la cuál agradecí que se me hubiera ocurrido vestirme antes de venir—. Poneos las armaduras. Todos. Así espero que pasemos más desapercibidos hasta que nos hagamos con ropas de esta época.

Asintiendo, de inmediato hice aparecer mi armadura, dejando que rodeara completamente mi cuerpo. Sólo había habido antes una situación que me obligara a llevar armadura en un mundo y no en el intersticio. Y en aquella situación nios enfrentamos a una fuerza descomunal.

Sí, señora.—comentó Diana invocando su armadura y poniéndose a la cola del grupo para hablar con Adam a solas.

Para cuando salimos, nos encontramos una ciudad antigua, que no mostraba ninguna clase de tecnología aparente. Por las calles, todos los jóvenes iban ataviados con armaduras parecidas, pero no como las nuestras. Los niños iban corriendo de casa en casa y camino en camino, levando a ancianos y a las cabras y ganado. ¿Que estaba pasando?

Qué coño pasa aquí—gruñó Lyn.

Parece que los están sometiendo a asedio o algo así—comentó Diana completamente despreocupada—.¿Qué hacemos?

Nos acercamos a los muros, para encontrarnos con una falange de soldados de armadura parecida a las nuestras. pero lo más llamativo no era eso, sino dos detalles: El primero es que eran portadores, pues todos llevaban una Llave Espada en su mano, y el segundo, era el símbolo que portaban todos y cada uno de ellos: Una cristalera con una cabeza de oso en el centro.

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¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida!

Definitivamente, los sincorazón ya daban problemas desde mucho antes de que nos uniéramos a la orden al parecer. Inspeccionando la zona con la mirada, otro pequeño pelotón comenzó a desfilar detrás del anterior, pero con dos símbolos diferentes: Uno representaba un zorro, y el otro una serpiente.

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¡Permaneced en la retaguardia! ¡Recordad, nuestro deber es impedir que más gente muera! ¡Y estad atentos a las señales de luz! ¡Marchad en pequeños grupos para poder desplazaros con facilidad, así no llamaréis la atención de los Sincorazón!

La figura que los lideraba, una mujer por la forma de su armadura, se percató rápidamente de nosotros, y tras unos segundos nos hizo una señal.

¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido!

En ese mismo instante, una trompeta sonó a lo lejos, a la vez que los miles de caballeros se lanzaban rugiendo como bestias a las puertas, que se abrían poco a poco para mostrar al otro lado mi terrible idea. oscuridad. Pura oscuridad. Una nube negra sólo iluminada por un millar de luces amarillas se dirigían en tropel a la ciudad.

De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas!.Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras…—resopló mientras negaba con la cabeza—. Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes….

Iré a las puertas. Tú ve a las murallas.—Diana se volvió entonces para nosotros—. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Sin esperar siquiera un segundo, ambas mujeres salieron corriendo a sus objetivos, por lo que sin tardar un segundo, hablé para decidirnos.

Tendremos que dividirnos si queremos proteger Tierra de Partida, yo me dirigiré a las Puertas también. Sólo la cantidad de sincorazón ya es preocupante de por sí.

Esperando algún comentario al respecto hice aparecer mi Llave Espada y me dirigí hacia las puertas tras las fuerzas del emblema de la serpiente, dejando claro mi rango de aprendiz y dispuesto a ayudar.

La verdadera batalla por Tierra de Partida daba comienzo ahora
LET YOUR HEART SURRENDER BY THE DARKNESS¡

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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor EspeYuna » Dom Mar 01, 2015 2:58 pm

Atravesando el portal, Nadhia se acarició el cabello, sintiendo aún la calidez de Malik. Por supuesto que procuraría volver a su época. No quería dejar solo a Tandy, ni tampoco despedirse para siempre de sus amigos, de su nueva familia. Quería seguir entrenando en Tierra de Partida y convertirse en maestra bajo la mirada de un crío de diez años. Y Ryota aún seguía vivo. La guerra estaba muy lejos de acabarse, ni tan siquiera acababa de comenzar. No era estúpida, ni tampoco incrédula. Pero seguía manteniendo la esperanza. Algún día, hablaría con el líder de Bastión Hueco. Cuando fuese más fuerte. Le había prometido a Eileen hacerle llegar a Ryota lo que en vida no pudo decirle. Que aquella noche él no tuvo la culpa de nada. Porque fueron manipulados por un monstruo. Nadhia no sabía si aquellos sucesos tuvieron algo que ver con el comportamiento de Ryota en el presente. Pero quería entender su punto de vista. Su primer amigo en Tierra de Partida, quien ahora le había jurado lealtad a Bastión Hueco... era un híbrido sincorazón. Y luchaba contra ellos. Gracias a su nexo comprendía en parte sus instintos y sentimientos. La cabeza de Nadhia estaba abierta a adquirir más conocimiento. Saber más sobre los sincorazón, conocer al propio enemigo, y usarlo contra él. Sin embargo, no deseaba traicionar a Tierra de Partida, pues su legado era noble y bondadoso. Y Bastión Hueco tenía tras sus espaldas la destrucción de Vergel Radiante.

Ojalá, algún día, pudiera entenderlo todo.

****


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Lo primero que escuchó Nadhia al atravesar el portal fueron gritos de auténtico terror, y llantos. Seguido de estallidos y explosiones que le pusieron la carne de gallina. Echó un vistazo a su alrededor: parecían encontrarse en un callejón. Nadhia abrió los ojos al reconocer aquella montaña a lo lejos. Y al comprobar que no había un castillo en la cima... ni cadenas.

No había cadenas. ¡No las había! ¡Ni tampoco estaba el castillo! ¿¡A qué época les había mandado aquella bruja!?

Escuchó a Lyn muy lejana, pero su cuerpo reaccionó a sus órdenes y enseguida se ocultó bajo su armadura. No sabía si estallar de furia, o avisar a la maestra. Lo que estaba claro es que Zephyr había creado el mecanismo del Castillo del Olvido. El de la protección de Tierra de Partida. Pero no había en esa época ni castillo ni cadenas. Si no existían, entonces... ¿estaban en la época correcta? ¿Zephyr estaba allí pero todavía no lo había construido? Nadhia echó a andar junto a los demás, observando con preocupación su alrededor. Al salir del callejón llegaron a una bonita plaza con una fuente que rebosaba agua cristalina. Vio el aspecto de su mundo en el pasado, una ciudad colorida y de aire antiguo y pintoresco. Sus calles, con decenas de tiendas, le recordó por un momento Ciudad de Paso o su mundo de origen, Villa Crepúsculo. Alzó la mirada para encontrarse con una muralla de gran altura, sobre la que puso divisar cientos de personas... abrió un poco la boca, sorprendida.

Desde allí no podía reconocer su aspecto, pero estaban ejecutando hechizos. Y lanzaban bolas de fuego al otro lado de la muralla. Se escuchaban gritos de guerra a lo lejos.

—¡Rápido, a los refugios!

—¡Que todos los niños vengan con nosotros!

—¡La señora Cornelia ha llamado a todos los guerreros a la muralla! ¡Incluso a los que no son de los grandes clanes! ¡Vuestras madres se avergonzarían!

Qué coño pasa aquí—gruñó Lyn.

Eso me gustaría saber —musitó más para sí misma que para contestar a la maestra.

¿Cornelia? ¿Guerreros? ¿Clanes? ¡Chihiro los había mandado en plena guerra! Y Nadhia tenía el mal presentimiento de que encontrar a Zephyr no sería tan fácil. Y sin la creación de las cadenas ni la construcción del castillo... ¿a qué maldita época los había enviado? ¿Cuando Zephyr todavía era un aprendiz? ¿¡Y si la muy condenada los había enviado demasiado pronto, con un Zephyr de meses!? ¿Y...?

No, la posibilidad de que Zephyr pereciera aquel día era imposible. Si aún no estaban construidas sus infraestructuras, era de esperar que siguiera con vida. Nadhia siguió pensando sobre ello sobre la marcha, siguiendo a Lyn. La aprendiz del bando contrario, Diana, tenía razón: estaban llamando demasiado la atención sin hacer nada por su hogar. Los niños y ancianos les habían regalado miradas de auténtico desprecio. Estaban llamados a la batalla.

¿Podría ser que Zephyr estuviera en aquel momento luchando contra...?

«Un momento. Si las cadenas no están...», pensó. «Oh, genial».

A no ser que Tierra de Partida hubiera tenido más divisiones durante el pasado debido a la diferencia de opiniones, lo único que podía estar atacando la tranquilidad de aquella ciudad tenían que ser...

¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida!

Nadhia observó, estupefacta, al corpulento hombre que bajo su armadura lucía con el emblema de un oso, acompañado de un grupo de guerreros con el mismo símbolo en sus pechos. Otro pequeño grupo llegó liderado por otra figura escondida bajo su armadura, más delgada, y con la voz de una mujer. Otros dos símbolos llamaron completamente su atención: un zorro y una serpiente.

De repente, la última líder del pelotón se fijó en ellos. Los observó, y, por un momento, parecía haber visto algo raro en ellos. Nadhia cayó en la cuenta: no llevaban escudos ni símbolos. Al parecer había como rangos, o "clanes", como había dicho aquella niña que los había delatado como herejes al no acudir a la batalla enseguida. Pero debido a las circunstancias, la mujer les hizo un gesto y pidió su ayuda:

¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido!

Sonó el claro de una trompeta, y divisó como los grandes portones de las murallas se abrían para dejar salir al enorme pelotón que se concentraba, preparado para entrar en primera línea. Nadhia se sorprendió al escucharlos a todos rugir, haciendo temblar el suelo y su propio cuerpo. La decisión en sus ojos, en la marcha, en los líderes. Nada tenía que ver con lo que fue en un primer momento para ellos la aparición del coloso sincorazón en su castillo. El ejército que conformaban era enorme, y todos parecían tan bien organizados... y con una valentía sin igual, que Nadhia observó embobada su marcha... pero su sonrisa se desvaneció al divisar a lo lejos una oscuridad infinita. Al otro lado de la muralla, un ejército de sincorazón se aproximaba a la ciudad.

Nadhia tragó saliva. Si comparaba la horda de oscuridad contra la que habían luchado en su presente con aquella, pues... era de risa, si no fuera por el añadido del coloso. Si los Caballeros de la Llave-Espada los superaban en número en aquella época, las proporciones de sincorazón atacando a Tierra de Partida eran descomunales.

De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas!—Lyn resopló, y Nadhia exhaló aire, intentando mantener la calma. Gracias a la armadura podía sentirse algo más segura, pero aquella situación superaba con creces lo que hubiese esperado de Chihiro. Los había mandado a una época muy peligrosa, y todavía no estaba segura de si Zephyr pertenecería a la misma—. Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras…—Lyn dudó, meneando su casco—. Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes….

Nadhia quiso preguntar sobre los clanes de los que hablaba Diana, pero no hubo tiempo para ello. No cuando Lyn ya había invocado su Llave-Espada.

Iré a las puertas. Tú ve a las murallas.—se volvió entonces hacia ellos. Nadhia escuchó sus órdenes con atención—. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Nadhia asintió. Vio marchar a Diana y a Lyn, cada una por un lado. Una hacia las murallas, y otra hacia el campo de batalla. Un muchacho de Tierra de Partida decidió ir con Lyn, pero sus palabras desconcertaron a Nadhia. Era cierto que siendo una época diferente, Tierra de Partida seguía siendo su mundo y había que protegerlo. Pero estaba confusa. ¿De verdad habían llegado hasta allí para ello?

La respuesta era no, por supuesto. Habían llegado del futuro para encontrar a Zephyr. Y juguetear con el pasado, interferir, no le hacía ni pizca de gracia. Resopló, indecisa. Entonces se fijó en aquellos que tampoco se habían decidido y los observó uno a uno. Reparó en Hana, en el vampiro y en...

Saeko —Nadhia la agarró del brazo, procurando que notara que hacía fuerza—, tanto tú como yo conocemos el aspecto de Zephyr. A donde quiera que vayas, y si lo encuentras, no lo retengas. Sólo mantente cerca de él, ¿de acuerdo? —si Saeko se mofaba o soltaba alguna de las suyas, apretaría aún más su extremidad, haciéndole daño— No tengo tiempo para tus gilipolleces. Y no te lo estoy pidiendo como un favor. Es una orden —con rabia la soltó, recordando que estuvo a punto de matarla dentro de aquella ballena. No quedaba nada de su amistad, nada salvo creer que le haría caso—. Hana, y los demás —escucharía sus nombres, y asentiría—. Yo me llamo Nadhia. Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. En fin... no sé cual es vuestro nivel en batalla, pero yo iré al frente con Lyn. Si creéis que no estáis preparados para algo así, seréis igual de leales a vuestros bandos si recopiláis información, pero debéis hacer caso a Lyn y a Diana y no llamar la atención —colocó una mano sobre el hombro de Hana—. Zephyr es nuestro objetivo, recordad a lo que hemos venido. Su aspecto es el de un hombre de mediana o avanzada edad, calvo y... con pinta de bonachón —suspiró y meneó la cabeza—. Sé que no es muy buena la descripción. ¡Oh! También fue un Caballero de la Llave-Espada especializado en la magia ilusoria. Eso también nos puede servir de pista. No sé a qué época nos ha mandado Chihiro, pero —Nadhia echó de nuevo un vistazo a la montaña que se encontraba vacía a lo lejos— tenemos que aprovechar esta oportunidad y recopilar toda la información que podamos entre todos. Recordad, si le encontráis o sospecháis de que pueda ser él, procurad no perderle de vista, pero tampoco intentéis retenerlo en contra de su voluntad. Es peligroso cambiar cosas en el pasado. O al menos eso creo.

Observó de soslayo al vampiro que le había atacado en Ciudad de Paso. Enarcó una ceja bajo su armadura, y se dirigió hacia él:

Tú procura no hacer ninguna estupidez y procura pasar inadvertido —sentenció—. Esto no es un juego. Para mí no lo es, y de seguro que para ninguno de los demás. ¿Ha quedado claro?

Le dio una palmada en la espalda a Hana, a quien hasta hacía poco había conocido.

Buena suerte a todos.

Y salió corriendo en dirección a las puertas con o sin alguno de los presentes que decidieran ir con ella, abriéndose paso entre los pelotones e invocando su Llave-Espada. Procuraría llegar hasta Lyn, pero si no era posible por la situación —algo complicada—, seguiría avanzando y lucharía contra los sincorazón de la misma forma que lo hubiera hecho por la Tierra de Partida de su época. Actuaría cauta, siguiendo las órdenes de los superiores para no llamar la atención en pleno campo de batalla. Y agudizaría el oído, en busca de la llamada de Zephyr.

No estaba muy segura de si había actuado bien con los demás. Pero era mucho mejor dar confianza y ánimos que no decir nada antes de salir corriendo.
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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Nell » Mié Mar 04, 2015 11:29 pm

La brecha no los desintegró y, tal y como había prometido Chihiro, les llevó a otro lugar distinto. En cuanto Hana pisó el suelo de ese nuevo mundo, tomó conciencia de lo que acababa de hacer. ¡Viajar al pasado, menuda locura! Claro que, mirando a su alrededor, dudó por un momento que de verdad se hallara aún en Tierra de Partida.

Sin embargo, tal pensamiento no tenía sentido. ¿Qué sacaba Chihiro engañándoles y llevándoles a otro lugar? En ese hipotético caso, les había salvado de la invasión que sufría el castillo. No, ni pensarlo. La bruja no iba a hacerles ese favor.

Todo le quedó más claro cuando, al alzar la vista al otro lado del callejón, distinguió la montaña. Desde su llegada a Tierra de Partida, jamás había bajado de ella (al fin y al cabo, no había nada más de interés a su alrededor), pero la reconoció al instante. Y una parte de ella se entristeció por no verla coronada por el acogedor castillo en el que había vivido los últimos años.

Neru constató lo que ella misma estaba pensando:

Sin lugar a dudas... Estamos en el pasado.

¡Era tan raro! En aquella época, ninguno de los presentes había nacido aún. De hecho, ¡ni siquiera debía de estar produciéndose el ataque a Tierra de Partida, sino que eso tardaría al menos mil años en suceder! ¿No? Si Chihiro cumplía con su palabra, abriría un nuevo portal dos días después. Para los aprendices del castillo, en cambio, quizá solo hubiesen pasado unos minutos o unas horas.

Una idea rondaba por la cabeza de Hana. Si avisaban a alguien del futuro ataque, para que lo transcribiera o lo difundiera entre las siguientes generaciones, ¿qué ocurriría? ¿Se modificaría su tiempo o algo así? ¡Argh! ¡Era demasiado complicado!

No podía saberlo y, aun así, tuvieron otras cosas de las que ocuparse enseguida. Se escuchaban gritos y una lejana pelea, como si estuvieran en mitad de una guerra. Otra.

¿Qué está…?—Lyn les observó—. Poneos las armaduras. Todos. Así espero que pasemos más desapercibidos hasta que nos hagamos con ropas de esta época.

Hana se encogió de hombros y obedeció. Una vez colocada la armadura, pudo cubrir el vergonzoso pijama, en el que no había reparado apenas por tener otros asuntos en la cabeza.

Sí, señora.—Al ver que la aprendiza se dejaba la cara descubierta, Hana la imitó—. No os separéis de nosotras, chicos, no hasta que nos organicemos. Y Adam, esto va por ti. Si quieres que te maten o quedarte en el pasado, podrás hacerlo sin problemas por mi parte. Pero como nos metas en problemas me ocuparé de librarte de tus manos para que no puedas pelear con gusto. —¿Quién en su sano juicio quería quedarse mil años atrás? En Bastión Hueco estaban todos grillados.

Acto seguido, salieron del callejón. Hana habría disfrutado de la vista y contemplado todos los alrededores de aquella inesperada ciudad si no se hallara repleta de guerreros, niños y ancianos que escapaban a los refugios. Estaba situada bajo la montaña en la que vivía (perdón, en la que viviría) y si quedaban como mínimo ruinas de ella, nunca se había fijado.

¿Por qué ya no quedaba nada de ella? ¿Qué habría pasado durante aquellos mil años? Hana pensó que quizá la Orden no se había formado hasta tiempo después, fuera ocupando ese lugar ya vacío o echando a sus ocupantes. No sabía qué pensar de los Maestros anteriores, ni de cómo podía haber sido la historia de esta.

Entre el bullicio, una niña se paró a reprocharles:

—¡La señora Cornelia ha llamado a todos los guerreros a la muralla! ¡Incluso a los que no son de los grandes clanes! ¡Vuestras madres se avergonzarían!

Era gracioso porque ninguna de sus madres existía en aquel momento para regañarles por semejante desconsideración.

Qué coño pasa aquí—se quejó Lyn, en cuanto se fue la niña.

Eso me gustaría saber.

Parece que los están sometiendo a asedio o algo así—comentó Diana, ante el ruido de las campanas—.¿Qué hacemos?

Lyn decidió por ellos y se encaminó a los muros, seguida por la comitiva. Hana echó un pequeño vistazo a los jóvenes con armadura que escoltaban a los más débiles, y pensó que podría ser más fácil camuflarse que si aparecían entre la formación sin ningún clan. No obstante, no rechistó. Ella también quería saber qué demonios estaba sucediendo.

Finalmente, al llegar hasta la línea de batalla, comenzaron a ver a más personas embestidas con armaduras. No pasó desapercibido que todos ellos llevaban emblemas de animales. Desde luego, a Hana le preocupó de repente que la arrestaran en cuanto se percataran de que ninguno portaba esos símbolos. Quizá si buscaba un rotulador y se lo pintaba…

Se habían formado varios batallones, compuestos por lo general por personas con el mismo símbolo. En ambos, los supuestos líderes gritaban instrucciones.

¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida! ―Ojalá Ronin les hubiese dicho algo tan bonito.

¡Permaneced en la retaguardia! ¡Recordad, nuestro deber es impedir que más gente muera! ¡Y estad atentos a las señales de luz! ¡Marchad en pequeños grupos para poder desplazaros con facilidad, así no llamaréis la atención de los Sincorazón!—¿Sincorazón…? No, imposible. Se suponía que habían aparecido tras la caída de Vergel Radiante, ¿no? De repente, la mujer se dirigió al variopinto grupo—: ¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido!

Y abrieron las puertas. A Hana prácticamente se le cayó el alma a los pies. Debían de ser muy valientes esas gentes del pasado, porque la cantidad de sincorazón al otro lado de la muralla (con esos ojitos ambarinos buscando presas) hacía que le entraran ganas de dar la vuelta y huir.

De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas!—Hana asintió con vehemencia. ¿Habría alguna manera de enviarle una señal de socorro a Chihiro y que abriera YA el portal?—. Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras…—Le verían el pijama a Hana, ajá—. Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes….

Hana no sabría decir si el trato «amistoso» entre las rivales le gustaba o no. Lyn, seguía siendo muy Lyn, aunque debía reconocer que Diana se estaba comportando. Aún no había intentado matar a nadie.

Y, realmente, ¿lo haría? ¿Aprovecharía un momento de descuido para deshacerse de ellos? Hana se mordió el labio, indecisa. ¿Estaba bien confiar en ella?

Iré a las puertas. Tú ve a las murallas.—decidió Lyn—. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Las dos se dieron la vuelta y se marcharon corriendo hacia sus objetivos, dejándoles a todos plantados en el sitio. El primero en hablar fue Neru:

Tendremos que dividirnos si queremos proteger Tierra de Partida, yo me dirigiré a las puertas también. Solo la cantidad de sincorazón ya es preocupante de por sí.

¿Seguro? Ya has oído a Lyn. Este no es nuestro problema. Lo solucionarán ellos solitos ―le quiso aconsejar Hana―. No conviene que nos compadezcamos de su destino. Viven en un mundo diferente al nuestro. ¡Ni siquiera es nuestra puñetera época! Cuando regresemos a nuestro tiempo, estarán muertos de todas formas.

Desde una posición objetiva era muy fácil decir aquello. No les conocía, ni tampoco quería hacerlo. Porque en el fondo sabía que, cuanto más se relacionara con ellos, más pensaría en lo cronológicamente lejos que se hallaban en su futuro. Una vez volvieran, no verían de nuevo a ninguna de esas personas.

Por otro lado, Nadhia se acercaba a una de las compañeras para advertirla

Saeko, tanto tú como yo conocemos el aspecto de Zephyr. A donde quiera que vayas, y si lo encuentras, no lo retengas. Sólo mantente cerca de él, ¿de acuerdo? No tengo tiempo para tus gilipolleces. Y no te lo estoy pidiendo como un favor. Es una orden.

Ahora que lo pensaba, nadie conocía al susodicho hombre. ¿Cómo iban a identificarlo? Hana pensó que Lyn y Diana se habían escaqueado muy pronto a las preguntas, sin darse cuenta de que ella sí había visto a Zephyr también. Pero, por supuesto, no lo relacionó con el gordo de la vidriera.

Hana, y los demás —Se giró hacia ella—. Yo me llamo Nadhia. Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. En fin... no sé cuál es vuestro nivel en batalla, pero yo iré al frente con Lyn. Si creéis que no estáis preparados para algo así, seréis igual de leales a vuestros bandos si recopiláis información, pero debéis hacer caso a Lyn y a Diana y no llamar la atención —Le colocó una mano sobre el hombro. ¿Es que la estaba tratando como a una niña? Bufó—. Zephyr es nuestro objetivo, recordad a lo que hemos venido. Su aspecto es el de un hombre de mediana o avanzada edad, calvo y... con pinta de bonachón —Ni siquiera con eso Hana lo recordó—. Sé que no es muy buena la descripción. ¡Oh! También fue un Caballero de la Llave-Espada especializado en la magia ilusoria. Eso también nos puede servir de pista. No sé a qué época nos ha mandado Chihiro, pero tenemos que aprovechar esta oportunidad y recopilar toda la información que podamos entre todos. Recordad, si le encontráis o sospecháis que pueda ser él, procurad no perderle de vista, pero tampoco intentéis retenerlo en contra de su voluntad. Es peligroso cambiar cosas en el pasado. O al menos eso creo.

¿Dices que somos menos leales por recopilar información, pececito? ―Hana le quitó la mano de su hombro, poniéndose en jarras. No le había gustado ni un pelo ese tono autoritario suyo―. ¿Quién es el leal, cuando es nuestro castillo el atacado y todo lo que veis ahora ya ha ocurrido? ¿A quién ayudas entreteniéndote con esos sincorazón, si ya te has dado cuenta de que cambiar algo de esa batalla puede modificar nuestro perfecto futuro? ―Enarcó una ceja, aunque no esperaba respuesta inmediata de la aprendiza―. Creo que sé valerme por mí misma y que me ha quedado claro el objetivo. A ti, en cambio, parece que no.

»Por quien no lo sepa, yo soy Hana ―se dirigió hacia todos en general―. Y me voy a la noble tarea de recopilar información. ¡Adiós!

Estaba convencida de que no lograría hacer cambiar a nadie de idea. Así eran los aprendices de Tierra de Partida. Demasiado «valientes», temerarios, locos. La batalla estaba prácticamente perdida. Incluso con esa enorme legión de caballeros, la horda de sincorazón era inmensa. Iban a masacrarlos sin piedad.

Buena suerte a todos.

Aletea lejos del peligro, pececito ―le advirtió en un murmullo a Nadhia, tras verla dispuesta a continuar hacia la lucha. Puede que le hubiesen enrabietado sus palabras, pero no le deseaba la muerte. Ni a ella, ni a ninguno de ellos.

Se encaminó en la misma dirección que había tomado Diana, hacia las murallas, despidiéndose con un gesto de los demás. No le gustaba mucho la idea de acompañar a la aprendiza; sin embargo, le daría la oportunidad de vigilarla e indagar sobre sus intenciones. De hecho, en cuanto la viera (si llegaba hasta ella), iba a preguntarle sobre lo que había mencionado antes de los clanes.
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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Kairi » Jue Mar 05, 2015 12:06 am

Atravesó el portal con decisión siguiendo a su Maestra junto con otro grupo de aprendices, Neru, al que había conocido en la caótica misión de la Torre de los Misterios, la chica peliazul llamada Hana conocida por la copia digital de Kairi, otra chica también peliazul que no conocía de nada, igual que las otras dos chicas y el otro aprendiz.

Se encontraba en un callejón oscuro en medio de dos edificios no muy altos. Desde allí se podía ver una gran montaña que le resultaría familiar. En aquella montaña se encontraría el castillo de Tierra de Partida en un futuro, pues en esa época sólo había unas escaleras que rodeaban la montaña y no había cadenas. La escena no le sorprendía nada, ya estaba acostumbrada a viajar al pasado y aquello le resultaba normal.

De pronto se oyeron los gritos de la gente, seguido de un estruendoso ruido de algo que explotaba.

- ¿Pero a dónde nos ha enviado esa tía? - Kairi no se fiaba de Chihiro para nada, era capaz de haberlos mandado a una época equivocada y peligrosa para dejarlos morir. Si había escogido ese camino era porque Lyn lo había hecho y confiaba en ella.

- ¿Qué está…? - la Maestra reparó entonces en las ropas de los aprendices. Kairi se había puesto deprisa lo primero que encontró, que no era más que una camiseta vieja de andar por casa y unos pantalones de tela normal, pero mejor eso que ir en camisón - . Poneos las armaduras. Todos. Así espero que pasemos más desapercibidos hasta que nos hagamos con ropas de esta época.

- Sí, señora. No os separéis de nosotras, chicos, no hasta que nos organicemos. Y Adam, esto va por ti. Si quieres que te maten o quedarte en el pasado, podrás hacerlo sin problemas por mi parte. Pero como nos metas en problemas me ocuparé de librarte de tus manos para que no puedas pelear con gusto - dijo Diana a su Aprendiz.

Salieron del callejón. Se encontraban en una ciudad antigua, con casas de ladrillos y el suelo de las calles estaba hecho de piedras. Lo que más le llamaba la atención eran los animales que habían pintados en algunas puertas. El lugar en el que estaban era una plaza con una fuente en el centro de la misma. Era muy bonito.

Al fondo de la ciudad había una muralla gigantesca y un montón de gente agrupada cerca de ella lanzando lo que parecían hechizos. Definitivamente algo los estaba amenazando.

—¡Rápido, a los refugios!

—¡Que todos los niños vengan con nosotros!

—¡La señora Cornelia ha llamado a todos los guerreros a la muralla! ¡Incluso a los que no son de los grandes clanes! ¡Vuestras madres se avergonzarían! - dijo una chica refiriéndose al grupo de Aprendices.

- Qué coño pasa aquí - dijo Lyn.

- Parece que los están sometiendo a asedio o algo así. ¿Qué hacemos? - preguntó Diana muy calmada.

- ¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida! - gritaba un hombre corpulento con el emblema de un oso en el pecho.

Detrás de él había otro grupo también con emblemas, pero estos eran de zorro y serpiente.

- ¡Permaneced en la retaguardia! ¡Recordad, nuestro deber es impedir que más gente muera! ¡Y estad atentos a las señales de luz! ¡Marchad en pequeños grupos para poder desplazaros con facilidad, así no llamaréis la atención de los Sincorazón! ¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido! - dijo la mujer que lideraba el grupo, fijándose en los Aprendices.

Se oyó una trompeta y se abrieron las puertas de la muralla. El hombre corpulento salió corriendo hacia fuera gritando, preparado para pelear, seguido de su ejército. Kairi pudo ver entonces que fuera aguardaba un gran número de Sincorazón ansiosos por invadir la ciudad.

- De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas! - exclamó Lyn enfadada - . Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras… Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

- Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes…

- Iré a las puertas. Tú ve a las murallas. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Kairi asintió para despues ver cómo ambas se marchaban corriendo. La pelirrosa tenía muy claro que iba a ir hacia la puerta, pues si iba a la ciudad llamaría demasiado la atención como había dicho Lyn y no quería a ir con Diana ni en sueños.

- Tendremos que dividirnos si queremos proteger Tierra de Partida, yo me dirigiré a las Puertas también. Sólo la cantidad de sincorazón ya es preocupante de por sí. - anunció Neru.

- Bien, yo también iré a las puertas con Lyn - dijo Kairi.

Una de las aprendizas se acercó a la que parecía más seria para comentarle algo. Despues se dirigió al resto del grupo.

- Hana, y los demás...

- Mi nombre es Kairi - se presentó la joven.

- Yo me llamo Nadhia. Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. En fin... no sé cual es vuestro nivel en batalla, pero yo iré al frente con Lyn. Si creéis que no estáis preparados para algo así, seréis igual de leales a vuestros bandos si recopiláis información, pero debéis hacer caso a Lyn y a Diana y no llamar la atención. Zephyr es nuestro objetivo, recordad a lo que hemos venido. Su aspecto es el de un hombre de mediana o avanzada edad, calvo y... con pinta de bonachón. Sé que no es muy buena la descripción. ¡Oh! También fue un Caballero de la Llave-Espada especializado en la magia ilusoria. Eso también nos puede servir de pista. No sé a qué época nos ha mandado Chihiro, pero tenemos que aprovechar esta oportunidad y recopilar toda la información que podamos entre todos. Recordad, si le encontráis o sospecháis de que pueda ser él, procurad no perderle de vista, pero tampoco intentéis retenerlo en contra de su voluntad. Es peligroso cambiar cosas en el pasado. O al menos eso creo.

- ¡No me digas! - exclamó Kairi de forma irónica - . No te preocupes, tendremos cuidado. Yo también ire a donde Lyn.

Así pues, después de que Nadhia y Hana se hubieran marchado, Kairi se fue por el mismo camino que la primera. Sabía que no podía cambiar el pasado, pero tampoco sabía si el cambiarlo era lo que debía hacer para preservar el futuro, como ocurrió en el antiguo Castillo Disney.
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La Historia Del Hipercor By Rmedive92
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El Viernes 26 a las 20 fui al hipercor para compra un juego por el cumple de un amigo y en el msn deje un automensaje que era "En El Hipercor" , en esos momentos Habimaru cerro el chat y se creo una multiconversacion de 7 o 8 personas del foro para hablar , cada minuto aparecía mi gracioso automensaje con el icono del tio feliz , cuando llegue y comente estaban todos En El Hipercor , uno en el carrefour pero bueno , al dia siguiente en el chat la frase mítica aparecía cada poco En El Hipercor y ya esta es la historia del Hipercor que tanta gente me pregunta XD ( Se le ha parecido buena o vivió esto ponérselo como firma.


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Ronda #1 - Ruta del Recuerdo Perdido

Notapor Astro » Jue Mar 05, 2015 12:50 am



¿Una ciudad? Desde luego, no era lo que Adam esperaba encontrarse al cruzar el portal. Fue como si simplemente hubieran acabado en otro mundo... ¿De verdad habían viajado en el tiempo? ¡Pues esperaba algo más chulo!

Bueno, estaba el detalle de los gritos, los lloros, y los berridos que se podían escuchar desde el callejón donde todos los portadores habían acabado. ¡Eh, incluso había explosiones y ruidos de golpes! ¿Dónde se habían metido?

¿Qué está…? —dijo la mujer con rasgos animales, con cara de pocos amigos—. Poneos las armaduras. Todos. Así espero que pasemos más desapercibidos hasta que nos hagamos con ropas de esta época.

Ya estamos con las armaduras, qué obsesión —protestó Adam.

Nunca le habían gustado las armaduras, ¡eran muy incómodas! Y como la mandona debía de ser de Tierra de Partida, ni siquiera estaba obligado a obedecer. El vampiro se limitó a encogerse de hombros, ignorando la orden.

Sí, señora. No os separéis de nosotras, chicos, no hasta que nos organicemos. —Ahora era Diana la que se puso en modo mandona—. Y Adam, esto va por ti. Si quieres que te maten o quedarte en el pasado, podrás hacerlo sin problemas por mi parte. Pero como nos metas en problemas me ocuparé de librarte de tus manos para que no puedas pelear con gusto.

Me encanta cuando me dices esas cosas —le respondió, con una sonrisa pícara.

Todos juntos abandonaron por fin el callejón, llegando a una preciosa plaza que debía de estar en el centro de la ciudad, más o menos. El sitio debía de ser uno de esos lugares ideales para vivir, con todo decorado con mucho gusto, negocios prósperos en las calles y todo eso, pero lo que se veía al fondo del todo dejaba claro que no estaban en su mejor momento.

En las murallas, un gran grupo de personas luchaban contra algo. Hechizos por allí, explosión por allá, y gritos de oh, que me han matado. ¿Estarían en guerra? ¡Genial, acción!

¡Rápido, a los refugios!

¡Que todos los niños vengan con nosotros!

Más armaduras. Esta vez, en jóvenes que corrían de un lado para otro, guiando a personas mayores y niños, o cargando con materiales pesados. Refugiados que huían de la masacre, supuso.

¡La señora Cornelia ha llamado a todos los guerreros a la muralla! ¡Incluso a los que no son de los grandes clanes! ¡Vuestras madres se avergonzarían! —Les riñó una niña.

Anda, mira, fijo que esa es pariente de Nanashi —comentó Adam, entre risas.

Qué coño pasa aquí.

Parece que los están sometiendo a asedio o algo así ¿Qué hacemos?

Adam, con las manos en los bolsillos y silbando con tranquilidad, siguió a la maestra de las malas pulgas y al resto del grupo hacia las murallas. Miraba a su alrededor, dejando viajar la imaginación.

¿Pasaría algo si tocaba algo del pasado? ¿Si, por ejemplo, pisaba una mariposa, provocaría una catástrofe en el futuro? ¿Cómo serían las mujeres de esta época? ¿Sería malo que se acostase por accidente con su tatara-mucho-abuela? ¡¿Y cómo sería la sangre?! Igual sabía mejor, como el vino viejo, que cuanto más se dejaba reposar mejor sabía. ¡Qué ganas por descubrirlo!

Iba tan perdido en sus ideas, que acabó chocando con alguien cuando los demás se detuvieron. Al alzar la mirada, contempló unas imponentes murallas sumidas en el caos. Filas de soldados equipados con armaduras, con diferentes símbolos de animales en los pechos, avanzaban hacia las puertas, todos armados con llaves espada. Bueno, al menos podían estar seguros de seguir en Tierra de Partida, ¿no?

¡No os separéis! ¡Seguid a vuestros líderes de pelotón! ¡Apartad a los Sincorazón de las murallas y no caigáis a en sus trampas! ¡Recordad, no queremos muertos! ¡Cada una de vuestras vidas es preciosa y debéis conservarla para proteger Tierra de Partida! —rugía un gigantón.

¡Permaneced en la retaguardia! ¡Recordad, nuestro deber es impedir que más gente muera! ¡Y estad atentos a las señales de luz! ¡Marchad en pequeños grupos para poder desplazaros con facilidad, así no llamaréis la atención de los Sincorazón! ¡No sé a qué clan pertenecéis, pero necesitamos todas las manos disponibles! ¡Venid con nosotros o ayudad en las murallas a Assur! ¡Rápido! —chilló una mujer, refiriéndose al grupo de viajeros temporales.

Entonces, con el sonido de una trompeta, las puertas de la muralla se abrieron. Y pudieron verlos. Sincorazón. Una auténtica masa negra de ojos amarillos que amenazaban la muralla, y su número era tan elevado que comparados con ellos, los que estaban atacando Tierra de Partida en el presente parecían un chiste. ¡Menuda fiesta tenían montada!

Adam sonrió, emociondo por la idea. ¡Aquello era lo suyo, destrozar sincorazón, se lo iba a pasar pipa! Pero notó algo extraño. Su mano... temblaba. Se la agarró al instante, intentando que parara y que nadie lo viera. ¿Qué narices le pasaba? ¿Algún efecto secundario del viaje...?

De acuerdo, ¡esto es maravilloso! ¡Salimos del fuego para caer en las brasas! —Los gritos de la mujer consiguieron que el vampiro volviera a prestar atención a lo que ocurría a su alrededor—. Somos lo suficientemente mayores para que sepan que debemos estar en las filas, al parecer. Y si nos quitamos las armaduras… Pero esta no es nuestra guerra. Tenemos que encontrar a Zephyr.

Espera, Lyn. Vamos a llamar demasiado la atención. ¿Por qué no acudimos a las murallas? Aunque sólo sea para evaluar la situación. Eso o lograr que nadie confíe en nosotros por no llevar dibujitos de animales. Parece que estamos en la época de los clanes….

¿Los de los animales son clanes? Me pido oso.

Iré a las puertas. Tú ve a las murallas.—La maestra había invocado su llave espada, y se dirigía hacia los demás aprendices—. Si alguno quiere seguir a la gente que está huyendo, que lo haga mientras sea para reunir información, pero tened en cuenta que vamos a destacar a menos que aparentéis ser unos niños o estar heridos. Si nos separamos, nos reuniremos en la zona del campanario antes de la puesta de sol. ¿Comprendido?

Adam asintió vagamente, mientras ambas se iban, prestando más interés a lo que veía a través de la puerta de la muralla que a lo que hacían los demás. ¿Iría allí? Sí, era lo más natural, ¿no? Sincorazón, pelea, puñetazos, sangre... Lo había hecho un montón de veces desde que se convirtió en aprendiz, le encantaba hacerlo.

Entonces, ¿por qué dudaba ahora?

Hana, y los demás —Le tocaba el turno a la preciosa Nadhia de intervenir—. Yo me llamo Nadhia. Ojalá nos hubiéramos conocido en bla bla bla batalla, pero yo iré al frente con bla bla bla Diana y no bla bla bla hombre de mediana o avanzada edad, calvo y bla bla bla Llave-Espada especializado en bla bla bla Chihiro, pero bla bla bla entre todos. Recordad bla bla bla perderle de bla bla bla contra de su voluntad. Bla bla bla.

Cuánto hablaba esta chica. ¿No se cansaba nunca de parlotear?

Tú procura no hacer ninguna estupidez y procura pasar inadvertido —Lo último iba dirigido hacia Adam, que sonrió pícaramente cuando le miró—. Esto no es un juego. Para mí no lo es, y de seguro que para ninguno de los demás. ¿Ha quedado claro?

Meh, me gustabas más cuando creías que te iban a salir colmillos —gruñó el vampiro, girando sobre sus talones—. Tranquila, preciosa, me iré a dar una vuelta por la ciudad, tú procura que no te coman. Chao~

Sí, definitivamente se iría a la ciudad con los refugiados. Algo extraño le ocurría, algo malo, y no se sentía en condiciones de ir a la pelea. ¡Seguro que era un efecto secundario del viaje! ¡Maldita magia, siempre tenía la culpa de todo!
Comer. Necesitaba comer algo, y fijo que así se recuperaría. Un trago de sangre antigua curaría cualquier mal del mundo, sí señor. Si de paso encontraba al tal Zephyr por el camino, pues mejor, pero tampoco era su prioridad.

Llegó a captar los nombres de dos de las chicas del grupo (Hana, de pelo azul, y Kairi, de pelo rosa), y le guiñó un ojo a una belleza de cabellos violetas cuando pasó a su lado. ¿Era de Bastión Hueco o de Tierra de Partida? Ya lo descubriría cuando volviera.

Con total tranquilidad, sin armadura alguna y con las manos en los bolsillos, Adam echó a andar hacia el centro de la ciudad siguiendo a los refugiados.

¡¡Zephyyyyyr~!! —De vez en cuando, lo gritaría, por si había suerte.

¡A por una merienda digna de un vampiro viajero del tiempo!


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Adam se dirige a la ciudad con los refugiados~
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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Tsuna » Jue Mar 05, 2015 1:34 am

Un pequeño grupo se reunió frente al portal temporal, en el que yo estaba incluída. Observé una última vez a Nikolai, intentando grabar de alguna forma su imagen en mi memoria por si se daba el peor de los casos. Tragué saliva, temerosa, para posar mi vista sobre la discusión que se había montado entre Diana y una aprendiza del bando contrario. Esta última estaba convencida de que aquella era una oportunidad única de proteger Tierra de Partida, tanto en la actualidad como en el futuro.

Yo no estaba de acuerdo, principalmente porque era una enemiga directa de su bando y en algún momento tendríamos que romper sus defensas para acabar con todo. Me interesaba mucho más sin duda conocer al propio Zephyr, cuya silueta me venía a la mente de manera muy vaga; no quería desaprovechar esa oportunidad de poder viajar al pasado y ver yo misma cómo vivían los Portadores de antaño, o cómo construyeron el propio Castillo del Olvido. Igual no tenía oportunidad de presenciar semejantes sucesos, pero estaba convencida de que, si no iba, me arrepentiría el resto de mi vida. Y el maestro Ryota por otra parte había hablado: si no poníamos de nuestra parte todos terminaríamos muriendo, de una forma u otra.

Y como salido de la nada, el loco del pelo blanco se lanzó directo al interior del portal. Suspiré mientras me cruzaba de brazos, un poco incómoda por la presencia de tantos aprendices enemigos. Entonces se me acercó quién menos esperaba, aquel chico que había visto tanto en Agrabah como en Espacio Profundo. Sorprendida le escuché, pero sus palabras me descolocaron por completo.

Somos enemigos… —y bajé los brazos mientras le dirigía una mirada acusadora, preparada para irme al pasado de una vez por todas— Pero gracias.

Neru si mal no recordaba, se adentró antes que yo, y por supuesto le seguí. Si no estaba equivocada los integrantes de nuestro bando estábamos en desventaja como siempre, tal y como había mencionado el maestro Ryota durante la reunión en la sala del trono. Finalmente, respiré tranquila y cogí aire, cerrando los ojos y dejándome llevar…

****


Pasé unos segundos inmersa en mí misma hasta que la brisa fresca y un aroma de lo más peculiar alcanzaron mis sentidos. Abrí los ojos y lentamente analicé el lugar en el que me encontraba: un callejón entre dos edificios desde el cual podía observarse una enorme montaña en la lejanía, y en cuya cima no había nada. Ya no me encontraba en el Castillo del Olvido, ni mucho menos, sino en el pasado.

Pero no tardé en salir de mi asombro cuando distinguí por el rabillo del ojo a Nadhia. Fruncí el ceño claramente molesta por su presencia. Incluso se me ocurrió la descabellada idea de que me siguiese a todas partes solo para amargarme la existencia. Había esperado que lo sucedido en el interior de la ballena hubiese sido suficiente para cortar definitivamente los lazos que manteníamos por el Reaper’s Game, pero no, se veía que no.

Tampoco quería pasar amargada aquella experiencia, así que me convencí a mí misma con gran esfuerzo para ignorar a Nadhia y seguir yo a lo mío. Neru no tardó en confirmar las sospechas de todos, alegando que estábamos en el pasado. La calma tampoco duraría demasiado porque enseguida me percaté de que a lo lejos se escuchaban sonidos típicos de una auténtica batalla.

Estoy en el pasado.


Justo en ese momento una de las aprendizas de Tierra de Partida preguntó en voz alta y claramente asustada que dónde se encontraba. La observé incrédula, sin saber qué pensar de ella, porque estaba muy claro dónde estábamos, incluso Neru ya lo había dicho en voz alta. Sencillamente no pude contenerme, las palabras me salieron al mismo tiempo que las pensaba:

¿Tú no escuchas, verdad?

Acto seguido la maestra de Tierra de Partida, cuya me dejó sorprendida unos instantes, nos advirtió para utilizar las armaduras sin excepción porque entre nosotros había gente de todo tipo y… en pijama. Ya había tenido suficiente con la interrupción de la chica de pelo rosa y con la presencia de Nadhia, así que resignada obedecí después de Diana. Lo último que quería era causar problemas.

Mi superiora, porque eso era la rubia aprendiza, nos ordenó a todos de mantenernos juntos hasta que pudiéramos movernos mejor por aquel lugar, además de advertir al tal Adam para que no cometiese ninguna locura. Ya había visto yo misma lo precipitado que podía ser, así que tendría que andarme con ojo y tenerlo vigilado. Por mi parte imité a Diana y dejé mi rostro al descubierto, confiada en que mi color de pelo no supusiese un problema.

Nos organizamos en un segundo, con la maestra de Tierra de Partida al frente y Diana atrás. Procuré mantenerme junto a mis compañeros, la propia aprendiza y el famoso Adam, si éste último decidía quedarse por allí cerca.

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Nada más salir del callejón alcanzamos una plaza muy bonita y elegante, a mi parecer. Los árboles, la fuente, y el propio diseño de las calles y la ciudadela conseguían transmitirme una sensación de calma y tranquilidad, sensación que no duraría mucho cuando en el horizonte comprobé cómo se llevaba a cabo una lucha encarnizada contra un enemigo desconocido. Me bastó un segundo para ver suficientes hechizos que confirmaran mis sospechas sobre una posible batalla.

Y por supuesto tampoco estábamos solos en la ciudad. Las calles y la propia plaza estaban repletas de personas que corrían de un lado a otro, incluso el mal olor de un rebaño cercano consiguió que me apartara un poco del grupo, o al menos adelantarme lo suficiente para no tenerlo al lado. Una muchacha no tardó en echarnos la culpa porque no estábamos ayudando en la muralla, aunque no fuésemos parte de grandes clanes. Me quedé confusa sin saber muy bien cómo reaccionar, principalmente porque no entendía a qué se refería con clanes y era evidente que ninguna allí sabía sobre la señora Cornelia.

Su acusación al menos a mí me pilló desprevenida. Sentí un peso sobre mis hombros recordando a mi madre, y sí, aquella chica tenía toda la razón, ella hubiese estado sin duda avergonzada. Yo misma la había avergonzado en el pasado. Observé confusa a las personas que corrían de allí para acá, y en todas distinguí una mirada de desaprobación o decepción. La maestra no tardó en darse cuenta y algo tuvimos que hacer. Seguí al grupo con la vista perdida en la gente, en las calles, o en el cielo. A veces miraba a la muralla, temerosa al contemplar magias tan potentes como aquellas.

Fue en la calle principal cuando nos topamos de frente con un grupo de guerreros increíbles. Lo primero que me llamó la atención fueron los símbolos de sus armaduras, similares a un oso, y no pude evitar estremecerme al ver cómo seguían a un hombre enorme con aspecto feroz. Este hombre advirtió de que los Sincorazón eran un auténtico peligro y que cada vida era valiosa. Estaba claro contra lo que estaban luchando, al menos en principio. Todavía asombrada por todo lo que estaba presenciando, alcanzamos a ver dos nuevos grupos de, ¿portadores? Unos con un emblema de serpiente y otros con un emblema de un zorro.

La líder del último grupo aconsejó también a los que yo imaginé que eran sus aprendices, si es que se seguía manteniendo el mismo sistema que el nuestro. Pero era cuestión de tiempo que se fijara en nosotros.

Otra vez los clanes.


Según iba entendiendo, allí los guerreros se dividían en clanes. Imaginaba que cada uno llevaba un símbolito de algún animal, pero no eran más que conjeturas. El claro de una trompeta resonó y las murallas se abrieron. Atónita, no perdí detalle de la escena: el grupo de los osos se lanzó con un mismo grito de guerra hacia el exterior… donde había miles de Sincorazón. Se me erizó el vello del cuerpo y me quedé más pálida si cabía. Me estremecí por dentro como pocas veces lo había hecho. La situación en el Castillo del Olvido me parecía ahora un juego de niños, comparado con semejante holocausto.

La maestra y Diana evaluaron la situación, y yo nerviosa como nunca me esforcé para no perderme en su conversación. Cierto era que nuestra misión consistía en buscar a Zephyr y no ayudar, así como que si ignorábamos la lucha llamaríamos la atención y quedaríamos bastante mal por razones que ya se me hacían evidentes. Diana iría a las murallas para ayudar a la persona que había mencionado la otra mujer antes, mientras que la maestra enemiga iría a las puertas directa al campo de batalla. Dudé unos instantes sobre a dónde ir.

Neru eligió ir a las puertas porque la cantidad de Sincorazón era preocupante. Por mi parte tenía claro que no iría a la ciudadela y las murallas tampoco me convencían. Por alguna razón estaba segura de que si Zephyr era tan importante en nuestra Orden actual lo natural es que se encontrara en el campo de batalla, y el grito de aquellos Caballeros había despertado en mí la determinación necesaria para seguir adelante. Quería comprobar con mis propios ojos de qué eran capaces nuestros antepasados. Iría a las puertas junto a Neru para acompañar a los que portaban el símbolo del zorro.

No obstante, antes de poder dar un paso siquiera alguien me agarró. Viré la vista para comprobar con horror de quién se trataba: Nadhia. Su aspecto había cambiado tanto…

¿Qué quieres ahora? —esperaba que mi tono la apartara porque no estaba por la labor de escuchar su palabrería. Nada más lejos de la realidad continuó— ¿Quién te crees que…? —pero me cortó tajante, alegando que no tenía tiempo para mis gilipolleces

Me indigné como nunca antes lo había hecho. Quedé perpleja con la actitud tan arrogante y prepotente de Nadhia, según la cual tenía derecho a darme “una orden”. Éramos enemigas, ella había visto de primera mano lo que le había sucedido al maestro Ryota y, aunque dicho acontecimiento no hubiese influido en el maestro actual, ella misma como aprendiza había apoyado el ataque rastrero de Ronin quedándose en Tierra de Partida. Me preguntaba con qué derecho me decía ella de darme una orden.

Apreté el puño claramente cabreada, aguantando las ganas de darle un guantazo. Si no fuese por la situación yo misma hubiese estado dispuesta a hacerle ver que no todo era criticar a Bastión Hueco, como si fuésemos monstruos o algo raro. Ella misma estaba manipulada por la Luz, por Ronin y sus ideales. Nada que ver con lo que tenía a mi alrededor, con la Tierra de Partida de mil años atrás, si mal no recordaba la fecha en la que Zephyr fundó el Santuario.

Y mientras yo había pasado unos preciosos minutos al rojo vivo Nadhia se había adelantado a dar órdenes a todo el mundo. Con la boca abierta me había quedado. Yo tenía claras mis razones y mis motivos de estar allí, y no iba a obedecerla. Antes de que pudiese partir le dirigí una mirada cargada de sentimientos a la que había considerado como amiga en otra vida.

No te equivoques conmigo, Nadhia. Sabes tan bien como yo que lo que pasó en ese juego de locos quedó ahí, y no eres nadie para darme órdenes —esperé alguna reacción suya para continuar. Si quería guerra yo estaría encantada de dársela—. ¿Lo entiendes? No eres nadie.

Intenté en todo momento ir delante de ella, a toda prisa para alcanzar las puertas y dispuesta a luchar contra la horda de Sincorazón. Estaba ansiosa por ver a los Caballeros de la época de Zephyr combatiendo con todas sus fuerzas.

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Saeko va a las puertas con Lyn.
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Ronda 2

Notapor Suzume Mizuno » Sab Mar 07, 2015 5:43 am

Las puertas


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Los aprendices separaron rápidamente; la única que se quedó atrás fue Aru. De todas formas sabían dónde tenían que reencontrarse, así que no debían preocuparse por ella.

Las Serpientes y los Zorros les hicieron hueco. La mujer que les lideraba volvió la cabeza y, al verles, exclamó:

¡Gracias! ¡Necesitamos todas las manos posibles! ¡No olvidéis retiraros hasta nuestra altura para que os curemos o reforcemos!

Alcanzaron las murallas y el ensordecedor campo de batalla devoró sus palabras. Eran titánicas, con más de cuatro metros de profundidad. Parecían preparada para superar al tiempo, pero estaba claro que no lo habían logrado, pues en su época no quedaba rastro de ellas.

La luz del sol les golpeó de pleno y de pronto se sumergieron en un pandemónium. El batallón de Osos arrasó como un firme golpe de ola contra los Sincorazón y los obligó a retroceder. Había muchos más caballeros distribuidos frente a las puertas, organizados en diferentes formaciones, si bien varios estaban desperdigados y se enfrentaban a inmensos Sincorazón.

Como los aprendices se encontraban en la retaguardia quizás pensaran que estaban a salvo, en especial tras la sólida formación de los Osos. Sin embargo, cuando vieron los monstruos que se elevaba sobre las cabezas de los Caballeros comprendieron que no iba a ser una lucha sencilla.

Varios escorpiones gigantes se batían con las primeras filas de portadores. Su aguijón se elevaba más de cuatro metros en el aire y el chasqueo de sus pinzas resonaba dolorosamente incluso en campo abierto.

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¡¡Resistid, resistid!!!

¡Reforzad, cread escudos, rápido!

Zorros y Serpientes invocaron magia. Los primeros comenzaron a disparar hechizos de apoyo contra los Osos, mientras que las Serpientes invocaron escudos frente a la formación, en un intento por detener a los escorpiones. Funcionó con uno de ellos y un pequeño grupo, liderado por el gigantón, rompió la formación para cargar contra él.

Pero entonces escucharon unos gritos de horror. Si miraban hacia la izquierda verían que un escorpión-Sincorazón se había abierto paso y se precipitaba hacia ellos desde un flanco. No, no hacia ellos. Hacia las puertas.

¡Detenedlo, detenedlo!

La mujer de los Zorros trató de correr pero, entonces, ocho Sincorazón que ellos probablemente no habrían visto antes, con aire de demonio y armados con gruesas espadas rojizas, se interpusieron en su camino.

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¡Invencibles!—gritó de pronto Lyn—. ¡Joder! ¡Esos son peligrosos, manteneos aleja…!

Lyn no pudo terminar la frase antes de que un Invencible se volviera hacia ella y le arrojara su espada. La Maestra soltó un grito de alarma y retrocedió como pudo, perseguida por el Sincorazón.

Zorros y Serpientes, por su parte, se encontraron rodeados en un parpadeo, con los Sincorazón cortándoles la retirada y obligándolos a retroceder.

A su vez, un Sincorazón se materializó frente a los aprendices del presente. A primera vista parecía una simple Sombra… Sólo que era mucho, mucho más grande, el doble que cualquiera de ellos, y varias veces más ancho.

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Cargó contra ellos con tanta fuerza que los derribó y les hizo rodar por el suelo. Uno de los Osos de la retaguardia giró en redondo y se quedó horrorizado al ver que no sólo les atacaban por la espalda, sino que habían perdido a sus Caballeros de apoyo. Pero se recompuso y gritó:

¡Bloqueadlo! ¡Atacadlo por la espalda, rápid…!

No llegó a terminar la frase porque un estruendo y gritos de dolor se lo impidieron. El Sincorazón-escorpión había levantado en vilo a un Serpiente y a un Oso. Pudieron verlos patalear y sacudirse de puro dolor. Después sus cuerpos se desvanecieron entre volutas doradas. Sus Llave Espada cayeron al suelo, junto a sus armaduras, y se quedaron ahí clavadas, muertas, sin dueño.

Entonces el Sincorazón les clavó sus amarillos y malévolos ojillos y comenzó a desplazarse a toda velocidad hacia ellos.

No tardaría más de un minuto en alcanzarlos. Los aprendices habían decidido meterse de cabeza en el campo de batalla y ahora debían decidir.

¿Luchar contra la Gigasombra o contra el Escorpión? ¿Ayudar a los Zorros y las Serpientes para que pudieran volver a apoyar a los Osos…?

¿O salir corriendo, abandonando la entrada de las murallas?

Hablando de las murallas, ¿por qué los defensores no estaban disparando y defendiendo la puerta?


****
La ciudadela


Adam, ni corto ni perezoso, no sólo decidió que no merecía la pena ponerse la armadura para pasar desapercibido y que era mejor pasearse medio desnudo por una ciudad asediada que necesitaba a toda la gente con capacidad de luchar en las murallas. Si trataba de acercarse a las pocas personas con las que se cruzó, estas se alejarían lanzándole miradas envenenadas o de asco. Un viejo incluso sacudió su bastón frente a él cuando se cruzó por su camino y le dio tal golpe en la nariz que tuvo que preguntarse si aquel tipo no debería estar luchando en las murallas. Antes de perderlo de vista le escuchó mascullar:

—Jodidos extranjeros, no deberían dejarlos entrar. Son todos unos traidores inútiles.

Así, Adam siguió a los refugiados a una prudente distancia que ellos insistían en mantener, hasta que alcanzó una plaza que rodeaba el que parecía ser el edificio principal de la ciudad, coronado por un campanario. El edificio era hermoso, como una especie de catedral; las ventanas de arcos cruzados hacían juego con las galerías por las que se podía acceder y que rodeaban la construcción. La gente se acumulaba a sus pies y varios guardias los organizaban para que fueran pasando poco a poco. Adam pudo escuchar a una niña que le preguntaba a su hermana mayor:

—¿Y por qué no subimos a la montaña? Ahí dentro no vamos a caber.

—Subiremos como último recurso. Es una zona sagrada.

Entonces la niña mayor miró a Adam con recelo, cogió a su hermana y se alejó hacia la fila. Si se acercaba podría ver que había varios Caballeros en edad de pelear; Serpientes, Zorros y también un nuevo animal, un Leopardo:

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Si quería preguntar por Zephyr, o buscar una merienda, no tendría más remedio que acercarse a la edificación, y, por tanto, a la cola. Y eso significaba meterse en problemas con los soldados.

Antes de que Adam tuviera tiempo para pensar qué hacer, alguien bajó precipitadamente las escaleras y estuvo a punto de chocar con él. Sin embargo, lo esquivó con gracia en el último segundo y se detuvo un instante frente a él. Por supuesto, llevaba una armadura de Caballero, con el emblema del Leopardo, aunque se había dejado parte de la cara al descubierto, con la boca cubierta por un pañuelo. Le clavó unos ojos violáceos y lo examinó con el ceño fruncido.

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No estás herido. Deberías estar peleando —sentenció con severidad—. ¿A qué clan perteneces? ¿Cuál es tu batallón?

—¡Señor Hjalmar, aléjese de él! —exclamó de pronto el mismo viejo del bastón, desde el centro de la cola—. ¡Ese tipo está loco!

Hjalmar volvió a estudiar a Adam, evaluándolo.

¿Estás loco? —preguntó—. Debes estarlo para ir así por la ciudad. —Pareció que fuera a volverse hacia los soldados de su clan, quizás para indicar que lo detuvieran.

Pero, de pronto, escucharon un violento batir de alas y una sombra los sobrepasó a toda velocidad. Adam no tuvo tiempo de ver nada, excepto unas plumas blancas… Y un destello dorado, quizás de algo que había captado la luz del sol. Fuera lo que fuera, pasó como un rayo y se perdió en dirección a las murallas.

¡Ahí estabas! —siseó Hjalmar—. ¡Encerrad a este hombre, yo voy a las…!

No había dado ni un paso para alejarse cuando la gente comenzó a gritar y a señalar hacia el sureste. Si Adam dirigía su mirada hacia allí vería un inmenso rayo de luz que se dirigía hacia el cielo y atravesaba las nubes.

Y, entonces, escucharon el particular sonido que realizaban los Sincorazón al materializarse. De pronto, algo helado se cerró en torno a la garganta de Adam, lo levantó en vilo y lo arrojó contra uno de los carros, lleno de paja y provisiones.

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¡Invisibles! —rugió Hjalmar—. ¡Leopardos, alejadlos de los ancianos y los niños!

Lamentablemente, no eran más de diez Caballeros, frente a cinco Invisibles. A lo lejos el rayo comenzó a desaparecer. Hjalmar invocó su Llave Espada y se precipitó sobre el Sincorazón que, con su cola, había lanzado a Adam por los aires.

El vampiro, entre tanto, debía ir pensando qué hacer. Podía intentar pasar desapercibido, o unirse a la pelea. ¡Pero las criaturas parecían muy fuertes! Es más, pudo ver cómo una de ellas mataba a un Caballero —se veía que habían dejado a los más verdes en el interior de la ciudad— con un sablazo. Hjalmar en cambio, rápido y feroz, consiguió dejar herido a uno y hacerlo caer al suelo al perder un ala.

Pero el resto luchaban por ir a por los ancianos y los niños, que trataban de proteger a los más pequeños y de meterse en el edificio.

También podía regresar sobre sus pasos, claro, y seguir a la cosa voladora que había visto. ¡Pero quién sabía si no aparecerían más Sincorazón poderosos por medio de la ciudad!

****
Las murallas



¡No te alejes de mí! ¡Si te pasa algo, Lyn se pondrá hecha una furia y no tenemos tiempo para esas cosas! —exclamó Diana cuando vio que la única que la acompañaba era Hana.

No había nadie que les impidiera subir por las escaleras que las llevarían a lo alto de las murallas; lo único que podría echar a Hana un poco hacia atrás eran los gritos y las explosiones.

Cuando llegara a la parte superior se encontraría con que la muralla era lo suficientemente amplia como para que pudieran marchar tres personas. La mayoría de los Caballeros que la poblaban lucían los emblemas de las Serpientes. Muchos de ellos murmuraban, concentrados, invocando poderosos hechizos, mientras que otros se inclinaban sobre, ¿cañones? No, si se fijaba mejor vería que eran Llaves Espada transformadas. Lanzaban violentísimos rayos negros, blancos y del espectro de los colores que abrían huecos inmensos entre el ejército de Sincorazón. Pero, por más que se esforzaran, las criaturas volvían a brotar una tras otra.

Aun así, la vista del lago y las lejanas montañas seguía siendo espectacular.

¡Ese debe ser el líder!—Diana señaló hacia una de las torres, donde un hombre daba órdenes a diestro y siniestro, sin perder la compostura—. ¿Assur o algo así? Ah, tendría que haber venido Nanashi en mi lugar, es ella la que sabe de Historia—suspiró con una ceja arqueada—. Vamos a… ¡Cuidado, a tu espalda!

La aprendiza de Bastión Hueco invocó un látigo de plantas y dio un seco golpe que, de no haber estado perfectamente dirigido, habría dejado a Hana sin una oreja. En su lugar atravesó por la mitad a una Neosombra que se las había apañado para trepar por toda la muralla y había estado a punto de saltar sobre la muchacha.

—¡Maldita sea! —oyeron gritar a una mujer, no muy lejos de ellas. Era una de las que sostenía una Llave Espada-cañón, sólo que ahora parecía, más que otra cosa, tirar de ella.

Primero vieron una pata, después otra y finalmente la parte superior de su cuerpo.

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Entonces la Caballero fue arrancada del muro y, con un alarido, cayó en picado hacia el campo de batalla. Diana lanzó una exclamación, se arrojó al frente y prácticamente se descolgó del muro para arrojar su látigo al frente y atrapar a la pobre mujer por el tobillo. El tirón fue tan violento que estuvo a punto de llevarse a Diana consigo.

Entre tanto, el Sincorazón-araña había terminado de trepar a la muralla y cargaba contra varios Caballeros, que trataron de derribarlo con Piro + y estocadas. En vano. Los movimientos del monstruo fueron tan rápidos que en cuestión de un parpadeo había ensartado a dos soldados con sus brazos. Sus cuerpos desaparecieron antes de tocar el suelo.

¡¿Es que ningún patán va a ayudarme?!—resopló Diana, roja por el esfuerzo de sostener el peso de la mujer y aferrándose con todas sus fuerzas al muro con la mano libre, por lo que no tenía manera de defenderse.

—¡Muchacha, apártate!

Si Hana miraba a su derecha vería que un Caballero armado con uno de los cañones apuntaba en su dirección y dos de sus compañeros se le iban a sumar de un momento a otro. Iban a disparar para destruir al Sincorazón gigante, y no parecía que les importara que Diana estuviera en medio.

Presintiendo el peligro, la araña se giró lentamente y se encaró hacia donde estaba Hana. Y cargó al frente.

Diana maldijo con todas sus fuerzas.

Hana tenía apenas unos segundos para actuar. Podía ayudar a Diana —o a la caballero—, como se le ocurriera, enfrentarse al Sincorazón u obedecer y correr hacia la derecha antes de que los Caballeros comenzaran a disparar. Teniendo en cuenta la potencia de los disparos, más le valía darse prisa.

Aunque si se le ocurría otra idea, y creía que podía funcionar, tenía el tiempo justo para ponerla en práctica.

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Hana
VIT: 42 [+2 Anillo Coraza]
PH: 32

Saeko
VIT: 36/40
PH: 26

Adam
VIT: 59/60
PH: 16

Neru
VIT: 21/26
PH: 22

Kairi
VIT: 17/22
PH: 20

Nadhia
VIT: 46/50
PH: 38



Fecha límite: 11 de marzo a las 23:59


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Pedimos perdón por la tardanza, nos habéis pillado en un período de exámenes para Sombra, intentaremos recuperar el ritmo en cuanto sea libre >_<
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¡Gracias por las firmas, Sally!


Awards~

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Re: Ronda 2

Notapor Darkness Seeker » Mar Mar 10, 2015 3:46 pm

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¡Gracias! ¡Necesitamos todas las manos posibles! ¡No olvidéis retiraros hasta nuestra altura para que os curemos o reforcemos!

Mientras corríamos en dirección a las puertas, el caos comenzaba a rodear la ciudad en la forma de un ejército inconmensurable de sincorazones y monstruos de todo tipo. Por suerte, parecía que ya habíamos caído bien a uno de los dirigentes del ejército de la Orden. Y eso siempre estaba bien.

¡Es nuestro deber mi señora!—le respondí mientras corría tras ella y el resto de caballeros con el emblema del zorro y la serpiente.

Sin embargo, toda la valentía que podía sentir en aquél momento se vió significativamente mermada al ver a las terribles criaturas que asediaban la ciudad: Escorpiones gigantescos, del tamaño de casas y negros como la noche, se deshacían de los caballeros casi sin inmolarse, dejando sus armaduras y llaveros caer el suelo, como sello de cuántos habían caído ya en aquella batalla.

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¡¡Resistid, resistid!!!

¡Reforzad, cread escudos, rápido!

Siguiendo las órdenes, las diferentes órdenes se ayudaron utilizando escudos unos sobre otros, e incluso algunos atacando directamente a los escorpiones y criaturas que estaban allí. Sin embargo, uno de aquellos enormes sincorazones comenzó a abrirse paso, rompiendo la formación de los osos.

¡Detenedlo, detenedlo!

Los zorros corrieron en su ayuda, pero enfrente a ellos, y cortándoles el paso, aparecieron varios sincorazones de apariencia demoníaca, que portaban una enorme espada de tono anaranjado, e la que se podían leer unas palabras en la lengua de la Tierra de Dragones.

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¡Invencibles!—chilló Lyn al verlos—. ¡Joder! ¡Esos son peligrosos, manteneos aleja…!

Ates de que Lyn pudiera terminar de hablar, el extraño demonio le atacó, lanzándola lejos. Lyn, lejos de estarse quieta, le atrajo hacia una zona segura. Al poco rato, una inmensa sombra apareció ante nosotros... siendo casi del triple de nuestro tamaño.

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Tras conseguir evadir a duras penas su ataque, la criatura seguía mirándonos, preparado para atacarnos de nuevo.

¡Bloqueadlo! ¡Atacadlo por la espalda, rápid…!

Sin perder un segundo, me desicé y evité una posible segunda embestida del sincorazón sombra, para acercarme al grupo de zorros, que habían quedado atrapados por una serie de sincorazones demonios como el que atacó a Lyn. En cuaánto estuve lo más cerca posible, lancé dos Perla a uno de ellos, esperando que así se percataran de mi presencia y fueran a atacarme, dejándoles tiempo y oportunidad de acción a los caballeros del zorro. Tras eso, intetaría atacar al demonio, en caso de que no muriera, con mis cadenas, y esquivar sus posibles ataques a base de saltar a un lado u a otro.
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Re: Ronda 2

Notapor EspeYuna » Mié Mar 11, 2015 8:41 pm

Nadhia no había recibido palabras de apoyo tras, de alguna manera, intentar guiar a sus compañeros. Todo lo contrario, se le había malinterpretado con suma facilidad. ¿Quizás porque ver a Saeko le había hecho recordar su intención de acabar con ella, no una, sino dos veces a sangre fría? No podía olvidar tan fácilmente los días del naufragio. Bufó, pensando qué hubiera pasado si no se hubiese dejado llevar por el rencor y hubiera seguido siendo ella misma. La niña buena. La que siempre había intentado que las cosas fueran a mejor, que todos se llevaran bien, fueran del bando que fueran. La niña tonta que se había comido todas las putadas cada vez que intentaba arreglar las cosas. ¿Debía actuar, pues, con o sin sentimientos?

Frustrada, vio como Saeko la adelantaba y se dirigía, al igual que ella, hacia el campo de batalla. No tardó en alcanzarla, agradeciendo que los guerreros hicieran hueco entre sus filas. Bajo el casco, intentó olvidar a quien se encontraba a su lado. Tenía que enfriar la cabeza y concentrarse.

Su objetivo era encontrar a Zephyr y salvar su hogar.

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La mujer que les lideraba bramó a voz alzada:

¡Gracias! ¡Necesitamos todas las manos posibles! ¡No olvidéis retiraros hasta nuestra altura para que os curemos o reforcemos!

Nadhia avanzó, al igual que el resto del ejército. Estaba impresionada por la profundidad de las murallas, y también aterrada al escuchar los gritos de batalla al otro lado de las mismas. Y aunque llevara puesto el casco, la luz del sol le cegó unos instantes.

De pronto, creyó encontrarse en el mismísimo infierno. La horda de sincorazón se extendía hasta donde sus ojos alcanzaban a ver... una ola de oscuridad que barría todo el horizonte de los límites de aquella Tierra de Partida del pasado. Avanzando como pudo, frente a ella el batallón de los Osos se llevó por el camino unos cuantos de aquellos monstruos, obligándolos a retroceder. Otros cuantos guerreros se encontraban en las puertas, protegiendo la única vía de acceso al interior de las murallas.

¿Qué... qué demonios es eso...? —balbuceó.

Se quedó paralizada unos instantes, observando unos sincorazón a los que jamás se había enfrentado. Su aspecto, al igual que su tamaño, era aterrador. Eran escorpiones. Escorpiones gigantescos bañados en oscuridad, con un aguijón titánico que se elevaba hacia el cielo y que, en aquel momento, parecía poder rozar las nubes. El chasqueo de sus enormes pinzas hicieron temblar a Nadhia en el sitio. Tener miedo de aquellas monstruosidades sería lo más sensato, y salir corriendo de allí también.

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¡Detenedlo, detenedlo!

Nadhia se giró, comprobando que en medio de su lapsus uno de los escorpiones había conseguido escapar de la formación de portadores y se dirigía, peligrosamente, hacia las puertas. Vio como la líder con la insignia del Zorro trataba de abrirse paso para alcanzarlo a tiempo, pero una media de ocho sincorazón se interpusieron en su camino. Su aspecto no era tan gigantesco, pero Nadhia sintió una sensación desagradable con tan sólo mirarlos.

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¡Invencibles! —gritó entonces Lyn, dando la voz de alarma—. ¡Joder! ¡Esos son peligrosos, manteneos aleja…!

¡Maestra Lyn!

Su maestra retrocedió como pudo de uno de ellos, de nombre Invencible, que la acorralaba, al igual que tuvieron que hacer los guerreros, retirándose como buenamente podían. Nadhia intentó que sus piernas reaccionaran para ayudarla, pero frente a ella y los demás apareció una enorme bola de oscuridad que le hubiera impedido igualmente socorrerla.

¿¡Qué...!?

El sincorazón que apareció en sus narices cargó contra ellos y los derribó con tal fuerza que los hizo saltar por los aires. Nadhia rodó en el suelo, desorientada, frustrada... y asustada. Se incorporó como pudo, escuchando gritos de terror y dolor. Había creído ver una simple sombra... con un tamaño descomunal.

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Poniéndose finalmente en pie, pudo comprobar de dónde procedían los alaridos. Sus ojos se abrieron de par en par, incapaces de ignorar aquella escalofriante escena: el escorpión gigante había alcanzado con su aguijón a dos guerreros. Vio sus cuerpos juntos, clavados, pataleando y sacudiéndose. Nadhia sintió como un desagradable sabor a bilis le llegaba a la boca, y a duras penas evitó vomitar bajo su armadura. Observó la mota dorada en la que desaparecieron los dos caballeros, y como sus armas caían clavadas en el suelo de aquel infernal pandemonium, sin dueño que las volviera a portar nunca más.

Y se encontró, en medio de aquella batalla, con los ojos amarillos de la bestia venenosa. Nadhia retrocedió, presa del pánico. El escorpión se dirigía hacia ellos a una velocidad peligrosa y quizás, en pocos segundos, acabara igual de muerta que aquellos dos guerreros, de seguro mil veces más experimentados que ella en medio de aquel infierno.

La sombra gigante también acechaba, pero estaba claro que alguien debía detener al escorpión. Su aspecto era igual de mortífero que su aguijón. Nadhia no era lo suficientemente buena en el cuerpo a cuerpo, pero... ¿quién decía que ir contra el escorpión de frente fuera lo más sensato? De hecho, sería sentenciar uno mismo su propia muerte.

Y supo entonces lo que tenía que hacer. En medio de la batalla agarró su Llave-Espada por el centro de su filo con la mano zurda y, con un movimiento de la diestra, un haz de luz afilado y puntiagudo apareció y se deslizó entre sus dedos. Dio un par de zancadas para comprobar el terreno y, a una distancia prudente, se colocó en posición con rapidez para usar sus habilidades de arquera.

¡¡Apartaos!! —gritó aquel aviso tanto como le permitieron sus cuerdas vocales, rezando porque ningún soldado se interpusiera en el camino de su flecha de luz.

Tragó saliva, observando fijamente su objetivo mientras abrazaba contra ella su arma y la flecha que iba a soltar de un momento a otro, una vez alcanzara el límite de la tensión a la que la estaba sometiendo.

No podía fallar. Y tampoco podía permitir que la flecha tuviera poco poder mágico. Se concentró todo lo posible, olvidando el resto del mundo, toda la batalla que estaba sucediendo a su alrededor. Sólo existía el monstruo que se dirigía hacia ella. Sus dos ojos eran visibles y brillantes, pero ridículamente diminutos. No estaba segura de que pudiera alcanzarlos, pero igualmente teniendo una puntería decente... ¿podría acertar?

Sólo había una forma de averiguarlo.

La flecha salió disparada, con toda la fuerza con la que su dueña pudo enviarla a su destino. Pero Nadhia no se quedó quieta tras aquello. De hecho, no era una opción: debía, tenía que moverse. Su arma desapareció y cogió su arco, preparándose para un segundo ataque a distancia. Buscaría con su mano diestra dos flechas del carcaj que colgaba de su espalda y volvería a posicionarse, apuntando de nuevo contra el gigantesco objetivo. Colocando el arco en horizontal y tensando la cuerda hasta que se hiciera daño en los dedos, soltaría las dos flechas a la vez, esperando acertar en el blanco y que las tres hubieran sido suficientes. Al menos, si no hacerle un mínimo de daño, distraer a la bestia y darle una oportunidad a los demás para ganar tiempo, proteger la ciudadela o vencer.

No sabía si le daría tiempo a retroceder, pero esperaba que así fuera y sus entrañas no acabaran en aquel aguijón. Inconscientemente, rezó por su maestra y sus compañeros. Y aunque le jodiese, también por Saeko.

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Nadhia usa dos flechas de su arsenal (con su arco) y la siguiente habilidad:

▪ Flecha Celestial (HM) [Nivel 7] [Requiere afinidad a Luz; HM Perla; Poder Mágico: 10; Puntería: 12]. El usuario es capaz de comprimir el hechizo Perla en forma de flecha, lanzándola al enemigo usando la Llave-Espada como arco. Alcanza una mayor velocidad y distancia.
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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Nell » Jue Mar 12, 2015 12:35 am

Ninguno de sus compañeros hizo caso a su llamamiento de no inmiscuirse en una lucha que no era la suya. De cierta forma, eso la enrabietó. Ahí estaban con su actitud arrogante, intentando demostrar otra vez que eran todos caballeros de la luz fuertes y valientes contra un ejército inmenso. ¿Qué se creían? ¿Héroes? Resopló y continuó con su camino, sin mirar atrás. Lamentaría su muerte, pero eso sería todo.

¡No te alejes de mí! ¡Si te pasa algo, Lyn se pondrá hecha una furia y no tenemos tiempo para esas cosas! —le gritó Diana.

Desde luego, no pensaba morir solo para dejar que Lyn le estrujara el cuello a Diana. Tampoco le había agradado que la aprendiza la considerara demasiado débil para defenderse por sí misma. No obstante, tenía que darle el voto de razón en que, por lo que había visto, sí era más fuerte que ella.

A pesar del ambiente a batalla que se respiraba en lo alto de la muralla (con los magos atacando a distancia y las Llaves-cañones, a falta de una palabra), Hana se sentía a salvo. Más segura, al menos, que cuando se enfrentaba a un enemigo frente a frente. Lo único que tenían que hacer era preguntar por Zephyr, averiguar su escuadrón e ir corriendo a por él.

¡Ese debe ser el líder!—señaló Diana—. ¿Assur o algo así? Ah, tendría que haber venido Nanashi en mi lugar, es ella la que sabe de Historia—Esperaba que no contara con Hana, porque los libros le daban alergia—. Vamos a… ¡Cuidado, a tu espalda!

No tuvo tiempo de reaccionar. Lo hizo Diana por ella: creó un látigo de espinas con el que atinó a una Neosombra que había querido atacar a Hana por detrás. Le molestó, por supuesto, tener que ser salvada, y le anotó el tanto a la otra aprendiza.

—¡Maldita sea!

Al girarse, comprobó que la Neosombra no era el único sincorazón que intentaba llegar hasta su posición. Una especie de araña había logrado alcanzar la cumbre y derribó a la caballero que, hasta entonces, le había estado apuntando. Acto seguido, Diana se asomó al vacío para ayudarla con sus espinas y sostenerla. Hana ni siquiera se lo pensó, sino que la agarró de la cintura y tiró de ella para ayudarlas a ambas, impulsándose también con una patada al muro.

Para entonces, la araña había conseguido montar el caos en el puesto y Hana vio, con horror, cómo ensartaba a caballeros, mientras sus compañeros trataban de combatir contra ella sin éxito.

Entonces, entraron en escena los cañoneros. Ignoraron a la marabunta de sincorazón situada a los pies durante unos segundos para apuntar a la araña, primero solo uno, a la espera de otros dos. Entre ellos y la araña, estaban Diana y Hana, a quien hicieron un único aviso:

—¡Muchacha, apártate!

¿¡Estás loco!? ―exclamó, viendo el cañón apuntando directamente a ella. Si hubiese podido, habría obedecido sin pensarlo. Restringida por el agarre con Diana, se dio cuenta de que no podía (ni siquiera siendo ella) hacer algo tan rastrero como dejarla tirada. No, cuando hacía apenas unos segundos, le había salvado la vida. Y también, que los guerreros no detendrían sus armas solo por salvarlas―. ¡¡Mierda!!

Concentró su magia en la criatura y convocó un Géiser a sus pies. Con esto, pretendía hacerla volar por los aires, desviando los cañones hacia otra dirección. Incluso si no se atrevían a intentar atinarla, con un poco de suerte caería fuera de la muralla. Dentro o fuera, no era problema suyo.

Solo en el caso de que la magia fallara y no pudiera levantar a esa mole, o alejarla lo suficiente para no entrar en el rango de los cañones, tendría que tomar otra decisión. Una mucho, mucho peor. Acercaría la boca al oído de Diana y, aun así, le gritaría:

¡¡Basta ya!! ¡Suéltala y agáchate, o nos matarán a las tres!

Estaba dispuesta a zafar ella misma a la aprendiza del agarre, y luego obligarla a agacharse como había dicho o a retirarse, si les daba tiempo. No iba a morir por una desconocida. Ni era una heroína, ni pretendía serlo. Y no dejaría tirada a Diana, puesto que estaba retribuyéndole que le hubiese salvado anteriormente de la Neosombra.

Porque, al fin y al cabo, ¿quién era ella? Una caballero de hacía mil años, que en su época ya no existía. Y, de hecho, sin ellas para rescatarla, hacía rato que hubiese desaparecido allí también. No le debían nada. Nada.


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• Géiser (HM) [Nivel 7] [Requiere Afinidad Agua]. Convoca una tromba de agua caliente que surge hacia arriba desde suelo, únicamente pudiendo llevarse a un enemigo a la vez.
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Ronda #2 - Ruta del Recuerdo Perdido

Notapor Astro » Vie Mar 13, 2015 1:30 am

¡¡Zephyyyyyr~!!

Pues no hubo suerte. Ni ayuda por parte de los habitantes de aquella ciudad, que huían escopeteados al ver a Adam. Todos le miraban mal, la mayoría añadiendo insultos mientras se alejaban del vampiro. ¡Ni que ir por ahí medio desnudo fuese algo malo! Pues a un viejo sí que se lo debió de aparecer, porque le propinó un bastonazo al joven nada más verlo.

—Jodidos extranjeros, no deberían dejarlos entrar. Son todos unos traidores inútiles.

¡Pero si esta vez no he hecho nada! ¡De momento! —protestó Adam, aunque el hombrecillo ya se había alejado.

A Adam no le quedó otro remedio que seguir al grupo de refugiados a cierta distancia (que ellos mantenían), con las manos detrás de la cabeza y rascándose de vez en cuando la nariz (por el golpe del maldito yayo). Al menos, su cuerpo había vuelto a la normalidad: ya no tenía temblores ni se sentía raro. Maldita magia.
Toda la multitud parecía dirigirse al mismo sitio: una especie de catedral, con campanario incluido, que debía servir como refugio para los que no podían luchar en las murallas. Según un comentario que llegó a sus oídos, ahí dentro estarían faltos de sitio, y no acudían a la montaña porque era "una zona sagrada". ¡Menuda idiotez!

Varios caballeros protegían la zona. Los emblemas de sus armaduras señalaba sus clanes: serpientes, zorros; y un dibujo nuevo que representaba un leopardo. Molaba, pero seguía prefiriendo a los osos.

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¡Woops!

El vampiro, que se estaba acercando a la catedral, estuvo apunto de chocar con una figura que le esquivó con gran habilidad en el último momento. Era un tío, con una armadura de los leopardos y unos ojos violetas que examinaron a Adam de arriba a abajo.

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No estás herido. Deberías estar peleando

Soy.. esto... ¿Hemofílico? —mintió, sin mucho empeño. Mentir no era lo suyo, aunque incluso él sabía que no podía soltarle la verdad tal cual. ¿No?

¿A qué clan perteneces? ¿Cuál es tu batallón?

Esto... ¿No me acuerdo?

—¡Señor Hjalmar, aléjese de él! —Era el mismo viejo de antes, el del bastonazo—. ¡Ese tipo está loco!

¿Estás loco? Debes estarlo para ir así por la ciudad.

Eso dicen. Pero yo prefiero la palabra "excéntrico", signifique lo que signifique —respondió, encogiéndose de hombros.

El ruido de un batir de alas, seguido de una sombra que les cubrió temporalmente, puso en alerta a todos. ¿Qué acababa de pasar? Adam sólo había conseguido ver un destello dorado, y lo que diría que eran unas plumas blancas, pero fuese lo que fuese se movía a una velocidad de vértigo, y se dirigía hacia las murallas. ¿Qué era...?

¡Ahí estabas! —El tal Hjalmar sí que pareció reconocer esa cosa—. ¡Encerrad a este hombre, yo voy a las…!

Adam abrió la boca, dispuesto a protestar y a resistirse, pero no tuvo oportunidad. Un rayo de luz que atravesó el cielo, y un grupo de sincorazón aparecieron de la nada. En menos de un segundo, algo se enrolló en el cuello del aprendiz, le levantó del suelo y lo mandó volando hasta caer encima de un carro lleno de provisiones. Auch.

Cuando levantó su vista, les vio. No eran sincorazón comunes, eran de los fuertes.

¡Invisibles! —Ese era su nombre—. ¡Leopardos, alejadlos de los ancianos y los niños!

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La pelea se desató con rapidez. Todos los guardias, incluido Hjalmar, se lanzaron contra los monstruos de ojos amarillos, en un intento algo absurdo de proteger a los pobres que corrían a esconderse dentro de la catedral. Pero no pintaba bien para ellos: aunque eran diez y los enemigos cinco, debían de ser unos auténticos inútiles. Uno la palmó en el acto, por el sablazo de un Invisible. Qué desgracia, ¡tanta sangre desperdiciada!

Esta vez, Adam no dudó. Su cuerpo estaba en perfectas condiciones, ya no tenía excusa. Gritando a pleno pulmón, usó un Doble salto para abalanzar sobre el sincorazón más cercano, golpéandole con un Impacto fuerte en cuanto pudiera. El resto, sería pelear a base de puñetazos y patadas contra todo lo que se pusiera por delante. Sobre todo a por los Invisibles, claro, pero si golpeaba a algún soldado tampoco pasaba nada.

Si tenía la ocasión de acabar cerca de Hjalmar, aprovecharía para hacerle una pregunta.

Eh, oye, ¿conoces a Zephyr? Es calvo, creo. —Pararía un momento para golpear—. Le estoy buscando, ¿sabes dónde puedo encontrarle?

Después, se concentraría en luchar con toda su furia animal, sin limitación alguna. ¡Morid, sincorazón!

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Doble salto (HC) [Nivel 3] [Requiere Elasticidad: 4]. El usuario es capaz de saltar mucho más alto que los demás, alcanzando lugares más inaccesibles.

Impacto fuerte (HC) [Nivel 5] [Requiere Fuerza: 10; Combate cuerpo a cuerpo: 5]. Un fuerte golpe físico con el puño o con la pierna sobre el enemigo.
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Re: [Evento Global] Ruta del Recuerdo Perdido - La ciudadela

Notapor Tsuna » Vie Mar 13, 2015 1:31 am

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Intenté mantener la delantera en todo momento, mirando atrás de vez en cuando para asegurarme de que Nadhia estaba lo suficientemente alejada. Fruncí el ceño al recordar el nuevo aspecto que tenía, ¿a qué había venido ese cambio? ¿Se creía más madura o algo por el estilo, lo suficiente como para dar órdenes a diestro y siniestro? Bufé desde mi armadura, claramente irritada por su presencia, la cual hubiese ignorado de no haberse puesto en ese plan.

Al llegar al campo de batalla los Caballeros nos dejaron hueco, a lo que asentí, dando a entender que estaba preparada para la lucha que se avecinaba. Estaba segura, además, de que Zephyr debía encontrarse por allí. La vaga imagen que tenía de él del Santuario me ayudaría en la tarea, pero como todos vestían armaduras…

Chasqueé con la lengua atónita ante el gigantesco número de Sincorazón, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Las murallas por su parte parecían lo suficientemente resistentes, pero de los pocos minutos en los que pude apreciar Tierra de Partida no vi rastro de ellas. ¿Acaso estaban destinadas a desaparecer?

Sorprendida, contemplé cómo el batallón de los que representaban a los Osos arremetían sin miedo contra los Sincorazón, obligándolos a retroceder. A nuestro alrededor también había más Caballeros luchando por su cuenta frente a la misma clase de enemigos. No conseguía comprender de dónde habían salido tantos monstruos de oscuridad, ni siquiera si había alguien dirigiendo sus filas. En definitiva, estaba bastante perdida con la situación.

Alcé la vista al cielo, serena y mirando las nubes. Si era cierto que me encontraba en el pasado muchos de los mundos que había visitado posiblemente no existiesen, y pensar que incluso yo misma nacería cientos de años más tarde… Me resultaba demasiado paradójico, que me encontrase en la Tierra de Partida de Zephyr sin haber nacido.

No obstante no era el momento idóneo para divagar en teorías locas, un grupo de horribles Sincorazón con aguijones que consiguió sacarme un grito de terror, se adelantó asesinando a algunos soldados sin piedad. Los Caballeros de la Serpiente y el Zorro se adelantaron, y expectante, observé cómo eran rodeados por más Sincorazón de aspecto infernal.

No he venido aquí a mirar, tengo que hacer algo.


La maestra de Tierra de Partida se vio en serios apuros por los demonios. No podía decir que me sintiese llena de satisfacción al verla en problemas porque la necesitaba. Por sorpresa, una Sombra gigantesca apareció ante nosotros y nos empujó. Caí al suelo dolorida, mordiendo literalmente el polvo y tosiendo.

Esto no es el Santuario… Esto es real.


En el Templo de la Necrópolis fui testigo directa de las experiencias pasadas, todavía recordaba cómo le gritaba desesperada al joven Ronin para que escapara, pero por supuesto, no se trataba más que de una simple ilusión que me ignoró por completo. En cambio lo que estaba viviendo era real; podía sentir el dolor. Me levanté junto a mi pequeño, que me había acompañado en todo momento. Neru se adelantó a proteger al grupo de Caballeros que servían de apoyo, Nadhia en cambio se lanzó a por el enorme escorpión.

Me parecía una locura lanzarme a por semejante aberración con mi espada, por lo que tendría que dejar aquella cosa en sus manos. Yo en cambio alcé uno de mis brazos en dirección a Neru, confiada en que mi fantasma supiese interpretar la orden: apoyarlo.

Gengar se vio rodeado de un polvo negruzco, al mismo tiempo que el aprendiz de Tierra de Partida. Cierto era que estábamos en guerra, pero al menos él había tenido la consideración de desearme buena suerte, a diferencia de Nadhia que… Simplemente su presencia conseguía enervarme.

Nos hemos quedado solos. —Le exclamé a la Gigasombra que había quedado ante mí

No podía bajar la guardia, y parecía que tenía una fuerza sobrehumana, mucho más que la de una sombra común. Sin pensarlo dos veces di un paso al frente para propinarle un Aturdidor, esperando que se quedase inmóvil el tiempo suficiente. Funcionase mi plan o no, me movería con la mayor agilidad posible a su alrededor hasta ubicarme a su espalda y golpearla con mi Llave Espada todo lo posible. Gengar por su parte le lanzaría una Flama Tenebrosa cuando la tuviese a tiro.

Si mi intuición no me fallaba, imaginaba que era capaz de fundirse también con el suelo, así que estaría atenta a cualquier movimiento que ejecutase. Mi pequeño se intentaría mantener a la mayor altura posible para escapar de su radio de ataque, que parecía ser escaso si solo atacaba cuerpo a cuerpo.

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Gengar:
Bendición Maldita (HM) [Nivel 10] [Requiere: Afinidad a Oscuridad. Poder Mágico: 15]. El usuario aplica el hechizo maldito sobre su dueño u otro jugador (solamente uno), manifestando junto al afectado un aura de polvo oscuro alrededor de su cuerpo a lo largo de dos rondas y durante la duracion de la habilidad el daño que reciban se divide entre los dos.

^La usa sobre Neru.

Flama Tenebrosa (HM) [Nivel 3] [Requiere afinidad con Oscuridad]. El usuario lanza una veloz bola de oscuridad que avanza en línea recta hasta diez metros. Ataque de Oscuridad de nivel bajo.


Saeko:
Aturdidor (HC) [Nivel 8] (Fuerza: 12) Aturde a los enemigos cercanos con un solo golpe, impidiéndoles lanzar ataques físicos.


¡A ver si hay suerte!
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Ronda 3

Notapor Suzume Mizuno » Dom Mar 15, 2015 11:54 pm

Las puertas


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Uno de los Invencibles recibió las dos Perlas y se volvió con pereza, como si se preguntara quién se atrevía a hacerle daño. Fijó sus ojos en Neru y enarboló su espada. Entonces disparó una onda que golpeó de lleno. Cuando se levantó comprobó que era incapaz de usar magia y tenía al Invencible prácticamente encima. Sin embargo, antes de que la espada cayera sobre él escuchó un grito de esfuerzo y una Llave Espada le atravesó por la mitad.

Al otro lado apareció la líder de los Zorros.

¡Arriba! —Le apuntó con un dedo y hubo un pequeño resplandor. Luego otro. En cuestión de unos segundos, Neru no sólo podía usar magia, sino que sintió que había recuperado la que había gastado en sus hechizos. ¡Y además iba protegido por la Bendición Maldita de Gengar!—. ¡Vamos, podemos detenerlos! ¡Serpientes! ¡Curad a los heridos, rápido! Tú, muchacho. ¡Ayúdame a librarme de este!

La mujer se estaba encarando a un nuevo Invencible, que parecía completamente concentrado en ella, ofreciendo su espalda a Neru. Una presa muy suculenta. Sin embargo, podía ver cómo algunas de las Serpientes tenían problemas. Había pocas que parecían capaces de conjurar buenos escudos y los Zorros, aunque fuertes y veloces, no tenían la potencia de ataque de los Osos. Trataban de reforzar a estos, pero estaban todavía demasiado acosados.

¿A quién debía ayudar?

Al mismo tiempo, Saeko y Kairi optaron por enfrentarse a la Gigasombra, que cargó contra ellas. Las dos decidieron atacar, Saeko con un Aturdidor, mientras que Kairi usó su Llave Espada. La Gigasombra retrocedió un paso, dolorida. Al cabo de unos instantes sus ojos resplandecieron a la vez que se recuperaba y embistió con su enorme cabeza. Kairi cayó al suelo, pero Saeko consiguió evitar su ataque. Gengar ayudó a distraer a la criatura con su Flama Tenebrosa. Pero en cuanto esta se recuperó, furiosa, empezó a girar sobre sí misma sacudiendo los bracitos, buscando a Saeko.

¡Cuidado!

El mismo Oso que había intentado advertirles con los Invencibles de repente se arrojó contra el Sincorazón, cuando estaba a punto de cargar contra Saeko con un golpe de Llave Espada que consiguió tumbarlo por un segundo. Se colocó junto a ella y exclamó:

A un mismo tiempo, ¡vamos! ¡Se nos acerca una Neosombra!

Saeko podría comprobar que era verdad. Las Neosombras eran veloces y muy letales, pero no podían encargarse de ella mientras se fusionaba con el suelo si tenían encima a la Gigasombra. Y acaba de ganar a un aliado. ¿Quizás si le daba buenas indicaciones este le haría caso? Parecía fuerte, desde luego, y había conseguido derribar a su enemigo de un único golpe. Pero la Neosombra estaba a menos de dos metros y se preparaba para saltar sobre ellos. Un único ataque de Gengar no bastaría. ¡Debía pensar rápido y organizarse bien!

Entre tanto, la flecha de Nadhia acertó al Escorpión entre los ojos. Este emitió un gañido tan agudo que amenazó con romper los tímpanos de la gente de su alrededor. Sin embargo, aquello no consiguió detenerle, sino que se cargara con todavía más ganas contra Nadhia. Su aguijón dio un latigazo hacia el frente. La primera vez, Nadhia pudo esquivarlo. La segunda le dio de lleno en un brazo, penetrando su armadura y dejándoselo insensible. Ya no podría disparar más.

El Escorpión se alzó frente a ella, chasqueando las pinzas y con su aguijón que goteaba sangre sacudiéndose sobre su cabeza, dispuesto a atacar una vez más. Y a terminar con su presa.

Entonces lo escucharon todos. Un toque de corneta, claro y penetrante, que recorrió el campo de batalla.

¡Unicorniooooos!—rugió el líder de los Osos.

Y los Osos soltaron gritos de triunfo a la vez que presionaban una vez más contra los Sincorazón. Algunos levantaron las cabezas hacia el cielo a la vez que resonaba un nuevo cuerno, esta vez con un toque mucho más diáfano. Y pudieron ver a un ángel. Sí, un ángel de alas blancas que tocaba unas notas tan bellas que resultaba estúpido en medio de aquella pesadilla. Justo en ese momento una sombra cubrió a los aprendices que, si imitaban por un instante a sus compañeros, verían un espectáculo inolvidable.

Desde lo alto, una fila de caballería de tonos metálicos, plateados, dorados y cobrizos, reflejaron la luz del sol antes de cargar contra los Sincorazón que se acumulaban frente a los Osos y llevárselos a todos por delante. Los montaban Caballeros cubiertos con sus armaduras de los pies a la cabeza y con el símbolo de un Unicornio en sus pechos:

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A su frente, un Caballero con una larga capa y una armadura recargada maniobró de tal manera que su unicornio lanzó por los aires a uno de los Escorpiones.

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¡CARGAD, HACEDLOS RETROCEDER! —bramó, con una voz de mujer—. ¡ZACHARIAS, A LAS PUERTAS! ¡¡Que no pasen esos malditos escorpiones!! ¡Assur va a desplegar la barrera!

¡Ya habéis oído! ¡Atrás, atráaaaaas!—gritó Zacharias.

Después del primer impulso, los Caballeros Unicornio se dividieron y desperdigaron sobre el campo de batalla para ayudar a los Osos. Aquella que parecía ser la líder obligó a su montura a derrapar. El Escorpión, que durante un momento había prestado atención a la embestida de los recién llegados, se había vuelto una vez más contra Nadhia, poco dispuesto a perderla de vista. El aguijón descendió a toda velocidad.

De pronto el mundo dio una vuelta de campana y un golpe tremendo dejó a Nadhia sin aliento.

La Caballero había derrapado con su montura, atrapando a la muchacha por la cintura y apartándola en el último instante. Nadhia pudo ver cómo el aguijón se hundía más de un metro en la tierra. El Unicornio frenó, encarado hacia el Sincorazón, y entonces la mujer la dejó caer al suelo.

Si no puedes luchar, lárgate. Y si tienes algún hechizo, cúbreme desde la espalda.

No dijo nada más. Se recostó un poco sobre el cuello de su Unicornio, que cogió impulso y se precipitó hacia el frente a toda velocidad para cargar contra la criatura.


****
La muralla


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Diana gruñía de esfuerzo intentando soportar el peso de aquella mujer, pero cuando Hana la sujetó soltó un grito y soltó durante un momento el látigo. Oyeron un grito. Diana volvió a arrojar un látigo al tiempo que las dos caían hacia atrás por culpa del impulso. Al mismo tiempo, el géiser de Hana provocó que la Araña saliera impulsada hacia arriba. Pero no fue suficiente, sólo se tambaleó sobre sus patas traseras y volvió a caer sobre las delanteras. Aunque había quedado desconcertada. Fue el tiempo suficiente para que Diana y Hana volvieran a salir lanzadas hacia delante cuando el látigo atrapó de 1nuevo a la Caballero. Estuvieron a punto de caer por el borde de la muralla pero, al ver que no había demasiada distancia del suelo, Diana soltó el látigo.

¡Por Zeus, creía que…!

—¡Al suelo!

¡No, estu…!

Los tres cañones dispararon sendos rayos de luz. Diana cogió a Hana por el brazo y corrió hacia el frente, hacia el interior de la muralla. Quizás con la esperanza de caer sobre alguna escalera o una casa adosada al muro. Lo que fuera con tal de no hacerse pedazos contra el suelo. Entonces la explosión de los rayos las alcanzó. Hana salió disparada hacia el frente, dando una vuelta de campana en el aire, antes de que la gravedad la atrapara entre sus garras y la precipitara hacia el suelo.

Lo siguiente sucedió muy deprisa. Demasiado para que pudiera comprenderlo. Escuchó un batir de alas. Después vio algo blanco. Y, cuando quiso darse cuenta, ya no caía, sino que unos brazos firmes la sostenían.

¿Estás bien? —pregunto una voz clara y firme.

Cuando levantara la vista vería a un hombre joven, aunque no podría haber establecido su edad. Largos cabellos de oro se sacudían a su alrededor con una gracia sobrenatural, como si fueran hilos de seda. Sus claros ojos verdes se clavaron en los de la muchacha con cierta preocupación, si bien su rostro, de facciones casi perfectas, permanecía indiferente. Vestía una túnica blanca suave y una tiara le ceñía la frente.

Pero, si su belleza era suficiente para dejar a alguien sin palabras, más lo harían sus dos grandes y hermosas alas blancas, que batía con cuidado mientras se mantenía suspendido en un mismo punto para no sacudir demasiado a Hana.

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Vamos —dijo—. Tenemos que ayudar a tu amiga.

Hasta ese momento la había sostenido en brazos, pero ahora liberó sus rodillas y se limitó a estrecharla contra su cuerpo sosteniéndola por la cintura. Y descendieron en picado.

El ángel frenó justo al lado de la muralla, donde Diana colgaba de unas enredaderas, mirándoles con los ojos abiertos como platos. El hombre cogió la planta, la partió y subió a ambas a la muralla. Depositó a Hana con cuidado en el suelo y echó un vistazo a su alrededor. Las había dejado muy cerca de la torre donde estaba el supuesto líder. Los Caballeros, al verle, soltaron gritos de júbilo.

—¡Señor Nithael!

—¡Nithael!

¿Dónde está Assur?

¡Aquí! ¡Nithael, ¿qué haces aquí?! ¡Creía que te encontrabas en el Templo!

Un hombre algo entrado en años, con cabellos negros, y que vestía una túnica por encima de su armadura, donde resaltaba el emblema de las Serpientes, se aproximó rápidamente.

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No hay tiempo para esto, Assur. —Lo interrumpió Nithael—. Estamos rodeados, vienen por los frentes del este y oeste. Cornelia ya se ha ocupado de los del oeste y viene hacia aquí, pero no resistiremos. También están atacando el interior de las murallas.

Assur se quedó callado un instante. En la distancia, los Caballeros de la Serpiente arrojaban sus más potentes hechizos contra los Sincorazón, pero era tan efectivo como disparar flechas al mar.

Antes de que Assur pudiera decir nada, escucharon un toque de corneta y todos se volvieron hacia la misma dirección del oeste. Seguramente Hana se quedaría sorprendida cuando viera lo que parecía ser un batallón de caballería surcar a toda velocidad el cielo, bordeando la muralla, y aproximándose al campo de batalla.

Gracias al Primero —suspiró Assur. El ángel le dirigió una mirada de reojo. El líder de las Serpientes respiró hondo y dijo—. Advierte a Cornelia. ¡Activaremos las piedras! —gritó entonces, alzando la voz para que todos los de su alrededor pudieran escucharlo, al tiempo que se colocaba bien las gafas sobre el puente de la nariz—. ¡Nithael, da la señal! ¡Necesitamos todo el tiempo que podáis ofrecernos!

El ángel asintió y desplegó las alas, que casi rozaron a Hana. Entonces miró a la muchacha y dijo:

Defiende a Assur.

Acto seguido, despegó de un tirón y una pluma cayó suavemente sobre la nariz de la muchacha, mientras Nithael tocaba un cuerno y llamaba la atención de todos los presentes. Un rumor recorrió todo el campo de batalla y, a base de toques de cuernos, cornetas y el repicar de tambores, los grupos que luchaban en la vanguardia se fueron organizando como una muralla frente a la puerta principal. El grupo de caballería chocó con brusquedad contra los Sincorazón, obligándolos a retroceder, pero sólo por unos momentos.

Desde las puntas de las torres comenzaron a iluminarse una especie de piedras o cristales. Assur se había situado en su torre, apoyado en su báculo, y cerraba los ojos mientras murmuraba para sus adentros. Estaba completamente indefenso, pero confiaba en los pocos Caballeros que quedaban a su alrededor.

Sin embargo, cuando dos arañas comenzaron a trepar por la torre, estos tuvieron que dividirse y concentrarse en una. La segunda trató de entrar por una de las puertas de la torre, dándole la espalda a Hana.

Más claro, agua, ¿no? Aunque era un enemigo peligroso.

¡Maldita sea! ¡Vamos, chica!—exclamó Diana, invocando su Llave Espada y corriendo a por la Araña que les daba la espalda.

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En teoría no puedes entrar a la torre porque la Araña 1 te lo impide. La Araña 2 está trepando por una de las partes exteriores de la torre. Si quieres introducirte, puedes hacerlo por una de las ventanas. Puedes atacar desde el aire con el glider o pedir ayuda a Diana e incluso a los Caballeros, si no se los comen antes.
¡Suerte!


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La ciudadela


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Adam experimentó una inyección de adrenalina y optó por «ayudar» a los Caballeros. Y lo habría hecho muy bien, si no hubiera decidido anunciar su ataque a base de rugidos. Quizás si hubiera sido un poco más rápido…

Pero Adam era un tanque. Uno fuerte, muy resistente, pero muy lento. Así que, aunque consiguió acertar con su Impacto fuerte al Invisible que había más cerca de él, y desde luego consiguió hacerlo retroceder, ya tenía a su espalda a otra de las criaturas. Esta dejó caer con violencia su espada sobre el cráneo de Adam, que escuchó un desagradable crujido y por un momento el mundo se volvió completamente negro. Pero el desmayo apenas sí duró un segundo; ni siquiera llegó a caer al suelo.

Cuando se recuperó estaba rodeado por dos Invisibles. Uno de ellos lo aferró con una de sus grandes manos por el brazo. Adam se defendió a patadas y puñetazos y logró deshacerse de su agarre… Justo para recibir un violento golpe en la espalda con el arma de otro Sincorazón. Salió disparado y se estampó contra una pared. Pero volvió a levantarse.

Eh, oye, ¿conoces a Zephyr? Es calvo, creo. —exclamó, intentando llamar la atención de Hjalmar—. Le estoy buscando, ¿sabes dónde puedo encontrarle?

¡Estás loco!—fue la única respuesta que recibió antes de que Hjalmar saliera disparado en otra dirección, esquivando con agilidad los embistes del Invisible.

No muy lejos de él, la gente trataba de introducirse en la mansión. No quedaban fuera más de quince personas, pero los Invisibles se abalanzaban sobre ellas a toda velocidad. Muchos de ellos eran niños pequeños. Alguno no levantarían más que unos pocos palmos del suelo. Los Leopardos trataban de acercarse a defenderlos, pero estaban apareciendo más Sincorazón; Neosombras. Hjalmar se encargó por fin de su Invisible y saltó a por el siguiente. Pero aunque era increíblemente veloz, hasta él se daría cuenta de que no podría llegar a tiempo.

Entonces una sombra cubrió a Adam. El mismo Invisible al que había herido antes se preparaba para darle el golpe de gracia.

¡Apártate! —gritó una voz infantil.

De pronto el Invisible se arqueó hacia atrás y se giró. Tenía cuatro puñales clavados en la amplia espalda. Y a un par de metros había un chaval rubio, pequeñajo, que no debía tener más de doce o trece años y, aun así, tenía mirada de adulto. Parecía definitivamente pobre por sus ropas.

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Pero no vaciló cuando el Invisible alzó su espada.

¡Atácale por la espalda, idiota! ¡Con tu Llave Espada! —gritó antes de rodar a un lado y esquivar la espada que le arrojó el Invisible.

¡Estaba desarmado!

Y Adam, libre. No había nada que le impidiera escapar o refugiarse con los ciudadanos. También podía considerar si ayudar a estos. Quizás se ganara la confianza de los Caballeros.

Pero ahí tenía la posibilidad de acabar con el Invisible, si este no daba cuenta antes del niño, claro.

¡Sal de ahí, estúpido! —gritó Hjalmar, que se había subido a los hombros de su Invisible y, Llave Espada en mano, apuñalaba su cabeza. Pero el niño no hizo caso.

Vaya, parecía que Adam no era el único con ganas de sangre.


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Hana
VIT: 38/40 [+2 Anillo Coraza]
PH: 25/32

Saeko
VIT: 36/40
PH: 18/26

Gengar
VIT: 58
PH: 7/20

Adam
VIT: 51/60
PH: 8/16

Neru
VIT: 21/26
PH: 22/22

Kairi
VIT: 12/22
PH: 20

Nadhia
VIT: 38/50
PH: 24/38


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Faltas: Kairi I (justificado)


Fecha límite: domingo 22 de marzo a las 23:59


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Quería pedir disculpas por los retrasos. Antes han sido por los exámenes de Sombra, ahora porque este fin de semana, aprovechando un puente, estaré ausente y creo que no tendré acceso a internet. Perdón por las molestias, de verdad.
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¡Gracias por las firmas, Sally!


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Suzume Mizuno
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Re: Ronda 6

Notapor EspeYuna » Mar Mar 17, 2015 10:57 pm

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Nadhia había acertado de lleno contra los ojos del escorpión gigante. Podría haberse alegrado de su hazaña, pero el casco de su armadura no fue suficiente para proteger sus oídos del gañido de aquella enorme bestia. Se llevó las manos a la cabeza, aturdida y mareada, y aquello le impidió hacerse de su arco para seguir atacando al escorpión en la distancia.

Para cuando volvieron sus sentidos, ya era demasiado tarde. El escorpión se lanzaba a gran velocidad contra ella, más enfurecido que antes, y sería imposible evitar un ataque directo. El gigantesco sincorazón alzó su aguijón, y Nadhia, intentando reaccionar, saltó y consiguió esquivar a tiempo un latigazo mortal guiándose por la sombra del enorme apéndice. Sin embargo, no pudo evitar el segundo.

Nadhia recibió el golpe y acabó desapareciendo entre la arena que se levantó al momento que el escorpión apartó el aguijón. Nadie podría haberla oído gritar, pues el latigazo se lo impidió, tanto o más que el dolor. Lo primero que intentó hacer es respirar: jadeando, comprobó que estaba viva... pero no de una pieza.

Jo...der...

Se quejó entre calambres y alaridos, percatando con horror que no sentía uno de sus dos brazos. Rodó en el suelo, temiendo ver el estado de su extremidad, y acabó encontrándose con la bestia de frente. Se arrepintió al instante de haber advertido al enemigo que seguía viva. El escorpión la amenazó con sus enormes pinzas, y con cada chasquido Nadhia se arrastraba por el suelo e intentaba alejarse de él, e incorporarse para escapar como fuera.

Pero entonces escuchó un sonido extraño, y al momento gritos de júbilo. Buscó su origen, todavía aturdida por el golpe que había recibido, y creyó ver a alguien en el cielo. Con unas alas. No le pareció tan raro porque tenía una habilidad semejante, además que el asunto de la bestia que tenía delante era más preocupante. Y pensó entonces en intentar invocarlas. Sin embargo, solo pudo toser y abrazarse consigo misma, intentando aminorar el dolor y maldiciendo su estado. No sabía si moverse era una opción con aquella bestia frente suya, pero si no lo hacía... tampoco tendría muchas opciones de salir allí con vida.

Comenzaba a marearse de nuevo y a sentir un sabor desagradable de bilis en la boca. Intentaba pensar cómo hacer frente a aquella monstruosidad o escapar de sus tenazas o de su aguijón, pero sus opciones eran nulas sin un brazo con el que lanzar una flecha. También podía lanzar algún hechizo, pero sólo acabaría empeorando la situación, y a dos pasos que diera acabaría aplastada o atravesada. Y había más como él... y muchos más sincorazón, como los Invencibles.

Nadhia se dio cuenta entonces de que no tenía opciones para sobrevivir a aquello...

Todavía no —murmuró, intentando darse un mínimo de fuerza de voluntad para encarar a la muerte—. Aquí no...

Se concentró todo lo posible, intentando invocar sus alas de luz. Un pequeño destello apareció a su espalda, pero no conjuraría la magia a tiempo. El aguijón estaba descendiendo a toda velocidad hacia ella...

... pero de pronto, Nadhia sintió como alguien la agarraba de la cintura y la apartaba a tiempo. Escuchó el estrepitoso ruido del aguijón penetrando en la tierra y para cuando quiso darse cuenta esa persona, fuera quien fuera, la había soltado en el suelo. Se incorporó para descubrir quien la había salvado.

Y acabó encontrándose con la imagen más asombrosa que presenciaría en su vida como aprendiz.

Ah...

Ante ella había una armadura que brillaba con colores cobrizos, más recargada que las que había visto durante la batalla. Pero no por ello menos hermosa. A su espalda ondeaba una larga capa roja e iba montada en una especie de caballo. Nadhia tuvo que pestañear un par de veces para darse cuenta de que era de metal. ¿Una invocación? ¿Una máquina? No estaba segura.

Y vio el símbolo de un unicornio en su pecho.

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Bajo su casco se quedó con la boca abierta. No sabría expresar jamás lo que sentía al presenciar aquella escena, la de aquel héroe encarándose contra el escorpión. Era... glorioso. Jamás había visto nada igual.

Si no puedes luchar, lárgate. Y si tienes algún hechizo, cúbreme desde la espalda.

Y Nadhia despertó de su sueño. Sorprendida quizás por escuchar una voz de mujer, o puede que todavía confusa por lo sucedido, vio como la heroína se recostaba en su montadura y se enfrentaba de nuevo al sincorazón.

Ingirió las palabras de la mujer, y se negó a la opción de huir. Aunque pocos segundos antes estuviera rezando por escapar, ahora se encontraba a salvo gracias a ella. Tenía que agradecérselo de alguna forma, y si era cubriéndola, que así fuera.

Nadhia invocó de nuevo su Llave-Espada con el brazo sano y se concentró, formulando un par de hechizos alrededor de la gloriosa armadura*. No sabía si serviría de mucho su ayuda, pero intentaría que la mujer no tuviera problemas a la hora de enfrentarse a aquella monstruosidad.

A la aprendiz sólo le quedó esperar los resultados. Le parecía precipitado actuar sin que aquella persona le diera una orden directa. Sería de tontos llevarle la contraria o actuar por su cuenta. Sólo, sólo si la veía en apuros, lanzaría un hechizo de fuego* contra el escorpión, ya fuera a su aguijón o a sus ojos, dependiendo del hueco que tuviera para no dañar por accidente a la mujer que le había salvado la vida.

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Nadhia usa las siguientes habilidades sobre su heroína <3:

Coraza (HM) [Nivel 10] [Requiere Poder Mágico: 12]. Crea una coraza frente al personaje temporal que detiene todo ataque físico de menor potencia que ella. Se desvanece enseguida.


Armadura celeste (HM) [Nivel 8] [Requiere afinidad a Luz, Poder Mágico: 12]. Cubre el cuerpo de un personaje, debilitando ligeramente los ataques afines a Gravedad y Oscuridad contra él y potenciando levemente los de tipo Cura y Luz.


Y ésta si se encuentra en apuros y sólo si tiene espacio suficiente para no dar por accidente a la mujer de los Unicornios (y si tiene puntos mágicos de sobra, que no creo, pero por si las moscas xDD) Y por supuesto si no me estoy excediendo en la narrativa, claro. Si no, las habilidades anteriores y ya, que no me importa xDDD:

Piro+ (HM) [Nivel 15] [Requiere Piro; Poder Mágico: 16]. Proyectil de fuego más grande y lineal, con ciertas posibilidades de producir quemaduras y más potente.
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